jueves, 4 de agosto de 2022

LA EUROPA HEGELIANA

POLÍTICA DE ILUSIÓN DE ALTERNATIVAS (sin salvación)

INTRODUCCIÓN

Los seguidores de Antonio Trevijano, incansables, insisten en repetirnos que vivimos bajo un régimen partitocrático, es decir, bajo el paraguas de una falsa democracia. Y tienen razón.

El sistema de partidos en España tiene como fin último mantener vivo un espejismo; una falsa ilusión de alternativas que le hace creer a la ciudadanía que es libre para elegir entre diferentes opciones políticas (derechas vs izquierdas) cuando, en realidad, el sistema de partidos no permite una auténtica democracia participativa, sino que actúa como un sistema oligárquico.

ILUSIÓN DE ALTERNATIVAS EN EUROPA

Sí, los "trevijaners" (calificativo cariñoso) tienen razón, pero la gravedad de su verdad no afecta sólo a España, sino a toda Europa. No hay escapatoria ni salvación.

Decía Zizek, en "Menos que nada", que en Europa ya no existía la política dualista de idealistas vs materialistas, sino dos políticas ideológicas materialistas: 

El materialismo democrático (habermasiano) vs el materialismo dialéctico (heredero de Marx).

Lo mismo sucede en España, donde tanto PSOE como PP se encuadran dentro del marco teórico del materialismo democrático (socialdemócrata) vs el materialismo dialéctico de Podemos y otros grupúsculos nostálgicos del marxismo. Ya no hay derechas ni izquierdas.

De hecho, Zizek señala que en la Europa de hoy impera el materialismo democrático, de la misma manera, añado yo, que en España lo hace la socialdemocracia del "PPSOE"; un materialismo o biomaterialismo que sólo reconoce cuerpos y lenguaje (Badiou) y que impone sus leyes a través del consenso de la "democracia deliberativa".

Pero, como bien señaló Badiou, estas democracias deliberativas (no olvidemos que habermasianas) no dudan, consenso mediante, en IMPONER "su verdad": 

"No debe haber democracia para los enemigos de la democracia". 

Por sentencias como ésta, Gustavo Bueno acusó a estas democracias deliberativas de pecar de lo que él llamó "fundamentalismo democrático". Por sentencias como ésta, totalitarios como Macron estuvieron dispuestos a imponer sus verdades a través del miedo y la coacción, enmerdando a los últimos disidentes.

También Sloterdijk, tras su desencuentro con Habermas, que le llamó "joven fascista ", se refirió en su día a la paradoja que subyacía en la dialéctica habermasiana, que se jactaba de fundamentarse en el diálogo y el intercambio comunicativo, pero que no dudaba en deslegitimar los argumentos contrarios tildándolos de "antidemocráticos o fascistas". Puro supremacismo o fundamentalismo que se amparaba en la verdad de un nuevo dios: el consenso.

Estamos viendo cómo, en aras de este endiosado consenso, la Europa habermasiana nos está imponiendo un nuevo proyecto globalista hegeliano (la agenda 2030), que, en palabras de Sloterdijk (ver "Sin salvación) se podría considerar como un nuevo proceso civilizador para acoger nuevas manifestaciones de lo absoluto.

CONCLUSIÓN

No hay escapatoria, ni en España ni en Europa. 

Durante las últimas décadas se han ido tejiendo, delante de nuestras narices, falsas ilusiones de libertad que nos han convertido en animales de lujo (Sloterdijk); ilusiones que nos han convertido en animales de granja, sí, pero  también en ganado exquisito y refinado. Queremos estar siempre bien cebados y  siempre pedimos más seguridad, más protección, más certidumbre, más Estado en definitiva.

No sé si en el  2030 seremos más felices, pero, desde luego, no tendremos NADA, ni bienes materiales ni la libertad para decidir si queremos vacunarnos, poner la temperatura por debajo de 27 grados, comer carne o llevar corbata.

Nos va a quedar un mundo muy "bonito y feliz".

sábado, 23 de abril de 2022

EL FEMIMARXISMO QUE NO CESA

INTRODUCCIÓN

No hace mucho, en otra de mis reflexiones, critiqué duramente la ideología supremacista del actual femimarxismo que, imparable, está enraizando en la sociedad española a través de la legitimidad que le otorga el poder institucional.

Sí, en España ya tenemos un Ministerio de Igualdad que, en realidad, no es otra cosa que un ministerio al servicio de la causa femimarxista; un ministerio pagado por todos los españoles para atentar contra los derechos y libertades de los hombres españoles. Así están las cosas.

EL ODIO PERMITIDO

Después de implantar una ley inconstitucional, como la ley de Violencia de Género, el femimarxismo no puede por menos que regocijarse ante semejante logro: haber convertido a todos los varones, de hecho y con la ley en la mano, en culpables tan sólo por haber nacido hombres. 

Después de semejante atropello a la ley y la justicia, legitimando el odio y el desprecio al varón (siempre violador y maltratador), no ha resultado difícil que las dogmáticas femimarxistas se estén despachando a gusto mostrando al desnudo sus más execrables y despreciables miserias morales. Y con total impunidad.

Ya comenté el caso de la profesora de instituto que explicó a toda su clase, segura de su "verdad", que los niños varones deberían ser castrados al nacer. Pero lo más grave, en mi opinión, es que este odio visceral y patológico está normalizándose, mostrándose públicamente como algo natural que ya no causa revuelo ni indignación.

Por ejemplo, el otro día, en First Dates (programa de TV), una joven lesbiana de 18 años, después de manifestar entre risas que el sexo masculino le daba asco, añadió que los hombres deberían ser exterminados, un poquito al menos, añadió intentando quitarle hierro al asunto.

Y el asunto, el grave asunto, era que aquella aprendiz del dogmático femimarxismo podía darse el lujo de mostrar todo su odio y desprecio al varón como algo natural, incluso "chistoso", sin que nadie se rasgara las vestiduras por ello.

¿Qué hubiese sucedido si un chaval, un hombre cualquiera, hubiese dicho públicamente que las mujeres deberían ser exterminadas, un poquito? 

POCA BROMA

A estas "locas del coño", como las define mi madre, hay que tomárselas muy en serio. Poca broma con lo que está sucediendo.

Al principio, todo el mundo se descojonaba del lenguaje inclusivo y hacía mofa de estas locas y sus "todos, todas y todes". Ahora son legión.

No ha mucho, otra de estas locas, emulando a Bruno Bettelheim, nos explicaba que el cuento de la Sirenita legitimaba la mutilación genital femenina, y que Caperucita, en realidad, había sido violada.

Casi al mismo tiempo, otra de estas iluminadas proclamaba que el pene masculino era un arma para someter a la mujer. Y suma y sigue...

La sociedad, tal parece que anestesiada, no le presta la suficiente atención a estas "locas del coño". Craso error.

Bruno Bettelheim  fue un psicoanalista, es decir, un hermeneuta que se hizo famoso por deconstruir los cuentos infantiles según los postulados del psicoanálisis. Ahora, una tal Sandra Sabatés hace lo propio, pero deconstruyendo los cuentos infantiles a partir de la hermenéutica victimista y resentida de la ideología femimarxista. 

Hay que tomarse muy en serio esta nueva ideología femimarxista, conciencia supremacistaal cabo, que pretende interpretar la realidad según los postulados, argumentos y fundamentos, de su "verdad sentida".

La gente siempre olvida a Hegel y olvida cómo funciona la dinámica de la conciencia. Pero Marx supo ver la verdad que se escondía en Hegel: cómo el pre-ser (que solo es un modo de ser en la conciencia) puede devenir un modo de ser en el ex-sistere, en el mundo exterior, con tan sólo obligarnos a transformar operativamente la sociedad según los sueños del poeta de turno.

Y si Marx supo comprender a Hegel, no cabe duda de que el femimarxismo, que no feminazismo, ha hecho suya la dialéctica marxista, sustituyendo la lucha de clases por una nueva dialéctica de lucha de sexos.

Y esta nueva dialéctica de sexos es mucho más peligrosa que la de clases, porque no solo enfrenta a la mujer contra el hombre, sino que rompe el núcleo familiar enfrentando a la hija contra el padre y a la hermana contra el hermano. Y este sueño esquizofrénico del actual femimarxismo ya está transformando las sociedades occidentales.

Atención, porque ya está sucediendo, niñas que crecen temiendo al varón; que están aprendiendo a despreciarlo y a odiarlo; niñas que se autodefinen como lesbianas porque los hombres les repugnan; niñas que recelan y sospechan de las muestras de afecto de sus propios padres, porque estos, en tanto que hombres, son susceptibles de ser unos peligrosos pervertidos.

Está sucediendo. Y nadie hace nada.





jueves, 3 de marzo de 2022

EL DESPRECIO AL VARÓN (hombre, al cabo)

INTRODUCCIÓN

Unamuno elaboró en su novela "La tía Tula" el perfil psicológico de lo que, actualmente, podríamos considerar una femimarxista radical: una mujer que soñaba con ser madre sin catar varón; una mujer arisca que despreciaba al sexo masculino. Tula solía acabar su interacción con cualquier hombre, incluso con el párroco de su pueblo, con un despectivo "hombre, al cabo", dando a entender que ningún varón, por virtuoso y religioso que fuera, estaba libre del pecado de "ser  hombre", de pensar y actuar como un hombre.

He ahí el grave pecado que no perdona el femimarxismo; la existencia del hombre. Hemos visto como algunas fieles creyentes han llevado su fe demasiado lejos, como la profesora de un instituto que declaró en su clase, ante el estupor de sus alumnos, que los niños varones deberían ser castrados al nacer. Sí, en ocasiones, su sucio y dogmático subconsciente se desnuda catárticamente, liberándose de los mecanismos represivos que intentaban esconder sus más oscuros deseos.

Pero el femimarxismo, con el tiempo, también está aprendiendo a "refinarse", es decir, está aprendiendo a reprimir y ocultar sus más inconfesables sueños supremacistas. Las locas feministas de hoy, que por algo son también marxistas, que no nazis, han aprendido que para "crear conciencia de género", que no de clase, primero tienen que dominar y controlar toda la superestructura: sistema educativo, medios de información e instituciones culturales. En ello están.

Ya tenemos una inútil ministra de Igualdad en España; tenemos chiringuitos femimarxistas repartidos por todo el territorio nacional; tenemos asesoras de género en nuestras escuelas y, peor aún, en nuestro castrado ejército. Cada vez son más los "aliades", hombres sumisos y claudicantes, que se declaran feministas (jajaja...). Pero todavía quedan hombres, los últimos hombres libres, que se resisten a sucumbir a los castradores cantos sirénidos que, hábilmente, estas locas disfrazan con melodías de bellos igualitarismos. 

La IGUALDAD entre hombres y mujeres ya existe de facto, y así se reconoce en nuestra Constitución, pero hay que seguir insistiendo en que la mujer de hoy continúa estando oprimida y es víctima del varón, siempre agresivo y violador, siempre "hombre al cabo".

HETERO O GAY, HOMBRES AL CABO

Las femimarxistas atacaron, primero, a la presa más desprotegida: el varón "provinciano", que era un objetivo fácil en tanto que hombre primitivo, instintivo y de "cagada fácil"; el bocas que todavía se enorgullecía de ser el típico macho español depositario de los valores de sus abuelos. A estos se los comieron con patatas.

Después fueron a por los varones "civilizados", los ilustrados con pasado marxista. No les resultó difícil reclutar "aliades" entre estos hombres, tibios y mansos, que podían ser tanto heteros como homosexuales.

Pero pincharon en hueso al intentar rendir a los últimos hombres de carne y hueso que seguían estando orgullosos de su hombría, independientemente de su orientación sexual.

Obsérvese que entre los últimos hombres de carne y hueso también he incluido a los homosexuales. ¿Por qué? Porque de la misma manera que hay heterosexuales aliades y afeminados, también hay homosexuales ebrios de testosterona que se sienten hombres, con dos cojones y con todas las de la ley.

Por eso, el femimarxismo, que de tonto no tiene un pelo, no tolera al homosexual testosterónico y prefiere a la loca fashion con pluma, de la misma manera que prefiere al heterosexual afeminado y sumiso. El hombre, sea cual sea su orientación sexual, debe ser sometido a los dictados del supremacismo femimarxista, es decir, debe ser "aliade" (siervo) de la hembra empoderada. ¿Cómo lograrlo? Pues a través de la ficción, el cine y la televisión.

QUÍTATE QUE ME PONGO YO

Como ya expliqué en otra de mis reflexiones, la conciencia supremacista, y el femimarxismo lo es, no busca la verdadera igualdad entre conciencias, sino el dominio y control del Ser, el mundo y la realidad.

Para ello, la "conciencia de género femenino" debe calar en todas y cada una de las conciencias individuales. Y para llegar a cada conciencia individual, y a la realidad misma, nada mejor que hacerlo a través de las posibilidades que ofrece la ficción: las series de televisión.

Podría enumerar un sinfín de series donde, como diría Nietzsche, se están transmutando los valores de la tradicional conciencia heteropatriarcal para readaptarlos y reinterpretarlos según los dictados de la nueva conciencia femimarxista.

Pongamos algunos ejemplos:

"The Witcher" (el brujo), "Valhalla", "1883" y "Merlí".

En todas estas series, y en casi la generalidad de las series actuales, las protagonistas son mujeres. Pero estas protagonistas, como también expliqué en otra reflexión, no desempeñan roles "tradicionales femeninos", sino que le han arrebato al varón la testosterona, hacen suyos los valores tradicionales masculinos, tales como la fuerza, el honor, la valentía, el sacrificio, la heroicidad...

El femimarxismo ha entendido que "el pensamiento sensible", a través del cual se legitimó el feminismo primigenio "no vende", y que para empoderarse tiene que actuar y pensar como un hombre, aunque sea en un cuerpo de mujer. No se trata de empoderar valores femeninos, sino de arrebatarle al varón su esencia, espíritu o testosterona, como se prefiera, y cambiar al amo de la granja (bien visto, Orwell).

En The Witcher, como en la más reciente "La rueda del tiempo", los actores varones quedan relegados a la labor de guardianes protectores; son la guardia pretoriana que debe proteger a las mujeres protagonistas empoderadas que son, realmente, las que tienen el poder, mágico y supranatural, para cambiar el mundo.

"Valhalla", precuela de la exitosa "Vikingos", es otro claro ejemplo de la transmutación de valores a la que me refiero. Ahora la protagonista es Freija, una guerrera empoderada que folla con quien quiere y cuando quiere; es una rubia buenorra de 1,85 de estatura que sobrepasa en altura a muchos de sus compañeros varones. ¿Casualidad? 

Pero en esta serie aún han ido más lejos y han matado dos pájaros de un tiro, colándonos, además, a una condesa vikinga y negra. ¡Será por transmutación de valores y realidades históricas!

Con "1883" también le tocó al western ser presa de la conciencia femimarxista. La protagonista, de nuevo es una empoderada buenorra, rubia de 1´75, que lo mismo se folla a un ingenuo vaquero que a un aguerrido indio de las praderas. Para más inri, la protagonista es la narradora que en cada capítulo nos regala una pildorita de pensamiento intimista y ñoño-sentimental, al que añade algunas reflexiones existencialistas sobre la vida y la muerte. Este prototipo de mujer empoderada lo tiene todo: buenorra, folladora, guerrera y además filósofa. ¡Toma del frasco, Carrasco!

Por último quiero referirme a "Merlí", donde el protagonista ya no será el rebelde y díscolo profesor de filosofía de un instituto, sino la rebelde y díscola profesora de filosofía de una universidad.






martes, 4 de enero de 2022

ISABEL (serie de TVE)

 

INTRODUCCIÓN

He acabado de ver, hace muy poco, la serie “Isabel”; una serie histórica centrada en la figura de la reina Isabel la católica. Huelga explicar por qué, hasta ahora, había evitado su visionado en esta España nuestra, donde la ideología “progre” todo lo infecta, manipula y tergiversa.

Sin embargo, y hasta donde llegan mis conocimientos, la serie es muy fiel a la verdad sobre cómo se sucedieron los hechos históricos, aunque se permita bastantes “licencias” a la hora de interpretar el perfil psicológico de los personajes: algo, por otro lado, inevitable, ya que tan solo podemos aproximarnos al carácter de los mismos a través de descripciones sitas en textos de la época. En líneas generales, pero, los protagonistas que participaron en la gran gesta de dar forma a la nación española, y al primer estado de la Edad Moderna en Europa, son creíbles y, sobre todo, tienen “alma”. Más tarde insistiré sobre esta importante cuestión.

LOS PERFILES PSICOLÓGICOS

Como ya he señalado, los perfiles psicológicos de los principales protagonistas están muy bien desarrollados y matizados, sobre todo los rasgos más sobresalientes y característicos de los mismos. Así, la reina Isabel se nos muestra tal y como la mayoría de los escritos de la época la describieron: mujer de gran fe, idealista, obstinada y con una gran fuerza de voluntad. Fernando el católico, el rey soldado, aparece como un monarca más pragmático que idealista; un gran estratega a pesar de su carácter enérgico e impulsivo.

Sabido es que, efectivamente, la reina Isabel hizo prevalecer sobre Aragón las leyes de Castilla, las cuales legitimaban su derecho y el de sus hijas para poder ser reinas y poder decidir si sus esposos serían sus iguales o meros consortes. También defendió en todo momento la autonomía de los órganos de gobierno castellanos. Pero lo mismo hizo Aragón conservando y defendiendo la legitimidad de sus propios consejos de autogobierno. Hasta aquí todo correcto y fiel a la verdad histórica, de no ser porque los guionistas, cómo no, decidieron colar, disimuladamente, varios anacronismos históricos: discursos “proto-feministas” de la reina Isabel apelando a la igualdad entre hombres y mujeres, no solo en asuntos políticos, sino también en lo concerniente a las relaciones amoroso-sentimentales entre hombre y mujer.

Esta licencia anacrónica, por parte de los guionistas de la serie, resultaría anecdótica, e incluso simpática, si no fuera porque, como ya he dicho, en España no hay titiritero progre que no dé “puntá sin hilo”.

Seguramente, y es opinión personal, la reina Isabel defendió con vehemencia sus derechos de sucesión, a pesar de ser mujer, no porque fuese una “feminista adelantada a su tiempo”, sino porque así se lo permitían las leyes de Castilla y se lo exigía su carácter recto y disciplinado de devota católica.

Otras licencias, sin sesgos ideológicos, pero igualmente anacrónicas y difícilmente creíbles en la época que nos ocupa, serían las que se observan cuando tienen lugar grandes pasiones y amores desenfrenados entre infantes, príncipes y princesas, cuyos matrimonios son concertados por sus padres, y, sin embargo, sienten un flechazo y un recíproco “amor a primera vista” en cuanto ven por primera vez a sus desconocidas parejas. Todo muy propio del romanticismo característico de las “novelas de caballerías”, como hábilmente indican los guionistas, por boca de los protagonistas de la serie, para justificar, así, tanta dicha y ventura. Con esta inteligente “licencia”, los guionistas aportan a la serie el componente sensual que, sin duda, la enriquece y la hace más atractiva a un público más amplio y menos interesado en la veracidad de los hechos históricos que, insisto, se narran no solo de forma amena y comprensiva, sino también muy pedagógica.

MORAL Y ÉTICA

Insisto en señalar que los perfiles de los protagonistas, a pesar de algunas licencias ya mencionadas, no solo son creíbles, sino que también resultan muy humanos; todos ellos se nos muestran como hombres y mujeres de carne y hueso, con sus bondades, pero también con sus defectos y debilidades. La serie no peca de maniqueísmo descarado, sobre todo cuando le hubiese resultado harto fácil caricaturizar a figuras históricas como Torquemada o el cardenal Cisneros, blancos predilectos de quienes dan crédito a la leyenda negra sobre España y se muestran orgullosamente anticlericales.

Que el clero de la época era corrupto no es ningún secreto. Pero, además de la corrupción de los monjes en sus monasterios, o del propio Papa en Roma, la serie describe perfectamente el carácter cínico de sus más importantes protagonistas, no solo de reyes y validos, sino también de religiosos, como el astuto obispo Carrillo o el fiel cardenal Mendoza. No todo era blanco o negro. A lo largo de la serie, las sucesivas tramas y circunstancias históricas exigirán a sus protagonistas debatirse entre interesantes y difíciles conflictos ético-morales; se les exigirá elegir entre servir a los intereses colectivos del reino o a sus éticas personales.

A lo largo de toda la serie se entabla una lucha en las conciencias de los personajes más importantes: reyes, príncipes, nobles y alto clero. Todos ellos, en algún u otro momento, deberán optar por respetar la moral católica imperante en la época, conduciéndose virtuosa y rectamente, o ser fieles a una ética inmoral: realizar elecciones personales, contrarias a sus propios principios morales, pero necesarias para la consecución de loables fines.

Pero la ética inmoral que desempeñarán los protagonistas será, paradójicamente, excesivamente "moral"; es decir, todos los actos, por inmorales que fueren, se justificarán por mor de lograr, como ya señalé, un objetivo moral superior. No será una ética inmoral coherente con el propio sentir del individuo, situada más allá del bien y del mal, sino que será una ética inmoral trágica que provocará graves sentimientos de culpa y remordimientos en quienes la practican. Así se apreciará, por ejemplo, cuando la reina Isabel ordena la expulsión de judíos y moriscos. En todo momento, la reina muestra desagrado y no es partidaria de tal acción, pero las circunstancias del momento, y la todavía frágil unidad religiosa, obligan a la reina a traicionar su "ética personal" en aras de beneficiar y garantizar la consecución de un imperativo moral superior: una España totalmente cristiana y católica.

Analizando más detenidamente esta constante dialéctica de traición del Yo individual, en aras de servir superiores morales colectivas, no pude evitar ver, en la dinámica histórica que protagonizaron los RRCC, el reflejo de las supremacistas teleologías comunistas y nacionalsocialistas. La diferencia, pero, es que los RRCC, en tanto que ebrios de moral católica, vivenciaron trágicamente la toma de decisiones que les resultaron contrarias a sus principios religiosos, pero los dogmáticos comunistas y nazis (en su mayoría al menos) estuvieron orgullosos de obrar a través de una ética inmoral, más allá del bien y del mal, pues sus respectivos Yo fueron totalmente coherentes con los principios que exigían sus morales superiores.

Quizás hoy no seríamos lo que hoy somos sin el celo dogmático moral que otrora mostraron los RRCC. ¿Qué hubiese sucedido si la reina Isabel, por ejemplo, se hubiese obligado a practicar una "ética moral" coherente con sus principios católicos? Sin la toma de Granada, primero, la posterior expulsión de infieles, y sin la incesante lucha contra el turco, que amenazaba con invadir Europa, quizás actualmente ya estaríamos rezando hacia la Meca y nuestras mujeres taparían sus rostros con velos opresores.

En este sentido, la actual moral occidental, ebria de ingenuo humanismo habermasiano, se ha empeñado en tirar por la borda todo nuestro legado histórico, cultural y religioso. No solo se admite la entrada irregular e ilegal (subrayo) de infieles, sino que se alienta la llegada de los mismos. Las naciones de Occidente están siendo dominadas y controladas por un transnacionalismo globalista, con aspiraciones supranacionales, que está abandonando a los ciudadanos europeos a su suerte.

ESTADO OPERATIVO (perspectiva desde el Materialismo filosófico)

Resulta harto evidente que la nación española se articuló a partir de la creación del primer Estado europeo, operativo y fuerte, de la Edad Moderna. Los RRCC no solo consiguieron la unidad territorial y religiosa de la península, sino que limitaron, bajo un Estado autoritario, el poder de la nobleza, siempre ombliguista y particularista.

De hecho, podríamos considerar, incluso, que las acciones de los RRCC constituyeron en sí mismas, la existencia de una proto-izquierda definida, muy adelantada a su época y a la aparición de las primeras izquierdas definidas, jacobinas y liberales, que, tras el triunfo de la Revolución Francesa en 1789, proclamaron la república nacional entre ciudadanos iguales.

Por supuesto, en la España de los RRCC todavía no podía hablarse de "democracia" ni de "igualdad" tal y como la entendemos actualmente en términos político-jurídicos. Sin embargo, las acciones de los RRCC, declarando "súbditos e iguales" a todos los pueblos del reino de las Españas, peninsulares y allende los mares (pueblos indígenas incluidos), constituyeron un primer ordenamiento jurídico que se adelantó a la abolición de la esclavitud algunos siglos antes de que esta tuviera lugar.

Por otra parte, el Estado autoritario de los RRCC se ocupó de la defensa de la nación; a la preservación de la unidad territorial por encima de los particularismos y fueros de la nobleza. Y también articuló la organización de instituciones administrativas orientadas, precisamente, a la salvaguarda del propio Estado, garantizado el carácter operativo del mismo a través de la fuerza coactiva y la legislación de leyes comunes para TODOS los súbditos.

CONCLUSIÓN

La serie Isabel, en mi opinión, muestra suficiente rigor histórico, aunque aderezado con inevitables dosis de ficción que hacen más atractiva la historia de los RRCC, que es también la historia de nuestra España. Pero, a pesar de las necesarias "licencias artísticas", la serie plasma magistralmente las políticas operativas llevadas a cabo por Isabel y Fernando, además de dejar constancia de la importancia de los ejércitos y la tecnología militar para dar forma, poco a poco, a una nación envolvente (Gustavo Bueno) que habría de devenir imperio generador.