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lunes, 27 de abril de 2020

LA ESENCIA ESPAÑOLA vs EL PSOE NIHILISTA



INTRODUCCIÓN
La presente reflexión se me antoja necesaria para comprender mejor el proceder de nuestro actual gobierno socialcomunista (PSOE y Podemos); un gobierno conformado por la suma de diferentes izquierdas indefinidas, todas ellas ebrias de nihilismo negativo; izquierdas que no solo niegan la razón de ser de la nación española, sino que parecen empeñadas en despojarnos a todos de "alma y esperanza". Izquierdas apátridas y cainitas que nos niegan el futuro. De hecho, como ha aseverado Donald Trump, España ha sido destruida, de facto y ante nuestras narices, sin que nadie chistara ni moviera un dedo por evitarlo.

Quiero enfatizar el significado de esencia, entendida ésta como el sentido de aquello que es (por qué y para qué es) para enfrentarlo al concepto de nihilismo, entendido este como "ausencia de sentido apriorístico en el ente".

Un nihilismo positivo negaría los valores y sentidos (esencias) tradicionales, tanto religiosos como culturales, pero, al tiempo, se obligaría a buscar nuevos sentidos, creándolos o construyéndolos.
Sin embargo, nuestro gobierno socialcomunista está ebrio de nihilismo negativo, es decir, niega la esencia del modo de ser español, pero también niega la posibilidad de poder crear o construir nuevos sentidos, conduciéndose a través de "políticas" negligentes y autodestructivas cuyo único fin último parece consistir, tan solo, en mantenerse en el poder de forma perpetua (voluntad de perdurabilidad), como sea y al precio que sea. Caiga quien caiga.

NIHILISMO CÍNICO O NEGATIVO
Algunos analistas se han referido al PSOE de Sánchez como el portador de un proyecto nihilista, reprochándole a dicho partido que hubiese basculado hacia el bloque nihilista de las izquierdas indefinidas. ¿Pero qué podemos entender por bloque nihilista?
Si nos ceñimos a la acepción nietzscheana de nihilismo, deberemos entenderlo como una renuncia u olvido (Heidegger) de los tradicionales valores sublimes, suprasensibles o supraterrenales de nuestros padres. Es decir, el nihilismo supondría des-preocuparse por el sentido del ser (Heidegger), desentenderse del problema teologal (Zubiri); supondría renunciar a la asunción de unos valores éticos-morales que aspirasen a la consecución de un loable, bueno y justo fin último.

El PSOE de Pedro Sánchez, en tanto que conformado por la suma de izquierdas indefinidas extravagantes (grupúsculos femimarxistas), divagantes (filosofías estético-sensibles) y fundamentalistas (IU y Podemos), sería un partido nihilista; un partido sin esencia (sentido o razón de ser), pues ni se obliga a defender un Estado operativo y fuerte, para mantener la integridad de la nación, ni contempla la articulación de un proyecto común para todos los ciudadanos españoles.

Al nihilista no le preocupa Dios porque niega la existencia de Dios (idea suprasensible); pero, aunque diga lo contrario, tampoco le preocupa la moral, ni la justicia ni la libertad (también hipóstasis o sustantivaciones de ideas suprasensibles), porque sin la aceptación de unos valores universales para todos (ya sean los de la verdad de Dios, la de un imperativo categórico moral kantiano o los valores de una verdad constitucional), solo quedaría cínico pragmatismo.
Las izquierdas indefinidas (extravagantes, divagantes y fundamentalistas) ni siquiera creerían en una verdad constitucional, es decir, no defenderían la operatividad de un Estado fuerte en una nación política de ciudadanos.
LA ESENCIA MARXISTA (disfrazada de materialismo)

Las tesis marxistas, aunque Marx pretendiera validarlas científicamente parten de una perversa suposición (a priori) consistente en negar la recíproca influencia, inevitable, entre las fuerzas productivas y la conciencia social. Así, según el materialismo histórico, la infraestructura (medios de producción y fuerza del trabajo) determinarían (otorgarían sentido) a la superestructura (instituciones jurídico-políticas y educativas). 

La crítica más sencilla que desmontaría las tesis marxistas, consistiría, tan solo, en postularlas al revés, es decir, enunciando, en el caso que nos ocupa, que la superestructura o conciencia social es la que determina la infraestructura (relaciones entre fuerzas productivas). ¿Por qué no?
Sin embargo, quienes no somos marxistas, porque no creemos en determinismos hegelianos, sino en el Dasein inmerso en un azarístico devenir vital (realidad y mundo), aceptamos como inevitable la mutua interacción (feedback que se retroalimenta) entre infraestructura y superestructura. Los dos se hacen y se modifican mutuamente a lo largo del devenir histórico. Y a partir de dicha interacción se construyen las esencias que han de dar sentido a la existencia humana.

El empeño del comunismo, siguiendo obstinadamente las tesis marxistas, ha consistido en buscar la transformación (revolución mediante) de las relaciones de producción por tal de hacerlas más justas y crear una nueva conciencia social. Más justas, sí, pero desde la valoración (juicio) de una conciencia que, a priori, ya había hecho suya la cosmovisión teleológica del idealismo absoluto hegeliano: la esencia (sentido de ser) de la historia consistiría en consumarse en un fin último o absoluto, que sería la perfecta y feliz sociedad socialista.
He remarcado con mayúsculas la palabra esencia (entendida como sentido o razón de ser) porque el marxismo es, en mi opinión, esencialista, como cualquier conciencia religiosa y/o ideológica. El marxismo construyó toda una teoría ad hoc (a través del materialismo dialéctico e histórico) tan solo para legitimar una pre-conciencia (modo de pre-ser) ante las demás conciencias, no solo despreciándolas, sino cosificándolas y calificándolas de enemigas.

Algún día nuestros marxistas deberán explicarnos por qué, todavía a día de hoy, debemos presuponerles a ellos una moral superior a la del judeocristianismo o incluso a la de otros supremacismos (islamistas o fascistas).

VOLVIENDO AL TEMA DE LA ESENCIA
No podemos comenzar a construir una casa sin, primero, diseñar unos planos, es decir, sin primero tener en consideración no solo deseos y gustos estéticos, sino también teniendo en cuenta las características del terreno donde pretendo edificar. Pero para poder integrar mi yo en unas determinadas circunstancias debo, primero, conocerme a mí mismo, es decir, debo saber quién soy, qué quiero y para qué lo quiero. Debo conocer mi esencia (conocer la razón de ser de mi yo). Del mismo modo, para poder articular y/o vertebrar una sociedad deberé hallar y/o construir (tanto dará al cabo) una cosmovisión a priori (interpretación del mundo, del hombre y la realidad) que me permita planificar el modo de ser futuro de dicha sociedad; deberé encontrar una razón de ser (esencia) que justifique la creación de un tipo concreto de sociedad. ¿Quiero una sociedad más justa o una sociedad más libre? 
Marx, su pre-conciencia o modo de pre-ser creyó (fundamentalismo ideológico) que la justicia sería la meta fundamental a alcanzar para lograr el fin último de una nueva conciencia social que permitiría la consecución de una "sociedad feliz".

Me descojono, de verdad, de quienes se dicen antiesencialistas, porque todos somos inevitablemente esencialistas; todos somos creyentes en tanto todos hacemos nuestras unas determinadas cosmovisiones teleológicas que proporcionan sentido y significado a nuestras vidas. Todos, menos quizás, el nuevo socialcomunismo que se ha hecho con el poder en España.
Tan creyente es el esencialista religioso como el ideológico, ya sea liberal o marxista; pero también son creyentes los nacionalistas e incluso los ateos (cuya esencia es no creer en la esencia). Son esencialistas todos cuantos proyectan y construyen por tal de lograr un fin último común con aspiración de presunta universalidad.

Sin embargo, nuestro actual gobierno de ineptos e inútiles socialcomunistas no proyecta ni construye, no planifica, no organiza ni se obliga a defender la unidad España. 
¿Podríamos decir, por tanto, que España está en manos de cínicos nihilistas que nos conducen hacia la autoinmolación como nación? Ni siquiera los marxistas-leninistas (esencialistas al cabo) se hubiesen atrevido a tanto... ¿o sí?



miércoles, 10 de abril de 2019

MARXISMO, LA CONCIENCIA EXTERMINADORA

INTRODUCCIÓN

Leyendo a Gustavo Bueno pergeñé unas de esas tesis mías, por supuesto informales y carentes de rigor científico, que suelen ser producto de inesperados “insights cognitivos”. En un párrafo, no recuerdo de qué texto, el filósofo español descalificaba una definición conceptual por considerarla “heideggeriana”. ¿Por qué tanto desprecio hacia Heidegger por parte de alguien que se autoproclamaba "marxista"?
 

Suele ser habitual entre nuestras "izquierdas" deslegitimar o rechazar apriorísticamente cualquier argumentación que pueda pecar de parecer metafísica, esencialista o suprasensible, heideggeriana en definitiva, sobre todo por parte de quienes se arrogan a sí mismos estar en posesión de verdades materialistas y/o realistas. Y, sin embargo, Heidegger sigue siendo un pensador fundamental, como intentaré demostrar, para desenmascarar las prepotencias señoriales que aspiran a exterminar a las conciencias contrarias; sigue siendo un referente para combatir a las grandes políticas que, en aras de la consecución de idealistas "justicias sociales", no dudan en cercenar las libertades de los individuos, a través de políticas igualitaristas y uniformadoras, evitando que estos puedan llegar a “autorrealizarse” libremente.


Primera tesis: la idea de "justicia social", como la idea teológica de Dios o la idea metafísica del ser, también es una hipóstasis o sustantivación de una idea suprasensible; es decir, es un concepto, pre-ser o modo de ser, sito en la conciencia con aspiración y voluntad de consumarse como realidad formal (no virtual) en el ex-sistere.

Segunda tesis: la "gran política" siempre se arroga ser "buena y justa" por tal de, así, legitimar las vulneraciones y restricciones de las libertades individuales. Peter Sloterdijk, más contundente en su libro "¿Qué sucedió en el SXX?", define la "gran política" como el proceder (legitimado) del "buen crimen", señalando que sus apóstoles, desde Lenin, Stalin y Hitler hasta Mao, se encargaron de hipnotizar, primero, y de obnubilar, después, a las masas para crear "buenos criminales" (léase revolucionarios).
 

COMPRENDIENDO A HEIDEGGER
 
Heidegger fue el padre de la fenomenología hermenéutica, que supuso una "corrección" a la fenomenología de Husserl, la cual pretendía estudiar el fenómeno puro, "per se" y sin los condicionantes apriorísticos (conceptos y prejuicios) insertos en la conciencia del individuo.
Al enmendar a Husserl (el fenómeno nunca puede darse “puro” en la conciencia), Heidegger también se enmendó a sí mismo; es decir, si toda experiencia (modo de ser en la conciencia) estaba sometida a la influencia de pre-conceptos y pre-juicios, la fenomenología por fuer había de ser interpretación (hermenéutica). Así, también las posibles des-ocultaciones o revelaciones del ser en el claro del bosque serían las interpretaciones o cosmovisiones creadas por una determinada conciencia. Heidegger supo ver la verdad última que se escondía en toda ideología: cada conciencia "hace suya" una cosmovisión o interpretación del mundo no de acuerdo a una verdad científica demostrada, sino conforme a su pre-ser o pre-verdad vivenciada.
Tanto los sentidos revelados (religiones) como los sentidos construidos (ideologías) están sujetos, en última instancia, a las interpretaciones de cada conciencia. Y desde el momento en que reconocemos (como yo reconozco) que cualquier sentido, hallado o construido, supone una interpretación del mundo, entonces podemos “sospechar” que en el existir no hay más sentido que el de ser (seguir siendo perdurando en el tiempo). Serán los Mesías, apóstoles y profetas de turno quienes otorguen sentidos (descubran o construyan las esencias) de la Verdad que habrá de consumarse en la realidad. Así, tan mesiánicos serían el cristianismo como el marxismo y otros "ismos" (nacionalsocialismo o fascismo).
Del hecho de que haya tantos sentidos (es-sentias) como conciencias que interpretan la realidad, podríamos deducir la posibilidad de que, quizás, no haya sentido.
Sería como si dijésemos que hay múltiples verdades, ergo, tendríamos que admitir que no hay Verdad, entendida ésta como única, absoluta y universal.
Así pues, podríamos sostener que el problema del sentido es un problema "vivencial". Los individuos, en diferentes momentos históricos, experiencian o vivencian modos de ser reales en la conciencia (creando cosmovisiones interpretativas del mundo). Pero los modos de ser reales que se vivencian en la conciencia no son fenómenos puros, como ya hemos aceptado, sino fenómenos percibidos (desde y en el mundo) más los elementos de la propia conciencia (preconceptos y prejuicios sitos en nuestro YO). Así, cada cosmovisión será el reflejo de las voliciones, sentimientos y aspiraciones de una determinada conciencia (religiosa y/o ideológica).
 
Reconocida está dinámica o dialéctica de la conciencia, vemos que la verdad es lo que se vivencia y experiencia como modo de ser real, al margen de que este "ser" vivenciado pueda o no existir en el mundo.
Estamos abordando el complejo tema de la verdad del ser, es decir, la verdad entendida no como la correspondencia entre una proposición y un hecho, sino como verdad experienciada a la que atribuimos un sentido y significado (esencia). Sloterdijk, de nuevo tajante, afirmará al respecto:

"Realismo ya no significa la correspondencia humillante del intelecto con un orden de cosas fuera de nosotros (la verdad aristotélica); implica la activación de lo real en un sentido que aumenta las causas que produzcan determinados efectos".

Sloterdijk, como suele ser habitual en él, y para desesperación de marxistas habermasianos, da en la clave de lo que sucedió en el SXX y señala, indirectamente, cuál será la tónica de la psicopolítica en el presente SXXI: lo real ya no será lo que se dé en la realidad (valga la redundancia), sino que será "real" el pre-ser o volición, voluntad de ser y poder, que una conciencia, a través de la "gran política", logre consumar a través de la praxis hipnotizando al mayor número posible de creyentes.

 
DE LA HIPNOSIS A LA AUTOHIPNOSIS (el caso de España)
 
Lo que subyace en todo conflicto sociopolítico es el eterno enfrentamiento entre las libertades individuales y las libertades colectivas, entendiendo dicho conflicto como una dialéctica o lucha en la que se ve arrojado el hombre desde que nace. En esta dialéctica entre individuo vs sociedad se abrirán, limitarán o cerrarán las posibilidades a través de las cuales cada individuo pueda, o no, llegar a ser él mismo; es decir, a través de esta lucha se legitimarán las diferentes posibilidades de autorrealización personal. Cuantas más posibilidades permita una sociedad, más cerca estarán los individuos, y por ende el conjunto de la ciudadanía, de poder gozar de un alto grado de libertad.
Nadie debería censurar ni impedir que cada cual crea en lo que desee o necesite creer, siempre que no esté en su ánimo, por supuesto, imponer sus creencias a los demás (como sucede con las conciencias supremacistas islámicas y neocomunistas). Nadie debería prohibir, limitar o censurar lo que se manifieste (se sienta o experiencie) libremente en la conciencia individual de cada persona.

Sin embargo, en España, sin ir más lejos, hay gente que no puede expresar libremente sus ideas, menos aún defenderlas a través de manifestaciones y actos públicos; en España existe una conciencia reprimida que, paradójicamente, es la conciencia española; una razón de ser con trayectoria histórica real que no puede reivindicar "su verdad" porque otras "verdades", que en absoluto son reales, sí han conseguido hipnotizar a fieles creyentes en ideas o conceptos que son todavía modos de pre-ser.

El psicogogo de turno hipnotiza con relativa facilidad al ciudadano "no ilustrado", tan solo haciéndole creer que es víctima de graves injusticias. No importará que tales agravios o injusticias no existan en el presente, pues, para ello, el astuto psicogogo se retrotraerá al pasado y escarbará en las tumbas para desenterrar odios y resentimientos pretéritos para, así, manifestarlos y actualizarlos en las conciencias presentes. Se activa de esta manera una "realidad" que solo pre-existe en la conciencia, pero, a través de la cual, se producirán efectos y cambios en el creyente. Y el creyente, una vez convertido en "buen criminal" (genial Sloterdijk) se erigirá en "noble revolucionario" dispuesto a dar un golpe procesista; dispuesto a partirle la cara a pedradas a un manifestante de VOX. Los "buenos criminales", seguidores de la cosmovisión de una "gran política", serán rebeldes que se enfrentarán a las fuerzas de seguridad del Estado por tal de consumar un referéndum ilegal y, llegado el momento, proclamar una inexistente república o reivindicar la realidad de una nación que nunca existió.
Pero el psicogogo (léase mesías o apóstol, demagogo con conocimientos psicológicos) no tendrá que hipnotizar a las conciencias ilustradas, y tampoco importará, porque éstas, ebrias de cínico sentimentalismo, optarán por la autohipnosis o autoengaño voluntario: ellos, se dirán y se repetirán hasta el hartazgo, son los únicos "buenos y justos". pues España les roba, España les coloniza, los españoles son bestias humanas...

CONCLUSIÓN (cuando la zorra guarda el gallinero)

España, como Occidente, no podrá salvarse de "los buenos criminales", de quienes vulneran la legalidad persiguiendo sus "justas reivindicaciones", porque estos son los herederos del marxismo exterminador; son los hermanos díscolos de la socialdemocracia habermasiana que, aunque censurará los modos de sus "hermanos descontrolados", seguirá compartiendo los postulados hipnóticos del "buen criminal" marxista.

Dice Sloterdijk, de nuevo en "¿Qué sucedió en el SXX?" (libro cuya lectura recomiendo fervientemente):

"El joven Marx, en una nota significativa sobre la esencia de la nueva crítica (de la Modernidad) escribió que esta no quiere rebatir su objeto, sino aniquilarlo. El exterminismo, que es inseparable del modus operandi de los radicalismos beligerantes del SXX, tiene su fuente en las ontologías de conflicto evolutivamente reorientadas, según las cuales la verdad de lo real ha de ponerse en vigor en modo efectivo contra lo todavía existente. Para que el reino de lo real llegue, ha de romperse la hegemonía de lo irreal (léase de las falsas conciencias).

Todo marxista sabe que "para que el reino de lo real llegue" ha de romperse la hegemonía de lo irreal, de lo que es tan solo "aparentemente real" en tanto que injusta y falsa conciencia. Y el reino de lo real solo llegará a través de la revolución exterminadora violenta (radicalismos de Islam y neocomunismo) o como pretende la socialdemocracia actual: llevando a cabo una lenta, progresiva e idealista revolución que permita la fragmentación de las naciones (véase Europa en general y Alemania en particular sobre el golpe en Cataluña) y convierta a Europa en una nueva realidad llamada Eurabia.
Por suerte para nosotros, Gustavo Bueno, como buen marxista, también entendió que para que el reino de lo real llegue (una España unida y libre) hay que combatir sin miramientos a las falsas conciencias que pretenden imponer "sus verdades" por las vías de los hechos consumados y a través de las políticas traidoras del socialismo español (el PSOE de Pedro Sánchez).







 
 

martes, 6 de noviembre de 2018

Golpe de Estado en España (la izquierda subversiva de siempre)


Introducción
 
El mismísimo Mussolini señaló que "la fuente del fascismo era el horror por la vida cómoda". Los primeros pensadores que intuyeron que una vida cómoda era también, inevitablemente, una vida "vacía de emociones", fueron Fichte y Kierkegaard. Pero fue Heidegger, con su tesis sobre el "das Man" y la vida inauténtica quien acabó descubriendo la estrecha relación entre la pérdida de sentido de nuestras existencias y el hecho de vivir sin proyectos vitales ilusionantes (ver también Ortega). De hecho, nuestro poético José Antonio (orteguiano) también apeló a la revolución nacionalsindicalista desde la defensa de una "España alegre y faldicorta"; apeló a la "poesía prometedora" (esperanzadora) y a la ilusión como motor para lograr que España fuese "una, grande y libre".

Pero seamos justos, porque otros fascismos actuales  (inteligentemente disfrazados de "demócratas") también han llamado a la movilización de las masas apelando a la "revolució dels somriures" (secesionismo catalán) o pidiendo "asaltar los cielos" con alegría y entusiasmo (Podemos). Las nuevas revueltas o "revoluciones" que están proliferando por toda Europa están siendo promovidas y dirigidas por las "izquierdas de siempre"; las sempiternas izquierdas antiliberales cuyo único afán consiste en transformar las sociedades que, paradójicamente, las toleran y les permiten dinamitar la convivencia y los marcos constitucionales desde dentro del propio sistema.
Pero el problema de las izquierdas
comunistas-fascistas de hoy (de nuevo aliadas a través de renovados pactos de Ribbentrop-Molotov) es que son dogmáticas y harto beligerantes contra "el otro", contra las demás conciencias disidentes (liberales y conservadoras) que no comulgan con sus respectivas verdades. Nada nuevo bajo el Sol.

He conocido a gente inteligente, que yo presuponía sensata, abrazar con entusiasmo, por ejemplo, el "procés secesionista" en Cataluña: gente que, ante mi asombro, mutaba en cínica redomada para afirmar, sin empacho, que lo sucedido en Cataluña no fue un "golpe de Estado", sino una "pirula" (tradúzcase por ardid o trampa artera). Personas inteligentes capaces de justificar lo injustificable (estratagemas y violaciones anticonstitucionales y antidemocráticas) por tal de, así, ver cumplidos sus sueños más utópicos: recuperar viejas repúblicas, lograr articular Estados supremacistas (comunistas) y dinamitar viejas y gloriosas naciones. Son los buenos y justos.

Hay gente que no puede soportar la verdad. De hecho, el genial Unamuno sostenía que las masas, en realidad, deseaban ser "engañadas" por los titiriteros, curas y bachilleres de turno (poetas todos). Sin embargo, lo más grave, en mi parecer, es que hay demasiada gente que no sabe soportar, estoica y dignamente, la insoportable levedad del ser. Hay demasiada gente incapaz de recluirse y recogerse en su soledad para afrontar el sentimiento trágico de la vida o el drama de vivir, como se prefiera. Hay demasiada gente que confunde lo "cotidiano" con aburrimiento y hastío, porque son incapaces de estar en paz consigo mismos, porque son incapaces de aceptar que son, tan solo, "seres para la muerte".
En nuestras actuales sociedades del bienestar, donde la generalidad de la ciudadanía vive cómodamente, y también sumida en el aburrimiento, ya no es el dolor ante agravios e injusticias lo que moviliza a las masas, sino la promesa de emociones e ilusiones. Por eso, el victimismo de los procesistas es falso, por más que lo sobredimensionen y exageren; por este motivo ya no cuela el victimismo de Podemos, obsesionado en dibujarnos una España hundida en la pobreza y la precariedad, todavía en manos de malvados caciques franquistas.

Ahora sí, ahora sí es posible entender por qué las filas "dels revolucionaris dels somriures", como las filas de los cínicos podemistas, estaban plagadas de jóvenes pijitos, burgueses hijos de burgueses, que se aburrían y necesitaban más deporte vital para dar sentido a sus vidas.
Jóvenes aburridos y mayores nostálgicos y acomodados, también devorados por el hastío existencial, se han conjurado en Cataluña, y ahora también en España,  para jugar el partido de sus vidas. Ya no les basta con proyectar sus ensoñaciones esquizofrénicas viendo jugar al Barça, ahora necesitan, además, ser ellos mismos los jugadores reales en un campo de juego real, obviando, irresponsablemente, los riesgos, también reales, que conlleva jugar tan peligroso partido.
Quienes no aprecian lo que de hermoso hay en la cotidianidad, en el milagroso hecho de vivir y sobrevivir un día más a la existencia, no han entendido nada; y, peor aún, serán susceptibles de ser seducidos por los cantos sirénidos de los poetas cuyo deporte preferido es siempre cazar "almas cándidas". ¿Pero quiénes son esas almas cándidas, supuestamente ingenuas, que se dejan seducir y cazar por pastores truhanes que les prometen hacer realidad bellos e imposibles sueños?

Los nuevos poetas (pastores del ser) han de ser necesariamente "demócratas"; y si no lo son, deben parecerlo y hacer creer a "los otros" que en verdad lo son. Los nuevos poetas, como los de otrora, se erigen en libertadores, en altruistas teóricos de la liberación dispuestos a emancipar a los hombres de sus servidumbres y vasallajes. ¿Pero de qué servidumbres y vasallajes han de "liberar" al hombre occidental de hoy estos poetas vendedores de sueños? Ya no hay amos y esclavos, ni señores y siervos; ni siquiera podría decirse que los malvados burgueses capitalistas de hoy nieguen las libertades y derechos del resto de ciudadanos (me niego a utilizar el concepto erróneo y perverso de "clase trabajadora"). ¿De qué hay que emancipar a los ciudadanos de hoy, muerto Dios y con él el poder de las religiones? Los reyes de ahora ya no tienen tampoco un poder absolutista; ni siquiera la actual aristocracia (duques, marqueses, condes...) conserva los privilegios de antaño (Antiguo Régimen).

Hay que emancipar a los hombres del Capitalismo, me dirán los más astutos poetas; emanciparlos de ese Capitalismo otrora salvaje (S XIX), y más tarde "civilizado", que supo adaptarse a las exigencias de los llamados "Estados del bienestar" (S XX). Un Capitalismo que ha sabido sobrevivir cediendo y reconociendo las libertades y derechos de "los otros"; un Capitalismo que sabe disminuir su celo dogmático y evitar convertirse en conciencia supremacista, porque lo único que desea es garantizar la estabilidad y la continuidad del sistema.

¡Ah, amigos, pero a los ojos de nuestros poetas el sistema sigue siendo injusto!  Y para combatir las injusticias todo vale, desde perpetrar golpes de Estados hasta promover falsas mociones de censura por tal de alcanzar el ansiado poder. Todo vale. Y quienes no defienden abiertamente la comisión de golpes a la legalidad, se ponen de perfil y callan (para no perjudicar a sus "hijos de puta"); algunos incluso legitimarán acciones bastardas, tales como silenciar a los disidentes (Ábalos en Alsasua). Y serán muchos los que, a pesar de todo, seguirán negándose a aceptar la ayuda de "cirujanos de hierro"; porque, ante todo, hay que ser de "izquierdas". A nuestras izquierdas ni siquiera les vale que los nuevos "cirujanos" ya no promuevan ruidos de sables en los cuarteles; tanto les da que sean tan demócratas como ellos o que acaten la Constitución y la legalidad. No son de "los suyos". Antes el caos y la destrucción (antes Podemos que Vox dijo un "sabio") que aceptar la ayuda de "salvapatrias" esencialistas. En estas estamos.
Suerte tuvimos, en los albores del 36, que intelectuales de la talla de Ortega y Gasset, Unamuno, Baroja, Maeztu, y tantos otros, no tuviesen tantos remilgos; suerte tuvimos de que, entonces, todavía había muchos más ciudadanos dispuestos a defender la nación española de revoluciones frentepopulistas (bolcheviques).

Me hacen "gracia" nuestros poetas, los buenos y justos que critican la dependencia de la ciudadanía a poderes hipostasiados que emanan de las realidades materiales del Capitalismo y las naciones; poderes que pasan por naturales, cuando, en el parecer de nuestros poetas, no lo son. ¡Capitalismo y nación son elucubraciones esencialistas y metafísicas!, vociferan a los cuatro vientos, indignados o fingiendo indignación, porque la indignación, como el victimismo hábilmente calculado e instrumentalizado, son los versos de los que se vale la poesía seductora.
Digo yo, sin embargo, que para no ser realidades "naturales", sino ideas suprasensibles sustantivadas, tanto el sistema liberal capitalista como la razón de ser de las naciones han sabido pervivir, reciclarse y adaptarse a los dolores de las diferentes épocas. Y ello a pesar de que nunca faltan fascistas (izquierdas a la postre) dispuestos a transformar lo que
es en lo que, según sus supremacistas conciencias, debería ser. La culpa, por supuesto, es de "los otros", de esa otra ciudadanía, no consciente y alienada,  que todavía no ha abrazado la verdadera fe liberadora. ¡Malditos liberales!

Convengamos, sin embargo, que la idea de nación es un concepto hipostasiado. ¿Acaso no pecará de esa misma sustantivación el concepto de "posnación"? Si el nacionalismo es hipóstasis esencialista también lo será la idea de "posnacionalismo". ¿Qué tiene de natural, real y material, el idealismo que defiende la articulación de un gran estado universal "posnacional"? ¿Era más "natural" el concepto ideal del internacionalismo marxista (o el Estado supranacional europeo que defienden algunos hoy) que la idea de nación?

Materializar golpes de Estado 

Para proponer una cura (poesía fascista) primero hay que provocar un "dolor anímico" en la conciencia (ser consciente de dicho dolor). Así, nuestras anestesiadas sociedades sumidas en el hastío de lo cotidiano, deberán recordar, despertar la memoria dormida y recuperar viejos agravios, antiguos resentimientos y pretéritas pérdidas emocionales. Habrá que crear una conciencia victimizada, porque el recuerdo es subjetivo, y por ello el poeta deberá crear un mito (un relato) que dé sentido y justifique una determinada voluntad de poder (poder ser). No valen todos los recuerdos; solo los que ayuden a operar (transformar la realidad) a través de cualquier medio (praxis marxista-leninista copiada también por el fascismo) que permita alcanzar loables fines. "Los relatos y las lágrimas van juntos" (Peter Sloterdijk).

Una vez se despierta el "dolor anímico" y las masas (me niego a decir ciudadanía) ya creen ciegamente en relatos míticos, confeccionados para determinados fines, la partida podrá comenzar. A los individuos se les propondrá "jugar" el partido de una época; se le instará a participar en el glorioso momento histórico que les ha tocado vivir. Ya no habrán excusas para refugiarse en el aburrimiento cotidiano; el individuo anónimo podrá trascendentalizar su Yo alcanzando ilusionantes fines supremos (proyectos de vida con formas de nuevas repúblicas o naciones ficticias). Pero toda acción conlleva una reacción. Cuando el Estado es débil e inoperativo, y fracasa en su vital función de salvaguardar la legalidad institucional, el partido que habrá de jugarse carecerá de reglas y todo valdrá. No digamos si, además, como está sucediendo en España, es un partido político con minoría parlamentaría el que da un golpe y se hace con el poder.

Si el fascismo se disfraza de legitimidad democrática (gobierno del PSOE sanchista) podrá engañar a muchos durante un breve período de tiempo, pero una vez comiencen a visualizarse sus traiciones, mentiras e indignidades, solo engañarán a unos pocos. Estos pocos serán los verdaderos creyentes. El problema radicará, como ya ha sucedido en Cataluña, y ahora está sucediendo en España, en que estos "pocos" creyentes leales logren el control del Estado a través de los medios de comunicación, la educación y las FFAA (depuración de altos mandos del ejército). Me consta que el gobierno golpista de Sánchez ya ha dado todos estos pasos.

Una democracia falsa, hipostasiada e idealizada, que tan solo es "papel mojado", es casi tan peligrosa, o más, que una dictadura que se materializa por las bravas. Pero los buenos y justos, siempre prestos a ver esencialismos en los nacionalismos, nunca han querido ver que la sustantivación de la "democracia", cosificada y susceptible de poder ser pervertida y mancillada por todos (dependiendo de los intereses particularistas de cada ideología), también podría resultar letal convirtiéndose en"el caballo de Troya" a través del cual puedan colarse"nuevos fascistas" (Sánchez y compañía en España).

Nadie se atreve a decirlo en voz alta (¡tan grande es ya el temor!) pero, en privado, cada vez más ciudadanos depositan sus esperanzas en el ejército, último garante de las libertades y derechos de TODOS los españoles. El ejército ha quedado como la única fuerza "viva" capaz de pararles los pies a los golpistas; golpistas tramposos y sin escrúpulos éticos (ya no digamos morales) dispuestos a todo. La ciudadanía, abandonada a su suerte y reclamando nuevas elecciones ante la artera ocupación del poder por parte de una conjura bien calculada de la antiEspaña, nada puede hacer, salvo vociferar, frustrarse y enojarse. Mientras, los golpistas hacen y deshacen según sus criterios ideológicos, troceando a España un poquito más cada día que pasa. Hasta los más optimistas, que ya no creen que nuestro castrado ejército tenga capacidad de reacción, piensan, de todas formas, que algo malo, triste y trágico pasará en los próximos meses.