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miércoles, 15 de mayo de 2019

EL PENSADOR EN EL CASTILLO ENCANTADO (Peter Sloterdijk)


INTRODUCCIÓN

En su libro “¿Qué sucedió en el SXX?, Peter Sloterdijk nos ofrece una exquisita colección de 12 ensayos, a cual más sabroso y pedagógico. Cada ensayo, en realidad, constituye una imaginativa o creativa tesis que nos deleita y, al tiempo, también nos “hipnotiza”. No deja de sorprenderme la capacidad del filósofo alemán (el más grande de este SXXI) para hacernos pensar y/o descubrir, hermenéutica psicoanalítica mediante, alguna de las múltiples posibilidades interpretativas que nos ofrece la realidad abierta.

INTERPRETES DE SUEÑOS
He elegido el ensayo de “El pensador en el Castillo encantado” porque en él se exponen una serie de tesis que, como intentaré explicar a continuación, me sirven para argumentar y fundamentar una de mis “peregrinas” intuiciones que no sabía muy bien cómo defender.
Desde hace tiempo tengo la “sospecha” (mera intuición) de que todo el movimiento femimarxista (que algunos se obstinan en denominar erróneamente feminazi) se corresponde con una estrategia orquestada desde las sombras (aunque Soros sea muy visible) para lograr la desestabilización de los países europeos, primero, y para destruir a continuación los cimientos de lo que podríamos llamar “razón de ser occidental”.

En el ensayo “El pensador en el castillo encantado” Peter Sloterdijk nos habla de “una triple hermenéutica del sueño” llevada a cabo por tres intérpretes del mundo de lo onírico y la fantasía: Freud, Bloch y Derrida. Estos tres pensadores, desde diferentes ámbitos, pretendieron en su día “explicar” la dinámica y las manifestaciones que conformaban la “conciencia colectiva”.
Yo solo me centraré en el “agudo” análisis que Sloterdijk realiza sobre “La interpretación de los sueños” de Freud, en lo que, en mi opinión, supone una acertada aproximación (no junguiana) para explicar la dinámica de la actual sociedad europea (conciencia colectiva).

TEORÍA DEL DESEO vs TEORÍA DE LA COMPENSACIÓN ILUSORIA
A través de “una segunda interpretación de los sueños”, en la obra “El porvenir de una ilusión” (1927) Freud corrigió su primera teoría de la líbido e intentó explicar el “fenómeno religioso” desde una nueva teoría ilusoria o de la compensación, sosteniendo lo siguiente:

“Las representaciones religiosas proceden de una demanda de defensa y protección, surgiendo de esta demanda la necesidad de crear a un dios de prótesis”. Es decir, la ilusión religiosa creaba la figura de dios como compensación a una carencia humana: la falta de seguridad.
Lo que sostuvo Freud, en lo que Sloterdijk considera una segunda etapa en el desarrollo de la interpretación de los sueños, fue que la líbido del sujeto se fijaba a edad temprana en objetos que le producían satisfacción narcisista, primero en la madre y luego en el padre, permaneciendo ya en este. Pero lo novedoso de la autocorrección freudiana fue que la elección del objeto (como sostenía la primera teoría de la líbido) no se llevaba a cabo por una fijación libidinosa, sino por el deseo del sujeto de conseguir una alianza con una fuerza protectora eficiente (teoría de la compensación).
La fuerza protectora, como señala Freud, ha de ser eficiente (vuelvo a enfatizar en negrita) y por este motivo, una vez el sujeto llega a la figura paterna ya queda “confiado” a la misma para que esta le proporcione seguridad, defensa y protección.

La idea de que el sujeto busca seguridad desde edad temprana, expuesta en esta segunda teoría freudiana de la compensación, la volveremos a encontrar en el fondo de las propuestas que aparecen en “Dialéctica de la Ilustración” de Adorno y Horkheimer (1944) y en “El miedo a la libertad” de Erich Fromm (1947). Dicha idea no solo explicaría el fenómeno religioso (la necesidad de crear un dios protector) sino que, además, daría cuenta del porqué la “conciencia colectiva” o ente social tiende a dejarse arrastrar por propuestas ilusorias de compensación, ya fuere a través de políticas destinadas a dominar y conservar  la naturaleza y al propio hombre (Adorno y Horkheimer) o para erradicar nuestros miedos frente a las incertidumbres de la existencia (Fromm).
LA MADUREZ COMO DIMENSIÓN TIMÓTICA

Los griegos distinguían dos tipos de almas: la psiqué y el thymós. La primera se correspondería con la conciencia de un yo individual en búsqueda de autosatisfacción, mientras que la segunda (Thymós) sería el equivalente a una conciencia responsable que buscaría su “encaje” o integración dentro de un colectivo social, a través del equilibrio y la aceptación de determinados sacrificios (¿servilismos?).
Desde los postulados de la segunda teoría de la compensación, madurar significaría, por lo tanto, tomar conciencia de que el yo individual nunca podrá prescindir de la protección del grupo (comunidad o sociedad) frente a poderes extraños o las incertidumbres de la existencia. Madurar exigirá aceptar esta cruenta verdad.

Por el contrario, el inmaduro será aquel sujeto que siga inmerso en la “neurosis obsesiva” surgida del complejo de Edipo: matar al padre. O, lo que es lo mismo, rechazar la protección más eficiente por tal de buscar refugio en “delirios colectivos” de imposibles sueños de libertad.
CONCLUSIÓN

Sloterdijk acaba su exposición señalando que será está inmadurez inmersa en la neurosis obsesiva, que niega la protección del padre, la que ha abocado a la sociedad occidental actual a un exceso de infantilismo. Occidente se “erotiza”, en palabras de Sloterdijk, buscando un sempiterno placer, facilitando que cada conciencia individual busque tan solo su propia autosatisfacción, olvidándose de la responsabilidad timótica de ser-con y en los demás.
COMENTARIO Y TESIS

La actual sociedad occidental, inmadura e “infantilizada”, se correspondería, perfectamente, con ese individuo-masa seguidor del “pensamiento Alicia” (Gustavo Bueno) que se guía tan solo por la autosatisfacción de sus propios deseos. Es decir, se correspondería con esas “almas bellas”, eternamente inmaduras, que, ilusión mediante, creen, tan ciega como obstinadamente, que es posible “asaltar los cielos” (¡sí se puede, sí se puede!); se correspondería con esos seres de luz que creen en naciones ficticias y en repúblicas que no existen. Pero, sobre todo, la ausencia de “responsabilidad timótica” se manifiesta en esas femimarxistas, eternas adolescentes, que para ser libres sueñan no ya solo con “matar al padre”, sino en casarse con la madre (lesbianismo) creando, para ello, el perfecto matriarcado: un mundo sin hombres (léase sin padres).

Tesis: el movimiento femimarxista es la punta de lanza, o caballo de Troya, a través del cual se pretende acabar con la razón de ser de Occidente.
El hecho de que la conciencia femimarxista siga inmersa en la neurosis obsesiva de “matar al padre”, solo significa, desde los postulados de la teoría freudiana de la compensación, que esta se niega a aceptar la defensa y protección más eficiente que es la que proporciona la sociedad patriarcal a todos sus miembros.

Una Europa desprotegida, bajo las directrices de movimientos femimarxistas (defensores de pensamientos sensibles y pacifismos imposibles) y junto a sus acólitos afines (neocomunistas), será una víctima fácil que no dispondrá de defensas eficaces para salvaguardarse del peligro que supone la intrusión las conciencias enemigas (Islam).

lunes, 17 de diciembre de 2018

Sloterdijk, el hijo díscolo de Habermas (incluida crítica de Fernando López Laso)

 
Quienes hemos sido hijos y familiares de rojos, adoctrinados desde la cuna en la verdad de los "buenos y justos", sabemos muy bien que para romper con los lazos sentimentales con los que nos maniataron y secuestraron los ideólogos de victimismos y revanchismos históricos, solo cabe la VOLUNTAD DE SABER. Para poder librarnos del poder subyugador de seductoras conciencias sensibles solo cabe una férrea, fría y aséptica voluntad que nos inste a conocer la auténtica verdad, por cruda y desgarradora que ésta sea.
Peter Sloterdijk, filósofo alemán, ha realizado el duro y sacrificado recorrido de quienes se han obligado a buscar la VERDAD (con mayúsculas), superando sumisos vasallajes y los sentimentales servilismos que atan a muchos pensadores a trasnochadas ideologías (marxistas).
Nadie como Sloterdijk ha entendido a Heidegger; porque nadie como Sloterdijk se ha obligado a pensar a Heidegger desde Heidegger y no solo "contra Heidegger" (Habermas).
Sloterdijk no solo ha desenmascarado al marxismo como una prepotencia esquizofrénica (ver "Crítica de la razón cínica"); y no solo ha sabido ver que "el comunismo es un banco de odio", sino que ha visto "más allá del bien y del mal" y nos ha mostrado a un Heidegger "hijo de su tiempo", un tiempo en el que fueron muchos los pensadores y las conciencias que soñaron con "buenos y justos" supremacismos utópicos.
Sloterdijk no ha pecado de "hemiplejía moral" (genial Ortega) como sus mayores de la Escuela de Frankfurt (Adorno y Horkheimer) y ha reconocido lo que todavía hoy muchos se niegan a reconocer: tan supremacista fue la ideología marxista como la nacionalsocialista; ambas uniformadoras, totalitarias y negadoras de la sacra libertad individual.
Ninguno de los mayores de Sloterdijk se atrevió a desenmascarar esta cruda verdad. Ni Adorno ni Horkheimer en "Dialéctica de la ilustración", ni Erich Fromm en su magnífica "El miedo a la libertad" se atrevieron a cuestionar la moral de los buenos y justos. Siempre que se buscaba al culpable de cercenar las libertades individuales se señalaba al nacionalsocialismo, pero el prepotente y esquizofrénico marxismo se escapaba de rositas; esa suerte de "pseudofilosofía", como la definió Bertrand Russell, o "pseudomoral eslava" en palabras más acertadas de nuestro Ortega, siempre ha escapado impune al juicio de la historia escudándose en la maldad del nacionalsocialismo. Muchos olvidan, pero, que el comunismo, el genocida y vil comunismo, nació antes que cualquier forma de fascismo. De hecho, los fascismos son hijos bastardos, aunque nacionalistas, del pérfido comunismo. Y el comunismo, por más que les pese a los "buenos y justos", tan solo es la consumación operativa (praxis en la realidad) de la idealista e imposible teoría marxista.
Gracias, Sloterdijk, por obligarte a desnudar la verdad; esa verdad que cándidos humanistas, como papá Habermas, se empeñan en ocultarnos, disfrazándola de "buena y justa" verdad ilustrada.
 
Crítica de Fernando López Laso:
Pues se quedará vd. tan a gusto, D. Herrgoldmundo. Por refrescarle un poco la memoria me limitaré a decir que el Sr. Marcuse, uno de esos hemipléjicos morales que fueron según vd. todos esos judíos que son los mayores de Sloterdijk -según la insultante expresión que empleaba, y que no comparto- pues ese mismo Sr. Marcuse escribió un libro nada desdeñable, que lleva por título 'El marxismo soviético' y es una de las mejores aportaciones a la crítica del estalinismo y del marxismo del Diamat. Como si fuera lo mismo decir socialismo soviético, comunismo político y marxismo. Sin precisar lo suficiente, no cabe abordar estos problemas filosóficos.
 
Réplica a D. Fernando López Laso:
 

EL METAMORFISMO DE LA CONCIENCIA
Acabo de leerme, confieso que precipitadamente, un buen artículo de Fernando López Laso titulado "Metamorfismo de Marx".
No voy a discutirle a un filósofo de la talla de López Laso sus expertos conocimientos sobre Marx y el marxismo. Sí pretendo, pero, defenderme del cortés "ataque" con el que obsequió (en verdad fue un regalo su inteligente aportación) a una reflexión que escribí, prácticamente a vuelapluma, el otro día: "Sloterdijk, el hijo díscolo de Habermas".
Me "afeó" Don Fernando, e hizo bien, que hubiese obviado la crítica de Marcuse al marxismo; también me tiró de las orejillas por haber tildado de "hemipléjicos morales" a la generalidad de los filósofos de la Escuela de Frankfurt. Sin embargo, al recurrir al término acuñado por Ortega (hemiplejía moral) no pretendí insultar ni descalificar a tan brillantes pensadores, sino tan solo señalar lo que, por otra parte, es muy FÁCIL de comprobar: tanto en la obra de Adorno y Horkheimer ("Dialéctica de la Ilustración") como en la de Erich Fromm ("El miedo a la libertad") se critica constantemente, a lo largo de las páginas de dichas obras, la política operativa del nacionalsocialismo y, por ende, a Heidegger, mientras que se muestran mucho más benévolos y condescendientes con la política operativa marxista (comunismo).
Supongo que los pensadores de la Escuela de Frankfurt estaban interesados en legitimar la obra marxista. Nada que objetar, también Fernando López Laso la legitima y reivindica en su artículo "Metamorfismo de Marx". Tampoco nada que objetar.
A mí me parece muy bien que se legitimen y/o recuperen las bondades y verdades que subyacen en el marxismo, sobre todo en lo referente, como bien señala el propio López Laso, a la teoría económica de la plusvalía. El problema de la plusvalía (cómo efectuar un reparto justo de la riqueza) sigue planteándonos, efectivamente, una gran aporía que todavía queda por resolver. Todos estamos de acuerdo con Aristóteles: "no se trata simplemente de vivir, sino de vivir bien".
El problema, como también señala López Laso, es que la dialéctica o dinámica de la historia ha demostrado que la teoría sociológica que subyace en el marxismo, sobre todo la que hace referencia al endiosamiento de una única conciencia auténtica y universal (la proletaria), resulta hoy anácronica y obsoleta. Ya solo los muy ilusos, a fuer de "cándidos humanistas", siguen creyendo posible reinventar un comunismo que sea, al tiempo, operativo y también bueno y justo (véase Podemos). Pero, ¿bueno y justo para quiénes? ¿Para qué clase de personas? ¿Para qué conciencia colectiva?
Bueno, y aquí quería llegar, a la aceptación, espero que compartida por todos, de que la CONCIENCIA MARXISTA no es la única conciencia que lucha en el claro del bosque por tal de legitimarse como la única "buena y justa". En mi opinión, no solo la teoría marxista, como sucede con las rocas metamórficas, ha cambiado de forma según las alteraciones de temperatura y condiciones climáticas (entiéndase según las circunstancias históricas), sino que es la gran conciencia hegeliana la que se reinterpreta, o es puesta "al revés", según las diferentes lecturas, dolores o aburrimientos de cada época. Esto es lo que ha sabido ver Sloterdijk.
Peter Sloterdijk, como nuestros marxistas, también cree que la historia no ha llegado a su fin (tesis de Fukuyama). Pero el "hijo díscolo de Habermas" acepta que la realidad abierta ofrezca muchísimas más posibilidades alternativas a la cansina y constantemente "reinventada" propuesta marxista.
 
 

 

jueves, 10 de mayo de 2018

Política y psicología (autoinmolación o salvación))

Introducción
 
Podría decirse que la política actual, en las civilizadas sociedades occidentales, sigue mostrando el viejo antagonismo entre las corrientes ideológicas más "humanistas" y las más materialistas y/o vitalistas. En realidad, si consideramos las diferentes formas de entender y hacer política, desde una perspectiva más psicológica, y siguiendo las tesis de Erich Fromm en "El miedo a la libertad", también podríamos decir , básicamente, que la ideología política sería el fiel reflejo de dos estereotipos psicológicos: el pesimista vs el optimista. Ambos perfiles pre-condicionarían a los individuos a la hora de confiar sus destinos a unas concretas praxis políticas (maneras de operar en la realidad y resolver conflictos), ya fuere desde concepciones más negativas o más positivas de la libertad.
Según Fromm, Heidegger sería el filósofo "pesimista" por excelencia, pues si el hombre (Dasein) fuese tan solo un "ser-para-la muerte", entonces no habría posibilidad de "salvación" (ver "Sin salvación, tras las huellas de Heidegger", de Sloterdijk). Fromm, como buen psicólogo, intentará convencernos de lo contrario, es decir, de que frente a la asunción de una libertad negativa (Heidegger) será posible defender una libertad positiva llena de posibilidades, que pueda ayudar a los individuos a autorrealizarse y lograr una vida plena con sentido.
Así, la Escuela de Frankfurt, con ilustres pensadores como el citado Fromm, Adorno, Horkheimer y Habermas, se erigirá en defensora de los postulados de la libertad positiva; enarbolando como bandera la defensa de un humanismo ilustrado y optimista, que no dudará en posicionarse junto a ideologías políticas socialdemócratas. Dichas políticas apostarán por resolver los conflictos a través de la comunicación; "tendiendo puentes" y defendiendo la necesidad de articular políticas integradoras y multiculturales.
De hecho, Habermas, gurú de la socialdemocracia europea, dirá: "se hace necesario pensar a Heidegger contra Heidegger". Sí, Habermas reconocerá la incómoda verdad señalada por Heidegger: "en el mismo seno del humanismo anida el germen de su propia autodestrucción". Adorno y Horkheimer en su "Dialéctica de la ilustración" también reconocerán esta grave verdad heideggeriana, y asumirán que el humanismo excesivamente ingenuo, "cándido humanismo" en palabras de Heidegger, corre el riesgo real de consumar su propia autoinmolación por mor de seguir creyendo en una apriorística bondad presente en todos los colectivos y sociedades humanas.
 
CINISMO PRESENTE EN EL CÁNDIDO HUMANISMO SOCIALDEMÓCRATA
 
Decía Sloterdijk, en su magnífica "Crítica de la razón cínica", que siempre hay algo "sospechoso" en todo pensamiento sensible que arremete, por norma, contra todo poder o autoridad establecidos. El sagaz pensador alemán, en mi opinión más psicólogo que filósofo, ha sabido ver, como antes hicieran Adorno y Horkheimer, que la tendencia natural en las conciencias colectivas que desprecian a las prepotencias señoriales de "su época", es la de mutar, más temprano que tarde, en nuevas conciencias cínicas y señoriales.Tal es la mutación que está teniendo lugar en el feminismo primigenio, otrora igualitario y liberal que, a pasos agigantados, está deviniendo una nueva conciencia dogmática, prepotente y señorial.
Pero si "miedo" dan las nuevas conciencias colectivas que, con exceso de celo dogmático, se autoproclaman ser las únicas "buenas y justas", más miedo deberían darnos los últimos caballeros andantes, irredentos idealistas, que todavía se "autoengañan" creyendo posible que el humanismo ilustrado tradicional pueda "salvarnos" del incierto futuro que se nos viene encima.
Me estoy refiriendo al abuelo, todavía vivo, del cándido humanismo europeo: Jürgen Habermas, y a uno de sus discípulos más aventajados: el francés François Jullien.
Resulta harto significativo que sean un alemán y un francés los respectivos padres de dos "ingenuas" propuestas humanistas: "el patriotismo constitucional" y "l´écart". Zapatero y su tontá de la "Alianza de Civilizaciones, boutade típica de nuestras izquierdas indefinidas españolas, no aparecerán más en esta breve reflexión que solo desenmascarará a cínicos de peso, y no a payasos de feria.
Al César lo que es del César. Fue Mikel Arteta (Doctor en filosofía), a través de un lúcido artículo, quien desenmascaró el cinismo que se escondía en la propuesta multicultural del francés Jullien; un cínico que, tras abogar por la construcción de puentes, y relativizar la importancia de las identidades culturales, no dudó en "alertarnos" de que, pese a todo, Europa debería prepararse para lo peor en caso de que fracasara su aperturista y buenista "écart". Es decir, vino a decirnos que sí, que en defensa de los valores propios de una libertad positiva y humanista, debíamos abrir las puertas a ingentes masas de inmigrantes; que debíamos respetar sus tradiciones y sus culturas, pero, pero, pero... (¡ay este tramposo "pero!) si las masas de inmigrantes no acababan de integrarse y, peor aún, pusieran en jaque los principios de nuestro ilustrado humanismo, deberíamos tener preparado "un plan de respuesta defensiva". ¿En serio se puede ser tan cínico?
Pero es el abuelo de todos los cándidos humanistas, el ínclito Habermas, quien, en mi parecer, es el más peligroso vendedor de humo "buenista y talantero". Y es el más peligroso, precisamente, por ser el más ilustrado, es decir, por ser, supuestamente, el más sabio de entre todos los sabios todavía vivos. No cabe duda de que Habermas CONOCE LA VERDAD: dos razones de ser, antagónicas y mutuamente excluyentes, no pueden SER al mismo tiempo en un mismo plano espacio-temporal. Si esto lo supo ver con claridad meridiana nuestro Gustavo Bueno, presupongo que, casi con total seguridad, también lo sabe alguien que en su juventud fue miembro de las juventudes hitlerianas; debe saberlo alquien que, ebrio de complejos y sentimientos de culpa, abrazó al internacionalista marxismo y que, finalmente, en su vejez, está intentando redimirse de sus pecados reconociéndose "patriota alemán". ¡Toma castaña!
Casi, casi pierde la compostura y el "bueno" de Habermas deja caer la máscara del humanista universalista. Pero no, el farsante Habermas, como el hábil titiritero que es, ha sabido seguir justificando su cinismo cobarde, añadiendo, rápidamente, que él entiende que es "patriota" cualquier ciudadano integrado en la sociedad y la cultura alemana. No, mon ami, no. Es cierto que no podemos negarle a ninguna persona que viva en una comunidad su condición de ciudadano, con deberes y obligaciones (condición que, por cierto, se nos ha negado a los catalanes que no somos independentistas). Pero ser ciudadano alemán no implica, necesariamente, ser patriota alemán, como pretende hacernos creer Habermas. De hecho, yo soy ciudadano y patriota español, pero el supremacismo catalanista (regionalismo particularista) pretende negarme la primera condición de ciudadano por "molestarle" que, además, me reivindique español.
Y si el conflicto entre diferentes razones de ser existe entre ciudadanos de la UE, e incluso entre ciudadanos de una misma nación, a pesar de compartir un mismo legado histórico-cultural, ¿cómo será el conflicto futuro entre ciudadanos europeos, que se sienten herederos de la ilustración del civilizado Occidente, y los "NUEVOS" ciudadanos que, lejos de integrarse, se obstinan en IMPONER en nuestras sociedades sus justas y buenas conciencias religiosas (Islam)?

ALTERNATIVAS AL "CÁNDIDO HUMANISMO"

 
En mi opinión, una de las alternativas más sensatas y racionales, para superar el humanismo ingenuo que impera en España, y en toda Europa, la constituye el materialismo filosófico de Gustavo Bueno.
 
 
 
A mí me gusta el materialismo filosófico de Gustavo Bueno y suscribo que es necesario que los Estados apliquen políticas OPERATIVAS alejadas de idealismos y sentimentalismos varios. Sin embargo, antes de que un Estado pueda llegar a ser operativo, primero debe constituirse como tal. Y no solo eso, debe tener muy claro cómo y para qué se obligará a ser OPERATIVO: necesitará JUSTIFICAR una idea (cosmovisión o interpretación del mundo) para materializarla a través de la praxis (consumarla operativamente). Esto lo sabe cualquier marxista que se precie de serlo. Pero tenemos que tener muy claro qué queremos defender: un humanismo débil e ingenuo, que ponga en peligro su propia razón de ser, o un nuevo humanismo racional y operativo que se obligue a la salvaguarda de la razón de ser de la civilización occidental.
Defender un humanismo más racional y operativo es tarea difícil, sobre todo porque en la defensa de dicho humanismo no podemos ni debemos (maldito idealismo kantiano) sacrificar sus principios más sagrados: la defensa de los derechos y libertades de TODOS los ciudadanos.
Además, las nuevas corrientes herederas del cándido humanismo tradicional han mutado en peligrosos y dogmáticos populismos, prestos siempre a dificultar la ya de por sí complicada tarea de combatir conciencias prepotentes, evitando caer, al tiempo, en defensas excesivamente prepotentes. Ganará la conciencia que primero consiga demostrar su condición de víctima.
Los nuevos populismos que inundan la política actual se autolegitiman a través de la creación y divulgación (a través de los mass-media) de postverdades confeccionadas a la medida de sus deseos y voluntades más sentimentales. De nada servirá rebatirlos con argumentos de razón, por lo que se hará necesario desenmascararlos a través de finos análisis psicológicos y entendiendo cómo funciona la dinámica de la conciencia que crea postverdades.
 
MOVIMIENTO DIALÉCTICO DE LA CONCIENCIA
 
¿De dónde surgen las verdades, ideas o "cosmovisiones" que hacen suyas las diferentes ideologías políticas?
Pues surgen, primero, en una conciencia individual que las CREA, las construye o las halla (tanto dará en mi opinión), para, después, transmitirlas (hacerlas verbo y comunicarlas) a una CONCIENCIA COLECTIVA.
Esto significa que, además de la realidad del ex-sistere, en la conciencia también se actualiza y manifiesta una "pre-realidad" o "pre-ser" que, de hecho, ya es un modo de ser. Esto lo explicó muy bien Heidegger, siguiendo la dinámica o dialéctica de la conciencia hegeliana, en su obra "Caminos de bosque".
Pues bien, el pensador Sloterdijk no se limitará tan solo a decirnos lo que ya nos dijera Hegel, primero, y Marx y Heidegger más tarde. A saber: el movimiento dialéctico de la conciencia consiste en una lucha entre una conciencia óntica (que representa al ente en sí misma) y una conciencia pre-ontológica (que busca la relación entre dicho ente y su esencia). El resultado de dicha lucha será la idea, experiencia o ser meditado, como se prefiera.
Esta explicación, a nivel filosófico, resulta interesante para entender CÓMO se crea o se halla una idea; cómo se vivencia algo que es virtual, pero todavía no existe, como un modo de ser (pre-ser si se prefiere) que devendrá posibilidad de ser en la realidad abierta.
Esta es la clave: la conciencia descubre o construye una POSIBILIDAD futura de ser. Así, lo que hizo Marx fue crear una "pre-verdad" teórica, experienciada y vivenciada en su conciencia, y a continuación la verbalizó (teorizó) por tal de justificar dicha posibilidad en la realidad abierta y hacerla operativa.
Ya sabemos CÓMO se crea una "pre-verdad", pero Sloterdijk, más psicólogo que filósofo, como ya señalé, se preguntará también por el PORQUÉ: ¿por qué, en contextos históricos determinados, la conciencia colectiva asume determinadas "pre-verdades" como si, de facto, ya fuesen verdades reales? Y la pregunta no es baladí, porque, si queremos entender los entresijos de la política actual, estamos obligados a entender cuáles son los sentimientos, motivaciones y deseos (pura psicología) que mueven a las masas para, a partir de la creencia en una "pre-verdad", obligarse a vivenciarla de tal modo que ésta devenga "postverdad".
¿Por qué, en determinados contextos históricos, las masas se obligan a creer en una "pre-verdad" o posibilidad de ser todavía no real en el ex-sistere?
Formulado en román paladino: ¿qué insta a un dogmático procesista a creerse (autoengaño consciente mediante) que realmente Cataluña es una nación? ¿Qué mecanismos psicológicos subyacen en la creación de una "pre-verdad", en su difusión y su aceptación para, finalmente, conseguir que dicha "verdad posible" acabe siendo institucionalizada operativamente (sustituyendo, así, a la verdad que le precedió)?
Sloterdijk, siguiendo a Heidegger y valiéndose de la psicología (sobre todo del psicoanálisis) nos explicará que se trata de una AUTOHIPNOSIS CONSCIENTE.

AUTOENGAÑO O AUTOHIPNOSIS CONSCIENTE

Si para entender la política de hoy no nos sirve tanto saber razonar como entender los mecanismos psicológicos (emociones, sentimientos, deseos y voliciones) que actúan como motores o fuerzas capaces de crear "postverdades", debemos obligarnos a averiguar cómo es posible que una persona inteligente y conocedora de la realidad (la verdad) puede llegar a mostrar un desmesurado cinismo por tal de negar dicha realidad y, al tiempo, defender "su postverdad".

Ya hemos visto cómo, a partir del movimiento dialéctico de la conciencia, se actualizaba y manifestaba en la misma un "pre-ser" o "pre-verdad" que, por el hecho de "ser, sin todavía ser", se abría como una posibilidad de "ser-futuro" en el ex-sistere. Pues bien, a través de dicha dinámica dialéctica se crean las utopías, es decir, se gestan los sueños o VOLUNTADES DE SER que, primero, tan solo se manifiestan y actualizan en la conciencia como POSIBILIDADES. Así nació, por ejemplo, la teoría marxista.

¿Qué motiva, pero, la aparición de una utopía o de cualquier voluntad de ser? La motivación primera, en el parecer de Sloterdijk, sería la de "curar el dolor de una época", aplicar una cura al sufrimiento que aparece insoportable y generalizado en determinados momentos de la historia. Quienes descubren esta VERDAD PSICOLÓGICA saben que para "despertar un sueño utópico", y así poder "asaltar el poder" (los cielos, en palabras ebrias de cinismo poético), hay que INSTRUMENTALIZAR el dolor; es decir, hay que gritar alto y fuerte a las masas durmientes que son VÍCTIMAS de graves injusticias (esta verdad la sabe muy bien el populista Pablo Manuel Iglesias). También la supo Marx.

Creer en la utopía (en sueños), por tanto, no es cuestión de demostraciones dialécticas ni científicas (justificaciones racionales ad hoc) sino de una voluntad de creer (como señalara el psicólogo William James). Así, lo primero que debe conseguir el poeta que sueña con "bellas posibilidades de ser" es conformar una conciencia colectiva creyente, porque alguien, a título individual, puede creer en la "posibilidad de ser" de una nación ficticia, pero para que dicha "pre-verdad" tome fuerza y pueda consumarse como realidad en el ex-sistere, necesitará ser aceptada por una conciencia colectiva numerosa dispuesta a hacerla OPERATIVA.

Pensemos, ahora, en la nación catalana, y preguntémonos cómo ha sido posible que dicha "ficción" haya podido ser asumida por la conciencia colectiva del independentismo como real.
Para responder a esta cuestión: ¿cómo es posible que una ficción pase por ser real?, hay que saber, primero, como funciona la conciencia. Ya lo hemos explicado. ¿Pero qué es lo que facilita, en la conciencia, que entre la representación del objeto real (lo que es) y el objeto irreal (lo imaginado), pueda surgir un NUEVO MODO DE SER, que "ya es, pero todavía no es"?

El marxista Ernst Bloch nos responderá cómo "se despierta un sueño" (cómo se crea una utopía), explicándonos que en la conciencia se da una tripolaridad, pues entre la bipolaridad de lo real vs lo irreal actúa una TENDENCIA. Popper la llamó PROPENSIÓN, pero, en mi opinión, el más acertado fue Heidegger al denominar a este nuevo modo ser como un ESTADO DE ÁNIMO DE CONMOCIÓN (ver en su obra "Conceptos fundamentales de la metafísica").

La clave está en la conmoción que se produce en la conciencia cuando ésta descubre, construye o halla, una nueva posibilidad de ser. La conmoción la provoca un estado de ánimo; un estado de ánimo sumido en el dolor y el sufrimiento; un estado de caída que insta a la conciencia a reflexionar y meditar por tal de salvar la angustia que vivencia.

Así, los independentistas que creen en una nación ficticia, y los populistas que creen en una sociedad más justa, antes de poder reivindicarse como víctimas, deben instrumentalizar el dolor colectivo "fabricando artificialmente" estados de ánimo de conmoción. Porque necesitan el dolor y el sufrimiento como motores que generen resentimiento y odio contra las "otras conciencias" (españolistas o fascistas, según ellos).

El verdadero problema surgirá, entonces, cuando no haya una mayoría de independentistas que crean en la nación catalana, o no haya una mayoría de populistas dispuestos a perpetrar peregrinas revoluciones (revolucions dels somriures o revoluciones para asaltar los cielos). Entonces se hará necesario fingir dicho dolor. Pero para fingir, primero hay que ser un buen actor (un actor del método). Hay que resultar creíble.

Para "actuar" convincentemente y resultar creíbles necesitarán toda una amplia gama de estrategías psicológicas (tergiversación de la realidad, ilusión de alternativas, manipulación, adoctrinamiento, victimización...) que les permita "fabricar artificialmente" el sufrimiento cuando NO HAYA UN DOLOR REAL en la sociedad; cuando lo que ya ES en la realidad funcione y, muy a pesar de ellos, no exista el dolor que pretenden sobredimensionar y exagerar

¿Cómo fingir un dolor o un estado de conmoción de tal manera que estos parezcan y, de hecho, puedan pasar por ser REALES? Pues recurriendo al AUTOENGAÑO (voluntad de creer), o lo que Sloterdijk denomina AUTOHIPNOSIS CONSCIENTE.
Se tratará de ejercer de grandes cínicos, y, así, poder proclamar a los cuatro vientos mentiras como "España nos roba", "Cataluña es una nación" o "cataluña es una colonia castellana", pero hay que gritar de tal modo que dichas mentiras puedan ser reconocidas públicamente como "verdades" (postverdades). No importará que en el discurso privado, y con la guardia baja, el cínico se sincere en algún descuido o momento de catarsis.

Son muchas las técnicas y terapias psicológicas que se aplican para lograr que un individuo pueda "llegar a ser quien desee ser" o, en todo caso, para que "logre ser lo que la norma social ya decidió (por él) que tenía que ser". Una de las técnicas más utilizadas consiste, básicamente, en hacer que el individuo adopte un determinado rol de personalidad, el que más le guste. Poco a poco, el individuo tendrá que AUTOMOLDEARSE, es decir, deberá obligarse a pensar y a comportarse según las características propias del rol asumido. El terapeuta le guiará y le orientará, evaluará sus progresos y resolverá sus dudas y la posible aparición de incongruencias o disonancias cognitivas.

Los "juegos de rol" y el psicodrama son técnicas psicológicas que se utilizan para "moldear" personalidades desajustadas, para moldear o crear nuevas "creencias" o maneras de ser. Si nos fijamos, vemos que, tanto Podemos como los independentistas catalanes, están abusando de performances o psicodramas estéticos para provocar "conmoción" en la conciencia colectiva de sus creyentes, creando, así, un "dolor ficticio o teatral". Los podemitas han llegado a besarse públicamente y han amamantado a sus bebés en el Congreso, para hacer operativas en el ex-sistere (la realidad) sus ideas (pre-verdades) que demuestran lo "buenos y justos" que son. Los independentistas representan catárticamente el dolor colectivo encerrándose, por turnos, en falsas prisiones colocadas en la vía pública, colocan lacitos (símbolos) por todas partes, y en las escuelas utilizan a los niños para hacer obras de teatro maniqueas donde los españoles son los malos malosos que subyugan al "inocente" pueblo catalán.

Ahora pensemos qué son realmente nuestras escuelas y cuál es el papel del psicólogo y de la psicología en las mismas, pero también pensemos en el papel de la psicología en los medios de información y, sobre todo, en la política, donde, como acabamos de ver, cada vez importa más hacer sentir (experienciar una pre-verdad) en vez razonar para aceptar la verdad real tal como se nos muestra.

Según Sloterdijk, un sistema educativo es, en realidad, un conjunto de granjas-escuelas destinadas a domesticar y cebar (adoctrinar) al ganado humano. El humanismo, de hecho, es una antropotécnica de domesticación (civilizar es amansar). Todo sistema educativo está constituido por un entramado de granjas-escuela que se sirve de antropotécnicas para socializar, civilizar o domesticar, como se prefiera, al ganado o zoo humano.

Así, el grupo humano que tenga el PODER para diseñar y articular un entramado social formado por un conjunto de granjas-escuelas y antropotécnicas (moldeadoras de la conciencia), también podrá IMPONER SU VERDAD.
Si una civilización, como una nación, no controla e impone las antropotécnicas que son las propias de su razón de ser (herencia histórico-cultural), para formar  a sus ciudadanos, otra forma de poder lo hará, o como decía Gustavo Bueno: "si no nos aferramos a los restos del naufragio de nuestra civilización, otra ocupará su lugar".
Cierto, nuestro humanismo tradicional, a fuer de ingenuo, ha naufragado, pero aún podemos aferrarnos a sus restos para "salvarnos" y, así, evitar que otras verdades sustituyan a las nuestras.
 
 

martes, 13 de diciembre de 2016

El saber y la verdad (parte III)


Introducción.

A partir de lo explicado hasta ahora, podríamos concluir que la verdad del ser es la verdad que halla y/o construye cada individuo para dar sentido a su vida.
Cada individuo construye "su verdad", su es-sentia, reflexionando (pensando) sobre el carácter finito de su existencia; meditando sobre la vida y la muerte. Y lo hace instado por una necesidad de autorrealización y/o salvación personal, creando su propio proyecto vital para dar un significado a su existencia.
Pero al individuo se le presentan dos problemas u obstáculos que dificultarán la búsqueda de "su verdad":
1) Su propia personalidad o perfil psicológico.
2) El ente social.

1) Perfiles psicológicos o clases de personas.

Podríamos considerar dos perfiles psicológicos bien diferenciados: el optimista antropológico vs el pesimista antropológico, que se corresponderían, salvando diferencias, con personalidades predispuestas a la fe y personalidades con una predisposición al escepticismo.

Decía Erich Fromm que podríamos considerar dos tipos de fe para salvar la incertidumbre escéptica:

1) La fe auténtica y genuina que surgiría como expresión de una íntima relación del individuo con el mundo y la humanidad. Sería una fe que afirmaría la vida.

2) La fe que nace de la necesidad de obtener certidumbre frente a la soledad e inseguridad. Sería una fe basada en una actitud negativa hacia la vida.

El escepticismo, a su vez, también podría darse como actitud resignada que asume la falta de sentido en la vida y la existencia, o como cinismo hipócrita que defiende sentidos de vida en los que no cree realmente. Ambos perfiles podrían considerarse como propios de pesimistas antropológicos y, en cierta manera, ya fueron explicados en las reflexiones anteriores de "El saber y la verdad" (partes I y II).

Ahora, pero, me centraré en los dos perfiles psicológicos humanos (optimistas antropológicos) que tienen fe; que creen en una determinada verdad, ya sea religiosa y/o ideológica.
La fe surgida como necesidad de certidumbre, a la que se refiriera Fromm, se me antoja muy similar a la verdad en la que cree la razón pragmática. La razón instrumental no cree en una verdad porque esta le haya sido revelada, sino porque la misma razón la construye (su verdad)  a la medida de sus necesidades. Como ejemplo de esta fe, pragmática e instrumental, podríamos señalar la religión laica del marxismo.
Por lo tanto, tampoco me interesa este tipo de fe o razón pragmática, cuya prepotencia enmascarada ya hace tiempo que fue puesta al desnudo y descubierta como racionalización psicológica (Erich Fromm) y como razón cínica (Peter Sloterdijk).

Para poder salvar a la humanidad (tarea imposible en el parecer del pesimista Heidegger) ya no nos vale la razón cínica que se ha desenmascarado como falsa razón ilustrada. Las vías de salvación del SXX han fracasado. Ni el capitalismo, pero tampoco el comunismo ni la socialdemocracia que intentó buscar el equilibrio entre libertad individual e interés colectivo, han podido salvar a las masas de la angustia ante las inseguridades e incertidumbres vitales que se presentan en el actual SXXI: más crisis, más pobreza, más deterioro medioambiental, más guerras...
Así, la pregunta queda reducida a una única posibilidad (la posibilidad heideggeriana de que solo  un Dios pueda salvarnos):

¿Es todavía posible que la humanidad pueda salvarse a través del desarrollo de una fe genuina y auténtica (humildad ontológica)?
Un pensador lo creyó posible: Xavier Zubiri. Y otro pensador más actual, Peter Sloterdijk, está por la misma labor de hallar vías alternativas para salvar a la humanidad.
Ambas vías, la original vía zubiriana y la creativa o estética vía de Sloterdijk,  parten del supuesto de que la humanidad solo podrá salvarse en la medida en que los individuos, libres y conscientes de serlo, se reconozcan y encuentren su equilibrio (su verdad) en lo otro y con lo otro.

La coexistencia precede a la existencia (Peter Sloterdijk)

El revolucionario Sloterdijk, partiendo de Heidegger, supera el posicionamientos teológico (la esencia precede a la existencia), el humanista (la existencia precede a la esencia), y el del propio Heidegger (la esencia coincide con la existencia) y reformula el conocido problema ontológico de la siguiente manera: La coexistencia precede a la existencia.
Peter Sloterdijk, aunque formado en la Escuela de Frankfurt, no se centrará tanto en la salvación del humanismo a través de la vía política (socialdemocracia), como hace su colega Habermas, sino que apostará por un nuevo poshumanismo; apostará por un nuevo y revolucionario prototipo de hombre más globalizador y menos "humano"; es decir, apostará por un tipo de hombre menos antropocéntrico (humanista), que no se endiose y se enseñoreé del mundo y de la vida que este contiene, sino que se convierta realmente en su pastor. Un pastor del ser, no solo de los demás hombres, sino también de los animales portadores de derechos e incluso de las máquinas, entendidas estas como creaciones humanas con derechos propios.
La propuesta de Sloterdijk es profundamente transgresora, y quizás imposible de ser llevada a la práctica, pero no cabe duda de que en la misma subyacen dos ideas claves:

1) El hombre no es el dueño, sino el pastor del ser.
2) En tanto que pastor, el hombre debe reconocer su coexistencia en y con lo otro y con los demás.

Lo que intentará demostrar Sloterdik es que el hombre nunca es uno, ni nunca es un ser-en sí que esté solo. Siempre, en el parecer de Sloterdijk, el hombre está en comunión con "el otro", incluso ya en la placenta, antes de nacer, sostiene Sloterdijk que el pre-ser ya se está relacionando con su entorno placentario, y a través de los vínculos con la madre-placenta comienza a desarrollar su yo-en-y-con el otro.
El vínculo entre el ser-en sí del individuo con "el otro" pasará de ser dual (vínculo  materno) a ser múltiple (vínculo social) tras su nacimiento.
Y es en este punto, que concierne al momento de nacer, donde Sloterdijk muestra semejanzas con la propuesta zubiriana. Ambos pensadores corregirán la aseveración de Heidegger: El hombre es arrojado desnudo al mundo, y sostendrán que el hombre nace religado al mundo (Zubiri) y que el hombre ya nace vinculado al mundo (Sloterdijk).

Se me antoja, por tanto, que el concepto de coexistencia o de ser-en sí vinculado en y con lo otro de Slotedijk es muy parecido al concepto de religación de Zubiri.

El hombre nace religado a la realidad (mundo).

Decía en el comentario correspondiente a "El hombre y Dios" de Zubiri:
Según Zubiri, el hombre se hace (a sí mismo) a través de acciones; siendo agente, actor y autor de dichas acciones, y estando en la realidad, construyendo su realidad personal relativamente absoluta. Y ese hacerse, estando en la realidad, se produce por el poder de lo real que impele al hombre a ello.
El poder de lo real es fundamento último del hombre que le impele a la religación, le liga a la realidad para llegar a ser él mismo.
La religación no es solo manifestativa (ser) y experiencial (posibilidades de ser), sino también enigmática. La relación (religación) entre el hombre y la realidad es enigmática porque lo que se manifiesta tiene modos de significar que nos obligan a adoptar una forma de realidad, porque lo que aprehendemos es real, pero no la realidad. Este es el problema de la realidad: ser un más que en ella misma.
Y como el hombre no puede aprehender la realidad, sino significados de la misma, se muestra inquieto y preocupado e, instado por su conciencia y la volición de verdad real, se obliga a buscar el fundamento de su relativo ser absoluto.
La búsqueda del fundamento de su relativo ser absoluto (ser-en sí), impele al hombre a resolver el problema de la realidad-fundamento. Así, el problema de la realidad-fundamento es el problema de Dios y podemos concluir que el problema de Dios es constitutivo de la persona.

Tanto Sloterdijk como Zubiri enfantizan, como hiciera Erich Fromm, en la necesidad de que el hombre, su ser-en sí, esté vinculado, religado o en equilibrio con el ser-en y ser-con el otro: mundo, vida y sociedad.
Ya hemos visto que dependiendo de la clase de persona que seamos optaremos por la resignación pesimista (no hay sentido) o por el optimismo creador (estamos impelidos o vinculados al mundo de tal manera que, inevitablemente, somos seres con sentido).
Ahora bien, si aceptamos que el ser humano es "algo" más que un ente y que, por lo tanto, su ser-en sí también es un ser-en-y-con lo otro, estamos obligados a dotarnos de esencia construyéndola, a través del ejercicio de nuestra propia libertad.
Cuando un individuo cualquiera construye o halla "su sentido", de hecho está dotándose de "su verdad": la verdad de su ser.
¿Pero qué ocurre si un individuo, haciendo uso de su libertad individual, no tiene posibilidad alguna de autoafirmarse o autorrealizarse, a través de "su verdad", en la Verdad normativizada e institucionalizada del ente social?

2) El ente social.


El ente social también es un ser-en sí mismo, solo que colectivo en vez de individual. De hecho, lo que pretendió señalar Heidegger, al referirse al Dasein histórico, es que el Dasein individual siempre es de suyo, y desde el momento de nacer, historia y memoria colectiva.
Ningún hombre, por libre que se pretenda, es tan solo un ser-en sí puro y genuino, sino que es la suma de todo el logos histórico-cultural y filogenético de su especie y del grupo social en el que se encuentra inmerso desde el momento de nacer. El hombre está condicionado, al tiempo, por una determinada herencia biogenética y por unas concretas antropotécnicas (reglas y normas sociales).
El ente social, por tanto, también posee su VERDAD; una única verdad y/o razón de ser que hace posible que pueda autoconservarse a través del dominio de la naturaleza, y ejerciendo el dominio y la coacción sobre todos los miembros del grupo social.

La verdad colectiva del ente social podrá coincidir, o no, con la verdad particular de cada individuo, o dicho de otra manera: dependiendo de la clase de persona que seamos nos encontraremos más cómodos y/o adaptados en una determinada clase de sistema social.
Cuanto más represor sea un sistema de las libertades individuales, más exigente se mostrará en reconocer y aceptar como verdadera una única clase de personas; es decir, una única CONCIENCIA VERDADERA.
Lo ideal (utópico) sería que la conciencia verdadera de un ente social estuviera refrendada, asumida y aceptada, por una única clase de hombres que hiciera suya la conciencia del ente colectivo.
Pero ni en la realidad, ni en los más conocidos relatos utópicos ("1984", "Un mundo feliz"), se da una perfecta simbiosis o equilibrio entre las diferentes libertades individuales (portadoras de sus verdades particulares) y el ente social (portador de una verdad colectiva).

Siempre, en todo ente social, hay disidentes; individuos que no sienten como propia la verdad colectiva.
¿Qué hacer con los disidentes? ¿Se les tolera, se les "reeduca" o se les extermina directamente?
Actualmente, la mayoría de los entes sociales o Dasein históricos, han corregido los excesos prepotentes y despóticos del pasado mostrándose más tolerantes con las libertades individuales de sus miembros.
Pero la humanidad, el humanismo, sigue en grave peligro, pues todavía quedan suprematismos ideológicos y religiosos dispuestos a imponer a sangre y fuego sus respectivas conciencias verdaderas. El neocomunismo, que pervive en países como Corea del Norte, y el Islam, en su versión más dogmática y beligerante, siguen empeñados en imponer sus respectivas verdades particulares como únicas y absolutas verdades universales.
¿Qué hacemos ante la amenaza que suponen las disidencias de dichos suprematismos que no aceptan como suya la verdad del Dasein histórico, más civilizado y humanista, que ha logrado imponerse a lo largo y ancho del mundo?

De la respuesta que demos a esta pregunta dependerá el futuro del humanismo y, por tanto, el de la civilización tal y como la entendemos; de la respuesta que demos dependerá qué verdad o conciencia auténtica se arrogará el derecho de haber hallado o construido la verdad del ser (sentido) para poder guiar, domar y domesticar (civilizar) a todo el conjunto del parque humano.


miércoles, 7 de diciembre de 2016

El saber y la verdad (parte II)


La paradoja del humanismo


La primera parte de "El saber y la verdad" concluyó con el brillante descubrimiento de Heidegger que dejaba al descubierto las "vergüenzas" del humanismo, al cabo un supremacismo más que se erigía a sí mismo, cual soberbio diosecillo, en "bueno y justo"; un antropocentrismo humano, demasiado humano, que se autoproclamaba como la única conciencia verdadera capaz de civilizar (domar y domesticar) al hombre para, así, alejarle de la barbarie de la naturaleza. Nada tuvo de extraño, por tanto, que el marxismo, aspirante a ocupar el hueco vacante dejado por Dios, recogiera el desfallecido y decadente humanismo judeocristiano y lo hiciera suyo. Para ser "buenos y justos" había que seguir siendo "humanistas".

Como ya señalé, la II Guerra Mundial supuso un "antes y un después" que hizo que Heidegger se cuestionara las bondades apriorísticas que se le suponían a todas aquellas ideologías que, a fuer de "humanistas", pretendían legitimarse como necesaria e inevitablemente "buenas y justas".
Todo el mundo señaló y condenó el retorno del nacionalsocialismo hacia la naturaleza más embrutecedora, incivilizada y exenta de humanismo, como una vuelta a la barbarie. Pero el mundo miró hacia otro lado cuando los justos y buenos humanistas mostraron la misma barbarie que los propios nazis. 
Las fuerzas aliadas masacraron a las poblaciones civiles de Hiroshima y Nagasaki con el lanzamiento de dos bombas atómicas. Y el otrora bienintencionado marxismo mutó en pérfido comunismo genocida (la URSS de Stalin, la China de Mao y la Camboya de Pol Pot dieron fe de ello).

¿Qué estaba pasando? ¿Quiénes eran los "buenos" y quiénes los malos?
Heidegger, en "Cartas sobre el humanismo", ponía el dedo en la llaga: todo humanismo se convierte en esencia de sí mismo; es decir, tiende a autolegitimarse como el más bueno y justo. Y cuando el hombre se endiosa y se cree en posesión de la verdad (la absoluta y eterna verdad universal) no duda en hacer lo que sea necesario para defenderla e imponerla. Así se condujo el nacionalsocialismo, pero también las humanistas sociedades liberales-capitalistas y los comunistas herederos del humanista marxismo.

La Escuela de Frankfurt, con pensadores como Adorno, Horkheimer y Erich Fromm a la cabeza, lejos de "mirar hacia otro lado", no obviaron las observaciones de Heidegger. De hecho, Habermas, también distinguido filósofo de la misma escuela de tradición marxista, aceptó que "era necesario pensar a Heidegger contra Heidegger".
Así, los pensadores de la Escuela de Frankfurt descubrieron la paradoja inherente al humanismo:

El humanismo, pretendiendo liberar al hombre, no puede evitar, al tiempo, ejercer el dominio sobre el mismo.

Civilizando a Heidegger


Cuentan que Horkheimer, coautor junto a Adorno de "Dialéctica de la ilustración", estuvo tentado de no hacer públicas sus conclusiones al respecto de cómo se había conducido la razón ilustrada a lo largo de la historia.
Horkheimer había llegado a la misma conclusión que Heidegger: en la esencia del humanismo se hallaba el germen de su propia autodestrucción.
Reconocer la verdad señalada por Heidegger suponía cuestionar las "bondades" apriorísticas de la última razón ilustrada que se había erigido como única conciencia verdadera a finales del SXX: el humanismo marxista.
La Escuela de Frankfurt, de clara tradición marxista y con pensadores como los ya mencionados Horkheimer y Adorno, y junto a otros de gran relevancia, como Marcuse o Fromm, se encontró frente a una difícil encrucijada: o hacían públicos los ensayos que demostraban que toda ideología liberadora (como la marxista) era al tiempo dominadora, o los ocultaban por tal de no alimentar a los ideólogos liberal-conservadores contrarios al marxismo.
Finalmente, Theodor Adorno, compañero de Horkheimer, impuso su postura de que era necesario "tirar de la manta" y hacer pública la verdad.
¿Y cuál era la verdad?
La verdad era que toda ideología liberadora que luchaba contra una prepotencia señorial represora acababa convirtiéndose ella misma en cínica prepotencia dominadora; la verdad era que la libertad individual siempre era sacrificada y reprimida en cualquier sistema social en aras de garantizar la seguridad y el bien común. La dolorosa verdad que enfrentaron Horkheimer y Adorno fue que, si bien fue cierto que el Capitalismo explotó y convirtió a los seres humanos en medios sacrificables, privándoles de su dignidad y libertad individual, no fue menos cierto que el marxismo, en su lectura más comunista, hizo lo mismo: reprimió, cuando no anuló, las libertades individuales en aras de lograr fines últimos colectivos.

Sí, Heidegger tenía razón, pero era necesario "civilizarlo", es decir, era necesario salvar al humanismo de la barbarie del nacionalsocialismo, pero también del comunismo. Era necesaria una tercera vía que permitiera salvar al humanismo de su propia autodestrucción; era necesario preservar y defender la dignidad y las libertades individuales frente a los diferentes despotismos, tanto de las izquierdas como de las derechas.
Hasta entonces, solo se contemplaban dos vías para seguir domando y domesticando al ser humano, para mantenerlo sumiso y civilizado al cabo: la correspondiente a la razón cínica que sabía la verdad demostrada por Heidegger (corroborada después por Adorno y Horkheimer) y la vía pesimista del propio Heidegger: "ya solo un Dios podría salvar a la humanidad".
Frente a la vía pesimista y resignada de Heidegger, los cínicos seguían apostando por mostrar, ante las masas, un falso optimismo antropológico; es decir, sabedores de que no había solución y de que solo era cuestión de tiempo que la humanidad se autodestruyera a sí misma, se dedicaban a ganar tiempo y a no enfrentar los graves problemas, dejando que el devenir de la historia siguiera su curso.

Los ingenuos optimistas antropológicos


Si los falsos optimistas antropológicos, que no creían realmente posible salvar al humanismo, pecaban de hipócrita cinismo, podríamos decir que las terceras vías abiertas por los optimistas, pecaron de ingenuidad, o como dijera Heidegger, pecaron por mostrar un humanismo excesivamente cándido.

Los primeros en ponerse "manos a la obra", para salvar al humanismo de su propia autoinmolación, fueron Adorno y Horkheimer, que se vieron obligados a reinterpretar y corregir la teoría marxista, autocrítica mediante, por tal de actualizarla a la nueva verdad aceptada: todo humanismo (antropotécnica civilizadora) es al tiempo liberador y dominador. Se trataba, por tanto, de corregir lo que de despótico pudiera haber en el marxismo, para, así, poder seguir postulándolo como posibilidad de salvación del ser humano.
La idea general que subyacía en los defensores del optimismo antropológico era que sería posible equilibrar las libertades individuales con los intereses sociales.
Así, Erich Fromm desarrollaría su tesis de la libertad positiva en sociedad; una libertad individual que le permitiría al sujeto su autorrealización personal, pero integrado y formando parte del conjunto de la sociedad, evitando, así, sentimientos de alienación.
Habermas, por su parte, ofrecerá su propuesta de una teoría de la acción comunicativa, la cual defenderá hacer cambios sociales a través del entendimiento entre individuos, y no mediante la lucha de clases marxista.
En definitiva, se trató de civilizar a Heidegger a través de la corrección y reinterpretación del marxismo (cuyo dogmatismo marxista-leninista provocó al respuesta nacionalsocialista). De hecho, la mayoría de los pensadores de la escuela de Frankfurt se distanciaron claramente del comunismo, pero apostando por una socialdemocracia que habría de lograr, al tiempo, la conciliación y el equilibrio entre libertad individual e interés social.

Además de las terceras vías políticas que supusieron las alternativas socialdemócratas de los pensadores de la Escuela de Frankfurt, consideraremos las posibilidades ofrecidas por otras vías más místico-espirituales (Zubiri) y/o estético-creativas (Sloterdijk), las cuales también tendrán como finalidad última salvar al humanismo.
Todas las terceras vías, tanto las políticas como las místico-espirituales o estéticas, tendrán como objetivo último conciliar el ser-en sí individual con el ser-en lo otro y/o el ser-con el otro.
Habrá, por tanto, tantas verdades como vías o caminos de salvación se postulen.

Continuará.