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jueves, 9 de julio de 2020

FEMINISMO EN LA FICCIÓN CINEMATOGRÁFICA



INTRODUCCIÓN


El otro día leía en internet, en el muro de Félix Ovejero, uno de sus “papers”, donde se publicaba un estudio que demostraba cómo, en los últimos años, las historias de mujeres, hechas por y para mujeres, comenzaban a superar a las producciones cinematográficas pensadas para un público más masculino. 
Pero no sólo las historias (relatos y guiones) se están escribiendo actualmente desde una “perspectiva” más feminista, incluso  LGTBI, sino que cada vez, con mayor frecuencia, los roles protagonistas recaen en mujeres. ¿Casualidad?


Me comentaba mi hija, hace unos días, que su profesora de historia del cine reivindicó apasionadamente, en clase, a una de las pioneras en el mundo del séptimo arte: Alice Guy, primera persona (mujer) en filmar una ficción titulada “El hada de las coles” en 1896.


Según la profesora de mi hija, la historia había obviado deliberadamente la importancia del trabajo desempeñado por aquella mujer. Y, claro, como a mí tampoco me sonaba de nada Alice Guy, mi hija me zasqueó sin piedad cuando le dije que la primera película de ficción de la historia fue aquella del cohete estrellándose en el ojo de la luna (“El viaje a la luna” de Meliés).

No cabe duda de que, con razón o sin ella, actualmente hay un creciente interés general por reivindicar el papel de la mujer, no solo en el cine, sino también en la historia y en la sociedad presente.


REIVINDICACIÓN DE LA MUJER PROTAGONISTA


Miguel de Unamuno escribió “La tía Tula” en 1907. Mucho ha llovido desde entonces, y muchas han sido las interpretaciones que, a partir de argumentaciones místico-religiosas, han pretendido elaborar el perfil psicológico de Gertrudis. En mi opinión, sin embargo, lo que hizo Unamuno con el personaje de Gertrudis fue adelantarse a su tiempo y mostrarnos cómo sería la feminista del futuro (ver aquí).


Curiosamente, este fin de semana he visto la genial “¿Qué hacemos con los hijos?”, de Pedro Lazaga. Una película que pudiera pasar por casposa para el observador poco atento, ya que Martínez Soria es el protagonista. Sin embargo, la película está inspirada en una obra del dramaturgo Carlos Llopis, autor de agudo ingenio y sagaz observador de lo cotidiano. La película “¿Qué hacer con los hijos?” no solo es una inteligente disección de la sociedad española de los años 60, sino una crítica sutil, disfrazada de humor, contra el tradicional patriarcado español (el de por mis cojones y cuando seas padre comerás huevos). Hay que verla.


Lo que pretendo decir, aludiendo a estas ficciones (ambas literarias) es que el germen de un protofeminismo crítico con el heteropatriarcado, ya estaba ahí, entre nosotros, desde hace mucho tiempo; pero se encontraba larvado, en una suerte de estado de latencia “amable”, semioculto. ¿Quizás reprimido?


DE LA REPRESIÓN A LA PREPOTENCIA DESNUDA


Si hay una constante que se repite terca y obstinadamente, a lo largo de la historia, es la paradoja que encierra la dinámica dialéctica de la conciencia: no hay conciencia reprimida que, tras liberarse, no mute en desnuda prepotencia señorial. Esto es lo que le ha pasado al feminismo primigenio, legítimo y necesario, ahora reconvertido en femimarxismo dogmático. 


Tan solo será necesario que una conciencia, la que sea, comience a sentirse libre, para que su nueva condición de conciencia emancipada pretenda no solo ser “igual, sino mejor que la tradicional conciencia enemiga. Es más, desde la militancia en fervientes dogmatismos, la conciencia feminista “empoderada”, como la llaman ahora, aspirará a sustituir a la conciencia heteropatriarcal en todos los niveles de la vida política, social e incluso religioso-cultural. Así debe ser, porque la conciencia ebria de prepotencia señorial siempre acaba manifestándose en la realidad abierta como un modo de ser pseudoreligioso (ver aquí paralelismos con “La tía tula”).


DE LA PREPOTENCIA DESNUDA A LA PERVERSIÓN


Cuando una conciencia dogmática alcanza el poder (se empodera) no tarda en pervertir la verdad y la realidad. ¿Cómo? Pues transmutando valores (tesis nietzscheana) y reinterpretando la historia a través del control de la cultura (armas posmodernas). La perversión y la transmutación de la verdad (lo que realmente fue) se logra deconstruyendo “lo que fue” para, posteriormente y hermenéutica mediante, mostrar un nuevo modo de ser de lo “que debería haber sido” o, simplemente, para mostrar lo que ahora queremos que sea.


El cine, la ficción en general, se convierte de esta manera en un arma posmoderna, como ya señalé, al servicio de la proclamación de nuevas verdades; verdades diseñadas según los gustos estéticos y ético-morales de la prepotencia señorial de turno. Y ahora, como veremos a continuación, es el turno del femimarxismo cultural.


QUÍTATE TÚ QUE YA ME PONGO YO


Sin embargo, lo que ha sucedido en el mundo del cine y en las series de TV no es una transmutación de valores, sino más bien una transmutación de roles de género. Esto ha sido así porque las mujeres de ahora no desean revalorizar, menos aún reivindicar, los valores femeninos tradicionales. 

Mi mujer, por ejemplo, nos llama a mi hija y a mí los insensibles, porque a ninguno de los dos nos gustan los truños ñoño-sentimentaloides. 


¿Qué chica joven de ahora, inteligente y vitalista, va a preferir “Mujercitas” antes que a “Superwoman? 


¿Qué chica de ahora prefiere ver “Sentido y sensibilidad” antes que a Lagertha (“Vikings”) matando a sus enemigos (hombres)?


Las series de ficción han sabido entender muy bien al nuevo feminismo, es decir, a la nueva mujer del SXXI; una mujer que gusta de mitos y héroes, en la más clásica y épica tradición patriarcal. Pero, eso sí, los relatos han de ser reinterpretados por la nueva conciencia femimarxista, con mujeres como absolutas protagonistas. Dios ahora será mujer. Jesucristo fue, en realidad, una mujer. Ahora los superhéroes deberán ser superheroinas: “Superwoman”, “Spiderwoman”, “Catwoman”…


Ya no vende “Wyatt Earp”, sino su actual descendiente, fémina, por su puesto, “Wynonna Earp”. Las series de acción ya no tienen líderes, sino lideresas (“Los 100”, “Vikings”, “Strike back”…).


¿Os acordáis del entrañable detective “Colombo”? Pues ahora podréis ver a su alter ego femenino en la magnífica “Killing Eve”. Esta serie, muy buena, ha conseguido el pleno: una mujer como investigadora desaliñada, simpática y tenaz, haciendo de Colombo, y una psicópata, también mujer, en el rol de un criminal inteligente y refinado, una Hannibal Lécter que, de momento, no parece que coma carne humana.


CONCLUSIÓN


La granja sigue igual, manteniendo vivos los tradicionales valores del heteropratiarcado, pero el granjero le ha cedido la dirección, graciosamente, y por incomparecencia, a una granjera empoderada. Y feminista.

Y a los tíos, en general, nos da igual, porque las nuevas heroínas son igual de fuertes y valientes que John Wayne, pero, sin duda, están mucho más buenorras.
A través de la estética sucumbirá el patriarcado.


viernes, 3 de julio de 2020

Izquierdas, reaccionarias vs ilustradas

ESPAÑA COMO PROBLEMA (de Ortega a nuestros días)

INTRODUCCIÓN

Ortega y Unamuno, ya antes del franquismo, reflexionaron largo y tendido sobre el "problema de España".
Todos sabemos que la generación del 98 se caracterizó por una crítica constante y apasionada a la razón de ser española. Dicha crítica, sin duda metafísica, u ontológica en palabras de Félix Ovejero, estuvo presente en la obra de importantes pensadores españoles que, insisto, ya mostraron su preocupación por el ser de España antes de la existencia del franquismo.
Julián Marías, por ejemplo, desarrolló toda una tesis raciovitalista, muy deudora de la obra de Ortega, explicándonos la diferencia entre trayectoria histórica real vs trayectoria histórica posible (lo que fue versus lo que pudo haber sido, pero no fue).

Nuestros pensadores patrios actuales, sin embargo, suelen obviar el legado de nuestros filósofos del pasado. Craso error, porque, justamente por ello, las izquierdas ilustradas actuales dominan el relato y exponen "su parecer", respecto al tema que nos ocupa, sin resistencia alguna, pervirtiendo la verdad histórica gracias a la Transición y a la traidora Constitución de 1978, caballos de Troya que legitimaron la entrada de comunistas y tontilocos provincianos en la política nacional.

No se ha podido dar una necesaria batalla cultural entre los defensores de la razón de ser española y la generalidad de la antiEspaña, porque el modo de ser liberal-conservador fue arrinconado por la ideología socialdemócrata de PP y PSOE, así como por los diferentes particularismos regionalistas.

Tan sólo la izquierda ilustrada (leídos marxistas, como los definió García Domínguez) ha intentado dar cuenta de la deriva reaccionaria y particularista del resto de izquierdas indefinidas. Pero, claro, sin poder evitar los sesgos ideológicos inherentes a todas las "izquierdas" que se arrogan una superioridad moral e, incluso, intelectual.

Félix Ovejero (izquierda ilustrada) nos dice lo siguiente respecto a la fragmentación y desunión de la nación española:

En nuestro caso, explica Ovejero, el problema es el resultado de una ontología política –de un relato—asentado en dos tesis erradas:

a) La izquierda cree que existe una continuidad moral entre el franquismo y el llamado régimen del 78.

b) La izquierda cree que el franquismo y España son dos conceptos indisociables. 

De a y b se sigue que:

a) Cualquier política contraria a España es una política antifranquista y progresista.

b) El nacionalismo es progresivo.

c)  El Estado, concreción del “régimen del 78”, está viciado de origen y cualquier política centralizadora –que en cualquier otro país se valora por su eficacia y su contribución a la igualdad entre los ciudadanos—es reaccionaria y represora.

Nuestra izquierda ha asumido las dos tesis.

CRÍTICA

Totalmente de acuerdo con Félix, las dos tesis erradas (enfatizo) que nuestra izquierda reaccionaria ha hecho suyas, constituyen dos pilares argumentales sobre los que la antiEspaña, en general, edifica sus falsos relatos.
Las tres conclusiones que se siguen, del hecho de asumir estas tesis, también son acertadas. Sin duda, Félix Ovejero hila fino.

Pero yo, desde mi perspectiva liberal, no pude evitar apreciar un descuido involuntario (o no) al exponer dichas conclusiones. A saber:

Félix concluye que para las izquierdas reaccionarias cualquier política contraria a España es una política antifranquista y progresista (cita textual).
Pero a esta conclusión le falta "perspectiva orteguiana"; necesita del otro punto de vista (liberal-conservador) que complemente esta "verdad parcial" evitando, así, la hemiplejía moral e ideológica.

Ovejero obvió incluir la siguiente verdad inherente y siempre presente en las izquierdas ilustradas:

Cualquier política a favor de España se considera franquista y facha.

Al obviar esta "parte de verdad" (no sé si por descuido o con astuta intencionalidad) Félix Ovejero deja caer todo el peso de su crítica en "las izquierdas reaccionarias", pero, al tiempo, salva (libera de culpa) a las "izquierdas ilustradas".

Sí, Félix explica que lo común y característico de "la izquierda reaccionaria" es articular políticas contrarias a España (cierto), pero calla  ladinamente otra verdad:

Las "izquierdas ilustradas", a las que él pertenece, siempre se han caracterizado por sospechar y recelar de las políticas "a favor de España".

Félix, en su línea más habermasiana, pareciera hacer suya aquella peregrina recomendación de Mikel Arteta: Debemos ser patriotas, pero sin mostrarnos excesivamente orgullosos de nuestro patriotismo (parafraseo).

Nuestra "izquierda Ilustrada" sigue obcecada en sorber y soplar al mismo tiempo: patriotas sí, pero con contención, para, así, evitar llegar a convertirnos en malvados nacionalistas.

Debido a dicha fobia nacionalista (que no diferencia entre los diferentes modos de ser nacionalista), nuestra "izquierda Ilustrada" se niega a aceptar políticas "a favor de España"; y por eso rechaza, con mayor o menor disimulo, las propuestas de VOX.

Vale, sí, las izquierdas reaccionarias creen que cualquier política contraria a España sería buena, y creen que articular dichas políticas corresponde a buenos antifranquistas.

Pero nuestras izquierdas ilustradas también creen algo muy parecido: articular políticas a favor de España también es propio de "fachas" como VOX.
Y esto no lo digo yo, sino dos ilustrados de izquierdas como Savater y Gregorio Morán.
A Savater "España se la sopla" porque lo único que le importa es que ésta sea constitucionalista. Por su parte, Gregorio Morán consideró que VOX era un retoño del franquismo. ¡Cómo no!

Todas nuestras izquierdas, ya sean reaccionarias o ilustradas, siguen necesitando a Franco, bien para proclamarse ellas mismas "antifranquistas"  o para acusar a los defensores de España (VOX) de ser franquistas.

¡Menudo panorama!

Tenemos a las izquierdas reaccionarias abiertamente contra España, pero también tenemos a las izquierdas ilustradas disimuladamente contra quienes están a favor de España.
No hay ninguna izquierda, ninguna, que le dé la importancia que se merece al hecho serio de ser español.

Por lo visto hay que ser español, ma non troppo... Voilà l' equidistance!