INTRODUCCIÓN
El otro día leía en internet, en el muro de Félix Ovejero, uno de sus “papers”, donde se publicaba un estudio que demostraba cómo, en los últimos años, las historias de mujeres, hechas por y para mujeres, comenzaban a superar a las producciones cinematográficas pensadas para un público más masculino.
Pero no sólo las historias (relatos y guiones) se están escribiendo actualmente desde una “perspectiva” más feminista, incluso LGTBI, sino que cada vez, con mayor frecuencia, los roles protagonistas recaen en mujeres. ¿Casualidad?
Me comentaba mi hija, hace unos días, que su profesora de historia del cine reivindicó apasionadamente, en clase, a una de las pioneras en el mundo del séptimo arte: Alice Guy, primera persona (mujer) en filmar una ficción titulada “El hada de las coles” en 1896.
Según la profesora de mi hija, la historia había obviado deliberadamente la importancia del trabajo desempeñado por aquella mujer. Y, claro, como a mí tampoco me sonaba de nada Alice Guy, mi hija me zasqueó sin piedad cuando le dije que la primera película de ficción de la historia fue aquella del cohete estrellándose en el ojo de la luna (“El viaje a la luna” de Meliés).
No cabe duda de que, con razón o sin ella, actualmente hay un creciente interés general por reivindicar el papel de la mujer, no solo en el cine, sino también en la historia y en la sociedad presente.
REIVINDICACIÓN DE LA MUJER PROTAGONISTA
Miguel de Unamuno escribió “La tía Tula” en 1907. Mucho ha llovido desde entonces, y muchas han sido las interpretaciones que, a partir de argumentaciones místico-religiosas, han pretendido elaborar el perfil psicológico de Gertrudis. En mi opinión, sin embargo, lo que hizo Unamuno con el personaje de Gertrudis fue adelantarse a su tiempo y mostrarnos cómo sería la feminista del futuro (ver aquí).
Curiosamente, este fin de semana he visto la genial “¿Qué hacemos con los hijos?”, de Pedro Lazaga. Una película que pudiera pasar por casposa para el observador poco atento, ya que Martínez Soria es el protagonista. Sin embargo, la película está inspirada en una obra del dramaturgo Carlos Llopis, autor de agudo ingenio y sagaz observador de lo cotidiano. La película “¿Qué hacer con los hijos?” no solo es una inteligente disección de la sociedad española de los años 60, sino una crítica sutil, disfrazada de humor, contra el tradicional patriarcado español (el de por mis cojones y cuando seas padre comerás huevos). Hay que verla.
Lo que pretendo decir, aludiendo a estas ficciones (ambas literarias) es que el germen de un protofeminismo crítico con el heteropatriarcado, ya estaba ahí, entre nosotros, desde hace mucho tiempo; pero se encontraba larvado, en una suerte de estado de latencia “amable”, semioculto. ¿Quizás reprimido?
DE LA REPRESIÓN A LA PREPOTENCIA DESNUDA
Si hay una constante que se repite terca y obstinadamente, a lo largo de la historia, es la paradoja que encierra la dinámica dialéctica de la conciencia: no hay conciencia reprimida que, tras liberarse, no mute en desnuda prepotencia señorial. Esto es lo que le ha pasado al feminismo primigenio, legítimo y necesario, ahora reconvertido en femimarxismo dogmático.
Tan solo será necesario que una conciencia, la que sea, comience a sentirse libre, para que su nueva condición de conciencia emancipada pretenda no solo ser “igual, sino mejor que la tradicional conciencia enemiga. Es más, desde la militancia en fervientes dogmatismos, la conciencia feminista “empoderada”, como la llaman ahora, aspirará a sustituir a la conciencia heteropatriarcal en todos los niveles de la vida política, social e incluso religioso-cultural. Así debe ser, porque la conciencia ebria de prepotencia señorial siempre acaba manifestándose en la realidad abierta como un modo de ser pseudoreligioso (ver aquí paralelismos con “La tía tula”).
DE LA PREPOTENCIA DESNUDA A LA PERVERSIÓN
Cuando una conciencia dogmática alcanza el poder (se empodera) no tarda en pervertir la verdad y la realidad. ¿Cómo? Pues transmutando valores (tesis nietzscheana) y reinterpretando la historia a través del control de la cultura (armas posmodernas). La perversión y la transmutación de la verdad (lo que realmente fue) se logra deconstruyendo “lo que fue” para, posteriormente y hermenéutica mediante, mostrar un nuevo modo de ser de lo “que debería haber sido” o, simplemente, para mostrar lo que ahora queremos que sea.
El cine, la ficción en general, se convierte de esta manera en un arma posmoderna, como ya señalé, al servicio de la proclamación de nuevas verdades; verdades diseñadas según los gustos estéticos y ético-morales de la prepotencia señorial de turno. Y ahora, como veremos a continuación, es el turno del femimarxismo cultural.
QUÍTATE TÚ QUE YA ME PONGO YO
Sin embargo, lo que ha sucedido en el mundo del cine y en las series de TV no es una transmutación de valores, sino más bien una transmutación de roles de género. Esto ha sido así porque las mujeres de ahora no desean revalorizar, menos aún reivindicar, los valores femeninos tradicionales.
Mi mujer, por ejemplo, nos llama a mi hija y a mí los insensibles, porque a ninguno de los dos nos gustan los truños ñoño-sentimentaloides.
¿Qué chica joven de ahora, inteligente y vitalista, va a preferir “Mujercitas” antes que a “Superwoman?
¿Qué chica de ahora prefiere ver “Sentido y sensibilidad” antes que a Lagertha (“Vikings”) matando a sus enemigos (hombres)?
Las series de ficción han sabido entender muy bien al nuevo feminismo, es decir, a la nueva mujer del SXXI; una mujer que gusta de mitos y héroes, en la más clásica y épica tradición patriarcal. Pero, eso sí, los relatos han de ser reinterpretados por la nueva conciencia femimarxista, con mujeres como absolutas protagonistas. Dios ahora será mujer. Jesucristo fue, en realidad, una mujer. Ahora los superhéroes deberán ser superheroinas: “Superwoman”, “Spiderwoman”, “Catwoman”…
Ya no vende “Wyatt Earp”, sino su actual descendiente, fémina, por su puesto, “Wynonna Earp”. Las series de acción ya no tienen líderes, sino lideresas (“Los 100”, “Vikings”, “Strike back”…).
¿Os acordáis del entrañable detective “Colombo”? Pues ahora podréis ver a su alter ego femenino en la magnífica “Killing Eve”. Esta serie, muy buena, ha conseguido el pleno: una mujer como investigadora desaliñada, simpática y tenaz, haciendo de Colombo, y una psicópata, también mujer, en el rol de un criminal inteligente y refinado, una Hannibal Lécter que, de momento, no parece que coma carne humana.
CONCLUSIÓN
La granja sigue igual, manteniendo vivos los tradicionales valores del heteropratiarcado, pero el granjero le ha cedido la dirección, graciosamente, y por incomparecencia, a una granjera empoderada. Y feminista.
Y a los tíos, en general, nos da igual, porque las nuevas heroínas son igual de fuertes y valientes que John Wayne, pero, sin duda, están mucho más buenorras.
A través de la estética sucumbirá el patriarcado.