viernes, 26 de mayo de 2023

La DICTADURA PERFECTA (película sobre política y medios informativos)

INTRODUCCIÓN

Hace unos días, por casualidad y vencido por el aburrimiento, vi una película que me gustó bastante; una película mejicana titulada "¡Que viva México!

Así, como el que no quiere la cosa, descubrí al director de cine Luis Estrada y a los geniales actores Damián Alcáraz, Alfonso Herrera y  Joaquín Cosío.

"Que viva México! es una buena película, quizá excesivamente larga, pero entretenida y desternillante en no pocos momentos. La fotografía es preciosista y los paisajes y la ambientación están muy cuidados.

Motivado ante semejante hallazgo, me dispuse a ver más películas de Luis Estrada y descubrí un puñado de joyas cinematográficas de gran valor: "El Infierno", "La ley de Herodes" y "La dictadura perfecta".

En la película "El Infierno" brilla singularmente el personaje de "Cochiloco", interpretado por Joaquín Cosío. El film cuenta con un brillante guión - una bien hilvanada historia de narcos- y, de nuevo, una genial fotografía y escenas de acción muy logradas. Película muy recomendable.

"La ley de Herodes" cuenta la historia de un político de segunda división que es enviado por el partido a ejercer como alcalde en un pequeño pueblecito perdido en la nada. La película retrata muy bien la mutación del inocente e inexperto politico, al principio ingenuo y honrado, hasta convertirse en un despiadado mafioso corrupto. Esta genialidad no tiene desperdicio.

Pero, parafraseando al ya desaparecido y célebre Paco Umbral, en esta entrada he venido a hablar de "La dictadura perfecta".


LA DICTADURA PERFECTA

¡Peliculón! 

La historia que cuenta "La dictadura perfecta" es la crónica cruda, desagarradora y desesperanzadora, de la realidad mejicana; la realidad de una nación sometida al poder de narcos, políticos corruptos y medios de comunicación vendidos al mejor postor.

Pero "La dictadura perfecta" (2014), y esto es lo que me resultó más doloroso al descubrir esta joya cinematográfica, también retrata fielmente la realidad de la política española.

El golpe-moción de Pedro Sánchez en 2018 supuso la culminación de un asalto al poder, en complicidad con el golpismo catalán, que traspasó todas las líneas rojas habidas y por haber. España, desde aquel momento, ha estado sometida a una sutil dictadura mucho más perfecta que la que retrata la película mejicana.

La desgarradora cinta de Luis Estrada describe cómo, en perfecta comunión, la política y los medios de comunicación se ponen de acuerdo para hacer pasar por "verdad" burdas mentiras que, en principio, ni el más tonto podría creerse.

Sin embargo, como se verá a lo largo de la película, y merced a las artimañas de una poderosa cadena de televisión, la realidad no sólo se tergiversará, sino que se reinventará y construirá al servicio de los intereses del poder político de turno. 

Hay una significativa escena en la que un taimado periodista, maestro en la manipulación de la realidad, le señala a un político que uno de sus casos de corrupción se está convirtiendo en trending topic en las RRSS. Y el político, sin inmutarse pero muy cabreado, le responde:

"Yo me paso los trending topic por los cojones. Los pendejos de mis electores sólo ven la televisión".

Y he ahí una cruda verdad que conoce muy bien el sanchismo: lo importante no es tanto controlar las RRSS, que también, como RTVE.

El sanchismo ha entendido perfectamente cómo funciona el cinismo posmoderno, pero, sobre todo, ha entendido que lo tiene que hacer, para implantar la dictadura perfecta, es dominar y controlar los medios de comunicación.

Esto también lo sabía muy bien Podemos, que no tardó en pedir la Secretaría del Estado de Telecomunicaciones como pago a su alianza con el PSOE. Pero Sánchez fue más listo y sólo permitió que Pablo Iglesias tuviera acceso a las comisiones internas del CNI. Total, a Sánchez le importaba y le sigue importando una higa la seguridad nacional, como ha demostrado con sus recientes genuflexiones y claudicaciones ante Marruecos,

Sánchez prefirió que Podemos tuviese acceso a importantes cuestiones (y secretos) de Estado antes que cederle el control de los medios informativos. Una decisión muy significativa que nos da la medida de lo que el sanchismo considera verdaderamente importante: controlar y dominar la opinión pública.


LA DICTADURA SANCHISTA

Nada más consumar el golpe-moción, Pedro Sánchez se dedicó a depurar mandos del ejército y las Fuerzas de Seguridad y, acto seguido, colocó a dedo a Rosa María Mateo en el cargo de directora de RTVE (Radio Televisión Española).

Se suponía que Rosa María Mateo sólo debería ocupar el cargo durante unos meses, pero acabó estando tres años manipulando la televisión pública de todos los españoles, para mayor gloria de Sánchez y su gobierno de mediocres inmorales.

Desde que Sánchez llegó al poder ya no hizo falta seguir disimulando. Ya antes, el tándem formado por Zapatero y Gabilondo, dejó al desnudo la cruda verdad que revelaba que los medios de comunicación de España estaban al servicio del pérfido PSOE.

Zapatero, ante un micro abierto, le reconocía a Gabilondo (periodista) que había que seguir tensionando a la ciudadanía desde los medios de información, porque eso les beneficiaba.

EL PSOE podía lograr, a través del control de los medios de información (RTVE y prensa escrita) que se magnificara el robo de unas cremas faciales (caso Cifuentes), pero, al tiempo, sabía cómo ocultar sus propias verdades incómodas (caso Delcy, EREs andaluces...).

De hecho, el dominio y control de los medios de comunicación le permitió al PSOE sobredimensionar las corruptelas del PP (algunas ridículas, como las de Camps o Rita Barberá) y tapar, al tiempo, sus múltiples y más graves trapos sucios, y los de sus aliados (ya nadie habla del caso Pujol).

La verdad no desvelada no es verdad; y lo que no se visibiliza nunca puede llegar a ser verdad. Así de simple y efectivo, porque, como bien señala la cinta mejicana, la mayoría de los pinches electores continúa fiándose de lo que se diga en la televisión.

Pero, como ya he señalado, mi intención es demostrar que la actual dictadura implantada por Sánchez es mucho más perfecta que la que retrata Luis Estrada en su película, que es una dictadura cimentada en la alianza entre políticos y periodistas.

La dictadura de Sánchez es mucho más perfecta, porque no sólo controla RTVE, sino también la generalidad de la prensa escrita y las RRSS. Y lo más importante, el sanchismo tiene comprado a todo el cine español.

De hecho, la dictadura sanchista es tan perfecta que, a día de hoy, resultaría imposible filmar una película tan valiente y honesta como la de Luis Estrada.

Y es este hecho, la imposibilidad de filmar una película como "La dictadura perfecta", el que, precisamente, demuestra que la dictadura sanchista es mucho más perfecta que la mejicana. 

CONCLUSIÓN

En España no existe el cine disidente, porque ya hace muchos años que el cine español se vendió a los dictados de la "verdad progre".

Durante años, el cine español se ha dedicado a hacer películas adoctrinadoras y sectarias sobre la Guerra Civil, cuando no mediocres películas palomiteras, ahora también con obligados contenidos LGTBI y woke.

Hacer en España una película crítica y valiente, como la mejicana "La dictadura perfecta", sería imposible, porque en España sí estamos viviendo una auténtica dictadura perfecta; tan perfecta que ni siquiera a través del cine se cuestiona la "verdad progre"; tan perfecta que los adversarios políticos son agredidos sin que los medios de información se hagan eco de dichas agresiones; tan perfecta que nadie ha impedido los recientes fraudes electorales, a través del voto por correo, cuando todo el mundo sabía de las intenciones de Sánchez al tomar al asalto el control  de numerosos organismos estatales (Correos, Indra, CIS...).

La dictadura perfecta es aquella en la que se está preparando un pucherazo electoral, a la vista de todos, pero nadie hace nada por evitarlo. Tal es la impotencia y sometimiento de la ciudadanía española.




domingo, 21 de mayo de 2023

SUPREMACISMO SOCIALDEMÓCRATA (crítica a Gustavo Bueno)

RAZÓN SUPREMACISTA vs RAZÓN DEMOCRÁTICA (crítica a Gustavo Bueno)

INTRODUCCIÓN

El Antiguo Régimen fue un sistema socio-político injusto que aceptaba las desigualdades sociales (sociedad estamental) y concentraba todos los poderes en las figuras de un monarca absolutista y la Iglesia. Fue un sistema fundamentado en una razón supremacista legitimada y justificada por designio divino.

Gustavo Bueno, en su libro “El mito de la izquierda”, consideró que fue en el año 1789, con el derrocamiento del Antiguo Régimen (a partir de ahora AR), cuando apareció la nación política y con ésta aparecieron las “izquierdas”, seis generaciones de izquierdas que se definirían a lo largo de la historia por su oposición al AR.

Pero me gustaría señalar, aunque resulte una obviedad, que estas primeras izquierdas, que defendieron la igualdad a través de la razón ilustrada, fueron izquierdas liberales que, no lo olvidemos, lograron la igualdad jurídica entre ciudadanos a través de leyes que emanaban de Estados democráticos y de Derecho.

TERMINOLOGÍA CONCEPTUAL en “El mito de la izquierda” de Gustavo Bueno.

Gustavo Bueno, en su libro “El mito de la izquierda”,  distinguió 6 generaciones de izquierdas definidas:

1ª -Izquierda jacobina: republicana y nacional.
2ª- Izquierda liberal: nacional pero no necesariamente republicana.
3ª- Anarquismo: surgió en la I Internacional y fue contrario al Estado-Nación (prescindirá del Estado operativo). Sus parámetros no fueron reales sino idealistas, pero su proyecto libertario y universal realizó una reconstrucción de la historia a través de una racionalidad holizada (concepto clave, como veremos más adelante, para considerarlo dentro del grupo de las “izquierdas definidas”).
4ª- Socialdemocracia: aparecerá en la II Internacional y recuperará el proyecto del Estado nacional.
5ª- Comunismo: emergió en la III Internacional  y apostó por una “patria socialista” internacional con aspiración de universalidad.
6ª -Maoísmo: se dio en China y fue, de hecho, un particularismo comunista.

NACIMIENTO DE LA IZQUIERDA

Gustavo Bueno consideró que la izquierda nació espacial e ideológicamente con la culminación de la Revolución Francesa (1789); una revolución que posibilitó, a su vez, el nacimiento de la nación política. La izquierda lo es, precisamente, porque durante las asambleas revolucionarias defendían los postulados igualitarios (contrarios al Antiguo Régimen) y se sentaban (ubicación espacial) a la izquierda de la cámara.
La derecha, por tanto, también quedó definida espacial e ideológicamente, como contraria a aceptar la nueva realidad que representaba la nueva nación política constituida por ciudadanos libres e iguales.

Las dos ideas fundamentales que defenderán las izquierdas, desde entonces, serán la igualdad y razón: la búsqueda del igualitarismo (igualdad entre ciudadanos) a través del uso de una racionalidad holizadora (transformadora).

IGUALITARISMO: no debe entenderse como búsqueda de un “igualitarismo utópico”, sino como búsqueda de igualdad jurídica (primeras izquierdas) e igualdad social (izquierdas posteriores).

RACIONALIDAD HOLIZADORA: consistirá en categorizar la historia (racionalizarla) a través de la lógica para explicar las transformaciones sociales como la que tuvo lugar, por ejemplo, durante la Revolución francesa, cuando el AR devino nación política compuesta por individuos iguales entre sí (ciudadanos).

* Matiz importante: según Gustavo Bueno la razón de la izquierda debe definirse siempre desde la razón científica, evitando así “esencialismos” metafísicos.

NACIÓN POLÍTICA

La nación política, como ya se ha dicho, surgió de un Estado pre-existente; surgió del Estado del Antiguo Régimen, en el 1789 y como consecuencia de la transformación del AR en un Estado-Nación. La nación política no se definirá desde la biología (dónde se nace) ni desde la etnia (raza) ni desde rasgos históricos-culturales, pues es una república laica de ciudadanos. Así pues, el primer parámetro o idea funcional de la izquierda, su primer valor, será ser una izquierda política, nacional y republicana. Más tarde, a través de un proceso de racionalidad holizadora, las primeras izquierdas se cuestionarán la idea de Estado y elaborarán proyectos sin Estado (anarquismo) o el proyecto de un Estado inter-nacional (marxismo). De hecho, el socialismo es anterior al marxismo, pero será la ideología marxista la que dará forma a un socialismo-estatal.

TESIS que defenderé:

“Sin liberalismo sólo hay diferentes formas de supremacismos ideológicos”

Desde el momento en que desaparece el AR y se acepta la igualdad jurídica entre ciudadanos, desaparece, de facto, el supremacismo inherente a la monarquía absolutista, es decir, desaparece la creencia, sustentada por el sistema político-social del AR, de que la desigualdad entre los hombres provenía del designio divino. La derrota de este primer “supremacismo” supuso el triunfo de la razón.

Sin embargo, como hoy sabemos, el concepto ideológico que es la Razón Ilustrada también puede mutar en razón instrumental (ver Adorno y Horkheimer), es decir, puede erigirse en verdad incuestionable y absoluta orientada a servir los fines últimos de una determinada ideología; dicha razón instrumental, aunque disfrazada de demócrata y/o científica, también podría devenir supremacista y acabar imponiendo políticas totalitarias.

La crisis (me niego a utilizar el término "pandemia") que generó el Covid19 reveló una gran verdad: las supuestas democracias occidentales, apelando a una razón científica, articularon una serie de políticas totalitarias, cuyo claro objetivo fue conseguir el control y dominio de la población.

En definitiva, lo que hizo la razón instrumental occidental fue pervertir y/o prostituir, como se prefiera, a la razón científica, manipulando y falseando los postulados de la metodología de la ciencia.

Según la tesis que defenderé, será supremacista cualquier ideología o acción política que, a pesar de defender una sociedad de ciudadanos iguales a través de una racionalidad holizadora, se erigiese, para ello, en única y verdadera conciencia, es decir, mutara en supremacismo ideológico análogo al del AR.

Así pues, yo no clasificaría las ideologías surgidas tras el AR como “izquierdas definidas” o “izquierdas indefinidas”. No lo haría en base al posicionamiento espacial que ocuparon los revolucionarios y defensores del AR durante la Revolución Francesa. Dicha clasificación, por más que pretenda definir conceptoses una cuestión ontológica que, como reconoce el propio Bueno, no ayuda en el momento actual a identificar de forma clara quiénes son los verdaderos enemigos de la libertad. Así, los fascistas siempre seguirán siendo “los otros”, porque siempre habrá una izquierda más a la izquierda que su predecesora.

PROPUESTA DE CLASIFICACIÓN

Yo propondría corregir la clasificación taxonómica de Gustavo Bueno de esta manera, respetando el orden cronológico, pero sin referirme en absoluto al concepto “izquierda”, diferenciando, así, a los sistemas e ideologías sustentados en razones supremacistas de aquellos otros constituidos por razones democráticas.

La clasificación sería la siguiente:

1- Supremacismo absolutista del AR
2- Liberalismo
3- Anarquismo
4- Socialdemocracia
5- Supremacismo marxista, del cual surgirán tres  ideologías que, a su vez, compartirán semejanzas y diferencias:
                     -Supremacismo comunista
                     -Supremacismo fascista
                     -Supremacismo nacionalsocialista
.

Obsérvese que solo el liberalismo, el anarquismo y la socialdemocracia, además de otras formas híbridas como el socioliberalismo, no atentan contra las libertades de los ciudadanos en aras de perseguir utópicos fines últimos.

El supremacismo del Antiguo Régimen, por ser el único que emanó directamente de la Gracia Divina (Dios), no necesitó justificarse a sí mismo. Sin embargo, los demás supremacismos, todos surgidos a partir de la conciencia marxista, no tuvieron más remedio que justificar sus prepotentes y señoriales conciencias a través de la razón
No importará, en mi opinión,  y al contrario de lo que pensara Gustavo Bueno, que dichas razones tuviesen pretensiones “científicas” (marxismo) o se fundamentaran en la tradición y la cultura (fascismo y nacionalsocialismo). En todos los casos la razón fue pervertida o instrumentalizada para lograr determinados fines; en todos los casos, por tanto, dichas conciencia pecaron de supremacismo al negar al resto de conciencias, es decir, al negar las libertades individuales, pues todas ellas comparten dos fundamentales puntos en común: son antiliberales y antidemocráticas.

CONCLUSIÓN

La historia, el devenir histórico, no concluyó con la caída de la URSS. Pareciera que, tras la caída del régimen soviético, ya no pudieran surgir en Occidente nuevas razones supremacistas.

Y, sin embargo, la crisis del Covid19, primero, y más recientemente la guerra ruso-ucraniana, nos ha mostrado el rostro más totalitario de las democracias deliberativas; democracias de los buenos y justos, no lo olvidemos, que confinaron inconstitucionalmente a sus ciudadanos, les coaccionaron y enmerdaron (como reconoció Macron) y les obligaron a llevar mascarillas en espacios abiertos y desérticos, campos y playas.
Hoy, las democracias deliberativas empobrecen a sus ciudadanos; destruyen, consciente e intencionadamente, a las clases medias y legislan contra la propiedad privada. No dudan, estas democracias, en institucionalizar leyes sectarias y partidistas, como la Ley de memoria histórica y la Ley de Violencia de género, en una España que, de facto, está sufriendo las consecuencias de una razón supremacista que alcanzó el poder a través de un golpe-moción bien orquestado.

¿Y qué decir de Europa?

Baste ver a Europa rendida a los intereses de los EEUU, rindiéndole pleitesía al títere Zelensky, para comprobar cómo los nuevos pastores del ser se sirven de una guerra para acabar de destruir los últimos cimientos de una Europa próspera y libre; una Europa que pretenden convertir en Eurabia.
Vemos, de nuevo, una razón supremacista pervirtiendo determinados postulados científicos, referentes a la ecología y climatología global, para imponer políticas totalitarias y cercenadoras de derechos y libertades.
El supremacismo marxista de antaño, fundamentado a través de un supuesto materialismo científico, ha mutado en un supremacismo socialdemócrata que no duda, de nuevo, en vestirse con ropajes científicos, para, así, legitimar sus políticas totalitarias.

La ciencia de hoy, por decirlo clara y crudamente, se ha convertido en la puta de los nuevos supremacismos teleológicos (agenda 2030) e ideológicos (LGTBI, ecologistas, animalistas...). 
La justificación científica lo mismo ha servido para un roto que para un descosido; tanto para cercenar derechos y libertades en nombre de la ecologia (cambio climático) como para imponer medidas  totalitarias durante la crisis sanitaria del Covid19.
Pero si la ciencia no se doblega a los dictados de las ideologías queer, entonces, tanto peor para la ciencia. Porque a la ciencia, como a la prostituta, se la utiliza (instrumentaliza) cuando conviene, pero, cuando está de más, es negada y despreciada.

domingo, 14 de mayo de 2023

COMISARIOS POLÍTICOS Y MENTES ABIERTAS

INTRODUCCIÓN

Últimamente he estado viendo películas bélicas no estadounidenses, sobre todo películas alemanas, rusas y chinas.

El cine alemán sobre la II GM, por ejemplo, nos ha regalado cuatro magníficas joyas:

- Die Brücke (El puente, 1954)

- Stalingrado (1993)

- El hundimiento (2004)

- Sin novedad en el frente (2022)

Los alemanes son, en mi opinión, los europeos que han hecho hasta la fecha el mejor cine bélico sobre la IIGM. 

Sin embargo, en la presente reflexión voy a comentar dos películas bélicas producidas en el este de Europa (Estonia y Rusia), pues ambas, y de forma muy explícita, se atreven a explicarnos la "intrahistoria", que diría Unamuno, que formó parte del pasado común de los países que estuvieron integrados en la ya extinta URSS.


COMISARIOS POLÍTICOS

No recuerdo que en ninguna película bélica sobre la IIGM, que fuese anterir a 1990, se introdujera en las tramas argumentativas la figura del comisario político soviético.

Pero, como decía, he descubierto dos películas europeas donde, además de inteligentes guiones, espléndidas escenas de acción y acertados vestuarios y ambientaciones, se reflexiona sobre la importancia de la figura de los comisarios políticos, personajes claves para entender realmente cómo Stalin pudo vencer al más organizado y superior ejército alemán e imponer un régimen tiránico, basado en el miedo, en todo el territorio soviético.

"1944" : este es el título de la película bélica producida en Estonia en 2015, una fecha relativamente reciente.

La película nos cuenta la intrahistoria, tan olvidada por el cine estadounidense, de Estonia; un país que quedó dividido al estallar la IIGM y cuya población fue reclutada tanto por la Alemania nazi como por el ejército soviético.

Las motivaciones para alistarse en uno u otro bando fueron muy dispares entre los jóvenes estonios. Muchos jóvenes se alistaron en el ejército alemán tras comprobar cómo la URSS, una vez controlado y dominado el territorio, expropiaba las tierras de los pequeños campesinos y enviaban a Siberia a quienes se oponían. Por supuesto, tambien había muchos jóvenes estonios que se alistaban para combatir al "fascismo".

En una brillante escena de la película se produce un significativo diálogo, cargado de connotaciones político-ideológicas, entre dos jóvenes.

El joven idealista le decía a su compañero que la lucha, en realidad, era contra el "fascismo": 

- No podemos luchar junto a los fascistas,  proclamaba seguro de su verdad.

- Pero tú siempre serás un "burgués" para los soviéticos, le contestaba el otro. Recuerda que parte de tu familia está en Siberia y la otra vive atemorizada y vigilada por los comisarios políticos.

Esta escena refleja perfectamente cómo un irresponsable idealista, ebrio de sueños poéticos, puede llegar a ser un perfecto tonto útil obcecado en tirar piedras contra su propio tejado; contra su propia familia y contra sí mismo. Un joven, hijo de una familia campesina con tierras, que se dejaba arrastrar por el relato ideológico de los resentidos, hasta el punto de luchar no sólo contra sus propios intereses, sino contra su propia razón de ser.

Pero no todos los jóvenes se alistaban voluntariamente, sino que muchos eran obligados a alistarse en uno u otro ejército, dependiendo de qué bando dominase el territorio ocupado.

Uno de estos jovénes alistados forzosamente será elegido por un comisario político para que ejerza de chivato entre sus compañeros y delate a los desafectos con el regimen soviético. Lo primero que le preguntará al joven será por su afiliación al partido, pareciéndole muy bien para sus objetivos que el joven no estuviese afiliado, pues ello podría despertar recelos entre sus compañeros. A continuación, instará al joven para ejerza de testigo contra su capitán, acusado en un tribunal militar por haber cometido el delito de negarse a ejecutar a unos compatriotas estonios durante una refriega.

La crítica contra la figura de este comisario político es brutal, describiendo acertadamente la manera de manipular, coaccionar y ejercer su poder tiránico, no sólo contra los disidentes, sino contra los oficiales que no mostrasen demasiadas afinidades con "el partido".

"La gran ofensiva: 1942": una valiente e inteligente producción rusa de 2019, donde es más que evidente que los rusos intentan entonar un tímido mea culpa por su pasado soviético, pero sin zaherir demasiado (todavía quedan muchos nostálgicos comunistas) y permitiendo que los dos "malos" de la película, un comisario político y un subteniente de contraespionaje, acaben redimiéndose de sus pecados.

El comisario político asignado a un pelotón de soldados no sólo será el encargado de "motivar" a la tropa, sino que deberá vigilar el "pensamiento" de sus camaradas, evitando el derrotismo y las declaraciones contra el régimen soviético. 

La película comienza, prácticamente, con una ofensiva contra unas trincheras alemanas, con el comisario empujando a los "rezagados" a la primera línea de fuego, exponiendo su propia vida, todo hay que decirlo, sin un atisbo de cobardía. Ahí se destaca también la acción heróica de un soldado veterano, risueño y buen camarada, que permite tomar las trincheras enemigas.

A lo largo de la película, el comisario vigilará e interrogara, de forma más o menos velada, al capitán de la compañía, ingeniero en su anterior vida civil, y al "filósofo", un soldado que trabajaba como panadero antes de la guerra.

Como también sucediera en la película de Estonia, "1944", el comisario comenzará preguntándole al capitán por su afiliación al partido:

- No, no estoy afiliado, contesta el capitán. No es obligatorio estar afiliado, ¿verdad?

- No, no es obligatorio, le confirma el comisario político.

Pero, a partir de ese momento, el comisario pondrá al capitán en su "lista negra" junto al filósofo, al que descubrió soltándoles a sus compañeros una disertación patriótica "prorusa", que no prosoviética.

El "filósofo" les había confesado imprudentemente a sus compañeros que él fue profesor de  filosofía en la universidad antes de la revolución bolchevique, pero tras el triunfo del comunismo tuvo que dejar el cargo y trabajar como panadero. No da más explicaciones sobre el porqué de ese "cambio" en su vida laboral, pero a continuación se desinhibe catárticamente y "baja la guardia", reconociéndose como un nacionalista ruso:

- Rusia perdurará, pero no así la URSS. Cuando la URSS ya haya desaparecido, Rusia seguirá siendo una nación grande y fuerte.

Más tarde, con la película ya bastante avanzada, llegará un subteniente de contraespionaje cruzando las líneas enemigas. Entonces se producirá una situación surrealista, casi caricaturesca, cuando un avión alemán lanza unos panfletos de propaganda sobre las trincheras. 

Los soldados rusos ni se inmutarán ante la lluvia de propaganda enemiga, pero el comisario político y el subteniente de contraespionaje se pondrán literalmente histéricos, amenazando a todos los soldados con un consejo de guerra si leían los panfletos.

El comisario, nervioso y desesperado, se hace con una pequeña carretilla y, junto a unos soldados, se pone a recoger frenéticamente todos los panfletos de las trincheras.

Los soldados se quedan atónitos y no dan crédito ante tanto despropósito. La actitud en exceso exagerada del comisario político les asombra y lleva a un soldado a exclamar:

- Resulta increíble comprobar la poca confianza que tienen en nosotros.

Efectivamente, ni el comisario político ni el subteniente de contraespionaje, que veía traidores y espías por todas partes, confiaban en la lealtad de los soldados. Y por ello no dudan en registrarlos a todos para asegurarse de que ninguno de ellos había guardado panfletos.

Pero hete aquí que descubren que el risueño soldado veterano, el valiente cuya acción heróica permitió tomar las trincheas alemanas, había guardado unos panfletos para utilizarlos como papel para liar tabaco.

De nada le servirán al soldado sus excusas ni la defensa encendida de su capitán, pues el comisario y el subteniente decidirán llevarle a un consejo de guerra por su inocente y pueril acción.

No sigo para evitar spoilear a quien esté interesado en ver la película.


MENTES ABIERTAS

A veces, para matar el tiempo, veo series que no me entusiasman demasiado, pero que al no exigir demasiada atención para seguir sus simplones argumentos, me permiten quedarme dormido en el sofá sin temor a perderme nada importante (la edad no perdona).

Una de estas series es Star Trek: Enterprise, entretenida pero en exceso insulsa y predecible.

Pero, como ya he dicho en alguna ocasión, incluso entre las ficciones cinematográficas más mediocres pueden encontrarse preciosas perlas de tanto en tanto.

La perla que encontré el otro día, viendo Star Trek, fue un breve diálogo, insuficientemente desarrollado, entre el capitán Archer y su segunda al mando, la vulcaniana T´Pol.

El capitán debía decidir si confiar en una nueva civilización que habían descubierto en los confines de la galaxia:

- Yo soy de mente abierta - reconocía el capitán-  y creo que debemos darle una oportunidad a esta nueva cultura.

- En ocasiones, tener la mente abierta - le contestaba la racional y lógica vulcaniana- se confunde con creer en las verdades que queremos creer.

Y ya está, allí se acabó tan jugoso diálogo, sin que ninguno de los dos personajes profundizara en el hondo significado que encerraba la frase de la teniente T´Pol: 

Tener la mente abierta, en ocasiones, se confunde con creer en aquello que queremos creer.

No sé si los guionistas fueron conscientes de la genial pincelada filosófica, incluso ontológica, que, como el que no quiere la cosa, colaron a través de un breve diálogo aparentemente intranscendente.

Sólo dos frases bastaron para que la racional y lógica T´Pol dejara al desnudo las flaquezas del pensamiento idealista del capitán Archer, ese "Pensamiento Alicia", terriblemente posmoderno, contra el que nos alertara Gustavo Bueno.

Efectivamente, muchos de nuestros intelectuales, que se dicen progresistas, gustan de autoproclamarse individuos tolerantes y de mentes abiertas, pero sus mentes, en realidad, no están abiertas a la Verdad, sino a sus verdades; a aquellas verdades, en su parecer buenas y justas, en las que ellos desean creer.

El pensamiento racional y lógico de T´Pol, que bien pudiera haberlo expresado el propio Gustavo Bueno, alertaba al capitán Archer de su proceder inconsciente e irresponsable, dispuesto a arriesgarse guiado por sus deseos, y no por la realidad y los hechos objetivos.

Y la realidad, los hechos objetivos y la lógica, demandaban prudencia ante una situación desconocida. Pero, claro, el futuro siempre es un gran desconocido y quien no arriesga no gana. ¿Acaso no arriesgaron los conquistadores españoles cuando se lanzaron a la aventura de descubrir las Américas?

Las series de la ficción, por supuesto, siempre deben apostar a favor del idealista que se obliga  a creer en los mundos de Yupi. No puede ser de otra manera, porque hay que mantener vivas la intriga y la aventura, el misterio que nos insta a descubrir lo desconocido. Si la teniente T´Pol se obligara, en cada capítulo de la serie, a seguir su racional lógica vulcaniana, no habría ficción que desarrollar.

Así debe ser en la ficción, ya sea cinematográfica o novelada, pero ¿también debería ser así en la realidad del mundo en el que ex-sistimos? 

¿Tienen derecho nuestros políticos de mente abierta, como el capitán Archer, a poner en riesgo nuestras vidas y el porvenir de las futuras generaciones, en aras de consumar sus diferentes ensoñaciones ecológicas, animalistas, de género... porque ellos creen en "verdades" en las que quieren creer?


COMISARIOS POLÍTICOS DE MENTES ABIERTAS (conclusión)

Y así ha sido, viendo películas bélicas y una serie mediocrilla como Star Trek, como mi mente febril, no se si abierta o cerrada, ha establecido o descubierto, como se prefiera, la estrecha relación que existe entre nuestros actuales comisarios políticos y el hecho de que todos ellos, como el capitán Archer, se jacten de ser individuos de mentes abiertas.

Ahora en Europa, y como en tiempos de la extinta URSS, estamos siendo vigilados y coaccionados por comisarios políticos al servicio de la nueva agenda 2030, una suerte de nuevo internacionalismo, ahora globalista, que no duda en someternos a los dictados de sus políticas inconscientes e irresponsables.

Los nuevos comisarios políticos, títeres en realidad de poderes mucho más siniestros que amenazan las soberanías nacionales, son Von Der Leyen, Sánchez, Macron y Trudeau, pero también lo son Feijoó y hasta el último mono que luce en la solapa de su chaqueta la chapita multicolor con el logo de la pérfida Agenda 2030.

Desde luego, los nuevos comisarios políticos son más refinados, más taimados y astutos que aquellos individuos chuscos y dogmáticos que, en tiempos pretéritos, estaban al servicio del partido comunista de la URSS. Nuestros políticos actuales, todos ellos de mentes abiertas,  han aprendido a disfrazarse con los ropajes de los buenos y talanteros demócratas para, así, engañar a unas masas adormeciadas y aborregadas. Porque sí, porque la Verdad, los hechos nudos, tercos y obstinados, ya no importan, sino que sólo importan las verdades globalistas en las que ellos creen y en las que pretenden hacernos creer.

A los díscolos disidentes ya no se los llevan a Siberia, sino que los enmerdan y putean, como hicieron Macron y Trudeau a todos los ciudadanos que se negaron a recibir una inoculación experimental. Ya no les obligan a afiliarse al partido único, porque todos los ciudadanos europeos, sin ser conscientes de ello, están ya, de facto, afiliados al único partido globalista que está imponiendo en toda Europa, a través de políticas de miedo, presión y coacción, su siniestra hoja de ruta: seremos felices sin tener nada.

¿Tan difícil es poder ver lo que está sucediendo delante de nuestras narices?