miércoles, 23 de enero de 2019

ENTIDADES POLÍTICAS VS ENTIDADES NACIONALES (a colación de Fernando Savater)


INTRODUCCIÓN

En España son muchos los “ideólogos marxistas” que, desde hace décadas, insisten en seguir sosteniendo las tesis federalistas de Manuel Azaña y del socialismo español (ahí siguen los cansinos defensores de la “nación de naciones” y las “plurinacionalidades”). Pretenden, más o menos, garantizar la autodeterminación de cada terruño con ínfulas de nación para después integrarlos en un proyecto común más amplio. Pero en España ya ensayamos (creativamente) esta esquizofrénica propuesta dándole forma de “pseudofederalismo”, y obtuvimos como resultado nuestro nefasto sistema autonómico. No, gracias.

También en Europa, los habermasianos (seguidores de Habermas) apuestan por una suerte de “federalismo europeo”; una supranacionalidad que trascienda la razón de ser de las diferentes naciones, unificándolas en un proyecto común superior que, además, debería llegar a ser transnacional, es decir, debería tener capacidad para afrontar  unitariamente problemas globales (identitarios, económicos, ecológicos…) situándose por encima de las decisiones políticas de cada nación.

UNA BUENA NUEVA OS DOY: DESTERREMOS LAS NACIONES

Desterrar las naciones, tal parece ser el proyecto que se ha empeñado en llevar a cabo la UE (Unión europea). De hecho, la socialdemocracia europea cree que el concepto de nación es una hipóstasis, la sustantivación de una idea etérea, ni real ni material, que alberga en su seno el peligro latente del supremacismo. Cree que en todo nacionalismo subyace la perversa intención de acabar imponiendo “dogmas superiores”. No hay nacionalismo bueno, sostienen todos los ideólogos de las izquierdas de una u otra forma, ya sea desde la “creatividad jocosa” de Arcadi Espada, el argumento falaz de Romero Sampayo o la racionalidad bien argumentada de Habermas y otros pesos pesados del pensamiento ilustrado europeo.

Se han obcecado tanto en negar la realidad (sentido y/o esencia) de la razón de ser de la nación española que, al final, han despertado las iras reaccionarias del español medio. De la misma manera que en toda Europa están surgiendo nuevos movimientos reaccionarios patrióticos, tildados de “populistas” (Liga Norte en Italia, RN en Francia, NPD en Alemania…), ha surgido en España VOX ; una derecha liberal, como ellos mismos dicen, de “extrema necesidad”.

Y, efectivamente, VOX es de extrema necesidad, porque la nación española está siendo rechazada, cuando no destruida desde dentro, por todos los particularismos provincianos (vascos, catalanes, gallegos…) que niegan la realidad material de la nación española, pues saben que sus ficticias naciones no podrán llegar-a-ser naciones reconocidas internacionalmente mientras formen parte intrínseca de otra nación ya existente (España).

También el nuevo internacionalismo marxista pretende negar la nación española, como a tantas otras, degradándola al rango de posnación para, así, poderla convertir en “parte de” ese todo global, o entidad superior, que intenta construirse en Europa con la ayuda de Soros y todos los enemigos de Occidente.

Se me dirá que no, que ya no existe ese socialismo marxista de antaño, empeñado en lograr una comunidad internacional de pueblos unidos negando la realidad material de las diferentes naciones. Y yo pregunto:

¿Qué creerán las almas cándidas que pretende la actual socialdemocracia europea valiéndose de los postulados habermasianos que abogan por un supranacionalismo unificador e integrador?

Cuando Jürgen Habermas aboga por construir entidades políticas en vez de entidades nacionales, lo que está haciendo es reinventar y readaptar las tesis marxistas a los nuevos tiempos poshumanistas; a los nuevos tiempos del posnacionalismo.

Así, lo preocupante de la actual socialdemocracia europea no es que siga siendo “marxista” en esencia; ni es preocupante su loable (sí, loable) empeño por articular entidades políticas necesarias para garantizar las libertades y DDHH de TODOS los ciudadanos. Esto no es lo preocupante, al contrario, es deseable y bueno.
Lo preocupante es que, en aras de defender este idealista pensamiento buenista, se abuse de tramposas analogías falaces obcecadas en igualar, por ejemplo, a todas las religiones y a todos los nacionalismos.

EL FILÓSOFO FERNANDO SAVATER

En España, sin ir más lejos, el mismísimo Fernando Savater, sin ir más lejos, alertó, no ha mucho, del peligro que suponían los nacionalismos y las religiones. Esta alerta, proclamada por uno de los filósofos españoles más brillantes, se fundamenta, en mi opinión, en una cobarde igualación.

¿Qué subyace en este razonamiento tan perverso como falaz? Pues subyace el deseo de imponer un igualitarismo “ingenuo” o falsamente ingenuo (cínico). Se trata de uniformar y crear un único enemigo común, la religión, a través de la igualación de los valores morales de los diferentes credos. Se obvían, así, las importantes diferencias existentes, por ejemplo, entre la religión cristiana y la musulmana.

Resultó perverso, falaz y torticero, que Savater metiera a todas las religiones en el mismo saco cuando, en realidad, quería referirse (y él lo sabe muy bien) al Islam. Savater es consciente de que sería políticamente incorrecto señalar al único supremacismo religioso que, a día de hoy, no solo no ha limado su celo dogmático (como sí lo han hecho el judaísmo y el cristianismo), sino que lo ha multiplicado. Sabe también Savater que no son en absoluto comparables el nacionalismo supremacista que representó la Alemani nazi, el nacionalismo chauvinista francés o el nacionalismo generador español. Lo sabe. Pero le interesa igualarlos a todos por tal de, así, legitimar la esencia (sentido) de “su ideología” filomarxista; para legitimar la defensa de la entidad política por encima de la entidad nacional.

No comprende Savater, o no quiere ni le interesa entender, que la entidad política (necesaria para preservar libertades y DDHH) puede ser perfectamente COMPATIBLE con la entidad nacional (salvaguardar nuestro legado histórico-cultural). No quiere ver que negar la mayor, es decir, negar la realidad material de la nación que ya ES, lo único que consigue es envalentonar a las “ficticias naciones” que pretenden llegar-a- ser. No se da cuenta de que arremeter contra el actual catolicismo (que cometió errores y excesos en el pasado) supone fortalecer al Islam impositor que sigue pretendiendo cometer excesos y someter a Europa a la verdad de Alá.