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viernes, 1 de mayo de 2020

LA DIALÉCTICA DE LAS LÁGRIMAS (Solón vs Pablo Iglesias)



INTRODUCCIÓN


Las “izquierdas posmodernas” españolas, es decir, los “progresistas” de siempre, ahora sanchificados y podemizados, se obcecan en seguir negando la realidad para, así, ajustarla mejor a sus “idealistas conciencias”.


Nuestros posmodernos continúan creando posverdades (falsas verdades) y ficticias realidades; se siguen obstinando en creer, autohipnosisis sugestivas mediante, en sus sentimentales mundos de Yupi.
Pero estos infames, tras pervertir la razón e instrumentalizarla, aún están llegando más lejos, atreviéndose, incluso, a pervertir los sentimientos más puros y honestos, hasta convertirlos, también, en herramientas al servicio de sus intereses bastardos.


EL SENTIMENTALISMO INSTRUMENTAL


De la misma manera que la “razón ilustrada” devino “razón instrumental”, orientada a la consecución de determinados fines concretos, la otrora espontánea expresión de las emociones también está siendo forzada a convertirse en falsa representación psicoestética; en nuevo sentimentalismo instrumental al servicio de nuevas conciencias ñoño-soñadoras.
Así, la razón lógico-tradicional de nuestros padres está siendo sustituida por la razón estético-sensible de nuestras madres. Pero no, ni siquiera eso, pues la razón de nuestras madres, aunque ebria de emotiva empatía, todavía estaba religada a la realidad, a la tierra, a la vida… a la verdad.

Ahora, sin embargo, se impone la ficticia verdad femimarxista y su “ideología de género”; una “verdad” que nada o muy poco tiene que ver con la razón de ser histórica de los respetables matriarcados tradicionales.
Femimarxistas y podemitas, ellos, ellas y elles, y la madre que los parió a todos, están pervirtiendo los sentimientos más puros, necesarios para la catarsis de las almas más atormentadas, hasta convertirlos en impostadas “bufonadas ideológicas”.


LAS LÁGRIMAS DE CARNE Y HUESO DE SOLÓN


Unamuno, en su “Del sentimiento trágico de la vida”, cuenta el episodio acaecido entre un poderoso gobernante (cuyo nombre recuerdo) y el sabio Solón.
Estando Solón llorando amarga y desconsoladamente, tras la muerte de su hijo, se le acercó un rey para preguntarle “por qué lloraba”. En el parecer del poderoso, no denotaba demasiada sabiduría lamentarse por un hecho ya irremediable. ¿No ves, preguntó el gobernante a Solón, que llorar no sirve de nada?


Y Solón le contestó: - Pues, precisamente, por eso lloro, porque no sirve de nada.


Las lágrimas de Solón surgían de la impotencia y de la frustración, eran el fruto de la catarsis, sincera y honesta, de un alma verdaderamente atormentada; un alma que sabía que ya NADA podía hacer para devolverle la vida a su hijo. Eran lágrimas humanas, pero también, como diría Don Miguel, eran lágrimas de “carne y hueso”. No eran, en absoluto, lágrimas instrumentales.


LAS LÁGRIMAS PSICOESTÉTICAS DE PABLO IGLESIAS


Los patéticos psicodramas representados por Pablo Iglesias, a través de llantos impostados, falsos y bufonescos, nos provocarían la risa, incluso las carcajadas más despiadadas, si no fuera porque bajo la apariencia de su fingida “sensibilidad humanista” se esconde un ser sin alma. Peor aún, se esconde un “destructor de almas”, un individuo despreciable que, con su proceder, alimenta la sospecha de que cualquier llanto, como el suyo propio, pueda ser, tan solo, un impostado “llanto instrumental”. 


Lo verdaderamente grave de todo el pensamiento estético-sensible posmoderno no radica en que éste se postule como una mentira cínica y descarada, que también, sino que consiste en negarles a los últimos hombres de carne y hueso la posibilidad de poder llorar sin que ello sirva para NADA; llorar, tan solo, para purificar el alma; llorar para exorcizar el sentimiento trágico de vivir…


Lo trágico de las lágrimas de Pablo Iglesias es que su “calculada instrumentación” niega la verdad de otras lágrimas más sinceras y honestas, lágrimas inútiles, pero necesarias para el espíritu, como las del sabio Solón.

miércoles, 11 de marzo de 2020

COSIFICACIÓN DE LA MASCULINIDAD (series de tv)

INTRODUCCIÓN

No ha trascendido en los medios de comunicación, como era de esperar, las acciones humillantes de una monitora a un grupo de niños a los que obligó a simular una felación. Las denigrantes simulaciones formaban parte de un taller sobre VioGen (violencia de género) que se llevó a cabo en un colegio. La “España viva” (VOX) se ha lanzado rauda a condenar estos hechos, como ya hiciera en su día al denunciar las proclamas de una profesora de instituto que en sus clases abogó por castrar a todos los niños varones. Bromas, las justas.
Pero yo no me detendré en reflexionar sobre “los modos” (miserables y revanchistas) en que la verdad femimarxista comienza a operar en la realidad; no me interesará remarcar e insistir en el odio enfermizo que subyace en esta nueva ideología. No perderé el tiempo en señalar lo que resulta “evidente” para cualquiera que quiera ver y, por supuesto, no lleve anteojeras ideológicas: el femimarxismo es un nuevo supremacismo (¡y de género, menudo invento!).

Sí expondré, muy brevemente, cómo se está difundiendo este nuevo supremacismo a través de las series de TV, sobre todo en las destinadas a un público más juvenil.
DE JODIE FOSTER A BARBIJOPUTA

Cada vez resulta más evidente, porque cada vez es menor el disimulo en ocultarlo, que con NETFLIX llegó el escándalo; es decir, con la plataforma de pago NETFLIX llegó la ideología LGTBI a nuestros hogares. Fue Jodie Foster (lesbiana) la primera que nos regaló una serie sobre el empoderamiento de unas mujeres que vestían de color naranja: “Orange is the new black” (el naranja es el nuevo negro). La serie resulta un magnífico escaparate a través del cual se visibilizan diferentes modos de vivir y experienciar la sexualidad, pero, ¡ojo!, también el género. Las protagonistas, de hecho, son todas reclusas en un centro penitenciario femenino, por lo cual resulta obvio que todas ellas sean mujeres, aunque también hay una actriz transgénero (Laverne Cox). Nada que objetar. Sin embargo, el papel reservado a los actores masculinos en esta serie no deja a estos en muy buen lugar: todos son unos calzonazos (individuos débiles). Todos, desde el alcaide, pasando por el orientador de la prisión y hasta llegar al guardia buenazo que perdió una pierna en la guerra, ejercen de bufones de la corte. Solo un personaje masculino se desmarcará de este grupo de peleles sin carácter, y será, ¡cómo no!, el prototipo de machista repelente que acabará violando a una reclusa.
No hay término medio para el femimarxismo: el hombre es un ser débil y manipulable o es un malvado violador.
En mi opinión, esta será una de las primeras series de Netflix donde se reivindicará más descaradamente la ideología LGTBI humillando y denigrando, al tiempo, al sexo masculino. Después, como mostraré, llegarán muchas más producciones que irán en la misma línea de “lucha ideológica reivindicativa”.

Mientras Netflix comenzaba a dedicarse a humillar y cosificar al sexo masculino a través de series de TV, Barbijoputa y otras activistas del femimarxismo seguían el mismo camino a través de Internet y las RRSS.
En serio, no se puede ser más hijaputa que Barbijaputa. Y esto lo sabe la propia Barbijoputa y todas las feministas radicales que tienen a orgullo autodenominarse “zorras y putas”. También se autodenominan “feminazis”. Pero yo no caigo en la trampa dialéctica urdida por el feminismo supremacista, y las llamo por lo que realmente son: femimarxistas.
HEREDERAS DE JODIE FOSTER (Sex education y Euphoria)

La serie “Orange is the new black” abrió el camino a otras muchas producciones posteriores que no dudarían en dar un paso más hacia la estigmatización y ridiculización, primero, del sexo masculino, para, finalmente, acabar humillándolo y cosificándolo. Veamos este imparable proceso de cosificación del modo de ser masculino a través de tres series: "Orange is the new black", "Sex education" y "Euphoria".
1º) FASE DE RIDICULIZACIÓN

La serie de “Orange is the new black” todavía no llegó a desnudar de forma prepotente la esencia supremacista característica de la actual ideología femimarxista. Se limitó a mostrarnos dos prototipos masculinos: el pelele y el machista violador. No había término medio; pero era precisamente, a través de esa falsa ilusión de alternativas (el hombre es tonto o violador), donde mejor se reflejaba el carácter femimarxista que subyacía en toda la serie.
El alcaide era un pobre hombre que sería mangoneado sexualmente por su rival femenina, que acabaría arrebatándole la dirección del centro penitenciario y, de paso, el poder: un claro ejemplo de cómo se empodera la mujer a través de la “manipulación sexual”, sirviéndose de la debilidad de los hombres.
El orientador, a su vez, contraería matrimonio con una bella rusa que pasaría olímpicamente de él, pero que se sirvió del matrimonio con el pobre infeliz para obtener la ciudadanía estadounidense.
Pero más patético resultaría, sin embargo, el guardia minusválido, que aceptó casarse (finalmente no lo haría) con la reclusa jamona que fue violada por su malvado compañero machista. En fin…
2º) FASE de HUMILLACIÓN y COSIFICACIÓN

Tras el éxito de “Orange is the new black” proliferaron las series con contenido ideológico LGTBI. Me sería imposible, ahora mismo, citar alguna donde todos los personajes, como tiempo ha, fuesen heterosexuales.

Las nuevas series dan un paso más hacia la estigmatización del sexo masculino, y pasarán de la primera fase de humillación a una fase de cosificación de los hombres.
Como sucede con todos los supremacismos, al principio la ideología LGTBI solo “enseñó la patita”. Así, a nadie le pareció mal que en las series de tv se comenzara a visibilizar (bonito palabro) la realidad de la homosexualidad. Nada que objetar. ¿Pero qué fue pasando a continuación?
Con el tiempo, se hizo habitual que todas las series contaran con algún personaje homosexual entre el reparto, al principio entre los actores secundarios, pero muy pronto también se incorporaron a los roles protagonistas. Después le siguieron protagonistas bisexuales, transgéneros, poliamorosos y “queer”. De todos los colores y para todos los gustos. De nuevo nada que objetar, pues siempre suelo decir que “las posibilidades del ser en la realidad abierta son infinitas”.

El feminismo igualitario, en mi opinión, acepta la pluralidad de los diferentes modos de ser, por supuesto desde postulados liberales, pero el actual femimarxismo ha mutado en una nueva propuesta ideológica supremacista y fundamentalista.
Esta supremacista mutación del nuevo feminismo radical puede apreciarse en las últimas series de éxito destinadas al público más juvenil y adolescente; un dogmático femimarxismo obcecado en estigmatizar y negar la posibilidad de ser de un modo de ser masculino tradicional.
En las nuevas series puede percibirse (no hay que ser demasiado sagaz) un claro rechazo hacia el hombre heterosexual. Por tanto, también se niega la razón de ser de un feminismo heterosexual y verdaderamente igualitario.
Estas nuevas series no reflejan una verdadera “igualdad” entre hombres y mujeres, sino la imposición de un “nuevo credo”, harto reduccionista y maniqueo, que representa a la figura masculina siempre negativamente.

El refranero español nos dice que cuando el río suena, agua lleva. En términos heideggerianos podríamos expresarlo por algo así como “cuando el ser susurra, verdad lleva”.
No me cansaré de repetirlo: debemos escuchar los susurros del ser con suma atención expectante; tenemos que prestar atención a las conversaciones en bares y tabernas, en las plazas y mercados de nuestros pueblos. La verdad ya no está en los libros de sesudos intelectuales, porque hace tiempo que la verdad se despojó de los ropajes de la razón y decidió mostrarse desnuda, según los gustos sentimentales y estéticos de cada conciencia. Es lo que hay, señores.

Pues bien, las series de TV constituyen en sí mismas una perfecta realidad abierta donde escuchar los susurros del ser: son claros en el bosque en los que la verdad se muestra desnuda sin ningún pudor.
¿Y qué verdades nos susurra el ser a través de las actuales series de TV?

SEX EDUCATION Y EUPHORIA (o de cómo cosificar al varón)

Me ha llamado poderosamente la atención los paralelismos existentes entre los protagonistas de las series "Sex education" (Netflix) y "Euphoria" (HBO).
Ambas series, efectivamente, nos muestran un nuevo mundo profundamente enemigo del tradicional heteropatriarcado.
Las protagonistas indiscutibles de las dos series son chicas que comparten unos rasgos comunes: son inteligentes, rebeldes y autoconflictivas  y, por supuesto, feministas. De hecho, a lo largo de diferentes capítulos, las chicas no solo se reivindican orgullosas feministas, sino que leen "literatura feminista" y no pierden ocasión de adoctrinar a sus compañeros sobre la nueva verdad feminista. El descaro ideológico ya es total e indisimulado.

Los chicos protagonistas de estas series se dividen en dos grupos claramente diferenciados: los "aliades" de las chicas feministas, también inteligentes y sensibles, y los malotes machistas, que en ambas series son brutos jugadores de fútbol americano.

Las series juveniles tradicionales también presentaban al varón como a un bruto insensible, casi siempre deportista, ligón y desconsiderado hacia el sexo femenino. Pero estas nuevas series feministas sustituirán la figura del tradicional chico desconsiderado, que lo era debido a la ignorancia y a los efectos incontrolados de la testosterona, por un nuevo perfil de chico más agresivo y moralmente reprobable. La serie "Por trece razones" será, en mi opinión, la primera ficción juvenil importante que mostrará un nuevo perfil de chico que será recurrente a partir de entonces: el varón violador.

Tanto en "Sex education" como en "Euphoria", los chicos que otrora era tan solo los "tontos jugadores de fútbol" ahora se convertirán, además, en agresivos maltratadores e, incluso, violadores. Es lo que hay. Pero estas dos series, además, darán una vuelta más a la tuerca ideológica y de forma nada sutil, sino con total desvergüenza, apuntarán el camino que deberán seguir las nuevas generaciones de jóvenes para solucionar esta falsa dialéctica entre sexos creada por el femimarxismo; las chicas, dolidas y desengañadas de los varones maltratadores, deberán "liberarse" a través de las relaciones lésbicas. Así sucede en las dos series que estoy comentando.

¿Y qué hacer con esos malvados chicos maltratadores y machistas?

Ellos deberán "descubrir" y aceptar la homosexualidad latente que subyace en la raíz de todas sus conductas agresivas. Por increíble que parezca, tanto en "Sex education" como en "Euphoria", los chicos malos son jugadores de fútbol, machos alfas agresivos y dominantes, que, ¡oh, sorpresa!, deberán enfrentarse a sus reprimidos deseos homosexuales. Mientras que el personaje de "Sex education" saldrá del armario y luchará también para "liberarse", como las buenas chicas lésbico- feministas, el personaje de "Euphoria" se obcecará en seguir autoengañándose por tal de mantener impoluta su imagen de macho íntegro. Así tenía que ser, pues mientras que el machista de "Sex education" tenía la posibilidad de redimirse, pues en realidad era un "alma atormentada" que sufría, su alter-ego en "Euphoria" se nos mostraba (intencionadamente) como un cínico psicópata "sin salvación".

CONCLUSIÓN

La nueva ideología femimarxista no solo está ridiculizando, humillando y cosificando el hecho de ser hombre, sino que está dando un paso más allá y está proponiendo, como radical solución, que este se "feminice" (castración identitaria) o que se "homosexualice" por tal de no ser un peligro potencial para las indefensas féminas. No hay término medio, pues la supremacista conciencia femimarxista no reconoce la posibilidad de ser de una conciencia masculina que sea una "igual" de la conciencia femenina.
El femimarxismo no quiere reconocer la existencia de una conciencia masculina que no sea, por fuer, violenta y peligrosa para las mujeres.













 

lunes, 3 de febrero de 2020

JUSTICIA SOCIAL (el último esencialismo)

INTRODUCCIÓN

Antes de que Nietzsche nos anunciara "la muerte de Dios", entendida ésta como el olvido del mundo suprasensible o celestial, Hegel todavía hizo un último esfuerzo por tal de desvelar el fin último del "espíritu" (sentido del ser) aferrándose a la última metafísica (con permiso de Heidegger) que pudiera permitirle a la humanidad conocer cuál sería su destino último: la síntesis o final de la historia en un todo absoluto (sentido o razón de ser).
La dialéctica hegeliana, esa lucha entre las relaciones conflictivas que se dan entre el mundo y los individuos, fue retomada por Karl Marx para demostrar que, efectivamente, el devenir de la historia no era caprichoso, sino que obedecía a una "lógica" interna (científica) que no era tanto "espiritual" (esencialista) como material. Nació, así, el materialismo dialéctico y la dialéctica histórica. De esta manera, pretendidamente "científica", Marx asumió "la muerte de Dios" y, al tiempo, superó la dialéctica del espíritu de Hegel transformándola en una dialéctica materialista.

FENÓMENO Y CONCIENCIA

¿Qué es la persona? Básicamente un YO consciente de serlo (primera certeza cartesiana). El ser humano es constitutivamente un yo individual (conciencia) que comparte una conciencia social o colectiva (en y con los otros) a lo largo del tiempo (historia). Por tanto, el ser humano está definido por estas tres dimensiones (individual, social e histórica) que determinarán la manera en que su conciencia (Yo) habrá de relacionarse en el mundo con-y-en los otros.

¿Qué es el mundo? Un conjunto de fenómenos. Pero el mundo no es tan solo el conjunto de cosas (entes) que la conciencia del sujeto experiencia y/o aprehende como elementos (objetos) de la realidad, sino que es también el producto resultante, vivenciado en la conciencia, de un modo de ser o pre-ser. Ello se debe a que el fenómeno no se manifiesta puro en la conciencia del sujeto, como un ser-en-sí mismo, sino que inevitablemente se conforma en la mente del individuo a partir de lo que éste aprehende de la realidad más los pre-conceptos y pre-juicios sitos en su conciencia.

Así pues, las relaciones entre la conciencia y los fenómenos se llevan a cabo a través de una dialéctica o proceso constante de búsqueda de sentido (esencia). Y ello es así porque al ser imposible que el fenómeno pueda experienciarse en su forma pura en la conciencia, ésta no tiene más remedio que interpretarlo; es decir, la dialéctica es, en última instancia, un proceso hermenéutico cuyo fin último es interpretar el mundo para crear una cosmovisión, un sistema lógico que permita conocerlo y, lo más importante, permita saber ¿por qué y para qué somos?

¿POR QUÉ Y PARA QUE SOMOS? (la existencia)

Muerto Dios, y con él la creencia en mundos suprasensibles, la humanidad quedó huérfana de sentido. ¿Qué sentido tiene para los individuos ser-en-el tiempo por un intervalo finito para, al final, descubrir que tan solo son "seres para la muerte"; seres indigentes, sin posibilidad de salvación, que se diluirán en el olvido de la nada? ¿Qué sentido tiene, entonces, sacrificarse en la vida por y para nada? Ninguno. Por ello la existencia humana debe transcendentalizarse, si no a través de la religión tradicional, sí a través de nuevas religiones ideológicas. Toda ideología es en sí misma, y por más que pretenda negarse, un esencialismo; es decir, es una razón, en última instancia, por la que poder conseguir que los individuos se obliguen a vivir y sacrificarse. O, como dijera Camus, una razón para eludir el suicidio y evitar la desidia vital que conduce a la autoinmolación.

JUSTICIA SOCIAL

El espíritu (léase el sentido del ser), según Hegel, habría de desvelarse al final de la historia como un Absoluto o síntesis resultante de la lucha (dialéctica) entre conciencias. Pero el espíritu hegeliano se nos revelaría como un esencialismo nacionalista y alemán; como un particularismo que, por dictamen del devenir histórico, devendría absoluto universal. Pero lo esencial, concluyó Marx enmendando a Hegel, debería ser lograr articular una sociedad universal feliz donde imperase la "justicia social" para toda la humanidad, una humanidad sin patrias, sin dioses, sin reyes ni tribunos. Es decir, la esencia, entendida como sentido o razón humana, habría de consistir en alcanzar un fin último: una síntesis feliz que diera por concluida la historia.
¿Pero qué es la "justicia social"? ¿Cómo alcanzarla?

Veamos algunas definiciones de lo que es o debería ser la justicia social:

Justicia social utilitarista: según Stuart Mill se alcanzaría la justicia en aquella sociedad donde el mayor número de sus ciudadanos fuesen felices. Habría, así, mayor justicia social cuanto mayor felicidad colectiva.

Justicia social marxista (utópica): según el marxismo una sociedad justa sería aquella en la que el Estado diera a cada ciudadano según sus necesidades y le exigiera según sus capacidades. La felicidad sería el resultado de una existencia des-preocupada (desestresada) con las adversidades vitales, pues desaparecido el Capitalismo, y con él la razón de ser de las clases sociales en conflicto, se lograría un reparto justo de la riqueza.

Justicia social razonable: según John Rawls, la justicia social se alcanzaría a través de un contrato social entre los ciudadanos y el Estado, articulando políticas para distribuir la riqueza de manera "razonable" y logrando un consenso aceptando el pluralismo político y confesional de cada conciencia individual.

Podríamos aceptar, salvando algunas diferencias conceptuales, que la justicia utilitarista se correspondería con una cosmovisión liberal, es decir, con una interpretación liberal del mundo. La justicia social marxista se correspondería con una cosmovisión justificada científicamente (supuestamente) pero que no dejaría de fundamentarse en un idealismo esencialista o "deseo" de alcanzar un justo fin último (el final de la historia). Por último, la definición de justicia propuesta por Rawls se correspondería con una concepción "democrática", social y/o liberal, centrada, como el marxista, en el interés de lograr un reparto justo de la riqueza, pero no a través de un Estado omnipresente y totalitario, sino a través del acuerdo consensuado entre ciudadanos.

CONCLUSIÓN

Las ideologías del SXX, como antes sucediera con las religiones, defienden la necesidad de creer en sus respectivos credos esencialistas; es decir, instan a la ciudadanía a creer en una determinada cosmovisión (interpretación del mundo y el fin último del mismo) que dé sentido a sus vidas.
La justicia social se ha convertido, así, en un nuevo Dios; una idea hipostasiada y/o sustantivada que ha de alcanzarse a través del cumplimiento de unas normas sociales (leyes éticas de los hombres) sin que sea ya importante, para el conjunto de la sociedad, que se cumplan, o no, las leyes morales de las religiones tradicionales.

Pero alcanzar la justicia social, como comulgar con Dios o con cualquier ideal esencialista, exige sacrificio, trabajo y superación por parte de todas y cada una de las conciencias individuales que conforman la conciencia colectiva. La felicidad nunca es gratis. Y, como ha sucedido a lo largo de la historia, las propuestas ideológicas del SXX, ya tradicionales, también están siendo cuestionadas por nuevas conciencias disidentes que se pretenden revolucionarias y, por supuesto, más justas.

Entre las principales conciencias que se muestran contrarias o reacias a aceptar las ideologías más relevantes del SXX (liberalismo, marxismo-leninismo y socialdemocracia) se encuentran, por supuesto, las conciencias religiosas, pero también nuevas conciencias, como la animalista o la conciencia femimarxista. Esta última conciencia, surgida de la síntesis entre un primer feminismo liberal (igualitario) y un tardío feminismo radical marxista (supremacista) está mutando, rápida y de forma preocupante, en una suerte de pseudoreligión que, de nuevo, en vez de aceptar la pluralidad de conciencias, ha optado por el conflicto entre las mismas. El femimarxismo ha sustituido la lucha de clases por la lucha de géneros, declarándole, así, la guerra sin cuartel al género masculino, al que acusa de ser un opresor heteropatriarcal; una nueva manera de designar a la otrora conciencia enemiga burguesa y capitalista.

Sin embargo, tanto la clase de género como la clase social son conceptos inexistentes; son construcciones teóricas o ideas creadas expresamente para servir a los fines de determinadas cosmovisiones ideológicas.

Según el femimarxismo, la justicia social solo será posible en una sociedad matriarcal donde la conciencia feminista logre erigirse, dictadura de género mediante, en la única conciencia auténtica. La ciega fe en esta nueva pseudoreligión ya está provocando importantes conflictos y desigualdades sociales, como la que ha supuesto en España la implantación de la LVGI; una ley que vulnera derechos y libertades de los hombres tan solo por el hecho de que estos sean hombres.

Occidente ha vuelto a las luchas intestinas (ahora entre hombres y mujeres) en el "claro del bosque", pero, como no podía ser de otra manera, por mor de alcanzar utópicos ideales de justicia social.






miércoles, 15 de mayo de 2019

EL PENSADOR EN EL CASTILLO ENCANTADO (Peter Sloterdijk)


INTRODUCCIÓN

En su libro “¿Qué sucedió en el SXX?, Peter Sloterdijk nos ofrece una exquisita colección de 12 ensayos, a cual más sabroso y pedagógico. Cada ensayo, en realidad, constituye una imaginativa o creativa tesis que nos deleita y, al tiempo, también nos “hipnotiza”. No deja de sorprenderme la capacidad del filósofo alemán (el más grande de este SXXI) para hacernos pensar y/o descubrir, hermenéutica psicoanalítica mediante, alguna de las múltiples posibilidades interpretativas que nos ofrece la realidad abierta.

INTERPRETES DE SUEÑOS
He elegido el ensayo de “El pensador en el Castillo encantado” porque en él se exponen una serie de tesis que, como intentaré explicar a continuación, me sirven para argumentar y fundamentar una de mis “peregrinas” intuiciones que no sabía muy bien cómo defender.
Desde hace tiempo tengo la “sospecha” (mera intuición) de que todo el movimiento femimarxista (que algunos se obstinan en denominar erróneamente feminazi) se corresponde con una estrategia orquestada desde las sombras (aunque Soros sea muy visible) para lograr la desestabilización de los países europeos, primero, y para destruir a continuación los cimientos de lo que podríamos llamar “razón de ser occidental”.

En el ensayo “El pensador en el castillo encantado” Peter Sloterdijk nos habla de “una triple hermenéutica del sueño” llevada a cabo por tres intérpretes del mundo de lo onírico y la fantasía: Freud, Bloch y Derrida. Estos tres pensadores, desde diferentes ámbitos, pretendieron en su día “explicar” la dinámica y las manifestaciones que conformaban la “conciencia colectiva”.
Yo solo me centraré en el “agudo” análisis que Sloterdijk realiza sobre “La interpretación de los sueños” de Freud, en lo que, en mi opinión, supone una acertada aproximación (no junguiana) para explicar la dinámica de la actual sociedad europea (conciencia colectiva).

TEORÍA DEL DESEO vs TEORÍA DE LA COMPENSACIÓN ILUSORIA
A través de “una segunda interpretación de los sueños”, en la obra “El porvenir de una ilusión” (1927) Freud corrigió su primera teoría de la líbido e intentó explicar el “fenómeno religioso” desde una nueva teoría ilusoria o de la compensación, sosteniendo lo siguiente:

“Las representaciones religiosas proceden de una demanda de defensa y protección, surgiendo de esta demanda la necesidad de crear a un dios de prótesis”. Es decir, la ilusión religiosa creaba la figura de dios como compensación a una carencia humana: la falta de seguridad.
Lo que sostuvo Freud, en lo que Sloterdijk considera una segunda etapa en el desarrollo de la interpretación de los sueños, fue que la líbido del sujeto se fijaba a edad temprana en objetos que le producían satisfacción narcisista, primero en la madre y luego en el padre, permaneciendo ya en este. Pero lo novedoso de la autocorrección freudiana fue que la elección del objeto (como sostenía la primera teoría de la líbido) no se llevaba a cabo por una fijación libidinosa, sino por el deseo del sujeto de conseguir una alianza con una fuerza protectora eficiente (teoría de la compensación).
La fuerza protectora, como señala Freud, ha de ser eficiente (vuelvo a enfatizar en negrita) y por este motivo, una vez el sujeto llega a la figura paterna ya queda “confiado” a la misma para que esta le proporcione seguridad, defensa y protección.

La idea de que el sujeto busca seguridad desde edad temprana, expuesta en esta segunda teoría freudiana de la compensación, la volveremos a encontrar en el fondo de las propuestas que aparecen en “Dialéctica de la Ilustración” de Adorno y Horkheimer (1944) y en “El miedo a la libertad” de Erich Fromm (1947). Dicha idea no solo explicaría el fenómeno religioso (la necesidad de crear un dios protector) sino que, además, daría cuenta del porqué la “conciencia colectiva” o ente social tiende a dejarse arrastrar por propuestas ilusorias de compensación, ya fuere a través de políticas destinadas a dominar y conservar  la naturaleza y al propio hombre (Adorno y Horkheimer) o para erradicar nuestros miedos frente a las incertidumbres de la existencia (Fromm).
LA MADUREZ COMO DIMENSIÓN TIMÓTICA

Los griegos distinguían dos tipos de almas: la psiqué y el thymós. La primera se correspondería con la conciencia de un yo individual en búsqueda de autosatisfacción, mientras que la segunda (Thymós) sería el equivalente a una conciencia responsable que buscaría su “encaje” o integración dentro de un colectivo social, a través del equilibrio y la aceptación de determinados sacrificios (¿servilismos?).
Desde los postulados de la segunda teoría de la compensación, madurar significaría, por lo tanto, tomar conciencia de que el yo individual nunca podrá prescindir de la protección del grupo (comunidad o sociedad) frente a poderes extraños o las incertidumbres de la existencia. Madurar exigirá aceptar esta cruenta verdad.

Por el contrario, el inmaduro será aquel sujeto que siga inmerso en la “neurosis obsesiva” surgida del complejo de Edipo: matar al padre. O, lo que es lo mismo, rechazar la protección más eficiente por tal de buscar refugio en “delirios colectivos” de imposibles sueños de libertad.
CONCLUSIÓN

Sloterdijk acaba su exposición señalando que será está inmadurez inmersa en la neurosis obsesiva, que niega la protección del padre, la que ha abocado a la sociedad occidental actual a un exceso de infantilismo. Occidente se “erotiza”, en palabras de Sloterdijk, buscando un sempiterno placer, facilitando que cada conciencia individual busque tan solo su propia autosatisfacción, olvidándose de la responsabilidad timótica de ser-con y en los demás.
COMENTARIO Y TESIS

La actual sociedad occidental, inmadura e “infantilizada”, se correspondería, perfectamente, con ese individuo-masa seguidor del “pensamiento Alicia” (Gustavo Bueno) que se guía tan solo por la autosatisfacción de sus propios deseos. Es decir, se correspondería con esas “almas bellas”, eternamente inmaduras, que, ilusión mediante, creen, tan ciega como obstinadamente, que es posible “asaltar los cielos” (¡sí se puede, sí se puede!); se correspondería con esos seres de luz que creen en naciones ficticias y en repúblicas que no existen. Pero, sobre todo, la ausencia de “responsabilidad timótica” se manifiesta en esas femimarxistas, eternas adolescentes, que para ser libres sueñan no ya solo con “matar al padre”, sino en casarse con la madre (lesbianismo) creando, para ello, el perfecto matriarcado: un mundo sin hombres (léase sin padres).

Tesis: el movimiento femimarxista es la punta de lanza, o caballo de Troya, a través del cual se pretende acabar con la razón de ser de Occidente.
El hecho de que la conciencia femimarxista siga inmersa en la neurosis obsesiva de “matar al padre”, solo significa, desde los postulados de la teoría freudiana de la compensación, que esta se niega a aceptar la defensa y protección más eficiente que es la que proporciona la sociedad patriarcal a todos sus miembros.

Una Europa desprotegida, bajo las directrices de movimientos femimarxistas (defensores de pensamientos sensibles y pacifismos imposibles) y junto a sus acólitos afines (neocomunistas), será una víctima fácil que no dispondrá de defensas eficaces para salvaguardarse del peligro que supone la intrusión las conciencias enemigas (Islam).

lunes, 11 de marzo de 2019

Rebeliones, a las mayorías desde las minorías



Podríamos ubicar cronológicamente la aparición del fenómeno de la rebelión de las minorías en la Europa de Adorno (Escuela de Frankfurt); en las relaciones que ya entonces comenzaron a darse entre la Teoría Crítica (marxismo revisado y reinterpretado) y los crecientes secesionismos particularistas (nacionalismos provincianos), el feminismo (hoy femimarxismo) y otros colectivos que “se sentían históricamente agraviados”. No cabe duda de que existió una relación simbiótica entre el “marxismo-cultural” de los años 60 y la aparición del PENSAMIENTO SENSIBLE, cuya estética, aparentemente pacífica (falsa, como hemos podido comprobar a día de hoy) escondía realmente la prepotencia señorial de CONCIENCIAS SUPREMACISTAS.

Modestamente, e instado por la “joputa” circunstancia de vivir en tierras catalanas, he reflexionado bastante sobre el tema de la rebelión de las minorías y he llegado a algunas conclusiones:
Estoy de acuerdo en que el motor o génesis de todo movimiento rebelde o revolucionario radica en algo más que motivaciones meramente económicas (visión marxista). Yo estoy con Nietzsche, y creo que la base de toda rebeldía es, básicamente, el RESENTIMIENTO.

El nacionalismo provinciano y ombliguista siempre se ha alimentado del resentimiento para combatir al nacionalismo español dominante, acusándolo de ser aglutinador y uniformador (fascista). Del mismo modo, el feminismo legitima las aspiraciones de su actual supremacismo ideológico desde el resentimiento hacia la figura masculina, por más que se obceque (en vano, todo hay que decirlo) en asegurar que busca la igualdad entre hombres y mujeres. Lo mismo podríamos decir de las crecientes aspiraciones (control del poder) por parte de otras ideologías de género a través de lobbys económicos (Idelología LGTBI).

Quizás fuese Adorno quien destapara la caja de Pandora al desarrollar su dialéctica de la negación; dejó libre nuevos “males” que, con el tiempo, todo lo han infectado y llenado de podredumbre moral. Al cabo, todo cambio social y político sigue siendo el resultado de una lucha de contrarios (proceso dialéctico) por más que las formas y estrategias para legitimar las aspiraciones de poder muten y se adapten a nuevas fórmulas, ya sean estéticas (LGTBI) o de resistencia “aparentemente” pasiva (feminismo). Pero ningún acto de rebeldía es “pacífico”, por más que se disfrace con “máscaras sonrientes”.
¿Qué tienen en común los nacionalismos más provincianos, minoritarios y particularistas, con el feminismo e incluso con los crecientes movimientos LGTBI?
Resentimiento. Todos ellos guardan un profundo resentimiento alimentado por los numerosos agravios de los que fueron víctimas a lo largo de la historia. Agravios que lejos de “superarse”, pese a que ya no se dan en las actuales sociedades de Occidente, se reactualizan y se magnifican por tal de “sacudir conciencias dormidas” y crear nuevas MASAS MAYORITARIAS fieles a nuevos dogmas ideológicos.
¿Pero por qué y cuándo se genera el resentimiento?
Se comienza a desarrollar cuando una víctima, cualquiera, es consciente de estar siendo cosificada (convertida en medio por tal de satisfacer los fines de terceros) y, sin embargo, dicha víctima se ve incapaz, impotente y frustrada, al no saber cómo "liberarse" de tan injusta realidad.
Por supuesto, estos colectivos tendrán suficientes y legítimas razones para rebelarse, para organizarse y para formar grupos de presión que cuestionen la prepotencia de los diferentes grupos dominantes (Estados, sociedades patriarcales, supremacismos religiosos...).

Sin embargo, “los sueños de la razón engendran monstruos". Pasado un tiempo, y a medida que la minoría vaya convirtiéndose en creciente mayoría, el nacionalista provinciano ya no se contentará con ser un igual y dejar de ser vasallo, sino que aspirará (voluntad de poder mediante) a ejercer de señor soberano y prepotente. Bien nos advirtió Julián Marías que era "un grave error intentar contentar a los eternos descontentos". Yo más bien diría que es un grave error intentar contentar a los ETERNAMENTE RESENTIDOS.

Lo mismo sucede con el feminismo, el cual, a pesar de decir buscar la igualdad entre hombres y mujeres, acaba convirtiéndose en un supremacismo prepotente (también señorial) que desprecia al hombre y excluye a éste, de hecho, en el proceso de la revolución feminista, de la misma manera que la revolución proletaria excluyó a las demás clases sociales (consideradas falsas conciencias). Así, el feminismo solo aceptará como verdadera conciencia la propia de una utópica sociedad matriarcal.
Cabe la sospecha, por tanto, de que cualquier minoría actual, como ya ha demostrado el feminismo a través de sus propias celebraciones excluyentes (hombres abstenerse de participar), acabe aspirando en el futuro a tener un dominio señorial sobre quienes antes fuesen sus señores dominantes. Del mismo modo, el nacionalista provinciano, de triunfar su rebelión, todavía minoritaria, no dudará en OPERAR para en el futuro facilitar una rebelión de mayorías (siguiendo adoctrinando desde escuelas, instituciones públicas y medios de comunicación).

CONCLUSIÓN

Yo lo veo así de claro: toda rebelión minoritaria acaba aspirando, más temprano que tarde, a convertirse en una rebelión de mayorías o de masas. Por eso mismo, los grupúsculos primigenios de cualquier nacionalismo provinciano (minoritarios al principio) saben que deben manipular y condicionar las voliciones populares a través de reduccionistas y repetitivas pedagogías sociales (escuelas, medios de información), hasta crear mayorías suficientes que puedan legitimar sus aspiraciones de poder.
Este 8M las esperpénticas escenificaciones psicodramáticas de diferentes grupúsculos feministas también han dejado caer sus caretas y han dejado al desnudo sus pechos; y desnudos han quedado su ODIO Y RESENTIMIENTO que son, de facto, los verdaderos motores que mueven a toda conciencia supremacista.
Desde mi punto de vista, aspirar a tener voluntad de poder no significa ansiar poder económico, que también, sino que implica voluntad de imponer una RAZÓN DE SER; una forma de vida (cosmovisión) diferente a la tradicional, la cual se atacará calificándola de dominante (el tan manido término fascista del que abusan los tontilocos), o tildándola de heteropatriarcal (sociedad machirula de las femimarxistas actuales).
Obsérvese que ninguna de estas “minorías”, que hoy están logrando aglutinar importantes mayorías, no hubiesen podido medrar, menos aún “crear nuevas conciencias”, sin el concurso impagable del marxismo-cultural.