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lunes, 9 de agosto de 2021

METAFÍSICA MARXISTA (el negro de VOX)

INTRODUCCIÓN

Karl Popper sostuvo que tanto el psicoanálisis como el marxismo, ambas teorías no falsables (no refutables), quedaban fuera del ámbito científico.
De esta manera, la teoría marxista, en el parecer de Popper, debería considerarse otra suerte de metafísica. Ortega y Gasset ya señaló que el marxismo era una "pseudomoral" y Bertrand Russell lo tildó de pseudofilosofía. Más recientemente, Gustavo Bueno le dio la vuelta del revés a Marx y dejó al descubierto todo su esencialismo metafísico.
¿Y AHORA QUÉ?
Los criterios de demarcación de Popper, para determinar qué cabe considerarse o no "ciencia", resultan incontestables a día de hoy. Podría concluirse que el SXX aprendió, definitivamente, que el estatus de ciencia no podía otorgársele al marxismo, teoría que no permitía ser falsada (refutada) porque ésta siempre rebatía las críticas contrarias con argumentos ad hoc.
Y, sin embargo, el marxismo, en tanto que religión, o metafísica si se prefiere, sigue muy vivo, mimetizado o "metamorfoseado", que diría López Laso, en otros nuevos "modos de ser" también internacionalistas, ahora llamados posnacionales y transnacionales (Habermas).
Pero, sobre todo, la esencia del marxismo, y su afán por reivindicar una única conciencia verdadera, puede apreciarse en las pretensiones, dogmáticas e impositoras, del actual globalismo multicultural; podemos detectarlo en el diseño de una gran agenda futura para el conjunto de la humanidad; un proyecto que bien podría considerarse un novedoso "poshumanismo" que se vale de nuevas técnicas antropotécnicas (Sloterdijk) para criar y domesticar al ganado humano.
LA PARADOJA HABERMASIANA
Viendo cómo, efectivamente, los actuales pastores del ser, ahora globalistas, han decidido implantar "su verdad" o conciencia auténtica a través de una masiva vacunación (terapia génica), resulta paradójico que Jürgen Habermas tildara de "joven fascista" a Peter Sloterdijk, por atreverse éste, precisamente, a señalar la posibilidad de que un nuevo poshumanismo (ver "Reglas para el parque humano") se valiera de innovadoras técnicas eugenésicas para "pastorear" al ganado humano y evitar la superpoblación del planeta.
Habermas reaccionó airado ante las especulaciones filosóficas de Sloterdijk, carentes de afán apologista, que revelaban la existencia de nuevas posibilidades de "pastoreo".
Quizá lo que le molestó a Habermas fue que Sloterdijk se acercara demasiado a la verdad; le molestó que alguien dijera en "voz alta" lo que la intelligentsia globalista lleva ya tiempo susurrando y cuchicheando a puerta cerrada: es necesario un nuevo orden mundial (reseteo de la vida tal y como la conocemos) y es necesario reducir el número de habitantes del planeta Tierra.
Pero no hay buen "pastor del ser" que no tenga una buena jauría de perros rabiosos prestos a silenciar a los últimos espíritus libres; no hay gurú espiritual que se precie que no tenga una numerosa legión de fieles dispuestos a corromper y pervertir la verdad.
El nuevo internacionalismo global (marxismo mimetizado) ha aprendido que para imponer su verdad debe combatir a la gran conciencia contraria (capitalista, tradicional y heteropatriarcal) a través de la acción erosiva (guerrillera) de multitud de pequeñas conciencias endiosadas que, como perros furiosos, ladran y muerden a todo aquel que ose alejarse del rebaño.
Estos perros y mamporreros varios (sobre todo periodistas del régimen, femimarxistas, podemitas y otras hierbas parecidas) aceptan, e incluso consideran legítimo, que una mujer sea agredida, si es de VOX. Se regocijan cuando un político como Ignacio Garriga es insultado y menospreciado, porque, aunque negro, cometió el pecado de pertenecer a VOX. Ponen el grito en el cielo si un hombre mata a una mujer, pero callan cuales putillas cada vez que una madre mata a su hijo.
Estos perros rabiosos señalan y boicotean a un rockero como Sherpa por defender el hecho serio de ser español; por decir algo tan de sentido común como que una nación debe preservar y defender sus fronteras de invasiones (como, por cierto, se recoge en nuestra Constitución).
Estos esbirros del nuevo orden mundial, que bloquean al disidente en las RRSS a las primeras de cambio o amenazan con "reventar" la cara" de su interlocutor (por "facha", faltaría más), son los dignos herederos del marxismo cultural; son los hijos de Adorno y de los ofendiditos de la Escuela de Frankfurt; son los que ladran reivindicando la supremacía moral de un pensamiento sensible, emocional y sentimental, a través del cual instrumentalizan y rentabilizan el victimismo, bien magnificándolo o, las más de las veces, inventándoselo.
Inventar victimismos, recuperar y actualizar agravios pasados, mentir y difamar, perseguir y boicotear al disidente, hasta que, incluso, Ignacio Garriga, al que llaman despectivamente "el negro de VOX" nuestras sectarias izquierdas, parezca más totalitario que el papito Stalin, por el mero hecho de militar en VOX, un partido demócrata y más constitucionalista que muchos constitucionalistas, que, por cierto, callan y miran para otro lado cada vez que socialcomunistas, tontilocos y hasta el último lerdo del pueblo, vulneran la legalidad institucional.

El nuevo "neomarxismo" campa por sus fueros, sin que nadie lo frene, por una España arruinada económica y moralmente. Y en Europa, los buenos y justos están acorralando, coaccionando y presionando a países como Polonia y Hungría para que abracen la fe verdadera de una ingeniería social que ha diseñado una agenda globalizadora a imagen y semejanza de sus sueños teleológicos (léase metafísicos).

martes, 8 de junio de 2021

UN MUNDO FELIZ (serie de tv “Brave New World”)


INTRODUCCIÓN

La serie de TV “Brave new world” está basada en la novela distópica “Un Mundo feliz” (1930) de Aldous Huxley. Pero la nueva versión de la obra de Huxley no es una fiel adaptación de la misma, sino una “interpretación” que no solo desarrolla algunas de las ideas sitas en “Un mundo feliz”, sino que abre nuevas posibilidades hermenéuticas para “imaginar” los orígenes de dicho mundo “feliz” y el porqué de su autodestrucción.

A continuación intentaré analizar y comentar, desde diferentes perspectivas psicológicas y ontológico-existenciales, las posibilidades especulativas que se abren a la realidad abierta, a través de la ficción, en la serie “Brave new world”. Pero primero será obligado exponer un breve resumen de la obra original de Aldous Huxley.

“UN MUNDO FELIZ” (resumen del libro)

La sociedad perfecta y feliz que muestra la obra de Huxley fue creada por Henry Ford, el cual articuló un sistema social a partir de la manipulación y control de una serie de herramientas antropotécnicas:

1)    Tecnología biogenética capaz de manipular las características de un embrión humano para decidir sus cualidades físicas e intelectuales.

2)    Condicionamiento a través de hipnopedia: aprendizaje a través del sueño durante la niñez.

3)    Administración de soma: drogas para erradicar la ansiedad y la angustia existencial de los ciudadanos.

4)    Libertad y permisividad sexual, para proporcionar goce a los ciudadanos y evitar, así, “actitudes y ritos” sociales no deseados, tales como la monogamia, la familia, el solipsismo y la acción creativa (arte, literatura, religión, amor…).

El uso de la ingeniería genética y el condicionamiento (hipnopedia o pedagogía a través del sueño) permitirá crear diferentes estamentos sociales (clases de personas) que garantizarán una división del trabajo exenta de luchas de clases.

Todos los ciudadanos serán felices en sus puestos de trabajo y aceptarán de buen grado las responsabilidades que les sean asignadas, acordes a su estatus jerárquico (establecido a través del alfabeto griego). Los ciudadanos Alfa, dotados de gran inteligencia y belleza física, ocuparán los puestos de dirección; los Beta, también muy agraciados físicamente pero con un cociente de inteligencia algo menor que los Alfa, serán más “neumáticos” (atractivos para los placeres sexuales) y ocuparán puestos técnicos también importantes. Los Delta, Gamma y Epsilon (últimos en el escalafón jerárquico) irán desempeñando los trabajos más manuales y con menos responsabilidad.

Los tres protagonistas principales de “Un mundo feliz” son:

Bertrand Marx, un Alfa de gran inteligencia, pero que muestra problemas de adaptación, posiblemente debido a un “fallo” durante el proceso embrionario que ocasionó que fuese más pequeño que la media de los Alfa. No se siente aceptado por las mujeres ni respetado en su cargo.

Lenina Crowe es la beta por excelencia, “neumática” (escultural, bella y especialmente dotada para practicar sexo), preocupada tan solo de satisfacerse a sí misma y a los Alfa, pero con más limitaciones intelectuales que Bernard.

Por último, está John, el salvaje, que fue concebido sexualmente por Bertrand Marx y su acompañante durante una visita a la reserva de los salvajes (territorio fuera del mundo distópico). La madre de John, al perderse en la reserva, no pudo regresar con Bertrand al mundo feliz y por ello debió vivir y criar a John en la tierra de los salvajes, donde le enseñó a su hijo a leer, sobre todo las obras completas de Shakespeare.

El conflicto surgirá cuando John arribe a la perfecta sociedad feliz, acompañando a Bertrand y Lenina, y enfrente sus valores, sus miedos, angustias y culpas, a las despreocupaciones de los satisfechos ciudadanos, produciendo, así, un grave choque cultural y entre conciencias.

Tras el conflicto cultural, también entre conciencias, que surgirá entre los principales protagonistas, Bertrand Marx acabará en el exilio por ser incapaz de adaptarse a la sociedad perfecta, en parte debido a las influencias de John, el cual se retirará a una zona solitaria y aislada para no relacionarse con los demás. Sin embargo, John, y a pesar de su retiro, acabará suicidándose.

Lenina, por su parte, se enamorará de John, pero no será correspondida por el mismo. Esto le generará nuevos sentimientos y emociones desconocidos para ella, pues jamás había tenido dificultades para mantener relaciones sexuales con cualquier hombre, aunque ya tuviera problemas en el pasado por mostrar tendencias monogámicas (relaciones sexuales con un mismo hombre durante un largo período de tiempo).

BRAVE NEW WORLD (la serie de tv)

Como ya anuncié en la introducción, la serie muestra algunas diferencias respecto a la obra original de Huxley, pero, en mi opinión, estas diferencias enriquecen la serie, pues ofrecen al espectador atento un amplio abanico de nuevas posibilidades interpretativas.

La serie de TV, hija de nuestra época, introducirá tecnologías actuales en el mundo feliz, tales como las Redes Sociales, que permitirán el contacto directo y permanente de los ciudadanos con una Inteligencia Artificial (Indra); una IA que no solo controlará y vigilará las vidas de los individuos cual si de un Gran Hermano se tratara, sino que, además, facilitará que cualquier ciudadano pueda seguir la vida cotidiana (Dasman y alienación) de los demás.

En la obra de Huxley se nos dice que la revolución fordiana (Henry Ford) fue la que permitió el desarrollo de una tecnología embrionaria para crear ciudadanos perfectos en una sociedad perfecta. Pero en la serie de TV (atención, spoiler) se nos revela una nueva verdad sobre el origen de cómo y por qué se fundó Nuevo Londres (el mundo feliz):

Tras el derrumbe de la civilización humana y un final apocalíptico, 10 científicos brillantes crean una Inteligencia Artificial llamada Indra, que les mantendrá a ellos con vida, en estado de “hibernación” y creará toda una obra de ingeniería social y arquitectónica (cual Matrix) para construir un mundo perfecto habitado por ciudadanos perfectos. Así, Indra (la IA) será en realidad una conciencia creadora (suerte de dios omnipotente y omnipresente) que dirigirá la sociedad feliz a través de las RRSS.

Mientras se desarrolla el proyecto de ingeniería social de estos 10 científicos, el resto de seres humanos, que sobrevivieron a la catástrofe apocalíptica, vivirá en condiciones de extrema pobreza en las tierras salvajes, en sociedades ancladas en el pasado y reconvertidas en una suerte de gran parque temático (que recuerda a la serie West World) donde sus habitantes (trabajadores) se dedicarán a representar, a través de actuaciones psicodramáticas y performances, cómo era la vida antes de la caída de la civilización.

Una diferencia importante entre la novela de Huxley y la serie de TV será, por tanto, el contexto donde se desarrolla la vida de los salvajes. En la obra de Huxley, las tierras salvajes eran reservas de indígenas donde todavía vivían humanos de una forma primitiva, celebrando ritos mágico-religiosos y ceremonias tradicionales (como el matrimonio), mientras que en la serie de TV las tierras salvajes aparecerán como barriadas obreras de los años 70-80. La civilización superviviente al apocalipsis (tierras salvajes) malvive en unas pésimas condiciones que, inevitablemente, nos recuerdan a la vida de los proletarios, víctimas del deshumanizado capitalismo, durante los primeros años de la revolución industrial.

La madre de John, en la obra original, enseñó a su hijo a leer a través de las obras de Shakespeare, mientras que en la serie de TV, la madre aparece como una mujer deprimida y dada a la bebida. Esta diferencia se me antoja importante, ya que el John de Huxley aparece como un “individuo ilustrado” inmerso en un contexto sociocultural adverso; un sujeto angustiado que vive en una sociedad donde sus cualidades intelectuales no son valoradas, provocándole sentimientos de “inadaptación y desarraigo”. Sin embargo, el John de la serie de TV aparecerá como un obrero alienado de los años 80s, un individuo mediocre, sin éxito en el amor, que vive con su madre borracha, angustiado en la rutina de su cotidianidad y que busca refugio en la música para evadirse de la realidad.

Otra diferencia importante entre la novela de Huxley y la serie de TV concierne al desenlace final. La obra original permite la perdurabilidad de la sociedad feliz, aunque sus principales protagonistas acaban fuera de la misma, Bertrand exiliado y John muerto tras suicidarse.

Sin embargo, la serie de TV opta por la autodestrucción (desde dentro del sistema a través de la IA, Heidegger humanismo anida el germen autodestrucción ) del mundo feliz, pero salvando a todos los protagonistas. Indra, tras sucesivas simulaciones de posibilidades algorítmicas, llega a la conclusión de que la única manera de erradicar por completo la infelicidad de los seres humanos es eliminándolos, y por ello decide reiniciarse (hacer tabla rasa) y comenzar una nueva simulación de otro mundo feliz, tras permitir la destrucción del primigenio.

PSICOLOGÍA DE LOS PERSONAJES

La serie de TV, como la novela original de Huxley, nos muestra a un Bertrand Marx sutilmente inadaptado, alguien que, a pesar de no encajar perfectamente en la sociedad perfecta, tiene la suficiente capacidad y autocontrol para simular y aparentar fingida felicidad. El personaje de la novela, sin embargo, evolucionará (tras su encuentro con John) hacia una actitud más radical, y una reivindicación de su Yo más libre y personal, que acabará costándole el exilio. Sin embargo, el Bertrand de la serie de TV, más pragmático, evolucionará hacia un cinismo existencial que le permitirá no solo evitar el exilio o el recondicionamiento (castigos para los inadaptados), sino que le facilitará erigirse en el nuevo líder de un nuevo Mundo feliz tras la caída y autodestrucción del mundo creado por Indra.

El personaje de John "el salvaje" es, en mi opinión, el más adulterado en la nueva adaptación televisiva de la obra de Huxley.

El John original, el del libro, es un individuo inmerso en el "sentimiento trágico de vivir"; una persona que ha leído y ha podido acceder al círculo de los alfabetizados gracias a su madre, que provenía de la feliz sociedad fordiana. La cultura adquirida a través de los libros convierten a John en un individuo de "conciencia alienada", un hombre de carne y hueso consciente de estar "fuera de lugar".  Y tal es su angustia existencial que, finalmente, acaba suicidándose.

Sin embargo, el John de la nueva versión televisiva es lo que podríamos denominar un "tipo vulgar"; un mindundis enamorado de una tía buenorra que se ríe de él; es un pringado que hace un trabajo de pringados y se siente fracasado. Este John ya no es un ilustrado alfabetizado, sino un alma sensible enamorado de la música que, en otro tiempo, escuchaba la gente antes de que la sociedad colapsara.

A través del "nuevo John", los guionistas de la serie han sabido ver, perfectamente, el signo de los nuevos tiempos. Si el John de Huxley era un individuo leído y racional, este John será hijo de la posmodernidad: un ignorante sentimental que se refugiará en la estética de la música para huir de su realidad cotidiana. El John posmoderno también es un individuo alienado, pero, además, se mostrará como un mediocre que reprime su frustración interior. Finalmente, la frustración acumulada acabará generando fuertes sentimientos de resentimiento hacia todos y contra todos. Su estancia en el mundo feliz, lejos de provocar un "recogimiento interior", como sucede en la obra original de Huxley, generará una creciente indocilidad rebelde  que acabará contagiando a los proletas (epsilones) del mundo feliz, los cuales, inspirados por su nuevo "líder" acabarán llevando a cabo una sangrienta revolución.

ANÁLISIS ONTOLÓGICO

La aporía (callejón sin salida) o paradoja que subyace en "Brave new world" es la misma que en su día señalara Heidegger: ¿cómo puede salvarse de sí misma la humanidad si en el propio seno de su endiosado humanismo anida el germen de su autodestrucción?

Heidegger concluyó que "solo un dios podría salvarnos". Y en la serie de TV será Indra, la IA, el análogo a un dios creador, omnisciente y omnipresente, quien se arrogará la potestad de decidir cómo y cuándo salvar, o no, a la utópica sociedad feliz.

Podríamos concluir que el John de Huxley presenta un perfil elaborado a partir de postulados existencialistas: un individuo que sufre y se recoge en sí mismo, mientras que el perfil del John televisivo se ajusta más a una interpretación marxista de la realidad: un individuo que sufre y decide rebelarse y transformar un entorno que considera injusto.

Huxley optó por la vía existencialista, pues su "salvaje" era profundamente heideggeriano, mientras que la serie de TV nos presenta a un salvaje proletario. Así, mientras el salvaje heideggeriano se recogía en sí mismo, huyendo de la sociedad feliz y viviendo como un eremita, el salvaje marxista, orgulloso y prepotente, propiciará la rebelión de los "epsilones" (clase obrera en el mundo feliz). 

El salvaje heideggeriano acabará suicidándose, mientras que el marxista acabará, ni más ni menos, que destruyendo a toda la sociedad "feliz". Al final, ninguna vía, ni la del recogimiento interior ni la revolucionaria, permitirá la salvación del individuo. Quizás por ello, Indra (a la postre un dios) decidirá salvar a la humanidad, pero después de permitir, primero, que la ya existente fuese destruida por la revolución epsilón. 

Vuelve a repetirse, de esta manera, el mito del diluvio universal: destruir para salvar, eliminar para volver a crear. La misma tesis marxista que hizo suyo el mito cristiano del "castigo divino" como modo de operar en la realidad: eliminar lo viejo (injusto) para construir una nueva sociedad, un "nuevo mundo" más justo y feliz.

Resulta inevitable no ver una "sutil crítica" al marxismo revolucionario; a la vía que opta por las acciones directas y que, a la postre, más que "salvar" y transformar una sociedad, acaba destruyendo a aquellos que desea emancipar y/o liberar.

UN MUNDO POSMODERNO (música vs literatura)

La nueva serie "Brave New World" realiza un cambio, respecto a la obra original de Huxley, que considero muy significativo: la apuesta por un nuevo poshumanismo, emocional y sentimental, frente al humanismo tradicional de Huxley.

El "salvaje" de Huxley pertenecía al "círculo de los alfabetizados", sabía leer, mientras que el "salvaje" de la serie de TV es un apasionado de la música. Pero no de cualquier música, sino de la música de "Lou Reed". La canción "A perfect day" se repite de forma constante a lo largo de la serie, como si fuese la biblia de un ferviente creyente, o de manera parecida a como el salvaje ilustrado de Huxley recurría a Shakespeare.

El nuevo humanismo ya no es racional (alfabetizado) sino emocionalmente irracional. La música y los sentimientos se erigen como una suerte de "guías espirituales" que acompañan a John en su melancólica y depresiva existencia, permitiéndole rehuir de la cotidianidad de su vida mediocre.




jueves, 27 de mayo de 2021

DE COJONES Y CHUMINOS (reflexión seria aunque no lo parezca)


INTRODUCCIÓN

Esta reflexión es una continuación más jocoso-transgresora (también pedagógica) de "Los nuevos dioses". Ver aquí: El sepulcro de Don Quijote: LOS NUEVOS DIOSES (los filósofos de la sospecha) (sanchopancesco.blogspot.com)
Desde que los pensadores de la sospecha: Nietzsche, Marx y Freud dejaran abierta la puerta de la duda, respecto a lo que es real, no han parado de proliferar “posmodernos” dispuestos a hacernos creer que la realidad es lo que dictaminan sus cojones, y no los hechos, nudos y testarudos, que se dan ante sus ojos. Así, la realidad y la verdad han quedado “desdibujadas”, cuando no descaradamente negadas, por nuevos valores morales transmutados, deconstruidos e interpretados hermenéutica y psicoanalíticamente.
Este nuevo “modo de ser”, en-y-con la sospecha, ha degenerado en un círculo vicioso de “interpretación y reinterpretación ad nauseam” que cuestiona la facticidad que se da en la realidad y, por tanto, también los hechos que en ella se consuman.
Las conciencias nacidas en la época de las “posverdades” han aprendido, desde la cuna, que la verdad ya no emerge de la realidad, sino de sus santos cojones, aunque las femimarxistas, como no podía ser de otra manera, insisten en que la verdad surge en realidad, desnuda y empoderada, del chumino.
MENTES POSMODERNAS
En verdad, las conciencias individuales de hoy no son más esquizofrénicas que las de hace unas décadas, pero han padecido, desde la cuna, una sistemática y constante preparación (manipulación y adoctrinamiento) para endiosarse y poder alcanzar una meta suprema: el empoderamiento del yo (atención a este concepto).
El yo empoderado es una suerte de nuevo dios, tan seguro de su verdad que no duda, ni por un instante, en dictaminar él mismo qué es realidad o ficción, verdad o mentira, bueno o malo…
Así son “las mentes posmodernas”, conciencias que se disfrazan de “almas bellas” o de “equidistancia buenrollera” que, en realidad, son diosecillas empequeñecidas que viven, también, en diminutas moradas de verdades hechas a la medida de sus sentimientos y emociones; de sus deseos en definitiva.
La labor de un perseguidor de "roedoreh", ahora reconvertido en guardián de la realidad material, consistirá en descubrir a estos replicantes (falsos hombres de carne y hueso) que se obstinan en negar la verdad, aquella que se desoculta en la realidad abierta, para, así, imponer la verdad surgida de sus cojones y chuminos.
DIME QUÉ VES
A un hermeneuta solo se le puede desenmascarar con más hermenéutica. De nada servirá mostrarle la realidad a través de la razón, es decir, a través de razonamientos argumentados y fundamentados. El “alma bella” y el “equidistonto”, entrenados en la sospecha, no atenderán a razones, sino a los deseos de sus santos cojones… o chuminos.
La evaluación consistirá en mostrarles una serie de imágenes que harán las veces de tests proyectivos (tipo Rorschach).
Primera imagen: la bandera de España.
Una persona sana, sin prejuicios ni resentimientos ideológicos, verá una tela con forma rectangular, con dos franjas rojas y una gualda, y en el centro el escudo constitucional.
Pues hete aquí que el equidistonto, autohipnosis consciente mediante, verá en su mente, en vez del escudo constitucional, una orgullosa águila de San Juan. La realidad no será lo que vea el sujeto en el ex-sistere (mundo exterior), sino el “modo de ser” que se manifieste y actualice como presencia real en su conciencia. Y él, nuestro equidistonto, no sólo verá un águila de san Juan donde no la hay, sino que, además, deseará fervientemente que la bandera rojigualda que ve sea una tricolor republicana.
Esta disonancia cognitiva (ya dediqué una reflexión a este tema) o incongruencia entre lo que realmente es el objeto y lo que el individuo desea que sea, provocará en el pequeño diosecillo una tremenda frustración.
¿Cómo superará la frustración este yo empoderado y contrariado?
MECANISMOS DE AUTOENGAÑOS
Lo que hará el “equidistonto”, contrariado y frustrado, será racionalizar sus deseos (vía psicológica) y construir argumentos falaces (vía filosófica o sofista) por tal de negar la razón de ser de la actual bandera española.
Racionalización psicológica: El sujeto equidistonto se autoconvencerá de que las banderas, en tanto que meros símbolos, no tienen, en realidad, ninguna importancia trascendental. Proclamará, cual cínico mentiroso, que las banderas no significan nada para él; a él, pequeño diosecillo, no le representa ninguna bandera, ni ninguna bandera le pone la carne de gallina ni le pone de pie (letra del grupo Barricada). Pero ¡oh, sorpresa!, a estos mismos equidistontos se les ve el cínico plumero cuando, traicionados por sus verdaderos sentimientos, rinden honores a una ikurriña.
Argumentación falaz: la mayoría de los equidistontos (falsos equidistantes) tiran de argumentos sofistas, siendo el más recurrente de ellos la analogía falaz, consistente en establecer una igualación entre dos realidades muy diferentes. Cuando un equidistonto, por ejemplo, os diga que la bandera española tiene la misma importancia, simbólica e institucional, que una ikurriña o una estelada, deberéis echar mano a vuestra browning dialéctica. Están igualando torticeramente el símbolo de una nación auténtica, con trayectoria histórica real, con los trapos de regiones que aspiran a ser naciones, pero no lo son ni nunca lo fueron.
CONCLUSIÓN
El caso de la bandera es perfectamente extrapolable a VOX o al propio concepto de España. El yo empoderado del equidistonto se negará a ver en VOX lo que realmente es: un partido democrático y constitucionalista, porque él “sospecha”, en su mente resentida y frustrada, que es fascista. Así, no dudará en establecer otra analogía falaz, igualando a un partido “limpio” como VOX con un partido lleno de “suciedad moral” (nido de violentos y asesinos, torturadores y secuestradores) como Bildu. Dirán, como tantos pseudointelectuales en España, que ambos partidos son igual de “malos” e indeseables.
Durante décadas, a partir de la Transición para ser más exactos, también España ha sido negada como nación real, y todo porque un puñado de tontilocos, con la ayuda de los equidistontos del PSC (caso de Cataluña), se han obcecado en negar la realidad de los hechos, con tal de, así, imponer sus deseos y hacer reales sus naciones ficticias a través de políticas de facto, que están dispuestas, incluso, a vulnerar la legalidad. ¡Por sus cojones!

miércoles, 29 de abril de 2020

EL CAPITAL Y LA MORAL MARXISTA

INTRODUCCIÓN


"El manifiesto comunista" constituye un acertado análisis que explica cómo, a lo largo de la historia, unas reducidas élites oligárquicas (poderes señoriales) se apropiaron de la fuerza del trabajo de los individuos: mediante la relación señor-esclavo en la antigüedad, señor-siervo en la EM hasta llegar a la relación burgués-obrero o capitalista-proletario que se estableció a partir de la Revolución industrial.
A lo largo de la historia se han dado, por tanto, dos formas de dominación a través del trabajo explotador:

La primera: durante la antigüedad (sistema esclavista) y el feudalismo se desarrolló un dominio personal del amo o señor para explotar la fuerza del trabajo de esclavos y siervos.
La segunda: a partir de la Revolución industrial apareció un dominio abstracto, practicado por un nuevo sistema capitalista.

En "El capital", Marx resuelve la paradoja inherente al Capitalismo, el cual no surge del mero intercambio comercial o circulación de bienes, pero tampoco puede surgir si no hay Mercado (intercambio de bienes). A través del estudio y análisis de la evolución histórica del intercambio de equivalencias, Marx descubrirá que la potencia del trabajo humano será el factor que hará posible el incremento del valor de un bien: La plusvalía.

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL INTERCAMBIO DE EQUIVALENCIAS

Desde edades muy tempranas el hombre practicó el comercio como manera de suplir carencias y satisfacer necesidades vitales. Al principio, el intercambio de mercancías se realizaba a través del trueque, es decir, estableciendo equivalencias entre productos de diferente valor. El valor venía determinado por la escasez o abundancia de un producto; por ejemplo, la sal fue un producto al que se le daba gran valor en lugares donde escaseaba y por eso una pequeña cantidad de dicho producto se intercambiaba por grandes cantidades de otros.
Así, por ejemplo, un puñado de sal (bien escaso) podía intercambiarse por varios kilos de frutas (bien abundante).
Pronto se hizo necesario acuñar monedas (dinero) para facilitar los intercambios comerciales. De esa manera el intercambio de equivalencias pasó de ser producto x producto a ser producto x dinero.

Ejemplo: si un camello valía 5 dinares, el comprador lo adquiría por 5 dinares, pero tras no necesitarlo o precisar otro producto más urgente podía volver a venderlo por 5 dinares. No se producía ningún incremento en el valor del bien (camello).

Sin embargo, imaginemos que el individuo que compró el camello por 5 dinares, decidiera volver a venderlo por 8 dinares al cabo de un tiempo. El individuo argumenta que trabajó dedicándose a cuidarlo (proporcionándole cobijo y comida). Dice que hizo al camello más resistente y fuerte, y también que lo adiestró y domesticó para que fuese más útil en determinadas tareas.
¿Qué ha ocurrido?
Ha sucedido que el comprador ha incrementado el valor de la mercancía (camello) a través de su potencia de trabajo. Vende el camello más caro porque ahora éste tiene un plusvalor. Ya no es el mismo camello, sino que es un camello mejor.

Este individuo descubrirá que para incrementar el valor de su compra (inversión) debe trabajar, pero pronto descubrirá también que para crear más plusvalor, necesitará más fuerza de trabajo: esclavos y/o trabajadores. Vio que comprando 10 camellos a 5 dinares cada uno (50 dinares) podría venderlos, al cabo de un tiempo, por 80 y obtener una plusvalía de 30 dinares.
De esta manera, el intercambio de equivalencias adquirió una forma más perversa: dinero x dinero, es decir, ya no se intercambiaba dinero a cambio de un producto necesario para suplir carencias y satisfacer necesidades vitales, sino que el dinero se convertía en justificación de sí mismo; ya no era un "medio" (para adquirir bienes y productos) sino que se transformó en un fin en sí mismo. El objetivo del dinero pasó a ser acumular más dinero, es decir, su finalidad pasó a ser producir más capital.
Nuestro comerciante de camellos no tardó en comprar esclavos (nueva inversión) para que trabajaran en la cría y doma de sus camellos. Así aumentaba la producción y las ganancias (plusvalía) a cambio de muy poco: proporcionar techo y comida a sus esclavos. De esta manera se apropiaba de la fuerza del trabajo de sus esclavos en su propio beneficio.
Con la revolución industrial se establecería un nuevo intercambio económico entre burgués (empresario) y asalariado (trabajador): fuerza de trabajo x salario. Se pretendería, de esta manera, que el trabajador también percibiera una parte de la plusvalía generada por aportar su fuerza de trabajo. ¿Pero la parte de plusvalía que recibía/recibe el trabajador era/es suficiente y justa?

EL REPARTO DE LA PLUSVALÍA

No quiero profundizar en este punto crucial para no extenderme en exceso, tan solo señalaré que, como consecuencia de legitimar al Capital como justificación de sí mismo, fue necesario justificar la apropiación de la fuerza del trabajo; fue necesario pervertir el intercambio de equivalencias entre fuerza del trabajo x remuneración (salario) de tal manera que la fuerza del trabajo resultase infravalorada y las riquezas que ésta generase, en forma de plusvalías, les llegasen al empresario capitalista como acumulación de beneficios.

Para poder hacer un reparto justo de las plusvalías generadas por la fuerza del trabajo primero es necesario determinar cuál es el valor de la fuerza del trabajo.
Pero el valor de la fuerza del trabajo no puede objetivarse científicamente como pretendió Marx, considerando valores de cambio (tiempo de trabajo) y valores de uso (necesidad del producto).
El valor de la fuerza del trabajo es aquel que se determinada socialmente en cada momento histórico, es decir, es el valor que la conciencia colectiva de una época justifica como "bueno y justo".
Las primeras prepotencias señoriales, la de los amos y señores, consideraban "buena y justa" la mínima inversión que debían hacer para garantizar la subsistencia de sus esclavos y siervos. El valor de la fuerza del trabajo equivalía a la inversión mínima necesaria para garantizar, tan solo, el alimento y cobijo del trabajador.
Así, en períodos antiguos, el amo o señor consideraba casi nulo el valor de la fuerza del trabajo de su esclavo o siervo, legitimándose dicha explotación como buena y justa, pues ni el esclavo ni el siervo eran considerados como personas portadoras de dignidad y derechos. Cuanto más se infravaloraba el valor de la fuerza del trabajo, más se le expropiaba al esclavo o siervo su fuerza de trabajo, quedando un mayor beneficio económico para el amo o señor en forma de plusvalía.

PLUSVALÍA Y MORAL

Si nos fijamos, para valorar la fuerza del trabajo debemos recurrir, inevitablemente, a justificaciones morales, y no solo económicas (tiempo de producción y necesidades del producto). Si solo se realizara una justificación económica, lo lógico y lo más racional sería que quien deseara obtener beneficios para enriquecerse minimizase al máximo sus inversiones, una de las cuales sería reducir gastos en la fuerza del trabajo (mayor jornada laboral, menos salario, peores condiciones laborales, rigidez autoritaria...).
El tema del valor de la fuerza del trabajo, por tanto, es una cuestión moral. Y la moral, como sabemos, va íntimamente ligada a la razón que, dialéctica histórica mediante, decide en cada momento histórico qué es "bueno y justo" o, sencillamente, qué es "verdad".

La conciencia colectiva o verdad institucionalizada ha ido evolucionando a medida que la razón ilustrada ha ido emancipando y liberando a los hombres, reconociéndoles a estos su dignidad y sus derechos. Y con estos reconocimientos se ha ido revalorizando, paralelamente, el valor de la fuerza del trabajo. Ya nadie acepta que un obrero deba vender su fuerza del trabajo a cambio, tan solo, de comida y cobijo, para garantizar su mera subsistencia.
El trabajador de hoy quiere vivir, no tan solo subsistir, quiere autorrealizarse como persona libre y en libertad.
Ya lo expresó Aristóteles en su "Política" al enunciar que "no se trata solo de vivir, sino de vivir bien". O, como solía repetir mi padre, liberal y en absoluto marxista: "hay que trabajar para vivir, y no vivir para trabajar".
De hecho, Aristóteles diferenció diferentes usos del dinero: una crematística natural, necesaria y útil para vivir, y una crematística superflua, cuyo único fin consiste en acumular riquezas.

Pero sigue existiendo conflicto entre empresarios y/o emprendedores y trabajadores, porque los primeros no están dispuestos a invertir y arriesgar su capital sin la promesa (alta probabilidad) de obtener suculentas plusvalías, y los segundos no están dispuestos a vender su fuerza de trabajo a cambio de miseros platos de lentejas.
¿Quién debe apropiarse de las plusvalías generadas a través de la fuerza de los trabajadores? ¿Debe apropiárselas el empresario, el Estado o los propios trabajadores a través del ejercicio de su propia libertad? ¿Y por qué legitimamos o justificamos que sean unos u otros quienes tengan derecho a apropiarse de las plusvalías? ¿Sería factible la tercera opción, más cercana al ideal anarquista?

Para responder a estas preguntas tenemos que plantearnos, de nuevo, cuestiones morales; ¿qué es bueno o malo, aceptable o inaceptable?

El Capital se ha convertido en un nuevo Dios; en un nuevo ente supremum que proporciona felicidad, no en forma de eterna vida celestial, sino facilitando el goce de los sentidos en el mundo terrenal: más sexo, más diversión, más ocio, todo podrá comprarse con dinero salvo disponer de "tiempo infinito" para vivir.
la Ilustración, a través de la razón, desenmascaró la trampa moral del supremacismo religioso. No debe resultarnos extraño, por tanto, que el liberalismo, hijo de la Razón ilustrada, magnificara y legitimara el capital por el capital como suerte de nuevo Dios; como nuevo sucedáneo de felicidad y promesa de esperanza. De la misma manera que los antiguos creyentes soñaban con un paraíso celestial tras morir, así sueñan los hijos del capitalismo con que, un buen día, les toque la lotería. Todo es sueño y esperanza, todo se reduce a creencia y fe.

Pero, como no podría ser de otra manera, el supremacismo capitalista fue desenmascarado por Marx; el pensador alemán descubrió el autoengaño que subyacía en la trampa moral del capitalismo, de la misma manera que la ilustración liberal desenmascaró la trampa moral inherente a las religiones.

¿Y qué nos propuso Marx? ¿Qué autoengaño articuló el marxismo, en forma de trampa moral, para poder convencernos de que es posible alcanzar una perfecta sociedad "buena y justa"?
La trampa consistió en despreciar a una clase de persona; a aquel tipo de hombre que deseara, ante todo y por encima de todo, ser libre. Así, el marxismo no solo despreció al soberbio liberal, sino también, y de forma harto despectiva, al iluso anarquista. Estas falsas conciencias tendrían que ser negadas y deslegitimadas, primero, y reeducadas, después, durante la necesaria dictadura proletaria que seguiría a la revolución socialista.
El marxismo quería, tan solo, a un nuevo tipo de hombre que voluntariamente, convencido en tanto que consciente de ser el portador de una nueva concienca "buena y justa", supeditara su libertad individual al bien común; es decir, que autolimitara su libertad en aras de lograr la auténtica y verdadera conciencia en la perfecta sociedad proletaria. Quería, en definitiva, a un hombre sumiso y dócil que aceptase que el Estado decidiese por él cuál sería el reparto más justo de las plusvalías generadas por la fuerza de su trabajo.


sábado, 11 de abril de 2020

SOCIEDAD ATARÁXICA E INTERACCIÓN HUMANO-TECNOLÓGICA


INTRODUCCIÓN

Hace casi un mes, cuando todavía apenas se estaban vislumbrando las terribles consecuencias que iban a derivarse del coronavirus, mi instinto, de natural pesimista, elucubró la cruenta posibilidad (cada vez más real) de que la crisis provocada por el covid-19 acabara legitimando la implantación de toda suerte de propuestas fundamentadas en diferentes ideologías liberadoras.
Conociéndome el percal, y consciente de que la esencia de la razón de ser española siempre ha sido “roja”, especulé sobre la aparición de una futura sociedad que podría denominarse sociedad ataráxica.

A continuación expondré un modelo raciovital que supondría la superación y síntesis, al tiempo, de las propuestas tradicionales del materialismo marxista ,y  también de las mas vitalistas, para articular un perfecto mundo feliz.
HACIA UNA SOCIEDAD ATARÁXICA

Para lograr una sociedad ataráxica, es decir, una sociedad relajada y des-preocupada ante las incertidumbres y adversidades vitales, el Estado tan solo tendría que garantizar que cada ciudadano tuviese cubiertas dos necesidades psicovitales básicas: la de supervivencia y la de autorrealización personal.
Ya estamos viendo cómo los sempiternos seguidores de Marx están abogando por la implantación de una renta mínima para permitir la supervivencia de los ciudadanos más vulnerables ante la presente crisis socio-económica que, seguramente, irá en aumento y desbordará, incluso, las predicciones más pesimistas. Nada que objetar a esta propuesta, de momento. No quiero, ahora, entrar en los pormenores sobre cuándo, cómo y a quiénes se les debería garantizar dicha renta de supervivencia.

Sí quiero señalar, pero, que de llevarse a cabo esta medida paliativa, que en principio sería temporal, aparecerían “nuevos problemas” y otros, que se me antojan más urgentes, quedarían sin resolver.
Ya dije que para lograr una sociedad ataráxica, un parque humano feliz y fácil de criar y domesticar, debería garantizarse, primero, la supervivencia de la ciudadanía (comida y vivienda principalmente), pero también, más pronto que tarde, debería facilitarse la autorrealización personal.

HACIA UN NUEVO MODELO DE AUTORREALIZACIÓN PERSONAL
El control de la ciudadanía no puede llevarse a cabo, como hasta ahora han ensayado los regímenes comunistas, garantizando únicamente la supervivencia de la ciudadanía a través de rentas mínimas o cartillas de racionamiento. De esta manera tan solo se mantiene vivo el cuerpo, pero el espíritu, entiéndase este en términos religiosos o como salud psíquica, también necesita ser alimentado; necesita autorrealizarse, creer, en definitiva, en promesas que le permitan trascender y dar sentido a su existencia.

Al ser humano no le basta con ser tan solo para ser, permítaseme este redundante juego de palabras inspirado en la acertada apreciación de Spinoza: lo propio (esencia) del ser es ser, es decir, perdurar y seguir siendo. Pero, además, el  “animal de lujo” en que nos hemos convertido tampoco se resigna ni acepta ser un ser para la muerte (Heidegger), pues necesita creer que es algo más que nada (de nuevo Heidegger).

Los regímenes comunistas, desde la extinta URSS hasta sus herederos actuales, como Cuba y Venezuela, siempre han obviado el componente psíquico o espiritual en sus modelos de cría y domesticación (ver “Normas para el parque humano” de Sloterdijk).
Los totalitarismos comunistas no tuvieron más remedio que prescindir de las necesidades de autorrealización personal, pues en el contexto histórico en que intentaron implantar sus propuestas ataráxicas (socialistas) solo el mundo capitalista y liberal permitía a los individuos que fueran libres para desarrollar sus propios proyectos vitales, a través del constante quehacer y la elección de posibilidades (Ortega).

ELEGIR Y HACER (creer en libertades virtuales)
Y aquí quería llegar, al meollo de la cuestión, que no es otro sino  la necesidad que tiene todo ser humano de creerse y sentirse libre; para hacer y, sobre todo, para elegir.

He escrito “creerse y sentirse libre”, porque lo importante, en mi parecer, no debería consistir en lograr que cada individuo dispusiera de una libertad real (imposible, de hecho), sino conseguir que este se crea ilusoriamente libre. Sí, sé que lo que escribo es triste, pero, ante lo que se nos viene encima, debemos ponernos en el peor de los escenarios posibles.
¿Cómo crear una falsa ilusión de libertad o una libertad virtual?

Ahora, cualquier modelo materialista marxista lo tendría más fácil para implantar sus propuestas de sociedades ataráxicas, pues, además de garantizar rentas mínimas, solo tendría que garantizarle a cada ciudadano el acceso a un amplio abanico de propuestas de ocio tecnológico.

Las propuestas de ocio tecnológico deberían permitirle al individuo autodesarrollarse a través de los dos rasgos raciovitales, constitutivos del ser humano, que ya he mencionado: elegir y hacer.
Así, el ciudadano ataráxico podría elegir qué películas o series ver de entre una multitud de propuestas, o podría elegir en qué mundo virtual desarrollar el rol de un alter ego…

Y si, además, las nuevas tecnologías destinadas al ocio permitieran hacer, es decir, posibilitaran operar manual y corpóreamente durante la interacción humano-tecnológica (gafas virtuales, periféricos para juegos de plataforma, robots sexuales…) muchísimo mejor.
EL SOMA

Todavía nos faltaría un tercer componente, esencial, para poder articular una sociedad ataráxica: la farmacología evasiva.
El problema del ser humano es que, incluso teniendo garantizadas las necesidades psicovitales ya mencionadas (supervivencia y autorrealización personal) tarde o temprano caería en el cuenta de estar viviendo en un autoengaño, en una suerte de autohipnosis consciente (Sloterdijk) de una falsa ilusión. Para esos momentos de inevitable toma de conciencia de la realidad, el ciudadano feliz debería poder tener la opción de evadirse a través de drogas (el soma propuesto por Aldous Huxley) que fuesen lo menos dañinas para el organismo (drogas limpias y legales). No queremos que el ciudadano ataráxico acabe con el hígado cirrótico como los camaradas de la URSS, que se ponían hasta el culo de vodka para olvidar sus penas.

CONCLUSIÓN
La articulación de una sociedad ataráxica, si no hoy, cada día estaría más cerca de ser una posibilidad en la realidad abierta. Tan solo habría que desarrollar un modelo raciovital que superara al obsoleto modelo marxista, que solo hacía hincapié en necesidades materiales de supervivencia.

Si ha de llegar una nueva sociedad feliz, al menos que se articule corrigiendo y superando las propuestas del ya obsoleto materialismo marxista.
Los tres ejes en torno a los cuales se debería articular una sociedad ataráxica poshumanista (nuevo humanismo postcoronavirus) serían:

1-    Garantía de la supervivencia (comida y vivienda).

2-    Autorrealización personal a través de una interacción humano-tecnológica (quehaceres virtuales que permitan elegir y hacer).

3-    Disposición de Farmacología para facilitar la evasión en momentos de depresión vital.

jueves, 9 de abril de 2020

MARX VS ORTEGA (Sobre Podemos, VOX y G. Bueno)


INTRODUCCIÓN

Todos pudimos ver en su día, y con claridad meridiana, qué era Podemos y quiénes formaban parte de ese nuevo partido de indignados que decía luchar contra la casta política.
Una imagen mental, que creo harto significativa para entender qué era/es Podemos, permanece todavía imborrable en mi memoria: un politiquillo de mi municipio, que se jactaba de ser comunista, exhibía en su Facebook, sin ningún rubor, una fotografía de un joven, con la camiseta del Che, que portaba un AK-47. Pues bien, al poco de irrumpir Podemos en la política española, ese astuto aprendiz de bolchevique retiró la “fotografía subversiva” y la sustituyó por la de un grupo de jóvenes sonrientes con pancartas donde podía leerse la famosa consigna podemita del  “tic-tac” (se acabó vuestro tiempo). Este personaje consiguió ser concejal por Podemos en mi municipio.

DEL KALASHNIKOV A LA CÍNICA SONRISA
No cabía ninguna duda, la mayoría de los integrantes de Podemos procedían de diferentes grupúsculos ideológicos, pero todos ellos relacionados, en mayor o menor medida, con las rancias y retrógradas tesis del comunismo más criminal.

No hacía falta ser ningún genio para comprender que el núcleo de ideólogos de Podemos (Pablo Iglesias, Monedero, Errejón…) había comprendido que la vía revolucionaria para “asaltar los cielos” debería valerse de las tesis de Gramsci: aglutinar a diferentes clases de personas (femimarxismo, animalistas, ecologistas, LGTBI…), procedentes de diferentes clases sociales (obreros, acomodados burgueses, izquierdas indefinidas…), para involucrarlas a todas en una misma lucha común: la lucha contra la privilegiada casta política, en realidad un disfraz cínico y sonriente bajo el que se escondía el viejo sueño marxista de implantar el socialismo tras la caída del Capitalismo.

Y si el Capitalismo no caía por sí mismo (pronóstico marxista), pues se le “ayudaba un poquito” poniéndole mil y una zancadillas a través del agitprop en las calles y en los medios de comunicación.
Muchos ingenuos y no pocas “almas cándidas” cayeron en la trampa de Podemos, pero no así los viejos liberales que todavía teníamos (tenemos) alma orteguiana.

ESCISIÓN ENTRE LOS SEGUIDORES DEL MATERIALISMO FILOSÓFICO (Marx vs ORTEGA)
Desde que comencé a interesarme por el Materialismo Filosófico (a partir de ahora MF) vi en él influencias claramente orteguianas. De hecho, llegué a Gustavo Bueno siguiendo las huellas de Ortega.

Es cierto que en el MF podemos encontrar la clara influencia del realismo aristotélico, la impronta de Spinoza en lo que concierne a la superación del monismo de la sustancia y, sobre todo, y como no podía ser de otra manera, hallamos la siempre omnipresente filosofía marxista. Sin embargo, yo no pude evitar, en un primer contacto con el MF, ver en la filosofía de Bueno la herencia de filósofos españoles como Unamuno, Zubiri y, por supuesto, Ortega y Gasset.

Así, por ejemplo, yo no podía dar crédito a algunos de los “argumentos” de Jesús G. Maestro que despreciaban a Ortega por ser un “idealista europeísta”. Ortega fue mucho más que eso, incluso aunque fuese tan “idealista” (yo discrepo) como sostienen algunos intérpretes de Gustavo Bueno. Ortega, a través de la enorme labor intelectual de la Escuela de Madrid, dejó un legado vital (nunca mejor dicho) que podría considerarse como la semilla de una nueva filosofía española; la semilla de una filosofía raciovitalista, en español y para los españoles, que no llegaría a germinar debido al estallido de la Guerra Civil.
Tampoco me “cuadraban” demasiado, en mi acepción de lo que es/debería ser el MF, algunas reflexiones y críticas de Pedro Insua a la “derecha española”, sobre todo a la “derecha” que representa VOX; y menos aún comprendía la retrógrada propuesta de Santiago Armesilla,  una “reinterpretación” del marxismo-leninismo para ensayar un nuevo comunismo patriótico español.

INTÉRPRETES DE GUSTAVO BUENO
Al descubrir la obra de Manuel F. Lorenzo, autor de “La razón Manual”, entendí que el MF, tras la muerte de Bueno, siguió desarrollándose a través de dos líneas filosóficas que lo fundamentaban, al mismo tiempo y de manera contradictoria: una línea de interpretación en clave marxista y otra que hacía suya la ciencia positivista piagetiana.

Pues bien, los autores antes mencionados, Pedro Insua y Santiago Armesilla, se encontrarían adscritos a la línea marxista defensora de una ontología realista-materialista, mientras que autores como Manuel F. Lorenzo abogarían por la superación y trituración definitiva del marxismo gnoseológico y político.
De hecho, “La Razón Manual” de Manuel F. Lorenzo, y a partir de la obra de Gustavo Bueno, pretende desarrollar un nuevo vitalismo, muy en la línea del raciovitalismo orteguiano, que se denomina Vitalismo Trascendental Antrópico.

Pero no me extenderé en explicar los argumentos en los que se fundamenta el Vitalismo Trascendal Antrópico (ver aquí), sino en desenmascarar las falacias de las que se ha servido Pedro Insua, en varias ocasiones, para atacar a VOX.

PEDRO INSUA CONTRA VOX
Antes de nada, y para que conste, hay que reconocer que Pedro Insua es, actualmente, uno de los más brillantes intelectuales españoles. Sin embargo, y sin pretender argumentar ad hominem, resulta obligado señalar que Insua, además de exmilitante del PCE (Partido Comunista de España) sigue defendiendo el desarrollo de una línea marxista, a partir del MF, para articular una nueva filosofía en español defensora de la nación española. Estas apreciaciones resultan obligadas para entender el distanciamiento entre Pedro Insua y VOX, un partido, no lo olvidemos, que también cuenta entre sus filas con muchos pensadores seguidores de la obra de Gustavo Bueno, como Iván Vélez .

No cabe duda de que Pedro Insua es un patriota y cree, como VOX, en la extrema necesidad de preservar la unidad e integridad de la nación española. Muchos han sido los correctivos dialécticos que Insua ha aplicado al provincianismo tontiloco y a ese gran absurdo que es nuestro parasitario sistema autonómico. Pocos como él han defendido la legitimidad de la trayectoria histórica real de España, tanto como nación indiscutible como en su papel universal de imperio generador.
Pedro Insua también se ha mostrado como un luchador infatigable contra los argumentos negrolegendarios de nuestras izquierdas indefinidas y contra el tontoprogresismo más abyecto.

¿Qué le pasa, entonces, a Pedro Insua, para que no pueda disimular su rechazo a VOX y caiga, puerilmente, en argumentaciones falaces de 1º de filosofía?

PEDRO INSUA CONTRA JESÚS LAINZ

Antes de que tuviese lugar un pequeño “rifirrafe” dialéctico entre Insua y Lainz, a colación de VOX, yo no pude evitar fijarme en cómo, en uno de sus artículos, Pedro Insua dejaba caer sobre VOX la sospecha de ser un partido islamófobo. Yo no daba crédito. Pero sí, pese a las advertencias de Gustavo Bueno sobre las amenazas impositoras del Islam, Insua se marcó “un Sampayo” que, para quien no lo sepa, es un argumento falaz del hombre de paja del tamaño de una catedral. No le di importancia. Me dije que Insua no era como el demagogo Sampayo, y que una mala tarde, que diría Chiquito, podía tenerla cualquiera.
Pero hete aquí que, al poco tiempo, descubro a Pedro Insua tirando otra vez de falacia argumental, en esta ocasión usando una analogía falaz para igualar torticeramente a Podemos con VOX. Venía a sostener Insua que tan totalitario era Podemos, en tanto comunista, como VOX, en tanto que fascista.

Afortunadamente, Jesús Lainz (otro gran intelectual) le salió al quite rápidamente para triturar su argumentación falaz de un plumazo. Efectivamente, y como bien señaló Lainz, Podemos y su líder Pablo Iglesias SÍ habían declarado públicamente ser comunistas, pero ni VOX ni su líder Santiago Abascal habían dicho jamás ser fascistas. Pero dejando de lado las declaraciones verbales, y atendiendo a los hechos fácticos, Lainz también demostró que Pablo Iglesias sí había cantando la Internacional con el puño en alto en más de una ocasión y había exhibido simbología comunista, mientras que VOX no había hecho lo propio con himnos ni simbologías fascistas. Hechos.

PEDRO INSUA CONTRA “GOBIERNO DIMISIÓN”
A mí no me interesaba, de verdad de la buena, escribir nada que pudiera perjudicar mínimamente el buen quehacer de Pedro Insua. Me mola Pedro Insua y prefiero que, pese a su ojeriza contra VOX, esté en el bando de “nuestros hijos de puta” (léase como aliado de quienes defendemos la unidad de la nación española).

Sin embargo, ayer no pude morderme la lengua y le solté un sarcástico maullido cuando, con aires de intelectual de impoluta ética, el “estirado” Pedro Insua afeó y criticó las “malas maneras”, y en su parecer mentiras, que exhibieron algunos de los que convocaron la manifestación de “Gobierno dimisión”.
He de decir que Pedro Insua me contestó respetuosamente con una lacónica frase que hacía hincapié en el hecho de que él era, ante todo, un patriota español. Nada que ver con el cobarde Sampayo, que me bloqueó de buenas a primeras cuando le pregunté por sus falacias contra VOX.

CONCLUSIÓN
No quiero que se me malinterprete, pues, como suelen señalarme algunas amistades virtuales, tengo el feo defecto de “poner nombres” siempre que elaboro alguna de mis despiadadas críticas. Pero los nombres (con apellidos) son necesarios, porque la crítica que pretendo exponer no va dirigida a mi suegra (votante del PSOE) ni a mi vecina choni que vota a Podemos; no va dirigida a los millones de españoles que dieron sus votos a PSOE y Podemos. Mi crítica, mis maullidos y mis arañazos gatunos, va dirigida, sobre todo, a ciertos personajes con ínfulas (ésta me la he copiado de un insulto que me dedicó en su día Julio Béjar , jejeje); va dirigida a sujetos, supuestamente ilustrados, como el cobarde Sampayo, el cínico Javier Marías o el errado Mikel Arteta (antes mil veces Podemos que VOX).

Nada tiene que ver Pedro Insua, por supuesto, con los personajes anteriormente citados, salvo, quizás, el hecho de compartir con ellos apegos y afectos tempranos por la ideología marxista. Y aquí quería llegar.
He escrito otro tocho, tan vano como sinsorgo, para intentar, una vez más, llegar a la raíz del problema que subyace en la razón de ser española: el problema de ser roja en tanto que católica.

Gustavo Bueno supo verlo muy bien cuando se declaró “ateo católico” y “marxista español”, intentando conciliar dentro del sistema del MF las diferentes esencias nacionalistas, católicas y marxistas.
Pero Manuel F. Lorenzo ha sabido verlo mucho mejor. Hay que rescatar el raciovitalismo orteguiano y triturar, de una vez por todas, la ontología materialista del marxismo. Hay que desterrar esos afectos tempranos que impulsaron ayer a Pedro Insua a defender al peor gobierno de la historia de España. Debemos acabar con esos apegos que instaron a Insua, en graves momentos para la nación española, a ejercer como “abogado del Diablo” defendiendo a cínicos criminales (golpistas) sin escrúpulos.