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domingo, 26 de marzo de 2023

ORTEGA FRENTE A GUSTAVO BUENO

INTRODUCCIÓN

Los discípulos de Gustavo Bueno no pierden ocasión en descalificar a Ortega y Gasset, sobre todo debido al sueño del filósofo madrileño de poder articular un Estado supranacional europeo; un sueño o posibilidad real histórica que el propio Ortega confesó anhelar en su "Rebelión de las masas" (prólogo para franceses de 1937).

La principal crítica del MF (materialismo filosófico) al pensamiento de Ortega parte de considerar (craso error) que Ortega era un "idealista" y, por tanto, éste también se servía de una filosofía idealista (fantasiosa) para intentar "salvar a España" a través de Europa; a través de un Estado supranacional europeo. 

Desde luego, es bien cierto que el propio Ortega escribió en el citado Prólogo para franceses de 1937, de su "Rebelion de las masas": 

" La figura de ese Estado supranacional será, claro está, muy distinta de las usadas...".

¿Pero cómo imaginó Ortega que sería la figura de su hipotético Estado supranacional europeo?  Pues, como intentaré demostrar a continuación, no lo imaginó desde una perspectiva idealista, sino desde la articulación de un Estado supranacional raciovitalista y operativo, en absoluto habermasiano,

De hecho, el propio Ortega, como si intuyera que décadas más tarde Gustavo Bueno le tildaría de idealista, dejó escrito en su "Rebelión de las masas":

"No es, pues, debilidad ante las solicitaciones de la fantasía ni propensión a un "idealismo" que detesto, y contra el cual he combatido toda mi vida, lo que me lleva a pensar así. Ha sido el realismo histórico el que me ha hecho ver que la unidad de Europa no es un "ideal", sino un hecho".

EUROPA COMO HECHO, NO COMO IDEAL

Fijémonos cómo el propio Ortega dejó bien claro que él no era un idealista (enfatizo en negrita), porque no consideraba que la unidad de Europa fuese un ideal, sino un hecho consumado a través de lo que Ortega denominó realismo histórico.

Es cierto que Ortega apeló a la defensa de un proyecto civilizador supranacional, ¿pero ese proyecto civilizador suyo cómo habría de ser? ¿Debería ser un proyecto plurinacional, al modo de un Estado confederal que preservara las diferentes soberanías nacionales integrantes? ¿O, por el contrario, debería constituirse como una proyecto federal, al modo de la socialdemocracia habermasiana, arrebatándole a los países miembros sus respectivas soberanías nacionales?

El problema de Ortega es que no argumenta cómo podría llegar a articularse ese Estado supranacional europeo que, según él, debería ser, al tiempo, unificador pero también plurinacional.

Ortega se limita a decir al respecto:

"Esta idea acrobática (articular un proyecto supranacional unificador y plurinacional) , chocaría con los hombres de cabezas toscas".

En esta sustancialización del "europeísmo", entendido como alianza entre iguales, que no deja de ser una idea hipostasiada en la conciencia, podría radicar el carácter idealista, acrobático, humanista y soñador, de la propuesta orteguiana. Aunque, según Ortega, su propuesta era complicada (acrobática), pero no imposible.

La idea supranacional de Ortega, en su parecer, no sería un imposible ideal, sino que sería un proyecto difícil de llevarse a la praxis por culpa de los hombres de cabezas toscas.

¿Quiénes eran estos hombres de cabezas toscas a los que se refiere Ortega?

El propio Ortega responde: 

Son cabezas pesadas nacidas para existir bajo las perpetuas tiranías de Oriente.

Y a continuación nos describe cómo son estas cabezas pesadas, que se dejan seducir por las promesas de las tiranía de Oriente (léase comunistas):

Este hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado y, por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas internacionales... tiene sólo apetitos, cree que tiene sólo derechos y no cree que tiene obligaciones; es el hombre sin la nobleza que obliga. 

No creo, después de leer esta definición de hombre-masa (hombre de cabeza tosca o pesada vaciado de su propia historia) que Ortega hiciera suyo, hoy, el ideario globalista de la Europa habermasiana; un proyecto supranacional que, precisamente, arrebata a las naciones que lo integran su soberanía nacional y su pasado para, así, ensayar un nuevo internacionalismo muy inspirado en las marxistas tiranías de Oriente, pero edulcorado bajo la apariencia de una socialdemocracia talantera.

NACIÓN PARTICULARISTA VS NACIÓN FRAGMENTARIA

Creo que la mayoría de los discípulos de G. Bueno, salvo Manuel F. Lorenzo, no han leído a Ortega con suficiente atención expectante; no han sabido ver las evidentes coincidencias entre determinados postulados del MF y la filosofía raciovitalista, que no idealista, de Ortega y Gasset.

Explica Manuel F. Lorenzo en su libro "Nacionalismo contra globalización" (2021):

Ortega ha sido el chivo expiatorio de los actuales anti-europeístas (entre ellos los seguidores de G. Bueno) que nos recuerdan la famosa frase del filósofo madrileño "España es el problema, y Europa la solución". Pero la Europa actual es una oligarquía de políticos, banqueros y medios de comunicación, caracterizada por la mediocridad de un europeísmo utópico que sueña con ceder soberanía, no importa cuánta, a una Europa Federal. Ortega nunca defendió tal cosa, pues en su concepción de unidad europea se suponía una fuerte política nacionalizadora en España (contra los particularismos periféricos) y no una mera cesión supranacional de competencias estatales. Ortega tenía otra filosofía muy diferente del papanatismo europeísta hoy dominante... y se atrevió a proponer una nueva filosofia llamada raciovitalismo.

A Ortega, sin embargo, se le ha criticado tanto o más que a Julían Marías, su discípulo, por definir la nación española como un sugestivo proyecto de vida en común articulado en la unidad desde la pluralidad. También Julián Marías nos dejó una definición poco afortunada: España es una nación de naciones; una definición que se han apropiado las izquierdas federalistas y que Gustavo Bueno, por cierto, trituró de forma impecable.

Sin embargo, el propio G. Bueno definió la nación española como una nación envolvente; es decir, como una nación que "envolvió" (leáse en términos piagetianos de asimilar y acomodar) a otras nacionalidades, dando lugar a la unidad de un superior conjunto plural.

La nación histórica española (constituida a lo largo de la historia) fue envolviendo y/o integrando en un proyecto común más amplio y unitario al resto de pueblos (naciones) de su entorno.

La idea común que subyace en las definiciones, tanto de Ortega como de Marías o G. Bueno, insiste en un mismo hecho: España se hizo nación a través de un principio de incorporación o constitución de unidades sociales superiores (Julián Marías).

Insisto: tanto el raciovitalismo orteguiano (realismo histórico) como el MF coinciden al reconocer que España se fue haciendo a través de hechos, a partir de un devenir histórico que Julián Marías llamó trayectorias históricas reales.

Hay, pues, una clara coincidencia entre el raciovitalismo y el MF al entender cómo se forjó la nación histórica española, como un proyecto integrador y continuista, y ello al margen de que cada propuesta filosófica se valga de diferentes terminologías conceptuales para expresar la misma verdad.

Estas diferencias conceptuales podemos observarlas en el modo en que cada filósofo denominó a los particularismos regionalistas. Ortega utilizó el término nacionalismo periférico y Gustavo Bueno el de nacionalismo radical, pero, en ambos casos, esos modos de ser eran particularismos degenerados en tanto que secesionistas:

"En efecto, nuetra crítica al nacionalismo radical...deriva de su consideración de concepto particular degenerado ("España frente a Europa" de G. Bueno).

Así pues, tanto la filosofía raciovitalista de Ortega como el MF de G. Bueno trituraron el idealismo secesionista, aunque hay que reconocer que G. Bueno fundamentó su crítica mucho mejor que el filósofo madrileño.

Los objetivos últimos de la nación particularista (Ortega) y los de la nación fragmentaria (G. Bueno) eran los mismos: romper la unidad e integridad de la nación española.

Pero Ortega y Bueno no coincidieron tan sólo al explicar cómo se fue haciendo España, integrando o envolviendo a otras realidades nacionales posibles,  sino que los dos filósofos entendieron que la forma política del imperio era la mejor posible para civilizar y preservar la razón de ser de Occidente,

IMPERIO GENERADOR  (EUROPA CONFEDERAL VS EUROPA FEDERAL)

Insisto: no basta con decir, como dicen los discípulos de Gustavo Bueno, que Ortega era idealista en tanto que europeísta. No basta.

Para empezar habría que diferenciar entre el europeísmo de Ortega (de carácter confederal) del europeísmo federal de la socialdemocracia habermasiana (ver Manuel F. Lorenzo). Pero, sobre todo, deberíamos diferenciar entre los pretéritos fines que inspiraron la articulación de la supranación europea orteguiana de los fines que actualmente persigue la supranacion europea habermasiana.

Demos, por tanto, unas pequeñas pinceladas para explicar las diferencias entre un proyecto político de unidad confederada y otro articulado desde una unidad federal.

Una supranación europea confederada (como la pensó Ortega) sería una unidad integradora de pluralidades nacionales, donde cada nación preservaría su propia soberanía nacional participando, al tiempo, en la política de un superior proyecto común europeo. Una supranación europea federal, sin embargo, articularía un fuerte poder central que anularía o  limitaría la soberanía nacional de los diferentes países integrantes.

La supranación europea de hoy, socialdemócrata en esencia, posee un marcado carácter federal, es decir, pretende anular la soberanía nacional de las diferentes naciones que la integran. Desde Bruselas se decide el destino de las diferentes naciones. Y aquellas naciones europeas que se muestran díscolas disidentes, defensoras de sus respectivas razones de ser nacionales, son coaccionadas, amezadas y castigadas (sancionadas económicamente).

No, la Europa que anheló Ortega no era la Europa habermasiana, idealista y socialdemócrata, que hoy padecemos. La Europa orteguiana era más aristoi e imperialista, no solo por salvaguardar las diferentes soberanías nacionales, sino porque sus fines comunes, como bien he subrayado anteriormente, eran muy diferentes a los de la actual supranación europea.

Escribió Ortega:

La probabilidad de un Estado Europeo se impone necesariamente. La ocasión que lleve súbitamente al proceso puede ser cualquiera: por ejemplo, la coleta de un chino que asome por los Urales o bien una sacudida del gran magma islámico.

Dos fines, los mismos que el imperio generador de Gustavo Bueno, perseguía la supranación orteguiana: generar un proceso civilizador occidental y salvaguardar al mismo de amenazas externas, las islámicas y la del gigante chino que ya comenzaba a "despertar".

La Europa habermasiana, por el contrario, facilita la disolución de la razón de ser occidental, no solo dejándola indefensa ante amenazas externas (Islam), sino dinamitando, desde dentro, las diferentes soberanías nacionales que son, al cabo, las últimas depositarias de tradicionales valores trascendentales y la última defensa frente a lo que Ortega llamó pseudomorales eslavas (comunismo).

Mi tesis es la siguiente: la idea de imperio generador de Gustavo Bueno coincide con la idea orteguiana de una Europa supranacional confederal. Podríamos decir, grosso modo, que ambos filósofos creían en la articulación de lo que podríamos llamar un imperio confederado; es decir, una gran supranación (imperio europeo) operativa y generadora de principios civilizadores (no depredadores) que, al tiempo, salvaguardara su propia razón de ser.

He aquí las dos características principales que comparten el imperio generador de Bueno y la supranación confederal de Ortega.

1) Generar y difundir la moral de una civilizadora razón superior (Occidental).

2) Garantizar la supervivencia del imperio generador defendiéndolo de las amenazas de otras morales. 

No cabe duda de que tanto el raciovitalismo orteguiano como el MF se refieren a proyectos muy parecidos, llámense supranacionales o imperiales, pero, en ambos casos, proyectos que se constituyen desde una unidad superior envolviendo a otras pluralidades (regionales y/o nacionales); proyectos que tienen como fin desarrollar un proceso civilizador que ha de ser defendido.

La principal diferencia entre las propuestas "imperialistas" de Ortega y Bueno no está, por tanto, en los mismos fines que ambas comparten, sino en el quién, quién debería liderar ese proyecto civilizador occidental salvaguardándolo de enemisgos internos y externos (comunistas e islamistas).

Ortega, como sabemos, creyó que dicho líder (salvador de Occidente) debería ser una supranación europea, pero en absoluto una supranación habermasiana (léase socialdemócrata), sino un proyecto unitario de carácter confederal o "imperialista", como se prefiera. Sin embargo, G. Bueno desconfiaba de Europa, porque la Europa actual, sumida en la decadencia y la falta de convicción moral, no solo ataca a las diferentes soberanías nacionales, sino que es incapaz de articular eficaces políticas operativas para preservar su propia razón de ser. De hecho, la propuesta de G. Bueno es más osada que la orteguiana: debería ser España la que liderara un nuevo proyecto civilizador (hispanoaméricano), asiéndose a los restos del naufragio de lo que fue el imperio generador español. 

España, hoy como ayer, siempre frente a Europa.



jueves, 29 de abril de 2021

HABERMAS, CONSTITUCIONALISTAS (y la espiritualidad marxista)

INTRODUCCIÓN

Gustavo Bueno decía que no había que entender el concepto de “espíritu” como el análogo al pneuma de la filosofía griega (concepto mitológico) sino como un subproducto dialéctico en relación a la materia.

La idea de espíritu en filosofía se desarrolló a partir de la escolástica, considerando la existencia de un acto puro o ser inmaterial, análogo al primer motor inmóvil de Aristóteles, que, siendo causa de sí mismo (no creado por nada ni por nadie) era origen y creador del universo material.

La filosofía escolástica identificó este primer espíritu (motor inmóvil aristotélico) con la idea de Dios (ser inmaterial). Desde entonces, la filosofía occidental ha identificado todo lo referente a lo espiritual con esencialismos e ideas y/o mundos suprasensibles (alienos al mundo material).

Así, cuando el marxismo se reivindicó materialista cometió el error, o la trampa (como yo sostengo), de negar la sustancia espiritual en aras de mejor reivindicar un materialismo puro. Negó, en definitiva, el carácter metafísico de su pseudofilosofía, como la definió acertadamente Bertrand Russell.

LA METAFÍSICA MARXISTA

Llevo mucho tiempo insistiendo en señalar que el marxismo también es un esencialismo; intentando demostrar, a partir de un primer pre-sentimiento intuitivo que siempre me ha acompañado, que toda religión y/o filosofía o ideología están impregnados de inevitable metafísica.

Finalmente, al acceder a la obra de Gustavo Bueno, encontré la que considero la mejor argumentación que fundamenta y explica la presencia de la idea de espíritu, entendiéndola como un subproducto que surge, inevitablemente, a partir del proceso dialéctico material.

EL ESPÍRITU VIVENCIADO

Lo que viene a sostener Gustavo Bueno, salvando las diferencias con el existencialismo sartriano, es que el espíritu no es una esencia a priori, sino que, en tanto que subproducto surgido de las relaciones dialécticas materiales (transformaciones operativas y manipulativas) de los seres humanos, aparecerá, dentro de la materia ontológica general, como un género de materialidad M2 (ensoñaciones y sentimientos vivenciados). Las ideas, por tanto, tienen la cualidad de vivenciarse en la conciencia individual, antes incluso de llegar a ser; es decir, antes de consumarse como verdad o realidad en el ex-sistere, en el mundo.

Así, si un cristiano vivencia la idea de Dios como un modo de ser real, manifiesto y actualizado en su conciencia, un marxista, de manera parecida, vivencia y hace suya (presente en su conciencia) las ideas hipostasiadas (abstractas y virtuales) de justicia social o sociedad ideal.

Vivenciar virtualmente una idea, sentirla, en definitiva, significará hacerla nuestra; significará apoderarnos del espíritu, razón de ser y/o esencia de la misma, para consumarla operativamente en el mundo real.

Tradicionalmente hemos relacionado la espiritualidad con lo religioso y lo místico, negándonos a aceptar el carácter espiritual de determinadas ideologías. Resulta paradójico porque, precisamente, ideología es un concepto que etimológicamente significa conjunto de ideas (creencias y valores) que decidimos hacer nuestros, preservándolos y defendiéndolos. Y estas ideas son siempre virtuales, es decir, son sentimientos que vivenciamos en nuestras conciencias como modos de ser reales.

IMPLICACIONES POLÍTICAS

A menudo leo, sorprendido, a gente anónima, pero también a sesudos intelectuales, preguntarse cómo es posible que nuestras izquierdas (las que padecemos en España) sean tan dogmáticas y sectarias.

Y, paradójicamente, nuestros pensadores de cabecera, leídos marxistas que conforman nuestras izquierdas ilustradas, siempre ven la paja en el ojo ajeno; es decir, siempre ven esencialismos”peligrosos en aquellas ideologías que se fundamentan a partir de entidades nacionales. Y claro, esta visión borrosa, hemipléjica y sesgada, les insta a combatirlas como las cochambres políticas, morales e intelectuales que consideran que son. ¡Joío Arcadi Espada!

Otro tanto sucede con lo que consideran malas izquierdas; esas izquierdas extravagantes y divagantes que G. Bueno considerara indefinidas, y que el capo de los constitucionalistas habermasianos (Félix Ovejero) ha dado en llamar reaccionarias. Nuestros constitucionalistas también combaten a estas izquierdas que se han dejado seducir por las ensoñaciones (espirituales) de los nacionalismos periféricos, pero lo hacen con la boca chica, porque, al cabo, estas izquierdas son sus díscolas hermanas ideológicas. Al final, como dejó bien claro Mikel Arteta, siempre será mil veces preferible el comunismo divagante y extravagante de Podemos que el liberal-conservadurismo de VOX. Cuestión de afectos tempranos o, si se prefiere, de modos de sentir y vivenciar nuestra propia espiritualidad (ideología).

A menudo solemos decir que las izquierdas, en general, se han arrogado una superioridad moral que les permiten legitimar cualquier acto criminal o vulneración de la legalidad, por miserable que estos sean. Hemos visto en Cataluña cómo Podemos (mil veces preferible a VOX) apoyaba el golpe de Estado del secesionismo. Hemos visto a Pedro Sánchez blanquear, e incluso cantar las excelencias, de Bildu, partido filoterrorista. Pero no pasa nada, todo se acepta, se justifica o se soporta como un mal menor, porque peor sería que gobernara la malosa derechona. ¡Por favor!

Pero lo más frustrante de todo ha sido comprobar cómo nuestras izquierdas ilustradas, a pesar de sus tan cacareados centrismos equidistantes, al final siempre acaban tirando pal monte, como las cabritillas marxistas que son. Al final siempre acaban magnificando y sobredimensionando mucho más las reacciones legítimas de VOX (el cartel de los menas angelitos) en un sempiterno intento, inmoral y descarado, por igualar a los agresores (quienes matan a españoles por llevar tirantes con la bandera de España) con quienes defienden sus derechos y libertades; comparando a quienes apedrean al adversario con quienes, orgullosos, se fuman un puro mientras la chusma roja le increpa. ¡Habrase visto tanta chulería facha! ¡Eso sí que no!

Y esto es, realmente, lo que no soportan los discípulos de Habermas: el orgullo de quienes se sienten españoles, porque, como decía Arteta en su defensa del patriotismo constitucional, hay que ser españoles pero sin mostrar orgullo por ello. Claro que sí, guapis, porque la única estética, moral al cabo, buena y justa es la de los cínicos habermasianos; la moral de esos centristas que creen haberse despojado de cualquier atisbo de esencialismo espiritual y que, sin embargo, son más creyentes que el nacionalista más acérrimo.

CONCLUSIÓN

La paradoja que subyace en nuestras izquierdas ilustradas, siempre prestas a combatir los dogmatismos de “los hunos y los hotros” es que, como bien señalaran Adorno y Horkheimer, ellas mismas han mutado en una Razón Ilustrada supremacista, intransigente y celosa de su verdad, que lo mismo penaliza a Polonia por defender su nación y su catolicismo, que no duda en mentir para cosificar y/o deslegitimar a la conciencia contraria (VOX). 

Y cuando la realidad no tiene su correspondencia aristotélica con las proposiciones falaces y prejuiciosas que enarbolan, porque no se ha demostrado que VOX sea un partido de “ultraderecha”, entonces se convierten en sofistas. Entonces, cuando la terca realidad no se compadece de sus sospechas y prejuicios, no dudan en instrumentalizar la realidad fáctica, a la que tanto les gusta referirse, utilizando el pensamiento sensible y la hermenéutica psicoestética para interpretar palabras y hechos (de nuevo el cartel de VOX) según los dictados de su ideología. Tradúzcase: según las creencias espirituales de su ideología religiosa que les permite creerse, por ejemplo, que la patria es el lugar donde se está a gusto (puro sentimentalismo), y no la tierra de nuestros padres y el lugar donde se nace (materialismo realista).

martes, 27 de octubre de 2020

LOS NUEVOS DIOSES (los filósofos de la sospecha)

INTRODUCCIÓN

Siguiendo las apreciaciones de Heidegger, y anteriormente las de Nietzsche, podríamos decir que la muerte de Dios no significó el abandono de las creencias en mundos suprasensibles e idealismos utópicos, sino tan solo la sustitución del Dios cristiano por otros nuevos "dioses".

La necesidad de creer es un rasgo inherente y constitutivo de la naturaleza humana. El ser humano necesita creer para no desesperar (Kierkegaard) y para salvarse del sentimiento trágico de vivir (Unamuno); necesita creer para escapar del anodadamiento (Heidegger) y, en última instancia, para huir del suicidio (Camus). Filosofamos, pensamos y reflexionamos, para poder creer y para no desesperar, esta es la verdad que se esconde bajo la tramposa virtud que nos insta a conocer por conocer (trampa desenmascarada por Nietzsche).

“Si Dios no existiera se tendría que inventar” (Miguel de Unamuno) y, añadiría yo, tendría que “inventarse” a imagen y semejanza de las nuevas conciencias y sus respectivas razones de ser.

Anteriormente, Heidegger ya había caído en la cuenta de que el marxismo era una suerte de pseudoreligión, un nuevo credo o conciencia prepotente, dispuesta a ocupar el lugar de la tradicional conciencia burguesa y su Dios cristiano y occidental. De hecho, pese a las advertencias de Heidegger (silenciado a través del siempre eficaz estigma del nacionalsocialismo), durante el SXX se impuso la fe ciega en un nuevo dios eslavo o conciencia de clase (marxismo), al que Ortega le atribuyó ser el portador de una pseudomoral eslava; una pseudomoral sustituta de la tradicional moral occidental.

LOS ASESINOS DEL DIOS CRISTIANO

¿Hubo premeditación y alevosía en aquellos pensadores que participaron en el “asesinato” del Dios judeocristiano? ¿Existió realmente un interés crítico para poder hallar la verdad, o tan solo les movió el particularismo egocéntrico que les impelía a reivindicar sus respectivas propuestas teóricas o nuevas deidades?

Resulta curioso que, detrás de la crítica al Dios cristiano, por parte de los principales filósofos de la sospecha (Nietzsche, Freud y Marx), siempre subyazca la vindicación de sus respectivos sucedáneos o dioses particulares.

Criptobudismo: Nietzsche fue el precursor de lo que Peter Sloterdijk denominó criptobudismo, una nueva moral que, por cierto, también estuvo muy presente en Heidegger y en la obra de otros pensadores alemanes como Hermann Hesse.

El criptobudismo, o reinterpretación budista del idealismo hegeliano, aspira a un nuevo poshumanismo o, como proclamara Nietzsche, a una nueva clase de hombre (el superhombre). La verdad que le fue revelada a Nietzsche, a través de aforismos cargados de simbolismo, fue casi la misma que halló Heidegger en el claro del bosque; la misma verdad sobre la que Hermann Hesse reflexionaba una y otra vez, obsesivamente, en obras como “El juego de abalorios”, “El viaje a Oriente” o “Siddhartha”.

Se trataría, resumidamente, de hallar la paz espiritual y vivir una vida auténtica; se trataría de huir del engaño (mundo de apariencias) a través de la comunión o el cuidado del ser (Heidegger). Se trataría de buscar la fusión con el Uno absoluto o ser supremo (Hermann Hesse) y de abrazar la verdad de Zaratustra (Nietzsche). Se trataría de utilizar la reflexión meditativa de Heidegger, la meditación budista (Siddhartha) y el ascenso a la cima de Nietzsche para encontrarnos a nosotros mismos a través de vías o caminos de búsqueda y superación.

Nada nuevo que no hubiese descubierto siglos antes San Agustín.

Psicoanálisis: Freud también descubrió un nuevo dios: el Yo. Un dios al que también había que salvar de la vida inauténtica y de las falsas conciencias, por supuesto recorriendo también una vía; el camino de la introspección psicoanalítica. Freud también hizo hincapié en la necesidad de llegar a lo “oculto”, al subconsciente, descubriendo y desarticulando los mecanismos de defensa que el ello y el superyó, en constante conflicto dialéctico, tejían para sumirnos en el sentimiento trágico de vivir y en la desesperación (léase angustia, ansiedad y depresión).

Marxismo: Karl Marx hiló más fino. Se dedicó tan solo a reinterpretar la moral judeocristiana a través de un nuevo catecismo pseudoreligioso que, astutamente, y por recomendación de Engels, rebautizó como manifiesto (El manifiesto comunista), eliminando, así, cualquier connotación que pudiera recordar al tradicional cristianismo occidental. La nueva conciencia marxista, incluso siendo una burda copia del cristianismo, y una perversión que transmutaba, de hecho, los valores cristianos, se presentó al mundo como un nuevo dios; una nueva conciencia con una nueva verdad revelada bajo el brazo.

Hasta aquí los nuevos dioses que los filósofos de la sospecha propusieron como alternativa a los seres humanos: criptobudismo, psicoanálisis  y marxismo. Ahora hablemos de quienes se enfrentaron a ellos, también razón en mano, convirtiéndose en los últimos faros y atalayas de resistencia de Occidente.

RACIOVITALISMO Y EXISTENCIALISMO ESPAÑOLES

Resulta triste y paradójico que la única nación de Occidente que se mantuvo firme en la defensa del Dios cristiano y, por ende, preservó la generalidad de los valores inherentes a la moral occidental, haya sido destruida.

Los dos filósofos más importantes de los SXIX y XX, Miguel de Unamuno y Ortega y Gasset, no solo se caracterizaron por su defensa y amor a España y a su razón de ser, sino que, además, dieron forma a dos propuestas filosóficas originalmente españolas: el raciovitalismo y el existencialismo cristiano; filosofías, o modos de pensar, que se opusieron a las propuestas alternativas de los filósofos de la sospecha anteriormente citados.

Se me dirá que Unamuno no fue tan original como Ortega al esbozar (ni siquiera sistematizó mínimamente su propuesta) su filosofía existencialista, muy desarrollada también por pensadores como Heidegger o Sartre, entre otros. Y yo responderé que el existencialismo español (unamuniano) fue un híbrido que fusionó la filosofía existencial de Kierkegaard con el catolicismo español. Más tarde llegaría Gustavo Bueno, con su materialismo filosófico, para recoger el testigo de estos dos insignes filósofos españoles, para proporcionarnos otra creativa propuesta de salvación. Pero ahora toca rendir homenaje a quienes, en mi opinión, y con permiso de Suárez, Zubiri, Fernández de la Mora, Marías, Morente, Zambrano… han sido (son) los filósofos más egregios que ha dado España para goce y deleite de todos los españoles de bien: Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno.


jueves, 9 de abril de 2020

MARX VS ORTEGA (Sobre Podemos, VOX y G. Bueno)


INTRODUCCIÓN

Todos pudimos ver en su día, y con claridad meridiana, qué era Podemos y quiénes formaban parte de ese nuevo partido de indignados que decía luchar contra la casta política.
Una imagen mental, que creo harto significativa para entender qué era/es Podemos, permanece todavía imborrable en mi memoria: un politiquillo de mi municipio, que se jactaba de ser comunista, exhibía en su Facebook, sin ningún rubor, una fotografía de un joven, con la camiseta del Che, que portaba un AK-47. Pues bien, al poco de irrumpir Podemos en la política española, ese astuto aprendiz de bolchevique retiró la “fotografía subversiva” y la sustituyó por la de un grupo de jóvenes sonrientes con pancartas donde podía leerse la famosa consigna podemita del  “tic-tac” (se acabó vuestro tiempo). Este personaje consiguió ser concejal por Podemos en mi municipio.

DEL KALASHNIKOV A LA CÍNICA SONRISA
No cabía ninguna duda, la mayoría de los integrantes de Podemos procedían de diferentes grupúsculos ideológicos, pero todos ellos relacionados, en mayor o menor medida, con las rancias y retrógradas tesis del comunismo más criminal.

No hacía falta ser ningún genio para comprender que el núcleo de ideólogos de Podemos (Pablo Iglesias, Monedero, Errejón…) había comprendido que la vía revolucionaria para “asaltar los cielos” debería valerse de las tesis de Gramsci: aglutinar a diferentes clases de personas (femimarxismo, animalistas, ecologistas, LGTBI…), procedentes de diferentes clases sociales (obreros, acomodados burgueses, izquierdas indefinidas…), para involucrarlas a todas en una misma lucha común: la lucha contra la privilegiada casta política, en realidad un disfraz cínico y sonriente bajo el que se escondía el viejo sueño marxista de implantar el socialismo tras la caída del Capitalismo.

Y si el Capitalismo no caía por sí mismo (pronóstico marxista), pues se le “ayudaba un poquito” poniéndole mil y una zancadillas a través del agitprop en las calles y en los medios de comunicación.
Muchos ingenuos y no pocas “almas cándidas” cayeron en la trampa de Podemos, pero no así los viejos liberales que todavía teníamos (tenemos) alma orteguiana.

ESCISIÓN ENTRE LOS SEGUIDORES DEL MATERIALISMO FILOSÓFICO (Marx vs ORTEGA)
Desde que comencé a interesarme por el Materialismo Filosófico (a partir de ahora MF) vi en él influencias claramente orteguianas. De hecho, llegué a Gustavo Bueno siguiendo las huellas de Ortega.

Es cierto que en el MF podemos encontrar la clara influencia del realismo aristotélico, la impronta de Spinoza en lo que concierne a la superación del monismo de la sustancia y, sobre todo, y como no podía ser de otra manera, hallamos la siempre omnipresente filosofía marxista. Sin embargo, yo no pude evitar, en un primer contacto con el MF, ver en la filosofía de Bueno la herencia de filósofos españoles como Unamuno, Zubiri y, por supuesto, Ortega y Gasset.

Así, por ejemplo, yo no podía dar crédito a algunos de los “argumentos” de Jesús G. Maestro que despreciaban a Ortega por ser un “idealista europeísta”. Ortega fue mucho más que eso, incluso aunque fuese tan “idealista” (yo discrepo) como sostienen algunos intérpretes de Gustavo Bueno. Ortega, a través de la enorme labor intelectual de la Escuela de Madrid, dejó un legado vital (nunca mejor dicho) que podría considerarse como la semilla de una nueva filosofía española; la semilla de una filosofía raciovitalista, en español y para los españoles, que no llegaría a germinar debido al estallido de la Guerra Civil.
Tampoco me “cuadraban” demasiado, en mi acepción de lo que es/debería ser el MF, algunas reflexiones y críticas de Pedro Insua a la “derecha española”, sobre todo a la “derecha” que representa VOX; y menos aún comprendía la retrógrada propuesta de Santiago Armesilla,  una “reinterpretación” del marxismo-leninismo para ensayar un nuevo comunismo patriótico español.

INTÉRPRETES DE GUSTAVO BUENO
Al descubrir la obra de Manuel F. Lorenzo, autor de “La razón Manual”, entendí que el MF, tras la muerte de Bueno, siguió desarrollándose a través de dos líneas filosóficas que lo fundamentaban, al mismo tiempo y de manera contradictoria: una línea de interpretación en clave marxista y otra que hacía suya la ciencia positivista piagetiana.

Pues bien, los autores antes mencionados, Pedro Insua y Santiago Armesilla, se encontrarían adscritos a la línea marxista defensora de una ontología realista-materialista, mientras que autores como Manuel F. Lorenzo abogarían por la superación y trituración definitiva del marxismo gnoseológico y político.
De hecho, “La Razón Manual” de Manuel F. Lorenzo, y a partir de la obra de Gustavo Bueno, pretende desarrollar un nuevo vitalismo, muy en la línea del raciovitalismo orteguiano, que se denomina Vitalismo Trascendental Antrópico.

Pero no me extenderé en explicar los argumentos en los que se fundamenta el Vitalismo Trascendal Antrópico (ver aquí), sino en desenmascarar las falacias de las que se ha servido Pedro Insua, en varias ocasiones, para atacar a VOX.

PEDRO INSUA CONTRA VOX
Antes de nada, y para que conste, hay que reconocer que Pedro Insua es, actualmente, uno de los más brillantes intelectuales españoles. Sin embargo, y sin pretender argumentar ad hominem, resulta obligado señalar que Insua, además de exmilitante del PCE (Partido Comunista de España) sigue defendiendo el desarrollo de una línea marxista, a partir del MF, para articular una nueva filosofía en español defensora de la nación española. Estas apreciaciones resultan obligadas para entender el distanciamiento entre Pedro Insua y VOX, un partido, no lo olvidemos, que también cuenta entre sus filas con muchos pensadores seguidores de la obra de Gustavo Bueno, como Iván Vélez .

No cabe duda de que Pedro Insua es un patriota y cree, como VOX, en la extrema necesidad de preservar la unidad e integridad de la nación española. Muchos han sido los correctivos dialécticos que Insua ha aplicado al provincianismo tontiloco y a ese gran absurdo que es nuestro parasitario sistema autonómico. Pocos como él han defendido la legitimidad de la trayectoria histórica real de España, tanto como nación indiscutible como en su papel universal de imperio generador.
Pedro Insua también se ha mostrado como un luchador infatigable contra los argumentos negrolegendarios de nuestras izquierdas indefinidas y contra el tontoprogresismo más abyecto.

¿Qué le pasa, entonces, a Pedro Insua, para que no pueda disimular su rechazo a VOX y caiga, puerilmente, en argumentaciones falaces de 1º de filosofía?

PEDRO INSUA CONTRA JESÚS LAINZ

Antes de que tuviese lugar un pequeño “rifirrafe” dialéctico entre Insua y Lainz, a colación de VOX, yo no pude evitar fijarme en cómo, en uno de sus artículos, Pedro Insua dejaba caer sobre VOX la sospecha de ser un partido islamófobo. Yo no daba crédito. Pero sí, pese a las advertencias de Gustavo Bueno sobre las amenazas impositoras del Islam, Insua se marcó “un Sampayo” que, para quien no lo sepa, es un argumento falaz del hombre de paja del tamaño de una catedral. No le di importancia. Me dije que Insua no era como el demagogo Sampayo, y que una mala tarde, que diría Chiquito, podía tenerla cualquiera.
Pero hete aquí que, al poco tiempo, descubro a Pedro Insua tirando otra vez de falacia argumental, en esta ocasión usando una analogía falaz para igualar torticeramente a Podemos con VOX. Venía a sostener Insua que tan totalitario era Podemos, en tanto comunista, como VOX, en tanto que fascista.

Afortunadamente, Jesús Lainz (otro gran intelectual) le salió al quite rápidamente para triturar su argumentación falaz de un plumazo. Efectivamente, y como bien señaló Lainz, Podemos y su líder Pablo Iglesias SÍ habían declarado públicamente ser comunistas, pero ni VOX ni su líder Santiago Abascal habían dicho jamás ser fascistas. Pero dejando de lado las declaraciones verbales, y atendiendo a los hechos fácticos, Lainz también demostró que Pablo Iglesias sí había cantando la Internacional con el puño en alto en más de una ocasión y había exhibido simbología comunista, mientras que VOX no había hecho lo propio con himnos ni simbologías fascistas. Hechos.

PEDRO INSUA CONTRA “GOBIERNO DIMISIÓN”
A mí no me interesaba, de verdad de la buena, escribir nada que pudiera perjudicar mínimamente el buen quehacer de Pedro Insua. Me mola Pedro Insua y prefiero que, pese a su ojeriza contra VOX, esté en el bando de “nuestros hijos de puta” (léase como aliado de quienes defendemos la unidad de la nación española).

Sin embargo, ayer no pude morderme la lengua y le solté un sarcástico maullido cuando, con aires de intelectual de impoluta ética, el “estirado” Pedro Insua afeó y criticó las “malas maneras”, y en su parecer mentiras, que exhibieron algunos de los que convocaron la manifestación de “Gobierno dimisión”.
He de decir que Pedro Insua me contestó respetuosamente con una lacónica frase que hacía hincapié en el hecho de que él era, ante todo, un patriota español. Nada que ver con el cobarde Sampayo, que me bloqueó de buenas a primeras cuando le pregunté por sus falacias contra VOX.

CONCLUSIÓN
No quiero que se me malinterprete, pues, como suelen señalarme algunas amistades virtuales, tengo el feo defecto de “poner nombres” siempre que elaboro alguna de mis despiadadas críticas. Pero los nombres (con apellidos) son necesarios, porque la crítica que pretendo exponer no va dirigida a mi suegra (votante del PSOE) ni a mi vecina choni que vota a Podemos; no va dirigida a los millones de españoles que dieron sus votos a PSOE y Podemos. Mi crítica, mis maullidos y mis arañazos gatunos, va dirigida, sobre todo, a ciertos personajes con ínfulas (ésta me la he copiado de un insulto que me dedicó en su día Julio Béjar , jejeje); va dirigida a sujetos, supuestamente ilustrados, como el cobarde Sampayo, el cínico Javier Marías o el errado Mikel Arteta (antes mil veces Podemos que VOX).

Nada tiene que ver Pedro Insua, por supuesto, con los personajes anteriormente citados, salvo, quizás, el hecho de compartir con ellos apegos y afectos tempranos por la ideología marxista. Y aquí quería llegar.
He escrito otro tocho, tan vano como sinsorgo, para intentar, una vez más, llegar a la raíz del problema que subyace en la razón de ser española: el problema de ser roja en tanto que católica.

Gustavo Bueno supo verlo muy bien cuando se declaró “ateo católico” y “marxista español”, intentando conciliar dentro del sistema del MF las diferentes esencias nacionalistas, católicas y marxistas.
Pero Manuel F. Lorenzo ha sabido verlo mucho mejor. Hay que rescatar el raciovitalismo orteguiano y triturar, de una vez por todas, la ontología materialista del marxismo. Hay que desterrar esos afectos tempranos que impulsaron ayer a Pedro Insua a defender al peor gobierno de la historia de España. Debemos acabar con esos apegos que instaron a Insua, en graves momentos para la nación española, a ejercer como “abogado del Diablo” defendiendo a cínicos criminales (golpistas) sin escrúpulos.

jueves, 26 de marzo de 2020

LENGUAS MINORITARIAS EN ESPAÑA


INTRODUCCIÓN

Todavía son demasiados los españoles que, erróneamente en mi parecer, defienden la necesidad de conservar las lenguas minoritarias regionales aceptando, para ello, la imposición institucional de las mismas. Sus argumentaciones se fundamentan, básicamente, en la necesidad de conservar dichas lenguas para, así, preservar el rico legado histórico-cultural que estas representan.

PROBLEMAS DERIVADOS

Pero en caso de decidir conservar el patrimonio cultural que representan las lenguas minoritarias, se nos plantean varias cuestiones:

Primera: ¿Cuántas horas lectivas, respecto a la lengua común española, debería dedicar nuestro sistema educativo para conseguir un correcto aprendizaje de una lengua regional?
Esta pregunta resulta crucial, pues una lengua cuyo uso no sea necesario a nivel institucional sin duda devendría una lengua muerta, ya que nadie estaría motivado y/o necesitado de aprenderla.

Segunda: ¿El aprendizaje de una lengua regional cualquiera debería ser obligado o voluntario?
Lo más lógico sería que cada ciudadano eligiera, libremente, si quiere o no estudiar una lengua regional. Pero, claro, si se permitiera este derecho a decidir ¿quiénes querrían estudiar una lengua sin ninguna utilidad (uso) más allá de las fronteras de un pequeño terruño provinciano?

Las almas más cándidas todavía creen posible que las lenguas regionales se podrían estudiar desde una justa proporcionalidad; es decir, creen que estas podrían conservarse e institucionalizarse (en escuelas y administraciones) dependiendo del número de hablantes que hicieran uso de la misma, sin hacer obligatorio su aprendizaje a la generalidad de la ciudadanía. Así, en aquellas comunidades (regiones) donde hubiese un mayor número de hablantes de la lengua autóctona, lo justo sería establecer más horas lectivas en los colegios para fomentar su aprendizaje.

¿Pero cómo habría de determinarse esta proporción de hablantes?
Y más importante todavía: ¿cómo se podría evitar que el aprendizaje de una lengua regional no se volviese obligatorio y deviniera, con el paso del tiempo, una imposición institucional?
Sin ningún tipo de coacción institucional nadie estudiaría una lengua minoritaria, más allá de un reducido grupúsculo de celosos tontilocos que, a pesar de su fanático entusiasmo, no impediría que esta cayera en desuso. ¿Quiénes desearían aprender voluntariamente una lengua inútil?

LENGUAJE COMO LOGOS y CASA DEL SER

Si no recuerdo mal (ya soy muy viejuno) no hay que confundir el lenguaje con la lengua. Es más, Heidegger consideró que “el lenguaje era la casa del ser”. El pensador alemán otorgó, así, al lenguaje una dimensión más transcendental y “esencial” que la meramente utilitaria (instrumento de comunicación).
El caso es que Heidegger, además de otorgarle al lenguaje la misión de guardar y preservar el sentido del ser, fue más allá (e hizo bien) al defender que la “lengua alemana”, es decir, esa forma particular de lenguaje humano, era la elegida para llevar a cabo la sacra misión de tener “cuidado” con la cuestión del ser.

Heidegger justificó peregrinamente esa superioridad metafísica de la lengua alemana. Y, desde luego, lo hizo desde la perspectiva propia de un supremacista nacionalista. Esto es innegable. Pero Heidegger entendió algo fundamental y vital: el SER solo se debe al imperativo de “seguir siendo” (Spinoza), es decir, el ser solo se debe a su perdurabilidad (durée bergsoniana). No hay ningún otro “sentido” inherente al ser, salvo, claro está, el que quiera atribuirle el pastor de turno (Dasein) interpretando hermenéuticamente el mundo y la realidad.

Lo que entendió Heidegger, y más tarde comprendió Gustavo Bueno, pero desdeñando la metafísica del pensador alemán, es que dos razones de ser por fuer son antagónicas y mutuamente excluyentes.

Si trasladamos a las lenguas (portadoras de esencialismo histórico-cultural) la problemática actual del “choque entre civilizaciones”, y hacemos nuestra la reflexión de Bueno: somos los náufragos de una civilización y si no salvamos los restos de la misma, otra civilización (antagónica añado yo) ocupará su lugar. Si, como decía, vemos las lenguas, no solo como meros instrumentos de comunicación, sino también como logos portador de valores histórico-culturales, entonces deberíamos abogar por erradicar las lenguas minoritarias con contundencia, so pena de que en el futuro su uso acabara imponiéndose al de otras lenguas universales, como la lengua española para el caso que nos ocupa. El riesgo de conservar y fomentar el uso de una lengua regional, minoritaria e inútil, puede llevar al rechazo y estigmatización de la lengua común de todos.

Esto que señalo es, precisamente, lo que ha sucedido en toda España, donde el uso de la lengua común española ha sido sustituido por el de diversas lenguas minoritarias. Y no solo ha ocurrido en Cataluña, sino también en Baleares, Vascongadas, Valencia, Asturias... Estamos asistiendo, atónitos, a ese “cambiazo” que tanto temiera Gustavo Bueno; es decir, no supimos aferrarnos a los restos de nuestra civilización, a nuestra cultura y nuestra lengua común, y ahora otras lenguas (catalán, vasco, valenciano, bable…) han ocupado su lugar.

Solo las almas bellas e ingenuas (entiéndase defensores del marxismo-cultural) se obstinan en defender la diversidad cultural proporcionando, así, al enemigo la posibilidad de acabar imponiendo su razón de ser, su lengua y/o su religión, sobre los incautos que siguen creyendo en los mundos de Yupi y que “to er mundo e güeno”.

CONCLUSIÓN

Ahora se ha sabido que, entre los planes secesionistas para la nueva republica catalana, se aconsejaba prohibir a los partidos políticos contrarios a la misma; es decir, los golpistas, inteligentemente, estaban dispuestos a erradicar no solo la lengua española de Cataluña (de facto ya la han eliminado de las escuelas, las administraciones y los medios de comunicación), sino que, además, estaban decididos a no permitir disidentes españolistas.
A ver cuándo nos caeremos del guindo…

miércoles, 15 de mayo de 2019

EL PENSADOR EN EL CASTILLO ENCANTADO (Peter Sloterdijk)


INTRODUCCIÓN

En su libro “¿Qué sucedió en el SXX?, Peter Sloterdijk nos ofrece una exquisita colección de 12 ensayos, a cual más sabroso y pedagógico. Cada ensayo, en realidad, constituye una imaginativa o creativa tesis que nos deleita y, al tiempo, también nos “hipnotiza”. No deja de sorprenderme la capacidad del filósofo alemán (el más grande de este SXXI) para hacernos pensar y/o descubrir, hermenéutica psicoanalítica mediante, alguna de las múltiples posibilidades interpretativas que nos ofrece la realidad abierta.

INTERPRETES DE SUEÑOS
He elegido el ensayo de “El pensador en el Castillo encantado” porque en él se exponen una serie de tesis que, como intentaré explicar a continuación, me sirven para argumentar y fundamentar una de mis “peregrinas” intuiciones que no sabía muy bien cómo defender.
Desde hace tiempo tengo la “sospecha” (mera intuición) de que todo el movimiento femimarxista (que algunos se obstinan en denominar erróneamente feminazi) se corresponde con una estrategia orquestada desde las sombras (aunque Soros sea muy visible) para lograr la desestabilización de los países europeos, primero, y para destruir a continuación los cimientos de lo que podríamos llamar “razón de ser occidental”.

En el ensayo “El pensador en el castillo encantado” Peter Sloterdijk nos habla de “una triple hermenéutica del sueño” llevada a cabo por tres intérpretes del mundo de lo onírico y la fantasía: Freud, Bloch y Derrida. Estos tres pensadores, desde diferentes ámbitos, pretendieron en su día “explicar” la dinámica y las manifestaciones que conformaban la “conciencia colectiva”.
Yo solo me centraré en el “agudo” análisis que Sloterdijk realiza sobre “La interpretación de los sueños” de Freud, en lo que, en mi opinión, supone una acertada aproximación (no junguiana) para explicar la dinámica de la actual sociedad europea (conciencia colectiva).

TEORÍA DEL DESEO vs TEORÍA DE LA COMPENSACIÓN ILUSORIA
A través de “una segunda interpretación de los sueños”, en la obra “El porvenir de una ilusión” (1927) Freud corrigió su primera teoría de la líbido e intentó explicar el “fenómeno religioso” desde una nueva teoría ilusoria o de la compensación, sosteniendo lo siguiente:

“Las representaciones religiosas proceden de una demanda de defensa y protección, surgiendo de esta demanda la necesidad de crear a un dios de prótesis”. Es decir, la ilusión religiosa creaba la figura de dios como compensación a una carencia humana: la falta de seguridad.
Lo que sostuvo Freud, en lo que Sloterdijk considera una segunda etapa en el desarrollo de la interpretación de los sueños, fue que la líbido del sujeto se fijaba a edad temprana en objetos que le producían satisfacción narcisista, primero en la madre y luego en el padre, permaneciendo ya en este. Pero lo novedoso de la autocorrección freudiana fue que la elección del objeto (como sostenía la primera teoría de la líbido) no se llevaba a cabo por una fijación libidinosa, sino por el deseo del sujeto de conseguir una alianza con una fuerza protectora eficiente (teoría de la compensación).
La fuerza protectora, como señala Freud, ha de ser eficiente (vuelvo a enfatizar en negrita) y por este motivo, una vez el sujeto llega a la figura paterna ya queda “confiado” a la misma para que esta le proporcione seguridad, defensa y protección.

La idea de que el sujeto busca seguridad desde edad temprana, expuesta en esta segunda teoría freudiana de la compensación, la volveremos a encontrar en el fondo de las propuestas que aparecen en “Dialéctica de la Ilustración” de Adorno y Horkheimer (1944) y en “El miedo a la libertad” de Erich Fromm (1947). Dicha idea no solo explicaría el fenómeno religioso (la necesidad de crear un dios protector) sino que, además, daría cuenta del porqué la “conciencia colectiva” o ente social tiende a dejarse arrastrar por propuestas ilusorias de compensación, ya fuere a través de políticas destinadas a dominar y conservar  la naturaleza y al propio hombre (Adorno y Horkheimer) o para erradicar nuestros miedos frente a las incertidumbres de la existencia (Fromm).
LA MADUREZ COMO DIMENSIÓN TIMÓTICA

Los griegos distinguían dos tipos de almas: la psiqué y el thymós. La primera se correspondería con la conciencia de un yo individual en búsqueda de autosatisfacción, mientras que la segunda (Thymós) sería el equivalente a una conciencia responsable que buscaría su “encaje” o integración dentro de un colectivo social, a través del equilibrio y la aceptación de determinados sacrificios (¿servilismos?).
Desde los postulados de la segunda teoría de la compensación, madurar significaría, por lo tanto, tomar conciencia de que el yo individual nunca podrá prescindir de la protección del grupo (comunidad o sociedad) frente a poderes extraños o las incertidumbres de la existencia. Madurar exigirá aceptar esta cruenta verdad.

Por el contrario, el inmaduro será aquel sujeto que siga inmerso en la “neurosis obsesiva” surgida del complejo de Edipo: matar al padre. O, lo que es lo mismo, rechazar la protección más eficiente por tal de buscar refugio en “delirios colectivos” de imposibles sueños de libertad.
CONCLUSIÓN

Sloterdijk acaba su exposición señalando que será está inmadurez inmersa en la neurosis obsesiva, que niega la protección del padre, la que ha abocado a la sociedad occidental actual a un exceso de infantilismo. Occidente se “erotiza”, en palabras de Sloterdijk, buscando un sempiterno placer, facilitando que cada conciencia individual busque tan solo su propia autosatisfacción, olvidándose de la responsabilidad timótica de ser-con y en los demás.
COMENTARIO Y TESIS

La actual sociedad occidental, inmadura e “infantilizada”, se correspondería, perfectamente, con ese individuo-masa seguidor del “pensamiento Alicia” (Gustavo Bueno) que se guía tan solo por la autosatisfacción de sus propios deseos. Es decir, se correspondería con esas “almas bellas”, eternamente inmaduras, que, ilusión mediante, creen, tan ciega como obstinadamente, que es posible “asaltar los cielos” (¡sí se puede, sí se puede!); se correspondería con esos seres de luz que creen en naciones ficticias y en repúblicas que no existen. Pero, sobre todo, la ausencia de “responsabilidad timótica” se manifiesta en esas femimarxistas, eternas adolescentes, que para ser libres sueñan no ya solo con “matar al padre”, sino en casarse con la madre (lesbianismo) creando, para ello, el perfecto matriarcado: un mundo sin hombres (léase sin padres).

Tesis: el movimiento femimarxista es la punta de lanza, o caballo de Troya, a través del cual se pretende acabar con la razón de ser de Occidente.
El hecho de que la conciencia femimarxista siga inmersa en la neurosis obsesiva de “matar al padre”, solo significa, desde los postulados de la teoría freudiana de la compensación, que esta se niega a aceptar la defensa y protección más eficiente que es la que proporciona la sociedad patriarcal a todos sus miembros.

Una Europa desprotegida, bajo las directrices de movimientos femimarxistas (defensores de pensamientos sensibles y pacifismos imposibles) y junto a sus acólitos afines (neocomunistas), será una víctima fácil que no dispondrá de defensas eficaces para salvaguardarse del peligro que supone la intrusión las conciencias enemigas (Islam).

miércoles, 8 de mayo de 2019

LA ESPAÑA QUE NUNCA PUDO SER LIBERAL


INTRODUCCIÓN
En otra entrada de este blog escribí una reflexión comparativa entre dos series de televisión, “Juego de Tronos” y “La casa de papel”, para intentar demostrar hasta qué punto la ideología de las mal denominadas “izquierdas” (indefinidas y antiilustradas o reaccionarias) han ocupado y colonizado los espacios públicos más importantes de la sociedad española (sus calles y plazas, la cultura y la educación, medios de información…) consiguiendo, así, institucionalizar “su verdad”.
Ese mismo día, una vez más, tuve que señalar una nueva “inexactitud” de Andrés Trapiello, según el cual los dos grandes vencedores de la Guerra Civil española fueron, a la postre, FE (Falange Española) y PCE (Partido Comunista Español). Pero el único vencedor, como demostró la historia e intentaré demostrar yo mismo a continuación, fue el PCE, por la sencilla razón de que el resentimiento siempre perdura más que cualquier sentimiento de concordia.

PROCESO DE “SOCIALDEMOCRATIZACIÓN” DE LA UNIVERSIDAD ESPAÑOLA (y de la universidad a la sociedad)
¿Cómo ha sido posible que nuestras “izquierdas”, no olvidemos que perdedoras de la Guerra Civil, hayan podido “colonizar”, sin que nadie les chistara, la generalidad de los espacios públicos de nuestra nación? ¿Cómo ha sido posible que la izquierda fuera, y siga siendo, la mano que mece la cuna; la mano que ha hecho posible, de hecho, que España sea "roja" en esencia, tanto en su fondo como en sus formas?

La respuesta parece clara: ha sido posible debido a los complejos y la cobardía de una “derecha” que, en realidad, solo tenía de “derecha” el nombre. Desde la Transición, no ha existido una derecha auténtica en España, liberal y conservadora, republicana y democrática, orteguiana al cabo. Así que, retomando a Ortega, intentaré llegar a la verdad radical que pueda proporcionarnos una explicación racional, argumentada y fundamentada, sobre esta “anomalía histórica” que ha permitido que, en España, la historia la escribieran los perdedores.

EL CLUB DE LOS LEÍDOS
El ser humano está constituido por tres dimensiones: individual, social e histórica (Zubiri). Ortega lo resumió magníficamente con su “Yo soy yo y mis circunstancias”. Deberemos considerar, por tanto, la dimensión del yo (conciencia individual) y las dimensiones sociales e históricas (conciencia colectiva) para entender cómo fue posible que durante nuestra Transición se perdiera por el camino “el espíritu orteguiano”; ese espíritu aristoi y liberal que nos instaba a considerar la vida como una verdad radical en sí misma, para “superarla” (sus adversidades) a través de la razón.

Los leídos, o el “club de los alfabetizados” (genial Sloterdijk) se dedican a razonar y solucionar problemas, lo cual está muy bien, pero ¿para qué?
Básicamente, y pecando de reduccionistas, podríamos decir que en España, tras la GC existieron dos clubs alfabetizadores que “ocuparon” institucionalmente el espacio público, desplazando por completo  la propuesta liberal o raciovitalista (orteguiana):

1)     El club esencialista: los herederos del falangismo (Aranguren, Entralgo y Ridruejo entre ellos). Se preocuparon, sobre todo, por la ética y la moral y sus implicaciones en la religión y la política.
 
     2)     El club materialista: marxistas en general, preocupados por transformar la realidad política de España.

Estos dos "clubs" o corrientes ideológicas dieron forma, correlacionando entre ellos, a un pensamiento antiliberal que impregnó a toda la sociedad y la política española.
Lo paradójico, como veremos a continuación, es que fueron precisamente los discípulos de Zubiri (Aranguren y Entralgo entre otros) quienes acabaron por desterrar de las universidades españolas el pensamiento orteguiano (maestro de Zubiri), mientras, al tiempo, convergían, a través de la ética zubiriana, con el rostro amable del marxismo: la socialdemocracia.
Esto tiene que quedar muy claro: las universidades españolas, durante toda la Transición, estuvieron dominadas por el pensamiento zubiriano, dedicado casi exclusivamente a elucubrar sobre el bien y el mal, obcecado por el problema teologal, la ética y la moral. Nadie del club esencialista, durante la Transición, se pre-ocupó (se ocupó con antelación) de la realidad material del momento, ignorando que el marxismo (la otra conciencia alfabetizadora), muchas veces desde la clandestinidad, se iba infiltrando en las aulas universitarias poco a poco, hasta imponer “su verdad”.

Pero los discípulos de Zubiri no solo ignoraron “el peligro marxista”, sino  que se obsesionaron por hallar una ética universal a través de la cual lograr la justicia social. Otros pensadores como Ridruejo, otrora admiradores del fascismo, acabaron convergiendo con las tesis socialdemócratas a través de la Escuela de Frankfurt. Se olvidaron de la realidad material, de la necesidad de preservar la integridad y unidad de la nación; se olvidaron de las libertades individuales, de la dimensión individual del animal de realidades que es el hombre. Solo se pre-ocuparon, impregnados de esencialismo zubiriano (a la postre judeocristiano), de soñar con felices sociedades hermanadas a través de una conciencia colectiva común.
CONCLUSIÓN

La idiosincrasia esencialista de los herederos del falangismo fue, precisamente, la que les convirtió en perdedores tras acabar la Guerra Civil. Los discípulos de Zubiri se olvidaron de Ortega, y con él se olvidaron de la realidad material; se olvidaron, ebrios de esencialismos ético-morales, de preservar la unidad de la nación, que es, al cabo, la capa basal sobre la que puede fundamentarse un Estado operativo que garantice los derechos y libertades de TODOS los ciudadanos (Gustavo Bueno).
Queda demostrado que FE no ganó nada tras acabar la GC. De hecho, el régimen franquista supuso la división de la intelligentsia falangista, la cual se fragmentó en diferentes facciones, siendo la hedillista la más crítica con Franco. Sin embargo, el PCE, a pesar de estar proscrito, sí siguió perviviendo en el subconsciente colectivo de las masas, como la posibilidad operativa (sueño mesiánico) del marxismo que algún día habría de consumarse en el ex-sistere. Dicha posibilidad estuvo casi a punto de “alcanzar los cielos” a través del neocomunismo emergente de Podemos que, no lo olvidemos, todavía sigue gozando de buena salud (sobre todo en muchos municipios del Baix Llobregat, donde a pesar de casoplones y otros cagarrones, han sido segunda fuerza por detrás de un arrollador PSC).

El PCE, desde la perspectiva expuesta por Andrés Trapiello, sí puede considerarse ganador. Pero no así FE, que en absoluto se ha mimetizado en VOX.
VOX, a través de las tesis del materialismo filosófico de Gustavo Bueno, lo único que ha intentado hacer es “recuperar” las propuestas más raciovitalistas de Ortega y Gasset, aunque cometiendo el error, en mi opinión, de seguir otorgándole un peso todavía demasiado relevante al esencialismo católico (conciliador). Por ese camino, desde luego, VOX correrá la misma suerte que los perdedores de FE (hermanitas de la caridad), porque el único esencialismo que, a día de hoy y por todo lo expuesto, ha logrado imponer “su verdad” en España ha sido el marxista, alimentado desde el odio y el resentimiento hacia España y todo lo español (comunismo); un marxismo que ha sido "asimilado" tanto por las "derechas esencialistas" como por algunos sectores de la Iglesia de la liberación (jesuitas) e incluso por el actual Papa Bergoglio, ya conocido como "el Papa rojo".

miércoles, 10 de abril de 2019

MARXISMO, LA CONCIENCIA EXTERMINADORA

INTRODUCCIÓN

Leyendo a Gustavo Bueno pergeñé unas de esas tesis mías, por supuesto informales y carentes de rigor científico, que suelen ser producto de inesperados “insights cognitivos”. En un párrafo, no recuerdo de qué texto, el filósofo español descalificaba una definición conceptual por considerarla “heideggeriana”. ¿Por qué tanto desprecio hacia Heidegger por parte de alguien que se autoproclamaba "marxista"?
 

Suele ser habitual entre nuestras "izquierdas" deslegitimar o rechazar apriorísticamente cualquier argumentación que pueda pecar de parecer metafísica, esencialista o suprasensible, heideggeriana en definitiva, sobre todo por parte de quienes se arrogan a sí mismos estar en posesión de verdades materialistas y/o realistas. Y, sin embargo, Heidegger sigue siendo un pensador fundamental, como intentaré demostrar, para desenmascarar las prepotencias señoriales que aspiran a exterminar a las conciencias contrarias; sigue siendo un referente para combatir a las grandes políticas que, en aras de la consecución de idealistas "justicias sociales", no dudan en cercenar las libertades de los individuos, a través de políticas igualitaristas y uniformadoras, evitando que estos puedan llegar a “autorrealizarse” libremente.


Primera tesis: la idea de "justicia social", como la idea teológica de Dios o la idea metafísica del ser, también es una hipóstasis o sustantivación de una idea suprasensible; es decir, es un concepto, pre-ser o modo de ser, sito en la conciencia con aspiración y voluntad de consumarse como realidad formal (no virtual) en el ex-sistere.

Segunda tesis: la "gran política" siempre se arroga ser "buena y justa" por tal de, así, legitimar las vulneraciones y restricciones de las libertades individuales. Peter Sloterdijk, más contundente en su libro "¿Qué sucedió en el SXX?", define la "gran política" como el proceder (legitimado) del "buen crimen", señalando que sus apóstoles, desde Lenin, Stalin y Hitler hasta Mao, se encargaron de hipnotizar, primero, y de obnubilar, después, a las masas para crear "buenos criminales" (léase revolucionarios).
 

COMPRENDIENDO A HEIDEGGER
 
Heidegger fue el padre de la fenomenología hermenéutica, que supuso una "corrección" a la fenomenología de Husserl, la cual pretendía estudiar el fenómeno puro, "per se" y sin los condicionantes apriorísticos (conceptos y prejuicios) insertos en la conciencia del individuo.
Al enmendar a Husserl (el fenómeno nunca puede darse “puro” en la conciencia), Heidegger también se enmendó a sí mismo; es decir, si toda experiencia (modo de ser en la conciencia) estaba sometida a la influencia de pre-conceptos y pre-juicios, la fenomenología por fuer había de ser interpretación (hermenéutica). Así, también las posibles des-ocultaciones o revelaciones del ser en el claro del bosque serían las interpretaciones o cosmovisiones creadas por una determinada conciencia. Heidegger supo ver la verdad última que se escondía en toda ideología: cada conciencia "hace suya" una cosmovisión o interpretación del mundo no de acuerdo a una verdad científica demostrada, sino conforme a su pre-ser o pre-verdad vivenciada.
Tanto los sentidos revelados (religiones) como los sentidos construidos (ideologías) están sujetos, en última instancia, a las interpretaciones de cada conciencia. Y desde el momento en que reconocemos (como yo reconozco) que cualquier sentido, hallado o construido, supone una interpretación del mundo, entonces podemos “sospechar” que en el existir no hay más sentido que el de ser (seguir siendo perdurando en el tiempo). Serán los Mesías, apóstoles y profetas de turno quienes otorguen sentidos (descubran o construyan las esencias) de la Verdad que habrá de consumarse en la realidad. Así, tan mesiánicos serían el cristianismo como el marxismo y otros "ismos" (nacionalsocialismo o fascismo).
Del hecho de que haya tantos sentidos (es-sentias) como conciencias que interpretan la realidad, podríamos deducir la posibilidad de que, quizás, no haya sentido.
Sería como si dijésemos que hay múltiples verdades, ergo, tendríamos que admitir que no hay Verdad, entendida ésta como única, absoluta y universal.
Así pues, podríamos sostener que el problema del sentido es un problema "vivencial". Los individuos, en diferentes momentos históricos, experiencian o vivencian modos de ser reales en la conciencia (creando cosmovisiones interpretativas del mundo). Pero los modos de ser reales que se vivencian en la conciencia no son fenómenos puros, como ya hemos aceptado, sino fenómenos percibidos (desde y en el mundo) más los elementos de la propia conciencia (preconceptos y prejuicios sitos en nuestro YO). Así, cada cosmovisión será el reflejo de las voliciones, sentimientos y aspiraciones de una determinada conciencia (religiosa y/o ideológica).
 
Reconocida está dinámica o dialéctica de la conciencia, vemos que la verdad es lo que se vivencia y experiencia como modo de ser real, al margen de que este "ser" vivenciado pueda o no existir en el mundo.
Estamos abordando el complejo tema de la verdad del ser, es decir, la verdad entendida no como la correspondencia entre una proposición y un hecho, sino como verdad experienciada a la que atribuimos un sentido y significado (esencia). Sloterdijk, de nuevo tajante, afirmará al respecto:

"Realismo ya no significa la correspondencia humillante del intelecto con un orden de cosas fuera de nosotros (la verdad aristotélica); implica la activación de lo real en un sentido que aumenta las causas que produzcan determinados efectos".

Sloterdijk, como suele ser habitual en él, y para desesperación de marxistas habermasianos, da en la clave de lo que sucedió en el SXX y señala, indirectamente, cuál será la tónica de la psicopolítica en el presente SXXI: lo real ya no será lo que se dé en la realidad (valga la redundancia), sino que será "real" el pre-ser o volición, voluntad de ser y poder, que una conciencia, a través de la "gran política", logre consumar a través de la praxis hipnotizando al mayor número posible de creyentes.

 
DE LA HIPNOSIS A LA AUTOHIPNOSIS (el caso de España)
 
Lo que subyace en todo conflicto sociopolítico es el eterno enfrentamiento entre las libertades individuales y las libertades colectivas, entendiendo dicho conflicto como una dialéctica o lucha en la que se ve arrojado el hombre desde que nace. En esta dialéctica entre individuo vs sociedad se abrirán, limitarán o cerrarán las posibilidades a través de las cuales cada individuo pueda, o no, llegar a ser él mismo; es decir, a través de esta lucha se legitimarán las diferentes posibilidades de autorrealización personal. Cuantas más posibilidades permita una sociedad, más cerca estarán los individuos, y por ende el conjunto de la ciudadanía, de poder gozar de un alto grado de libertad.
Nadie debería censurar ni impedir que cada cual crea en lo que desee o necesite creer, siempre que no esté en su ánimo, por supuesto, imponer sus creencias a los demás (como sucede con las conciencias supremacistas islámicas y neocomunistas). Nadie debería prohibir, limitar o censurar lo que se manifieste (se sienta o experiencie) libremente en la conciencia individual de cada persona.

Sin embargo, en España, sin ir más lejos, hay gente que no puede expresar libremente sus ideas, menos aún defenderlas a través de manifestaciones y actos públicos; en España existe una conciencia reprimida que, paradójicamente, es la conciencia española; una razón de ser con trayectoria histórica real que no puede reivindicar "su verdad" porque otras "verdades", que en absoluto son reales, sí han conseguido hipnotizar a fieles creyentes en ideas o conceptos que son todavía modos de pre-ser.

El psicogogo de turno hipnotiza con relativa facilidad al ciudadano "no ilustrado", tan solo haciéndole creer que es víctima de graves injusticias. No importará que tales agravios o injusticias no existan en el presente, pues, para ello, el astuto psicogogo se retrotraerá al pasado y escarbará en las tumbas para desenterrar odios y resentimientos pretéritos para, así, manifestarlos y actualizarlos en las conciencias presentes. Se activa de esta manera una "realidad" que solo pre-existe en la conciencia, pero, a través de la cual, se producirán efectos y cambios en el creyente. Y el creyente, una vez convertido en "buen criminal" (genial Sloterdijk) se erigirá en "noble revolucionario" dispuesto a dar un golpe procesista; dispuesto a partirle la cara a pedradas a un manifestante de VOX. Los "buenos criminales", seguidores de la cosmovisión de una "gran política", serán rebeldes que se enfrentarán a las fuerzas de seguridad del Estado por tal de consumar un referéndum ilegal y, llegado el momento, proclamar una inexistente república o reivindicar la realidad de una nación que nunca existió.
Pero el psicogogo (léase mesías o apóstol, demagogo con conocimientos psicológicos) no tendrá que hipnotizar a las conciencias ilustradas, y tampoco importará, porque éstas, ebrias de cínico sentimentalismo, optarán por la autohipnosis o autoengaño voluntario: ellos, se dirán y se repetirán hasta el hartazgo, son los únicos "buenos y justos". pues España les roba, España les coloniza, los españoles son bestias humanas...

CONCLUSIÓN (cuando la zorra guarda el gallinero)

España, como Occidente, no podrá salvarse de "los buenos criminales", de quienes vulneran la legalidad persiguiendo sus "justas reivindicaciones", porque estos son los herederos del marxismo exterminador; son los hermanos díscolos de la socialdemocracia habermasiana que, aunque censurará los modos de sus "hermanos descontrolados", seguirá compartiendo los postulados hipnóticos del "buen criminal" marxista.

Dice Sloterdijk, de nuevo en "¿Qué sucedió en el SXX?" (libro cuya lectura recomiendo fervientemente):

"El joven Marx, en una nota significativa sobre la esencia de la nueva crítica (de la Modernidad) escribió que esta no quiere rebatir su objeto, sino aniquilarlo. El exterminismo, que es inseparable del modus operandi de los radicalismos beligerantes del SXX, tiene su fuente en las ontologías de conflicto evolutivamente reorientadas, según las cuales la verdad de lo real ha de ponerse en vigor en modo efectivo contra lo todavía existente. Para que el reino de lo real llegue, ha de romperse la hegemonía de lo irreal (léase de las falsas conciencias).

Todo marxista sabe que "para que el reino de lo real llegue" ha de romperse la hegemonía de lo irreal, de lo que es tan solo "aparentemente real" en tanto que injusta y falsa conciencia. Y el reino de lo real solo llegará a través de la revolución exterminadora violenta (radicalismos de Islam y neocomunismo) o como pretende la socialdemocracia actual: llevando a cabo una lenta, progresiva e idealista revolución que permita la fragmentación de las naciones (véase Europa en general y Alemania en particular sobre el golpe en Cataluña) y convierta a Europa en una nueva realidad llamada Eurabia.
Por suerte para nosotros, Gustavo Bueno, como buen marxista, también entendió que para que el reino de lo real llegue (una España unida y libre) hay que combatir sin miramientos a las falsas conciencias que pretenden imponer "sus verdades" por las vías de los hechos consumados y a través de las políticas traidoras del socialismo español (el PSOE de Pedro Sánchez).