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domingo, 1 de septiembre de 2019

LA MORAL DEL LADRÓN (¡exprópiese!)


INTRODUCCIÓN

Desde que Mario Bunge se despachara con un ad hominem tildando a Heidegger de “esquizofrénico”, pero, sobre todo, tras la póstuma publicación de los “Cuadernos negros” del pensador alemán, no han faltado críticos a la obra del autor de "Ser y tiempo", desde los ínclitos Farías o papá Habermas hasta nuestro Gustavo Bueno.
¿Qué es eso del ser?, se preguntan los filósofos materialistas choteándose de la inutilidad de formularse tal pregunta. Y, sin embargo, la pregunta encierra en sí misma, aunque no pueda ser respondida, otras cuestiones que sí urge responder: ¿por qué y para qué somos? ¡Casi ná!
Solo por instarnos a formular tales preguntas, Heidegger, en mi opinión, es un pensador de una vital importancia, ya que fue el primero en desenmascarar la prepotencia inherente al marxismo, entendido éste como “humanismo”.
Más tarde, Adorno y Horkheimer, en “Dialéctica de la ilustración”, también dejarían al desnudo la prepotencia inherente a toda conciencia que se erige en ÚNICA e indiscutible POSIBILIDAD de ser verdadera.

LA CLEPTOCRACIA COMUNISTA

Peter Sloterdijk (sí, lo sé, me repito más que el ajo) ha definido al comunismo como “un banco de odio”, como una ideología experta en invertir y sacar rédito del odio y el resentimiento; también lo ha definido como la ideología que “legitima el crimen”, por supuesto, el crimen cometido por los “buenos y justos”. Siguiendo esta singular línea de pensamiento, sin duda políticamente incorrecta, Sloterdijk concluyó que el comunismo fue el padre de lo que él denomina “cleptocracia estatal”, es decir, la legitimación (legal) del robo a los ciudadanos a través de los impuestos.
Nada podemos hacer ante la imposición, institucionalmente legalizada, de este robo o expolio al esfuerzo y trabajo de los ciudadanos, ¿pero y si el robo, aceptado por todos los marxistas y neomarxistas, llegara a legitimarse (justificarse) de forma ilegal? Pues entonces estaríamos ante un caso de corrupción como el de los EREs de Andalucía. Ni más ni menos.

LA ESENCIA DEL SER ESTÁ EN LA HISTORIA
Para quienes conozcan la historia, y también la intrahistoria, como diría Unamuno, no debería ser difícil llegar a la conclusión lógico-matemática de que 2+2 siempre suman 4. Sin embargo, Orwell, en su “1984”, ya nos alertó sobre cómo algunas conciencias prepotentes podían, incluso, llegar a crear una “neolingua” capaz de negar que 2+2 fuesen 4. ¿Surrealismo? Pues no, tan solo comunismo. A través del lenguaje (ya dijo Heidegger que el lenguaje era la casa del ser) se construye la verdad conforme a los sentimientos y voluntades de una determinada conciencia.

Y aquí quería llegar, a la estrecha e indisoluble comunión existente entre lenguaje, verdad y ser. Porque la verdad solo puede ser, es decir, solo puede imponerse institucionalmente si, primero, se hace verbo, saliendo de la caverna de la conciencia para manifestarse (consumarse) orgullosa en la realidad abierta.
El comunismo lo tuvo fácil para imponer su verdad, en parte porque hizo suyo el verbo marxista (teoría), pero también porque supo aprovechar el dolor de una época. De hecho, el comunismo (ahora con disfraces populistas) siempre renace de sus cenizas, cual ave Fénix, cuando el dolor que provocan las crisis más graves llega ser sentido por amplios sectores de la población.
La historia nos demuestra que, cuando el dolor se generaliza entre las masas, resulta fácil legitimar cualquier tipo de delincuencia, desde una sangrienta revolución y asesinatos selectivos (o indiscriminados) hasta el robo más descarado de las propiedades ajenas. Veamos, al respecto, la historia más reciente de España a partir de nuestra cruenta y fratricida Guerra Civil.

EL ROBO LEGITIMADO INSTITUCIONALMENTE
La palabra expropiación es, sin duda, un eufemismo de “robo”; es un concepto fabricado por la neolingua de los “buenos y justos”, siempre prestos a legitimar sus bárbaras acciones. Porque de la misma manera que no podía existir el crimen en el paraíso comunista, o no existe “la guerra” para nuestros progres, sino “las misiones de paz”; de esta misma manera, decía, tampoco existieron los “campos de exterminio” en la maravillosa URSS, sino “campos de reeducación”. Los gulags, aquellas acogedoras casas de campo dedicadas a la formación del espíritu nacional-bolchevique se concibieron a imagen y semejanza de aquellos inaccesibles balnearios donde solo la alta burguesía podía curarse “los dolores del alma”.
¿Y existió el robo de los EREs, el mayor fraude institucionalizado en la historia de España? No existió, porque lo que no se verbaliza (airea en los medios de comunicación) no puede alcanzar el estatus de verdad. Los EREs son tan solo un murmullo, un secreto a voces, pero sobre todo constituyen una fechoría sobre la que muchos, demasiados, prefieren echar toneladas de tierra... y cal viva, para evitar el mal olor.

Pero volvamos a nuestra historia.
Antes de que se produjera el glorioso Alzamiento Nacional, España había sido tomada al asalto, como si de un cielo se tratara, por los poetas de la destrucción. En el nombre de “nobles” causas y de justos fines los "buenos y justos" asesinaron, violaron y vejaron, torturaron y, por supuesto, robaron. Perdón, quise decir “expropiaron”.

LA MORAL DEL LADRÓN
Fue entonces, en los albores de nuestra GC, cuando nació en España, con orgullosa soberbia, la moral del ladrón (léase moral comunista) que se jactaba de serlo. Había que “expropiar” al que más tenía, porque lo justo era “repartir” la riqueza. Y lo mismo se expropiaba de sus tierras a un gran terrateniente que a un pequeño propietario que malvivía trabajando un pedazo de tierra con el sudor de toda la familia (daños colaterales, nada importante). Es lo que tenía el “crimen legítimo”, que no tenía por qué rendir cuentas ante nadie, siempre, por supuesto, que se cometiera en aras de conseguir loables fines últimos.

Esta “moral del ladrón”, que curiosamente en España se relaciona estrechamente con el PP (pobres infelices acomplejados), anida, en realidad, en el seno de todo rojo que se precie de serlo. La he visto demasiadas veces en mi propia familia y en conocidos muy rojeras. Les gusta a los descamisados legitimar sus hurtos, por ejemplo, cuando roban en grandes superficies comerciales. Total, ante tanta abundancia nadie repara en la falta de algunos productos irrelevantes. Lo mismo sucede en algunas empresas, donde los trabajadores suelen robar material o herramientas, alegando que la empresa es grande y está sobrada. Así somos.
CONCLUSIÓN

Pues bien, amigos, esta moral del ladrón, tan intrínsecamente unida a la moral marxista-comunista, es la que legitimó y permitió el robo de los EREs andaluces. Esta moral perversa de “quitar”, por principio "moral", al que más tiene, le permitió a toda una ministra (Carmen Calvo) decir que “el dinero público no era de nadie”. Por esta misma razón, el robo de los EREs no solo se legitimó, sino que, además, se ocultó, porque, hoy, como ayer, “no puede haber crimen en el paraíso socialista”. Y de descubrirse, ¡qué cojones!, no cabrá ninguna duda de que se hizo por el bien común, para repartir riqueza entre los ciudadanos. Pura justicia social.
Así es como el mayor robo o “expolio” a los bolsillos de los ciudadanos españoles (mayor que la Gurtel , el caso Malaya y los corruptos Pujol todos juntos) se ha perpetrado, con total descaro e impunidad, porque sí, porque ellos lo valen, porque ellos son “los buenos y justos criminales”.

 

miércoles, 15 de mayo de 2019

EL PENSADOR EN EL CASTILLO ENCANTADO (Peter Sloterdijk)


INTRODUCCIÓN

En su libro “¿Qué sucedió en el SXX?, Peter Sloterdijk nos ofrece una exquisita colección de 12 ensayos, a cual más sabroso y pedagógico. Cada ensayo, en realidad, constituye una imaginativa o creativa tesis que nos deleita y, al tiempo, también nos “hipnotiza”. No deja de sorprenderme la capacidad del filósofo alemán (el más grande de este SXXI) para hacernos pensar y/o descubrir, hermenéutica psicoanalítica mediante, alguna de las múltiples posibilidades interpretativas que nos ofrece la realidad abierta.

INTERPRETES DE SUEÑOS
He elegido el ensayo de “El pensador en el Castillo encantado” porque en él se exponen una serie de tesis que, como intentaré explicar a continuación, me sirven para argumentar y fundamentar una de mis “peregrinas” intuiciones que no sabía muy bien cómo defender.
Desde hace tiempo tengo la “sospecha” (mera intuición) de que todo el movimiento femimarxista (que algunos se obstinan en denominar erróneamente feminazi) se corresponde con una estrategia orquestada desde las sombras (aunque Soros sea muy visible) para lograr la desestabilización de los países europeos, primero, y para destruir a continuación los cimientos de lo que podríamos llamar “razón de ser occidental”.

En el ensayo “El pensador en el castillo encantado” Peter Sloterdijk nos habla de “una triple hermenéutica del sueño” llevada a cabo por tres intérpretes del mundo de lo onírico y la fantasía: Freud, Bloch y Derrida. Estos tres pensadores, desde diferentes ámbitos, pretendieron en su día “explicar” la dinámica y las manifestaciones que conformaban la “conciencia colectiva”.
Yo solo me centraré en el “agudo” análisis que Sloterdijk realiza sobre “La interpretación de los sueños” de Freud, en lo que, en mi opinión, supone una acertada aproximación (no junguiana) para explicar la dinámica de la actual sociedad europea (conciencia colectiva).

TEORÍA DEL DESEO vs TEORÍA DE LA COMPENSACIÓN ILUSORIA
A través de “una segunda interpretación de los sueños”, en la obra “El porvenir de una ilusión” (1927) Freud corrigió su primera teoría de la líbido e intentó explicar el “fenómeno religioso” desde una nueva teoría ilusoria o de la compensación, sosteniendo lo siguiente:

“Las representaciones religiosas proceden de una demanda de defensa y protección, surgiendo de esta demanda la necesidad de crear a un dios de prótesis”. Es decir, la ilusión religiosa creaba la figura de dios como compensación a una carencia humana: la falta de seguridad.
Lo que sostuvo Freud, en lo que Sloterdijk considera una segunda etapa en el desarrollo de la interpretación de los sueños, fue que la líbido del sujeto se fijaba a edad temprana en objetos que le producían satisfacción narcisista, primero en la madre y luego en el padre, permaneciendo ya en este. Pero lo novedoso de la autocorrección freudiana fue que la elección del objeto (como sostenía la primera teoría de la líbido) no se llevaba a cabo por una fijación libidinosa, sino por el deseo del sujeto de conseguir una alianza con una fuerza protectora eficiente (teoría de la compensación).
La fuerza protectora, como señala Freud, ha de ser eficiente (vuelvo a enfatizar en negrita) y por este motivo, una vez el sujeto llega a la figura paterna ya queda “confiado” a la misma para que esta le proporcione seguridad, defensa y protección.

La idea de que el sujeto busca seguridad desde edad temprana, expuesta en esta segunda teoría freudiana de la compensación, la volveremos a encontrar en el fondo de las propuestas que aparecen en “Dialéctica de la Ilustración” de Adorno y Horkheimer (1944) y en “El miedo a la libertad” de Erich Fromm (1947). Dicha idea no solo explicaría el fenómeno religioso (la necesidad de crear un dios protector) sino que, además, daría cuenta del porqué la “conciencia colectiva” o ente social tiende a dejarse arrastrar por propuestas ilusorias de compensación, ya fuere a través de políticas destinadas a dominar y conservar  la naturaleza y al propio hombre (Adorno y Horkheimer) o para erradicar nuestros miedos frente a las incertidumbres de la existencia (Fromm).
LA MADUREZ COMO DIMENSIÓN TIMÓTICA

Los griegos distinguían dos tipos de almas: la psiqué y el thymós. La primera se correspondería con la conciencia de un yo individual en búsqueda de autosatisfacción, mientras que la segunda (Thymós) sería el equivalente a una conciencia responsable que buscaría su “encaje” o integración dentro de un colectivo social, a través del equilibrio y la aceptación de determinados sacrificios (¿servilismos?).
Desde los postulados de la segunda teoría de la compensación, madurar significaría, por lo tanto, tomar conciencia de que el yo individual nunca podrá prescindir de la protección del grupo (comunidad o sociedad) frente a poderes extraños o las incertidumbres de la existencia. Madurar exigirá aceptar esta cruenta verdad.

Por el contrario, el inmaduro será aquel sujeto que siga inmerso en la “neurosis obsesiva” surgida del complejo de Edipo: matar al padre. O, lo que es lo mismo, rechazar la protección más eficiente por tal de buscar refugio en “delirios colectivos” de imposibles sueños de libertad.
CONCLUSIÓN

Sloterdijk acaba su exposición señalando que será está inmadurez inmersa en la neurosis obsesiva, que niega la protección del padre, la que ha abocado a la sociedad occidental actual a un exceso de infantilismo. Occidente se “erotiza”, en palabras de Sloterdijk, buscando un sempiterno placer, facilitando que cada conciencia individual busque tan solo su propia autosatisfacción, olvidándose de la responsabilidad timótica de ser-con y en los demás.
COMENTARIO Y TESIS

La actual sociedad occidental, inmadura e “infantilizada”, se correspondería, perfectamente, con ese individuo-masa seguidor del “pensamiento Alicia” (Gustavo Bueno) que se guía tan solo por la autosatisfacción de sus propios deseos. Es decir, se correspondería con esas “almas bellas”, eternamente inmaduras, que, ilusión mediante, creen, tan ciega como obstinadamente, que es posible “asaltar los cielos” (¡sí se puede, sí se puede!); se correspondería con esos seres de luz que creen en naciones ficticias y en repúblicas que no existen. Pero, sobre todo, la ausencia de “responsabilidad timótica” se manifiesta en esas femimarxistas, eternas adolescentes, que para ser libres sueñan no ya solo con “matar al padre”, sino en casarse con la madre (lesbianismo) creando, para ello, el perfecto matriarcado: un mundo sin hombres (léase sin padres).

Tesis: el movimiento femimarxista es la punta de lanza, o caballo de Troya, a través del cual se pretende acabar con la razón de ser de Occidente.
El hecho de que la conciencia femimarxista siga inmersa en la neurosis obsesiva de “matar al padre”, solo significa, desde los postulados de la teoría freudiana de la compensación, que esta se niega a aceptar la defensa y protección más eficiente que es la que proporciona la sociedad patriarcal a todos sus miembros.

Una Europa desprotegida, bajo las directrices de movimientos femimarxistas (defensores de pensamientos sensibles y pacifismos imposibles) y junto a sus acólitos afines (neocomunistas), será una víctima fácil que no dispondrá de defensas eficaces para salvaguardarse del peligro que supone la intrusión las conciencias enemigas (Islam).

lunes, 6 de mayo de 2019

"JUEGO DE TRONOS" Y "LA CASA DE PAPEL" (Maquiavelo vs Adorno)


INTRODUCCIÓN

Me sorprendió en su día la “frikada” de Pablo Iglesias, mostrándose desnudo ante sus acólitos como un ferviente seguidor de “Juego de Tronos” (a partir de ahora GOT). Pero más me sorprendió que alguna amistad virtual loara el tercer capítulo de GOT, considerándolo una obra maestra de la estética.
El caso, y es a lo que voy, es que no pensaba ver la última temporada de GOT. Yo ya estaba hasta “els dallonses” de GOT, un pestiño de serie, aburrido y sinsorgo, que me obligaba a ver, cual si de un imperativo de deber se tratara, tan solo para comprobar si de una puñetera vez todas las tramas de la susodicha serie llegaban a una liberadora síntesis hegeliana.

Deber obliga, me dije, y en unos pocos días me tragué los tres primeros capítulos de la última temporada de GOT, hasta llegar a la “supuesta” obra maestra de la estética… y la política (el capítulo tercero).

JUEGO DE TRONOS
GOT, desde luego, es una serie para ajedrecistas; para amantes de antiguas estrategias “maquiavélicas”, para líderes que quieren asaltar los cielos y para plumas ilustradas que creen que la política de hoy puede “desprenderse” del espíritu de los tiempos. GOT gusta mucho entre quienes todavía creen, erróneamente, que las tácticas de la gran política (política con altura de miras) es la que determina la realidad fáctica.

Pues no, no es así, señores ilustrados. Como ya le señalé en su día a un defensor del “constitucionalismo patriótico”: no se trata de estudiar y analizar la realidad considerando las conciencias de los diferentes pastores del ser (líderes y programas políticos); se trata de escuchar atentamente los susurros del ser; cómo gime, cómo siente y se emociona, cómo se victimiza. Para conocer la realidad tan solo hay que escuchar con atención para, así, descubrir la esencia (angustia y dolor) del espíritu de los nuevos tiempos.
Siempre se trata, ayer como hoy, de saber captar, como ya he señalado, el espíritu de los tiempos; se trata de intuir o pre-sentir qué dinámica psicopolítica, emocional y sentimental, mueve a las masas. Después, si eso, ya construiremos una teoría molona, ad hoc, para que explique y proponga las terapias necesarias que ayuden (o no) a resolver los diferentes conflictos emocionales.

Así las cosas, ya no es tiempo para ajedrecistas que sigan las recomendaciones de “El príncipe” (Maquiavelo) sino que es tiempo para tahúres y trileros que hayan comprendido que el pensamiento sensible (Theodor Adorno) es el que verdaderamente determina las tácticas psicopolíticas a seguir.

Como ya he señalado, la psicopolítica actual no consiste en un juego entre diferentes pastores del ser, sino en un juego entre multitud de vecinos del ser (multitud de conciencias). Cada vecino con sus diferentes verdades, sus filias y fobias políticas; todos dispuestos a alcanzar los cielos declarando la guerra total a las conciencias enemigas (¡alerta antifascista!). Todos los vecinos prestos a victimizarse y a reivindicar que ellos, y solo ellos, son los que sufren más graves injusticias, discriminaciones y vejaciones. Tonto el que no sea víctima o, en su defecto, no finja y/o aprenda a victimizarse (¿verdad, femimarxistas de nuevo cuño?).

La serie “Juego de Tronos”, por tanto, no refleja el sentir espiritual actual, porque, al estar inspirada en pretéritas y /o ficticias épocas, donde la épica aristocrática era un importante valor moral, debe prescindir del “sentir de las masas”. Sus protagonistas, “príncipes maquiavélicos”, se muestran siempre orgullosos, porque no tienen que vérselas con la masa plebeya sino con sus conciencias antagónicas (también príncipes y reyes). Sí, a las masas también se les engaña, pero no es necesario ganárselas emocional y sentimentalmente a través de calculados victimismos. Atención a esta importante pieza que será clave en el “juego de ajedrez” que sí desarrollará “el profesor” en “La casa de papel”: la hábil utilización del victimismo instrumental.
LA CASA DE PAPEL

Sin duda estamos ante una serie terrible y dolorosamente inteligente que sí ha sabido captar el espíritu de nuestro tiempo. Estamos ante una serie destinada a ser digerida con facilidad, tanto por el público menos exigente (adolescente) como por los paladares adultos más exquisitos que saben deleitarse con los “boccatos di cardinale” que, dadivosamente, nos ofrecen los diferentes capítulos.

Me he permitido, en los últimos días, recopilar datos extraídos de pequeñas muestras formadas por adolescentes (entre13-17 años aprox.).
La mayoría de estos chicos ven “La casa de papel”. Muy pocos siguen a GOT, que exige un mayor esfuerzo intelectual. El personaje preferido, también para la mayoría de adolescentes, es Tokio (la chica rebelde y díscola que la lía parda constantemente).

A los adultos, como a algunas de mis amistades, mi mujer, mi hermano y a mí mismo, también nos ha “enganchado” más “La casa de papel”, aunque algunos (obligados, como digo, por imperativos de deber) también sigamos estoicamente GOT. Y casi todos, unánimemente, estamos encantados con el personaje de Berlín (el atracador que encarna el viejo espíritu de quienes todavía creen en el honor y la lealtad).
LA ESENCIA SIEMPRE ROJA

Pero en “La casa de papel”, como no podría ser de otra manera, resulta relativamente fácil descubrir pinceladas de moralina progretonta. Ya sabemos que nuestros “marxistas culturales” no dan “puntá sin hilo”. Y si algo caracteriza a una serie española, sea buena o mala, es siempre el sesgo presente, descarado o hábilmente disimulado, hacia ideologías rojeras.

Sin embargo, en esta ocasión al menos, debemos agradecerles a los guionistas de “La casa de papel” que el sempiterno sesgo hacia la izquierda, haya sido más sutil que en otras ocasiones. Pero, haberlo, haylo, como veremos a continuación:

1)    El profesor, el cerebro del atraco, acaba resultando ser descendiente de un luchador antifascista (¿no resulta entrañable este tópico, ya “clásico”, de nuestros artistas “cejizapateriles”?). Pues sí, el jefe de los atracadores, inteligente cual Maquiavelo, pero también tanto o más psicogogo que Adorno o el mismísimo Heidegger, acaba revelando que es nieto de un partisano que le enseñó una emotiva canción de lucha a su padre, y éste a él:

Solo estos minutos, que desbordan verdad emocional a raudales, superan la hora y media de la grandilocuente épica del tercer capítulo de “Juego de tronos”. Desde Adorno, y con el triunfo del pensamiento sensible, la verdad ya nunca será la del padre guerrero, sino la de la madre sentimental. Y esto también nos lo dice la serie “La casa de papel” de manera mucho más explícita. Sigamos.

2)    A lo largo de los diferentes capítulos se nos presentará, también hábilmente, el enfrentamiento entre dos perfiles (conciencias) totalmente opuestos: Berlín vs Nairobi. ¡Qué zorros más astutos!
Berlín, que será tildado reiteradamente de psicópata y de narcisista exento de empatía, gritará en un momento determinado: ¡Esto es un patriarcado”. Más adelante, Nairobi dará un golpe para hacerse con el poder dentro del grupo de atracadores y proclamará orgullosa: “¡ahora le toca al matriarcado!

Pero las “sutilezas”, a través de las cuales nos cuelan la moralina rojeras, son muchas más. Los nombres de los atracadores, sin ir más lejos. A Berlín, el personaje más detestable, se le otorga el pseudónimo de la ciudad alemana, lo cual podría parecer mera casualidad, de no ser porque al personaje más entrañablemente humano y querido se le asignará el de Moscú. ¡Brillantes! Además, acabaremos descubriendo, ¡oh, sorpresa!, que el “bueno y justo” de Moscú nació un 1 de mayo, día de los trabajadores. Como ya he dicho: no dan puntá sin hilo.

3)    Por último, la serie nos regala una clase magistral de pedagogía de la buena, con claridad orteguiana y en román paladino. ¡Cómo no me va a molar este pedazo de obra maestra!
 
El profesor explica su táctica, apoyada en los postulados del pensamiento sensible más victimista, para ganarse el favor de la opinión pública. Expone como ejemplo un hipotético partido de fútbol entre Brasil y Camerún. ¿Quién preferirían que ganara? Todos responden al unísono que Camerún. Pues claro, sentencia el profesor, porque TODOS apoyamos siempre al más débil y desfavorecido. Y tanto es así que, incluso muchos brasileños, preferirían que perdiera su propio equipo.
El profesor acababa de dejar al desnudo “la esencia roja” que subyace en la generalidad de los españoles, siempre dispuestos a ir contra su propio equipo (España) por tal de posicionarse junto a los más débiles y “salvarles” de los malosos fascistas (léase VOX).

EPÍLOGO
 
Podría explayarme mucho más exponiendo más “sutilezas”, tan inteligentes como rojeras, que se suceden a lo largo de la serie “La casa de papel”, pero creo que ya me excedí demasiado.

No me gustaría terminar, sin embargo, sin antes advertir, a quienes quieran comprender por qué las últimas elecciones del 28-A las ganó Pedro Sánchez, que la respuesta no la hallarán entre las jugadas de ajedrez de “Juego de Tronos”, sino entre las estrategias psicopolíticas (sentimentales y emocionales) que se “desnudan” en “La casa de papel”. Si Pablo Iglesias, por ejemplo, hubiese prestado más atención a esta serie, se hubiese comprado su casoplón después de las elecciones, y no antes.

lunes, 11 de marzo de 2019

Rebeliones, a las mayorías desde las minorías



Podríamos ubicar cronológicamente la aparición del fenómeno de la rebelión de las minorías en la Europa de Adorno (Escuela de Frankfurt); en las relaciones que ya entonces comenzaron a darse entre la Teoría Crítica (marxismo revisado y reinterpretado) y los crecientes secesionismos particularistas (nacionalismos provincianos), el feminismo (hoy femimarxismo) y otros colectivos que “se sentían históricamente agraviados”. No cabe duda de que existió una relación simbiótica entre el “marxismo-cultural” de los años 60 y la aparición del PENSAMIENTO SENSIBLE, cuya estética, aparentemente pacífica (falsa, como hemos podido comprobar a día de hoy) escondía realmente la prepotencia señorial de CONCIENCIAS SUPREMACISTAS.

Modestamente, e instado por la “joputa” circunstancia de vivir en tierras catalanas, he reflexionado bastante sobre el tema de la rebelión de las minorías y he llegado a algunas conclusiones:
Estoy de acuerdo en que el motor o génesis de todo movimiento rebelde o revolucionario radica en algo más que motivaciones meramente económicas (visión marxista). Yo estoy con Nietzsche, y creo que la base de toda rebeldía es, básicamente, el RESENTIMIENTO.

El nacionalismo provinciano y ombliguista siempre se ha alimentado del resentimiento para combatir al nacionalismo español dominante, acusándolo de ser aglutinador y uniformador (fascista). Del mismo modo, el feminismo legitima las aspiraciones de su actual supremacismo ideológico desde el resentimiento hacia la figura masculina, por más que se obceque (en vano, todo hay que decirlo) en asegurar que busca la igualdad entre hombres y mujeres. Lo mismo podríamos decir de las crecientes aspiraciones (control del poder) por parte de otras ideologías de género a través de lobbys económicos (Idelología LGTBI).

Quizás fuese Adorno quien destapara la caja de Pandora al desarrollar su dialéctica de la negación; dejó libre nuevos “males” que, con el tiempo, todo lo han infectado y llenado de podredumbre moral. Al cabo, todo cambio social y político sigue siendo el resultado de una lucha de contrarios (proceso dialéctico) por más que las formas y estrategias para legitimar las aspiraciones de poder muten y se adapten a nuevas fórmulas, ya sean estéticas (LGTBI) o de resistencia “aparentemente” pasiva (feminismo). Pero ningún acto de rebeldía es “pacífico”, por más que se disfrace con “máscaras sonrientes”.
¿Qué tienen en común los nacionalismos más provincianos, minoritarios y particularistas, con el feminismo e incluso con los crecientes movimientos LGTBI?
Resentimiento. Todos ellos guardan un profundo resentimiento alimentado por los numerosos agravios de los que fueron víctimas a lo largo de la historia. Agravios que lejos de “superarse”, pese a que ya no se dan en las actuales sociedades de Occidente, se reactualizan y se magnifican por tal de “sacudir conciencias dormidas” y crear nuevas MASAS MAYORITARIAS fieles a nuevos dogmas ideológicos.
¿Pero por qué y cuándo se genera el resentimiento?
Se comienza a desarrollar cuando una víctima, cualquiera, es consciente de estar siendo cosificada (convertida en medio por tal de satisfacer los fines de terceros) y, sin embargo, dicha víctima se ve incapaz, impotente y frustrada, al no saber cómo "liberarse" de tan injusta realidad.
Por supuesto, estos colectivos tendrán suficientes y legítimas razones para rebelarse, para organizarse y para formar grupos de presión que cuestionen la prepotencia de los diferentes grupos dominantes (Estados, sociedades patriarcales, supremacismos religiosos...).

Sin embargo, “los sueños de la razón engendran monstruos". Pasado un tiempo, y a medida que la minoría vaya convirtiéndose en creciente mayoría, el nacionalista provinciano ya no se contentará con ser un igual y dejar de ser vasallo, sino que aspirará (voluntad de poder mediante) a ejercer de señor soberano y prepotente. Bien nos advirtió Julián Marías que era "un grave error intentar contentar a los eternos descontentos". Yo más bien diría que es un grave error intentar contentar a los ETERNAMENTE RESENTIDOS.

Lo mismo sucede con el feminismo, el cual, a pesar de decir buscar la igualdad entre hombres y mujeres, acaba convirtiéndose en un supremacismo prepotente (también señorial) que desprecia al hombre y excluye a éste, de hecho, en el proceso de la revolución feminista, de la misma manera que la revolución proletaria excluyó a las demás clases sociales (consideradas falsas conciencias). Así, el feminismo solo aceptará como verdadera conciencia la propia de una utópica sociedad matriarcal.
Cabe la sospecha, por tanto, de que cualquier minoría actual, como ya ha demostrado el feminismo a través de sus propias celebraciones excluyentes (hombres abstenerse de participar), acabe aspirando en el futuro a tener un dominio señorial sobre quienes antes fuesen sus señores dominantes. Del mismo modo, el nacionalista provinciano, de triunfar su rebelión, todavía minoritaria, no dudará en OPERAR para en el futuro facilitar una rebelión de mayorías (siguiendo adoctrinando desde escuelas, instituciones públicas y medios de comunicación).

CONCLUSIÓN

Yo lo veo así de claro: toda rebelión minoritaria acaba aspirando, más temprano que tarde, a convertirse en una rebelión de mayorías o de masas. Por eso mismo, los grupúsculos primigenios de cualquier nacionalismo provinciano (minoritarios al principio) saben que deben manipular y condicionar las voliciones populares a través de reduccionistas y repetitivas pedagogías sociales (escuelas, medios de información), hasta crear mayorías suficientes que puedan legitimar sus aspiraciones de poder.
Este 8M las esperpénticas escenificaciones psicodramáticas de diferentes grupúsculos feministas también han dejado caer sus caretas y han dejado al desnudo sus pechos; y desnudos han quedado su ODIO Y RESENTIMIENTO que son, de facto, los verdaderos motores que mueven a toda conciencia supremacista.
Desde mi punto de vista, aspirar a tener voluntad de poder no significa ansiar poder económico, que también, sino que implica voluntad de imponer una RAZÓN DE SER; una forma de vida (cosmovisión) diferente a la tradicional, la cual se atacará calificándola de dominante (el tan manido término fascista del que abusan los tontilocos), o tildándola de heteropatriarcal (sociedad machirula de las femimarxistas actuales).
Obsérvese que ninguna de estas “minorías”, que hoy están logrando aglutinar importantes mayorías, no hubiesen podido medrar, menos aún “crear nuevas conciencias”, sin el concurso impagable del marxismo-cultural.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Sloterdijk, el hijo díscolo de Habermas (incluida crítica de Fernando López Laso)

 
Quienes hemos sido hijos y familiares de rojos, adoctrinados desde la cuna en la verdad de los "buenos y justos", sabemos muy bien que para romper con los lazos sentimentales con los que nos maniataron y secuestraron los ideólogos de victimismos y revanchismos históricos, solo cabe la VOLUNTAD DE SABER. Para poder librarnos del poder subyugador de seductoras conciencias sensibles solo cabe una férrea, fría y aséptica voluntad que nos inste a conocer la auténtica verdad, por cruda y desgarradora que ésta sea.
Peter Sloterdijk, filósofo alemán, ha realizado el duro y sacrificado recorrido de quienes se han obligado a buscar la VERDAD (con mayúsculas), superando sumisos vasallajes y los sentimentales servilismos que atan a muchos pensadores a trasnochadas ideologías (marxistas).
Nadie como Sloterdijk ha entendido a Heidegger; porque nadie como Sloterdijk se ha obligado a pensar a Heidegger desde Heidegger y no solo "contra Heidegger" (Habermas).
Sloterdijk no solo ha desenmascarado al marxismo como una prepotencia esquizofrénica (ver "Crítica de la razón cínica"); y no solo ha sabido ver que "el comunismo es un banco de odio", sino que ha visto "más allá del bien y del mal" y nos ha mostrado a un Heidegger "hijo de su tiempo", un tiempo en el que fueron muchos los pensadores y las conciencias que soñaron con "buenos y justos" supremacismos utópicos.
Sloterdijk no ha pecado de "hemiplejía moral" (genial Ortega) como sus mayores de la Escuela de Frankfurt (Adorno y Horkheimer) y ha reconocido lo que todavía hoy muchos se niegan a reconocer: tan supremacista fue la ideología marxista como la nacionalsocialista; ambas uniformadoras, totalitarias y negadoras de la sacra libertad individual.
Ninguno de los mayores de Sloterdijk se atrevió a desenmascarar esta cruda verdad. Ni Adorno ni Horkheimer en "Dialéctica de la ilustración", ni Erich Fromm en su magnífica "El miedo a la libertad" se atrevieron a cuestionar la moral de los buenos y justos. Siempre que se buscaba al culpable de cercenar las libertades individuales se señalaba al nacionalsocialismo, pero el prepotente y esquizofrénico marxismo se escapaba de rositas; esa suerte de "pseudofilosofía", como la definió Bertrand Russell, o "pseudomoral eslava" en palabras más acertadas de nuestro Ortega, siempre ha escapado impune al juicio de la historia escudándose en la maldad del nacionalsocialismo. Muchos olvidan, pero, que el comunismo, el genocida y vil comunismo, nació antes que cualquier forma de fascismo. De hecho, los fascismos son hijos bastardos, aunque nacionalistas, del pérfido comunismo. Y el comunismo, por más que les pese a los "buenos y justos", tan solo es la consumación operativa (praxis en la realidad) de la idealista e imposible teoría marxista.
Gracias, Sloterdijk, por obligarte a desnudar la verdad; esa verdad que cándidos humanistas, como papá Habermas, se empeñan en ocultarnos, disfrazándola de "buena y justa" verdad ilustrada.
 
Crítica de Fernando López Laso:
Pues se quedará vd. tan a gusto, D. Herrgoldmundo. Por refrescarle un poco la memoria me limitaré a decir que el Sr. Marcuse, uno de esos hemipléjicos morales que fueron según vd. todos esos judíos que son los mayores de Sloterdijk -según la insultante expresión que empleaba, y que no comparto- pues ese mismo Sr. Marcuse escribió un libro nada desdeñable, que lleva por título 'El marxismo soviético' y es una de las mejores aportaciones a la crítica del estalinismo y del marxismo del Diamat. Como si fuera lo mismo decir socialismo soviético, comunismo político y marxismo. Sin precisar lo suficiente, no cabe abordar estos problemas filosóficos.
 
Réplica a D. Fernando López Laso:
 

EL METAMORFISMO DE LA CONCIENCIA
Acabo de leerme, confieso que precipitadamente, un buen artículo de Fernando López Laso titulado "Metamorfismo de Marx".
No voy a discutirle a un filósofo de la talla de López Laso sus expertos conocimientos sobre Marx y el marxismo. Sí pretendo, pero, defenderme del cortés "ataque" con el que obsequió (en verdad fue un regalo su inteligente aportación) a una reflexión que escribí, prácticamente a vuelapluma, el otro día: "Sloterdijk, el hijo díscolo de Habermas".
Me "afeó" Don Fernando, e hizo bien, que hubiese obviado la crítica de Marcuse al marxismo; también me tiró de las orejillas por haber tildado de "hemipléjicos morales" a la generalidad de los filósofos de la Escuela de Frankfurt. Sin embargo, al recurrir al término acuñado por Ortega (hemiplejía moral) no pretendí insultar ni descalificar a tan brillantes pensadores, sino tan solo señalar lo que, por otra parte, es muy FÁCIL de comprobar: tanto en la obra de Adorno y Horkheimer ("Dialéctica de la Ilustración") como en la de Erich Fromm ("El miedo a la libertad") se critica constantemente, a lo largo de las páginas de dichas obras, la política operativa del nacionalsocialismo y, por ende, a Heidegger, mientras que se muestran mucho más benévolos y condescendientes con la política operativa marxista (comunismo).
Supongo que los pensadores de la Escuela de Frankfurt estaban interesados en legitimar la obra marxista. Nada que objetar, también Fernando López Laso la legitima y reivindica en su artículo "Metamorfismo de Marx". Tampoco nada que objetar.
A mí me parece muy bien que se legitimen y/o recuperen las bondades y verdades que subyacen en el marxismo, sobre todo en lo referente, como bien señala el propio López Laso, a la teoría económica de la plusvalía. El problema de la plusvalía (cómo efectuar un reparto justo de la riqueza) sigue planteándonos, efectivamente, una gran aporía que todavía queda por resolver. Todos estamos de acuerdo con Aristóteles: "no se trata simplemente de vivir, sino de vivir bien".
El problema, como también señala López Laso, es que la dialéctica o dinámica de la historia ha demostrado que la teoría sociológica que subyace en el marxismo, sobre todo la que hace referencia al endiosamiento de una única conciencia auténtica y universal (la proletaria), resulta hoy anácronica y obsoleta. Ya solo los muy ilusos, a fuer de "cándidos humanistas", siguen creyendo posible reinventar un comunismo que sea, al tiempo, operativo y también bueno y justo (véase Podemos). Pero, ¿bueno y justo para quiénes? ¿Para qué clase de personas? ¿Para qué conciencia colectiva?
Bueno, y aquí quería llegar, a la aceptación, espero que compartida por todos, de que la CONCIENCIA MARXISTA no es la única conciencia que lucha en el claro del bosque por tal de legitimarse como la única "buena y justa". En mi opinión, no solo la teoría marxista, como sucede con las rocas metamórficas, ha cambiado de forma según las alteraciones de temperatura y condiciones climáticas (entiéndase según las circunstancias históricas), sino que es la gran conciencia hegeliana la que se reinterpreta, o es puesta "al revés", según las diferentes lecturas, dolores o aburrimientos de cada época. Esto es lo que ha sabido ver Sloterdijk.
Peter Sloterdijk, como nuestros marxistas, también cree que la historia no ha llegado a su fin (tesis de Fukuyama). Pero el "hijo díscolo de Habermas" acepta que la realidad abierta ofrezca muchísimas más posibilidades alternativas a la cansina y constantemente "reinventada" propuesta marxista.
 
 

 

jueves, 10 de mayo de 2018

Política y psicología (autoinmolación o salvación))

Introducción
 
Podría decirse que la política actual, en las civilizadas sociedades occidentales, sigue mostrando el viejo antagonismo entre las corrientes ideológicas más "humanistas" y las más materialistas y/o vitalistas. En realidad, si consideramos las diferentes formas de entender y hacer política, desde una perspectiva más psicológica, y siguiendo las tesis de Erich Fromm en "El miedo a la libertad", también podríamos decir , básicamente, que la ideología política sería el fiel reflejo de dos estereotipos psicológicos: el pesimista vs el optimista. Ambos perfiles pre-condicionarían a los individuos a la hora de confiar sus destinos a unas concretas praxis políticas (maneras de operar en la realidad y resolver conflictos), ya fuere desde concepciones más negativas o más positivas de la libertad.
Según Fromm, Heidegger sería el filósofo "pesimista" por excelencia, pues si el hombre (Dasein) fuese tan solo un "ser-para-la muerte", entonces no habría posibilidad de "salvación" (ver "Sin salvación, tras las huellas de Heidegger", de Sloterdijk). Fromm, como buen psicólogo, intentará convencernos de lo contrario, es decir, de que frente a la asunción de una libertad negativa (Heidegger) será posible defender una libertad positiva llena de posibilidades, que pueda ayudar a los individuos a autorrealizarse y lograr una vida plena con sentido.
Así, la Escuela de Frankfurt, con ilustres pensadores como el citado Fromm, Adorno, Horkheimer y Habermas, se erigirá en defensora de los postulados de la libertad positiva; enarbolando como bandera la defensa de un humanismo ilustrado y optimista, que no dudará en posicionarse junto a ideologías políticas socialdemócratas. Dichas políticas apostarán por resolver los conflictos a través de la comunicación; "tendiendo puentes" y defendiendo la necesidad de articular políticas integradoras y multiculturales.
De hecho, Habermas, gurú de la socialdemocracia europea, dirá: "se hace necesario pensar a Heidegger contra Heidegger". Sí, Habermas reconocerá la incómoda verdad señalada por Heidegger: "en el mismo seno del humanismo anida el germen de su propia autodestrucción". Adorno y Horkheimer en su "Dialéctica de la ilustración" también reconocerán esta grave verdad heideggeriana, y asumirán que el humanismo excesivamente ingenuo, "cándido humanismo" en palabras de Heidegger, corre el riesgo real de consumar su propia autoinmolación por mor de seguir creyendo en una apriorística bondad presente en todos los colectivos y sociedades humanas.
 
CINISMO PRESENTE EN EL CÁNDIDO HUMANISMO SOCIALDEMÓCRATA
 
Decía Sloterdijk, en su magnífica "Crítica de la razón cínica", que siempre hay algo "sospechoso" en todo pensamiento sensible que arremete, por norma, contra todo poder o autoridad establecidos. El sagaz pensador alemán, en mi opinión más psicólogo que filósofo, ha sabido ver, como antes hicieran Adorno y Horkheimer, que la tendencia natural en las conciencias colectivas que desprecian a las prepotencias señoriales de "su época", es la de mutar, más temprano que tarde, en nuevas conciencias cínicas y señoriales.Tal es la mutación que está teniendo lugar en el feminismo primigenio, otrora igualitario y liberal que, a pasos agigantados, está deviniendo una nueva conciencia dogmática, prepotente y señorial.
Pero si "miedo" dan las nuevas conciencias colectivas que, con exceso de celo dogmático, se autoproclaman ser las únicas "buenas y justas", más miedo deberían darnos los últimos caballeros andantes, irredentos idealistas, que todavía se "autoengañan" creyendo posible que el humanismo ilustrado tradicional pueda "salvarnos" del incierto futuro que se nos viene encima.
Me estoy refiriendo al abuelo, todavía vivo, del cándido humanismo europeo: Jürgen Habermas, y a uno de sus discípulos más aventajados: el francés François Jullien.
Resulta harto significativo que sean un alemán y un francés los respectivos padres de dos "ingenuas" propuestas humanistas: "el patriotismo constitucional" y "l´écart". Zapatero y su tontá de la "Alianza de Civilizaciones, boutade típica de nuestras izquierdas indefinidas españolas, no aparecerán más en esta breve reflexión que solo desenmascarará a cínicos de peso, y no a payasos de feria.
Al César lo que es del César. Fue Mikel Arteta (Doctor en filosofía), a través de un lúcido artículo, quien desenmascaró el cinismo que se escondía en la propuesta multicultural del francés Jullien; un cínico que, tras abogar por la construcción de puentes, y relativizar la importancia de las identidades culturales, no dudó en "alertarnos" de que, pese a todo, Europa debería prepararse para lo peor en caso de que fracasara su aperturista y buenista "écart". Es decir, vino a decirnos que sí, que en defensa de los valores propios de una libertad positiva y humanista, debíamos abrir las puertas a ingentes masas de inmigrantes; que debíamos respetar sus tradiciones y sus culturas, pero, pero, pero... (¡ay este tramposo "pero!) si las masas de inmigrantes no acababan de integrarse y, peor aún, pusieran en jaque los principios de nuestro ilustrado humanismo, deberíamos tener preparado "un plan de respuesta defensiva". ¿En serio se puede ser tan cínico?
Pero es el abuelo de todos los cándidos humanistas, el ínclito Habermas, quien, en mi parecer, es el más peligroso vendedor de humo "buenista y talantero". Y es el más peligroso, precisamente, por ser el más ilustrado, es decir, por ser, supuestamente, el más sabio de entre todos los sabios todavía vivos. No cabe duda de que Habermas CONOCE LA VERDAD: dos razones de ser, antagónicas y mutuamente excluyentes, no pueden SER al mismo tiempo en un mismo plano espacio-temporal. Si esto lo supo ver con claridad meridiana nuestro Gustavo Bueno, presupongo que, casi con total seguridad, también lo sabe alguien que en su juventud fue miembro de las juventudes hitlerianas; debe saberlo alquien que, ebrio de complejos y sentimientos de culpa, abrazó al internacionalista marxismo y que, finalmente, en su vejez, está intentando redimirse de sus pecados reconociéndose "patriota alemán". ¡Toma castaña!
Casi, casi pierde la compostura y el "bueno" de Habermas deja caer la máscara del humanista universalista. Pero no, el farsante Habermas, como el hábil titiritero que es, ha sabido seguir justificando su cinismo cobarde, añadiendo, rápidamente, que él entiende que es "patriota" cualquier ciudadano integrado en la sociedad y la cultura alemana. No, mon ami, no. Es cierto que no podemos negarle a ninguna persona que viva en una comunidad su condición de ciudadano, con deberes y obligaciones (condición que, por cierto, se nos ha negado a los catalanes que no somos independentistas). Pero ser ciudadano alemán no implica, necesariamente, ser patriota alemán, como pretende hacernos creer Habermas. De hecho, yo soy ciudadano y patriota español, pero el supremacismo catalanista (regionalismo particularista) pretende negarme la primera condición de ciudadano por "molestarle" que, además, me reivindique español.
Y si el conflicto entre diferentes razones de ser existe entre ciudadanos de la UE, e incluso entre ciudadanos de una misma nación, a pesar de compartir un mismo legado histórico-cultural, ¿cómo será el conflicto futuro entre ciudadanos europeos, que se sienten herederos de la ilustración del civilizado Occidente, y los "NUEVOS" ciudadanos que, lejos de integrarse, se obstinan en IMPONER en nuestras sociedades sus justas y buenas conciencias religiosas (Islam)?

ALTERNATIVAS AL "CÁNDIDO HUMANISMO"

 
En mi opinión, una de las alternativas más sensatas y racionales, para superar el humanismo ingenuo que impera en España, y en toda Europa, la constituye el materialismo filosófico de Gustavo Bueno.
 
 
 
A mí me gusta el materialismo filosófico de Gustavo Bueno y suscribo que es necesario que los Estados apliquen políticas OPERATIVAS alejadas de idealismos y sentimentalismos varios. Sin embargo, antes de que un Estado pueda llegar a ser operativo, primero debe constituirse como tal. Y no solo eso, debe tener muy claro cómo y para qué se obligará a ser OPERATIVO: necesitará JUSTIFICAR una idea (cosmovisión o interpretación del mundo) para materializarla a través de la praxis (consumarla operativamente). Esto lo sabe cualquier marxista que se precie de serlo. Pero tenemos que tener muy claro qué queremos defender: un humanismo débil e ingenuo, que ponga en peligro su propia razón de ser, o un nuevo humanismo racional y operativo que se obligue a la salvaguarda de la razón de ser de la civilización occidental.
Defender un humanismo más racional y operativo es tarea difícil, sobre todo porque en la defensa de dicho humanismo no podemos ni debemos (maldito idealismo kantiano) sacrificar sus principios más sagrados: la defensa de los derechos y libertades de TODOS los ciudadanos.
Además, las nuevas corrientes herederas del cándido humanismo tradicional han mutado en peligrosos y dogmáticos populismos, prestos siempre a dificultar la ya de por sí complicada tarea de combatir conciencias prepotentes, evitando caer, al tiempo, en defensas excesivamente prepotentes. Ganará la conciencia que primero consiga demostrar su condición de víctima.
Los nuevos populismos que inundan la política actual se autolegitiman a través de la creación y divulgación (a través de los mass-media) de postverdades confeccionadas a la medida de sus deseos y voluntades más sentimentales. De nada servirá rebatirlos con argumentos de razón, por lo que se hará necesario desenmascararlos a través de finos análisis psicológicos y entendiendo cómo funciona la dinámica de la conciencia que crea postverdades.
 
MOVIMIENTO DIALÉCTICO DE LA CONCIENCIA
 
¿De dónde surgen las verdades, ideas o "cosmovisiones" que hacen suyas las diferentes ideologías políticas?
Pues surgen, primero, en una conciencia individual que las CREA, las construye o las halla (tanto dará en mi opinión), para, después, transmitirlas (hacerlas verbo y comunicarlas) a una CONCIENCIA COLECTIVA.
Esto significa que, además de la realidad del ex-sistere, en la conciencia también se actualiza y manifiesta una "pre-realidad" o "pre-ser" que, de hecho, ya es un modo de ser. Esto lo explicó muy bien Heidegger, siguiendo la dinámica o dialéctica de la conciencia hegeliana, en su obra "Caminos de bosque".
Pues bien, el pensador Sloterdijk no se limitará tan solo a decirnos lo que ya nos dijera Hegel, primero, y Marx y Heidegger más tarde. A saber: el movimiento dialéctico de la conciencia consiste en una lucha entre una conciencia óntica (que representa al ente en sí misma) y una conciencia pre-ontológica (que busca la relación entre dicho ente y su esencia). El resultado de dicha lucha será la idea, experiencia o ser meditado, como se prefiera.
Esta explicación, a nivel filosófico, resulta interesante para entender CÓMO se crea o se halla una idea; cómo se vivencia algo que es virtual, pero todavía no existe, como un modo de ser (pre-ser si se prefiere) que devendrá posibilidad de ser en la realidad abierta.
Esta es la clave: la conciencia descubre o construye una POSIBILIDAD futura de ser. Así, lo que hizo Marx fue crear una "pre-verdad" teórica, experienciada y vivenciada en su conciencia, y a continuación la verbalizó (teorizó) por tal de justificar dicha posibilidad en la realidad abierta y hacerla operativa.
Ya sabemos CÓMO se crea una "pre-verdad", pero Sloterdijk, más psicólogo que filósofo, como ya señalé, se preguntará también por el PORQUÉ: ¿por qué, en contextos históricos determinados, la conciencia colectiva asume determinadas "pre-verdades" como si, de facto, ya fuesen verdades reales? Y la pregunta no es baladí, porque, si queremos entender los entresijos de la política actual, estamos obligados a entender cuáles son los sentimientos, motivaciones y deseos (pura psicología) que mueven a las masas para, a partir de la creencia en una "pre-verdad", obligarse a vivenciarla de tal modo que ésta devenga "postverdad".
¿Por qué, en determinados contextos históricos, las masas se obligan a creer en una "pre-verdad" o posibilidad de ser todavía no real en el ex-sistere?
Formulado en román paladino: ¿qué insta a un dogmático procesista a creerse (autoengaño consciente mediante) que realmente Cataluña es una nación? ¿Qué mecanismos psicológicos subyacen en la creación de una "pre-verdad", en su difusión y su aceptación para, finalmente, conseguir que dicha "verdad posible" acabe siendo institucionalizada operativamente (sustituyendo, así, a la verdad que le precedió)?
Sloterdijk, siguiendo a Heidegger y valiéndose de la psicología (sobre todo del psicoanálisis) nos explicará que se trata de una AUTOHIPNOSIS CONSCIENTE.

AUTOENGAÑO O AUTOHIPNOSIS CONSCIENTE

Si para entender la política de hoy no nos sirve tanto saber razonar como entender los mecanismos psicológicos (emociones, sentimientos, deseos y voliciones) que actúan como motores o fuerzas capaces de crear "postverdades", debemos obligarnos a averiguar cómo es posible que una persona inteligente y conocedora de la realidad (la verdad) puede llegar a mostrar un desmesurado cinismo por tal de negar dicha realidad y, al tiempo, defender "su postverdad".

Ya hemos visto cómo, a partir del movimiento dialéctico de la conciencia, se actualizaba y manifestaba en la misma un "pre-ser" o "pre-verdad" que, por el hecho de "ser, sin todavía ser", se abría como una posibilidad de "ser-futuro" en el ex-sistere. Pues bien, a través de dicha dinámica dialéctica se crean las utopías, es decir, se gestan los sueños o VOLUNTADES DE SER que, primero, tan solo se manifiestan y actualizan en la conciencia como POSIBILIDADES. Así nació, por ejemplo, la teoría marxista.

¿Qué motiva, pero, la aparición de una utopía o de cualquier voluntad de ser? La motivación primera, en el parecer de Sloterdijk, sería la de "curar el dolor de una época", aplicar una cura al sufrimiento que aparece insoportable y generalizado en determinados momentos de la historia. Quienes descubren esta VERDAD PSICOLÓGICA saben que para "despertar un sueño utópico", y así poder "asaltar el poder" (los cielos, en palabras ebrias de cinismo poético), hay que INSTRUMENTALIZAR el dolor; es decir, hay que gritar alto y fuerte a las masas durmientes que son VÍCTIMAS de graves injusticias (esta verdad la sabe muy bien el populista Pablo Manuel Iglesias). También la supo Marx.

Creer en la utopía (en sueños), por tanto, no es cuestión de demostraciones dialécticas ni científicas (justificaciones racionales ad hoc) sino de una voluntad de creer (como señalara el psicólogo William James). Así, lo primero que debe conseguir el poeta que sueña con "bellas posibilidades de ser" es conformar una conciencia colectiva creyente, porque alguien, a título individual, puede creer en la "posibilidad de ser" de una nación ficticia, pero para que dicha "pre-verdad" tome fuerza y pueda consumarse como realidad en el ex-sistere, necesitará ser aceptada por una conciencia colectiva numerosa dispuesta a hacerla OPERATIVA.

Pensemos, ahora, en la nación catalana, y preguntémonos cómo ha sido posible que dicha "ficción" haya podido ser asumida por la conciencia colectiva del independentismo como real.
Para responder a esta cuestión: ¿cómo es posible que una ficción pase por ser real?, hay que saber, primero, como funciona la conciencia. Ya lo hemos explicado. ¿Pero qué es lo que facilita, en la conciencia, que entre la representación del objeto real (lo que es) y el objeto irreal (lo imaginado), pueda surgir un NUEVO MODO DE SER, que "ya es, pero todavía no es"?

El marxista Ernst Bloch nos responderá cómo "se despierta un sueño" (cómo se crea una utopía), explicándonos que en la conciencia se da una tripolaridad, pues entre la bipolaridad de lo real vs lo irreal actúa una TENDENCIA. Popper la llamó PROPENSIÓN, pero, en mi opinión, el más acertado fue Heidegger al denominar a este nuevo modo ser como un ESTADO DE ÁNIMO DE CONMOCIÓN (ver en su obra "Conceptos fundamentales de la metafísica").

La clave está en la conmoción que se produce en la conciencia cuando ésta descubre, construye o halla, una nueva posibilidad de ser. La conmoción la provoca un estado de ánimo; un estado de ánimo sumido en el dolor y el sufrimiento; un estado de caída que insta a la conciencia a reflexionar y meditar por tal de salvar la angustia que vivencia.

Así, los independentistas que creen en una nación ficticia, y los populistas que creen en una sociedad más justa, antes de poder reivindicarse como víctimas, deben instrumentalizar el dolor colectivo "fabricando artificialmente" estados de ánimo de conmoción. Porque necesitan el dolor y el sufrimiento como motores que generen resentimiento y odio contra las "otras conciencias" (españolistas o fascistas, según ellos).

El verdadero problema surgirá, entonces, cuando no haya una mayoría de independentistas que crean en la nación catalana, o no haya una mayoría de populistas dispuestos a perpetrar peregrinas revoluciones (revolucions dels somriures o revoluciones para asaltar los cielos). Entonces se hará necesario fingir dicho dolor. Pero para fingir, primero hay que ser un buen actor (un actor del método). Hay que resultar creíble.

Para "actuar" convincentemente y resultar creíbles necesitarán toda una amplia gama de estrategías psicológicas (tergiversación de la realidad, ilusión de alternativas, manipulación, adoctrinamiento, victimización...) que les permita "fabricar artificialmente" el sufrimiento cuando NO HAYA UN DOLOR REAL en la sociedad; cuando lo que ya ES en la realidad funcione y, muy a pesar de ellos, no exista el dolor que pretenden sobredimensionar y exagerar

¿Cómo fingir un dolor o un estado de conmoción de tal manera que estos parezcan y, de hecho, puedan pasar por ser REALES? Pues recurriendo al AUTOENGAÑO (voluntad de creer), o lo que Sloterdijk denomina AUTOHIPNOSIS CONSCIENTE.
Se tratará de ejercer de grandes cínicos, y, así, poder proclamar a los cuatro vientos mentiras como "España nos roba", "Cataluña es una nación" o "cataluña es una colonia castellana", pero hay que gritar de tal modo que dichas mentiras puedan ser reconocidas públicamente como "verdades" (postverdades). No importará que en el discurso privado, y con la guardia baja, el cínico se sincere en algún descuido o momento de catarsis.

Son muchas las técnicas y terapias psicológicas que se aplican para lograr que un individuo pueda "llegar a ser quien desee ser" o, en todo caso, para que "logre ser lo que la norma social ya decidió (por él) que tenía que ser". Una de las técnicas más utilizadas consiste, básicamente, en hacer que el individuo adopte un determinado rol de personalidad, el que más le guste. Poco a poco, el individuo tendrá que AUTOMOLDEARSE, es decir, deberá obligarse a pensar y a comportarse según las características propias del rol asumido. El terapeuta le guiará y le orientará, evaluará sus progresos y resolverá sus dudas y la posible aparición de incongruencias o disonancias cognitivas.

Los "juegos de rol" y el psicodrama son técnicas psicológicas que se utilizan para "moldear" personalidades desajustadas, para moldear o crear nuevas "creencias" o maneras de ser. Si nos fijamos, vemos que, tanto Podemos como los independentistas catalanes, están abusando de performances o psicodramas estéticos para provocar "conmoción" en la conciencia colectiva de sus creyentes, creando, así, un "dolor ficticio o teatral". Los podemitas han llegado a besarse públicamente y han amamantado a sus bebés en el Congreso, para hacer operativas en el ex-sistere (la realidad) sus ideas (pre-verdades) que demuestran lo "buenos y justos" que son. Los independentistas representan catárticamente el dolor colectivo encerrándose, por turnos, en falsas prisiones colocadas en la vía pública, colocan lacitos (símbolos) por todas partes, y en las escuelas utilizan a los niños para hacer obras de teatro maniqueas donde los españoles son los malos malosos que subyugan al "inocente" pueblo catalán.

Ahora pensemos qué son realmente nuestras escuelas y cuál es el papel del psicólogo y de la psicología en las mismas, pero también pensemos en el papel de la psicología en los medios de información y, sobre todo, en la política, donde, como acabamos de ver, cada vez importa más hacer sentir (experienciar una pre-verdad) en vez razonar para aceptar la verdad real tal como se nos muestra.

Según Sloterdijk, un sistema educativo es, en realidad, un conjunto de granjas-escuelas destinadas a domesticar y cebar (adoctrinar) al ganado humano. El humanismo, de hecho, es una antropotécnica de domesticación (civilizar es amansar). Todo sistema educativo está constituido por un entramado de granjas-escuela que se sirve de antropotécnicas para socializar, civilizar o domesticar, como se prefiera, al ganado o zoo humano.

Así, el grupo humano que tenga el PODER para diseñar y articular un entramado social formado por un conjunto de granjas-escuelas y antropotécnicas (moldeadoras de la conciencia), también podrá IMPONER SU VERDAD.
Si una civilización, como una nación, no controla e impone las antropotécnicas que son las propias de su razón de ser (herencia histórico-cultural), para formar  a sus ciudadanos, otra forma de poder lo hará, o como decía Gustavo Bueno: "si no nos aferramos a los restos del naufragio de nuestra civilización, otra ocupará su lugar".
Cierto, nuestro humanismo tradicional, a fuer de ingenuo, ha naufragado, pero aún podemos aferrarnos a sus restos para "salvarnos" y, así, evitar que otras verdades sustituyan a las nuestras.