domingo, 22 de noviembre de 2020

UNAMUNO, UN ADELANTADO "POSMODERNO"


INTRODUCCIÓN

El innegable éxito de la filosofía posmoderna, heredera de la hermenéutica y el deconstruccionismo, ha provocado una reacción contra sus postulados estético-interpretativos; una reacción, a menudo airada, que vuelve a reivindicar la filosofía más realista y materialista.

¿Pero realmente es posible una filosofía materialista que prescinda totalmente de lo que los griegos denominaron pneuma, esa suerte de espíritu mítico, soplo divino, Ser, Uno o “gran Otro”?

Gustavo Bueno, a través de su propuesta de MF (materialismo filosófico) intentó superar, incluso, la metafísica inherente al propio Diamat (materialismo dialéctico), al darse cuenta de que el marxismo no era científico ni, por supuesto, podía fundamentarse en un monismo imposible. Según Bueno, la esencia del materialismo es el pluralismo. Por eso, a partir de una Materia Ontológica General, que podría considerarse la análoga a una realidad primera o Realidad-fundamento (Xavier Zubiri), Gustavo Bueno formuló su tesis sobre los tres géneros de la materia: M1, M2, M3. De esta manera, daba cuenta de los fenómenos psíquicos (¿espirituales?) que interpretaban y operaban con los entes corpóreos (M1) y con la materia inteligible (matemáticas y leyes físicas) que conformaban el género M2.

Sin embargo, como ya se ha señalado, esta propuesta de Materia Ontológica General no evitaba la necesidad de incorporar el género M3; los fenómenos psíquicos que interpretan y dan sentido al resto de géneros de materia, pues, en el parecer de Bueno, el espíritu no es más que un subproducto dialéctico en relación a la materia (cita textual).

Lo que consiguió Gustavo Bueno, en mi opinión, fue triturar a Hegel a través de la puesta del revés de Marx; es decir, G. Bueno aceptó la intervención de un componente psíquico, como subproducto dialéctico, que interpretaba la realidad material (M3), pero negando que dicho “componente psíquico” pudiera entenderse como un motor espiritual (Hegel) que actuara como un sujeto activo en el devenir de la historia. También Marx fue triturado, pues si no existía un motor espiritual, que permitiera avanzar hacia el fin último de la historia, tampoco existía un “motor de lucha de clases”, al cabo, otra idea hipostasiada que se aceptaba como un modo de ser real que no era sino una idea virtual o un modo de pre-ser vivenciado en la conciencia.

VIRTUALIDAD y PRE-SER VIVENCIADO

Ni siquiera Gustavo Bueno pudo prescindir del género M3, al cabo el núcleo fuerte de la filosofía posmoderna: los procesos psíquicos que interpretan y dan sentido a la realidad que nos envuelve.

A efectos prácticos, pienso, no importa tanto que G. Bueno triturara el supuesto cientifismo marxista, demostrando que, al cabo, el Diamat contenía metafísica y era una suerte de teología secularizada (cita textual); algo parecido a lo que ya señalara Ortega y Gasset, cuando se refirió al marxismo como una forma de pseudomoral eslava; o cuando Bertrand Russell, uno de los críticos más firmes contra el marxismo, lo consideró como una suerte de pseudofilosofía. Por supuesto, fue Heidegger quien vio con claridad meridiana que el marxismo era una pseudoreligión

Todos estos filósofos ya “intuyeron” la verdad que Gustavo Bueno desveló a través de su triturador MF: el marxismo no dejaba de ser un idealismo ebrio de metafísica, que se arrogaba, como la  prepotencia esquizofrénica que era (Sloterdijk), ser el portador de la única conciencia “buena y justa”.

Pero decía que, a efectos prácticos, no importa la trituración de Gustavo Bueno, pues siempre quedarán posmodernos (como veremos a continuación) y Armesillas (nostálgicos comunistas) que continuarán la obra de la pseudoreligión marxista, prepotencia ideal-comunista al cabo.

¿Pero qué implica que el marxismo se refiera a sí mismo como la única conciencia verdadera?

Implica proclamar una verdad endiosada que parte, inevitablemente, de una idea virtual vivenciada en la conciencia”. Pero la verdad marxista no es una verdad que tenga una correspondencia entre proposiciones y hechos, al modo aristotélico, sino que es una "verdad" o pre-verdad que ansía y aspira a llegar a ser; es una verdad virtual que desea consumarse en la realidad material a través de la praxis operativa.

LA FILOSOFÍA POSMODERNA

Fue la Escuela de Frankfurt la que descubrió estas “debilidades del marxismo”, entendiéndolo como forma de “verdad virtual prepotente”. Y los filósofos alemanes, otrora marxistas, con Adorno y Horkheimer a la cabeza, iniciaron una reinterpretación de los postulados del marxismo por tal de limar su celo dogmático y rescatar, al tiempo, sus supuestas bondades.

¿Qué había de bueno en el marxismo? Según los filósofos de la Escuela de Frankfurt, del marxismo había que rescatar su ideal emancipatorio, su lucha para liberar a los oprimidos. Pero los oprimidos ya no eran, tan solo, quienes pertenecían a la clase del proletariado, sino que oprimido podía ser todo aquel que tuviese conciencia (vivencia subjetiva) de ser víctima; incluso quienes tuviesen conciencia de pertenecer a colectivos agraviados históricamente debían ser reconocidos como víctimas. Se imponía, así, el pensamiento sensible que legitimaba las reivindicaciones feministas, pero, ojo, también las reivindicaciones emancipatorias de colectivos homosexuales o colectivos etno-nacionales (particularismos tontilocos).

La posmodernidad repartió, tan alegre como inconscientemente, carnés de víctima. Y con el transcurrir del tiempo, estas víctimas, de nuevo endiosadas en sus verdades dolorosamente sentidas, y como antes hiciera el marxismo, volvieron a mutar en conciencias dogmáticas y prepotentes. El primer feminismo liberal mutó en femimarxismo, que no feminazismo, pues, como acabo de demostrar en esta exposición, el feminismo radical bebe del ideal emancipatorio marxista. De manera parecida, los primeros movimientos emancipatorios de colectivos homosexuales, claramente liberales, devinieron con el tiempo una pseudoreligión denominada ideología LGTBI.

Y en medio de toda esta vorágine irracional y psicoestética, empeñada en reivindicar sentimentalismos a través de victimismos instrumentalizados, aparecerá Habermas, disfrazado con los ropajes del ilustrado de izquierdas, racional y sensato. 

Pero Gustavo Bueno, como no podía ser de otra manera, también trituró al hijo aventajado de la Escuela de Frankfurt, considerándolo el creador de "El mito del ideal del diálogo” (cita textual). Gustavo Bueno desenmascaró al diálogo habermasiano como la necesaria herramienta a través de la cual las democracias deliberativas dan forma a una nueva verdad, no metafísica, sino consensuada con la participación de todos (¿de todos, realmente?); una verdad creada en los laboratorios de la política, por supuesto diseñada por las elites globalistas; la reedición, con otras vestimentas, del antiguo ideal internacionalista marxista, ahora reinterpretado como teleológicos supranacionalismos y transnacionalismos. Diálogo, consenso, democracia deliberativa, ética en el discurso… ideales imposibles, metafísica y nuevos mitos al cabo.

¿QUÉ QUEDA DESPUÉS DEL MITO SINO NUEVAS FICCIONES MÍTICAS?

Triturados los mitos del marxismo, y por ende los de sus hijos posmodernos; y triturado el idealismo habermasiano, ¿qué nos queda para dar sentido a nuestras existencias?

Me atrevería a decir, siguiendo a Unamuno, que si el mito no existiera habría que inventarlo, de la misma manera que el genial vasco (español por los cuatro costados) proclamó que “si no existiera Dios, tendríamos que inventarlo”. En esta frase, tan unamuniana, se resume perfectamente la verdad posmoderna. Y es que Unamuno entendió, mucho antes que los sesudos alemanes de la Escuela de Frankfurt y sus hijos posmodernos (Foucault, Derrida, Deleuze…), que no importaba tanto tener certeza de una verdad como obligarnos a creer en dicha verdad. Unamuno lo llamó, intuitivamente, autoengaño existencial. Pero Peter Sloterdijk, hilando más fino, lo ha denominado autohipnosis consciente; un ejercicio voluntario de la conciencia para obligarnos a creer en lo que la razón no nos permite creer.

La ficción, la pre-verdad o el pre-ser virtual que se manifiesta y actualiza en la conciencia, cobra vida propia en la nivola "Niebla", donde el personaje de Augusto Pérez llegó a mostrarse a través de un modo de ser tan real que, incluso, se permitió dialogar de a tú a tú con "su dios": el propio Unamuno que escribía la vida, historia o relato, del atormentado Pérez. La meta-ontología que desarrolla la obra unamuniana es sublime. 

La poiesis (acción creativa) que lleva a cabo Unamuno, ya no consistirá, como en la Grecia clásica, en crear dioses y mitos, sino en "imaginar" al sujeto como un dios capaz de crear al Dios que, a su vez, le creará a él mismo.

En "Niebla", Unamuno entendió perfectamente que la existencia no tenía sentido sin un relato que llenara con historias, mitos y ficciones, el terrible vacío inherente a la misma. ¿Y qué mejor ficción que la de un dios que sueña o imagina a su Dios?

Obligándose a llegar hasta los propios límites de la ficción, Unamuno llegó a escribir que el personaje ficticio de Alonso Quijano se le antojaba más real, más de carne y hueso, que el propio Miguel de Cervantes. ¿Por qué no? ¿No fue, en definitiva, Alonso Quijano, en su modo de ser universal "El Quijote", quien realmente dio sentido y significado a la existencia de un pobre mortal llamado Miguel de Cervantes?

Y es que Unamuno, antes de que Derrida se sacara de la manga el invento del deconstruccionismo, ya se atrevió a deconstruir, magistralmente añado, la obra magna de la literatura española: "El Quijote".

 "Vidas de Don Quijote y Sancho" no solo es una confesión agustina donde Unamuno se psicoanaliza introspectivamente, desnudando su ser más íntimo a todos sus lectores. Es mucho más. Unamuno, erigido en "dios" o creador todopoderoso, llegará a proclamar que él había entendido y desvelado la esencia que subyacía en "El Quijote" mucho mejor que el propio Miguel de Cervantes. He ahí un endiosamiento creador que solo sería superado, años más tarde, por los filósofos posmodernos.

La obra "Vidas de Don Quijote y Sancho" deconstruye la obra original de Cervantes reinterpretándola y, hasta cierto punto, incluso reescribiéndola, y con no pocas dosis de análisis psicológico y social. Así, Unamuno no solo llegó a la posmodernidad antes que los filósofos posmodernos, sino que se adelantó al trabajo de la Escuela de Frankfurt, valiéndose, a través de su particular modo de crear ficciones, de análisis psicológicos y sociales para, a través de esas vías, poder llegar a descubrir el alma (esencia espiritual) de los personajes cervantinos.

CONCLUSIÓN

En definitiva, la acción operativa en política, muy bien entendida por Unamuno, pero también por Gustavo Bueno, debe consistir en triturar los mitos de los “otros” y, al tiempo, resucitar y legitimar nuestros propios mitos nacionales. No importa que dicha legitimación moral y vital se realice a través de vías intuitivo-irracionales (Unamuno) o a través de una racionalidad bien argumentada y fundamentada (Gustavo Bueno).

Si todo mito es inevitablemente relato, como sostienen los posmodernos, y es una necesidad constitutiva del ser humano dotar de sentidos y significados (relatos) su existencia, no nos queda más remedio que “mitificar” y crear relatos, pero relatos y narraciones hechos a “imagen y semejanza” de los hombres de carne y hueso que somos.

Parafraseando a Gustavo Bueno: “el relato que no impongamos nosotros lo impondrá la conciencia contraria y antagónica a la nuestra”. Así ha sucedido siempre a lo largo de la historia. Las civilizaciones y naciones que desaparecieron a lo largo del tiempo, lo hicieron porque, primero, perdieron su fuerza vital y espiritual (pneuma); perdieron la fe en sus respectivas razones de ser; dejaron de creer en “sus verdades” y acabaron autoinmolándose.

No sé a vosotros, pero a mí no me vale el relato marxista, ni los relatos LGTBI, LBM o femimarxistas; tampoco me vale el tramposo relato del idealismo habermasiano, que lo mismo “prefiere a Podemos mil veces antes que a VOX” que proclama que “España se la suda”.

Como dijo un gran español, gran admirador de Unamuno: “Hay que anteponer la poesía que promete (nuestro relato nacional) a la poesía que destruye (relatos internacionalistas y globalistas).

lunes, 9 de noviembre de 2020

SERIE DE TV YEARS AND YEARS (los peligros de la posmodernidad))

INTRODUCCIÓN

Las series actuales, sobre todo las de Netflix y HBO, son ricas en contenidos "posmodernos"; todas ellas están impregnadas de esas moralinas, tan de moda, que se arrogan juzgar y decidir quiénes son los nuevos herejes que deben arder en las hogueras de los movimientos femimarxistas, woke, LGTBI, LBM, animalistas y eco-veganos. Hay hogueras disponibles en todos los colores y para todos los gustos.

Se me dirá que siempre ha sido así a lo largo de la historia; que la ficción cinematográfica siempre ha pecado, desde sus comienzos, de sesgos ideológicos y de tendenciosos maniqueísmos. Seguramente, pero nunca con el descaro y la soberbia que muestran las prepotentes ideologías surgidas a la sombra de la posmodernidad.

LA CONCIENCIA FRACTURADA

Me gusta escuchar a mi hija, y con atención expectante, cuando me recomienda las últimas series televisivas del momento. Gracias a ella he descubierto series buenorras como "Sex education", "Descubriendo a Alaska", "Dark" o "Euphoria". Pero no doy abasto para ponerme al día con tantas recomendaciones.

Todas estas series, y es a lo que iba, están impregnadas de inevitable ideología LGTBI, pero, además, inciden en un tema crucial que caracteriza al pensamiento posmoderno: mostrar una fractura espacio-temporal de la conciencia a través de la ficción.

Estas series logran, a través de diferentes recursos, hacer pasar por ""real" lo que no es sino mero pre-ser o modo de ser imaginado en la conciencia. De hecho, todas las obras de ficción descubren y plantean sugerentes posibilidades de ser que podrían llegar a darse en la "realidad abierta". 

Pero las series de TV actuales van más allá de la mera intención de mostrar posibilidades del ser; en la mayoría de ellas subyace una clara INTENCIONALIDAD de "crear conciencia", es decir, de implantar nuevas verdades que son, primero, vivencias o experiencias de determinados colectivos sociales.

En "Euphoria" la conciencia se fractura espacio-temporalmente a través de las drogas, también muy presentes en otras series. Y dicha conciencia fracturada casi siempre es feminista (las protagonistas son chicas). Y esta "buena conciencia" también es transgresora, activa sexualmente y consumidora de sustancias alucinógenas.

Ya no podríamos imaginar ninguna serie posmoderna sin el habitual recurso del "flash back"; una manera de romper la espacio-temporalidad del relato ficticio que nos permite convertirnos en una suerte de dios omnipresente para, así, poder seguir y entender mejor los actos de los personajes. He ahí una de las premisas del psicoanálisis: poder llegar al autoconocimiento personal a través del análisis del pasado.

En "Dark", por ejemplo, se juega con la fractura espacio-temporal a través de los viajes en el tiempo; otro recurso muy manido y recurrente en las series de TV de hoy. ¿Cuántas series han utilizado de alguna u otra manera los viajes en el tiempo para crear realidades en la ficción? ¿Y qué me decís de las series distópicas, que están a la orden del día, y que "imaginan" cómo sería hoy el mundo si el devenir de la historia hubiese sido distinto?

CONCLUSIÓN

Las series posmodernas han entendido que el presente no es nada, y que todo puede reducirse a pasado y futuro. Los personajes en la ficción que seguimos en las series de tv actuales son una síntesis de lo que fueron, pero, sobre todo, de lo que "podrían llegar a ser". De este modo, y a través de la ficción,  la posibilidad de llegar a ser se consuma en nuestras mentes, manifestándose y actualizándose en nuestras conciencias como un modo de ser que, de facto, ya es. 

Y aquí quería llegar:

Resulta evidente que en la serie "Years and years" también se juega con el recurso de la fractura espacio-temporal, pero, en mi opinión, se hace de forma peligrosa e inmoral.

Bien está que una serie de ficción nos permita imaginar cómo sería el mundo si el eje germano-japonés hubiese ganado la II Guerra Mundial. Pero, cuidado, porque en "Years and years" se va mucho más lejos, porque su ficción no se retrotrae a personajes y hechos del pasado, sino a circunstancias muy actuales.

"Years and years" plantea la posibilidad, ni más ni menos, de que Donald Trump acabe lanzando una bomba atómica sobre China. Se toma partido, descaradamente, contra la realidad y la verdad del presente (Trump, precisamente, no ha participado en nuevas guerras). Y esta tramposa ficción se utiliza instrumentalmente para crear en las conciencias de los espectadores una POSVERDAD (en realidad pre-verdad) que, en las mentes más simples, se vivenciará como "verdad de facto".

En serio, he alucinado al comprobar a qué grado de manipulación y adoctrinamiento social están llegando las actuales series posmodernas de TV.

ESPAÑA COMUNISTA (reflexión escrita en 2014)

INTRODUCCIÓN


José, un comentarista de este humilde blog, me decía que, hasta hace poco, se negaba o no quería creer en mis pesimistas análisis de la realidad.
He descubierto está reflexión, escrita en 2014, donde ya se podía prever, perfectamente, todo lo que estaba por llegar y que, desgraciadamente, ya estamos padeciendo.

Desde hace ya algunos años vengo sosteniendo, en diferentes foros y a través de debates dialécticos, que España es esencialmente comunista, es decir, que su idiosincrasia, forma de ser y de pensar, ha estado desde siempre orientada a la consecución de utópicos supremacismos.

Habrá quien erróneamente me rebata, argumentando que la esencia más española, a lo largo de la historia, ha sido el catolicismo. Sin embargo, lejos de rebatirme, me estará dando la razón.

Y es que, sin la presencia a lo largo de los siglos de un carpetovetónico catolicismo, que impregnó de utópico supremacismo la conciencia colectiva de las masas, jamás hubiese sido posible en España la deconstrucción o reinterpretación del mismo en forma de doctrina comunista.

El catolicismo, de hecho, lejos de impedir la proliferación del comunismo se convirtió en su necesario caldo de cultivo. Tan solo bastó, para ello, que alguien se diera cuenta de que allí donde el supremacismo religioso hablaba de creyentes desposeídos era necesario, adaptándose a nuevos contextos históricos, referirse a creyentes proletarios.
Fue el ingenioso Marx quien supo ver que las masas necesitaban creer en un fin último utópico; y frente al engaño del supremacismo religioso (alcanzar la felicidad en la otra vida) supo articular un nuevo engaño, o nueva conciencia, que prometería la felicidad en un idealista Estado socialista.

No volveré a insistir en los más que evidentes paralelismos entre cristianismo y marxismo, pero sí señalaré que aquellas sociedades, que históricamente sí supieron desprenderse del supremacismo católico, evolucionaron hacia ideologías liberales más respetuosas con las libertades individuales.

Podríamos concluir, por tanto, que si el protestantismo, sobre todo el anglosajón, propició y favoreció un pensamiento más liberal, el catolicismo fue el padre religioso de un hijo comunista y ateo. Sí, es cierto que padre e hijo creen en diferentes aspiraciones supremacistas pero, al cabo, los dos son fervientes creyentes y persiguen parecidos fines últimos en forma de utópicos mundos felices (paraíso y socialismo utópico). "De tal palo tal astilla".

Si profundizamos al respecto, resulta fácil comprobar que, tanto el catolicismo como el comunismo hacen mayor hincapié en la necesidad de trabajar comunitariamente, mientras que protestantismo y liberalismo enfatizan más en las bondades del esfuerzo y el sacrificio individual.
La creación de una sociedad comunista conllevará, por tanto, a una serie de indeseables consecuencias:

CONSECUENCIAS

Destierro del esfuerzo: la primera consecuencia, inevitable, en una sociedad que se conduzca y apueste por el trabajo comunitario en detrimento del trabajo más individual, es que se creará una sociedad igualitaria que no distinguirá entre los mejores y los peores; no diferenciará a los más esforzados de los más perezosos. Si todos deben aportar, teóricamente, una misma cantidad de fuerza de trabajo a cambio de una igual o parecida retribución... ¿Para qué destacar o sobresalir? ¿Para qué un esfuerzo superior al de otro igual si, al cabo, ambos obtendrán los mismos beneficios?

Destierro del mérito y la excelencia: despreciado el esfuerzo como fuente generadora, no solo de trabajo, sino también de progreso y de riqueza, se formará una sociedad mediocre que no sentirá aspiración ninguna por mejorarse a sí misma; que evitará cualquier sacrificio necesario para aspirar a la excelencia. El vacío dejado por la ausencia de una ciudadanía responsable, defensora de sus derechos pero también cumplidora con sus obligaciones a través del trabajo esforzado, será ocupado por unas masas eternamente descontentas e insatisfechas, que buscarán la felicidad a través del mínimo esfuerzo y reclamarán que sea el Estado quien garantice su bienestar.

Pobreza generalizada: cualquier sociedad que destruye a sus propias élites intelectuales, desterrando el mérito y la excelencia de sus aulas, es una sociedad condenada a la autoinmolación vital. Sin la creación aristocrática (de los  mejores) ninguna sociedad puede progresar ni evolucionar, sino que permanecerá anclada en un triste y sempiterno presente de miseria. La pobreza acabará instalándose en todas las capas sociales de la población y los mejores, de haberlos, se verán obligados a emigrar a sociedades que sí sepan valorar sus conocimientos y, sobre todo, que reconozcan su esfuerzo personal.

Estado omnipotente: una vez empobrecida la sociedad, hasta el punto de que se muestre incapaz de crear riqueza, porque no existen las suficientes iniciativas privadas generadoras de la misma, el Estado no tendrá más remedio que asumir el rol de empresario para dinamizar la actividad económica y garantizar la supervivencia de la población.  Pero dichas acciones dinamizadoras, en tanto que alejadas de las leyes del mercado libre, serán inútiles e improductivas, es decir, no generarán riqueza , pues se llevarán a cabo sobredimensionando el peso de las administraciones públicas. Se crearán ingentes cantidades de funcionarios, que desempeñarán labores innecesarias, las cuales, sin embargo, justificaran la creación de puestos de trabajo. Trabajo, repito, que no solo no generará riqueza, sino que estará destinado a expoliar fiscalmente al resto de la ciudadanía. La clase funcionarial se convertirá, así, en nueva clase privilegiada.

Inevitable dictadura o despotismo político: cuando la población, ya empobrecida, comprenda que no tiene ningún futuro en la feliz sociedad comunitaria que se le prometió, se rebelará o buscará la manera de emigrar a sociedades más maduras y garantes de las libertades individuales. Pero para entonces, cualquier intento de revolución o de disidencia política, así como cualquier intento de huida, será duramente reprimido por un régimen totalitario provisto de un poderoso ejército leal, pero también consentido por un numeroso cuerpo de funcionarios, sumisos y serviles, que no pondrán en peligro sus privilegios y prebendas por tal de defender las libertades del resto de la población.


ANÁLISIS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA

No hace falta ser demasiado sagaz para comprobar cómo, todas y cada una de las anteriores consecuencias, derivadas de las políticas propias de Estados comunistas, se han dado en España. Tan solo faltan por desarrollarse los dos últimos estadios, que ya llegarán.

Pero ¿Cómo ha sido posible que en una sociedad calificada como liberal o neoliberal (sobre todo por la opinión pública) se hayan dado los tres primeros estadios que caracterizan a todo sistema comunista?

La respuesta es clara: porque España nunca ha sido liberal. De hecho, el liberalismo nunca ha sido una alternativa política real en España.

La socialdemocracia ensayada en España, durante lo que dio en llamarse la Transición, nunca hizo suyos los valores propios del liberalismo, ya que el diseño de dicha falsa socialdemocracia se realizó con el consenso de las anteriores fuerzas del régimen franquista (Falangismo e Iglesia Católica) y las emergentes fuerzas políticas de la oposición (socialismo y comunismo). España se conjuró, desde la derecha y la izquierda, para seguir manteniendo "vivas" las cadenas represoras de la auténtica libertad, que no es libertad económica (como sostiene el marxismo) sino libertad vital.

Vemos, por tanto, que España fue víctima de la tormenta perfecta: la confabulación de los diferentes supremacismos, religiosos y políticos, que durante siglos habían desterrado las ideas liberales de la vida de los españoles.

Así, no debe resultar extraño que, todavía hoy, pocos españoles puedan explicar qué entienden por liberalismo, menos aún que comprendan los principios básicos del liberalismo filosófico.
Resulta realmente increíble la frivolidad con la que la generalidad de las gentes de España no dudan en culpar al liberalismo de todos sus males.
¿Acaso nuestras aulas y nuestros sistemas pedagógicos están orientados al mérito y la excelencia?
¿Se valora en España el esfuerzo y el sacrificio personal?
¿Acaso no deben emigrar nuestros mejores cerebros de un país incapaz de apostar y promocionar la excelencia?
Y, sin embargo, como en los mejores regímenes comunistas, España es uno de los países europeos con mayor número de administraciones fiscalizadoras (centrales, autonómicas y locales) y es uno de los países con mayor cantidad de funcionarios y políticos. ¿Es esto propio de un sistema "liberal"?

¿De verdad que nadie puede ver que España es, en su misma esencia, claramente comunista?
El tradicional grito de guerra en España, tanto desde las derechas como desde las izquierdas, siempre ha sido: ¡más Estado!

Ahora tan solo hace falta que la esencia comunista, desde tiempo inmemorial inherente a la razón de ser española se nos abra y se desoculte  en el claro de las urnas, para legitimarse y materializarse por la vía "democrática", ya que, en su día, no pudo hacerlo a través de inconscientes y peregrinas revoluciones frentepopulistas.
Y por fin, en nuestras graves circunstancias presentes,  aparecerá una nueva oportunidad histórica (favorecida por el dolor de una cruenta crisis)  para que la esencia del comunismo, que siempre ha estado entre nos, latente y al acecho, esperando el momento de "asaltar los cielos", vuelva a reivindicar con orgullo prepotente su razón de ser.
 
Una vez más, el insoportable dolor de una época, y el descontento generalizado (frustración, resentimiento y ansias revanchistas) de las masas, es aprovechado por los defensores de imposibles sistemas utópico-esquizofrénicos.
Ahora solo falta, en definitiva, que alguien (¿Podemos, quizás?) se encargue de desarrollar los dos últimos estadios (Estado omnipotente y dictadura) que caracterizan a toda buena sociedad comunista que se precie de serlo.
 

lunes, 2 de noviembre de 2020

"MENOS QUE NADA" de ZIZEK (primeros apuntes)


INTRODUCCIÓN

El libro “Menos que nada” pretende abogar por una nueva revolución o proyecto emancipatorio radical fundamentado en argumentos lacaniano-maoístas; una nueva manera, en verdad original, de releer y reactualizar a Hegel, para volver a legitimar las transformaciones sociales que son tan del gusto de los marxistas y comunistas de siempre.

El prólogo de "Menos que nada" (2012) se deshace en halagos ante la aparición (nueva posibilidad del ser) de un nuevo partido revolucionario en España: Podemos.

Según Zizek, Podemos está con Hegel. Y para demostrarlo, Zizek reinterpretará a Hegel con la ayuda de Badiou y Lacan, constatando que el nuevo partido político español (Podemos) es digno heredero del filósofo alemán.

Zizek definirá a Podemos como "una posibilidad real de emancipación radical contra la permisividad liberal" (cita textual).

En dicha cita, llama poderosamente la atención la crítica directa al liberalismo que impera en Occidente; un “liberalismo permisivo”, en el parecer de Zizek, que no pone límites a las tropelías del neocapitalismo globalizador.

La crítica al “liberalismo permisivo”, apunta Zizek, también es posible (y válida) partiendo de una interpretación político-filosófica desde la izquierda heideggeriana. Por supuesto, añado yo, porque la verdad de Heidegger es también la verdad de nuestro Gustavo Bueno: “La verdad que no imponga una civilización será impuesta por su antagónica” (parafraseo). Esto lo entendió perfectamente Podemos desde que proclamó su verdad desnuda: su férreo propósito de asaltar los cielos (léase el poder).

Hoy, año 2020, Podemos ya forma parte del gobierno de España. Por primera vez en nuestra joven democracia, surgida tras la caída del régimen franquista, el comunismo ha alcanzado el poder y, como en 1936, ha articulado un nuevo Frente Popular, amalgama de partidos socialcomunistas (Podemos, PSOE), golpistas (ERC y JxC) y filoterroristas (Bildu). La historia se repite.

Alcanzar el cielo, lo divino y Absoluto, ha sido siempre el objetivo de toda ideología teleológica hegeliana. Y por eso Zizek se permite obsequiarnos con esta perla:

Un materialista puede decir que, aunque sabe que no hay dios, la idea de Dios sin embargo le mueve.

Así, partiendo del famoso "algo es más que nada" de Heidegger, y reinterpretándolo, Zizek lo convierte en "menos que nada" porque, en su parecer, la realidad debe ser suplementada por la ficción, es decir, por un relato o narración que pueda esconder el vacío de la misma.

Zizek, como buen comunista, no aceptará la reacción espiritualista de recogimiento interior frente al vacío: budismo y el último Heidegger, y apostará por la acción externa a través del materialismo dialéctico, científico e histórico, de Badiou, para, así, llenar el vacío de la existencia de contenido, sentido y significado. Pero, además, aportará toda una fundamentación pretrascendental, característica de la subjetividad moderna que, según Zizek, ya se hallaba en el “Parménides” de Platón. El contenido transcendental que aporta la subjetividad moderna para rellenar los vacíos existenciales, es lo que hoy conocemos como posverdad (pre-ser virtual), que tiene su origen en el marxismo cultural de la posmodernidad; el marxismo enmendado y reinterpretado, crítica teórica mediante, que surgió del hermanamiento entre marxismo y psicoanálisis en la Escuela de Frankfurt.

A través del materialismo democrático de Badiou, y con la ayuda de Lacan (psicoanálisis), Zizek nos explicará cómo ganar "espacios de emancipación" (cómo controlar y dominar la superestructura) para facilitar nuevas revueltas.

Zizek hará suya la figura del ángel asexuado, figura lacaniano-maoísta, que esbozaron Lardreau y Jambet, para convertirla en agente de una emancipación radical.

Pero si Lardreau y Jambet se rindieron, tras comprobar cómo su propuesta mutó en la violencia destructiva de los Jemeres Rojos, Zizek rechazará la claudicación y permanecerá fiel (como él mismo asegura) a la empresa originaría de Badiou: articular espacios para un proyecto emancipatorio radical.

Zizek se referirá a los "caminos excéntricos" de Hördelin como vías para asaltar los cielos, enlazando de esta manera con la hermenéutica heideggeriana.

EL MONJE CON PARAGUAS (sobre Mao)

Zizek recoge en "Menos es nada" la autodefinión que de sí mismo realizó Mao Zedong: "Un monje con paraguas". 

 Zizek, tirando de psicoanálisis lacaniano, interpreta tan "pintoresca" definición como el reconocimiento de una necesidad espiritual, por parte de Mao, de aspirar a una comunión con un Uno o absoluto histórico, pero sustrayéndose de cualquier referente supracelestial. Así, el paraguas actuaría como una barrera metafórica que separaría al monje de lo celestial, permitiéndole a Mao seguir aferrado a la realidad material y terrenal.

Me resultó curiosa y acertada esta interpretación que, en el fondo, coincide con una de las autodefiniciones más célebres de Gustavo Bueno, cuando aseguraba que él era ateo y católico. No hace mucho, también le he leído al ínclito Santiago Armesilla (comunista) proclamar que él es ateo (no cree en supremos entes celestiales) pero también es católico, porque reconoce su legado histórico-cultural, inevitablemente impregnado de la influencia del catolicismo español.

Incluso Gustavo Bueno, marxista, entendió que la historia de verdad, la de los hechos consumados, le había dado la espalda al comunismo. Pero ahí siguen Armesilla, las huestes de Podemos y Zizek obstinándose en seguir siendo "monjes con paraguas", soñadores revolucionarios empeñados en asaltar los cielos, aunque para ello deban cerrar o romper los paraguas.

En mi opinión, los comunistas, como el tramposo Mao, son en realidad prepotentes supremacistas, ergo inevitablemente también son esencialistas y supracelestiales. Sus paraguas, supuestas barreras que les preservan dentro de los límites de la realidad material, son tan solo artificios para enmascarar sus siniestras intenciones: sustituir al Dios cristiano por su dios marxista. 

MATERIALISMO DEMOCRÁTICO VS MATEARIALISMO DIALÉCTICO

Nos dice Zizek, siguiendo a Badiou, que la lucha entre conciencias, hoy, no es entre idealismo y materialismo. Lo que está en juego en la actual dialéctica entre contrarios es determinar el modelo político-filosófico que regirá el destino de Occidente: materialismo democrático vs materialismo dialéctico.

En la política europea ya solo queda el materialismo, pues el idealismo ha sido desplazado de la pugna entre conciencias. Y esto es verdad, pero solo a medias. Y una verdad a medias no deja de ser una mentira. Si nos fijamos bien, con esta afirmación de Badiou, que Zizek suscribe (todo es materialismo), se le está enmendando la plana a la tesis principal de Gustavo Bueno en "España frente a Europa", según la cual la Europa habermasiana es profundamente "idealista".

Sin embargo, Zizek y Badiou sostienen que la política europea actual se desarrolla a través de un antagonismo entre "materialismo democrático" vs "materialismo dialéctico".

En qué quedamos: ¿La política europea es idealista (G.Bueno) o materialista (Badiou y Zizek)?

Pues, en mi opinión, la política europea adopta las formas de un materialismo democrático (habermasiano), pero en su fondo subyace una teleología idealista que aspira a consumar un fin último supranacional y transnacional. Es cierto que los postulados político-filosóficos de la "democracia deliberativa" de Habermas se fundamentan a través de un materialismo fáctico modulado por la acción comunicativa que busca consensos y acuerdos comunes. Pero no es menos cierto, como señalaba Gustavo Bueno, que el fin último de la Europa habermasiana es "esencialista" o idealista, como se prefiera, pues lo que se pretende es superar (anular) la razón de ser de la "nación tradicional" para sustituirla por un proyecto globalista o "internacionalista" (marxista, al cabo), que Habermas rebautizó como supranacional y que debería consumarse, a lo largo del tiempo, como proyecto transnacional.

Pero no perdamos de vista al "otro materialismo", al que Zizek hace referencia y hace "suyo": el materialismo dialéctico. Resulta muy pedagógica y esclarecedora la "interpretación" que de la dialéctica tradicional hace Zizek sirviéndose del psicoanálisis lacaniano. Antes de llegar a Hegel, autor clave en la defensa de su tesis para crear espacios de emancipación radical, Zizek se retrotrae hasta Platón, origen de la dialéctica, para reinterpretar (deconstruir) los conceptos platónicos hasta adaptarlos a sus "revolucionarios intereses" comunistas.

Resumiéndolo mucho, se podría decir que Zizek "despoja" de idealismo o carácter suprasensible a la teoría dualista de Platón, afirmando que lo suprasensible (mundo de las Ideas) era en realidad un "modo de pre-ser" (imaginado) del verdadero ser aparente y material. De esta manera adapta el dualismo platónico a los dictados de la dinámica de la conciencia hegeliana, donde se consuma la síntesis entre pre-ser y ser. A nadie puede escapársele que lo que pretende Zizek es legitimar el materialismo dialéctico-teleológico marxista, pero despojándolo de "idealismo" o esencialismo suprasensible. Pretende hacernos creer que la teleología hegeliana (idealista), como antes la platónica, era en realidad materialista, porque se sustentaba y partía desde y a través de la propia realidad material. Algo muy parecido a lo que defendía también Gustavo Bueno y, por cierto, también Xavier Zubiri, cuando aseguraban, respectivamente, que todo surge de una primera Materia Ontológica General (Bueno) o de una Realidad-fundamento (Zubiri).

Zizek, por tanto, viene a coincidir con un esencialismo místico-heideggeriano, y no tanto con el existencialismo ateo-Sartriano. La esencia (ese pre-ser que ya es en-sí-mismo un modo de ser real en la conciencia), no precede a la existencia, como postuló Platón y más tarde el judeocristianismo, ni tampoco es un constructo (construcción) que se "elabora" después de una apriorística existencia (Sartre).

¿En qué coincide, entonces, Zizek con Heidegger?

Ambos aceptan que la esencia (sentido y significado) ya está presente en el mismo ser, y que de lo que se trata es de "desvelar" o descubrir ese pre-ser que subyace en el ente real a través de la imaginación (dirá Zizek) o mediante la poesía (Hördelin) y la reflexión expectante (Heidegger). En ambos casos, pero, se legitimará un sentido, es decir, se podrá justificar una razón de ser a partir de las "bondades" que se le atribuyan a la esencia, por supuesto, hermenéutica interpretativa mediante.

CONCLUSIÓN

La conclusión a la que llegará todo aquel que no porte anteojeras ideológicas, es que, a través del materialismo dialéctico, lo mismo se podrá llegar a legitimar un fin último comunista que un fin último nacionalsocialista. Heidegger ya dejó constancia de esta observación, pero no tan explícitamente, en "Caminos de bosque". Pero también el materialismo democrático habermasiano, por mucho que se fundamente en las bondades apriorística atribuidas a la democracia deliberativa y el consenso, legitima un europeísmo transnacional, al cabo también un soñado o imaginado fin último teleológico.

Desde el materialismo filosófico de Gustavo Bueno podríamos preguntarnos:

¿Y si todo hijo de vecino, comunista, otrora nacionalsocialista y ahora habermasiano, se arroga estar en posesión de su verdad teleológica, qué nos impide a los españoles volver a soñar con ideas eternas (Zizek) o aspirar a desvelarlas en el claro del bosque (Heidegger)?

¿Qué nos impide volver a reivindicar la legitimidad histórico-cultural de la razón de ser española? Pues, por lo visto, nos lo impiden TODOS, desde Zizek hasta Habermas, a través de sus diferentes materialismos democráticos y dialécticos. Los unos porque apuestan, como nuestras izquierdas ilustradas, por una teleología posmarxista, rebautizada como europeísmo transnacional, y los otros, porque apuestan, como Podemos, por el resurgir de un nuevo neocomunismo bolivariano.

Tal y como refleja el propio parlamento español, plagado de habermasianos (PSOE, PP y C´S) y de socialcomunistas (PSOE sanchista y Podemos) TODOS están contra la idea de España; todos atentan contra la razón de ser española, todos atentan contra nuestro legado histórico-cultural y religioso, y todos están contra nuestra universal lengua común.