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martes, 23 de febrero de 2021

MARXISMO Y HUMANISMO (no hay razón sin moral)

 

INTRODUCCIÓN

El amigo José (comentarista habitual) me recomendó hace unos días leer en “elliberal.com” un artículo de Pedro Insua que, en forma de “carta abierta”, iba dirigido a Antonio Escohotado.

El autor de “Los enemigos del comercio” había sostenido en el programa “La tuerka”, de Pablo Iglesias, que comunismo y nazismo eran iguales; dos supremacismos totalitarios y dogmáticos; dos ideologías genocidas que habían causado mucho daño al conjunto de la humanidad.

Pedro Insua rebatió a Escohotado y argumentó que la diferencia entre comunismo y nazismo era “abismal” (cita literal) porque el primero tenía/tiene una aspiración universalista y el segundo es particularista.

A partir de dicho argumento universalista, fundamentado a través de una lógica racional, como sostenía Insua, quedaba demostrada la superioridad racional (moral) del comunismo.

Según Insua, el comunismo, desde postulados antropológicos, castigaba al disidente que se negaba a aceptar la oportunidad de convertirse a la conciencia verdadera (conciencia de clase). El nazismo, sin embargo, al fundamentarse en postulados de raza, no daba tal oportunidad al individuo, sino que éste debía ser eliminado, sí o sí.

Dicho en román paladino: el comunismo daba la oportunidad a los disidentes de abrazar la fe verdadera (ser evangelizados), mientras que el nazismo negaba cualquier oportunidad de salvación a sus enemigos “no arios”.

FÉLIX OVEJERO VS PEDRO INSUA

También en su día, F. Ovejero defendió la superioridad ético-moral del comunismo frente al nazismo, argumentando que en el primero subyacía una “intencionalidad a priori” buena y justa (lograr una sociedad feliz para TODOS), mientras que la intencionalidad a priori del nazismo ya legitimaba, de entrada, la eliminación de “otras razas” y, por tanto, excluía de su “mundo feliz” a importantes grupos humanos.

Tanto Insua como Ovejero legitiman la superioridad moral del comunismo vs el nazismo, no a partir de las consecuencias de sus acciones (crímenes genocidas), sino a partir de sus intenciones; intenciones justificadas desde una racionalidad universalista, en el caso de Insua, y desde una ética apriorística humanista en el caso de Ovejero.

Los dos filósofos españoles, de maneras parecidas, legitiman la superioridad moral del comunismo (marxismo operativo), entendiéndolo como un humanismo universalista. ¿Pero por qué creen estos dos pensadores que “el marxismo es un humanismo”? ¿Y por qué ha de ser este “humanismo marxista” mejor que otros?

¿QUÉ SIGNICA SER “HUMANISTA”?

Resumiéndolo brevemente, podríamos decir  que el individuo humano es aquel hombre de carne y hueso que transciende su ex-sistencia (ser-ahí en el mundo) dotándose de es-sencia (sentido y razón de ser). El hombre humanista, en definitiva, se hace a sí mismo a través del libre albedrío para poder llegar a ser algo más que nada.

Según Heidegger, el primer humanismo que apareció en la historia fue el de Roma; “los romanitas se convirtieron en humanitas” (“Cartas sobre el humanismo” de Heidegger) cuando, a través del proceso de “romanización”, ensayaron la implantación de un primer universalismo en el conjunto de la humanidad o mundo conocido hasta entonces.

Lo que diferencia al homo humanus del homo barbarus es su alejamiento de la naturaleza (barbarie) obligándose a autocontrolar y regular sus instintos más primitivos. El humanista, por fuer, se obliga a ser civilizado. Pero Adorno y Horkheimer, en mi opinión, afinaron más al señalar que, en realidad, el humanitas no puede “alejarse” del estado natural, sino que, inmerso en el mismo, no tiene más remedio que dominarlo y controlarlo, es decir, se ve obligado a imponer una determinada cosmovisión (interpretación del mundo, de los hombres y de la historia) para garantizar una convivencia civilizada. Así, el humanitas, intentando rehuir de la barbarie, no puede evitar, a su vez, legitimar el uso de la fuerza para imponer su verdad. Pero esta fuerza no deberá ser la fuerza irracional del bárbaro, sino una fuerza racional sujeta a derecho (leyes de los humanistas). ¿Pero qué es racional o irracional? ¿Acaso no coinciden ambos conceptos, respectivamente, con los de moral e inmoral?

Ya he señalado que la implantación de una cosmovisión que permita criar y domesticar (civilizar) al ganado humano (Peter Sloterdijk) siempre obliga a establecer unas reglas para el parque humano; unas normas (leyes) que permitan la convivencia entre conciencias dispares (conciencias individuales). Y dichas reglas y normas solo podrán articularse a través de la política, es decir, a través de Estados operativos y/o imperios generadores (G. Bueno). Pero, de nuevo, debemos preguntarnos: ¿de dónde surgen esas normas y reglas que han de civilizar al conjunto de la humanidad? Pues surgen de una Razón, siempre inevitablemente moral, que necesita justificar razonadamente las acciones políticas que articulan la convivencia en un grupo social humano. 

EL ORIGEN DE LA MORAL

Decía Xavier Zubiri: El ser humano es constitutivamente moral en tanto que inteligente (léase racional).

Si yo mato a alguien debo justificar, siempre, por qué he decidido matarlo, porque siempre existe una razón (justificación confesable o inconfesable) para ejecutar cualquiera de nuestros actos. Y el asesinato es un acto (una acción humana) como otro cualquiera. De hecho, ser inteligente no significa ser el más bueno, moralmente hablando, sino tener la capacidad de saber elegir la mejor opción de entre las múltiples posibilidades que nos ofrece la realidad.

A quien yo mate, desde luego, no le importará mi porqué; no le interesará la justificación moral que me permitió, cual Raskólnikov, quitarle la vida. Eso, en todo caso, le importará al conjunto de la sociedad, a las normas y reglas (leyes) que el humanismo de turno haya establecido para legitimar unos crímenes y penalizar otros. La novela “Crimen y castigo” nos demuestra que cualquier crimen puede llegar a justificarse moralmente, si, primero, nos obligamos a racionalizarlo.

Por tanto, podríamos concluir que tanto los crímenes de Stalin como los de Hitler fueron morales, porque todos ellos tuvieron una razón de ser; una justificación racional que respondía al porqué y para qué de sus respectivas cosmovisiones o interpretaciones del Ser.

Si aceptamos que TODOS los crímenes son inevitablemente morales, desde el que comete un psicópata hasta el que se comete en nombre de una religión y/o ideología, entonces estamos obligados a demostrar por qué unos crímenes son buenos y otros malos; por qué unos son “mejores” (más aceptables moralmente) y otros más execrables. Esto es lo que intentaron demostrar, sin éxito en mi opinión, Insua y F. Ovejero.

Pero lo que hicieron Pedro Insua y Félix Ovejero fue comparar moralmente dos humanismos (sí, sí, dos humanismos o modos de interpretar el mundo); compararon al nazismo y el comunismo no en base al resultado final de sus acciones: la muerte de inocentes, sino a partir de apriorismos racionales (morales) que ellos consideraban más buenos y justos.

Pero si a mí me quita alguien la vida, no me importará que haya sido un psicópata por mor de satisfacer sus instintos más primarios (incivilizados) o un terrorista que decidió “civilizadamente” que mi muerte era necesaria para la consecución de su buena y justa causa ideológica. De la misma manera, tanto me daría que me hubiese matado un nazi por el color de mi piel o un comunista por negarme a abrazar su credo religioso.

Insua me rebatiría, probablemente, argumentando que, al menos, el comunista me hubiese dado la oportunidad de renegar de mi herejía burguesa y liberal-conservadora; es decir, y traduciendo el cinismo de Insua: el comunista me hubiese despojado de mi libertad, mis derechos, mi orgullo y mi dignidad a cambio de mi vida. ¡Menudo trato ventajoso! Pero es que, además, el comunismo no siempre proporcionaba a sus víctimas esta ventajosa oportunidad. Podríamos preguntarles a los miles de oficiales polacos que fueron ajusticiados (asesinados) en Katyn si los comunistas les ofrecieron esa oportunidad de redención; o podríamos preguntárselo a los mártires de Paracuellos del Jarama, a los millones de víctimas del holodomor en Ucrania, a las víctimas de Mao o de los jemeres rojos…

Así son nuestras Izquierdas Ilustradas, son legión, y su discurso filomarxista se propaga desde todos y cada uno de los medios de comunicación españoles.

 

jueves, 9 de abril de 2020

MARX VS ORTEGA (Sobre Podemos, VOX y G. Bueno)


INTRODUCCIÓN

Todos pudimos ver en su día, y con claridad meridiana, qué era Podemos y quiénes formaban parte de ese nuevo partido de indignados que decía luchar contra la casta política.
Una imagen mental, que creo harto significativa para entender qué era/es Podemos, permanece todavía imborrable en mi memoria: un politiquillo de mi municipio, que se jactaba de ser comunista, exhibía en su Facebook, sin ningún rubor, una fotografía de un joven, con la camiseta del Che, que portaba un AK-47. Pues bien, al poco de irrumpir Podemos en la política española, ese astuto aprendiz de bolchevique retiró la “fotografía subversiva” y la sustituyó por la de un grupo de jóvenes sonrientes con pancartas donde podía leerse la famosa consigna podemita del  “tic-tac” (se acabó vuestro tiempo). Este personaje consiguió ser concejal por Podemos en mi municipio.

DEL KALASHNIKOV A LA CÍNICA SONRISA
No cabía ninguna duda, la mayoría de los integrantes de Podemos procedían de diferentes grupúsculos ideológicos, pero todos ellos relacionados, en mayor o menor medida, con las rancias y retrógradas tesis del comunismo más criminal.

No hacía falta ser ningún genio para comprender que el núcleo de ideólogos de Podemos (Pablo Iglesias, Monedero, Errejón…) había comprendido que la vía revolucionaria para “asaltar los cielos” debería valerse de las tesis de Gramsci: aglutinar a diferentes clases de personas (femimarxismo, animalistas, ecologistas, LGTBI…), procedentes de diferentes clases sociales (obreros, acomodados burgueses, izquierdas indefinidas…), para involucrarlas a todas en una misma lucha común: la lucha contra la privilegiada casta política, en realidad un disfraz cínico y sonriente bajo el que se escondía el viejo sueño marxista de implantar el socialismo tras la caída del Capitalismo.

Y si el Capitalismo no caía por sí mismo (pronóstico marxista), pues se le “ayudaba un poquito” poniéndole mil y una zancadillas a través del agitprop en las calles y en los medios de comunicación.
Muchos ingenuos y no pocas “almas cándidas” cayeron en la trampa de Podemos, pero no así los viejos liberales que todavía teníamos (tenemos) alma orteguiana.

ESCISIÓN ENTRE LOS SEGUIDORES DEL MATERIALISMO FILOSÓFICO (Marx vs ORTEGA)
Desde que comencé a interesarme por el Materialismo Filosófico (a partir de ahora MF) vi en él influencias claramente orteguianas. De hecho, llegué a Gustavo Bueno siguiendo las huellas de Ortega.

Es cierto que en el MF podemos encontrar la clara influencia del realismo aristotélico, la impronta de Spinoza en lo que concierne a la superación del monismo de la sustancia y, sobre todo, y como no podía ser de otra manera, hallamos la siempre omnipresente filosofía marxista. Sin embargo, yo no pude evitar, en un primer contacto con el MF, ver en la filosofía de Bueno la herencia de filósofos españoles como Unamuno, Zubiri y, por supuesto, Ortega y Gasset.

Así, por ejemplo, yo no podía dar crédito a algunos de los “argumentos” de Jesús G. Maestro que despreciaban a Ortega por ser un “idealista europeísta”. Ortega fue mucho más que eso, incluso aunque fuese tan “idealista” (yo discrepo) como sostienen algunos intérpretes de Gustavo Bueno. Ortega, a través de la enorme labor intelectual de la Escuela de Madrid, dejó un legado vital (nunca mejor dicho) que podría considerarse como la semilla de una nueva filosofía española; la semilla de una filosofía raciovitalista, en español y para los españoles, que no llegaría a germinar debido al estallido de la Guerra Civil.
Tampoco me “cuadraban” demasiado, en mi acepción de lo que es/debería ser el MF, algunas reflexiones y críticas de Pedro Insua a la “derecha española”, sobre todo a la “derecha” que representa VOX; y menos aún comprendía la retrógrada propuesta de Santiago Armesilla,  una “reinterpretación” del marxismo-leninismo para ensayar un nuevo comunismo patriótico español.

INTÉRPRETES DE GUSTAVO BUENO
Al descubrir la obra de Manuel F. Lorenzo, autor de “La razón Manual”, entendí que el MF, tras la muerte de Bueno, siguió desarrollándose a través de dos líneas filosóficas que lo fundamentaban, al mismo tiempo y de manera contradictoria: una línea de interpretación en clave marxista y otra que hacía suya la ciencia positivista piagetiana.

Pues bien, los autores antes mencionados, Pedro Insua y Santiago Armesilla, se encontrarían adscritos a la línea marxista defensora de una ontología realista-materialista, mientras que autores como Manuel F. Lorenzo abogarían por la superación y trituración definitiva del marxismo gnoseológico y político.
De hecho, “La Razón Manual” de Manuel F. Lorenzo, y a partir de la obra de Gustavo Bueno, pretende desarrollar un nuevo vitalismo, muy en la línea del raciovitalismo orteguiano, que se denomina Vitalismo Trascendental Antrópico.

Pero no me extenderé en explicar los argumentos en los que se fundamenta el Vitalismo Trascendal Antrópico (ver aquí), sino en desenmascarar las falacias de las que se ha servido Pedro Insua, en varias ocasiones, para atacar a VOX.

PEDRO INSUA CONTRA VOX
Antes de nada, y para que conste, hay que reconocer que Pedro Insua es, actualmente, uno de los más brillantes intelectuales españoles. Sin embargo, y sin pretender argumentar ad hominem, resulta obligado señalar que Insua, además de exmilitante del PCE (Partido Comunista de España) sigue defendiendo el desarrollo de una línea marxista, a partir del MF, para articular una nueva filosofía en español defensora de la nación española. Estas apreciaciones resultan obligadas para entender el distanciamiento entre Pedro Insua y VOX, un partido, no lo olvidemos, que también cuenta entre sus filas con muchos pensadores seguidores de la obra de Gustavo Bueno, como Iván Vélez .

No cabe duda de que Pedro Insua es un patriota y cree, como VOX, en la extrema necesidad de preservar la unidad e integridad de la nación española. Muchos han sido los correctivos dialécticos que Insua ha aplicado al provincianismo tontiloco y a ese gran absurdo que es nuestro parasitario sistema autonómico. Pocos como él han defendido la legitimidad de la trayectoria histórica real de España, tanto como nación indiscutible como en su papel universal de imperio generador.
Pedro Insua también se ha mostrado como un luchador infatigable contra los argumentos negrolegendarios de nuestras izquierdas indefinidas y contra el tontoprogresismo más abyecto.

¿Qué le pasa, entonces, a Pedro Insua, para que no pueda disimular su rechazo a VOX y caiga, puerilmente, en argumentaciones falaces de 1º de filosofía?

PEDRO INSUA CONTRA JESÚS LAINZ

Antes de que tuviese lugar un pequeño “rifirrafe” dialéctico entre Insua y Lainz, a colación de VOX, yo no pude evitar fijarme en cómo, en uno de sus artículos, Pedro Insua dejaba caer sobre VOX la sospecha de ser un partido islamófobo. Yo no daba crédito. Pero sí, pese a las advertencias de Gustavo Bueno sobre las amenazas impositoras del Islam, Insua se marcó “un Sampayo” que, para quien no lo sepa, es un argumento falaz del hombre de paja del tamaño de una catedral. No le di importancia. Me dije que Insua no era como el demagogo Sampayo, y que una mala tarde, que diría Chiquito, podía tenerla cualquiera.
Pero hete aquí que, al poco tiempo, descubro a Pedro Insua tirando otra vez de falacia argumental, en esta ocasión usando una analogía falaz para igualar torticeramente a Podemos con VOX. Venía a sostener Insua que tan totalitario era Podemos, en tanto comunista, como VOX, en tanto que fascista.

Afortunadamente, Jesús Lainz (otro gran intelectual) le salió al quite rápidamente para triturar su argumentación falaz de un plumazo. Efectivamente, y como bien señaló Lainz, Podemos y su líder Pablo Iglesias SÍ habían declarado públicamente ser comunistas, pero ni VOX ni su líder Santiago Abascal habían dicho jamás ser fascistas. Pero dejando de lado las declaraciones verbales, y atendiendo a los hechos fácticos, Lainz también demostró que Pablo Iglesias sí había cantando la Internacional con el puño en alto en más de una ocasión y había exhibido simbología comunista, mientras que VOX no había hecho lo propio con himnos ni simbologías fascistas. Hechos.

PEDRO INSUA CONTRA “GOBIERNO DIMISIÓN”
A mí no me interesaba, de verdad de la buena, escribir nada que pudiera perjudicar mínimamente el buen quehacer de Pedro Insua. Me mola Pedro Insua y prefiero que, pese a su ojeriza contra VOX, esté en el bando de “nuestros hijos de puta” (léase como aliado de quienes defendemos la unidad de la nación española).

Sin embargo, ayer no pude morderme la lengua y le solté un sarcástico maullido cuando, con aires de intelectual de impoluta ética, el “estirado” Pedro Insua afeó y criticó las “malas maneras”, y en su parecer mentiras, que exhibieron algunos de los que convocaron la manifestación de “Gobierno dimisión”.
He de decir que Pedro Insua me contestó respetuosamente con una lacónica frase que hacía hincapié en el hecho de que él era, ante todo, un patriota español. Nada que ver con el cobarde Sampayo, que me bloqueó de buenas a primeras cuando le pregunté por sus falacias contra VOX.

CONCLUSIÓN
No quiero que se me malinterprete, pues, como suelen señalarme algunas amistades virtuales, tengo el feo defecto de “poner nombres” siempre que elaboro alguna de mis despiadadas críticas. Pero los nombres (con apellidos) son necesarios, porque la crítica que pretendo exponer no va dirigida a mi suegra (votante del PSOE) ni a mi vecina choni que vota a Podemos; no va dirigida a los millones de españoles que dieron sus votos a PSOE y Podemos. Mi crítica, mis maullidos y mis arañazos gatunos, va dirigida, sobre todo, a ciertos personajes con ínfulas (ésta me la he copiado de un insulto que me dedicó en su día Julio Béjar , jejeje); va dirigida a sujetos, supuestamente ilustrados, como el cobarde Sampayo, el cínico Javier Marías o el errado Mikel Arteta (antes mil veces Podemos que VOX).

Nada tiene que ver Pedro Insua, por supuesto, con los personajes anteriormente citados, salvo, quizás, el hecho de compartir con ellos apegos y afectos tempranos por la ideología marxista. Y aquí quería llegar.
He escrito otro tocho, tan vano como sinsorgo, para intentar, una vez más, llegar a la raíz del problema que subyace en la razón de ser española: el problema de ser roja en tanto que católica.

Gustavo Bueno supo verlo muy bien cuando se declaró “ateo católico” y “marxista español”, intentando conciliar dentro del sistema del MF las diferentes esencias nacionalistas, católicas y marxistas.
Pero Manuel F. Lorenzo ha sabido verlo mucho mejor. Hay que rescatar el raciovitalismo orteguiano y triturar, de una vez por todas, la ontología materialista del marxismo. Hay que desterrar esos afectos tempranos que impulsaron ayer a Pedro Insua a defender al peor gobierno de la historia de España. Debemos acabar con esos apegos que instaron a Insua, en graves momentos para la nación española, a ejercer como “abogado del Diablo” defendiendo a cínicos criminales (golpistas) sin escrúpulos.