INTRODUCCIÓN
lunes, 9 de agosto de 2021
METAFÍSICA MARXISTA (el negro de VOX)
martes, 8 de junio de 2021
UN MUNDO FELIZ (serie de tv “Brave New World”)
INTRODUCCIÓN
La serie de TV “Brave new world” está basada en la novela distópica “Un Mundo feliz” (1930) de Aldous Huxley. Pero la nueva versión de la obra de Huxley no es una fiel adaptación de la misma, sino una “interpretación” que no solo desarrolla algunas de las ideas sitas en “Un mundo feliz”, sino que abre nuevas posibilidades hermenéuticas para “imaginar” los orígenes de dicho mundo “feliz” y el porqué de su autodestrucción.
A continuación intentaré analizar y comentar, desde diferentes perspectivas psicológicas y ontológico-existenciales, las posibilidades especulativas que se abren a la realidad abierta, a través de la ficción, en la serie “Brave new world”. Pero primero será obligado exponer un breve resumen de la obra original de Aldous Huxley.
“UN MUNDO FELIZ” (resumen del libro)
La sociedad perfecta y feliz que muestra la obra de Huxley fue creada por Henry Ford, el cual articuló un sistema social a partir de la manipulación y control de una serie de herramientas antropotécnicas:
1) Tecnología biogenética capaz de manipular las características de un embrión humano para decidir sus cualidades físicas e intelectuales.
2) Condicionamiento a través de hipnopedia: aprendizaje a través del sueño durante la niñez.
3) Administración de soma: drogas para erradicar la ansiedad y la angustia existencial de los ciudadanos.
4) Libertad y permisividad sexual, para proporcionar goce a los ciudadanos y evitar, así, “actitudes y ritos” sociales no deseados, tales como la monogamia, la familia, el solipsismo y la acción creativa (arte, literatura, religión, amor…).
El uso de la ingeniería genética y el condicionamiento (hipnopedia o pedagogía a través del sueño) permitirá crear diferentes estamentos sociales (clases de personas) que garantizarán una división del trabajo exenta de luchas de clases.
Todos los ciudadanos serán felices en sus puestos de trabajo y aceptarán de buen grado las responsabilidades que les sean asignadas, acordes a su estatus jerárquico (establecido a través del alfabeto griego). Los ciudadanos Alfa, dotados de gran inteligencia y belleza física, ocuparán los puestos de dirección; los Beta, también muy agraciados físicamente pero con un cociente de inteligencia algo menor que los Alfa, serán más “neumáticos” (atractivos para los placeres sexuales) y ocuparán puestos técnicos también importantes. Los Delta, Gamma y Epsilon (últimos en el escalafón jerárquico) irán desempeñando los trabajos más manuales y con menos responsabilidad.
Los tres protagonistas principales de “Un mundo feliz” son:
Bertrand Marx, un Alfa de gran inteligencia, pero que muestra problemas de adaptación, posiblemente debido a un “fallo” durante el proceso embrionario que ocasionó que fuese más pequeño que la media de los Alfa. No se siente aceptado por las mujeres ni respetado en su cargo.
Lenina Crowe es la beta por excelencia, “neumática” (escultural, bella y especialmente dotada para practicar sexo), preocupada tan solo de satisfacerse a sí misma y a los Alfa, pero con más limitaciones intelectuales que Bernard.
Por último, está John, el salvaje, que fue concebido sexualmente por Bertrand Marx y su acompañante durante una visita a la reserva de los salvajes (territorio fuera del mundo distópico). La madre de John, al perderse en la reserva, no pudo regresar con Bertrand al mundo feliz y por ello debió vivir y criar a John en la tierra de los salvajes, donde le enseñó a su hijo a leer, sobre todo las obras completas de Shakespeare.
El conflicto surgirá cuando John arribe a la perfecta sociedad feliz, acompañando a Bertrand y Lenina, y enfrente sus valores, sus miedos, angustias y culpas, a las despreocupaciones de los satisfechos ciudadanos, produciendo, así, un grave choque cultural y entre conciencias.
Tras el conflicto cultural, también entre conciencias, que surgirá entre los principales protagonistas, Bertrand Marx acabará en el exilio por ser incapaz de adaptarse a la sociedad perfecta, en parte debido a las influencias de John, el cual se retirará a una zona solitaria y aislada para no relacionarse con los demás. Sin embargo, John, y a pesar de su retiro, acabará suicidándose.
Lenina, por su parte, se enamorará de John, pero no será correspondida por el mismo. Esto le generará nuevos sentimientos y emociones desconocidos para ella, pues jamás había tenido dificultades para mantener relaciones sexuales con cualquier hombre, aunque ya tuviera problemas en el pasado por mostrar tendencias monogámicas (relaciones sexuales con un mismo hombre durante un largo período de tiempo).
BRAVE NEW WORLD (la serie de tv)
Como ya anuncié en la introducción, la serie muestra algunas diferencias respecto a la obra original de Huxley, pero, en mi opinión, estas diferencias enriquecen la serie, pues ofrecen al espectador atento un amplio abanico de nuevas posibilidades interpretativas.
La serie de TV, hija de nuestra época, introducirá tecnologías actuales en el mundo feliz, tales como las Redes Sociales, que permitirán el contacto directo y permanente de los ciudadanos con una Inteligencia Artificial (Indra); una IA que no solo controlará y vigilará las vidas de los individuos cual si de un Gran Hermano se tratara, sino que, además, facilitará que cualquier ciudadano pueda seguir la vida cotidiana (Dasman y alienación) de los demás.
En la obra de Huxley se nos dice que la revolución fordiana (Henry Ford) fue la que permitió el desarrollo de una tecnología embrionaria para crear ciudadanos perfectos en una sociedad perfecta. Pero en la serie de TV (atención, spoiler) se nos revela una nueva verdad sobre el origen de cómo y por qué se fundó Nuevo Londres (el mundo feliz):
Tras el derrumbe de la civilización humana y un final apocalíptico, 10 científicos brillantes crean una Inteligencia Artificial llamada Indra, que les mantendrá a ellos con vida, en estado de “hibernación” y creará toda una obra de ingeniería social y arquitectónica (cual Matrix) para construir un mundo perfecto habitado por ciudadanos perfectos. Así, Indra (la IA) será en realidad una conciencia creadora (suerte de dios omnipotente y omnipresente) que dirigirá la sociedad feliz a través de las RRSS.
Mientras se desarrolla el proyecto de ingeniería social de estos 10 científicos, el resto de seres humanos, que sobrevivieron a la catástrofe apocalíptica, vivirá en condiciones de extrema pobreza en las tierras salvajes, en sociedades ancladas en el pasado y reconvertidas en una suerte de gran parque temático (que recuerda a la serie West World) donde sus habitantes (trabajadores) se dedicarán a representar, a través de actuaciones psicodramáticas y performances, cómo era la vida antes de la caída de la civilización.
Una diferencia importante entre la novela de Huxley y la serie de TV será, por tanto, el contexto donde se desarrolla la vida de los salvajes. En la obra de Huxley, las tierras salvajes eran reservas de indígenas donde todavía vivían humanos de una forma primitiva, celebrando ritos mágico-religiosos y ceremonias tradicionales (como el matrimonio), mientras que en la serie de TV las tierras salvajes aparecerán como barriadas obreras de los años 70-80. La civilización superviviente al apocalipsis (tierras salvajes) malvive en unas pésimas condiciones que, inevitablemente, nos recuerdan a la vida de los proletarios, víctimas del deshumanizado capitalismo, durante los primeros años de la revolución industrial.
La madre de John, en la obra original, enseñó a su hijo a leer a través de las obras de Shakespeare, mientras que en la serie de TV, la madre aparece como una mujer deprimida y dada a la bebida. Esta diferencia se me antoja importante, ya que el John de Huxley aparece como un “individuo ilustrado” inmerso en un contexto sociocultural adverso; un sujeto angustiado que vive en una sociedad donde sus cualidades intelectuales no son valoradas, provocándole sentimientos de “inadaptación y desarraigo”. Sin embargo, el John de la serie de TV aparecerá como un obrero alienado de los años 80s, un individuo mediocre, sin éxito en el amor, que vive con su madre borracha, angustiado en la rutina de su cotidianidad y que busca refugio en la música para evadirse de la realidad.
Otra diferencia importante entre la novela de Huxley y la serie de TV concierne al desenlace final. La obra original permite la perdurabilidad de la sociedad feliz, aunque sus principales protagonistas acaban fuera de la misma, Bertrand exiliado y John muerto tras suicidarse.
Sin embargo, la serie de TV opta por la autodestrucción (desde dentro del sistema a través de la IA, Heidegger humanismo anida el germen autodestrucción ) del mundo feliz, pero salvando a todos los protagonistas. Indra, tras sucesivas simulaciones de posibilidades algorítmicas, llega a la conclusión de que la única manera de erradicar por completo la infelicidad de los seres humanos es eliminándolos, y por ello decide reiniciarse (hacer tabla rasa) y comenzar una nueva simulación de otro mundo feliz, tras permitir la destrucción del primigenio.
PSICOLOGÍA DE LOS PERSONAJES
La serie de TV, como la novela original de Huxley, nos muestra a un Bertrand Marx sutilmente inadaptado, alguien que, a pesar de no encajar perfectamente en la sociedad perfecta, tiene la suficiente capacidad y autocontrol para simular y aparentar fingida felicidad. El personaje de la novela, sin embargo, evolucionará (tras su encuentro con John) hacia una actitud más radical, y una reivindicación de su Yo más libre y personal, que acabará costándole el exilio. Sin embargo, el Bertrand de la serie de TV, más pragmático, evolucionará hacia un cinismo existencial que le permitirá no solo evitar el exilio o el recondicionamiento (castigos para los inadaptados), sino que le facilitará erigirse en el nuevo líder de un nuevo Mundo feliz tras la caída y autodestrucción del mundo creado por Indra.
El personaje de John "el salvaje" es, en mi opinión, el más adulterado en la nueva adaptación televisiva de la obra de Huxley.
El John original, el del libro, es un individuo inmerso en el "sentimiento trágico de vivir"; una persona que ha leído y ha podido acceder al círculo de los alfabetizados gracias a su madre, que provenía de la feliz sociedad fordiana. La cultura adquirida a través de los libros convierten a John en un individuo de "conciencia alienada", un hombre de carne y hueso consciente de estar "fuera de lugar". Y tal es su angustia existencial que, finalmente, acaba suicidándose.
Sin embargo, el John de la nueva versión televisiva es lo que podríamos denominar un "tipo vulgar"; un mindundis enamorado de una tía buenorra que se ríe de él; es un pringado que hace un trabajo de pringados y se siente fracasado. Este John ya no es un ilustrado alfabetizado, sino un alma sensible enamorado de la música que, en otro tiempo, escuchaba la gente antes de que la sociedad colapsara.
A través del "nuevo John", los guionistas de la serie han sabido ver, perfectamente, el signo de los nuevos tiempos. Si el John de Huxley era un individuo leído y racional, este John será hijo de la posmodernidad: un ignorante sentimental que se refugiará en la estética de la música para huir de su realidad cotidiana. El John posmoderno también es un individuo alienado, pero, además, se mostrará como un mediocre que reprime su frustración interior. Finalmente, la frustración acumulada acabará generando fuertes sentimientos de resentimiento hacia todos y contra todos. Su estancia en el mundo feliz, lejos de provocar un "recogimiento interior", como sucede en la obra original de Huxley, generará una creciente indocilidad rebelde que acabará contagiando a los proletas (epsilones) del mundo feliz, los cuales, inspirados por su nuevo "líder" acabarán llevando a cabo una sangrienta revolución.
ANÁLISIS ONTOLÓGICO
La aporía (callejón sin salida) o paradoja que subyace en "Brave new world" es la misma que en su día señalara Heidegger: ¿cómo puede salvarse de sí misma la humanidad si en el propio seno de su endiosado humanismo anida el germen de su autodestrucción?
Heidegger concluyó que "solo un dios podría salvarnos". Y en la serie de TV será Indra, la IA, el análogo a un dios creador, omnisciente y omnipresente, quien se arrogará la potestad de decidir cómo y cuándo salvar, o no, a la utópica sociedad feliz.
Podríamos concluir que el John de Huxley presenta un perfil elaborado a partir de postulados existencialistas: un individuo que sufre y se recoge en sí mismo, mientras que el perfil del John televisivo se ajusta más a una interpretación marxista de la realidad: un individuo que sufre y decide rebelarse y transformar un entorno que considera injusto.
Huxley optó por la vía existencialista, pues su "salvaje" era profundamente heideggeriano, mientras que la serie de TV nos presenta a un salvaje proletario. Así, mientras el salvaje heideggeriano se recogía en sí mismo, huyendo de la sociedad feliz y viviendo como un eremita, el salvaje marxista, orgulloso y prepotente, propiciará la rebelión de los "epsilones" (clase obrera en el mundo feliz).
El salvaje heideggeriano acabará suicidándose, mientras que el marxista acabará, ni más ni menos, que destruyendo a toda la sociedad "feliz". Al final, ninguna vía, ni la del recogimiento interior ni la revolucionaria, permitirá la salvación del individuo. Quizás por ello, Indra (a la postre un dios) decidirá salvar a la humanidad, pero después de permitir, primero, que la ya existente fuese destruida por la revolución epsilón.
Vuelve a repetirse, de esta manera, el mito del diluvio universal: destruir para salvar, eliminar para volver a crear. La misma tesis marxista que hizo suyo el mito cristiano del "castigo divino" como modo de operar en la realidad: eliminar lo viejo (injusto) para construir una nueva sociedad, un "nuevo mundo" más justo y feliz.
Resulta inevitable no ver una "sutil crítica" al marxismo revolucionario; a la vía que opta por las acciones directas y que, a la postre, más que "salvar" y transformar una sociedad, acaba destruyendo a aquellos que desea emancipar y/o liberar.
UN MUNDO POSMODERNO (música vs literatura)
La nueva serie "Brave New World" realiza un cambio, respecto a la obra original de Huxley, que considero muy significativo: la apuesta por un nuevo poshumanismo, emocional y sentimental, frente al humanismo tradicional de Huxley.
El "salvaje" de Huxley pertenecía al "círculo de los alfabetizados", sabía leer, mientras que el "salvaje" de la serie de TV es un apasionado de la música. Pero no de cualquier música, sino de la música de "Lou Reed". La canción "A perfect day" se repite de forma constante a lo largo de la serie, como si fuese la biblia de un ferviente creyente, o de manera parecida a como el salvaje ilustrado de Huxley recurría a Shakespeare.
El nuevo humanismo ya no es racional (alfabetizado) sino emocionalmente irracional. La música y los sentimientos se erigen como una suerte de "guías espirituales" que acompañan a John en su melancólica y depresiva existencia, permitiéndole rehuir de la cotidianidad de su vida mediocre.
jueves, 27 de mayo de 2021
DE COJONES Y CHUMINOS (reflexión seria aunque no lo parezca)
miércoles, 29 de abril de 2020
EL CAPITAL Y LA MORAL MARXISTA
INTRODUCCIÓN
"El manifiesto comunista" constituye un acertado análisis que explica cómo, a lo largo de la historia, unas reducidas élites oligárquicas (poderes señoriales) se apropiaron de la fuerza del trabajo de los individuos: mediante la relación señor-esclavo en la antigüedad, señor-siervo en la EM hasta llegar a la relación burgués-obrero o capitalista-proletario que se estableció a partir de la Revolución industrial.
A lo largo de la historia se han dado, por tanto, dos formas de dominación a través del trabajo explotador:
La primera: durante la antigüedad (sistema esclavista) y el feudalismo se desarrolló un dominio personal del amo o señor para explotar la fuerza del trabajo de esclavos y siervos.
La segunda: a partir de la Revolución industrial apareció un dominio abstracto, practicado por un nuevo sistema capitalista.
En "El capital", Marx resuelve la paradoja inherente al Capitalismo, el cual no surge del mero intercambio comercial o circulación de bienes, pero tampoco puede surgir si no hay Mercado (intercambio de bienes). A través del estudio y análisis de la evolución histórica del intercambio de equivalencias, Marx descubrirá que la potencia del trabajo humano será el factor que hará posible el incremento del valor de un bien: La plusvalía.
EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL INTERCAMBIO DE EQUIVALENCIAS
Pronto se hizo necesario acuñar monedas (dinero) para facilitar los intercambios comerciales. De esa manera el intercambio de equivalencias pasó de ser producto x producto a ser producto x dinero.
¿Qué ha ocurrido?
Ha sucedido que el comprador ha incrementado el valor de la mercancía (camello) a través de su potencia de trabajo. Vende el camello más caro porque ahora éste tiene un plusvalor. Ya no es el mismo camello, sino que es un camello mejor.
Este individuo descubrirá que para incrementar el valor de su compra (inversión) debe trabajar, pero pronto descubrirá también que para crear más plusvalor, necesitará más fuerza de trabajo: esclavos y/o trabajadores. Vio que comprando 10 camellos a 5 dinares cada uno (50 dinares) podría venderlos, al cabo de un tiempo, por 80 y obtener una plusvalía de 30 dinares.
De esta manera, el intercambio de equivalencias adquirió una forma más perversa: dinero x dinero, es decir, ya no se intercambiaba dinero a cambio de un producto necesario para suplir carencias y satisfacer necesidades vitales, sino que el dinero se convertía en justificación de sí mismo; ya no era un "medio" (para adquirir bienes y productos) sino que se transformó en un fin en sí mismo. El objetivo del dinero pasó a ser acumular más dinero, es decir, su finalidad pasó a ser producir más capital.
Nuestro comerciante de camellos no tardó en comprar esclavos (nueva inversión) para que trabajaran en la cría y doma de sus camellos. Así aumentaba la producción y las ganancias (plusvalía) a cambio de muy poco: proporcionar techo y comida a sus esclavos. De esta manera se apropiaba de la fuerza del trabajo de sus esclavos en su propio beneficio.
EL REPARTO DE LA PLUSVALÍA
Para poder hacer un reparto justo de las plusvalías generadas por la fuerza del trabajo primero es necesario determinar cuál es el valor de la fuerza del trabajo.
Pero el valor de la fuerza del trabajo no puede objetivarse científicamente como pretendió Marx, considerando valores de cambio (tiempo de trabajo) y valores de uso (necesidad del producto).
El valor de la fuerza del trabajo es aquel que se determinada socialmente en cada momento histórico, es decir, es el valor que la conciencia colectiva de una época justifica como "bueno y justo".
Las primeras prepotencias señoriales, la de los amos y señores, consideraban "buena y justa" la mínima inversión que debían hacer para garantizar la subsistencia de sus esclavos y siervos. El valor de la fuerza del trabajo equivalía a la inversión mínima necesaria para garantizar, tan solo, el alimento y cobijo del trabajador.
Así, en períodos antiguos, el amo o señor consideraba casi nulo el valor de la fuerza del trabajo de su esclavo o siervo, legitimándose dicha explotación como buena y justa, pues ni el esclavo ni el siervo eran considerados como personas portadoras de dignidad y derechos. Cuanto más se infravaloraba el valor de la fuerza del trabajo, más se le expropiaba al esclavo o siervo su fuerza de trabajo, quedando un mayor beneficio económico para el amo o señor en forma de plusvalía.
Si nos fijamos, para valorar la fuerza del trabajo debemos recurrir, inevitablemente, a justificaciones morales, y no solo económicas (tiempo de producción y necesidades del producto). Si solo se realizara una justificación económica, lo lógico y lo más racional sería que quien deseara obtener beneficios para enriquecerse minimizase al máximo sus inversiones, una de las cuales sería reducir gastos en la fuerza del trabajo (mayor jornada laboral, menos salario, peores condiciones laborales, rigidez autoritaria...).
El tema del valor de la fuerza del trabajo, por tanto, es una cuestión moral. Y la moral, como sabemos, va íntimamente ligada a la razón que, dialéctica histórica mediante, decide en cada momento histórico qué es "bueno y justo" o, sencillamente, qué es "verdad".
La conciencia colectiva o verdad institucionalizada ha ido evolucionando a medida que la razón ilustrada ha ido emancipando y liberando a los hombres, reconociéndoles a estos su dignidad y sus derechos. Y con estos reconocimientos se ha ido revalorizando, paralelamente, el valor de la fuerza del trabajo. Ya nadie acepta que un obrero deba vender su fuerza del trabajo a cambio, tan solo, de comida y cobijo, para garantizar su mera subsistencia.
El trabajador de hoy quiere vivir, no tan solo subsistir, quiere autorrealizarse como persona libre y en libertad.
Ya lo expresó Aristóteles en su "Política" al enunciar que "no se trata solo de vivir, sino de vivir bien". O, como solía repetir mi padre, liberal y en absoluto marxista: "hay que trabajar para vivir, y no vivir para trabajar".
De hecho, Aristóteles diferenció diferentes usos del dinero: una crematística natural, necesaria y útil para vivir, y una crematística superflua, cuyo único fin consiste en acumular riquezas.
Pero sigue existiendo conflicto entre empresarios y/o emprendedores y trabajadores, porque los primeros no están dispuestos a invertir y arriesgar su capital sin la promesa (alta probabilidad) de obtener suculentas plusvalías, y los segundos no están dispuestos a vender su fuerza de trabajo a cambio de miseros platos de lentejas.
¿Quién debe apropiarse de las plusvalías generadas a través de la fuerza de los trabajadores? ¿Debe apropiárselas el empresario, el Estado o los propios trabajadores a través del ejercicio de su propia libertad? ¿Y por qué legitimamos o justificamos que sean unos u otros quienes tengan derecho a apropiarse de las plusvalías? ¿Sería factible la tercera opción, más cercana al ideal anarquista?
Para responder a estas preguntas tenemos que plantearnos, de nuevo, cuestiones morales; ¿qué es bueno o malo, aceptable o inaceptable?
El Capital se ha convertido en un nuevo Dios; en un nuevo ente supremum que proporciona felicidad, no en forma de eterna vida celestial, sino facilitando el goce de los sentidos en el mundo terrenal: más sexo, más diversión, más ocio, todo podrá comprarse con dinero salvo disponer de "tiempo infinito" para vivir.
la Ilustración, a través de la razón, desenmascaró la trampa moral del supremacismo religioso. No debe resultarnos extraño, por tanto, que el liberalismo, hijo de la Razón ilustrada, magnificara y legitimara el capital por el capital como suerte de nuevo Dios; como nuevo sucedáneo de felicidad y promesa de esperanza. De la misma manera que los antiguos creyentes soñaban con un paraíso celestial tras morir, así sueñan los hijos del capitalismo con que, un buen día, les toque la lotería. Todo es sueño y esperanza, todo se reduce a creencia y fe.
Pero, como no podría ser de otra manera, el supremacismo capitalista fue desenmascarado por Marx; el pensador alemán descubrió el autoengaño que subyacía en la trampa moral del capitalismo, de la misma manera que la ilustración liberal desenmascaró la trampa moral inherente a las religiones.
¿Y qué nos propuso Marx? ¿Qué autoengaño articuló el marxismo, en forma de trampa moral, para poder convencernos de que es posible alcanzar una perfecta sociedad "buena y justa"?
La trampa consistió en despreciar a una clase de persona; a aquel tipo de hombre que deseara, ante todo y por encima de todo, ser libre. Así, el marxismo no solo despreció al soberbio liberal, sino también, y de forma harto despectiva, al iluso anarquista. Estas falsas conciencias tendrían que ser negadas y deslegitimadas, primero, y reeducadas, después, durante la necesaria dictadura proletaria que seguiría a la revolución socialista.
El marxismo quería, tan solo, a un nuevo tipo de hombre que voluntariamente, convencido en tanto que consciente de ser el portador de una nueva concienca "buena y justa", supeditara su libertad individual al bien común; es decir, que autolimitara su libertad en aras de lograr la auténtica y verdadera conciencia en la perfecta sociedad proletaria. Quería, en definitiva, a un hombre sumiso y dócil que aceptase que el Estado decidiese por él cuál sería el reparto más justo de las plusvalías generadas por la fuerza de su trabajo.
sábado, 11 de abril de 2020
SOCIEDAD ATARÁXICA E INTERACCIÓN HUMANO-TECNOLÓGICA
INTRODUCCIÓN
Al ser humano no le basta con ser tan solo para ser, permítaseme este redundante juego de palabras inspirado en la acertada apreciación de Spinoza: lo propio (esencia) del ser es ser, es decir, perdurar y seguir siendo. Pero, además, el “animal de lujo” en que nos hemos convertido tampoco se resigna ni acepta ser un ser para la muerte (Heidegger), pues necesita creer que es algo más que nada (de nuevo Heidegger).
Ahora, cualquier modelo materialista marxista lo tendría más fácil para implantar sus propuestas de sociedades ataráxicas, pues, además de garantizar rentas mínimas, solo tendría que garantizarle a cada ciudadano el acceso a un amplio abanico de propuestas de ocio tecnológico.
jueves, 9 de abril de 2020
MARX VS ORTEGA (Sobre Podemos, VOX y G. Bueno)
INTRODUCCIÓN
No hacía falta ser ningún genio para comprender que el núcleo de ideólogos de Podemos (Pablo Iglesias, Monedero, Errejón…) había comprendido que la vía revolucionaria para “asaltar los cielos” debería valerse de las tesis de Gramsci: aglutinar a diferentes clases de personas (femimarxismo, animalistas, ecologistas, LGTBI…), procedentes de diferentes clases sociales (obreros, acomodados burgueses, izquierdas indefinidas…), para involucrarlas a todas en una misma lucha común: la lucha contra la privilegiada casta política, en realidad un disfraz cínico y sonriente bajo el que se escondía el viejo sueño marxista de implantar el socialismo tras la caída del Capitalismo.