INTRODUCCIÓN
Todos los individuos desarrollamos una determinada
personalidad o forma de ser a partir de nuestra herencia biogenética y la suma
de la influencia de factores ambientales y culturales. Los estilos cognitivos
(maneras de enfrentar y aprehender la realidad) también estarán predeterminados
biogenéticamente y modulados por factores circunstanciales.
Uno de los estilos cognitivos más estudiados, para
determinar cómo nos relacionamos con el entorno y qué respuestas generamos en
el mismo, es el DIC (dependencia/independencia de campo).
DEPENDENCIA
E INDEPENDECIA DE CAMPO
Para no extenderme demasiado, he seleccionado algunas
de las características de cada polo del estilo cognitivo DIC, según Jonassen y
Grabowsky (1993):
Dependientes
de campo: son individuos gestálticos que aceptan la estructura
(lo que es); se orientan por los hechos y buscan soluciones pragmáticas
adaptándose a la realidad problemática. Son individuos flexibles e
improvisadores, disponen de habilidades sociales y son buenos comunicadores.
Independientes
de campo: son individuos analíticos que generan una estructura
propia (lo que debería ser); se centran en el estudio del concepto y filosofan
y/o teorizan por tal de hallar una solución ideal a una realidad problemática.
Son individuos rígidos que suelen destacar
un rasgo (considerado relevante) para explicar una realidad compleja; son
metódicos y científicos (o aspiran a serlo).
IMPLICACIONES
POLÍTICAS (resolución de conflictos)
La acción política tiene como misión operar en la
realidad por tal de resolver los conflictos de la polis y dar respuesta a los
problemas de los ciudadanos.
Y la praxis política, como la acción de cualquier
individuo inmerso en unas determinadas circunstancias, estará determinada por
el estilo cognitivo inherente a
dicha praxis, es decir, toda acción política se orientará hacia el contexto
(hechos de la realidad) o hacia el concepto (idea) según predomine un estilo
cognitivo dependiente o independiente de campo.
Una política pragmática (dependiente de campo) se
centrará en ir resolviendo problemas, improvisando y mostrándose flexible ante los
sucesivos conflictos que vayan surgiendo en una sociedad. Sin embargo, una
política idealista (independiente de campo) se obcecará en mantener unos
objetivos últimos rígidos e inamovibles.
LA
IZQUIERDA ILUSTRADA (independiente de campo)
Una crítica habitual de nuestras “izquierdas
ilustradas” al actual gobierno socialcomunista consiste en señalarle que carece
de proyecto político. Nuestra
izquierda ilustrada no entiende que se pueda gobernar sin definir, primero, un
objetivo último, que, en su docto parecer siempre ha de ser buscar la
transformación social que facilite alcanzar la justicia social. Por motivos
parecidos critican a VOX, a quienes tildan de populistas y demagogos por no
presentar un proyecto político sólido y racional.
¿Pero realmente no hay un proyecto político sólido en
el programa de VOX, o se trata, tan solo, de despreciar una propuesta alejada
del ideal marxista?
Nuestra izquierda ilustrada, en tanto que
independiente de campo, no solo peca de rigidez
idealista, sino también de arrogancia y soberbia.
Curiosamente, una de las características del
independiente de campo, señalada por Jonassen y Grabowsky, es la tendencia o
necesidad de destacar un rasgo relevante
por tal de explicar una realidad compleja.
Nuestra izquierda ilustrada ya hace mucho tiempo que
decidió creer ciegamente en un rasgo relevante de entre los muchos que podrían
extraerse de la compleja realidad histórica: la lucha de clases.
La trampa de Marx, al pervertir la dialéctica
hegeliana, convirtió a la lucha de clase en el “motor dialéctico” que explicaba
el devenir histórico, y convirtió al nacionalismo en el rasgo relevante negativo para explicar la falta de progreso y la
regresión de la razón a estadios de barbarie o de “precivilización”.
La izquierda ilustrada, como el independiente de
campo, no acepta la estructura (realidad) tal y como es, sino que filosofa y
teoriza por tal de determinar cómo debería ser. En este sentido, leí el otro
día un fragmento de Andrés Trapiello, muy querido por nuestras izquierdas
ilustradas, que decía lo siguiente:
“El sentido de la existencia consiste en transformar
el mundo”.
No pude evitar responder a tan prepotente y marxista
aseveración:
“Muy bien, pero seguro que Trapiello no cree que deba
ser una ideología liberal-conservadora la que deba llevar a cabo la transformación
del mundo”.
CONCLUSIÓN
Así son nuestras izquierdas ilustradas; así son los
independientes de campo que, en vez de orientarse por los hechos, se orientan
por los conceptos (ideas); así son quienes se obcecan en filosofar y teorizar
sobre lo que ellos consideran los rasgos más relevantes de una realidad holística
y compleja. Así son nuestros adorables bizantinos, siempre teorizando sobre el
sexo de los ángeles, o siempre discutiendo conceptualmente sobre si el peligro
que acecha es galgo o podenco, en vez de enfrentarlo operativamente, haciendo y
actuando, resolviendo.
Por eso la partida política la está ganando el
gobierno socialcomunista (dependiente de campo), buen comunicador, flexible y,
sobre todo, improvisador. Y por eso solo VOX ha entendido de qué va el juego y
cómo hay que jugar; aceptando las nuevas reglas, es decir, adaptándose y
asumiendo la nueva realidad, y no soñando con “realidades ideales” (léase
mundos Yupi).