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viernes, 1 de mayo de 2020

LA DIALÉCTICA DE LAS LÁGRIMAS (Solón vs Pablo Iglesias)



INTRODUCCIÓN


Las “izquierdas posmodernas” españolas, es decir, los “progresistas” de siempre, ahora sanchificados y podemizados, se obcecan en seguir negando la realidad para, así, ajustarla mejor a sus “idealistas conciencias”.


Nuestros posmodernos continúan creando posverdades (falsas verdades) y ficticias realidades; se siguen obstinando en creer, autohipnosisis sugestivas mediante, en sus sentimentales mundos de Yupi.
Pero estos infames, tras pervertir la razón e instrumentalizarla, aún están llegando más lejos, atreviéndose, incluso, a pervertir los sentimientos más puros y honestos, hasta convertirlos, también, en herramientas al servicio de sus intereses bastardos.


EL SENTIMENTALISMO INSTRUMENTAL


De la misma manera que la “razón ilustrada” devino “razón instrumental”, orientada a la consecución de determinados fines concretos, la otrora espontánea expresión de las emociones también está siendo forzada a convertirse en falsa representación psicoestética; en nuevo sentimentalismo instrumental al servicio de nuevas conciencias ñoño-soñadoras.
Así, la razón lógico-tradicional de nuestros padres está siendo sustituida por la razón estético-sensible de nuestras madres. Pero no, ni siquiera eso, pues la razón de nuestras madres, aunque ebria de emotiva empatía, todavía estaba religada a la realidad, a la tierra, a la vida… a la verdad.

Ahora, sin embargo, se impone la ficticia verdad femimarxista y su “ideología de género”; una “verdad” que nada o muy poco tiene que ver con la razón de ser histórica de los respetables matriarcados tradicionales.
Femimarxistas y podemitas, ellos, ellas y elles, y la madre que los parió a todos, están pervirtiendo los sentimientos más puros, necesarios para la catarsis de las almas más atormentadas, hasta convertirlos en impostadas “bufonadas ideológicas”.


LAS LÁGRIMAS DE CARNE Y HUESO DE SOLÓN


Unamuno, en su “Del sentimiento trágico de la vida”, cuenta el episodio acaecido entre un poderoso gobernante (cuyo nombre recuerdo) y el sabio Solón.
Estando Solón llorando amarga y desconsoladamente, tras la muerte de su hijo, se le acercó un rey para preguntarle “por qué lloraba”. En el parecer del poderoso, no denotaba demasiada sabiduría lamentarse por un hecho ya irremediable. ¿No ves, preguntó el gobernante a Solón, que llorar no sirve de nada?


Y Solón le contestó: - Pues, precisamente, por eso lloro, porque no sirve de nada.


Las lágrimas de Solón surgían de la impotencia y de la frustración, eran el fruto de la catarsis, sincera y honesta, de un alma verdaderamente atormentada; un alma que sabía que ya NADA podía hacer para devolverle la vida a su hijo. Eran lágrimas humanas, pero también, como diría Don Miguel, eran lágrimas de “carne y hueso”. No eran, en absoluto, lágrimas instrumentales.


LAS LÁGRIMAS PSICOESTÉTICAS DE PABLO IGLESIAS


Los patéticos psicodramas representados por Pablo Iglesias, a través de llantos impostados, falsos y bufonescos, nos provocarían la risa, incluso las carcajadas más despiadadas, si no fuera porque bajo la apariencia de su fingida “sensibilidad humanista” se esconde un ser sin alma. Peor aún, se esconde un “destructor de almas”, un individuo despreciable que, con su proceder, alimenta la sospecha de que cualquier llanto, como el suyo propio, pueda ser, tan solo, un impostado “llanto instrumental”. 


Lo verdaderamente grave de todo el pensamiento estético-sensible posmoderno no radica en que éste se postule como una mentira cínica y descarada, que también, sino que consiste en negarles a los últimos hombres de carne y hueso la posibilidad de poder llorar sin que ello sirva para NADA; llorar, tan solo, para purificar el alma; llorar para exorcizar el sentimiento trágico de vivir…


Lo trágico de las lágrimas de Pablo Iglesias es que su “calculada instrumentación” niega la verdad de otras lágrimas más sinceras y honestas, lágrimas inútiles, pero necesarias para el espíritu, como las del sabio Solón.