martes, 4 de enero de 2022

ISABEL (serie de TVE)

 

INTRODUCCIÓN

He acabado de ver, hace muy poco, la serie “Isabel”; una serie histórica centrada en la figura de la reina Isabel la católica. Huelga explicar por qué, hasta ahora, había evitado su visionado en esta España nuestra, donde la ideología “progre” todo lo infecta, manipula y tergiversa.

Sin embargo, y hasta donde llegan mis conocimientos, la serie es muy fiel a la verdad sobre cómo se sucedieron los hechos históricos, aunque se permita bastantes “licencias” a la hora de interpretar el perfil psicológico de los personajes: algo, por otro lado, inevitable, ya que tan solo podemos aproximarnos al carácter de los mismos a través de descripciones sitas en textos de la época. En líneas generales, pero, los protagonistas que participaron en la gran gesta de dar forma a la nación española, y al primer estado de la Edad Moderna en Europa, son creíbles y, sobre todo, tienen “alma”. Más tarde insistiré sobre esta importante cuestión.

LOS PERFILES PSICOLÓGICOS

Como ya he señalado, los perfiles psicológicos de los principales protagonistas están muy bien desarrollados y matizados, sobre todo los rasgos más sobresalientes y característicos de los mismos. Así, la reina Isabel se nos muestra tal y como la mayoría de los escritos de la época la describieron: mujer de gran fe, idealista, obstinada y con una gran fuerza de voluntad. Fernando el católico, el rey soldado, aparece como un monarca más pragmático que idealista; un gran estratega a pesar de su carácter enérgico e impulsivo.

Sabido es que, efectivamente, la reina Isabel hizo prevalecer sobre Aragón las leyes de Castilla, las cuales legitimaban su derecho y el de sus hijas para poder ser reinas y poder decidir si sus esposos serían sus iguales o meros consortes. También defendió en todo momento la autonomía de los órganos de gobierno castellanos. Pero lo mismo hizo Aragón conservando y defendiendo la legitimidad de sus propios consejos de autogobierno. Hasta aquí todo correcto y fiel a la verdad histórica, de no ser porque los guionistas, cómo no, decidieron colar, disimuladamente, varios anacronismos históricos: discursos “proto-feministas” de la reina Isabel apelando a la igualdad entre hombres y mujeres, no solo en asuntos políticos, sino también en lo concerniente a las relaciones amoroso-sentimentales entre hombre y mujer.

Esta licencia anacrónica, por parte de los guionistas de la serie, resultaría anecdótica, e incluso simpática, si no fuera porque, como ya he dicho, en España no hay titiritero progre que no dé “puntá sin hilo”.

Seguramente, y es opinión personal, la reina Isabel defendió con vehemencia sus derechos de sucesión, a pesar de ser mujer, no porque fuese una “feminista adelantada a su tiempo”, sino porque así se lo permitían las leyes de Castilla y se lo exigía su carácter recto y disciplinado de devota católica.

Otras licencias, sin sesgos ideológicos, pero igualmente anacrónicas y difícilmente creíbles en la época que nos ocupa, serían las que se observan cuando tienen lugar grandes pasiones y amores desenfrenados entre infantes, príncipes y princesas, cuyos matrimonios son concertados por sus padres, y, sin embargo, sienten un flechazo y un recíproco “amor a primera vista” en cuanto ven por primera vez a sus desconocidas parejas. Todo muy propio del romanticismo característico de las “novelas de caballerías”, como hábilmente indican los guionistas, por boca de los protagonistas de la serie, para justificar, así, tanta dicha y ventura. Con esta inteligente “licencia”, los guionistas aportan a la serie el componente sensual que, sin duda, la enriquece y la hace más atractiva a un público más amplio y menos interesado en la veracidad de los hechos históricos que, insisto, se narran no solo de forma amena y comprensiva, sino también muy pedagógica.

MORAL Y ÉTICA

Insisto en señalar que los perfiles de los protagonistas, a pesar de algunas licencias ya mencionadas, no solo son creíbles, sino que también resultan muy humanos; todos ellos se nos muestran como hombres y mujeres de carne y hueso, con sus bondades, pero también con sus defectos y debilidades. La serie no peca de maniqueísmo descarado, sobre todo cuando le hubiese resultado harto fácil caricaturizar a figuras históricas como Torquemada o el cardenal Cisneros, blancos predilectos de quienes dan crédito a la leyenda negra sobre España y se muestran orgullosamente anticlericales.

Que el clero de la época era corrupto no es ningún secreto. Pero, además de la corrupción de los monjes en sus monasterios, o del propio Papa en Roma, la serie describe perfectamente el carácter cínico de sus más importantes protagonistas, no solo de reyes y validos, sino también de religiosos, como el astuto obispo Carrillo o el fiel cardenal Mendoza. No todo era blanco o negro. A lo largo de la serie, las sucesivas tramas y circunstancias históricas exigirán a sus protagonistas debatirse entre interesantes y difíciles conflictos ético-morales; se les exigirá elegir entre servir a los intereses colectivos del reino o a sus éticas personales.

A lo largo de toda la serie se entabla una lucha en las conciencias de los personajes más importantes: reyes, príncipes, nobles y alto clero. Todos ellos, en algún u otro momento, deberán optar por respetar la moral católica imperante en la época, conduciéndose virtuosa y rectamente, o ser fieles a una ética inmoral: realizar elecciones personales, contrarias a sus propios principios morales, pero necesarias para la consecución de loables fines.

Pero la ética inmoral que desempeñarán los protagonistas será, paradójicamente, excesivamente "moral"; es decir, todos los actos, por inmorales que fueren, se justificarán por mor de lograr, como ya señalé, un objetivo moral superior. No será una ética inmoral coherente con el propio sentir del individuo, situada más allá del bien y del mal, sino que será una ética inmoral trágica que provocará graves sentimientos de culpa y remordimientos en quienes la practican. Así se apreciará, por ejemplo, cuando la reina Isabel ordena la expulsión de judíos y moriscos. En todo momento, la reina muestra desagrado y no es partidaria de tal acción, pero las circunstancias del momento, y la todavía frágil unidad religiosa, obligan a la reina a traicionar su "ética personal" en aras de beneficiar y garantizar la consecución de un imperativo moral superior: una España totalmente cristiana y católica.

Analizando más detenidamente esta constante dialéctica de traición del Yo individual, en aras de servir superiores morales colectivas, no pude evitar ver, en la dinámica histórica que protagonizaron los RRCC, el reflejo de las supremacistas teleologías comunistas y nacionalsocialistas. La diferencia, pero, es que los RRCC, en tanto que ebrios de moral católica, vivenciaron trágicamente la toma de decisiones que les resultaron contrarias a sus principios religiosos, pero los dogmáticos comunistas y nazis (en su mayoría al menos) estuvieron orgullosos de obrar a través de una ética inmoral, más allá del bien y del mal, pues sus respectivos Yo fueron totalmente coherentes con los principios que exigían sus morales superiores.

Quizás hoy no seríamos lo que hoy somos sin el celo dogmático moral que otrora mostraron los RRCC. ¿Qué hubiese sucedido si la reina Isabel, por ejemplo, se hubiese obligado a practicar una "ética moral" coherente con sus principios católicos? Sin la toma de Granada, primero, la posterior expulsión de infieles, y sin la incesante lucha contra el turco, que amenazaba con invadir Europa, quizás actualmente ya estaríamos rezando hacia la Meca y nuestras mujeres taparían sus rostros con velos opresores.

En este sentido, la actual moral occidental, ebria de ingenuo humanismo habermasiano, se ha empeñado en tirar por la borda todo nuestro legado histórico, cultural y religioso. No solo se admite la entrada irregular e ilegal (subrayo) de infieles, sino que se alienta la llegada de los mismos. Las naciones de Occidente están siendo dominadas y controladas por un transnacionalismo globalista, con aspiraciones supranacionales, que está abandonando a los ciudadanos europeos a su suerte.

ESTADO OPERATIVO (perspectiva desde el Materialismo filosófico)

Resulta harto evidente que la nación española se articuló a partir de la creación del primer Estado europeo, operativo y fuerte, de la Edad Moderna. Los RRCC no solo consiguieron la unidad territorial y religiosa de la península, sino que limitaron, bajo un Estado autoritario, el poder de la nobleza, siempre ombliguista y particularista.

De hecho, podríamos considerar, incluso, que las acciones de los RRCC constituyeron en sí mismas, la existencia de una proto-izquierda definida, muy adelantada a su época y a la aparición de las primeras izquierdas definidas, jacobinas y liberales, que, tras el triunfo de la Revolución Francesa en 1789, proclamaron la república nacional entre ciudadanos iguales.

Por supuesto, en la España de los RRCC todavía no podía hablarse de "democracia" ni de "igualdad" tal y como la entendemos actualmente en términos político-jurídicos. Sin embargo, las acciones de los RRCC, declarando "súbditos e iguales" a todos los pueblos del reino de las Españas, peninsulares y allende los mares (pueblos indígenas incluidos), constituyeron un primer ordenamiento jurídico que se adelantó a la abolición de la esclavitud algunos siglos antes de que esta tuviera lugar.

Por otra parte, el Estado autoritario de los RRCC se ocupó de la defensa de la nación; a la preservación de la unidad territorial por encima de los particularismos y fueros de la nobleza. Y también articuló la organización de instituciones administrativas orientadas, precisamente, a la salvaguarda del propio Estado, garantizado el carácter operativo del mismo a través de la fuerza coactiva y la legislación de leyes comunes para TODOS los súbditos.

CONCLUSIÓN

La serie Isabel, en mi opinión, muestra suficiente rigor histórico, aunque aderezado con inevitables dosis de ficción que hacen más atractiva la historia de los RRCC, que es también la historia de nuestra España. Pero, a pesar de las necesarias "licencias artísticas", la serie plasma magistralmente las políticas operativas llevadas a cabo por Isabel y Fernando, además de dejar constancia de la importancia de los ejércitos y la tecnología militar para dar forma, poco a poco, a una nación envolvente (Gustavo Bueno) que habría de devenir imperio generador.