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martes, 23 de febrero de 2021

MARXISMO Y HUMANISMO (no hay razón sin moral)

 

INTRODUCCIÓN

El amigo José (comentarista habitual) me recomendó hace unos días leer en “elliberal.com” un artículo de Pedro Insua que, en forma de “carta abierta”, iba dirigido a Antonio Escohotado.

El autor de “Los enemigos del comercio” había sostenido en el programa “La tuerka”, de Pablo Iglesias, que comunismo y nazismo eran iguales; dos supremacismos totalitarios y dogmáticos; dos ideologías genocidas que habían causado mucho daño al conjunto de la humanidad.

Pedro Insua rebatió a Escohotado y argumentó que la diferencia entre comunismo y nazismo era “abismal” (cita literal) porque el primero tenía/tiene una aspiración universalista y el segundo es particularista.

A partir de dicho argumento universalista, fundamentado a través de una lógica racional, como sostenía Insua, quedaba demostrada la superioridad racional (moral) del comunismo.

Según Insua, el comunismo, desde postulados antropológicos, castigaba al disidente que se negaba a aceptar la oportunidad de convertirse a la conciencia verdadera (conciencia de clase). El nazismo, sin embargo, al fundamentarse en postulados de raza, no daba tal oportunidad al individuo, sino que éste debía ser eliminado, sí o sí.

Dicho en román paladino: el comunismo daba la oportunidad a los disidentes de abrazar la fe verdadera (ser evangelizados), mientras que el nazismo negaba cualquier oportunidad de salvación a sus enemigos “no arios”.

FÉLIX OVEJERO VS PEDRO INSUA

También en su día, F. Ovejero defendió la superioridad ético-moral del comunismo frente al nazismo, argumentando que en el primero subyacía una “intencionalidad a priori” buena y justa (lograr una sociedad feliz para TODOS), mientras que la intencionalidad a priori del nazismo ya legitimaba, de entrada, la eliminación de “otras razas” y, por tanto, excluía de su “mundo feliz” a importantes grupos humanos.

Tanto Insua como Ovejero legitiman la superioridad moral del comunismo vs el nazismo, no a partir de las consecuencias de sus acciones (crímenes genocidas), sino a partir de sus intenciones; intenciones justificadas desde una racionalidad universalista, en el caso de Insua, y desde una ética apriorística humanista en el caso de Ovejero.

Los dos filósofos españoles, de maneras parecidas, legitiman la superioridad moral del comunismo (marxismo operativo), entendiéndolo como un humanismo universalista. ¿Pero por qué creen estos dos pensadores que “el marxismo es un humanismo”? ¿Y por qué ha de ser este “humanismo marxista” mejor que otros?

¿QUÉ SIGNICA SER “HUMANISTA”?

Resumiéndolo brevemente, podríamos decir  que el individuo humano es aquel hombre de carne y hueso que transciende su ex-sistencia (ser-ahí en el mundo) dotándose de es-sencia (sentido y razón de ser). El hombre humanista, en definitiva, se hace a sí mismo a través del libre albedrío para poder llegar a ser algo más que nada.

Según Heidegger, el primer humanismo que apareció en la historia fue el de Roma; “los romanitas se convirtieron en humanitas” (“Cartas sobre el humanismo” de Heidegger) cuando, a través del proceso de “romanización”, ensayaron la implantación de un primer universalismo en el conjunto de la humanidad o mundo conocido hasta entonces.

Lo que diferencia al homo humanus del homo barbarus es su alejamiento de la naturaleza (barbarie) obligándose a autocontrolar y regular sus instintos más primitivos. El humanista, por fuer, se obliga a ser civilizado. Pero Adorno y Horkheimer, en mi opinión, afinaron más al señalar que, en realidad, el humanitas no puede “alejarse” del estado natural, sino que, inmerso en el mismo, no tiene más remedio que dominarlo y controlarlo, es decir, se ve obligado a imponer una determinada cosmovisión (interpretación del mundo, de los hombres y de la historia) para garantizar una convivencia civilizada. Así, el humanitas, intentando rehuir de la barbarie, no puede evitar, a su vez, legitimar el uso de la fuerza para imponer su verdad. Pero esta fuerza no deberá ser la fuerza irracional del bárbaro, sino una fuerza racional sujeta a derecho (leyes de los humanistas). ¿Pero qué es racional o irracional? ¿Acaso no coinciden ambos conceptos, respectivamente, con los de moral e inmoral?

Ya he señalado que la implantación de una cosmovisión que permita criar y domesticar (civilizar) al ganado humano (Peter Sloterdijk) siempre obliga a establecer unas reglas para el parque humano; unas normas (leyes) que permitan la convivencia entre conciencias dispares (conciencias individuales). Y dichas reglas y normas solo podrán articularse a través de la política, es decir, a través de Estados operativos y/o imperios generadores (G. Bueno). Pero, de nuevo, debemos preguntarnos: ¿de dónde surgen esas normas y reglas que han de civilizar al conjunto de la humanidad? Pues surgen de una Razón, siempre inevitablemente moral, que necesita justificar razonadamente las acciones políticas que articulan la convivencia en un grupo social humano. 

EL ORIGEN DE LA MORAL

Decía Xavier Zubiri: El ser humano es constitutivamente moral en tanto que inteligente (léase racional).

Si yo mato a alguien debo justificar, siempre, por qué he decidido matarlo, porque siempre existe una razón (justificación confesable o inconfesable) para ejecutar cualquiera de nuestros actos. Y el asesinato es un acto (una acción humana) como otro cualquiera. De hecho, ser inteligente no significa ser el más bueno, moralmente hablando, sino tener la capacidad de saber elegir la mejor opción de entre las múltiples posibilidades que nos ofrece la realidad.

A quien yo mate, desde luego, no le importará mi porqué; no le interesará la justificación moral que me permitió, cual Raskólnikov, quitarle la vida. Eso, en todo caso, le importará al conjunto de la sociedad, a las normas y reglas (leyes) que el humanismo de turno haya establecido para legitimar unos crímenes y penalizar otros. La novela “Crimen y castigo” nos demuestra que cualquier crimen puede llegar a justificarse moralmente, si, primero, nos obligamos a racionalizarlo.

Por tanto, podríamos concluir que tanto los crímenes de Stalin como los de Hitler fueron morales, porque todos ellos tuvieron una razón de ser; una justificación racional que respondía al porqué y para qué de sus respectivas cosmovisiones o interpretaciones del Ser.

Si aceptamos que TODOS los crímenes son inevitablemente morales, desde el que comete un psicópata hasta el que se comete en nombre de una religión y/o ideología, entonces estamos obligados a demostrar por qué unos crímenes son buenos y otros malos; por qué unos son “mejores” (más aceptables moralmente) y otros más execrables. Esto es lo que intentaron demostrar, sin éxito en mi opinión, Insua y F. Ovejero.

Pero lo que hicieron Pedro Insua y Félix Ovejero fue comparar moralmente dos humanismos (sí, sí, dos humanismos o modos de interpretar el mundo); compararon al nazismo y el comunismo no en base al resultado final de sus acciones: la muerte de inocentes, sino a partir de apriorismos racionales (morales) que ellos consideraban más buenos y justos.

Pero si a mí me quita alguien la vida, no me importará que haya sido un psicópata por mor de satisfacer sus instintos más primarios (incivilizados) o un terrorista que decidió “civilizadamente” que mi muerte era necesaria para la consecución de su buena y justa causa ideológica. De la misma manera, tanto me daría que me hubiese matado un nazi por el color de mi piel o un comunista por negarme a abrazar su credo religioso.

Insua me rebatiría, probablemente, argumentando que, al menos, el comunista me hubiese dado la oportunidad de renegar de mi herejía burguesa y liberal-conservadora; es decir, y traduciendo el cinismo de Insua: el comunista me hubiese despojado de mi libertad, mis derechos, mi orgullo y mi dignidad a cambio de mi vida. ¡Menudo trato ventajoso! Pero es que, además, el comunismo no siempre proporcionaba a sus víctimas esta ventajosa oportunidad. Podríamos preguntarles a los miles de oficiales polacos que fueron ajusticiados (asesinados) en Katyn si los comunistas les ofrecieron esa oportunidad de redención; o podríamos preguntárselo a los mártires de Paracuellos del Jarama, a los millones de víctimas del holodomor en Ucrania, a las víctimas de Mao o de los jemeres rojos…

Así son nuestras Izquierdas Ilustradas, son legión, y su discurso filomarxista se propaga desde todos y cada uno de los medios de comunicación españoles.

 

viernes, 27 de diciembre de 2019

LA EUROPA CASTRADA (series de TV nórdicas)



INTRODUCCIÓN

Desde que Spengler nos alertara sobre “La decadencia de Occidente” ha llovido mucho, y mucho ha sido lo que se ha perdido en Europa. El Siglo XX se caracterizó por el triunfo definitivo de la metafísica marxista (sí, he escrito “metafísica”); y quedó marcado por la victoria de las pseudomorales eslavas (Ortega) sobre la antagónica metafísica vitalista que postulaba la Alemania nazi. Europa perdió, así, su “esencia”, no solo vital sino también entendida como razón de ser histórica; perdió, en definitiva, su legitimidad ante los ilustrados y leídos humanistas del momento. El nazismo, ebrio de prepotencia orgullosa, no supo limar el celo de su dogmática ideología. El marxismo, como explicaré a continuación, sí supo adaptarse a los nuevos tiempos posmodernos.

Con la caída de la Alemania nazi, en cierta manera, también cayó el último sistema inmunológico de Europa. El virus del marxismo, desde entonces, pudo campar por sus fueros con total impunidad… y legitimidad. La Escuela de Frankfurt, al principio bastante crítica con el marxismo (“Dialéctica de la ilustración”) acabó “blanqueándolo”, reinterpretándolo y reiventándolo de la mano de Jünger Habermas, aquel joven bolchevique del que, al principio, recelara el sagaz Horkheimer. Pero el inteligente Habermas supo “mutar”, por tal de civilizar su excesivo celo dogmático, y encontró en la socialdemocracia el perfecto “caballo de Troya” con el que poder atravesar los últimos muros de la orgullosa Europa de las naciones; una decadente y vencida Europa que, pese a todo, todavía se negaba a “dejar de ser”.
Finalmente, la resistencia de los últimos europeos libres fue vencida; las fronteras de la Europa civilizada cayeron y los nuevos bárbaros, adoradores de Alá y femimarxistas, invadieron sus calles, primero, y a continuación sus “formas de vida”. A día de hoy, no existe ninguna respuesta política conjunta, fuerte y valiente, que abogue por la necesidad de frenar estas nuevas invasiones que tienen como objetivo último, no lo olvidemos, erradicar los últimos restos de los naufragios nacionales que todavía flotan a la deriva, sin rumbo fijo, por los mares de Europa.

LA EUROPA QUE DESPIERTA
Como decía, a nivel político todavía resulta imposible combatir al neomarxismo habermasiano que, a través de sutiles mecanismos psicológicos de represión, basados en prejuicios y dogmas ideológicos (correccionismo político), ha logrado silenciar, cuando no estigmatizar, a las conciencias disidentes. A día de hoy, no hay nada que hacer a nivel moral, a la postre también político.

Sin embargo, a nivel estético, a través de diferentes manifestaciones artísticas audiovisuales, la Europa escandinava ya hace tiempo que comienza a denunciar, si bien todavía muy tímidamente, el peligro que supone para sus sociedades la existencia de colectivos musulmanes y femimarxistas que, lejos de buscar la integración y la igualdad entre individuos, están comenzando a exigir un sometimiento de sus sociedades a sus “formas de vida” (a sus dogmas religiosos y/o ideológicos).
De “Lilyhammer” a “Beforeigners” (series de Tv noruegas)

Hace tiempo que me deleité viendo una serie de producción noruega-estadounidense que se me antojó muy inteligente a la par que valiente. La serie en cuestión, “Lilyhammer”, narraba las peripecias de un mafioso que, huyendo de sus enemigos en EEUU, se refugiaba en un pueblecito noruego perdido en la nada. Allí, el pragmático y vitalista mafioso no tardaba en hacerse con el control del pueblecito ante la escasa resistencia vital de los “animales de lujo” que lo habitaban.
“Lilyhammer” realiza un acertado retrato de las actuales sociedades nórdicas; colectivos humanos sin “esencia” ni orgullo; hombres castrados que han perdido sus derechos y libertades frente a las políticas feministas (¿os suena nuestra inconstitucional  LVG?); individuos incapaces de hacer la menor crítica a los dogmas del Islam; niños que en los discursos de final de curso enfatizan sobre el carácter democrático y multicultural de las sociedades en las que viven, y se olvidan de reivindicar el orgullo nacional…

El mafioso Frank será el contrapunto necesario que, en clave de humor, criticará inteligentemente al hombre que ha dejado de ser hombre; será el “hombre de carne y hueso” que no dudará en afearle a un musulmán su negativa a saludar a una mujer occidental; Frank recomendará al hijo de su amante que en el discurso de final de curso enfatice sobre su orgullo nacional, prescindiendo de retóricas multiculturales.
Frank, en definitiva, encarnará al individuo libre (americano) que se negará a doblegarse ante las correcciones políticas de las actuales sociedades europeas. Serie muy recomendable.

Esta Navidad también he aprovechado para descubrir otra buenísima serie noruega: “Beforeigners” (Los visitantes), en la que no he podido evitar ver grandes parecidos con la ya mencionada “Lilyhamner”. Normal, pues tras bucear por la red he descubierto que los guionistas son los mismos.

La genialidad de “Beforeigners” radica en la propuesta original mediante la cual los brillantes guionistas vuelven a retratarnos la decadencia de la actual sociedad noruega; un retrato a través de la llegada de individuos procedentes del pasado.
Repentinamente, comienzan a aparecer personas de otras épocas en determinadas zonas del mar de Noruega: son principalmente individuos de la prehistoria (cromagnones), vikingos y gentes del SXIX. Al principio, estas personas serán integradas a través de políticas estatales, pero con el tiempo, “los visitantes” crearán sus propios movimientos colectivos reivindicando el retorno a las “formas de vida” de sus respectivas épocas.

CHOQUE ENTRE CONCIENCIAS Y ENTRE CIVILIZACIONES
En ambas series, de hecho, existe la misma preocupación ante el “choque de conciencias” o “entre civilizaciones”. ¿Cómo resolver los conflictos que estos choques culturales provocan? En “Lilyhammer” será Frank (americano) el que se erigirá como ¨salvador” o “contrapunto necesario” para hacer frente a la decadencia, sumisión y claudicación, de las sociedades occidentales. Frank no aceptará las imposiciones de los “foráneos” musulmanes ni las políticas castradoras de las dogmáticas femimarxistas. En esta primera propuesta de salvación o solución, a los problema de los supremacismos religiosos (Islam) e ideológicos (femimarxismo), los guionistas optaron por una resolución liberal, quizás porque la producción de “Lilyhammer” estaba compartida con EEUU.

Sin embargo, y aquí quería llegar, en “Beforeigners” se optará por un retorno a las esencias identitarias para, así, evitar la imparable decadencia y desmoronamiento de las sociedades occidentales. Los nuevos visitantes vikingos serán los “elegidos” para salvar a los actuales “animales de lujo”, a los descendientes de los nórdicos que en el pasado se dejaron castrar por el cristianismo (léase segundo humanismo, pues el primero fue el de Roma). En esta nueva serie (nueva propuesta sobre la cuestión del ser) ya no se hablará de “multiculturalidad” sino de “multitemporalidad”. Ya no se harán referencias a personas  “transgénero” sino a individuos “transtemporales”. Cambian los conceptos, pero esta novedosa “neolingua” , que aparentemente se aparta de la realidad a través de la ficción, lo que pretende es llegar a la raíz; a la causa primera que fue el origen de la decadencia de Occidente: el judeocristianismo. Resulta imposible no efectuar una lectura en clave nietzscheana.
ESCENAS PARALELAS

Son muchos los puntos en común que podemos encontrar en “Lilyhammer” y “Beforeigners”: la misma intencionalidad en la crítica social, el planteamiento, valiente e inteligente, de los problemas que entrañan los choques entre conciencias y/o civilizaciones; las diferencias y conflictos, en definitiva, que surgen al convivir los “hunos con los hotros”. Pero a mí, particularmente, me resultó muy significativo que en ambas series se repitieran, prácticamente igual, dos escenas referentes a las “políticas estatales sobre integración”.

En “Lilyhammer” unos “educadores” impartían un “curso de integración” a un colectivo formado mayoritariamente por musulmanes. El conflicto surgió cuando un musulmán dogmático se negó a darle la mano a una educadora, mostrando, así, su rechazo a la sociedad y la cultura que le acogían. Mientras todos los educadores permanecieron inmutables, aceptando estoicamente la humillación a su compañera de trabajo, Frank actuó y le cantó las cuarenta al musulmán que la despreció.
En “Beforeigners” se repetirá la misma escena: unos educadores explicarán las bondades de la sociedad de acogida a un grupo de recién llegados, en esta ocasión vikingos. Tras soltarles el mismo rollo “buenista”, como a los musulmanes en  “Lilyhammer”, los guerreros de Odin reaccionarán indignados y se negarán a aceptar los valores de la nueva sociedad de la que formaban parte. ¿Qué clase de sociedad era aquella que claudicaba y aceptaba la sumisión ante “el otro”, ante otras conciencias antagónicas y enemigas?

CONCLUSIÓN
Puede parecer poco e insuficiente, pero en nuestras actuales sociedades occidentales, castradas y carentes de identidad y valores tradicionales, las valientes propuestas estéticas de estas series noruegas son importantes, al menos, si no para “despertar” conciencias (harto complicado a estas alturas) sí para “zarandearlas” y hacerles pensar y reflexionar en el claro del bosque.

 

domingo, 1 de septiembre de 2019

LA MORAL DEL LADRÓN (¡exprópiese!)


INTRODUCCIÓN

Desde que Mario Bunge se despachara con un ad hominem tildando a Heidegger de “esquizofrénico”, pero, sobre todo, tras la póstuma publicación de los “Cuadernos negros” del pensador alemán, no han faltado críticos a la obra del autor de "Ser y tiempo", desde los ínclitos Farías o papá Habermas hasta nuestro Gustavo Bueno.
¿Qué es eso del ser?, se preguntan los filósofos materialistas choteándose de la inutilidad de formularse tal pregunta. Y, sin embargo, la pregunta encierra en sí misma, aunque no pueda ser respondida, otras cuestiones que sí urge responder: ¿por qué y para qué somos? ¡Casi ná!
Solo por instarnos a formular tales preguntas, Heidegger, en mi opinión, es un pensador de una vital importancia, ya que fue el primero en desenmascarar la prepotencia inherente al marxismo, entendido éste como “humanismo”.
Más tarde, Adorno y Horkheimer, en “Dialéctica de la ilustración”, también dejarían al desnudo la prepotencia inherente a toda conciencia que se erige en ÚNICA e indiscutible POSIBILIDAD de ser verdadera.

LA CLEPTOCRACIA COMUNISTA

Peter Sloterdijk (sí, lo sé, me repito más que el ajo) ha definido al comunismo como “un banco de odio”, como una ideología experta en invertir y sacar rédito del odio y el resentimiento; también lo ha definido como la ideología que “legitima el crimen”, por supuesto, el crimen cometido por los “buenos y justos”. Siguiendo esta singular línea de pensamiento, sin duda políticamente incorrecta, Sloterdijk concluyó que el comunismo fue el padre de lo que él denomina “cleptocracia estatal”, es decir, la legitimación (legal) del robo a los ciudadanos a través de los impuestos.
Nada podemos hacer ante la imposición, institucionalmente legalizada, de este robo o expolio al esfuerzo y trabajo de los ciudadanos, ¿pero y si el robo, aceptado por todos los marxistas y neomarxistas, llegara a legitimarse (justificarse) de forma ilegal? Pues entonces estaríamos ante un caso de corrupción como el de los EREs de Andalucía. Ni más ni menos.

LA ESENCIA DEL SER ESTÁ EN LA HISTORIA
Para quienes conozcan la historia, y también la intrahistoria, como diría Unamuno, no debería ser difícil llegar a la conclusión lógico-matemática de que 2+2 siempre suman 4. Sin embargo, Orwell, en su “1984”, ya nos alertó sobre cómo algunas conciencias prepotentes podían, incluso, llegar a crear una “neolingua” capaz de negar que 2+2 fuesen 4. ¿Surrealismo? Pues no, tan solo comunismo. A través del lenguaje (ya dijo Heidegger que el lenguaje era la casa del ser) se construye la verdad conforme a los sentimientos y voluntades de una determinada conciencia.

Y aquí quería llegar, a la estrecha e indisoluble comunión existente entre lenguaje, verdad y ser. Porque la verdad solo puede ser, es decir, solo puede imponerse institucionalmente si, primero, se hace verbo, saliendo de la caverna de la conciencia para manifestarse (consumarse) orgullosa en la realidad abierta.
El comunismo lo tuvo fácil para imponer su verdad, en parte porque hizo suyo el verbo marxista (teoría), pero también porque supo aprovechar el dolor de una época. De hecho, el comunismo (ahora con disfraces populistas) siempre renace de sus cenizas, cual ave Fénix, cuando el dolor que provocan las crisis más graves llega ser sentido por amplios sectores de la población.
La historia nos demuestra que, cuando el dolor se generaliza entre las masas, resulta fácil legitimar cualquier tipo de delincuencia, desde una sangrienta revolución y asesinatos selectivos (o indiscriminados) hasta el robo más descarado de las propiedades ajenas. Veamos, al respecto, la historia más reciente de España a partir de nuestra cruenta y fratricida Guerra Civil.

EL ROBO LEGITIMADO INSTITUCIONALMENTE
La palabra expropiación es, sin duda, un eufemismo de “robo”; es un concepto fabricado por la neolingua de los “buenos y justos”, siempre prestos a legitimar sus bárbaras acciones. Porque de la misma manera que no podía existir el crimen en el paraíso comunista, o no existe “la guerra” para nuestros progres, sino “las misiones de paz”; de esta misma manera, decía, tampoco existieron los “campos de exterminio” en la maravillosa URSS, sino “campos de reeducación”. Los gulags, aquellas acogedoras casas de campo dedicadas a la formación del espíritu nacional-bolchevique se concibieron a imagen y semejanza de aquellos inaccesibles balnearios donde solo la alta burguesía podía curarse “los dolores del alma”.
¿Y existió el robo de los EREs, el mayor fraude institucionalizado en la historia de España? No existió, porque lo que no se verbaliza (airea en los medios de comunicación) no puede alcanzar el estatus de verdad. Los EREs son tan solo un murmullo, un secreto a voces, pero sobre todo constituyen una fechoría sobre la que muchos, demasiados, prefieren echar toneladas de tierra... y cal viva, para evitar el mal olor.

Pero volvamos a nuestra historia.
Antes de que se produjera el glorioso Alzamiento Nacional, España había sido tomada al asalto, como si de un cielo se tratara, por los poetas de la destrucción. En el nombre de “nobles” causas y de justos fines los "buenos y justos" asesinaron, violaron y vejaron, torturaron y, por supuesto, robaron. Perdón, quise decir “expropiaron”.

LA MORAL DEL LADRÓN
Fue entonces, en los albores de nuestra GC, cuando nació en España, con orgullosa soberbia, la moral del ladrón (léase moral comunista) que se jactaba de serlo. Había que “expropiar” al que más tenía, porque lo justo era “repartir” la riqueza. Y lo mismo se expropiaba de sus tierras a un gran terrateniente que a un pequeño propietario que malvivía trabajando un pedazo de tierra con el sudor de toda la familia (daños colaterales, nada importante). Es lo que tenía el “crimen legítimo”, que no tenía por qué rendir cuentas ante nadie, siempre, por supuesto, que se cometiera en aras de conseguir loables fines últimos.

Esta “moral del ladrón”, que curiosamente en España se relaciona estrechamente con el PP (pobres infelices acomplejados), anida, en realidad, en el seno de todo rojo que se precie de serlo. La he visto demasiadas veces en mi propia familia y en conocidos muy rojeras. Les gusta a los descamisados legitimar sus hurtos, por ejemplo, cuando roban en grandes superficies comerciales. Total, ante tanta abundancia nadie repara en la falta de algunos productos irrelevantes. Lo mismo sucede en algunas empresas, donde los trabajadores suelen robar material o herramientas, alegando que la empresa es grande y está sobrada. Así somos.
CONCLUSIÓN

Pues bien, amigos, esta moral del ladrón, tan intrínsecamente unida a la moral marxista-comunista, es la que legitimó y permitió el robo de los EREs andaluces. Esta moral perversa de “quitar”, por principio "moral", al que más tiene, le permitió a toda una ministra (Carmen Calvo) decir que “el dinero público no era de nadie”. Por esta misma razón, el robo de los EREs no solo se legitimó, sino que, además, se ocultó, porque, hoy, como ayer, “no puede haber crimen en el paraíso socialista”. Y de descubrirse, ¡qué cojones!, no cabrá ninguna duda de que se hizo por el bien común, para repartir riqueza entre los ciudadanos. Pura justicia social.
Así es como el mayor robo o “expolio” a los bolsillos de los ciudadanos españoles (mayor que la Gurtel , el caso Malaya y los corruptos Pujol todos juntos) se ha perpetrado, con total descaro e impunidad, porque sí, porque ellos lo valen, porque ellos son “los buenos y justos criminales”.

 

miércoles, 15 de mayo de 2019

EL PENSADOR EN EL CASTILLO ENCANTADO (Peter Sloterdijk)


INTRODUCCIÓN

En su libro “¿Qué sucedió en el SXX?, Peter Sloterdijk nos ofrece una exquisita colección de 12 ensayos, a cual más sabroso y pedagógico. Cada ensayo, en realidad, constituye una imaginativa o creativa tesis que nos deleita y, al tiempo, también nos “hipnotiza”. No deja de sorprenderme la capacidad del filósofo alemán (el más grande de este SXXI) para hacernos pensar y/o descubrir, hermenéutica psicoanalítica mediante, alguna de las múltiples posibilidades interpretativas que nos ofrece la realidad abierta.

INTERPRETES DE SUEÑOS
He elegido el ensayo de “El pensador en el Castillo encantado” porque en él se exponen una serie de tesis que, como intentaré explicar a continuación, me sirven para argumentar y fundamentar una de mis “peregrinas” intuiciones que no sabía muy bien cómo defender.
Desde hace tiempo tengo la “sospecha” (mera intuición) de que todo el movimiento femimarxista (que algunos se obstinan en denominar erróneamente feminazi) se corresponde con una estrategia orquestada desde las sombras (aunque Soros sea muy visible) para lograr la desestabilización de los países europeos, primero, y para destruir a continuación los cimientos de lo que podríamos llamar “razón de ser occidental”.

En el ensayo “El pensador en el castillo encantado” Peter Sloterdijk nos habla de “una triple hermenéutica del sueño” llevada a cabo por tres intérpretes del mundo de lo onírico y la fantasía: Freud, Bloch y Derrida. Estos tres pensadores, desde diferentes ámbitos, pretendieron en su día “explicar” la dinámica y las manifestaciones que conformaban la “conciencia colectiva”.
Yo solo me centraré en el “agudo” análisis que Sloterdijk realiza sobre “La interpretación de los sueños” de Freud, en lo que, en mi opinión, supone una acertada aproximación (no junguiana) para explicar la dinámica de la actual sociedad europea (conciencia colectiva).

TEORÍA DEL DESEO vs TEORÍA DE LA COMPENSACIÓN ILUSORIA
A través de “una segunda interpretación de los sueños”, en la obra “El porvenir de una ilusión” (1927) Freud corrigió su primera teoría de la líbido e intentó explicar el “fenómeno religioso” desde una nueva teoría ilusoria o de la compensación, sosteniendo lo siguiente:

“Las representaciones religiosas proceden de una demanda de defensa y protección, surgiendo de esta demanda la necesidad de crear a un dios de prótesis”. Es decir, la ilusión religiosa creaba la figura de dios como compensación a una carencia humana: la falta de seguridad.
Lo que sostuvo Freud, en lo que Sloterdijk considera una segunda etapa en el desarrollo de la interpretación de los sueños, fue que la líbido del sujeto se fijaba a edad temprana en objetos que le producían satisfacción narcisista, primero en la madre y luego en el padre, permaneciendo ya en este. Pero lo novedoso de la autocorrección freudiana fue que la elección del objeto (como sostenía la primera teoría de la líbido) no se llevaba a cabo por una fijación libidinosa, sino por el deseo del sujeto de conseguir una alianza con una fuerza protectora eficiente (teoría de la compensación).
La fuerza protectora, como señala Freud, ha de ser eficiente (vuelvo a enfatizar en negrita) y por este motivo, una vez el sujeto llega a la figura paterna ya queda “confiado” a la misma para que esta le proporcione seguridad, defensa y protección.

La idea de que el sujeto busca seguridad desde edad temprana, expuesta en esta segunda teoría freudiana de la compensación, la volveremos a encontrar en el fondo de las propuestas que aparecen en “Dialéctica de la Ilustración” de Adorno y Horkheimer (1944) y en “El miedo a la libertad” de Erich Fromm (1947). Dicha idea no solo explicaría el fenómeno religioso (la necesidad de crear un dios protector) sino que, además, daría cuenta del porqué la “conciencia colectiva” o ente social tiende a dejarse arrastrar por propuestas ilusorias de compensación, ya fuere a través de políticas destinadas a dominar y conservar  la naturaleza y al propio hombre (Adorno y Horkheimer) o para erradicar nuestros miedos frente a las incertidumbres de la existencia (Fromm).
LA MADUREZ COMO DIMENSIÓN TIMÓTICA

Los griegos distinguían dos tipos de almas: la psiqué y el thymós. La primera se correspondería con la conciencia de un yo individual en búsqueda de autosatisfacción, mientras que la segunda (Thymós) sería el equivalente a una conciencia responsable que buscaría su “encaje” o integración dentro de un colectivo social, a través del equilibrio y la aceptación de determinados sacrificios (¿servilismos?).
Desde los postulados de la segunda teoría de la compensación, madurar significaría, por lo tanto, tomar conciencia de que el yo individual nunca podrá prescindir de la protección del grupo (comunidad o sociedad) frente a poderes extraños o las incertidumbres de la existencia. Madurar exigirá aceptar esta cruenta verdad.

Por el contrario, el inmaduro será aquel sujeto que siga inmerso en la “neurosis obsesiva” surgida del complejo de Edipo: matar al padre. O, lo que es lo mismo, rechazar la protección más eficiente por tal de buscar refugio en “delirios colectivos” de imposibles sueños de libertad.
CONCLUSIÓN

Sloterdijk acaba su exposición señalando que será está inmadurez inmersa en la neurosis obsesiva, que niega la protección del padre, la que ha abocado a la sociedad occidental actual a un exceso de infantilismo. Occidente se “erotiza”, en palabras de Sloterdijk, buscando un sempiterno placer, facilitando que cada conciencia individual busque tan solo su propia autosatisfacción, olvidándose de la responsabilidad timótica de ser-con y en los demás.
COMENTARIO Y TESIS

La actual sociedad occidental, inmadura e “infantilizada”, se correspondería, perfectamente, con ese individuo-masa seguidor del “pensamiento Alicia” (Gustavo Bueno) que se guía tan solo por la autosatisfacción de sus propios deseos. Es decir, se correspondería con esas “almas bellas”, eternamente inmaduras, que, ilusión mediante, creen, tan ciega como obstinadamente, que es posible “asaltar los cielos” (¡sí se puede, sí se puede!); se correspondería con esos seres de luz que creen en naciones ficticias y en repúblicas que no existen. Pero, sobre todo, la ausencia de “responsabilidad timótica” se manifiesta en esas femimarxistas, eternas adolescentes, que para ser libres sueñan no ya solo con “matar al padre”, sino en casarse con la madre (lesbianismo) creando, para ello, el perfecto matriarcado: un mundo sin hombres (léase sin padres).

Tesis: el movimiento femimarxista es la punta de lanza, o caballo de Troya, a través del cual se pretende acabar con la razón de ser de Occidente.
El hecho de que la conciencia femimarxista siga inmersa en la neurosis obsesiva de “matar al padre”, solo significa, desde los postulados de la teoría freudiana de la compensación, que esta se niega a aceptar la defensa y protección más eficiente que es la que proporciona la sociedad patriarcal a todos sus miembros.

Una Europa desprotegida, bajo las directrices de movimientos femimarxistas (defensores de pensamientos sensibles y pacifismos imposibles) y junto a sus acólitos afines (neocomunistas), será una víctima fácil que no dispondrá de defensas eficaces para salvaguardarse del peligro que supone la intrusión las conciencias enemigas (Islam).

lunes, 17 de diciembre de 2018

Sloterdijk, el hijo díscolo de Habermas (incluida crítica de Fernando López Laso)

 
Quienes hemos sido hijos y familiares de rojos, adoctrinados desde la cuna en la verdad de los "buenos y justos", sabemos muy bien que para romper con los lazos sentimentales con los que nos maniataron y secuestraron los ideólogos de victimismos y revanchismos históricos, solo cabe la VOLUNTAD DE SABER. Para poder librarnos del poder subyugador de seductoras conciencias sensibles solo cabe una férrea, fría y aséptica voluntad que nos inste a conocer la auténtica verdad, por cruda y desgarradora que ésta sea.
Peter Sloterdijk, filósofo alemán, ha realizado el duro y sacrificado recorrido de quienes se han obligado a buscar la VERDAD (con mayúsculas), superando sumisos vasallajes y los sentimentales servilismos que atan a muchos pensadores a trasnochadas ideologías (marxistas).
Nadie como Sloterdijk ha entendido a Heidegger; porque nadie como Sloterdijk se ha obligado a pensar a Heidegger desde Heidegger y no solo "contra Heidegger" (Habermas).
Sloterdijk no solo ha desenmascarado al marxismo como una prepotencia esquizofrénica (ver "Crítica de la razón cínica"); y no solo ha sabido ver que "el comunismo es un banco de odio", sino que ha visto "más allá del bien y del mal" y nos ha mostrado a un Heidegger "hijo de su tiempo", un tiempo en el que fueron muchos los pensadores y las conciencias que soñaron con "buenos y justos" supremacismos utópicos.
Sloterdijk no ha pecado de "hemiplejía moral" (genial Ortega) como sus mayores de la Escuela de Frankfurt (Adorno y Horkheimer) y ha reconocido lo que todavía hoy muchos se niegan a reconocer: tan supremacista fue la ideología marxista como la nacionalsocialista; ambas uniformadoras, totalitarias y negadoras de la sacra libertad individual.
Ninguno de los mayores de Sloterdijk se atrevió a desenmascarar esta cruda verdad. Ni Adorno ni Horkheimer en "Dialéctica de la ilustración", ni Erich Fromm en su magnífica "El miedo a la libertad" se atrevieron a cuestionar la moral de los buenos y justos. Siempre que se buscaba al culpable de cercenar las libertades individuales se señalaba al nacionalsocialismo, pero el prepotente y esquizofrénico marxismo se escapaba de rositas; esa suerte de "pseudofilosofía", como la definió Bertrand Russell, o "pseudomoral eslava" en palabras más acertadas de nuestro Ortega, siempre ha escapado impune al juicio de la historia escudándose en la maldad del nacionalsocialismo. Muchos olvidan, pero, que el comunismo, el genocida y vil comunismo, nació antes que cualquier forma de fascismo. De hecho, los fascismos son hijos bastardos, aunque nacionalistas, del pérfido comunismo. Y el comunismo, por más que les pese a los "buenos y justos", tan solo es la consumación operativa (praxis en la realidad) de la idealista e imposible teoría marxista.
Gracias, Sloterdijk, por obligarte a desnudar la verdad; esa verdad que cándidos humanistas, como papá Habermas, se empeñan en ocultarnos, disfrazándola de "buena y justa" verdad ilustrada.
 
Crítica de Fernando López Laso:
Pues se quedará vd. tan a gusto, D. Herrgoldmundo. Por refrescarle un poco la memoria me limitaré a decir que el Sr. Marcuse, uno de esos hemipléjicos morales que fueron según vd. todos esos judíos que son los mayores de Sloterdijk -según la insultante expresión que empleaba, y que no comparto- pues ese mismo Sr. Marcuse escribió un libro nada desdeñable, que lleva por título 'El marxismo soviético' y es una de las mejores aportaciones a la crítica del estalinismo y del marxismo del Diamat. Como si fuera lo mismo decir socialismo soviético, comunismo político y marxismo. Sin precisar lo suficiente, no cabe abordar estos problemas filosóficos.
 
Réplica a D. Fernando López Laso:
 

EL METAMORFISMO DE LA CONCIENCIA
Acabo de leerme, confieso que precipitadamente, un buen artículo de Fernando López Laso titulado "Metamorfismo de Marx".
No voy a discutirle a un filósofo de la talla de López Laso sus expertos conocimientos sobre Marx y el marxismo. Sí pretendo, pero, defenderme del cortés "ataque" con el que obsequió (en verdad fue un regalo su inteligente aportación) a una reflexión que escribí, prácticamente a vuelapluma, el otro día: "Sloterdijk, el hijo díscolo de Habermas".
Me "afeó" Don Fernando, e hizo bien, que hubiese obviado la crítica de Marcuse al marxismo; también me tiró de las orejillas por haber tildado de "hemipléjicos morales" a la generalidad de los filósofos de la Escuela de Frankfurt. Sin embargo, al recurrir al término acuñado por Ortega (hemiplejía moral) no pretendí insultar ni descalificar a tan brillantes pensadores, sino tan solo señalar lo que, por otra parte, es muy FÁCIL de comprobar: tanto en la obra de Adorno y Horkheimer ("Dialéctica de la Ilustración") como en la de Erich Fromm ("El miedo a la libertad") se critica constantemente, a lo largo de las páginas de dichas obras, la política operativa del nacionalsocialismo y, por ende, a Heidegger, mientras que se muestran mucho más benévolos y condescendientes con la política operativa marxista (comunismo).
Supongo que los pensadores de la Escuela de Frankfurt estaban interesados en legitimar la obra marxista. Nada que objetar, también Fernando López Laso la legitima y reivindica en su artículo "Metamorfismo de Marx". Tampoco nada que objetar.
A mí me parece muy bien que se legitimen y/o recuperen las bondades y verdades que subyacen en el marxismo, sobre todo en lo referente, como bien señala el propio López Laso, a la teoría económica de la plusvalía. El problema de la plusvalía (cómo efectuar un reparto justo de la riqueza) sigue planteándonos, efectivamente, una gran aporía que todavía queda por resolver. Todos estamos de acuerdo con Aristóteles: "no se trata simplemente de vivir, sino de vivir bien".
El problema, como también señala López Laso, es que la dialéctica o dinámica de la historia ha demostrado que la teoría sociológica que subyace en el marxismo, sobre todo la que hace referencia al endiosamiento de una única conciencia auténtica y universal (la proletaria), resulta hoy anácronica y obsoleta. Ya solo los muy ilusos, a fuer de "cándidos humanistas", siguen creyendo posible reinventar un comunismo que sea, al tiempo, operativo y también bueno y justo (véase Podemos). Pero, ¿bueno y justo para quiénes? ¿Para qué clase de personas? ¿Para qué conciencia colectiva?
Bueno, y aquí quería llegar, a la aceptación, espero que compartida por todos, de que la CONCIENCIA MARXISTA no es la única conciencia que lucha en el claro del bosque por tal de legitimarse como la única "buena y justa". En mi opinión, no solo la teoría marxista, como sucede con las rocas metamórficas, ha cambiado de forma según las alteraciones de temperatura y condiciones climáticas (entiéndase según las circunstancias históricas), sino que es la gran conciencia hegeliana la que se reinterpreta, o es puesta "al revés", según las diferentes lecturas, dolores o aburrimientos de cada época. Esto es lo que ha sabido ver Sloterdijk.
Peter Sloterdijk, como nuestros marxistas, también cree que la historia no ha llegado a su fin (tesis de Fukuyama). Pero el "hijo díscolo de Habermas" acepta que la realidad abierta ofrezca muchísimas más posibilidades alternativas a la cansina y constantemente "reinventada" propuesta marxista.
 
 

 

jueves, 10 de mayo de 2018

Política y psicología (autoinmolación o salvación))

Introducción
 
Podría decirse que la política actual, en las civilizadas sociedades occidentales, sigue mostrando el viejo antagonismo entre las corrientes ideológicas más "humanistas" y las más materialistas y/o vitalistas. En realidad, si consideramos las diferentes formas de entender y hacer política, desde una perspectiva más psicológica, y siguiendo las tesis de Erich Fromm en "El miedo a la libertad", también podríamos decir , básicamente, que la ideología política sería el fiel reflejo de dos estereotipos psicológicos: el pesimista vs el optimista. Ambos perfiles pre-condicionarían a los individuos a la hora de confiar sus destinos a unas concretas praxis políticas (maneras de operar en la realidad y resolver conflictos), ya fuere desde concepciones más negativas o más positivas de la libertad.
Según Fromm, Heidegger sería el filósofo "pesimista" por excelencia, pues si el hombre (Dasein) fuese tan solo un "ser-para-la muerte", entonces no habría posibilidad de "salvación" (ver "Sin salvación, tras las huellas de Heidegger", de Sloterdijk). Fromm, como buen psicólogo, intentará convencernos de lo contrario, es decir, de que frente a la asunción de una libertad negativa (Heidegger) será posible defender una libertad positiva llena de posibilidades, que pueda ayudar a los individuos a autorrealizarse y lograr una vida plena con sentido.
Así, la Escuela de Frankfurt, con ilustres pensadores como el citado Fromm, Adorno, Horkheimer y Habermas, se erigirá en defensora de los postulados de la libertad positiva; enarbolando como bandera la defensa de un humanismo ilustrado y optimista, que no dudará en posicionarse junto a ideologías políticas socialdemócratas. Dichas políticas apostarán por resolver los conflictos a través de la comunicación; "tendiendo puentes" y defendiendo la necesidad de articular políticas integradoras y multiculturales.
De hecho, Habermas, gurú de la socialdemocracia europea, dirá: "se hace necesario pensar a Heidegger contra Heidegger". Sí, Habermas reconocerá la incómoda verdad señalada por Heidegger: "en el mismo seno del humanismo anida el germen de su propia autodestrucción". Adorno y Horkheimer en su "Dialéctica de la ilustración" también reconocerán esta grave verdad heideggeriana, y asumirán que el humanismo excesivamente ingenuo, "cándido humanismo" en palabras de Heidegger, corre el riesgo real de consumar su propia autoinmolación por mor de seguir creyendo en una apriorística bondad presente en todos los colectivos y sociedades humanas.
 
CINISMO PRESENTE EN EL CÁNDIDO HUMANISMO SOCIALDEMÓCRATA
 
Decía Sloterdijk, en su magnífica "Crítica de la razón cínica", que siempre hay algo "sospechoso" en todo pensamiento sensible que arremete, por norma, contra todo poder o autoridad establecidos. El sagaz pensador alemán, en mi opinión más psicólogo que filósofo, ha sabido ver, como antes hicieran Adorno y Horkheimer, que la tendencia natural en las conciencias colectivas que desprecian a las prepotencias señoriales de "su época", es la de mutar, más temprano que tarde, en nuevas conciencias cínicas y señoriales.Tal es la mutación que está teniendo lugar en el feminismo primigenio, otrora igualitario y liberal que, a pasos agigantados, está deviniendo una nueva conciencia dogmática, prepotente y señorial.
Pero si "miedo" dan las nuevas conciencias colectivas que, con exceso de celo dogmático, se autoproclaman ser las únicas "buenas y justas", más miedo deberían darnos los últimos caballeros andantes, irredentos idealistas, que todavía se "autoengañan" creyendo posible que el humanismo ilustrado tradicional pueda "salvarnos" del incierto futuro que se nos viene encima.
Me estoy refiriendo al abuelo, todavía vivo, del cándido humanismo europeo: Jürgen Habermas, y a uno de sus discípulos más aventajados: el francés François Jullien.
Resulta harto significativo que sean un alemán y un francés los respectivos padres de dos "ingenuas" propuestas humanistas: "el patriotismo constitucional" y "l´écart". Zapatero y su tontá de la "Alianza de Civilizaciones, boutade típica de nuestras izquierdas indefinidas españolas, no aparecerán más en esta breve reflexión que solo desenmascarará a cínicos de peso, y no a payasos de feria.
Al César lo que es del César. Fue Mikel Arteta (Doctor en filosofía), a través de un lúcido artículo, quien desenmascaró el cinismo que se escondía en la propuesta multicultural del francés Jullien; un cínico que, tras abogar por la construcción de puentes, y relativizar la importancia de las identidades culturales, no dudó en "alertarnos" de que, pese a todo, Europa debería prepararse para lo peor en caso de que fracasara su aperturista y buenista "écart". Es decir, vino a decirnos que sí, que en defensa de los valores propios de una libertad positiva y humanista, debíamos abrir las puertas a ingentes masas de inmigrantes; que debíamos respetar sus tradiciones y sus culturas, pero, pero, pero... (¡ay este tramposo "pero!) si las masas de inmigrantes no acababan de integrarse y, peor aún, pusieran en jaque los principios de nuestro ilustrado humanismo, deberíamos tener preparado "un plan de respuesta defensiva". ¿En serio se puede ser tan cínico?
Pero es el abuelo de todos los cándidos humanistas, el ínclito Habermas, quien, en mi parecer, es el más peligroso vendedor de humo "buenista y talantero". Y es el más peligroso, precisamente, por ser el más ilustrado, es decir, por ser, supuestamente, el más sabio de entre todos los sabios todavía vivos. No cabe duda de que Habermas CONOCE LA VERDAD: dos razones de ser, antagónicas y mutuamente excluyentes, no pueden SER al mismo tiempo en un mismo plano espacio-temporal. Si esto lo supo ver con claridad meridiana nuestro Gustavo Bueno, presupongo que, casi con total seguridad, también lo sabe alguien que en su juventud fue miembro de las juventudes hitlerianas; debe saberlo alquien que, ebrio de complejos y sentimientos de culpa, abrazó al internacionalista marxismo y que, finalmente, en su vejez, está intentando redimirse de sus pecados reconociéndose "patriota alemán". ¡Toma castaña!
Casi, casi pierde la compostura y el "bueno" de Habermas deja caer la máscara del humanista universalista. Pero no, el farsante Habermas, como el hábil titiritero que es, ha sabido seguir justificando su cinismo cobarde, añadiendo, rápidamente, que él entiende que es "patriota" cualquier ciudadano integrado en la sociedad y la cultura alemana. No, mon ami, no. Es cierto que no podemos negarle a ninguna persona que viva en una comunidad su condición de ciudadano, con deberes y obligaciones (condición que, por cierto, se nos ha negado a los catalanes que no somos independentistas). Pero ser ciudadano alemán no implica, necesariamente, ser patriota alemán, como pretende hacernos creer Habermas. De hecho, yo soy ciudadano y patriota español, pero el supremacismo catalanista (regionalismo particularista) pretende negarme la primera condición de ciudadano por "molestarle" que, además, me reivindique español.
Y si el conflicto entre diferentes razones de ser existe entre ciudadanos de la UE, e incluso entre ciudadanos de una misma nación, a pesar de compartir un mismo legado histórico-cultural, ¿cómo será el conflicto futuro entre ciudadanos europeos, que se sienten herederos de la ilustración del civilizado Occidente, y los "NUEVOS" ciudadanos que, lejos de integrarse, se obstinan en IMPONER en nuestras sociedades sus justas y buenas conciencias religiosas (Islam)?

ALTERNATIVAS AL "CÁNDIDO HUMANISMO"

 
En mi opinión, una de las alternativas más sensatas y racionales, para superar el humanismo ingenuo que impera en España, y en toda Europa, la constituye el materialismo filosófico de Gustavo Bueno.
 
 
 
A mí me gusta el materialismo filosófico de Gustavo Bueno y suscribo que es necesario que los Estados apliquen políticas OPERATIVAS alejadas de idealismos y sentimentalismos varios. Sin embargo, antes de que un Estado pueda llegar a ser operativo, primero debe constituirse como tal. Y no solo eso, debe tener muy claro cómo y para qué se obligará a ser OPERATIVO: necesitará JUSTIFICAR una idea (cosmovisión o interpretación del mundo) para materializarla a través de la praxis (consumarla operativamente). Esto lo sabe cualquier marxista que se precie de serlo. Pero tenemos que tener muy claro qué queremos defender: un humanismo débil e ingenuo, que ponga en peligro su propia razón de ser, o un nuevo humanismo racional y operativo que se obligue a la salvaguarda de la razón de ser de la civilización occidental.
Defender un humanismo más racional y operativo es tarea difícil, sobre todo porque en la defensa de dicho humanismo no podemos ni debemos (maldito idealismo kantiano) sacrificar sus principios más sagrados: la defensa de los derechos y libertades de TODOS los ciudadanos.
Además, las nuevas corrientes herederas del cándido humanismo tradicional han mutado en peligrosos y dogmáticos populismos, prestos siempre a dificultar la ya de por sí complicada tarea de combatir conciencias prepotentes, evitando caer, al tiempo, en defensas excesivamente prepotentes. Ganará la conciencia que primero consiga demostrar su condición de víctima.
Los nuevos populismos que inundan la política actual se autolegitiman a través de la creación y divulgación (a través de los mass-media) de postverdades confeccionadas a la medida de sus deseos y voluntades más sentimentales. De nada servirá rebatirlos con argumentos de razón, por lo que se hará necesario desenmascararlos a través de finos análisis psicológicos y entendiendo cómo funciona la dinámica de la conciencia que crea postverdades.
 
MOVIMIENTO DIALÉCTICO DE LA CONCIENCIA
 
¿De dónde surgen las verdades, ideas o "cosmovisiones" que hacen suyas las diferentes ideologías políticas?
Pues surgen, primero, en una conciencia individual que las CREA, las construye o las halla (tanto dará en mi opinión), para, después, transmitirlas (hacerlas verbo y comunicarlas) a una CONCIENCIA COLECTIVA.
Esto significa que, además de la realidad del ex-sistere, en la conciencia también se actualiza y manifiesta una "pre-realidad" o "pre-ser" que, de hecho, ya es un modo de ser. Esto lo explicó muy bien Heidegger, siguiendo la dinámica o dialéctica de la conciencia hegeliana, en su obra "Caminos de bosque".
Pues bien, el pensador Sloterdijk no se limitará tan solo a decirnos lo que ya nos dijera Hegel, primero, y Marx y Heidegger más tarde. A saber: el movimiento dialéctico de la conciencia consiste en una lucha entre una conciencia óntica (que representa al ente en sí misma) y una conciencia pre-ontológica (que busca la relación entre dicho ente y su esencia). El resultado de dicha lucha será la idea, experiencia o ser meditado, como se prefiera.
Esta explicación, a nivel filosófico, resulta interesante para entender CÓMO se crea o se halla una idea; cómo se vivencia algo que es virtual, pero todavía no existe, como un modo de ser (pre-ser si se prefiere) que devendrá posibilidad de ser en la realidad abierta.
Esta es la clave: la conciencia descubre o construye una POSIBILIDAD futura de ser. Así, lo que hizo Marx fue crear una "pre-verdad" teórica, experienciada y vivenciada en su conciencia, y a continuación la verbalizó (teorizó) por tal de justificar dicha posibilidad en la realidad abierta y hacerla operativa.
Ya sabemos CÓMO se crea una "pre-verdad", pero Sloterdijk, más psicólogo que filósofo, como ya señalé, se preguntará también por el PORQUÉ: ¿por qué, en contextos históricos determinados, la conciencia colectiva asume determinadas "pre-verdades" como si, de facto, ya fuesen verdades reales? Y la pregunta no es baladí, porque, si queremos entender los entresijos de la política actual, estamos obligados a entender cuáles son los sentimientos, motivaciones y deseos (pura psicología) que mueven a las masas para, a partir de la creencia en una "pre-verdad", obligarse a vivenciarla de tal modo que ésta devenga "postverdad".
¿Por qué, en determinados contextos históricos, las masas se obligan a creer en una "pre-verdad" o posibilidad de ser todavía no real en el ex-sistere?
Formulado en román paladino: ¿qué insta a un dogmático procesista a creerse (autoengaño consciente mediante) que realmente Cataluña es una nación? ¿Qué mecanismos psicológicos subyacen en la creación de una "pre-verdad", en su difusión y su aceptación para, finalmente, conseguir que dicha "verdad posible" acabe siendo institucionalizada operativamente (sustituyendo, así, a la verdad que le precedió)?
Sloterdijk, siguiendo a Heidegger y valiéndose de la psicología (sobre todo del psicoanálisis) nos explicará que se trata de una AUTOHIPNOSIS CONSCIENTE.

AUTOENGAÑO O AUTOHIPNOSIS CONSCIENTE

Si para entender la política de hoy no nos sirve tanto saber razonar como entender los mecanismos psicológicos (emociones, sentimientos, deseos y voliciones) que actúan como motores o fuerzas capaces de crear "postverdades", debemos obligarnos a averiguar cómo es posible que una persona inteligente y conocedora de la realidad (la verdad) puede llegar a mostrar un desmesurado cinismo por tal de negar dicha realidad y, al tiempo, defender "su postverdad".

Ya hemos visto cómo, a partir del movimiento dialéctico de la conciencia, se actualizaba y manifestaba en la misma un "pre-ser" o "pre-verdad" que, por el hecho de "ser, sin todavía ser", se abría como una posibilidad de "ser-futuro" en el ex-sistere. Pues bien, a través de dicha dinámica dialéctica se crean las utopías, es decir, se gestan los sueños o VOLUNTADES DE SER que, primero, tan solo se manifiestan y actualizan en la conciencia como POSIBILIDADES. Así nació, por ejemplo, la teoría marxista.

¿Qué motiva, pero, la aparición de una utopía o de cualquier voluntad de ser? La motivación primera, en el parecer de Sloterdijk, sería la de "curar el dolor de una época", aplicar una cura al sufrimiento que aparece insoportable y generalizado en determinados momentos de la historia. Quienes descubren esta VERDAD PSICOLÓGICA saben que para "despertar un sueño utópico", y así poder "asaltar el poder" (los cielos, en palabras ebrias de cinismo poético), hay que INSTRUMENTALIZAR el dolor; es decir, hay que gritar alto y fuerte a las masas durmientes que son VÍCTIMAS de graves injusticias (esta verdad la sabe muy bien el populista Pablo Manuel Iglesias). También la supo Marx.

Creer en la utopía (en sueños), por tanto, no es cuestión de demostraciones dialécticas ni científicas (justificaciones racionales ad hoc) sino de una voluntad de creer (como señalara el psicólogo William James). Así, lo primero que debe conseguir el poeta que sueña con "bellas posibilidades de ser" es conformar una conciencia colectiva creyente, porque alguien, a título individual, puede creer en la "posibilidad de ser" de una nación ficticia, pero para que dicha "pre-verdad" tome fuerza y pueda consumarse como realidad en el ex-sistere, necesitará ser aceptada por una conciencia colectiva numerosa dispuesta a hacerla OPERATIVA.

Pensemos, ahora, en la nación catalana, y preguntémonos cómo ha sido posible que dicha "ficción" haya podido ser asumida por la conciencia colectiva del independentismo como real.
Para responder a esta cuestión: ¿cómo es posible que una ficción pase por ser real?, hay que saber, primero, como funciona la conciencia. Ya lo hemos explicado. ¿Pero qué es lo que facilita, en la conciencia, que entre la representación del objeto real (lo que es) y el objeto irreal (lo imaginado), pueda surgir un NUEVO MODO DE SER, que "ya es, pero todavía no es"?

El marxista Ernst Bloch nos responderá cómo "se despierta un sueño" (cómo se crea una utopía), explicándonos que en la conciencia se da una tripolaridad, pues entre la bipolaridad de lo real vs lo irreal actúa una TENDENCIA. Popper la llamó PROPENSIÓN, pero, en mi opinión, el más acertado fue Heidegger al denominar a este nuevo modo ser como un ESTADO DE ÁNIMO DE CONMOCIÓN (ver en su obra "Conceptos fundamentales de la metafísica").

La clave está en la conmoción que se produce en la conciencia cuando ésta descubre, construye o halla, una nueva posibilidad de ser. La conmoción la provoca un estado de ánimo; un estado de ánimo sumido en el dolor y el sufrimiento; un estado de caída que insta a la conciencia a reflexionar y meditar por tal de salvar la angustia que vivencia.

Así, los independentistas que creen en una nación ficticia, y los populistas que creen en una sociedad más justa, antes de poder reivindicarse como víctimas, deben instrumentalizar el dolor colectivo "fabricando artificialmente" estados de ánimo de conmoción. Porque necesitan el dolor y el sufrimiento como motores que generen resentimiento y odio contra las "otras conciencias" (españolistas o fascistas, según ellos).

El verdadero problema surgirá, entonces, cuando no haya una mayoría de independentistas que crean en la nación catalana, o no haya una mayoría de populistas dispuestos a perpetrar peregrinas revoluciones (revolucions dels somriures o revoluciones para asaltar los cielos). Entonces se hará necesario fingir dicho dolor. Pero para fingir, primero hay que ser un buen actor (un actor del método). Hay que resultar creíble.

Para "actuar" convincentemente y resultar creíbles necesitarán toda una amplia gama de estrategías psicológicas (tergiversación de la realidad, ilusión de alternativas, manipulación, adoctrinamiento, victimización...) que les permita "fabricar artificialmente" el sufrimiento cuando NO HAYA UN DOLOR REAL en la sociedad; cuando lo que ya ES en la realidad funcione y, muy a pesar de ellos, no exista el dolor que pretenden sobredimensionar y exagerar

¿Cómo fingir un dolor o un estado de conmoción de tal manera que estos parezcan y, de hecho, puedan pasar por ser REALES? Pues recurriendo al AUTOENGAÑO (voluntad de creer), o lo que Sloterdijk denomina AUTOHIPNOSIS CONSCIENTE.
Se tratará de ejercer de grandes cínicos, y, así, poder proclamar a los cuatro vientos mentiras como "España nos roba", "Cataluña es una nación" o "cataluña es una colonia castellana", pero hay que gritar de tal modo que dichas mentiras puedan ser reconocidas públicamente como "verdades" (postverdades). No importará que en el discurso privado, y con la guardia baja, el cínico se sincere en algún descuido o momento de catarsis.

Son muchas las técnicas y terapias psicológicas que se aplican para lograr que un individuo pueda "llegar a ser quien desee ser" o, en todo caso, para que "logre ser lo que la norma social ya decidió (por él) que tenía que ser". Una de las técnicas más utilizadas consiste, básicamente, en hacer que el individuo adopte un determinado rol de personalidad, el que más le guste. Poco a poco, el individuo tendrá que AUTOMOLDEARSE, es decir, deberá obligarse a pensar y a comportarse según las características propias del rol asumido. El terapeuta le guiará y le orientará, evaluará sus progresos y resolverá sus dudas y la posible aparición de incongruencias o disonancias cognitivas.

Los "juegos de rol" y el psicodrama son técnicas psicológicas que se utilizan para "moldear" personalidades desajustadas, para moldear o crear nuevas "creencias" o maneras de ser. Si nos fijamos, vemos que, tanto Podemos como los independentistas catalanes, están abusando de performances o psicodramas estéticos para provocar "conmoción" en la conciencia colectiva de sus creyentes, creando, así, un "dolor ficticio o teatral". Los podemitas han llegado a besarse públicamente y han amamantado a sus bebés en el Congreso, para hacer operativas en el ex-sistere (la realidad) sus ideas (pre-verdades) que demuestran lo "buenos y justos" que son. Los independentistas representan catárticamente el dolor colectivo encerrándose, por turnos, en falsas prisiones colocadas en la vía pública, colocan lacitos (símbolos) por todas partes, y en las escuelas utilizan a los niños para hacer obras de teatro maniqueas donde los españoles son los malos malosos que subyugan al "inocente" pueblo catalán.

Ahora pensemos qué son realmente nuestras escuelas y cuál es el papel del psicólogo y de la psicología en las mismas, pero también pensemos en el papel de la psicología en los medios de información y, sobre todo, en la política, donde, como acabamos de ver, cada vez importa más hacer sentir (experienciar una pre-verdad) en vez razonar para aceptar la verdad real tal como se nos muestra.

Según Sloterdijk, un sistema educativo es, en realidad, un conjunto de granjas-escuelas destinadas a domesticar y cebar (adoctrinar) al ganado humano. El humanismo, de hecho, es una antropotécnica de domesticación (civilizar es amansar). Todo sistema educativo está constituido por un entramado de granjas-escuela que se sirve de antropotécnicas para socializar, civilizar o domesticar, como se prefiera, al ganado o zoo humano.

Así, el grupo humano que tenga el PODER para diseñar y articular un entramado social formado por un conjunto de granjas-escuelas y antropotécnicas (moldeadoras de la conciencia), también podrá IMPONER SU VERDAD.
Si una civilización, como una nación, no controla e impone las antropotécnicas que son las propias de su razón de ser (herencia histórico-cultural), para formar  a sus ciudadanos, otra forma de poder lo hará, o como decía Gustavo Bueno: "si no nos aferramos a los restos del naufragio de nuestra civilización, otra ocupará su lugar".
Cierto, nuestro humanismo tradicional, a fuer de ingenuo, ha naufragado, pero aún podemos aferrarnos a sus restos para "salvarnos" y, así, evitar que otras verdades sustituyan a las nuestras.