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viernes, 27 de diciembre de 2019

LA EUROPA CASTRADA (series de TV nórdicas)



INTRODUCCIÓN

Desde que Spengler nos alertara sobre “La decadencia de Occidente” ha llovido mucho, y mucho ha sido lo que se ha perdido en Europa. El Siglo XX se caracterizó por el triunfo definitivo de la metafísica marxista (sí, he escrito “metafísica”); y quedó marcado por la victoria de las pseudomorales eslavas (Ortega) sobre la antagónica metafísica vitalista que postulaba la Alemania nazi. Europa perdió, así, su “esencia”, no solo vital sino también entendida como razón de ser histórica; perdió, en definitiva, su legitimidad ante los ilustrados y leídos humanistas del momento. El nazismo, ebrio de prepotencia orgullosa, no supo limar el celo de su dogmática ideología. El marxismo, como explicaré a continuación, sí supo adaptarse a los nuevos tiempos posmodernos.

Con la caída de la Alemania nazi, en cierta manera, también cayó el último sistema inmunológico de Europa. El virus del marxismo, desde entonces, pudo campar por sus fueros con total impunidad… y legitimidad. La Escuela de Frankfurt, al principio bastante crítica con el marxismo (“Dialéctica de la ilustración”) acabó “blanqueándolo”, reinterpretándolo y reiventándolo de la mano de Jünger Habermas, aquel joven bolchevique del que, al principio, recelara el sagaz Horkheimer. Pero el inteligente Habermas supo “mutar”, por tal de civilizar su excesivo celo dogmático, y encontró en la socialdemocracia el perfecto “caballo de Troya” con el que poder atravesar los últimos muros de la orgullosa Europa de las naciones; una decadente y vencida Europa que, pese a todo, todavía se negaba a “dejar de ser”.
Finalmente, la resistencia de los últimos europeos libres fue vencida; las fronteras de la Europa civilizada cayeron y los nuevos bárbaros, adoradores de Alá y femimarxistas, invadieron sus calles, primero, y a continuación sus “formas de vida”. A día de hoy, no existe ninguna respuesta política conjunta, fuerte y valiente, que abogue por la necesidad de frenar estas nuevas invasiones que tienen como objetivo último, no lo olvidemos, erradicar los últimos restos de los naufragios nacionales que todavía flotan a la deriva, sin rumbo fijo, por los mares de Europa.

LA EUROPA QUE DESPIERTA
Como decía, a nivel político todavía resulta imposible combatir al neomarxismo habermasiano que, a través de sutiles mecanismos psicológicos de represión, basados en prejuicios y dogmas ideológicos (correccionismo político), ha logrado silenciar, cuando no estigmatizar, a las conciencias disidentes. A día de hoy, no hay nada que hacer a nivel moral, a la postre también político.

Sin embargo, a nivel estético, a través de diferentes manifestaciones artísticas audiovisuales, la Europa escandinava ya hace tiempo que comienza a denunciar, si bien todavía muy tímidamente, el peligro que supone para sus sociedades la existencia de colectivos musulmanes y femimarxistas que, lejos de buscar la integración y la igualdad entre individuos, están comenzando a exigir un sometimiento de sus sociedades a sus “formas de vida” (a sus dogmas religiosos y/o ideológicos).
De “Lilyhammer” a “Beforeigners” (series de Tv noruegas)

Hace tiempo que me deleité viendo una serie de producción noruega-estadounidense que se me antojó muy inteligente a la par que valiente. La serie en cuestión, “Lilyhammer”, narraba las peripecias de un mafioso que, huyendo de sus enemigos en EEUU, se refugiaba en un pueblecito noruego perdido en la nada. Allí, el pragmático y vitalista mafioso no tardaba en hacerse con el control del pueblecito ante la escasa resistencia vital de los “animales de lujo” que lo habitaban.
“Lilyhammer” realiza un acertado retrato de las actuales sociedades nórdicas; colectivos humanos sin “esencia” ni orgullo; hombres castrados que han perdido sus derechos y libertades frente a las políticas feministas (¿os suena nuestra inconstitucional  LVG?); individuos incapaces de hacer la menor crítica a los dogmas del Islam; niños que en los discursos de final de curso enfatizan sobre el carácter democrático y multicultural de las sociedades en las que viven, y se olvidan de reivindicar el orgullo nacional…

El mafioso Frank será el contrapunto necesario que, en clave de humor, criticará inteligentemente al hombre que ha dejado de ser hombre; será el “hombre de carne y hueso” que no dudará en afearle a un musulmán su negativa a saludar a una mujer occidental; Frank recomendará al hijo de su amante que en el discurso de final de curso enfatice sobre su orgullo nacional, prescindiendo de retóricas multiculturales.
Frank, en definitiva, encarnará al individuo libre (americano) que se negará a doblegarse ante las correcciones políticas de las actuales sociedades europeas. Serie muy recomendable.

Esta Navidad también he aprovechado para descubrir otra buenísima serie noruega: “Beforeigners” (Los visitantes), en la que no he podido evitar ver grandes parecidos con la ya mencionada “Lilyhamner”. Normal, pues tras bucear por la red he descubierto que los guionistas son los mismos.

La genialidad de “Beforeigners” radica en la propuesta original mediante la cual los brillantes guionistas vuelven a retratarnos la decadencia de la actual sociedad noruega; un retrato a través de la llegada de individuos procedentes del pasado.
Repentinamente, comienzan a aparecer personas de otras épocas en determinadas zonas del mar de Noruega: son principalmente individuos de la prehistoria (cromagnones), vikingos y gentes del SXIX. Al principio, estas personas serán integradas a través de políticas estatales, pero con el tiempo, “los visitantes” crearán sus propios movimientos colectivos reivindicando el retorno a las “formas de vida” de sus respectivas épocas.

CHOQUE ENTRE CONCIENCIAS Y ENTRE CIVILIZACIONES
En ambas series, de hecho, existe la misma preocupación ante el “choque de conciencias” o “entre civilizaciones”. ¿Cómo resolver los conflictos que estos choques culturales provocan? En “Lilyhammer” será Frank (americano) el que se erigirá como ¨salvador” o “contrapunto necesario” para hacer frente a la decadencia, sumisión y claudicación, de las sociedades occidentales. Frank no aceptará las imposiciones de los “foráneos” musulmanes ni las políticas castradoras de las dogmáticas femimarxistas. En esta primera propuesta de salvación o solución, a los problema de los supremacismos religiosos (Islam) e ideológicos (femimarxismo), los guionistas optaron por una resolución liberal, quizás porque la producción de “Lilyhammer” estaba compartida con EEUU.

Sin embargo, y aquí quería llegar, en “Beforeigners” se optará por un retorno a las esencias identitarias para, así, evitar la imparable decadencia y desmoronamiento de las sociedades occidentales. Los nuevos visitantes vikingos serán los “elegidos” para salvar a los actuales “animales de lujo”, a los descendientes de los nórdicos que en el pasado se dejaron castrar por el cristianismo (léase segundo humanismo, pues el primero fue el de Roma). En esta nueva serie (nueva propuesta sobre la cuestión del ser) ya no se hablará de “multiculturalidad” sino de “multitemporalidad”. Ya no se harán referencias a personas  “transgénero” sino a individuos “transtemporales”. Cambian los conceptos, pero esta novedosa “neolingua” , que aparentemente se aparta de la realidad a través de la ficción, lo que pretende es llegar a la raíz; a la causa primera que fue el origen de la decadencia de Occidente: el judeocristianismo. Resulta imposible no efectuar una lectura en clave nietzscheana.
ESCENAS PARALELAS

Son muchos los puntos en común que podemos encontrar en “Lilyhammer” y “Beforeigners”: la misma intencionalidad en la crítica social, el planteamiento, valiente e inteligente, de los problemas que entrañan los choques entre conciencias y/o civilizaciones; las diferencias y conflictos, en definitiva, que surgen al convivir los “hunos con los hotros”. Pero a mí, particularmente, me resultó muy significativo que en ambas series se repitieran, prácticamente igual, dos escenas referentes a las “políticas estatales sobre integración”.

En “Lilyhammer” unos “educadores” impartían un “curso de integración” a un colectivo formado mayoritariamente por musulmanes. El conflicto surgió cuando un musulmán dogmático se negó a darle la mano a una educadora, mostrando, así, su rechazo a la sociedad y la cultura que le acogían. Mientras todos los educadores permanecieron inmutables, aceptando estoicamente la humillación a su compañera de trabajo, Frank actuó y le cantó las cuarenta al musulmán que la despreció.
En “Beforeigners” se repetirá la misma escena: unos educadores explicarán las bondades de la sociedad de acogida a un grupo de recién llegados, en esta ocasión vikingos. Tras soltarles el mismo rollo “buenista”, como a los musulmanes en  “Lilyhammer”, los guerreros de Odin reaccionarán indignados y se negarán a aceptar los valores de la nueva sociedad de la que formaban parte. ¿Qué clase de sociedad era aquella que claudicaba y aceptaba la sumisión ante “el otro”, ante otras conciencias antagónicas y enemigas?

CONCLUSIÓN
Puede parecer poco e insuficiente, pero en nuestras actuales sociedades occidentales, castradas y carentes de identidad y valores tradicionales, las valientes propuestas estéticas de estas series noruegas son importantes, al menos, si no para “despertar” conciencias (harto complicado a estas alturas) sí para “zarandearlas” y hacerles pensar y reflexionar en el claro del bosque.

 

miércoles, 8 de mayo de 2019

LA ESPAÑA QUE NUNCA PUDO SER LIBERAL


INTRODUCCIÓN
En otra entrada de este blog escribí una reflexión comparativa entre dos series de televisión, “Juego de Tronos” y “La casa de papel”, para intentar demostrar hasta qué punto la ideología de las mal denominadas “izquierdas” (indefinidas y antiilustradas o reaccionarias) han ocupado y colonizado los espacios públicos más importantes de la sociedad española (sus calles y plazas, la cultura y la educación, medios de información…) consiguiendo, así, institucionalizar “su verdad”.
Ese mismo día, una vez más, tuve que señalar una nueva “inexactitud” de Andrés Trapiello, según el cual los dos grandes vencedores de la Guerra Civil española fueron, a la postre, FE (Falange Española) y PCE (Partido Comunista Español). Pero el único vencedor, como demostró la historia e intentaré demostrar yo mismo a continuación, fue el PCE, por la sencilla razón de que el resentimiento siempre perdura más que cualquier sentimiento de concordia.

PROCESO DE “SOCIALDEMOCRATIZACIÓN” DE LA UNIVERSIDAD ESPAÑOLA (y de la universidad a la sociedad)
¿Cómo ha sido posible que nuestras “izquierdas”, no olvidemos que perdedoras de la Guerra Civil, hayan podido “colonizar”, sin que nadie les chistara, la generalidad de los espacios públicos de nuestra nación? ¿Cómo ha sido posible que la izquierda fuera, y siga siendo, la mano que mece la cuna; la mano que ha hecho posible, de hecho, que España sea "roja" en esencia, tanto en su fondo como en sus formas?

La respuesta parece clara: ha sido posible debido a los complejos y la cobardía de una “derecha” que, en realidad, solo tenía de “derecha” el nombre. Desde la Transición, no ha existido una derecha auténtica en España, liberal y conservadora, republicana y democrática, orteguiana al cabo. Así que, retomando a Ortega, intentaré llegar a la verdad radical que pueda proporcionarnos una explicación racional, argumentada y fundamentada, sobre esta “anomalía histórica” que ha permitido que, en España, la historia la escribieran los perdedores.

EL CLUB DE LOS LEÍDOS
El ser humano está constituido por tres dimensiones: individual, social e histórica (Zubiri). Ortega lo resumió magníficamente con su “Yo soy yo y mis circunstancias”. Deberemos considerar, por tanto, la dimensión del yo (conciencia individual) y las dimensiones sociales e históricas (conciencia colectiva) para entender cómo fue posible que durante nuestra Transición se perdiera por el camino “el espíritu orteguiano”; ese espíritu aristoi y liberal que nos instaba a considerar la vida como una verdad radical en sí misma, para “superarla” (sus adversidades) a través de la razón.

Los leídos, o el “club de los alfabetizados” (genial Sloterdijk) se dedican a razonar y solucionar problemas, lo cual está muy bien, pero ¿para qué?
Básicamente, y pecando de reduccionistas, podríamos decir que en España, tras la GC existieron dos clubs alfabetizadores que “ocuparon” institucionalmente el espacio público, desplazando por completo  la propuesta liberal o raciovitalista (orteguiana):

1)     El club esencialista: los herederos del falangismo (Aranguren, Entralgo y Ridruejo entre ellos). Se preocuparon, sobre todo, por la ética y la moral y sus implicaciones en la religión y la política.
 
     2)     El club materialista: marxistas en general, preocupados por transformar la realidad política de España.

Estos dos "clubs" o corrientes ideológicas dieron forma, correlacionando entre ellos, a un pensamiento antiliberal que impregnó a toda la sociedad y la política española.
Lo paradójico, como veremos a continuación, es que fueron precisamente los discípulos de Zubiri (Aranguren y Entralgo entre otros) quienes acabaron por desterrar de las universidades españolas el pensamiento orteguiano (maestro de Zubiri), mientras, al tiempo, convergían, a través de la ética zubiriana, con el rostro amable del marxismo: la socialdemocracia.
Esto tiene que quedar muy claro: las universidades españolas, durante toda la Transición, estuvieron dominadas por el pensamiento zubiriano, dedicado casi exclusivamente a elucubrar sobre el bien y el mal, obcecado por el problema teologal, la ética y la moral. Nadie del club esencialista, durante la Transición, se pre-ocupó (se ocupó con antelación) de la realidad material del momento, ignorando que el marxismo (la otra conciencia alfabetizadora), muchas veces desde la clandestinidad, se iba infiltrando en las aulas universitarias poco a poco, hasta imponer “su verdad”.

Pero los discípulos de Zubiri no solo ignoraron “el peligro marxista”, sino  que se obsesionaron por hallar una ética universal a través de la cual lograr la justicia social. Otros pensadores como Ridruejo, otrora admiradores del fascismo, acabaron convergiendo con las tesis socialdemócratas a través de la Escuela de Frankfurt. Se olvidaron de la realidad material, de la necesidad de preservar la integridad y unidad de la nación; se olvidaron de las libertades individuales, de la dimensión individual del animal de realidades que es el hombre. Solo se pre-ocuparon, impregnados de esencialismo zubiriano (a la postre judeocristiano), de soñar con felices sociedades hermanadas a través de una conciencia colectiva común.
CONCLUSIÓN

La idiosincrasia esencialista de los herederos del falangismo fue, precisamente, la que les convirtió en perdedores tras acabar la Guerra Civil. Los discípulos de Zubiri se olvidaron de Ortega, y con él se olvidaron de la realidad material; se olvidaron, ebrios de esencialismos ético-morales, de preservar la unidad de la nación, que es, al cabo, la capa basal sobre la que puede fundamentarse un Estado operativo que garantice los derechos y libertades de TODOS los ciudadanos (Gustavo Bueno).
Queda demostrado que FE no ganó nada tras acabar la GC. De hecho, el régimen franquista supuso la división de la intelligentsia falangista, la cual se fragmentó en diferentes facciones, siendo la hedillista la más crítica con Franco. Sin embargo, el PCE, a pesar de estar proscrito, sí siguió perviviendo en el subconsciente colectivo de las masas, como la posibilidad operativa (sueño mesiánico) del marxismo que algún día habría de consumarse en el ex-sistere. Dicha posibilidad estuvo casi a punto de “alcanzar los cielos” a través del neocomunismo emergente de Podemos que, no lo olvidemos, todavía sigue gozando de buena salud (sobre todo en muchos municipios del Baix Llobregat, donde a pesar de casoplones y otros cagarrones, han sido segunda fuerza por detrás de un arrollador PSC).

El PCE, desde la perspectiva expuesta por Andrés Trapiello, sí puede considerarse ganador. Pero no así FE, que en absoluto se ha mimetizado en VOX.
VOX, a través de las tesis del materialismo filosófico de Gustavo Bueno, lo único que ha intentado hacer es “recuperar” las propuestas más raciovitalistas de Ortega y Gasset, aunque cometiendo el error, en mi opinión, de seguir otorgándole un peso todavía demasiado relevante al esencialismo católico (conciliador). Por ese camino, desde luego, VOX correrá la misma suerte que los perdedores de FE (hermanitas de la caridad), porque el único esencialismo que, a día de hoy y por todo lo expuesto, ha logrado imponer “su verdad” en España ha sido el marxista, alimentado desde el odio y el resentimiento hacia España y todo lo español (comunismo); un marxismo que ha sido "asimilado" tanto por las "derechas esencialistas" como por algunos sectores de la Iglesia de la liberación (jesuitas) e incluso por el actual Papa Bergoglio, ya conocido como "el Papa rojo".

lunes, 11 de marzo de 2019

Rebeliones, a las mayorías desde las minorías



Podríamos ubicar cronológicamente la aparición del fenómeno de la rebelión de las minorías en la Europa de Adorno (Escuela de Frankfurt); en las relaciones que ya entonces comenzaron a darse entre la Teoría Crítica (marxismo revisado y reinterpretado) y los crecientes secesionismos particularistas (nacionalismos provincianos), el feminismo (hoy femimarxismo) y otros colectivos que “se sentían históricamente agraviados”. No cabe duda de que existió una relación simbiótica entre el “marxismo-cultural” de los años 60 y la aparición del PENSAMIENTO SENSIBLE, cuya estética, aparentemente pacífica (falsa, como hemos podido comprobar a día de hoy) escondía realmente la prepotencia señorial de CONCIENCIAS SUPREMACISTAS.

Modestamente, e instado por la “joputa” circunstancia de vivir en tierras catalanas, he reflexionado bastante sobre el tema de la rebelión de las minorías y he llegado a algunas conclusiones:
Estoy de acuerdo en que el motor o génesis de todo movimiento rebelde o revolucionario radica en algo más que motivaciones meramente económicas (visión marxista). Yo estoy con Nietzsche, y creo que la base de toda rebeldía es, básicamente, el RESENTIMIENTO.

El nacionalismo provinciano y ombliguista siempre se ha alimentado del resentimiento para combatir al nacionalismo español dominante, acusándolo de ser aglutinador y uniformador (fascista). Del mismo modo, el feminismo legitima las aspiraciones de su actual supremacismo ideológico desde el resentimiento hacia la figura masculina, por más que se obceque (en vano, todo hay que decirlo) en asegurar que busca la igualdad entre hombres y mujeres. Lo mismo podríamos decir de las crecientes aspiraciones (control del poder) por parte de otras ideologías de género a través de lobbys económicos (Idelología LGTBI).

Quizás fuese Adorno quien destapara la caja de Pandora al desarrollar su dialéctica de la negación; dejó libre nuevos “males” que, con el tiempo, todo lo han infectado y llenado de podredumbre moral. Al cabo, todo cambio social y político sigue siendo el resultado de una lucha de contrarios (proceso dialéctico) por más que las formas y estrategias para legitimar las aspiraciones de poder muten y se adapten a nuevas fórmulas, ya sean estéticas (LGTBI) o de resistencia “aparentemente” pasiva (feminismo). Pero ningún acto de rebeldía es “pacífico”, por más que se disfrace con “máscaras sonrientes”.
¿Qué tienen en común los nacionalismos más provincianos, minoritarios y particularistas, con el feminismo e incluso con los crecientes movimientos LGTBI?
Resentimiento. Todos ellos guardan un profundo resentimiento alimentado por los numerosos agravios de los que fueron víctimas a lo largo de la historia. Agravios que lejos de “superarse”, pese a que ya no se dan en las actuales sociedades de Occidente, se reactualizan y se magnifican por tal de “sacudir conciencias dormidas” y crear nuevas MASAS MAYORITARIAS fieles a nuevos dogmas ideológicos.
¿Pero por qué y cuándo se genera el resentimiento?
Se comienza a desarrollar cuando una víctima, cualquiera, es consciente de estar siendo cosificada (convertida en medio por tal de satisfacer los fines de terceros) y, sin embargo, dicha víctima se ve incapaz, impotente y frustrada, al no saber cómo "liberarse" de tan injusta realidad.
Por supuesto, estos colectivos tendrán suficientes y legítimas razones para rebelarse, para organizarse y para formar grupos de presión que cuestionen la prepotencia de los diferentes grupos dominantes (Estados, sociedades patriarcales, supremacismos religiosos...).

Sin embargo, “los sueños de la razón engendran monstruos". Pasado un tiempo, y a medida que la minoría vaya convirtiéndose en creciente mayoría, el nacionalista provinciano ya no se contentará con ser un igual y dejar de ser vasallo, sino que aspirará (voluntad de poder mediante) a ejercer de señor soberano y prepotente. Bien nos advirtió Julián Marías que era "un grave error intentar contentar a los eternos descontentos". Yo más bien diría que es un grave error intentar contentar a los ETERNAMENTE RESENTIDOS.

Lo mismo sucede con el feminismo, el cual, a pesar de decir buscar la igualdad entre hombres y mujeres, acaba convirtiéndose en un supremacismo prepotente (también señorial) que desprecia al hombre y excluye a éste, de hecho, en el proceso de la revolución feminista, de la misma manera que la revolución proletaria excluyó a las demás clases sociales (consideradas falsas conciencias). Así, el feminismo solo aceptará como verdadera conciencia la propia de una utópica sociedad matriarcal.
Cabe la sospecha, por tanto, de que cualquier minoría actual, como ya ha demostrado el feminismo a través de sus propias celebraciones excluyentes (hombres abstenerse de participar), acabe aspirando en el futuro a tener un dominio señorial sobre quienes antes fuesen sus señores dominantes. Del mismo modo, el nacionalista provinciano, de triunfar su rebelión, todavía minoritaria, no dudará en OPERAR para en el futuro facilitar una rebelión de mayorías (siguiendo adoctrinando desde escuelas, instituciones públicas y medios de comunicación).

CONCLUSIÓN

Yo lo veo así de claro: toda rebelión minoritaria acaba aspirando, más temprano que tarde, a convertirse en una rebelión de mayorías o de masas. Por eso mismo, los grupúsculos primigenios de cualquier nacionalismo provinciano (minoritarios al principio) saben que deben manipular y condicionar las voliciones populares a través de reduccionistas y repetitivas pedagogías sociales (escuelas, medios de información), hasta crear mayorías suficientes que puedan legitimar sus aspiraciones de poder.
Este 8M las esperpénticas escenificaciones psicodramáticas de diferentes grupúsculos feministas también han dejado caer sus caretas y han dejado al desnudo sus pechos; y desnudos han quedado su ODIO Y RESENTIMIENTO que son, de facto, los verdaderos motores que mueven a toda conciencia supremacista.
Desde mi punto de vista, aspirar a tener voluntad de poder no significa ansiar poder económico, que también, sino que implica voluntad de imponer una RAZÓN DE SER; una forma de vida (cosmovisión) diferente a la tradicional, la cual se atacará calificándola de dominante (el tan manido término fascista del que abusan los tontilocos), o tildándola de heteropatriarcal (sociedad machirula de las femimarxistas actuales).
Obsérvese que ninguna de estas “minorías”, que hoy están logrando aglutinar importantes mayorías, no hubiesen podido medrar, menos aún “crear nuevas conciencias”, sin el concurso impagable del marxismo-cultural.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Sloterdijk, el hijo díscolo de Habermas (incluida crítica de Fernando López Laso)

 
Quienes hemos sido hijos y familiares de rojos, adoctrinados desde la cuna en la verdad de los "buenos y justos", sabemos muy bien que para romper con los lazos sentimentales con los que nos maniataron y secuestraron los ideólogos de victimismos y revanchismos históricos, solo cabe la VOLUNTAD DE SABER. Para poder librarnos del poder subyugador de seductoras conciencias sensibles solo cabe una férrea, fría y aséptica voluntad que nos inste a conocer la auténtica verdad, por cruda y desgarradora que ésta sea.
Peter Sloterdijk, filósofo alemán, ha realizado el duro y sacrificado recorrido de quienes se han obligado a buscar la VERDAD (con mayúsculas), superando sumisos vasallajes y los sentimentales servilismos que atan a muchos pensadores a trasnochadas ideologías (marxistas).
Nadie como Sloterdijk ha entendido a Heidegger; porque nadie como Sloterdijk se ha obligado a pensar a Heidegger desde Heidegger y no solo "contra Heidegger" (Habermas).
Sloterdijk no solo ha desenmascarado al marxismo como una prepotencia esquizofrénica (ver "Crítica de la razón cínica"); y no solo ha sabido ver que "el comunismo es un banco de odio", sino que ha visto "más allá del bien y del mal" y nos ha mostrado a un Heidegger "hijo de su tiempo", un tiempo en el que fueron muchos los pensadores y las conciencias que soñaron con "buenos y justos" supremacismos utópicos.
Sloterdijk no ha pecado de "hemiplejía moral" (genial Ortega) como sus mayores de la Escuela de Frankfurt (Adorno y Horkheimer) y ha reconocido lo que todavía hoy muchos se niegan a reconocer: tan supremacista fue la ideología marxista como la nacionalsocialista; ambas uniformadoras, totalitarias y negadoras de la sacra libertad individual.
Ninguno de los mayores de Sloterdijk se atrevió a desenmascarar esta cruda verdad. Ni Adorno ni Horkheimer en "Dialéctica de la ilustración", ni Erich Fromm en su magnífica "El miedo a la libertad" se atrevieron a cuestionar la moral de los buenos y justos. Siempre que se buscaba al culpable de cercenar las libertades individuales se señalaba al nacionalsocialismo, pero el prepotente y esquizofrénico marxismo se escapaba de rositas; esa suerte de "pseudofilosofía", como la definió Bertrand Russell, o "pseudomoral eslava" en palabras más acertadas de nuestro Ortega, siempre ha escapado impune al juicio de la historia escudándose en la maldad del nacionalsocialismo. Muchos olvidan, pero, que el comunismo, el genocida y vil comunismo, nació antes que cualquier forma de fascismo. De hecho, los fascismos son hijos bastardos, aunque nacionalistas, del pérfido comunismo. Y el comunismo, por más que les pese a los "buenos y justos", tan solo es la consumación operativa (praxis en la realidad) de la idealista e imposible teoría marxista.
Gracias, Sloterdijk, por obligarte a desnudar la verdad; esa verdad que cándidos humanistas, como papá Habermas, se empeñan en ocultarnos, disfrazándola de "buena y justa" verdad ilustrada.
 
Crítica de Fernando López Laso:
Pues se quedará vd. tan a gusto, D. Herrgoldmundo. Por refrescarle un poco la memoria me limitaré a decir que el Sr. Marcuse, uno de esos hemipléjicos morales que fueron según vd. todos esos judíos que son los mayores de Sloterdijk -según la insultante expresión que empleaba, y que no comparto- pues ese mismo Sr. Marcuse escribió un libro nada desdeñable, que lleva por título 'El marxismo soviético' y es una de las mejores aportaciones a la crítica del estalinismo y del marxismo del Diamat. Como si fuera lo mismo decir socialismo soviético, comunismo político y marxismo. Sin precisar lo suficiente, no cabe abordar estos problemas filosóficos.
 
Réplica a D. Fernando López Laso:
 

EL METAMORFISMO DE LA CONCIENCIA
Acabo de leerme, confieso que precipitadamente, un buen artículo de Fernando López Laso titulado "Metamorfismo de Marx".
No voy a discutirle a un filósofo de la talla de López Laso sus expertos conocimientos sobre Marx y el marxismo. Sí pretendo, pero, defenderme del cortés "ataque" con el que obsequió (en verdad fue un regalo su inteligente aportación) a una reflexión que escribí, prácticamente a vuelapluma, el otro día: "Sloterdijk, el hijo díscolo de Habermas".
Me "afeó" Don Fernando, e hizo bien, que hubiese obviado la crítica de Marcuse al marxismo; también me tiró de las orejillas por haber tildado de "hemipléjicos morales" a la generalidad de los filósofos de la Escuela de Frankfurt. Sin embargo, al recurrir al término acuñado por Ortega (hemiplejía moral) no pretendí insultar ni descalificar a tan brillantes pensadores, sino tan solo señalar lo que, por otra parte, es muy FÁCIL de comprobar: tanto en la obra de Adorno y Horkheimer ("Dialéctica de la Ilustración") como en la de Erich Fromm ("El miedo a la libertad") se critica constantemente, a lo largo de las páginas de dichas obras, la política operativa del nacionalsocialismo y, por ende, a Heidegger, mientras que se muestran mucho más benévolos y condescendientes con la política operativa marxista (comunismo).
Supongo que los pensadores de la Escuela de Frankfurt estaban interesados en legitimar la obra marxista. Nada que objetar, también Fernando López Laso la legitima y reivindica en su artículo "Metamorfismo de Marx". Tampoco nada que objetar.
A mí me parece muy bien que se legitimen y/o recuperen las bondades y verdades que subyacen en el marxismo, sobre todo en lo referente, como bien señala el propio López Laso, a la teoría económica de la plusvalía. El problema de la plusvalía (cómo efectuar un reparto justo de la riqueza) sigue planteándonos, efectivamente, una gran aporía que todavía queda por resolver. Todos estamos de acuerdo con Aristóteles: "no se trata simplemente de vivir, sino de vivir bien".
El problema, como también señala López Laso, es que la dialéctica o dinámica de la historia ha demostrado que la teoría sociológica que subyace en el marxismo, sobre todo la que hace referencia al endiosamiento de una única conciencia auténtica y universal (la proletaria), resulta hoy anácronica y obsoleta. Ya solo los muy ilusos, a fuer de "cándidos humanistas", siguen creyendo posible reinventar un comunismo que sea, al tiempo, operativo y también bueno y justo (véase Podemos). Pero, ¿bueno y justo para quiénes? ¿Para qué clase de personas? ¿Para qué conciencia colectiva?
Bueno, y aquí quería llegar, a la aceptación, espero que compartida por todos, de que la CONCIENCIA MARXISTA no es la única conciencia que lucha en el claro del bosque por tal de legitimarse como la única "buena y justa". En mi opinión, no solo la teoría marxista, como sucede con las rocas metamórficas, ha cambiado de forma según las alteraciones de temperatura y condiciones climáticas (entiéndase según las circunstancias históricas), sino que es la gran conciencia hegeliana la que se reinterpreta, o es puesta "al revés", según las diferentes lecturas, dolores o aburrimientos de cada época. Esto es lo que ha sabido ver Sloterdijk.
Peter Sloterdijk, como nuestros marxistas, también cree que la historia no ha llegado a su fin (tesis de Fukuyama). Pero el "hijo díscolo de Habermas" acepta que la realidad abierta ofrezca muchísimas más posibilidades alternativas a la cansina y constantemente "reinventada" propuesta marxista.