DIOS HABLA EN ESPAÑOL
Hace un tiempo, Félix Ovejero escribió en Facebook que el español (la lengua española) era la lengua de Dios. Mi júbilo no fue tanto por leer a Félix, siempre contenido y aséptico a la hora de significarse sobre determinados temas, como por hacerme recordar a Unamuno, al genial maestro de Salamanca que, en tono más solemne y grandilocuente, no solo proclamó que Dios hablara español, sino que también era español.
¿Pero quedaría algo de verdad en la frase Dios habla en español, si la despojásemos de la sutil ironía de Félix (poco dado a exaltar sentimientos patrios), y si le quitásemos la grandilocuencia unamuniana?
Pues sí, la frase en sí misma encierra una gran verdad, poética, si así se prefiere, pero verdad al cabo: la lengua española es una lengua natural (atención a esta realidad); una lengua amiga que se deja aprender, sobre todo si la comparamos con lenguas más ariscas y arbitrarias como el inglés o el ínclito catalán.
Volvamos a Dios. Si Dios es bueno y justo, y quiere lo mejor para el conjunto de la humanidad, no cabe duda de que, por fuer, fue el creador o inspirador que le insufló un soplo de aire divino a Nebrija cuando éste regló la gramática de la lengua española. Solo Dios pudo "inspirar" la normativización de una lengua tan agradecida, con escasas arbitrariedades grafo-fonéticas, como la española.
En mi anterior entrada, "La lengua de Dios (parte I)", doy cumplida respuesta al enigma que se planteaba Félix Ovejero en voz alta: "¿cómo es posible que la lengua española, estigmatizada y erradicada de la enseñanza en Cataluña, goce de tan buena salud y pueda ser aprendida, incluso, por el tontiloco más obtuso de la Cataluña profunda que solo se comunica en catalán?"
La respuesta es bien sencilla: porque la lengua espñola puede aprenderse con relativa facilidad, debido a la correspondencia natural entre fonemas (sonidos articulados) y grafemas (escritura) que los representan. Puse como ejemplo el caso del fonema /s/, que en español solo puede representarse, como parece lógico y natural, escribiendo una "s", pero en catalán podría representarse (dependiendo de su sonoridad) con una "s", una "c", una "ç", la "ss" o la "z" (con 5 grafías diferentes).
Dios fue bueno con los niños españoles, porque entendió que lo bueno siempre es lo más natural, sencillo y práctico; Dios supo que lo justo y bueno era/es lo que se aprende con más facilidad y con un mínimo esfuerzo para conseguir un gran beneficio o ventaja vital y/o social. Dios supo que lo importante era facilitar la comunicación de 450.000.000 de personas en el mundo; entendió que la lengua divina tenía que ser lo más universal posible, lo más buena y asimilable posible. Dios no es tonto.
Tontos, tontilocos en realidad, son los pobres provincianos de la terra, empeñados en desterrar de sus aulas una de las lenguas más universales creadas por Dios (la lengua española); tontos y resentidos son esos hombrecillos que desprecian a España y lo español, y que no entienden cómo sus hijos, aislados en terruños donde solo se aprende una lengua minoritaria y particularista, también acaben aprendiendo la lengua española de Dios.
¿Y por qué son capaces TODOS los niños catalanes de aprender español, a pesar de los impedimentos de sus mayores? Pues porque así lo quiso Dios; y por así quererlo, creó una lengua amiga fácil de aprender, sin tontás ni arbitrariedades tontilocas.
Que hable catalán quien así lo desee, y que enseñe a sus hijos en catalán quien así lo quiera. Pero que nadie ose negarle a los demás el derecho a pensar y hablar en la lengua de Dios.
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domingo, 5 de abril de 2020
La lengua de Dios (parte I, Cataluña impositora)
ARMAS LINGÜÍSTICAS Y DAÑOS COLATERALES
Que la lengua, en Cataluña, se haya convertido en un "arma" de imposición y sometimiento, que actúa más allá de sus funciones comunicativas, no debería ser ningún secreto para nadie. Y de hecho no lo es, aunque los cínicos (podemitas y demás equidistontos) se nieguen a reconocer esta dolorosa verdad.
Esta entrada, que espero resulte pedagógica para que muchos puedan extraer provechosa enseñanza de ella, me la ha "inspirado" una amistad virtual que lamentaba en su muro el trato que la Generalitat había dispensado a su hija autista. Contaba el angustiado padre cómo Ensenyament había priorizado la imposición de la inmersión lingüística antes que favorecer el desarrollo de las posibilidades comunicativas de una niña que, a pesar de sus dificultades, se comunicaba con sus padres en español.
Sí, este caso resulta especialmente doloroso, pero no es el único. Estoy harto de leer quejas (más que justificadas) de profesores de la escuela catalana, señalando que la inmersión lingüística perjudica a las clases más humildes, a los colectivos de inmigrantes y familias castellanohablantes. Cierto, pero no del todo.
La inmersión lingüística, como el arma impositiva que es, también produce daños colaterales entre los fieles creyentes de la terra, pero aunque muchos sean conscientes de ello, prefieren "mirar hacia otro lado" por tal de mantener viva su dogmática fe provinciana.
Las armas, cuando son de destrucción masiva, y la "inmersión" lo es, no distinguen entre amigos y enemigos a la hora de abrir fuego. Así, los daños colaterales de estas nefastas políticas lingüísticas, condenan al fracaso no solo a las clases más desfavorecidas, sino también a aquellos estudiantes con determinadas dificultades específicas (Inmadurez funcional, TDAH, dislexia, trastornos del desarrollo...), ya sean castellanos o catalanohablantes.
Si la memoria no me falla (que a mi edad ya podría ser), Josep Toro Trallero, eminente psiquiatra infanto-juvenil, expuso una "curiosa" tesis a colación de su famoso test T.A.L.E que evaluaba la lectoescritura. Venía a sostener, el célebre y reconocido psiquiatra, que la dislexia era un "invento" anglosajón, y que dicho síndrome se daba con muy poca frecuencia entre quienes hablaban español.
¿Por qué?
Pues por una sencilla razón: porque la correspondencia grafema-fonema en la lengua española, y a diferencia de la inglesa, es más natural (menos arbitraria). Así, sostenía dicho autor, la mayoría de los niños españoles podían aprender bien su lengua reforzando y haciendo hincapié en el aprendizaje de las normas de correspondecia grafo-fonética, mientras que los niños ingleses tenían que memorizar visualmente las grafías arbitrarias para aprender que perro (dog) no debía escribirse "doc".
Pues bien, he aquí una explicación del porqué, a pesar de que la lengua española esté desterrada en las aulas catalanas, su uso y su aprendizaje gozan de excelente salud. Básicamente porque la lengua española es, además de una lengua universal, una de las que con más sencillez y naturalidad establecen la correspondecia entre la fonética (sonido articulado) y su grafía (escritura).
Sin embargo, ¿qué sucede con la lengua catalana? Pues todo lo contrario, ya que su "arbitrariedad" es tal que exige a los niños diferenciar hasta 5 grafías diferentes para, por ejemplo, escribir el sonido de la letra "s". Por este motivo, un niño con dislexia, ya sea castellano hablante o catalanohablante, escribirá "sinema" en vez de cinema, o en el caso de los sonidos (parecidos fonéticametne) de la "ll" y la "j", podría escribir "llardí" en vez de jardí.
Desde que se impuso la inmersión lingüística sucedió un hecho curioso, pero muy bien silenciado: todos los niños que tenían algún tipo de dificultad (dislexia, trastorno del desarrollo, TDAH...) mostraban peores competencias en catalán, debido a la arbitrariedad de esta lengua. Pero lejos de reconocer esta VERDAD, la Generalitat, a través de su brazo armado de Ensenyament, rescató el síndrome disléxico (abandonado años atrás) para poder explicar cómo, en poco más de unas décadas, se habían multiplicado los problemas de aprendizaje de las lenguas en Cataluña. Se estableció un protocolo de detección de la dislexia en las escuelas que, por supuesto, tiene mucho sentido para detectar a aquellos niños poco dotados para aprender la arbitrariedad de la lengua catalana, y también la inglesa.
Sí, algunos niños son detectados y convenientemente diagnosticados, pero NADIE se baja de la burra para facilitarles el desarrollo de las habilidades comunicativas a través de una lengua mucho más sencilla (la española) que también es lengua común de TODOS los niños catalanes. Prefieren hacer patria y seguir permitiendo que el catalán cumpla con su sacrosanta misión nacional, caiga quien caiga.
Que la lengua, en Cataluña, se haya convertido en un "arma" de imposición y sometimiento, que actúa más allá de sus funciones comunicativas, no debería ser ningún secreto para nadie. Y de hecho no lo es, aunque los cínicos (podemitas y demás equidistontos) se nieguen a reconocer esta dolorosa verdad.
Esta entrada, que espero resulte pedagógica para que muchos puedan extraer provechosa enseñanza de ella, me la ha "inspirado" una amistad virtual que lamentaba en su muro el trato que la Generalitat había dispensado a su hija autista. Contaba el angustiado padre cómo Ensenyament había priorizado la imposición de la inmersión lingüística antes que favorecer el desarrollo de las posibilidades comunicativas de una niña que, a pesar de sus dificultades, se comunicaba con sus padres en español.
Sí, este caso resulta especialmente doloroso, pero no es el único. Estoy harto de leer quejas (más que justificadas) de profesores de la escuela catalana, señalando que la inmersión lingüística perjudica a las clases más humildes, a los colectivos de inmigrantes y familias castellanohablantes. Cierto, pero no del todo.
La inmersión lingüística, como el arma impositiva que es, también produce daños colaterales entre los fieles creyentes de la terra, pero aunque muchos sean conscientes de ello, prefieren "mirar hacia otro lado" por tal de mantener viva su dogmática fe provinciana.
Las armas, cuando son de destrucción masiva, y la "inmersión" lo es, no distinguen entre amigos y enemigos a la hora de abrir fuego. Así, los daños colaterales de estas nefastas políticas lingüísticas, condenan al fracaso no solo a las clases más desfavorecidas, sino también a aquellos estudiantes con determinadas dificultades específicas (Inmadurez funcional, TDAH, dislexia, trastornos del desarrollo...), ya sean castellanos o catalanohablantes.
Si la memoria no me falla (que a mi edad ya podría ser), Josep Toro Trallero, eminente psiquiatra infanto-juvenil, expuso una "curiosa" tesis a colación de su famoso test T.A.L.E que evaluaba la lectoescritura. Venía a sostener, el célebre y reconocido psiquiatra, que la dislexia era un "invento" anglosajón, y que dicho síndrome se daba con muy poca frecuencia entre quienes hablaban español.
¿Por qué?
Pues por una sencilla razón: porque la correspondencia grafema-fonema en la lengua española, y a diferencia de la inglesa, es más natural (menos arbitraria). Así, sostenía dicho autor, la mayoría de los niños españoles podían aprender bien su lengua reforzando y haciendo hincapié en el aprendizaje de las normas de correspondecia grafo-fonética, mientras que los niños ingleses tenían que memorizar visualmente las grafías arbitrarias para aprender que perro (dog) no debía escribirse "doc".
Pues bien, he aquí una explicación del porqué, a pesar de que la lengua española esté desterrada en las aulas catalanas, su uso y su aprendizaje gozan de excelente salud. Básicamente porque la lengua española es, además de una lengua universal, una de las que con más sencillez y naturalidad establecen la correspondecia entre la fonética (sonido articulado) y su grafía (escritura).
Sin embargo, ¿qué sucede con la lengua catalana? Pues todo lo contrario, ya que su "arbitrariedad" es tal que exige a los niños diferenciar hasta 5 grafías diferentes para, por ejemplo, escribir el sonido de la letra "s". Por este motivo, un niño con dislexia, ya sea castellano hablante o catalanohablante, escribirá "sinema" en vez de cinema, o en el caso de los sonidos (parecidos fonéticametne) de la "ll" y la "j", podría escribir "llardí" en vez de jardí.
Desde que se impuso la inmersión lingüística sucedió un hecho curioso, pero muy bien silenciado: todos los niños que tenían algún tipo de dificultad (dislexia, trastorno del desarrollo, TDAH...) mostraban peores competencias en catalán, debido a la arbitrariedad de esta lengua. Pero lejos de reconocer esta VERDAD, la Generalitat, a través de su brazo armado de Ensenyament, rescató el síndrome disléxico (abandonado años atrás) para poder explicar cómo, en poco más de unas décadas, se habían multiplicado los problemas de aprendizaje de las lenguas en Cataluña. Se estableció un protocolo de detección de la dislexia en las escuelas que, por supuesto, tiene mucho sentido para detectar a aquellos niños poco dotados para aprender la arbitrariedad de la lengua catalana, y también la inglesa.
Sí, algunos niños son detectados y convenientemente diagnosticados, pero NADIE se baja de la burra para facilitarles el desarrollo de las habilidades comunicativas a través de una lengua mucho más sencilla (la española) que también es lengua común de TODOS los niños catalanes. Prefieren hacer patria y seguir permitiendo que el catalán cumpla con su sacrosanta misión nacional, caiga quien caiga.
miércoles, 10 de abril de 2019
MARXISMO, LA CONCIENCIA EXTERMINADORA
INTRODUCCIÓN
Primera tesis: la idea de "justicia social", como la idea teológica de Dios o la idea metafísica del ser, también es una hipóstasis o sustantivación de una idea suprasensible; es decir, es un concepto, pre-ser o modo de ser, sito en la conciencia con aspiración y voluntad de consumarse como realidad formal (no virtual) en el ex-sistere.
Segunda tesis: la "gran política" siempre se arroga ser "buena y justa" por tal de, así, legitimar las vulneraciones y restricciones de las libertades individuales. Peter Sloterdijk, más contundente en su libro "¿Qué sucedió en el SXX?", define la "gran política" como el proceder (legitimado) del "buen crimen", señalando que sus apóstoles, desde Lenin, Stalin y Hitler hasta Mao, se encargaron de hipnotizar, primero, y de obnubilar, después, a las masas para crear "buenos criminales" (léase revolucionarios).
El psicogogo de turno hipnotiza con relativa facilidad al ciudadano "no ilustrado", tan solo haciéndole creer que es víctima de graves injusticias. No importará que tales agravios o injusticias no existan en el presente, pues, para ello, el astuto psicogogo se retrotraerá al pasado y escarbará en las tumbas para desenterrar odios y resentimientos pretéritos para, así, manifestarlos y actualizarlos en las conciencias presentes. Se activa de esta manera una "realidad" que solo pre-existe en la conciencia, pero, a través de la cual, se producirán efectos y cambios en el creyente. Y el creyente, una vez convertido en "buen criminal" (genial Sloterdijk) se erigirá en "noble revolucionario" dispuesto a dar un golpe procesista; dispuesto a partirle la cara a pedradas a un manifestante de VOX. Los "buenos criminales", seguidores de la cosmovisión de una "gran política", serán rebeldes que se enfrentarán a las fuerzas de seguridad del Estado por tal de consumar un referéndum ilegal y, llegado el momento, proclamar una inexistente república o reivindicar la realidad de una nación que nunca existió.
Pero el psicogogo (léase mesías o apóstol, demagogo con conocimientos psicológicos) no tendrá que hipnotizar a las conciencias ilustradas, y tampoco importará, porque éstas, ebrias de cínico sentimentalismo, optarán por la autohipnosis o autoengaño voluntario: ellos, se dirán y se repetirán hasta el hartazgo, son los únicos "buenos y justos". pues España les roba, España les coloniza, los españoles son bestias humanas...
CONCLUSIÓN (cuando la zorra guarda el gallinero)
España, como Occidente, no podrá salvarse de "los buenos criminales", de quienes vulneran la legalidad persiguiendo sus "justas reivindicaciones", porque estos son los herederos del marxismo exterminador; son los hermanos díscolos de la socialdemocracia habermasiana que, aunque censurará los modos de sus "hermanos descontrolados", seguirá compartiendo los postulados hipnóticos del "buen criminal" marxista.
Dice Sloterdijk, de nuevo en "¿Qué sucedió en el SXX?" (libro cuya lectura recomiendo fervientemente):
"El joven Marx, en una nota significativa sobre la esencia de la nueva crítica (de la Modernidad) escribió que esta no quiere rebatir su objeto, sino aniquilarlo. El exterminismo, que es inseparable del modus operandi de los radicalismos beligerantes del SXX, tiene su fuente en las ontologías de conflicto evolutivamente reorientadas, según las cuales la verdad de lo real ha de ponerse en vigor en modo efectivo contra lo todavía existente. Para que el reino de lo real llegue, ha de romperse la hegemonía de lo irreal (léase de las falsas conciencias).
Todo marxista sabe que "para que el reino de lo real llegue" ha de romperse la hegemonía de lo irreal, de lo que es tan solo "aparentemente real" en tanto que injusta y falsa conciencia. Y el reino de lo real solo llegará a través de la revolución exterminadora violenta (radicalismos de Islam y neocomunismo) o como pretende la socialdemocracia actual: llevando a cabo una lenta, progresiva e idealista revolución que permita la fragmentación de las naciones (véase Europa en general y Alemania en particular sobre el golpe en Cataluña) y convierta a Europa en una nueva realidad llamada Eurabia.
Por suerte para nosotros, Gustavo Bueno, como buen marxista, también entendió que para que el reino de lo real llegue (una España unida y libre) hay que combatir sin miramientos a las falsas conciencias que pretenden imponer "sus verdades" por las vías de los hechos consumados y a través de las políticas traidoras del socialismo español (el PSOE de Pedro Sánchez).
Leyendo a Gustavo Bueno pergeñé unas de esas tesis mías, por supuesto informales y carentes de rigor científico, que suelen ser producto de inesperados “insights cognitivos”. En un párrafo, no recuerdo de qué texto, el filósofo español descalificaba una definición conceptual por considerarla “heideggeriana”. ¿Por qué tanto desprecio hacia Heidegger por parte de alguien que se autoproclamaba "marxista"?
Suele ser habitual entre nuestras "izquierdas" deslegitimar o rechazar apriorísticamente cualquier argumentación que pueda pecar de parecer metafísica, esencialista o suprasensible, heideggeriana en definitiva, sobre todo por parte de quienes se arrogan a sí mismos estar en posesión de verdades materialistas y/o realistas. Y, sin embargo, Heidegger sigue siendo un pensador fundamental, como intentaré demostrar, para desenmascarar las prepotencias señoriales que aspiran a exterminar a las conciencias contrarias; sigue siendo un referente para combatir a las grandes políticas que, en aras de la consecución de idealistas "justicias sociales", no dudan en cercenar las libertades de los individuos, a través de políticas igualitaristas y uniformadoras, evitando que estos puedan llegar a “autorrealizarse” libremente.
Primera tesis: la idea de "justicia social", como la idea teológica de Dios o la idea metafísica del ser, también es una hipóstasis o sustantivación de una idea suprasensible; es decir, es un concepto, pre-ser o modo de ser, sito en la conciencia con aspiración y voluntad de consumarse como realidad formal (no virtual) en el ex-sistere.
Segunda tesis: la "gran política" siempre se arroga ser "buena y justa" por tal de, así, legitimar las vulneraciones y restricciones de las libertades individuales. Peter Sloterdijk, más contundente en su libro "¿Qué sucedió en el SXX?", define la "gran política" como el proceder (legitimado) del "buen crimen", señalando que sus apóstoles, desde Lenin, Stalin y Hitler hasta Mao, se encargaron de hipnotizar, primero, y de obnubilar, después, a las masas para crear "buenos criminales" (léase revolucionarios).
COMPRENDIENDO A HEIDEGGER
Heidegger fue el padre de la fenomenología hermenéutica, que supuso una "corrección" a la fenomenología de Husserl, la cual pretendía estudiar el fenómeno puro, "per se" y sin los condicionantes apriorísticos (conceptos y prejuicios) insertos en la conciencia del individuo.
Al enmendar a Husserl (el fenómeno nunca puede darse “puro” en la conciencia), Heidegger también se enmendó a sí mismo; es decir, si toda experiencia (modo de ser en la conciencia) estaba sometida a la influencia de pre-conceptos y pre-juicios, la fenomenología por fuer había de ser interpretación (hermenéutica). Así, también las posibles des-ocultaciones o revelaciones del ser en el claro del bosque serían las interpretaciones o cosmovisiones creadas por una determinada conciencia. Heidegger supo ver la verdad última que se escondía en toda ideología: cada conciencia "hace suya" una cosmovisión o interpretación del mundo no de acuerdo a una verdad científica demostrada, sino conforme a su pre-ser o pre-verdad vivenciada.
Tanto los sentidos revelados (religiones) como los sentidos construidos (ideologías) están sujetos, en última instancia, a las interpretaciones de cada conciencia. Y desde el momento en que reconocemos (como yo reconozco) que cualquier sentido, hallado o construido, supone una interpretación del mundo, entonces podemos “sospechar” que en el existir no hay más sentido que el de ser (seguir siendo perdurando en el tiempo). Serán los Mesías, apóstoles y profetas de turno quienes otorguen sentidos (descubran o construyan las esencias) de la Verdad que habrá de consumarse en la realidad. Así, tan mesiánicos serían el cristianismo como el marxismo y otros "ismos" (nacionalsocialismo o fascismo).
Del hecho de que haya tantos sentidos (es-sentias) como conciencias que interpretan la realidad, podríamos deducir la posibilidad de que, quizás, no haya sentido.
Sería como si dijésemos que hay múltiples verdades, ergo, tendríamos que admitir que no hay Verdad, entendida ésta como única, absoluta y universal.
Así pues, podríamos sostener que el problema del sentido es un problema "vivencial". Los individuos, en diferentes momentos históricos, experiencian o vivencian modos de ser reales en la conciencia (creando cosmovisiones interpretativas del mundo). Pero los modos de ser reales que se vivencian en la conciencia no son fenómenos puros, como ya hemos aceptado, sino fenómenos percibidos (desde y en el mundo) más los elementos de la propia conciencia (preconceptos y prejuicios sitos en nuestro YO). Así, cada cosmovisión será el reflejo de las voliciones, sentimientos y aspiraciones de una determinada conciencia (religiosa y/o ideológica).
Reconocida está dinámica o dialéctica de la conciencia, vemos que la verdad es lo que se vivencia y experiencia como modo de ser real, al margen de que este "ser" vivenciado pueda o no existir en el mundo.
Estamos abordando el complejo tema de la verdad del ser, es decir, la verdad entendida no como la correspondencia entre una proposición y un hecho, sino como verdad experienciada a la que atribuimos un sentido y significado (esencia). Sloterdijk, de nuevo tajante, afirmará al respecto:
"Realismo ya no significa la correspondencia humillante del intelecto con un orden de cosas fuera de nosotros (la verdad aristotélica); implica la activación de lo real en un sentido que aumenta las causas que produzcan determinados efectos".
Sloterdijk, como suele ser habitual en él, y para desesperación de marxistas habermasianos, da en la clave de lo que sucedió en el SXX y señala, indirectamente, cuál será la tónica de la psicopolítica en el presente SXXI: lo real ya no será lo que se dé en la realidad (valga la redundancia), sino que será "real" el pre-ser o volición, voluntad de ser y poder, que una conciencia, a través de la "gran política", logre consumar a través de la praxis hipnotizando al mayor número posible de creyentes.
"Realismo ya no significa la correspondencia humillante del intelecto con un orden de cosas fuera de nosotros (la verdad aristotélica); implica la activación de lo real en un sentido que aumenta las causas que produzcan determinados efectos".
Sloterdijk, como suele ser habitual en él, y para desesperación de marxistas habermasianos, da en la clave de lo que sucedió en el SXX y señala, indirectamente, cuál será la tónica de la psicopolítica en el presente SXXI: lo real ya no será lo que se dé en la realidad (valga la redundancia), sino que será "real" el pre-ser o volición, voluntad de ser y poder, que una conciencia, a través de la "gran política", logre consumar a través de la praxis hipnotizando al mayor número posible de creyentes.
DE LA HIPNOSIS A LA AUTOHIPNOSIS (el caso de España)
Lo que subyace en todo conflicto sociopolítico es el eterno enfrentamiento entre las libertades individuales y las libertades colectivas, entendiendo dicho conflicto como una dialéctica o lucha en la que se ve arrojado el hombre desde que nace. En esta dialéctica entre individuo vs sociedad se abrirán, limitarán o cerrarán las posibilidades a través de las cuales cada individuo pueda, o no, llegar a ser él mismo; es decir, a través de esta lucha se legitimarán las diferentes posibilidades de autorrealización personal. Cuantas más posibilidades permita una sociedad, más cerca estarán los individuos, y por ende el conjunto de la ciudadanía, de poder gozar de un alto grado de libertad.
Nadie debería censurar ni impedir que cada cual crea en lo que desee o necesite creer, siempre que no esté en su ánimo, por supuesto, imponer sus creencias a los demás (como sucede con las conciencias supremacistas islámicas y neocomunistas). Nadie debería prohibir, limitar o censurar lo que se manifieste (se sienta o experiencie) libremente en la conciencia individual de cada persona.
Sin embargo, en España, sin ir más lejos, hay gente que no puede expresar libremente sus ideas, menos aún defenderlas a través de manifestaciones y actos públicos; en España existe una conciencia reprimida que, paradójicamente, es la conciencia española; una razón de ser con trayectoria histórica real que no puede reivindicar "su verdad" porque otras "verdades", que en absoluto son reales, sí han conseguido hipnotizar a fieles creyentes en ideas o conceptos que son todavía modos de pre-ser.
Sin embargo, en España, sin ir más lejos, hay gente que no puede expresar libremente sus ideas, menos aún defenderlas a través de manifestaciones y actos públicos; en España existe una conciencia reprimida que, paradójicamente, es la conciencia española; una razón de ser con trayectoria histórica real que no puede reivindicar "su verdad" porque otras "verdades", que en absoluto son reales, sí han conseguido hipnotizar a fieles creyentes en ideas o conceptos que son todavía modos de pre-ser.
El psicogogo de turno hipnotiza con relativa facilidad al ciudadano "no ilustrado", tan solo haciéndole creer que es víctima de graves injusticias. No importará que tales agravios o injusticias no existan en el presente, pues, para ello, el astuto psicogogo se retrotraerá al pasado y escarbará en las tumbas para desenterrar odios y resentimientos pretéritos para, así, manifestarlos y actualizarlos en las conciencias presentes. Se activa de esta manera una "realidad" que solo pre-existe en la conciencia, pero, a través de la cual, se producirán efectos y cambios en el creyente. Y el creyente, una vez convertido en "buen criminal" (genial Sloterdijk) se erigirá en "noble revolucionario" dispuesto a dar un golpe procesista; dispuesto a partirle la cara a pedradas a un manifestante de VOX. Los "buenos criminales", seguidores de la cosmovisión de una "gran política", serán rebeldes que se enfrentarán a las fuerzas de seguridad del Estado por tal de consumar un referéndum ilegal y, llegado el momento, proclamar una inexistente república o reivindicar la realidad de una nación que nunca existió.
Pero el psicogogo (léase mesías o apóstol, demagogo con conocimientos psicológicos) no tendrá que hipnotizar a las conciencias ilustradas, y tampoco importará, porque éstas, ebrias de cínico sentimentalismo, optarán por la autohipnosis o autoengaño voluntario: ellos, se dirán y se repetirán hasta el hartazgo, son los únicos "buenos y justos". pues España les roba, España les coloniza, los españoles son bestias humanas...
CONCLUSIÓN (cuando la zorra guarda el gallinero)
España, como Occidente, no podrá salvarse de "los buenos criminales", de quienes vulneran la legalidad persiguiendo sus "justas reivindicaciones", porque estos son los herederos del marxismo exterminador; son los hermanos díscolos de la socialdemocracia habermasiana que, aunque censurará los modos de sus "hermanos descontrolados", seguirá compartiendo los postulados hipnóticos del "buen criminal" marxista.
Dice Sloterdijk, de nuevo en "¿Qué sucedió en el SXX?" (libro cuya lectura recomiendo fervientemente):
"El joven Marx, en una nota significativa sobre la esencia de la nueva crítica (de la Modernidad) escribió que esta no quiere rebatir su objeto, sino aniquilarlo. El exterminismo, que es inseparable del modus operandi de los radicalismos beligerantes del SXX, tiene su fuente en las ontologías de conflicto evolutivamente reorientadas, según las cuales la verdad de lo real ha de ponerse en vigor en modo efectivo contra lo todavía existente. Para que el reino de lo real llegue, ha de romperse la hegemonía de lo irreal (léase de las falsas conciencias).
Todo marxista sabe que "para que el reino de lo real llegue" ha de romperse la hegemonía de lo irreal, de lo que es tan solo "aparentemente real" en tanto que injusta y falsa conciencia. Y el reino de lo real solo llegará a través de la revolución exterminadora violenta (radicalismos de Islam y neocomunismo) o como pretende la socialdemocracia actual: llevando a cabo una lenta, progresiva e idealista revolución que permita la fragmentación de las naciones (véase Europa en general y Alemania en particular sobre el golpe en Cataluña) y convierta a Europa en una nueva realidad llamada Eurabia.
Por suerte para nosotros, Gustavo Bueno, como buen marxista, también entendió que para que el reino de lo real llegue (una España unida y libre) hay que combatir sin miramientos a las falsas conciencias que pretenden imponer "sus verdades" por las vías de los hechos consumados y a través de las políticas traidoras del socialismo español (el PSOE de Pedro Sánchez).
jueves, 4 de abril de 2019
LA CATALUÑA SIN LUCES
LA MUERTE DESDE LA VENTANA
Ya hace poco más de un año que perdí a un ser muy
querido (no quiero entrar en más detalles). Por primera vez sentí en carne viva
la fría y vacía realidad de la muerte. Hasta entonces yo solo había mirado a la
muerte de reojo, desde la ventana de mi cómoda existencia. Aunque ya había
perdido a otros seres queridos, abuelos, tíos, algún primo, e incluso a mi
padre a edad muy temprana, la muerte siempre fue benévola conmigo.
Curiosamente, todas las muertes que vivencié a través de la perdida de “los
otros” fueron rápidas, como jarros de agua fría que me echaban encima sin
avisar: infartos repentinos y fulminantes, muertes en el acto por accidente… Las amables muertes que conocí, mirando desde la ventana,
me golpeaban duro, me dejaban noqueado y me sumían en una melancólica tristeza
durante semanas o meses, pero me permitían rehacerme y seguir sumido en la
vacía cotidianidad de mi existencia.
Sin embargo, hace un año la muerte me enseñó, por
primera vez, su verdadero rostro, que no era otro sino el mío propio, el rostro
demacrado e indigente que habría de mostrar yo mismo en un futuro, ya no
demasiado lejano. Así, desde hace un año aproximadamente mi rutina cotidiana se
ha vuelto insoportable, y mucho me temo que yo también.
LA REALIDAD FUERA DE CASA
Salí de mi confortable morada del ser,
desde la que, hasta entonces, me permitía elucubrar vanidosamente sobre “el
bien y el mal”. Cerré la puerta de casa y me adentré en la aterradora oscuridad
donde se ocultaba la parca, en una pequeña habitación de un hospital del sistema sanitario público (Seguridad Social).Y fue en la más completa oscuridad de aquella pequeña habitación, paradójicamente, donde la muerte me mostró toda su pútrida desnudez con luminosa claridad. Nada, no había nada.
Por primera vez, la muerte me obligó a acompañar a un ser querido durante sus últimos días de vida. Fue una experiencia dolorosamente dura pero necesaria, ineludible, humana al cabo. Pero, sobre todo, fue una experiencia pedagógica y toda una lección de humildad.
Aquel ser que se enfrentaba a la muerte, un español entre
tantos, un hijo de la España profunda (una bestia con forma humana en el
parecer de algún capullo) todavía tuvo la lucidez, poco antes de morir, de regalarme
algunos retazos de sabiduría; de esa sabiduría popular que solo las buenas personas
poseen sin haber leído sesudos libros, sino simplemente viviendo y haciendo,
siendo honrados trabajadores y sacrificados padres de familia.
Hasta el último día de su existencia se preocupó aquella
alma bella por los suyos; hasta poco antes de agonizar encomendándose a Dios y
deseando reunirse con su hermano ya fallecido
(¡qué suerte poder morir con aquella paz!) tuvo tiempo de hacer gala de
su habitual sentido común:
- Mira, Herrgoldmundo, esa mujer está casi peor que yo – me contó
refiriéndose a su nueva compañera de habitación – pero el otro día les decía a sus
hijos que lamentaba mucho no poder estar con ellos en la manifestación (se
refería a una de las muchas convocadas por los procesistas).
- ¿Puedes creerlo, Herrgoldmundo? Se está muriendo y todavía
se preocupa por no poder estar en una manifestación. ¡Qué pocas luces!
¡Qué expresión más gloriosa, tan de pueblo, tan
nuestra y tan española! ¡Qué pocas luces!
Nos ha tocado vivir en una Cataluña sin luces, en una
Cataluña oscura y pútrida como la muerte. Y mientras, la vida, ajena a los deseos y
sueños esquizofrénicos de tanto tontiloco, sigue su curso, dura y exigente como
siempre, intentando esquivar a la de la guadaña como puede, ora retándole a una
partida de ajedrez ora escribiendo sinsorgadas en un patético blog.
DEP mi querido EDM
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