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lunes, 9 de agosto de 2021

METAFÍSICA MARXISTA (el negro de VOX)

INTRODUCCIÓN

Karl Popper sostuvo que tanto el psicoanálisis como el marxismo, ambas teorías no falsables (no refutables), quedaban fuera del ámbito científico.
De esta manera, la teoría marxista, en el parecer de Popper, debería considerarse otra suerte de metafísica. Ortega y Gasset ya señaló que el marxismo era una "pseudomoral" y Bertrand Russell lo tildó de pseudofilosofía. Más recientemente, Gustavo Bueno le dio la vuelta del revés a Marx y dejó al descubierto todo su esencialismo metafísico.
¿Y AHORA QUÉ?
Los criterios de demarcación de Popper, para determinar qué cabe considerarse o no "ciencia", resultan incontestables a día de hoy. Podría concluirse que el SXX aprendió, definitivamente, que el estatus de ciencia no podía otorgársele al marxismo, teoría que no permitía ser falsada (refutada) porque ésta siempre rebatía las críticas contrarias con argumentos ad hoc.
Y, sin embargo, el marxismo, en tanto que religión, o metafísica si se prefiere, sigue muy vivo, mimetizado o "metamorfoseado", que diría López Laso, en otros nuevos "modos de ser" también internacionalistas, ahora llamados posnacionales y transnacionales (Habermas).
Pero, sobre todo, la esencia del marxismo, y su afán por reivindicar una única conciencia verdadera, puede apreciarse en las pretensiones, dogmáticas e impositoras, del actual globalismo multicultural; podemos detectarlo en el diseño de una gran agenda futura para el conjunto de la humanidad; un proyecto que bien podría considerarse un novedoso "poshumanismo" que se vale de nuevas técnicas antropotécnicas (Sloterdijk) para criar y domesticar al ganado humano.
LA PARADOJA HABERMASIANA
Viendo cómo, efectivamente, los actuales pastores del ser, ahora globalistas, han decidido implantar "su verdad" o conciencia auténtica a través de una masiva vacunación (terapia génica), resulta paradójico que Jürgen Habermas tildara de "joven fascista" a Peter Sloterdijk, por atreverse éste, precisamente, a señalar la posibilidad de que un nuevo poshumanismo (ver "Reglas para el parque humano") se valiera de innovadoras técnicas eugenésicas para "pastorear" al ganado humano y evitar la superpoblación del planeta.
Habermas reaccionó airado ante las especulaciones filosóficas de Sloterdijk, carentes de afán apologista, que revelaban la existencia de nuevas posibilidades de "pastoreo".
Quizá lo que le molestó a Habermas fue que Sloterdijk se acercara demasiado a la verdad; le molestó que alguien dijera en "voz alta" lo que la intelligentsia globalista lleva ya tiempo susurrando y cuchicheando a puerta cerrada: es necesario un nuevo orden mundial (reseteo de la vida tal y como la conocemos) y es necesario reducir el número de habitantes del planeta Tierra.
Pero no hay buen "pastor del ser" que no tenga una buena jauría de perros rabiosos prestos a silenciar a los últimos espíritus libres; no hay gurú espiritual que se precie que no tenga una numerosa legión de fieles dispuestos a corromper y pervertir la verdad.
El nuevo internacionalismo global (marxismo mimetizado) ha aprendido que para imponer su verdad debe combatir a la gran conciencia contraria (capitalista, tradicional y heteropatriarcal) a través de la acción erosiva (guerrillera) de multitud de pequeñas conciencias endiosadas que, como perros furiosos, ladran y muerden a todo aquel que ose alejarse del rebaño.
Estos perros y mamporreros varios (sobre todo periodistas del régimen, femimarxistas, podemitas y otras hierbas parecidas) aceptan, e incluso consideran legítimo, que una mujer sea agredida, si es de VOX. Se regocijan cuando un político como Ignacio Garriga es insultado y menospreciado, porque, aunque negro, cometió el pecado de pertenecer a VOX. Ponen el grito en el cielo si un hombre mata a una mujer, pero callan cuales putillas cada vez que una madre mata a su hijo.
Estos perros rabiosos señalan y boicotean a un rockero como Sherpa por defender el hecho serio de ser español; por decir algo tan de sentido común como que una nación debe preservar y defender sus fronteras de invasiones (como, por cierto, se recoge en nuestra Constitución).
Estos esbirros del nuevo orden mundial, que bloquean al disidente en las RRSS a las primeras de cambio o amenazan con "reventar" la cara" de su interlocutor (por "facha", faltaría más), son los dignos herederos del marxismo cultural; son los hijos de Adorno y de los ofendiditos de la Escuela de Frankfurt; son los que ladran reivindicando la supremacía moral de un pensamiento sensible, emocional y sentimental, a través del cual instrumentalizan y rentabilizan el victimismo, bien magnificándolo o, las más de las veces, inventándoselo.
Inventar victimismos, recuperar y actualizar agravios pasados, mentir y difamar, perseguir y boicotear al disidente, hasta que, incluso, Ignacio Garriga, al que llaman despectivamente "el negro de VOX" nuestras sectarias izquierdas, parezca más totalitario que el papito Stalin, por el mero hecho de militar en VOX, un partido demócrata y más constitucionalista que muchos constitucionalistas, que, por cierto, callan y miran para otro lado cada vez que socialcomunistas, tontilocos y hasta el último lerdo del pueblo, vulneran la legalidad institucional.

El nuevo "neomarxismo" campa por sus fueros, sin que nadie lo frene, por una España arruinada económica y moralmente. Y en Europa, los buenos y justos están acorralando, coaccionando y presionando a países como Polonia y Hungría para que abracen la fe verdadera de una ingeniería social que ha diseñado una agenda globalizadora a imagen y semejanza de sus sueños teleológicos (léase metafísicos).

sábado, 1 de mayo de 2021

PSICOSOFÍA (nueva propuesta analítica)


INTRODUCCIÓN
No nos engañemos, cuando una parte importante de la ciudadanía de nuestro país desprecia o infravalora el hecho serio de ser español, o ningunea la importancia de sus símbolos patrios (pongamos por caso la bandera), resulta evidente que en dicha actitud subyace un desapego afectivo; un distanciamiento (falta de identificación) entre el Yo (biogenético) del ciudadano y su mundo circundante (lugar de nacimiento en este caso).
El origen de la desafección de muchos españoles hacia su nación habría de buscarse, sin duda, en la clase de persona que es cada individuo; es decir, en la biogenética de su Yo. Ni la historia común ni las circunstancias particulares de cada sujeto explicarían, por sí solas, la génesis de sentimientos y emociones a favor o en contra de determinados apegos ; ni explicarían tampoco la adhesión a determinadas ideas y/o creencias. Existen factores biogenéticos a priori (psicológicos y biológicos) que, al modo de los conceptos puros kantianos (espacio y tiempo) son necesarios para hacer posible el conocimiento y la generación de emociones y sentimientos.
Por supuesto, las circunstancias históricas y personales (familiares y sociales) también moldearán las preferencias y gustos estéticos, a la postre también ético-morales. Pero, insisto, el carácter (perfil psicológico) del individuo tendrá un peso más que relevante a la hora de desarrollar "apegos afectivos".
DIALÉCTICA DEL YO
En unas circunstancias ambientales asépticas, donde la superestructura (cultura, medios de información y educación) no estuviese bajo el dominio y control de una determinada ideología, cada individuo, impelido por su Yo (creencias, sentimientos y motivaciones), optaría libremente por "hacer suyo" aquel credo religioso y/o político que fuese más afín a su particular modo de ser.
Pero nuestro Yo, libertad en acción en términos fichteanos, no es un "absoluto", sino un absoluto-relativo en constante pugna dialéctica entre el sujeto y el objeto; entre nuestro Yo y sus circunstancias, entre Dasein y mundo; entre ser-en-sí y ser-ahí en/con "lo otro". Nuestro Yo está en eterno conflicto consigo mismo y con "lo otro" (objetos en el mundo) y, por tanto, es también una Idea en constante construcción. De hecho, el Yo es un constructo inexistente, una idea hipostasiada carente de materialidad corpórea, pero que supone en sí mismo un modo de materialidad (M3 en la ontología General de Gustavo Bueno) necesaria para poder operar en y con el mundo.
El psicoanálisis consideró una dialéctica del Yo cuyo funcionamiento, en mi opinión, es análogo a la dinámica de la conciencia o fenomenología del espíritu hegeliano.
LAS DOS ESPAÑAS (y los dos Machado)
En los albores de la Guerra Civil española comenzó a recrudecerse la dialéctica entre dos conciencias antagónicas (burguesa y proletaria). Pero entonces, y a pesar de lo explicado por Marx en "El manifiesto comunista", la superestructura burguesa-capitalista no disponía de la fuerza adoctrinadora y manipuladora que hoy, por ejemplo, ostenta el populismo socialcomunista; es decir, sí existía una verdad institucionalizada al servicio de los intereses de una clase social: la conciencia burguesa. Pero dicha conciencia se preservaba más a través de la coacción operativa del Estado que por la existencia de una conciencia espiritual colectiva. No existía una "conciencia de clase burguesa", porque no existía una superestructura adoctrinadora de masas orientada a crear entre la ciudadanía una conciencia de clase burguesa.
Dicha superestructura burguesa daba por hecho que su verdad no podía cuestionarse, hasta que, por supuesto, apareció el marxismo postulando la supremacía de una nueva conciencia proletaria que reivindica su derecho a ser; su derecho a consumarse operativamente como nueva posibilidad del Ser. De manera parecida, nadie se cuestionaba el hecho de ser hombre o mujer hasta que apareció la conciencia de la ideología LGTBI; y ningún hombre se cuestionaba si era realmente un machista violador al servicio del heteropatriarcado hasta que el femimarxismo construyó "su verdad" de odio y resentimiento para, así, cosificar y culpar al varón de las injusticias existenciales (por cierto, ¿qué es justo o injusto?).
La ciudadanía española de entonces, en su mayoría analfabeta y, por tanto, ajena a los efectos adoctrinadores de escuelas y medios de comunicación (revistas y diarios de la época), carecía de "conciencia de clase", no era de derechas ni de izquierdas. Fue, por tanto, la élite ilustrada del momento, formada y con acceso a medios de información, la que se posicionó a favor o en contra de una u otra conciencia; a favor de una u otra España (la nacional vs la roja); y lo hizo en función de la idiosincrasia de su particular Yo, sus sentimientos, voliciones y motivaciones, jamás convencida por las bondades de los argumentos y fundamentos de las diferentes ideologías en lid (subrayo enfáticamente esta observación que se me antoja gran verdad).
Sería interesante realizar el perfil psicológico de las élites intelectuales de aquel difícil período histórico; comprobar hasta qué punto no solo las graves circunstancias del momento determinaron sus posturas ideológicas, sino también sus respectivas biogenéticas o, en palabras de Ortega (que también fueron las de Fichte), hasta qué punto tomaron partido en función de la clase de personas que fueron.
Baste tan solo, a modo de rápida ilustración, echar un vistazo a lo sucedido en el seno de la propia Escuela de Madrid. Muchos discípulos de Ortega y Gasset, liberal y republicano, devinieron socialistas, como María Zambrano. Otros, como García Valdecasas, que fundaría el Frente Español (donde también militó Zambrano antes de ser seducida por el socialismo), devendrían falangistas; caso también de Laín Entralgo.
Las circunstancias históricas fueron las mismas para todos ellos, cierto. Y todos ellos, discípulos de Ortega, fueron en su mayoría republicanos (caso también de Valdecasas) y/o liberales antes de devenir socialistas o falangistas. Entonces, ¿qué determinó que la herencia liberal-conservadora y republicana de la Escuela de Madrid se diluyera en la nada?
Pues la causa fue la irrupción de una nueva conciencia dispuesta a presentar batalla en el claro del bosque; una conciencia proletaria que reivindicaba su derecho a ser despreciando y cosificando, con soberbia prepotencia, al resto de conciencias; conciencias que no solo eran burguesas y/o liberales, sino también anarquistas. Solo UNA podía ser la conciencia verdadera. Había surgido un nuevo supremacismo totalitario, disfrazado de teoría de la liberación, que se arrogaba estar destinado a emancipar a los oprimidos; había nacido un nuevo credo religioso.
Pero lo sucedido en la Escuela de Madrid, la escisión del liberalismo republicano en nuevas formas ideológicas (socialismo y falangismo), también aconteció incluso en el seno de las propias familias; individuos que convivían en común , con valores también comunes, y con unos mismos lazos afectivos, tuvieron que optar por una de las nuevas conciencias.
Una de esas familias fue la familia Machado.
Los hermanos Antonio y Manuel Machado se me antojan la metáfora perfecta de las dos Españas que se enfrentaron en nuestra fratricida Guerra Civil. Antonio Machado dio en llamar "las dos Españas" a los dos bandos, republicanos y nacionales, que defendían diferentes ideas y, por tanto, también hicieron suyas diferentes verdades.
Una lectura precipitada, errónea en mi parecer, señalaría la génesis del conflicto en las diferencias circunstanciales entre clases sociales (teoría marxista) y, por tanto, también en los condicionantes históricos. Pero lo sucedido en la Escuela de Madrid, así como en otros círculos de intelectuales y en las propias familias, demuestra que, al final, cada Yo individual, instado por su particular modo de ser; modo de pensar y de sentir, eligió en función de la clase de persona que era.
Antonio y Manuel eran hermanos que no solo compartían una misma herencia genética, sino también unas mismas circunstancias socio-económicas (familiares) e históricas. Los dos eran hijos de los mismos padres y de un mismo tiempo, pero ellos optaron por ser fieles a verdades distintas, a diferentes posibilidades del Ser que se abrían en la realidad.
¿Por qué?
Porque los hermanos Machado, como la generalidad de los españoles de su generación, se vieron obligados a elegir entre dos opciones ideológicas, antagónicas y aparentemente irreconciliables entre sí; ideologías que se fundamentaban, respectivamente, en dos sustantivaciones o ideas hipostasiadas: la idea de nación vs la idea de internacionalismo. En este sentido, tanto el nacionalismo como el internacionalismo marxista podrían (deberían) considerarse ideologías idealistas.
Sin embargo, un análisis más minucioso, racional y realista, permitirá descubrir importantes diferencias entre ambos "idealismos", sobre todo a partir del raciovitalismo orteguiano y el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno.
EL NACIONALISMO, entendido como el apego a la nación (lugar donde se nace); y comprendido también como religación a la patria (tierra de los padres) se fundamenta a partir de la pertenencia, dominio y control de la capa basal que es la tierra, el espacio-materia que ocupa un individuo desde que sus padres lo traen al mundo. Esta es una fundamentación vital y materialista, perfectamente compatible con la propuesta raciovitalista de Ortega y Gasset. También el MF (materialismo filosófico) de Gustavo Bueno fundamenta la realidad material y corpórea de la nación, como la tierra o sustancia (capa basal) a partir de la cual se construye y articula una sociedad.
EL INTERNACIONALISMO MARXISTA, paradójicamente argumentado a partir de los materialismos histórico y dialéctico, se sustenta, sin embargo, a partir de una fundamentación idealista (esencialista), pues proclama como fin último de la historia del ser humano la desaparición de las naciones (aspiración a un ideal). El marxismo postulará que el análisis científico de la historia demuestra la existencia de una clase proletaria; una clase oprimida, en todo el mundo, que carece de patria y solo podrá emanciparse o liberarse haciendo suya una conciencia internacionalista o de pertenencia al conjunto de la humanidad (una teleología muy parecida a la propuesta católica).
Nacionalismo y socialismo, o patria y justicia social si se prefiere, son Ideas sustantivadas; son abstracciones virtuales (modos de ser en las conciencias) que permiten operar con y en el ex-sistere, para permitir el control y el dominio de la naturaleza, del mundo en definitiva.
Se trata, siempre, de una dialéctica de control y dominio, y no tanto de una dialéctica entre clases sociales, como reconoció el propio Jürgen Habermas. Y de la clase de persona que seamos, como bien supo ver Ortega, y no dependiendo de la clase social a la que pertenezcamos, dependerá que dos hermanos, con una misma genética y criados en un mismo contexto histórico, y en el mismo ambiente familiar, decidan hacer suyas una u otra ideología (léase Verdad).
PERFILES PSICOLÓGICOS
No disponemos de los perfiles psicológicos de los hermanos Machado, pero me atrevería a pronosticar, conociendo sus apegos ideológicos, qué rasgos de carácter configurarían, probablemente, sus respectivas maneras de ser.
Una primera clasificación nos la facilitaría la dialéctica dualista existente entre optimistas antropológicos, más dados a ensoñaciones idealistas, y los pesimistas antropológicos, más apegados a la realidad de la tierra.
Si partimos de la máxima de Fichte (que yo considero cierta y difícil de rebatir): "De la clase de persona que seamos dependerá la filosofía que escojamos", podremos pronosticar, como decía, que el hermano más realista, conservador y responsable con la salvaguarda de su legado histórico-cultural fue Manuel, que se adhirió al bando nacional. Antonio Machado, más soñador e idealista, buscaría en el internacionalismo marxista una religación con el Absoluto (sentido histórico) para, así, hallar el Santo Grial de la justicia social.
También podríamos afinar mucho más si supiéramos de la presencia de determinados rasgos de personalidad que permitieran diferenciar los perfiles de los hermanos Machado, pero no es el caso.
Dos formas de ser, dos maneras de pensar y de actuar; dos opciones vitales en principio legítimas, ni buenas ni malas, pues cada una de ellas está justificada racionalmente, argumentada y fundamentada. Estos dos modos de ser, como otros modos de ser, tales como el anarquista o el liberal, son inevitablemente morales, pues no hay razonamiento humano que no implique, al tiempo, una elección ético-moral que nos obliga a preguntarnos "cómo actuar".
LA NEGACIÓN DEL APEGO A LA TIERRA (desterrar las banderas y las naciones)
La pregunta que quedó planteada en el punto anterior fue : ¿Cómo actuar? ¿Cómo debemos conducirnos con el prójimo?
No vamos ahora a retrotraernos a la moralidad judeocristiana ni a la ética kantiana, pues nos bastará con reconocer que la nación política nació en Francia, junto a la república de ciudadanos libres (1789). República (gobierno de ciudadanos) y nación (tierra de los ciudadanos) tuvieron un origen político común en Occidente; un origen que podría remontarse a la aparición de las polis griegas, donde surgió la democracia, y que culminó con la revolución francesa. Según las tesis de Gustavo Bueno, con la Revolución Francesa aparecieron las primeras izquierdas definidas, la jacobina (republicana y nacionalista) y la liberal (nacionalista aunque no necesariamente republicana).
A partir de entonces, las sociedades occidentales entendieron que no cabía otra manera de actuar con el prójimo que respetando sus derechos y libertades y, por tanto, articulando la nación política en torno a un Estado democrático.
Muchas cosas sucedieron tras la revolución francesa, sobre todo reacciones del Antiguo Regimen absolutista que, en toda Europa, se negaba a desaparecer. Se tuvieron que librar, por tanto, muchas guerras, todas ellas abanderadas por liberales apegados a sus respectivas naciones, hasta que el marxismo tomó el relevo por considerar ¿necesario? sustituir nacionalismo por internacionalismo.
El marxismo se introdujo en la sempiterna lucha entre absolutistas y liberales, arremetiendo, al tiempo, contra ambos, es decir, proclamando la justicia social sobre el subyugador regimen absolutista, pero también negando el apego a la tierra, a la patria, a aquellos liberales republicanos que también eran nacionalistas. El conflicto entre conciencias estaba servido.
El marxismo, con exceso de celo prepotente y señorial, negó y condenó los vínculos sentimentales que unían a los ciudadanos a su lugar de nacimiento (nación), obligándoles, leninismo operativo mediante, a que abrazaran la nueva fe internacionalista. La esquizofrenia marxista fue, entonces, rápidamente respondida por nuevos movimientos políticos reaccionarios que se negaron a abandonar su tradicional modo de ser democrático liberal, republicano y nacional. Dichos movimientos, por pura reacción defensiva ante las hostilidades del comunismo impositor, mutaron en nacionalismos supremacistas (fascismo y nacionalsocialismo).
La dialéctica en el claro quedó, así, definida por el enfrentamiento entre dos supremacismos; el comunista y el nacionalista.
¿QUÉ SIGNIFICA, HOY, SER "´NACIONALISTA"?
Significa, sobre todo, ser reaccionario ante las amenazas externas que hacen peligrar la integridad de la nación. Ante las amenazas de una Izquierda reaccionaria subversiva (socialcomunista), que ha vulnerado la legalidad institucional y ha traspasado UNILATERALMENTE peligrosas líneas rojas, solo cabe articular y dar forma a una fuerza antagónica, también reaccionaria, desde la Derecha (liberal-conservadora).
No cabe ninguna otra respuesta posible para poder equilibrar las fuerzas políticas en la balanza del "juego democrático", ya que solo desde un equilibrio de fuerzas se podrían "consensuar" acciones políticas (constitucionales) para hacer frente a las antivitales e idealistas propuestas marxista-leninistas, actualmente disfrazadas bajo los ropajes de populismos socialcomunistas.
Por tanto, la actitud irresponsable de nuestras Izquierdas Ilustradas, despreciando y deslegitimando a una de las fuerzas en lid (la liberal-conservadora), solo pone de manifiesto sus sesgos ideológicos o preferencias estéticas, a la postre ético-morales, a costa, precisamente, de traicionar los principios de la "democracia deliberativa" que tanto dicen defender; a costa de abandonar conscientemente, y cinismo mediante, las argumentaciones racionalmente fundamentadas.
La irrupción de VOX en la política española ha sido de extrema necesidad para garantizar un óptimo "equilibrio ecológico"; es decir, para evitar que, ante la ausencia de un número suficiente de depredadores, las RATAS se multipliquen sin freno y lleven a la nación a la ruina total y definitiva.
A la nación no se le puede pedir (memos aún exigir) que, voluntariamente, acepte su aitoinmolación vital, que claudique ante la vida y permita, cobarde y resignada, que otra forma de vida, otro modo de ser o verdad, ocupe su lugar. Al contrario, la nación debe ser protegida, porque la conciencia espiritual inherente a la entidad nacional solo puede pervivir en tanto un amplio Yo colectivo la hace suya y, por tanto, está dispuesto a defenderla y preservarla de sus enemigos.
De hecho, no existe la ideología nacionalista, como tampoco existe la "ideología masculina", pues pertenecer a una nación, como nacer hombre o mujer, es una verdad dada a priori en la que el individuo no puede elegir entre ser o no ser; ser o no ser español, ser o no ser hombre.
La idea de nación, como toda idea, es una hipóstasis o sustantivación de un concepto etéreo. Por tanto, "el ser de una nación" es una abstracción o modo de ser "virtual" que se manifiesta y actualiza como modo de ser real en la conciencia (habrá nación si el ente colectivo cree en la nación). Pero no bastará la manifestación (creencia) de dicho modo de ser real en una única conciencia individual para que ésta alcance el rango de Verdad. La idea de nación (y de pertenencia a la misma) solo puede pervivir temporal o históricamente a través de una conciencia colectiva que la haga suya y, por tanto, la institucionalice como Verdad (Dios o Ser) que deba preservarse a través de una Constitución nacional.

CONCLUSIÓN
Así pues, la lucha que actualmente se está librando en el claro del bosque (Lichtung heideggeriano) tiene como contendientes enfrentados a dos ideologías supuestamente materialistas (socialdemocracia habermasiana vs liberalismo nacionalista), que, en el fondo, y aunque lo nieguen ambas, se fundamentan en creencias espirituales (esencialistas), pues ambas pretenden imponer sus respectivas conciencias o acepciones en torno al "sentido del Ser": cómo ser humanos o, dicho con mayor crudeza, cómo se ha de civilizar (criar y domesticar) al ganado humano. En definitiva, ambas conciencias pretenden decirnos qué valores ético-morales serán buenos y cuáles serán malos.
El idealismo habermasiano (esencialista al cabo) fue magistralmente desenmascarado por Gustavo Bueno, pero, no nos engañemos, porque, por más que el padre del MF pretendiera superar la metafísica inherente a la razón de ser (sentido) de las entidades nacionales, éstas también están inevitablemente impregnadas de espiritualidad (sentido y/o razón de ser) y necesitan, como los dioses, fieles creyentes que la defiendan de enemigos externos.
La batalla cultural no es entre un materialismo (socialdemocracia habermasiana) vs un esencialismo (nacionalismo liberal-conservador) sino entre dos esencialismos, el primero taimadamente oculto y enmascarado (marxismo) y el segundo orgullosamente desnudo (liberal-conservador).

lunes, 6 de abril de 2020

DEL POSHUMANISMO AL EROTISMO

INTRODUCCIÓN

Acepto que el ser humano es constitutivamente racional y moral, porque no hay ser humano que carezca de moral; es decir, no hay ningún individuo que no haga “suyos” los valores de una determinada cultura o, en su defecto, no se aferre con uñas y dientes a “sus propios valores”, a “su verdad”, que diría el vulgar y cínico Pedro Sánchez.

También acepto que la verdad es histórica, pues, como suelo señalar, es la razón histórica la que, en cada época, decide hacer suya la verdad de su tiempo. Y dicha verdad, tras ser "descubierta" o construida como posibilidad por algún pastor del ser (sabio o sofista ideólogo, tanto da) solo será aceptada (institucionalizada en términos Foucaultianos) por el ente colectivo tras comprobarse que es necesaria (buena) para el funcionamiento (autoconservación) del parque humano.

Lo que hemos dado en llamar “humanismo”, suerte de club de ilustrados, se encarga de ello; tiene como misión determinar qué cosmovisión y/o reglas y normas (moral al cabo) serán las más convenientes (buenas y justas) para civilizar al zoo humano. Pero deberá hacerlo teniendo muy en cuenta que el ser humano no es solo un ser temporal, que se hace a sí mismo a lo largo del tiempo (durante su existencia), sino que también es un ser en el espacio (en-lo otro y con-lo otro).

Si la última misión del humanismo no ha de consistir, tan solo, en que cada individuo sea su propio señor (libre y dueño de sí mismo), sino que también ha de consistir en garantizar la preservación de cualquier tipo de sociedad (cultura y/o civilización), ¿cómo habría de lograrse tal cometido? ¿Cómo preservar la integridad y las libertades de los individuos respetando, al tiempo, la razón de ser de diferentes morales y/o ideologías, algunas con tendencias supremacistas o descaradamente supremacistas (neocomunismo, femimarxismo e Islam)?

MORALES SUPREMACISTAS

Ante la falta de solución a la urgente cuestión de qué hacer con las morales supremacistas, la razón ilustrada se ha estancado en un último estadio (el actual estado de la razón cínica); un estadio o momento histórico en el que la razón permanece resignada y rendida , esperando que todo salte por los aires. Mientras, las últimas almas bellas, cándidos humanistas, aún albergan la vana esperanza de que la humanidad se salve de sí misma a través de una razón verdaderamente emancipadora y/o liberadora (¿verdad Habermas?).

La pregunta del millón, pero, sigue siendo la misma desde hace décadas, y compete a la cuestión del ser (Heidegger):

¿Está el humanismo irremediablemente abocado a su autodestrucción o hay posibilidad de salvación?

Heidegger fue pesimista y vio con claridad que, sin una necesaria humildad ontológica, el humanismo no podría salvarse de sí mismo, de su arrogancia prepotente y señorial como criador y domesticador del "parque humano".  A Heidegger fue consciente de que el dogma prepotente que no impusiera una conciencia lo impondría su conciencia antagónica. Puro pesimismo.

Sloterdijk apostó en "Esferas" por un nuevo poshumanismo, una suerte de nueva metafísica (superación de Heidegger) que hiciera hincapié en la necesidad de armonizar el ser-en sí del individuo con su ser-en el otro a través del arte y la creación estética. No deja de ser una propuesta tanto o más ideal, y por tanto utópica, que la de los últimos humanismos que se erigieron en libertadores del hombre: el marxismo y el actual neomarxismo habermasiano.

La propuesta de Sloterdijk, como la de todo humanismo ilustrado, parte de la premisa de que “el otro” o “lo otro” no tiene por qué ser nuestro enemigo. Pero la historia, tan terca como obstinada, nos ha demostrado que los sueños, por desgracia, sueños son y sueños siguen siendo.

¿Ha sido casualidad que Sloterdijk, después de parir la trilogía de “Esferas”, su última búsqueda, tan desesperada como creativa, de un posthumanismo que salvara la civilización, se haya refugiado en la literatura erótica? ¿Por qué?

¿Se ha rendido Sloterdijk, como Unamuno, y cree que los hombres de carne y hueso ya solo pueden soñar con una trágica autosalvación personal que saben que nunca llegará?

¿Qué significa la incursión de Sloterdijk en la novela erótica? ¿Acaso es el pistoletazo de salida que nos invita a vivir que solo son dos días? ¿O es la consecuencia natural y lógica del eterno retorno de la conciencia que, tras comprobar que no hay nada más allá de los sueños, vuelve a sus orígenes, volviendo a reivindicar a los antiguos dioses de la tragedia (Baco y Eros)?

viernes, 27 de diciembre de 2019

LA EUROPA CASTRADA (series de TV nórdicas)



INTRODUCCIÓN

Desde que Spengler nos alertara sobre “La decadencia de Occidente” ha llovido mucho, y mucho ha sido lo que se ha perdido en Europa. El Siglo XX se caracterizó por el triunfo definitivo de la metafísica marxista (sí, he escrito “metafísica”); y quedó marcado por la victoria de las pseudomorales eslavas (Ortega) sobre la antagónica metafísica vitalista que postulaba la Alemania nazi. Europa perdió, así, su “esencia”, no solo vital sino también entendida como razón de ser histórica; perdió, en definitiva, su legitimidad ante los ilustrados y leídos humanistas del momento. El nazismo, ebrio de prepotencia orgullosa, no supo limar el celo de su dogmática ideología. El marxismo, como explicaré a continuación, sí supo adaptarse a los nuevos tiempos posmodernos.

Con la caída de la Alemania nazi, en cierta manera, también cayó el último sistema inmunológico de Europa. El virus del marxismo, desde entonces, pudo campar por sus fueros con total impunidad… y legitimidad. La Escuela de Frankfurt, al principio bastante crítica con el marxismo (“Dialéctica de la ilustración”) acabó “blanqueándolo”, reinterpretándolo y reiventándolo de la mano de Jünger Habermas, aquel joven bolchevique del que, al principio, recelara el sagaz Horkheimer. Pero el inteligente Habermas supo “mutar”, por tal de civilizar su excesivo celo dogmático, y encontró en la socialdemocracia el perfecto “caballo de Troya” con el que poder atravesar los últimos muros de la orgullosa Europa de las naciones; una decadente y vencida Europa que, pese a todo, todavía se negaba a “dejar de ser”.
Finalmente, la resistencia de los últimos europeos libres fue vencida; las fronteras de la Europa civilizada cayeron y los nuevos bárbaros, adoradores de Alá y femimarxistas, invadieron sus calles, primero, y a continuación sus “formas de vida”. A día de hoy, no existe ninguna respuesta política conjunta, fuerte y valiente, que abogue por la necesidad de frenar estas nuevas invasiones que tienen como objetivo último, no lo olvidemos, erradicar los últimos restos de los naufragios nacionales que todavía flotan a la deriva, sin rumbo fijo, por los mares de Europa.

LA EUROPA QUE DESPIERTA
Como decía, a nivel político todavía resulta imposible combatir al neomarxismo habermasiano que, a través de sutiles mecanismos psicológicos de represión, basados en prejuicios y dogmas ideológicos (correccionismo político), ha logrado silenciar, cuando no estigmatizar, a las conciencias disidentes. A día de hoy, no hay nada que hacer a nivel moral, a la postre también político.

Sin embargo, a nivel estético, a través de diferentes manifestaciones artísticas audiovisuales, la Europa escandinava ya hace tiempo que comienza a denunciar, si bien todavía muy tímidamente, el peligro que supone para sus sociedades la existencia de colectivos musulmanes y femimarxistas que, lejos de buscar la integración y la igualdad entre individuos, están comenzando a exigir un sometimiento de sus sociedades a sus “formas de vida” (a sus dogmas religiosos y/o ideológicos).
De “Lilyhammer” a “Beforeigners” (series de Tv noruegas)

Hace tiempo que me deleité viendo una serie de producción noruega-estadounidense que se me antojó muy inteligente a la par que valiente. La serie en cuestión, “Lilyhammer”, narraba las peripecias de un mafioso que, huyendo de sus enemigos en EEUU, se refugiaba en un pueblecito noruego perdido en la nada. Allí, el pragmático y vitalista mafioso no tardaba en hacerse con el control del pueblecito ante la escasa resistencia vital de los “animales de lujo” que lo habitaban.
“Lilyhammer” realiza un acertado retrato de las actuales sociedades nórdicas; colectivos humanos sin “esencia” ni orgullo; hombres castrados que han perdido sus derechos y libertades frente a las políticas feministas (¿os suena nuestra inconstitucional  LVG?); individuos incapaces de hacer la menor crítica a los dogmas del Islam; niños que en los discursos de final de curso enfatizan sobre el carácter democrático y multicultural de las sociedades en las que viven, y se olvidan de reivindicar el orgullo nacional…

El mafioso Frank será el contrapunto necesario que, en clave de humor, criticará inteligentemente al hombre que ha dejado de ser hombre; será el “hombre de carne y hueso” que no dudará en afearle a un musulmán su negativa a saludar a una mujer occidental; Frank recomendará al hijo de su amante que en el discurso de final de curso enfatice sobre su orgullo nacional, prescindiendo de retóricas multiculturales.
Frank, en definitiva, encarnará al individuo libre (americano) que se negará a doblegarse ante las correcciones políticas de las actuales sociedades europeas. Serie muy recomendable.

Esta Navidad también he aprovechado para descubrir otra buenísima serie noruega: “Beforeigners” (Los visitantes), en la que no he podido evitar ver grandes parecidos con la ya mencionada “Lilyhamner”. Normal, pues tras bucear por la red he descubierto que los guionistas son los mismos.

La genialidad de “Beforeigners” radica en la propuesta original mediante la cual los brillantes guionistas vuelven a retratarnos la decadencia de la actual sociedad noruega; un retrato a través de la llegada de individuos procedentes del pasado.
Repentinamente, comienzan a aparecer personas de otras épocas en determinadas zonas del mar de Noruega: son principalmente individuos de la prehistoria (cromagnones), vikingos y gentes del SXIX. Al principio, estas personas serán integradas a través de políticas estatales, pero con el tiempo, “los visitantes” crearán sus propios movimientos colectivos reivindicando el retorno a las “formas de vida” de sus respectivas épocas.

CHOQUE ENTRE CONCIENCIAS Y ENTRE CIVILIZACIONES
En ambas series, de hecho, existe la misma preocupación ante el “choque de conciencias” o “entre civilizaciones”. ¿Cómo resolver los conflictos que estos choques culturales provocan? En “Lilyhammer” será Frank (americano) el que se erigirá como ¨salvador” o “contrapunto necesario” para hacer frente a la decadencia, sumisión y claudicación, de las sociedades occidentales. Frank no aceptará las imposiciones de los “foráneos” musulmanes ni las políticas castradoras de las dogmáticas femimarxistas. En esta primera propuesta de salvación o solución, a los problema de los supremacismos religiosos (Islam) e ideológicos (femimarxismo), los guionistas optaron por una resolución liberal, quizás porque la producción de “Lilyhammer” estaba compartida con EEUU.

Sin embargo, y aquí quería llegar, en “Beforeigners” se optará por un retorno a las esencias identitarias para, así, evitar la imparable decadencia y desmoronamiento de las sociedades occidentales. Los nuevos visitantes vikingos serán los “elegidos” para salvar a los actuales “animales de lujo”, a los descendientes de los nórdicos que en el pasado se dejaron castrar por el cristianismo (léase segundo humanismo, pues el primero fue el de Roma). En esta nueva serie (nueva propuesta sobre la cuestión del ser) ya no se hablará de “multiculturalidad” sino de “multitemporalidad”. Ya no se harán referencias a personas  “transgénero” sino a individuos “transtemporales”. Cambian los conceptos, pero esta novedosa “neolingua” , que aparentemente se aparta de la realidad a través de la ficción, lo que pretende es llegar a la raíz; a la causa primera que fue el origen de la decadencia de Occidente: el judeocristianismo. Resulta imposible no efectuar una lectura en clave nietzscheana.
ESCENAS PARALELAS

Son muchos los puntos en común que podemos encontrar en “Lilyhammer” y “Beforeigners”: la misma intencionalidad en la crítica social, el planteamiento, valiente e inteligente, de los problemas que entrañan los choques entre conciencias y/o civilizaciones; las diferencias y conflictos, en definitiva, que surgen al convivir los “hunos con los hotros”. Pero a mí, particularmente, me resultó muy significativo que en ambas series se repitieran, prácticamente igual, dos escenas referentes a las “políticas estatales sobre integración”.

En “Lilyhammer” unos “educadores” impartían un “curso de integración” a un colectivo formado mayoritariamente por musulmanes. El conflicto surgió cuando un musulmán dogmático se negó a darle la mano a una educadora, mostrando, así, su rechazo a la sociedad y la cultura que le acogían. Mientras todos los educadores permanecieron inmutables, aceptando estoicamente la humillación a su compañera de trabajo, Frank actuó y le cantó las cuarenta al musulmán que la despreció.
En “Beforeigners” se repetirá la misma escena: unos educadores explicarán las bondades de la sociedad de acogida a un grupo de recién llegados, en esta ocasión vikingos. Tras soltarles el mismo rollo “buenista”, como a los musulmanes en  “Lilyhammer”, los guerreros de Odin reaccionarán indignados y se negarán a aceptar los valores de la nueva sociedad de la que formaban parte. ¿Qué clase de sociedad era aquella que claudicaba y aceptaba la sumisión ante “el otro”, ante otras conciencias antagónicas y enemigas?

CONCLUSIÓN
Puede parecer poco e insuficiente, pero en nuestras actuales sociedades occidentales, castradas y carentes de identidad y valores tradicionales, las valientes propuestas estéticas de estas series noruegas son importantes, al menos, si no para “despertar” conciencias (harto complicado a estas alturas) sí para “zarandearlas” y hacerles pensar y reflexionar en el claro del bosque.

 

viernes, 29 de marzo de 2019

DEL PSOTHUMANISMO AL EROTISMO (Peter Sloterdijk)


Acepto que "el ser humano es constitutivamente racional y moral". No hay “don sin din (dinero), ni cojones en latín”, como decía mi abuela. Porque no hay humano que carezca de moral; es decir, no hay ningún individuo que no haga “suyos” los valores de una determinada cultura o, en su defecto, no se aferre con uñas y dientes a “sus propios valores”, a “su verdad”, que diría el vulgar y cínico Pedro Sánchez.
También acepto que la verdad es histórica, pues, como suelo señalar, es la razón histórica la que, en cada época, decide hacer suya la verdad de "su" tiempo. Y dicha verdad, tras ser "descubierta" o construida como posibilidad por algún pastor del ser (sabio o sofista ideólogo, tanto da) solo será aceptada (institucionalizada en términos Foucaultianos) por el ente colectivo tras comprobarse que es necesaria (buena) para el funcionamiento (autoconservación) del parque humano.

Lo que hemos dado en llamar “humanismo”, suerte de club de ilustrados, se encarga de ello; tiene como misión determinar qué cosmovisión y/o reglas y normas (moral al cabo) serán las más convenientes (buenas y justas) para civilizar al zoo humano. Pero deberá hacerlo teniendo muy en cuenta que el ser humano no es solo un SER TEMPORAL, que se hace a sí mismo a lo largo del tiempo (durante su existencia), sino que también es un SER EN EL ESPACIO (en-lo otro y con-lo otro).

Si la última misión del humanismo no ha de consistir tan solo en que cada individuo sea su propio señor (libre y dueño de sí mismo), sino que también ha de consistir en garantizar la preservación de cualquier tipo de sociedad (cultura y/o civilización), ¿cómo habría de lograrse tal cometido? ¿Cómo preservar la integridad y las libertades de los individuos respetando, al tiempo, la razón de ser de diferentes morales y/o ideologías, algunas con tendencias supremacistas o descaradamente supremacistas (neocomunismo, femimarxismo e Islam)?

Ante la falta de solución a la urgente cuestión de “qué hacer con las morales supremacistas”, la razón ilustrada se ha estancado en un último estadio (el actual estado de la razón CÍNICA); un estadio o momento histórico en el que permanece RESIGNADA y RENDIDA, esperando que todo salte por los aires. Mientras, las últimas almas bellas, cándidos humanistas, aún albergan la vana esperanza de que la humanidad se salve de sí misma a través de una razón verdaderamente emancipadora y/o liberadora (¿verdad Habermas?).

La pregunta del millón, pero, sigue siendo la misma desde hace décadas, y compete a la cuestión del ser (Heidegger):

"¿Está el humanismo irremediablemente abocado a su autodestrucción o hay posibilidad de salvación?”.
Heidegger fue pesimista y vio con claridad que, sin una necesaria humildad ontológica, el humanismo no podría salvarse de sí mismo, de su arrogancia prepotente y señorial como criador y domesticador del "parque humano".  Así, el dogma prepotente que no imponga una conciencia lo impondrá su conciencia antagónica.


Sloterdijk apostó en "Esferas" por un nuevo POSTHUMANISMO, una suerte de nueva metafísica (superación de Heidegger) que hiciera hincapié en la necesidad de armonizar el ser-en sí del individuo con su ser-en el otro a través del arte y la creación estética. No deja de ser una propuesta tanto o más ideal, y por tanto utópica, que la de los últimos humanismos que se erigieron en libertadores del hombre: el marxismo y el actual neomarxismo habermasiano.
La propuesta de Sloterdijk, como la de todo humanismo ilustrado, parte de la premisa de que “el otro” o “lo otro” no tiene por qué ser nuestro enemigo. Pero la historia, tan terca como obstinada, nos ha demostrado que los sueños, por desgracia, sueños son y sueños siguen siendo.

¿Ha sido casualidad que Sloterdijk, después de parir la trilogía de “Esferas”, su última búsqueda, tan desesperada como creativa, de un posthumanismo que salvara la civilización, se haya refugiado en la literatura erótica? ¿Por qué?
¿Se ha rendido Sloterdijk, como Unamuno, y cree que los hombres de carne y hueso ya solo pueden soñar con una trágica “autosalvación” personal que saben que NUNCA llegará?

¿Qué significa la incursión de Sloterdijk en la novela erótica? ¿Acaso es el pistoletazo de salida que nos invita a “follar que solo son dos días”? ¿O es la consecuencia natural y lógica del eterno retorno de la conciencia que, tras comprobar que no hay nada más allá de los sueños, vuelve a sus orígenes, volviendo a reivindicar a los antiguos dioses de la tragedia (Baco y Eros)?

lunes, 11 de marzo de 2019

ORTEGA Y GASSET (llegar a ser quienes realmente somos)



INTRODUCCIÓN

A nivel político, el pensamiento de Ortega ha quedado bastante obsoleto, y no, precisamente, porque dos de sus obras más importantes, “La rebelión de las masas” y “España invertebrada”, no señalaran verdades claves para entender el hecho serio de ser español y comprender la patología inherente a las masas, sino por errar en lo concerniente a dos temas fundamentales: Cataluña y Europa.

CATALUÑA

Respecto a Cataluña (Europa no toca ahora), y lo que hoy conocemos como nacionalismos históricos (grave falacia), pienso que Unamuno hiló más fino cuando llamó TONTILOCOS a todos los ideólogos esquizofrénicos (Arana, Macià, Infante…) que, a partir de mitos y leyendas, construyeron “falsas naciones”; nacionalismos ficticios que Ortega dio en llamar particularismos periféricos.

Ortega, como decía, se equivocó con Cataluña, pues creyó irresoluble el mal denominado “conflicto catalán”, el cual, según él, solo podía CONLLEVARSE, es decir, soportarse con estoica resignación. Errado diagnóstico que, con el paso del tiempo, daría lugar a curas terapéuticas (pseudo-soluciones políticas) que nos han llevado a la actual fractura social que se vive en España. De hecho, Ortega se mostró favorable a un anteproyecto que, años más tarde, acabaría por tomar forma definiéndose como lo que hoy conocemos como “Estado de las autonomías” (suerte de federalismo enmascarado para contentar a los hunos y los hotros).

Sin duda, Ortega creía en la pluriculturalidad de España, en la riqueza de sus múltiples lenguas, sus tradiciones culturales y folclóricas. Quienes admiraban su pensamiento, José Antonio entre ellos, estaban de acuerdo en reconocer la rica pluralidad de las Españas. También su discípulo más aventajado, Julián Marías, llegó a referirse a España como una “nación de naciones” (sí, el falaz razonamiento, triturado magistralmente por Gustavo Bueno, no fue un invento del PSOE). A colación de José Antonio, por ejemplo, el mismísimo Jordi Pujol llegó a reconocer que pocos españoles habían entendido tan bien la idiosincrasia de Cataluña como el fundador de Falange Española.

Pero, entonces, ¿qué subyacía en la raíz de la psicología orteguiana? ¿Por qué el propio Ortega y pensadores como José Antonio y Julián Marías reconocieron la PLURALIDAD (Marías incluso la plurinacionalidad) de la razón de ser española?

EL FRACASO DE LO ARISTOI  ANTE LA DESLEALTAD

La filosofía de Ortega se ha definido como “aristocrática”, cuando no se ha tildado directamente de “fascista”, sobre todo por muchos ideólogos marxistas (“El maestro en el erial” de Gregorio Morán) o independentistas (Ramón Alcoberro, vinculado directamente a la ANC y el procés golpista). En mi opinión, sin embargo, el libro “José Ortega y Gasset” de Jordi Gracia es el que mejor ha sabido “descubrir” la psicología (estética) que daba forma a la moral orteguiana: una moral superior para espíritus nobles y superiores.

Señalaba Jordi Gracia, en su libro sobre Ortega, un rasgo biogenético fundamental para entender a Ortega, su psicología y su pensamiento de “altas miras” o desarrollado desde la “cima contemplativa” (Nietzsche): Ortega y Gasset era un intelectual SUPERDOTADO.

Ortega comprendió y aceptó la verdad que el marxismo siempre negó y rechazó (cínicamente), que no era otra que la de reconocer que el problema vital que enfrentaba a los seres humanos no radicaba en una lucha entre clases sociales, sino entre clases de personas.

Fichte aseveró que “la clase de persona que somos determina la clase de filosofía que escogemos”, cuando todavía las ciencias de la psique (neurobiología, neuropsiquiatría y biogenética entre otras) no habían hecho sus importantes descubrimientos: somos, en gran medida, lo que nuestra biogenética predetermina. Somos un YO (conciencia singular) condicionado por unos concretos rasgos genéticos desde el mismo momento de nacer.

Ortega sí hizo suyo el pensamiento de Fichte, porque intuía la verdad inherente al mismo, a pesar de que su veracidad todavía no hubiese sido demostrada científicamente. También tomó nota de las observaciones de Tocqueville, que alertó de la posibilidad de que la democracia mutara en tiranía despótica (hoy conocida como imposición del correccionismo político). Ortega y los “espíritus más libres” (autodefinición que sigue utilizando Peter Sloterdijk), fueron adelantados a su tiempo, recelaron del marxismo desde un principio; sobre todo del perverso IGUALITARISMO que, precisamente, negaba la existencia de diferentes CLASES DE PERSONAS (conciencias), argumentando que las grandes diferencias entre individuos se debían a la pertenencia a distintas clases sociales.

También el filósofo español Gonzalo Fernández de la Mora, autor de “la envidia igualitaria”, fue una persona singular dotada de una grandísima inteligencia. Quizás también un intelectual superdotado, como demuestran los datos sobre su trayectoria como estudiante desde muy temprana edad (ver su biografía). Después volveré a él.

¿A dónde pretendo llegar?

Muy sencillo, pretendo sostener una tesis:

 “El verdadero humanismo ingenuo por fuer es aristoi”.

Jamás ha habido, por tanto, “humanismo ingenuo” en el marxismo; una ideología que siempre ha sido una prepotencia cínica y esquizofrénica que, desde el principio, enmascaró su celo dogmático por tal de, así, seducir mejor a las masas iletradas; a los no “alfabetizados”, a los no civilizados por la razón ilustrada (a quienes les era más fácil ODIAR que saber y conocer), pero que también supo seducir a algunos de los más ingenuos de entre los ingenuos ilustrados.

Platón fue un aristoi, como lo fue Aristóteles, más tarde Kant y también Hegel. Marx no, Karl Marx estaba predeterminado biogenéticamente para ser un resentido, fue llamado por su YO, primero, y más tarde por unas circunstancias favorables para su razón de ser, a erigirse en un “igualador”, en un negador de la pluralidad de conciencias.

¿Pero cuál es la esencia (sí, me gusta el palabro) que subyace en todo pensamiento aristoi? Pues, precisamente, creer que existe y es posible aspirar a lo mejor y más excelente (la virtud platónica, el imperativo categórico de Kant y el ideal del UNO ABSOLUTO de Hegel).

Sin embargo, el pensamiento aristoi, a diferencia del marxista, cree en la meritocracia, es decir, cree en el sacrificio y el esfuerzo del individuo para que éste pueda llegar a “ser quien realmente es”; cree en la vida en la cima, en la posibilidad de llegar a la misma a través de duro trabajo.

Así, la DEBILIDAD del pensamiento aristoi radica en confiar en la nobleza y la lealtad de sus IGUALES, es decir, su error reside en obligarse a confiar en los falsos aristois.

¿Quiénes son los “falsos aristoi”? Son aquellos que movidos por sus intereses particularistas se muestran TRAIDORES y DESLEALES a lo común, a lo más grande, mejor y más excelente; son los egocéntricos ombliguistas que se sirven del engaño para satisfacer sus deseos y voliciones (voluntades de poder).

LA DECEPCIÓN Y DERROTA DEL ESPÍRITU ARISTOI EN ESPAÑA

Primero le tocó decepcionarse a Ortega, cuando con su “no es esto, no es esto” se negó a aceptar la perversión de una II República convertida en un caballo de Troya que permitió los desmanes frentepopulistas. Después le tocó desengañarse al ingenuo José Antonio, cuando después de mucho buscar la complicidad de los aristois socialistas (Prieto y Azaña entre otros) comprendió que estos ya eran rehenes del comunismo bolchevique más infecto. Más tarde le tocó a Julián Marías, el mismo que dijera que España era una “nación de naciones” hubo de rectificar para alertarnos: “Es un grave error intentar contentar a los eternos descontentos” (nacionalistas periféricos).

Y aún así, no escarmentamos. El último ingenuo fue Mariano Rajoy, por cierto, lector de Fernández de la Mora y admirador de su obra “La envidia igualitaria”. Rajoy creyó hasta el último momento en la LEALTAD de los nacionalistas (supuestos aristois) vascos para que no prosperara el golpe (ups!, quise decir la moción de censura) de Pedro Sánchez.

El problema de los aristois (“fachas” en el parecer de marxistas y filomarxistas) es que estos sí son VERDADERAMENTE INGENUOS. Y solo se dan cuenta de cuán ingenuos han sido (léase TONTOS) cuando ya es demasiado tarde.

Por eso VOX es el híbrido perfecto, pues habiéndose nutrido del materialismo filosófico de Gustavo Bueno (marxista), ha recuperado el espíritu de Ortega, Unamuno, Marañón, Marías… vacunándose contra el germen de la INGENUIDAD de los espíritus nobles. VOX ha entendido, como el José Antonio más tardío, que solo la dialéctica de los puños y pistolas (ojalá ahora sea la aplicación férrea de la ley) puede acabar con quienes atentan contra la justicia (legalidad institucional) y la integridad de la patria.
 
EUROPA
 

ORTEGA VS HABERMAS (y Kant de nuevo en el medio)
He estado informándome más exhaustivamente sobre lo que Habermas denomina “democracia deliberativa”; una democracia que posibilitaría “situaciones ideales del habla”, es decir, que propiciaría intercambios de comunicación y diálogo válidos entre interlocutores para solucionar conflictos.
En la obra “facticidad y validez”, Habermas expone los requisitos que deberían cumplirse para articular una democracia deliberativa. Dicha democracia, para empezar, no debería ser una “democracia de masas”, sino una democracia constituida por una sociedad civil bien formada políticamente y activa en el esfera pública (ámbito donde se resuelven los problemas que afectan a la generalidad de la ciudadanía).
Solo una sociedad civil formada políticamente podría garantizar un diálogo que cumpliera con dos condiciones básicas de SIMETRÍA y de relación IGUALITARIA, donde los interlocutores (posiciones enfrentadas) pudieran fundamentar sus respectivas verdades a través de argumentos razonados.
La condición de SIMETRÍA se lograría garantizando que todos los interlocutores tuvieran los mismos derechos, es decir, dispusieran de las mismas oportunidades para exponer y rebatir argumentos. Y la condición igualitaria requeriría (Habermas puntualiza que “idealmente”) que los participantes en una deliberación dispusieran de los mismos recursos culturales y el mismo poder social. De esta manera, según Habermas, se garantizaría que cada interlocutor pudiera defender sus intereses y puntos de vista y, además, se pudiera dar la posibilidad de hacer operativos (acciones políticas en la praxis) los acuerdos alcanzados entre las partes.
MI OPINIÓN  dócil indoclil desobediencia vivil Kant (incoherencias)
Mientras leía las propuestas de Habermas, no podía evitar pensar en Ortega y Gasset y, por tanto, en otros autores que ya abordaron los peligros que subyacían en la “opinión pública” (Platón) y las democracias (Tocqueville). Así, Platón ya apuntó que una ciudadanía “no formada”, guiada tan solo por sus apetitos más irracionales, podía degenerar en “dictadura de opinión”, convirtiendo en “dictatorial” a un sistema democrático. De manera parecida, Tocqueville se refirió a las “democracias despóticas”, aquellas en las que la ciudadanía “no formada” podía llegar a legitimar políticas autoritarias que atentasen, precisamente, contra los cimientos de la propia democracia.
Ortega y Gasset ya vio, como Habermas, dónde radicaba el peligro de un sistema democrático: en la ausencia de los mejores (aristos) y en la legitimidad que se arrogaban a sí mismos los “hombres masa”.
Habermas, más cuidadoso que el filósofo de las circunstancias, no utiliza los trasnochados conceptos orteguianos (tildados de “fascistas” por presuponerles exceso de prepotencia vertical) y elabora su propuesta de democracia deliberativa desde presupuestos de horizontalidad igualitaria. Los tiempos de Ortega todavía no habían sido víctimas de “pensamientos sensibles y estéticos”, y el lenguaje no tenía que ser tan “exquisito” ni había que cogérsela con papel de fumar para exponer determinadas verdades.
Y, sin embargo, Ortega ya expuso la misma verdad que reconoce Habermas: la necesidad de anteponer una ciudadanía aristoi (sociedad civil formada) a una sociedad de “hombres masas” (democracia de masas).
Para articular una “democracia deliberativa” (auténtica democracia) es necesaria la presencia de una sociedad civil formada políticamente (léase en términos orteguianos una sociedad formada por ciudadanos responsables).
¿QUÉ ES UNA SOCIEDAD CIVIL FORMADA POLÍTICAMENTE?
En mi opinión, en las diferentes acepciones de lo que debería ser una sociedad civil formada (ciudadanía responsable) radica la mayor diferencia entre Ortega (liberal) y Habermas (filomarxista al cabo).
Ortega, como buen demócrata-liberal lo tenía muy claro: el ciudadano responsable no solo tenía que estar formado y aspirar a mejorarse (aristoi), sino que tenía que OBEDER LAS LEYES. De ahí que Ortega criticara duramente cualquier manifestación de “acción directa”, ya fuera en forma de golpes dictatoriales o de subversivas revoluciones.
Sin embargo, Habermas (no olvidemos que heredero de Marx) sí legitima la “desobediencia civil”, es decir, considera saludable y necesario que la sociedad civil no solo se manifieste y haga público su descontento, sino que, además, cree que ésta debe ACTUAR (saltándose la legalidad si fuese necesario) por tal de transformar y cambiar las injusticias sociales (¡ojo, lo que dicha sociedad civil crea, sesgos ideológicos mediante, que es injusto!).
Y de nuevo nos encontramos ante diferentes lecturas o preferencias por algunos de los presupuestos kantianos que de forma incoherente se contradecían mutuamente:
Ortega hizo suyo al Kant que en su obra “Metafísica de las costumbres” escribió:
“Los ciudadanos no tienen derecho a rebelarse contra el Estado, pues supondría la destrucción de su constitución legal” (cap 6: 318-323).
Pero Habermas prefiere al Kant que enalteció la Revolución Francesa y legitimó la desobediencia civil en “Crítica de la razón práctica” (ver aquí: https://www.facebook.com/pedro.ramiro.16121/posts/286009202123012).
Y ahora, ante el golpe procesista perpetrado por el secesionismo catalán y Pedro Sánchez (cómplice y colaborador necesario), los españoles deben decidir si apuestan por Ortega (solución judicial para quienes vulneran la legalidad) o por Habermas (diálogo y negociación, solución política para quienes se saltan las leyes).
Pero, Habermas, como sucedió con el idealista Kant, también puede ser “utilizado” por ambas partes para defender sus posturas enfrentadas, pues la defensa del patriotismo constitucional obliga a ser respetuoso con la legalidad vigente, pero la apuesta por la “democracia deliberativa” obliga a considerar los “argumentos y razones” que motivaron la desobediencia civil de los golpistas.
¿Qué hacer? ¿Solución judicial (aplicación de la ley) o solución política (negociación y diálogo para llegar a acuerdos)?
El socialista Pedro Sánchez, ha optado por ser el cómplice necesario para culminar el golpe procesista. También el PSC de Iceta cree, en el fondo de su corazoncito filomarxista, que las reivindicaciones y acciones de los golpistas son LEGÍTIMAS.
Pero, tanto Sánchez como Iceta están pervirtiendo los presupuestos habermasianos de la democracia deliberativa (que no se dan) al considerar válidos a unos interlocutores secesionistas, a los cuales les “presuponen” una simetría y relación de igualitarismo que NO SE CUMPLEN.
¡He ahí la gran trampa del PSOE TRAIDOR!