Mostrando entradas con la etiqueta Autoengaño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Autoengaño. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de julio de 2023

EURABIA O CRISTIANISMO HEGELIANO (salvar a Occidente) PARTE I

INTRODUCCIÓN

Unamuno creyó que la única manera de salvar al cristianismo pasaba, inevitablemente, por salvar a Occidente de su decadencia moral. Así nos lo explicó Don Miguel en su obra "La agonía del cristianismo". El insigne filósofo pensaba que Occidente agonizaba porque también agonizaba el cristianismo, y viceversa. La agonía de Occidente y la del cristianismo eran una misma agonía provocada por la perdida de valores tradicionales y, sobre todo, debida a la perdida de fe espiritual.

Sin embargo, Unamuno no realizó ninguna propuesta fundamentada filosóficamente para salvar al occidente cristiano. No pudo hacerla, porque su preocupación, como él mismo insistía en señalar, era espiritual y, por tanto, individual. Para Unamuno la agonía del auténtico cristiano era una cuestión íntima y muy personal, un asunto entre su alma y Dios. Por eso Unamuno se mostró muy beligerante con lo que denominó cristianismo social, un cristianismo politizado que aspiraba no tanto a salvar almas como a generar transformaciones sociales.

Ortega y Gasset sí propuso la unificación de Europa, en la forma de un novedoso proyecto supranacional confederado, que pudiera salvaguardarla de posibles amenazas externas.

Pero ni Unamuno ni Ortega, entonces, pensaron que el Islam pudiera ser una importante amenaza para Occidente, porque a principios del SXX, y cuando Ortega publicó "La rebelión de las masas" en 1930, sólo el comunismo y la China maoísta se consideraban potenciales enemigos de la civilización occidental. No obstante, Ortega sí que apuntó, en la ya mencionada "Rebelión de las masas", que el gran magma islámico podría devenir una amenaza futura:

"La probabilidad de un Estado europeo se impone necesariamente, La ocasión que lo impulse puede ser cualquiera: por ejemplo, la coleta de un chino que asome por los Urales,  o bien una sacudida del gran magma islámico".

Ya en 1930 Ortega apostaba por una Europa fuerte y unida que pudiera hacer frente a futuras amenazas (chinas o islámicas) susceptibles de provocar posibles choques entre civilizaciones.

Yo había pensado titular esta reflexión "Occidente frente al Islam", pero los recientes acontecimientos ocurridos en Francia, país inmerso literalmente en una guerra civil entre franceses autóctonos y masas de inmigrantes musulmanes, me han hecho ver que el occidente allende los mares, integrado sobre todo por países como EEUU, Australia o Nueva Zelanda, todavía se encuentra lejos y a salvo de las sacudidas del gran magma islámico.

Sin embargo, la vieja y decadente Europa sí está dramáticamente enfrentada al Islam, hasta el punto de haberse convertido, de hecho, en Eurabia, tal y como anunció que sucedería la pensadora Oriana Fallaci.

La escritora Oriana Fallaci (1929-2006) acusó al Islam de ser el enemigo que se había instalado en Europa, en nuestras casas y sin querer dialogar (cita literal). Acusó al Islam de no querer integrarse en la sociedades occidentales, pero también acusó a la izquierda europea de ser antioccidental, entre otros motivos, por permitir y alentar la inmigración ilegal musulmana.

Curiosamente, Fallaci, que desde muy joven había sido profundamente anticlerical, sintió una gran admiración por el Papa Benedicto XVI, y ya en su madurez se definió como una atea-cristiana. Más adelante recuperaré está peculiar autodefinición para relacionarla con la de ateo-religioso de Slavoj Zizek y la de ateo-católico de Gustavo Bueno.

Quizá fue Spengler, autor de "La decadencia de Occidente" (publicada en dos volúmenes en 1918 y 1922) el primero en refererirse a la desaparición de la civilización occidental. Enríquez de Aguilar escribió lo siguiente en las páginas de El Español Digital (2021) a colación de la profética obra de Spengler:

"De acuerdo con su teoría, Spengler anunciaba ya en 1922 la decadencia de Occidente, cuya etapa final consideró que coincidiría con el inicio del S XXI.

Hoy, la lectura de "La decadencia de Occidente" nos parece esencial, porque parece que nos toca vivir esa etapa de decadencia, de absoluta degeneración, previa a su final; lo que venga después no sabemos qué será, pero no será lo mismo."

¿Qué ha sucedido en Europa durante las últimas décadas para que, a pesar de las advertencias de pensadores como Spengler, Ortega, Oriana Fallaci..., el Islam haya podido dar forma a Eurabia, delante de nuestras narices y sin que nadie le chistara?

Han sucedido muchas cosas, sin duda, pero una de las más relevantes ya fue señalada por Oriana Fallaci: la izquierda europea, profundamente antioccidental, ha favorecido la implantación de irresponsables políticas de inmigración (políticas de puertas abiertas) que han facilitado la desintegración de la razón de ser occidental de la vieja Europa.


LA IZQUIERDA EUROPEA ANTIOCCIDENTAL

La civilización europea comenzó a constituirse a partir del primer proyecto humanista universal llevado a cabo por Roma (Heidegger en "Cartas sobre el humanismo") y más tarde por el cristianismo, también un proyecto humanista universal.

Como bien señaló Unamuno en "La agonía del cristianismo", el destino de la civilización occidental estuvo, desde el principio, ligado a la razón de ser cristiana. Pero el carácter cristiano de occidente comenzó a debilitarse y/o diluirse a partir del SXVIII, con el triunfo de las ideas ilustradas y la Revolución Francesa (1789). La razón y la ciencia moderna acabaron por desterrar la "espiritualidad cristiana" a un rincón olvidado de la historia, ya que la fe espiritual fue despreciada al ser considerada una creencia suprasensible, esencialista o metafísica.

Todas las izquierdas a lo largo de la historia, desde la primera izquierda definida jacobina hasta la maoísta, se autoproclamaron racionalistas y/o materialistas, es decir, se definieron como ideologías carentes de fundamentos religiosos y metafísicos.

Esta primigenia obsesión de las izquierdas por desprenderse de esencialismos sigue muy viva en los actuales dirigentes europeos. De hecho, la Europa globalista de hoy, que sueña con implantar la Agenda 2030, se autoproclama racional y constitucionalista y, por supuesto, laica.

La Europa habermasiana (socialdemócrata) desprecia profundadamente tanto al cristianismo como a las identidades nacionales, por considerarlas ebrias de esencialismos metafísicos, y por eso apuesta por las entidades políticas (democracia deliberativa, leyes constitucionales, diálogo comunicativo...) para articular una Europa supranacional que pueda despojar de soberanía nacional a los países que la integran.

Sin embargo, las políticas que lleva a cabo la Unión Europea pecan de no pocas incongruencias que dejan al desnudo su cínico e hipócrita doble rasero moral. Resulta curioso, cuanto menos, que en Europa siga despreciándose abiertamente la religión cristiana, al tiempo que se condesciende y se articulan políticas harto permisivas con la religión islámica. La intelligentzia europea (socialdemócrata, insisto) coacciona y penaliza a los países miembros de la UE que defienden sus respectivas soberanías nacionales, ya sea porque no permiten la entrada de inmigrantes musulmanes, caso de Polonia, o por negarse a suscribir determinados postulados de la globalista Agenda 2030.

En España, por ejemplo, las izquierdas siguen en su empeño de desterrar la religión católica de la enseñanza pública, mientras alientan y permiten que se den clases del Corán en las escuelas. Otro tanto sucede con la lengua común española, que en Cataluña, sin ir mas lejos, se persigue y es ninguneada, mientras en muchos colegios catalanes se comienzan a dar clases de lengua árabe.

La UE, que se vanagloria de despreciar cualquier esencialismo metafísico y/o religioso, ha devenido un fallido proyecto supranacional que no duda en subyugar a sus ciudadanos llevándolos a la ruina económica y social, por mor de satisfacer sus idealistas aspiraciones; ensoñaciones teleológicas ebrias de diversos esencialismos metafísicos que están presentes en los nuevos metadiscursos ecologistas y de género.

Si nos fijamos, la Europa habermasiada, no olvidemos que una Europa de izquierdas, dice despreciar las identidades nacionales y la religión cristiana por considerarlas impregnadas de fundamentaciones metafísicas, pero esta misma Europa socialdemócrata y constitucionalista se muestra harto permisiva con el Islam, una religión que, en el parecer del filósofo Peter Sloterdijk, todavía no ha limado suficientemente su celo dogmático.

¿Por qué las izquierdas europeas desprecian la religión cristiana pero, al tiempo, condescienden con la religión islámica?

La respuesta la dio Oriana Fallaci cuando señaló que la izquierda europea era/es profundamente antioccidental. Porque ser antioccidental implica, necesariamente, ser anticristiano y enemigo de las naciones soberanas.

Cuando Oriana Fallaci comprendió que la desintegración de Europa llegaría de la mano del Islam, y que éste era el medio a través del cual las izquierdas europeas pretendían dinamitar los dos pilares de la civilización occidental: nacionalismo y cristianismo, decidió que no tenía por qué estar reñido ser atea y cristiana; es más, Fallaci comprendió que soló una conciencia o razón de ser cristiana podría hacer frente a su conciencia antagónica islámica.

Oriana Fallaci, al proclamarse atea-cristiana,  fue la primera pensadora en deshacer la tramposa ilusión de alternativas de la que se servían las izquierdas para imponer su laicismo. El nudo gordiano que nos legó el perverso marxismo no podía desatarse utilizando la lógica y la razón, porque la lógica racional exigía justificaciones coherentes que no permitían incongruencias como, por ejemplo, la de ser ateo y, al tiempo, cristiano.

Oriana Fallaci, militante de izquierdas y anticlerical durante toda su rebelde juventud, decidió defender a Occidente de la amenaza del Islam. Y lo hizo cortando de un certero y valiente tajo la trampa que durante décadas construyó el marxismo para generar sentimientos de culpa y complejos en los escrupulosos liberales. Por supuesto que podemos ser ateos y cristianos, porque el ateo no cree en entes suprasensibles (dioses) pero puede creer perfectamente en una razón de ser o cosmovisión cristiana que dé sentido a su existencia. 

Se trataba, sencillamente, de anteponer el metarrelato cristiano al marxista, por una mera cuestión de supervivencia, por imperativo vital y existencial. Se trataba de articular una nueva propuesta liberal-conservadora que no sólo se preocupara por las necesidades materiales de la nación, sino también por las espirituales.

METARRELATOS

Decía que hoy, más que nunca, es necesario recuperar una liturgia espiritual, occidental y cristiana, que pueda salvar a Europa del gran magma islámico, porque sólo la fuerza espiritual (ojo, no necesariamente religiosa) nos permitirá sortear las tramposas ilusiones de alternativas con las que las izquierdas antioccidentales anulan la vitalidad y la voluntad de ser de las naciones europeas.

Es falso, como insisten en señalar las mentes más racionales, que el dato mata al relato. Por supuesto, para una mente racional y lógica, los datos, es decir, los hechos objetivos, deberían anteponerse a los relatos fantasiosos y subjetivos. Pero en tiempos posmodernos, donde impera la razón cínica, profundamente emocional y sentimental, solo un relato bien construido y fundamentado podrá vencer a su antagonista.

El metarrelato marxista castró y secuestró al tradicional liberalismo occidental convirtiéndolo en un permisivo liberalismo social, haciéndole caer en al trampa de una falsa ilusión de alternativas: si era conservador, entonces también era fascista. De esta manera, el liberalismo se enfrentó a una aporía que conducía a un callejón sin salida: si los liberales defendían a sus respectivas naciones, mostrándose dispuestos a salvaguardar la razón de ser de las mismas y su legado histórico-cultural, entonces eran tildados de fascistas. Pero si el liberalismo condescendía y permitía que sus sociedades coexistieran con conciencias antagónicas y contrarias a los valores de la civilización occidental, entonces el liberalismo claudicaba y se entregaba sumiso a una lenta y progresiva invasión, ya fuere comunista o islámica.

Cuando el liberalismo primigenio, republicano y nacional, mutó en liberalismo social, quedó rendido al metarrelato marxista. El liberalismo, lleno de complejos y carente de fuerza espiritual, se autoinmoló, renegando de sí mismo para no parecer un bárbaro irracional o un vulgar fascista. 

Así, el liberalismo social, convertido en liberalismo permisivo (Zizek), no tuvo más remedio que condescender y permitir que el comunismo y el Islam camparan alegremente por Europa, porque prohibir o ponerle límites al multiculturalismo o pluralidad de conciencias hubiese sido propio de fachas.


DEL AUTOENGAÑO A LA AUTOHIPNOSIS CÍNICA

Pensaba Unamuno, y con él supongo que la generalidad de los viejos liberales, que recurrir a autoengaños era deshonesto e inmoral.

Unamuno no pudo aceptar autoengaños cínicos que le permitieran creer en Dios cuando, en realidad, él era agónicamente consciente de haber perdido la fe (ver "La agonía del cristianismo"). Y es que Unamuno, como el resto de liberales de la vieja escuela, se obligó, ante la duda y la falta de fe, a ser permisivo y tolerante aceptando la pluralidad de conciencias en el claro del bosque.

Por eso Unamuno se mostró contradictorio en los albores de 1936, primero apoyando el Alzamiento Nacional para salvar a la España cristiana y occidental, pero más tarde arrepintiéndose, para, así, alejarse de la vehemencia de los bárbaros nacionalcatólicos y volver al redil de los buenos y talanteros liberales.

No, Unamuno no pudo traicionar a la diosa razón, pero la posmodernidad sí descubrió cómo burlar la razón, la lógica y el sentido común, a través de una serie de autoengaños cínicos que le permitirían legitimar e imponer nuevos microrrelatos o verdades sentidas.

Para Unamuno ser cristiano consistía en mantener viva la fe espiritual, pero de verdad, reconociéndose uno mismo como un verdadero creyente. Por este motivo, Unamuno, tanto en "Del sentimiento trágico de la vida" como en "La agonía del cristianismo", criticó duramente la apuesta de Pascal, considerándola un razonamiento utilitarista o pragmático que nada tenía que ver con la verdadera fe.

Vino a decir Pascal que "creer en Dios" era una apuesta segura, pues si Dios no existía nada se habría perdio por haber creído en él. Pero si Dios existiese, creer en él salvaría nuestras almas.

Unamuno, por supuesto, no creía que la falsa impostura de Pascal pudiera salvar el alma de quienes se autoengañaban pensando que la verdadera fe espiritual podía sustituirse por una artera y utilitarista apuesta. 

También el psicólogo William James recurrió a un autoengaño más sofisticado para poder creer en Dios ante la falta de auténtica fe.

Argumentó James que era posible llegar a creer en Dios si nos obligábamos a ello, apelando a una voluntad de creer que, a fuer de ser deseada, nos autoconvenciese de su existencia. Por supuesto, Unamuno tampoco aceptó este ardid psicológico, refinado autoengaño, por considerar que la verdadera fe espiritual nacía espontáneamente en y desde el individuo, y no como consecuencia de construir una creencia cognitiva fundamentada en los deseos y voliciones del sujeto.

Sin embargo, en mi humilde opinión, debemos reconocerle a William James haber sido el primero en descubrir los principios de la estrategia psicológica que Peter Sloterdijk denominaría autohipnosis cínica, al cabo un autoengaño psicológico consistente en construir y legitimar creencias en función de los intereses de los metarrelatos o metadiscursos de la ideología de turno.

LA REINVENCIÓN DE LA METAFÍSICA EN LA POSMODERNIDAD

Decía Ortega que "la vida es drama y exigencia programática, por lo que toda acción vital es acción posible que provoca titubeos metafísicos".

Ortega nos habló de titubeos metafísicos, porque entendió que si la vida era constante pre-ocupación (ocuparse con antelacion) por cuestiones futuras, era obvio que ese anticiparse a lo que todavía no era, se manifestaba y actualizaba en la conciencia del sujeto como un pre-ser o idea hegeliana que aspiraba a consumarse como futuro-ser-en-el mundo.

La metafísica hegeliana, por tanto, ha estado presente en todos los metarrelatos que pretendieron dar sentido a la marcha de la historia o ansíaban la consecución de un fin último absoluto. Pero en el parecer de Lyotard, los grandes metarrelatos (cristianismo, ilustración, marxismo y capitalismo) ya habían sido superados por la posmodernidad, es decir, ya no seducían ni concienciaban a las masas. Por esta razón, Lyotard, hijo de la posmodernidad y del marxismo cultural, abogó por la defensa e implantación de microrrelatos resultantes de la pluralidad cultural y la diversidad de conciencias. Se comenzó a legitimar, así, el multiculturalismo que actualmente imponen las élites globalistas en la decadente Europa.

La cultura posmoderna, heredera de la Escuela de Frankfurt, y como bien observó Peter Sloterdijk en su "Crítica de la razón cínica", recelaba de cualquier conciencia prepotente que se erigiese en autoridad indiscutible. Ya no tenían vigencia los grandes metadiscursos de otrora, pues ninguno de ellos había conducido realmente a la liberación y emancipacion de los individuos. Por ello Theodor Adorno, desconfiando de los metarrelatos tradicionales, que consideraba prepotencias señoriales autoritarias, defendió la articulación de un nuevo pensamiento sensible, emocional y sentimental, que respetara, como ya indicara Lyotard, la diversidad y pluralidad de conciencias.

Ciertamente, el recelo y desconfianza en los grandes metarrelatos ocasionó que las sociedades occidentales se tornaran incrédulas (Lyotard). Pero esa primera incredulidad, en el parecer de Sloterdijk, dio paso a la configuración de un nuevo modo de ser occidental, fundamentado en lo que el filósofo alemán llamó razón cínica.

Los nuevos microrrelatos, en realidad nuevas conciencias posmodernas, se desprendieron de cualquier atisbo de fundamentación racional y lógica, apelando a sus respectivos derecho-a-ser en base a justificaciones sentimentales y/o victimistas. Dichos microrrelatos se sirvieron de una nueva razón cínica donde el sofisma, el engaño, la manipulación y tergiversación de la verdad, en el parecer de Sloterdijk, se convirtieron en los argumentos por excelencia.

Según Sloterdijk, estas nuevas conciencias (microrrelatos) se legitiman gracias a una estrategia psicológica que él denomina autohipnosis cínica, un autoengaño, como ya hemos visto, que es heredero de la voluntad de creer de William James.

A través de la autohipnosis cínica los indidividuos salvan las disonancias cognitivas (disincronías entre la realidad y los deseos del yo), obligándose a creer en aquello que mejor sirve a sus intereses emocionales y sentimentales.

Esta nueva razón cínica posmoderna salva a la izquierda, permitiéndole superar el trasnochado materialismo dialéctico marxista, reinventándose éste en la forma de un nuevo marxismo cultural.

Este nuevo marxismo cultural ha adelantado al liberalismo social por la izquierda, erigiéndose en una propuesta todavía más tolerante y permisiva ante la pluralidad de conciencias, hasta el punto de imponer, legislación institucional mediante, lo que yo llamo una multiplicidad de verdades sentidas.

LA IMPOSICIÓN DE LAS VERDADES SENTIDAS

No, no me he desviado del tema de esta refexión: "Eurabia". No lo he hecho, porque, como intentaré demostrar a continuación, si el Islam está consiguiendo configurar una nueva realidad histórica llamada Eurabia, ha sido, principalmente, porque la actual Europa socialdemócrata es profundamente antioccidental, es decir, es una convencida antinacionalista y anticristiana.

La verdad, la cruda verdad, es que el marxismo no ha fracasado en su empeño de articular su soñado proyecto internacionalista.

El marxismo ha sabido mutar, o metamorfosear, como señaló López Laso, reinventándose y adaptándose al sentir de la posmodernidad; ha sabido utilizar el multiculturalismo y la pluralidad de conciencias en su propio beneficio, para, así, ensayar un nuevo proyecto internacionalista, ahora globalista, que sigue los postulados hegelianos para conducir a la humanidad a un último fin absoluto o final de la historia.

Hoy, un hombre cualquiera, con un par de cojones de toro, puede autodefinirse como una mujer, y toda la sociedad, en su conjunto, deberá aceptar su verdad sentida, ¿por qué no aceptar la verdad sentida del Islam?

Toda verdad sentida es una verdad subjetiva que experimenta el sujeto en su conciencia (Hegel), a pesar de que dicha verdad o modo de pre-ser no pudiera tener su correspondencia con la realidad. Ya no importa la verdad aristotélica sujeta a la lógica racional, pues si lo que sentimos no se corresponde con la realidad, pues tanto peor para la realidad.

Un hombre que se autoperciba como mujer se podrá autoengañar, autohipnosis cínica mediante, diciéndose a sí mismo que la verdad es lo que él desea fervientemente que sea verdad, y no lo que dicte la realidad, la ciencia o la biología. De esta manera, la propuesta psicológica de Willian James ha encontrado, a pesar de las reticencias de Unamuno en el pasado, un tardío reconocimiento posmoderno.

Ahora resulta más fácil que nunca burlar las disonancias cognitivas, las discrepancias entre los deseos del yo y la realidad. Por eso, también triunfa la verdad sentida de los nacionalismo fraccionarios, porque no importa, por ejemplo, que Cataluña nunca haya sido históricamente ni un reino ni una nación. Basta con que la conciencia colectiva o espíritu hegeliano de todo un pueblo crea que Cataluña es una nación.

Las izquierdas antioccidentales nos dicen que las violaciones y abusos sexuales que muchos musulmanes cometen en Europa no son fruto de la maldad, sino de sus creencias culturales, es decir, son fruto de sus verdades sentidas; porque muchos de estos delincuentes creen, realmente, que la mujer es un ser inferior que debe someterse al varón.

¿Cómo hacer frente a esta multitud de verdades sentidas que están destrozando  la civilización occidental?

VOLVER A HEGEL

Mi tesis es osada, lo sé, pero se fundamenta en la necesidad, imperativo vital y existencial, de crear un nuevo cristianismo hegeliano que pueda salvar a Occidente del gran magma islámico. 

En la segunda parte de esta reflexión relacionaré "la fenomenología del espirítu" de Hegel con las tesis de Judith Butler (la performatividad del genéro) y las del comunista Zizek, ateo-religioso, confrontándolas con la propuesta de la razón histórica cristiana de Gustavo Bueno, que también postuló un nuevo modo de ser ateo-católico





viernes, 8 de mayo de 2020

DISONANCIA COGNITIVA Y L A APUESTA DE PASCAL (golpe en Cataluña)



INTRODUCCIÓN

Hace poco más de un año, leí que algunos integrantes del gremio de la psicología explicaban a los medios, y también a la ciudadanía necesitada de engaños, que los secesionistas catalanes padecían un claro trastorno de disonancia cognitiva. Dicho trastorno explicaría la sintomatología delirante y la evidente desconexión entre realidad-ficción que caracterizan al fanático de la Terra (catalanes independentistas).

El ciudadano medio, pero también muchos analistas e intelectuales, se congratularon, entusiasmados, de que algunos estudiosos de la mente humana hubiesen dado con el diagnóstico del mal que aquejaba al tontiloquismo provinciano.

¿De verdad? ¿Realmente creen haber dejado al desnudo los mecanismos psicológicos que subyacen en el autoengaño cínico? Yo creo que no.

PERSPECTIVA ONTOLÓGICO-FILOSÓFICA

¿Qué es la disonancia cognitiva? Podríamos decir, siguiendo a Ortega, que es la discrepancia entre el yo y las circunstancias; la no coincidencia entre el sujeto y su mundo; es la natural e inevitable diferencia entre lo que queremos o creemos ser y lo que realmente somos.
La disonancia cognitiva, pero, no es una particularidad (patología) exclusiva de determinados individuos o grupos humanos, sino que es un universal que afecta al conjunto de la humanidad; es el choque entre ser y pre-ser que se da en la conciencia de manera constante y dinámica.

La disonancia cognitiva es ontológica y constitutiva del ser humano; es la enfermedad a la que se refiriera Unamuno en su “Del sentimiento trágico de la vida”; esa enfermedad del alma, terrible, que nos insta a creernos dioses, cuando, en realidad, somos tan solo seres indigentes cuyo único destino fatal es ser para la muerte.

Los primeros síntomas o padecimiento de disonancia cognitiva surgen a edad temprana en todos nosotros, cuando nuestra inteligencia comienza a desarrollarse y entramos en contacto con el apasionante mundo a través de la operatividad abstracta (Piaget). No tardamos en pensar en la muerte, en lo absurdo que es la existencia, y nos decimos a nosotros mismos que, por fuer, debe haber algún sentido último, una razón o un porqué que justifique nuestras vidas. La realidad nos dice que no, que solo hay muerte, pero nuestro orgulloso y altivo Yo, nuestro yo absoluto-relativo, que diría Zubiri, se niega aceptar el sinsentido del ser.

Tras la irrupción en nuestras vidas de esta dolorosa disonancia cognitiva ontológica, que bien podría interpretarse como una caída en términos heideggerianos, nuestra inteligencia se ve impelida a trabajar y buscar (razonar, crear e idear...) para salvar al Yo de la angustia vital; para mitigar su dolor y frenar pulsiones suicidas. Ya dijo Albert Camus que la finalidad de la filosofía consistía, en última instancia, en huir del suicidio (parafraseo).

Será entonces, ante la aparición del dolor de una época, cuando las conciencia colectivas salvadoras, religiosas, ideológicas, místicas o criptobudistas, aprovecharán para proponer sus respectivas curas a las atormentadas conciencias individuales

LA CURA DE PASCAL (solo para cínicos)

Todas las propuestas religiosas e ideológicas surgen, en primer lugar, como curas del alma; como promesas de esperanza y salvación. Si el individuo tiene fe en la causa de una cosmovisión redentora, cualquiera, entonces se salvará, pero deberá, primero, sacrificarse por dicha causa.
El primer sacrificio que toda causa demanda a un individuo es que, para hacerla suya, debe creer en sus dogmas. Si el individuo es un ingenuo, un "alma bella", creerá ciegamente y se convertirá en un fiel devoto. Pero,  ¿y si el individuo es una persona inteligente que ha visto las ventajas de creer en una causa, aunque sospecha o, peor aún, es consciente de la falsedad de la misma?

En no pocas ocasiones, los individuos se ven inmersos en dilemas existenciales, la mayoría de las veces dilemas ético-morales. El dilema surge siempre cuando el sujeto es consciente de la discrepancia entre realidad y deseo.
Pongamos por ejemplo, para el tema que nos ocupa, el caso del independentismo catalán.

La realidad le muestra a un tontiloco, nítidamente y razón mediante, que Cataluña es España.
El deseo, pero, le insta a creer, a través de sentimentalismos emocionales, que Cataluña no es España.

Efectivamente, lo que se plantea en la conciencia del sujeto es un dilema, una discrepancia entre deseo y realidad, pero esta disonancia cognitiva es común, como señalé en mi introducción, a la generalidad de los seres humanos. Podremos, perfectamente, desear ser millonarios, pero la realidad nos mostrará, terca y obstinadamente, que somos pobres. Francisco, mi vecino, desea ser Napoleón, pero tan solo es Paco, el hijo de la Justina.
¿En qué momento podremos hablar de disonancia cognitiva como patología? Pues sólo cuando el individuo, en vez de afrontar dicha discrepancia como un componente constitutivo de sí mismo (todos somos eternos soñadores) dé un paso más y rompa todo vínculo con la realidad. Esta ruptura o paso definitivo para negar la realidad lo dará el loco, pero no el cínico.

De hecho, el tontiloco provinciano es un cínico, pero no un loco. Fue Unamuno, sagazmente, quien añadió el adjetivo de tonto al de loco, formando un neologismo (tontiloco) que debería ser utilizado con más frecuencia, no como insulto, sino como acertada descripción de un modo de ser; una forma de ser deshonesta y tramposa.
El tontiloco no es un auténtico creyente, ergo tampoco padece una auténtica disonancia cognitiva; tan solo hace suya la apuesta de Pascal, demostrando que de tonto no tiene ni un pelo.

La apuesta de Pascal constituye, en sí misma, lo que podríamos considerar un autoengaño consciente, ya denunciado por Unamuno en su "Del sentimiento trágico de la vida". Decía Pascal que lo más conveniente, ventajoso y práctico (todo puro utilitarismo) era creer en Dios. Creer en Dios se convertía, según los argumentos de Pascal, en una apuesta segura. Si Dios existía realmente, habríamos hecho bien en creer, pero si resultaba que Dios no existía, tampoco habríamos perdido nada por haber creído. Es decir, con la apuesta en la fe, léase el deseo de creer, el individuo ganaba siempre.

Pero, como bien supo ver Unamuno, la fe que propugnaba Pascal era una fe impostada; era, en realidad, un autoengaño consciente, no una fe auténtica. Sloterdijk, más recientemente, se ha referido a dicha trampa, urdida por la conciencia creyente, como el producto de una autohipnosis consciente.

CONCLUSIÓN

El tontiloco catalán, es en realidad un cínicoloco, pues no padece disonancia cognitiva, menos aún delirios de fantasía, como sostuvo el juez Marchena para disculpar el proceder del golpe secesionista. Un cínicoloco es, en realidad, más cínico que loco; es un astuto pragmático que ha aprendido mucho de Pascal. El cínicoloco ha aprendido que le resulta ventajoso apostar en la creencia de la nación catalana. De hecho, si el secesionista lleva hasta las últimas consecuencias su ruptura con la realidad y vence, todo habrá valido la pena, pero si fracasa tampoco pasará nada, porque siempre habrá un Marchena o un socialcomunista a mano para disfrazar de locura o patología lo que no es sino pragmático cinismo.


jueves, 10 de mayo de 2018

Política y psicología (autoinmolación o salvación))

Introducción
 
Podría decirse que la política actual, en las civilizadas sociedades occidentales, sigue mostrando el viejo antagonismo entre las corrientes ideológicas más "humanistas" y las más materialistas y/o vitalistas. En realidad, si consideramos las diferentes formas de entender y hacer política, desde una perspectiva más psicológica, y siguiendo las tesis de Erich Fromm en "El miedo a la libertad", también podríamos decir , básicamente, que la ideología política sería el fiel reflejo de dos estereotipos psicológicos: el pesimista vs el optimista. Ambos perfiles pre-condicionarían a los individuos a la hora de confiar sus destinos a unas concretas praxis políticas (maneras de operar en la realidad y resolver conflictos), ya fuere desde concepciones más negativas o más positivas de la libertad.
Según Fromm, Heidegger sería el filósofo "pesimista" por excelencia, pues si el hombre (Dasein) fuese tan solo un "ser-para-la muerte", entonces no habría posibilidad de "salvación" (ver "Sin salvación, tras las huellas de Heidegger", de Sloterdijk). Fromm, como buen psicólogo, intentará convencernos de lo contrario, es decir, de que frente a la asunción de una libertad negativa (Heidegger) será posible defender una libertad positiva llena de posibilidades, que pueda ayudar a los individuos a autorrealizarse y lograr una vida plena con sentido.
Así, la Escuela de Frankfurt, con ilustres pensadores como el citado Fromm, Adorno, Horkheimer y Habermas, se erigirá en defensora de los postulados de la libertad positiva; enarbolando como bandera la defensa de un humanismo ilustrado y optimista, que no dudará en posicionarse junto a ideologías políticas socialdemócratas. Dichas políticas apostarán por resolver los conflictos a través de la comunicación; "tendiendo puentes" y defendiendo la necesidad de articular políticas integradoras y multiculturales.
De hecho, Habermas, gurú de la socialdemocracia europea, dirá: "se hace necesario pensar a Heidegger contra Heidegger". Sí, Habermas reconocerá la incómoda verdad señalada por Heidegger: "en el mismo seno del humanismo anida el germen de su propia autodestrucción". Adorno y Horkheimer en su "Dialéctica de la ilustración" también reconocerán esta grave verdad heideggeriana, y asumirán que el humanismo excesivamente ingenuo, "cándido humanismo" en palabras de Heidegger, corre el riesgo real de consumar su propia autoinmolación por mor de seguir creyendo en una apriorística bondad presente en todos los colectivos y sociedades humanas.
 
CINISMO PRESENTE EN EL CÁNDIDO HUMANISMO SOCIALDEMÓCRATA
 
Decía Sloterdijk, en su magnífica "Crítica de la razón cínica", que siempre hay algo "sospechoso" en todo pensamiento sensible que arremete, por norma, contra todo poder o autoridad establecidos. El sagaz pensador alemán, en mi opinión más psicólogo que filósofo, ha sabido ver, como antes hicieran Adorno y Horkheimer, que la tendencia natural en las conciencias colectivas que desprecian a las prepotencias señoriales de "su época", es la de mutar, más temprano que tarde, en nuevas conciencias cínicas y señoriales.Tal es la mutación que está teniendo lugar en el feminismo primigenio, otrora igualitario y liberal que, a pasos agigantados, está deviniendo una nueva conciencia dogmática, prepotente y señorial.
Pero si "miedo" dan las nuevas conciencias colectivas que, con exceso de celo dogmático, se autoproclaman ser las únicas "buenas y justas", más miedo deberían darnos los últimos caballeros andantes, irredentos idealistas, que todavía se "autoengañan" creyendo posible que el humanismo ilustrado tradicional pueda "salvarnos" del incierto futuro que se nos viene encima.
Me estoy refiriendo al abuelo, todavía vivo, del cándido humanismo europeo: Jürgen Habermas, y a uno de sus discípulos más aventajados: el francés François Jullien.
Resulta harto significativo que sean un alemán y un francés los respectivos padres de dos "ingenuas" propuestas humanistas: "el patriotismo constitucional" y "l´écart". Zapatero y su tontá de la "Alianza de Civilizaciones, boutade típica de nuestras izquierdas indefinidas españolas, no aparecerán más en esta breve reflexión que solo desenmascarará a cínicos de peso, y no a payasos de feria.
Al César lo que es del César. Fue Mikel Arteta (Doctor en filosofía), a través de un lúcido artículo, quien desenmascaró el cinismo que se escondía en la propuesta multicultural del francés Jullien; un cínico que, tras abogar por la construcción de puentes, y relativizar la importancia de las identidades culturales, no dudó en "alertarnos" de que, pese a todo, Europa debería prepararse para lo peor en caso de que fracasara su aperturista y buenista "écart". Es decir, vino a decirnos que sí, que en defensa de los valores propios de una libertad positiva y humanista, debíamos abrir las puertas a ingentes masas de inmigrantes; que debíamos respetar sus tradiciones y sus culturas, pero, pero, pero... (¡ay este tramposo "pero!) si las masas de inmigrantes no acababan de integrarse y, peor aún, pusieran en jaque los principios de nuestro ilustrado humanismo, deberíamos tener preparado "un plan de respuesta defensiva". ¿En serio se puede ser tan cínico?
Pero es el abuelo de todos los cándidos humanistas, el ínclito Habermas, quien, en mi parecer, es el más peligroso vendedor de humo "buenista y talantero". Y es el más peligroso, precisamente, por ser el más ilustrado, es decir, por ser, supuestamente, el más sabio de entre todos los sabios todavía vivos. No cabe duda de que Habermas CONOCE LA VERDAD: dos razones de ser, antagónicas y mutuamente excluyentes, no pueden SER al mismo tiempo en un mismo plano espacio-temporal. Si esto lo supo ver con claridad meridiana nuestro Gustavo Bueno, presupongo que, casi con total seguridad, también lo sabe alguien que en su juventud fue miembro de las juventudes hitlerianas; debe saberlo alquien que, ebrio de complejos y sentimientos de culpa, abrazó al internacionalista marxismo y que, finalmente, en su vejez, está intentando redimirse de sus pecados reconociéndose "patriota alemán". ¡Toma castaña!
Casi, casi pierde la compostura y el "bueno" de Habermas deja caer la máscara del humanista universalista. Pero no, el farsante Habermas, como el hábil titiritero que es, ha sabido seguir justificando su cinismo cobarde, añadiendo, rápidamente, que él entiende que es "patriota" cualquier ciudadano integrado en la sociedad y la cultura alemana. No, mon ami, no. Es cierto que no podemos negarle a ninguna persona que viva en una comunidad su condición de ciudadano, con deberes y obligaciones (condición que, por cierto, se nos ha negado a los catalanes que no somos independentistas). Pero ser ciudadano alemán no implica, necesariamente, ser patriota alemán, como pretende hacernos creer Habermas. De hecho, yo soy ciudadano y patriota español, pero el supremacismo catalanista (regionalismo particularista) pretende negarme la primera condición de ciudadano por "molestarle" que, además, me reivindique español.
Y si el conflicto entre diferentes razones de ser existe entre ciudadanos de la UE, e incluso entre ciudadanos de una misma nación, a pesar de compartir un mismo legado histórico-cultural, ¿cómo será el conflicto futuro entre ciudadanos europeos, que se sienten herederos de la ilustración del civilizado Occidente, y los "NUEVOS" ciudadanos que, lejos de integrarse, se obstinan en IMPONER en nuestras sociedades sus justas y buenas conciencias religiosas (Islam)?

ALTERNATIVAS AL "CÁNDIDO HUMANISMO"

 
En mi opinión, una de las alternativas más sensatas y racionales, para superar el humanismo ingenuo que impera en España, y en toda Europa, la constituye el materialismo filosófico de Gustavo Bueno.
 
 
 
A mí me gusta el materialismo filosófico de Gustavo Bueno y suscribo que es necesario que los Estados apliquen políticas OPERATIVAS alejadas de idealismos y sentimentalismos varios. Sin embargo, antes de que un Estado pueda llegar a ser operativo, primero debe constituirse como tal. Y no solo eso, debe tener muy claro cómo y para qué se obligará a ser OPERATIVO: necesitará JUSTIFICAR una idea (cosmovisión o interpretación del mundo) para materializarla a través de la praxis (consumarla operativamente). Esto lo sabe cualquier marxista que se precie de serlo. Pero tenemos que tener muy claro qué queremos defender: un humanismo débil e ingenuo, que ponga en peligro su propia razón de ser, o un nuevo humanismo racional y operativo que se obligue a la salvaguarda de la razón de ser de la civilización occidental.
Defender un humanismo más racional y operativo es tarea difícil, sobre todo porque en la defensa de dicho humanismo no podemos ni debemos (maldito idealismo kantiano) sacrificar sus principios más sagrados: la defensa de los derechos y libertades de TODOS los ciudadanos.
Además, las nuevas corrientes herederas del cándido humanismo tradicional han mutado en peligrosos y dogmáticos populismos, prestos siempre a dificultar la ya de por sí complicada tarea de combatir conciencias prepotentes, evitando caer, al tiempo, en defensas excesivamente prepotentes. Ganará la conciencia que primero consiga demostrar su condición de víctima.
Los nuevos populismos que inundan la política actual se autolegitiman a través de la creación y divulgación (a través de los mass-media) de postverdades confeccionadas a la medida de sus deseos y voluntades más sentimentales. De nada servirá rebatirlos con argumentos de razón, por lo que se hará necesario desenmascararlos a través de finos análisis psicológicos y entendiendo cómo funciona la dinámica de la conciencia que crea postverdades.
 
MOVIMIENTO DIALÉCTICO DE LA CONCIENCIA
 
¿De dónde surgen las verdades, ideas o "cosmovisiones" que hacen suyas las diferentes ideologías políticas?
Pues surgen, primero, en una conciencia individual que las CREA, las construye o las halla (tanto dará en mi opinión), para, después, transmitirlas (hacerlas verbo y comunicarlas) a una CONCIENCIA COLECTIVA.
Esto significa que, además de la realidad del ex-sistere, en la conciencia también se actualiza y manifiesta una "pre-realidad" o "pre-ser" que, de hecho, ya es un modo de ser. Esto lo explicó muy bien Heidegger, siguiendo la dinámica o dialéctica de la conciencia hegeliana, en su obra "Caminos de bosque".
Pues bien, el pensador Sloterdijk no se limitará tan solo a decirnos lo que ya nos dijera Hegel, primero, y Marx y Heidegger más tarde. A saber: el movimiento dialéctico de la conciencia consiste en una lucha entre una conciencia óntica (que representa al ente en sí misma) y una conciencia pre-ontológica (que busca la relación entre dicho ente y su esencia). El resultado de dicha lucha será la idea, experiencia o ser meditado, como se prefiera.
Esta explicación, a nivel filosófico, resulta interesante para entender CÓMO se crea o se halla una idea; cómo se vivencia algo que es virtual, pero todavía no existe, como un modo de ser (pre-ser si se prefiere) que devendrá posibilidad de ser en la realidad abierta.
Esta es la clave: la conciencia descubre o construye una POSIBILIDAD futura de ser. Así, lo que hizo Marx fue crear una "pre-verdad" teórica, experienciada y vivenciada en su conciencia, y a continuación la verbalizó (teorizó) por tal de justificar dicha posibilidad en la realidad abierta y hacerla operativa.
Ya sabemos CÓMO se crea una "pre-verdad", pero Sloterdijk, más psicólogo que filósofo, como ya señalé, se preguntará también por el PORQUÉ: ¿por qué, en contextos históricos determinados, la conciencia colectiva asume determinadas "pre-verdades" como si, de facto, ya fuesen verdades reales? Y la pregunta no es baladí, porque, si queremos entender los entresijos de la política actual, estamos obligados a entender cuáles son los sentimientos, motivaciones y deseos (pura psicología) que mueven a las masas para, a partir de la creencia en una "pre-verdad", obligarse a vivenciarla de tal modo que ésta devenga "postverdad".
¿Por qué, en determinados contextos históricos, las masas se obligan a creer en una "pre-verdad" o posibilidad de ser todavía no real en el ex-sistere?
Formulado en román paladino: ¿qué insta a un dogmático procesista a creerse (autoengaño consciente mediante) que realmente Cataluña es una nación? ¿Qué mecanismos psicológicos subyacen en la creación de una "pre-verdad", en su difusión y su aceptación para, finalmente, conseguir que dicha "verdad posible" acabe siendo institucionalizada operativamente (sustituyendo, así, a la verdad que le precedió)?
Sloterdijk, siguiendo a Heidegger y valiéndose de la psicología (sobre todo del psicoanálisis) nos explicará que se trata de una AUTOHIPNOSIS CONSCIENTE.

AUTOENGAÑO O AUTOHIPNOSIS CONSCIENTE

Si para entender la política de hoy no nos sirve tanto saber razonar como entender los mecanismos psicológicos (emociones, sentimientos, deseos y voliciones) que actúan como motores o fuerzas capaces de crear "postverdades", debemos obligarnos a averiguar cómo es posible que una persona inteligente y conocedora de la realidad (la verdad) puede llegar a mostrar un desmesurado cinismo por tal de negar dicha realidad y, al tiempo, defender "su postverdad".

Ya hemos visto cómo, a partir del movimiento dialéctico de la conciencia, se actualizaba y manifestaba en la misma un "pre-ser" o "pre-verdad" que, por el hecho de "ser, sin todavía ser", se abría como una posibilidad de "ser-futuro" en el ex-sistere. Pues bien, a través de dicha dinámica dialéctica se crean las utopías, es decir, se gestan los sueños o VOLUNTADES DE SER que, primero, tan solo se manifiestan y actualizan en la conciencia como POSIBILIDADES. Así nació, por ejemplo, la teoría marxista.

¿Qué motiva, pero, la aparición de una utopía o de cualquier voluntad de ser? La motivación primera, en el parecer de Sloterdijk, sería la de "curar el dolor de una época", aplicar una cura al sufrimiento que aparece insoportable y generalizado en determinados momentos de la historia. Quienes descubren esta VERDAD PSICOLÓGICA saben que para "despertar un sueño utópico", y así poder "asaltar el poder" (los cielos, en palabras ebrias de cinismo poético), hay que INSTRUMENTALIZAR el dolor; es decir, hay que gritar alto y fuerte a las masas durmientes que son VÍCTIMAS de graves injusticias (esta verdad la sabe muy bien el populista Pablo Manuel Iglesias). También la supo Marx.

Creer en la utopía (en sueños), por tanto, no es cuestión de demostraciones dialécticas ni científicas (justificaciones racionales ad hoc) sino de una voluntad de creer (como señalara el psicólogo William James). Así, lo primero que debe conseguir el poeta que sueña con "bellas posibilidades de ser" es conformar una conciencia colectiva creyente, porque alguien, a título individual, puede creer en la "posibilidad de ser" de una nación ficticia, pero para que dicha "pre-verdad" tome fuerza y pueda consumarse como realidad en el ex-sistere, necesitará ser aceptada por una conciencia colectiva numerosa dispuesta a hacerla OPERATIVA.

Pensemos, ahora, en la nación catalana, y preguntémonos cómo ha sido posible que dicha "ficción" haya podido ser asumida por la conciencia colectiva del independentismo como real.
Para responder a esta cuestión: ¿cómo es posible que una ficción pase por ser real?, hay que saber, primero, como funciona la conciencia. Ya lo hemos explicado. ¿Pero qué es lo que facilita, en la conciencia, que entre la representación del objeto real (lo que es) y el objeto irreal (lo imaginado), pueda surgir un NUEVO MODO DE SER, que "ya es, pero todavía no es"?

El marxista Ernst Bloch nos responderá cómo "se despierta un sueño" (cómo se crea una utopía), explicándonos que en la conciencia se da una tripolaridad, pues entre la bipolaridad de lo real vs lo irreal actúa una TENDENCIA. Popper la llamó PROPENSIÓN, pero, en mi opinión, el más acertado fue Heidegger al denominar a este nuevo modo ser como un ESTADO DE ÁNIMO DE CONMOCIÓN (ver en su obra "Conceptos fundamentales de la metafísica").

La clave está en la conmoción que se produce en la conciencia cuando ésta descubre, construye o halla, una nueva posibilidad de ser. La conmoción la provoca un estado de ánimo; un estado de ánimo sumido en el dolor y el sufrimiento; un estado de caída que insta a la conciencia a reflexionar y meditar por tal de salvar la angustia que vivencia.

Así, los independentistas que creen en una nación ficticia, y los populistas que creen en una sociedad más justa, antes de poder reivindicarse como víctimas, deben instrumentalizar el dolor colectivo "fabricando artificialmente" estados de ánimo de conmoción. Porque necesitan el dolor y el sufrimiento como motores que generen resentimiento y odio contra las "otras conciencias" (españolistas o fascistas, según ellos).

El verdadero problema surgirá, entonces, cuando no haya una mayoría de independentistas que crean en la nación catalana, o no haya una mayoría de populistas dispuestos a perpetrar peregrinas revoluciones (revolucions dels somriures o revoluciones para asaltar los cielos). Entonces se hará necesario fingir dicho dolor. Pero para fingir, primero hay que ser un buen actor (un actor del método). Hay que resultar creíble.

Para "actuar" convincentemente y resultar creíbles necesitarán toda una amplia gama de estrategías psicológicas (tergiversación de la realidad, ilusión de alternativas, manipulación, adoctrinamiento, victimización...) que les permita "fabricar artificialmente" el sufrimiento cuando NO HAYA UN DOLOR REAL en la sociedad; cuando lo que ya ES en la realidad funcione y, muy a pesar de ellos, no exista el dolor que pretenden sobredimensionar y exagerar

¿Cómo fingir un dolor o un estado de conmoción de tal manera que estos parezcan y, de hecho, puedan pasar por ser REALES? Pues recurriendo al AUTOENGAÑO (voluntad de creer), o lo que Sloterdijk denomina AUTOHIPNOSIS CONSCIENTE.
Se tratará de ejercer de grandes cínicos, y, así, poder proclamar a los cuatro vientos mentiras como "España nos roba", "Cataluña es una nación" o "cataluña es una colonia castellana", pero hay que gritar de tal modo que dichas mentiras puedan ser reconocidas públicamente como "verdades" (postverdades). No importará que en el discurso privado, y con la guardia baja, el cínico se sincere en algún descuido o momento de catarsis.

Son muchas las técnicas y terapias psicológicas que se aplican para lograr que un individuo pueda "llegar a ser quien desee ser" o, en todo caso, para que "logre ser lo que la norma social ya decidió (por él) que tenía que ser". Una de las técnicas más utilizadas consiste, básicamente, en hacer que el individuo adopte un determinado rol de personalidad, el que más le guste. Poco a poco, el individuo tendrá que AUTOMOLDEARSE, es decir, deberá obligarse a pensar y a comportarse según las características propias del rol asumido. El terapeuta le guiará y le orientará, evaluará sus progresos y resolverá sus dudas y la posible aparición de incongruencias o disonancias cognitivas.

Los "juegos de rol" y el psicodrama son técnicas psicológicas que se utilizan para "moldear" personalidades desajustadas, para moldear o crear nuevas "creencias" o maneras de ser. Si nos fijamos, vemos que, tanto Podemos como los independentistas catalanes, están abusando de performances o psicodramas estéticos para provocar "conmoción" en la conciencia colectiva de sus creyentes, creando, así, un "dolor ficticio o teatral". Los podemitas han llegado a besarse públicamente y han amamantado a sus bebés en el Congreso, para hacer operativas en el ex-sistere (la realidad) sus ideas (pre-verdades) que demuestran lo "buenos y justos" que son. Los independentistas representan catárticamente el dolor colectivo encerrándose, por turnos, en falsas prisiones colocadas en la vía pública, colocan lacitos (símbolos) por todas partes, y en las escuelas utilizan a los niños para hacer obras de teatro maniqueas donde los españoles son los malos malosos que subyugan al "inocente" pueblo catalán.

Ahora pensemos qué son realmente nuestras escuelas y cuál es el papel del psicólogo y de la psicología en las mismas, pero también pensemos en el papel de la psicología en los medios de información y, sobre todo, en la política, donde, como acabamos de ver, cada vez importa más hacer sentir (experienciar una pre-verdad) en vez razonar para aceptar la verdad real tal como se nos muestra.

Según Sloterdijk, un sistema educativo es, en realidad, un conjunto de granjas-escuelas destinadas a domesticar y cebar (adoctrinar) al ganado humano. El humanismo, de hecho, es una antropotécnica de domesticación (civilizar es amansar). Todo sistema educativo está constituido por un entramado de granjas-escuela que se sirve de antropotécnicas para socializar, civilizar o domesticar, como se prefiera, al ganado o zoo humano.

Así, el grupo humano que tenga el PODER para diseñar y articular un entramado social formado por un conjunto de granjas-escuelas y antropotécnicas (moldeadoras de la conciencia), también podrá IMPONER SU VERDAD.
Si una civilización, como una nación, no controla e impone las antropotécnicas que son las propias de su razón de ser (herencia histórico-cultural), para formar  a sus ciudadanos, otra forma de poder lo hará, o como decía Gustavo Bueno: "si no nos aferramos a los restos del naufragio de nuestra civilización, otra ocupará su lugar".
Cierto, nuestro humanismo tradicional, a fuer de ingenuo, ha naufragado, pero aún podemos aferrarnos a sus restos para "salvarnos" y, así, evitar que otras verdades sustituyan a las nuestras.
 
 

lunes, 1 de junio de 2015

El feriante de los engaños (cuentecillo pseudofilosófico).

El feriante de este breve pero pedagógico cuento se enorgullecía de su trabajo, y ello a pesar de que algunas mentes preclaras, hace ya mucho tiempo de ello, desenmascararon y dejaron al desnudo al vulgar titiritero que en realidad era. Mas ello no amedrentaba a nuestro taimado maese Pedro, como gustaba de llamarse a sí mismo. ¡Al contrario!, cada vez que alguien le señalaba la inutilidad de su cotidiano quehacer, ora en un pueblo rebosante de gentes, ora en una pequeña aldea de apenas un puñado de habitantes, él se crecía, seguro de ser mucho más que un comediante o un vulgar farsante.

Nuestro singular maese Pedro sabía que la vida era sueño; y no necesitaba saber nada más. El malgastar el tiempo y la vida por aquello tan vano de saber por saber, esa gran trampa de la moral, se lo dejaba a los barberos, curas y bachilleres que siempre se jactaban de ser los más doctos y letrados en sus respectivos oficios.
Nuestro endiosado feriante no necesitaba saber más de lo que ya sabía, ni conocer más de lo que ya conocía, porque él poseía algo mucho más valioso que aquellos pequeños hombrecillos grises que se las daban de sabios; él tenía el poder de crear ilusiones.
Sabía, el muy ladino, que solo necesitaba crear novedosas y divertidas atracciones de feria para que largas filas de niños se rindieran ante su mágico poder ilusorio, siempre promesa de esperanza; sabía, el muy bribón, que la esperanza era, en realidad, el único alimento que necesitaban los hombres de carne y hueso (eternos púberes) antes de convertirse, por obra y gracia de la diosa civilización, en "demasiado humanos".

Pero al vanidoso feriante, tras muchos años de buen oficio, se le presentó un grave problema: se le habían acabo las ideas. O, mejor dicho y explicado: ya no era capaz de crear atracciones ilusionantes que fuesen promesas de esperanza; que significaran, en definitiva, un ansiado fin último por el que cualquier niño estuviese dispuesto a hacer una larga cola durante horas, ¿y por qué no de por vida?, se preguntaba henchido de locura en no pocas ocasiones...
Los niños, ciertamente, eran cada vez eran más exigentes, pero sobre todo impacientes. Sí, al principio todos formaban largas colas para experimentar las atracciones más sugestivas. Pero el goce que proporcionaba cada nueva atracción era breve y efímero; y los niños cada vez se cansaban y hastiaban más pronto de ellas. Pero lo peor de todo era la espera, la larga cola que debían hacer para disfrutar, tan solo, de un par de minutos de diversión. Los niños crecían rápido, y cada nueva generación era más exigente que la anterior. Pronto advirtieron que las largas esperas no eran rentables en términos vitales, aunque ellos, emulando la prepotente vanidad del feriante, prefirieron considerarlo en términos morales. ¡Qué injustas eran aquellas atracciones!

El feriante, gran conocedor del alma de los niños, sabía en realidad lo que estos querían: deseaban el goce eterno, la felicidad ininterrumpida en forma de una atracción vital que no tuviese fin, que nunca terminara. Los niños deseaban y necesitaban ser engañados; necesitaban creer en la existencia de una magnífica atracción que fuese justa ante sus ojos, es decir, que les proporcionara felicidad eterna sin pedirles a cambio ninguna aburrida espera ni ningún indeseable sacrificio.
Ciertamente, aquellos pequeños diosecillos vanidosos ya no eran niños; se habían convertido en humanos, en egocéntricas deidades, justificaciones de sí mismas, que solo ansiaban la felicidad como meta última en sus vidas.

El feriante se dio cuenta de que era imposible que, cada nueva temporada, pudiese tener construida una nueva y costosa atracción. ¿Qué esperaban de él aquellos indóciles caprichosos? ¿Deseaban ser felices por siempre, sin dar nada a cambio? ¿Acaso no sabían cuánto costaba mantener viva una ilusión? ¿Desconocían el trabajo y el esfuerzo que eran necesarios para construir cada una de sus atracciones? Si aquella panda de desagradecidos querían mentiras, él se las daría.

Pero en esas estaba nuestro feriante, urdiendo qué mentiras y engaños proporcionar a los infantes rebeldes, cuando por el horizonte se dibujó una figura en el Sol de Poniente; y aquella figura resultó ser otro feriante, mucho más osado y más cínico que él; pero, sobre todo, más hábil en el arte del engaño.
Ningún niño pudo resistirse a las promesas de diversión de aquel nuevo feriante, más joven y seductor, mesiánico y gran conocedor del alma infantil.
¡Aaaah, pobre maese Pedro, que tan bien creyese conocer el espíritu de los niños! Y sí, claro que lo conocía, y muy bien, pero tardó en darse cuenta de que los mejores titiriteros, como los más seductores feriantes, no son quienes se limitan a maquinar burdos engaños, sino quienes consiguen que los niños, por voluntad propia, se autoengañen y crean, fervientemente, en la felicidad que habrá de proporcionarles una ficticia atracción de feria.