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sábado, 1 de mayo de 2021

PSICOSOFÍA (nueva propuesta analítica)


INTRODUCCIÓN
No nos engañemos, cuando una parte importante de la ciudadanía de nuestro país desprecia o infravalora el hecho serio de ser español, o ningunea la importancia de sus símbolos patrios (pongamos por caso la bandera), resulta evidente que en dicha actitud subyace un desapego afectivo; un distanciamiento (falta de identificación) entre el Yo (biogenético) del ciudadano y su mundo circundante (lugar de nacimiento en este caso).
El origen de la desafección de muchos españoles hacia su nación habría de buscarse, sin duda, en la clase de persona que es cada individuo; es decir, en la biogenética de su Yo. Ni la historia común ni las circunstancias particulares de cada sujeto explicarían, por sí solas, la génesis de sentimientos y emociones a favor o en contra de determinados apegos ; ni explicarían tampoco la adhesión a determinadas ideas y/o creencias. Existen factores biogenéticos a priori (psicológicos y biológicos) que, al modo de los conceptos puros kantianos (espacio y tiempo) son necesarios para hacer posible el conocimiento y la generación de emociones y sentimientos.
Por supuesto, las circunstancias históricas y personales (familiares y sociales) también moldearán las preferencias y gustos estéticos, a la postre también ético-morales. Pero, insisto, el carácter (perfil psicológico) del individuo tendrá un peso más que relevante a la hora de desarrollar "apegos afectivos".
DIALÉCTICA DEL YO
En unas circunstancias ambientales asépticas, donde la superestructura (cultura, medios de información y educación) no estuviese bajo el dominio y control de una determinada ideología, cada individuo, impelido por su Yo (creencias, sentimientos y motivaciones), optaría libremente por "hacer suyo" aquel credo religioso y/o político que fuese más afín a su particular modo de ser.
Pero nuestro Yo, libertad en acción en términos fichteanos, no es un "absoluto", sino un absoluto-relativo en constante pugna dialéctica entre el sujeto y el objeto; entre nuestro Yo y sus circunstancias, entre Dasein y mundo; entre ser-en-sí y ser-ahí en/con "lo otro". Nuestro Yo está en eterno conflicto consigo mismo y con "lo otro" (objetos en el mundo) y, por tanto, es también una Idea en constante construcción. De hecho, el Yo es un constructo inexistente, una idea hipostasiada carente de materialidad corpórea, pero que supone en sí mismo un modo de materialidad (M3 en la ontología General de Gustavo Bueno) necesaria para poder operar en y con el mundo.
El psicoanálisis consideró una dialéctica del Yo cuyo funcionamiento, en mi opinión, es análogo a la dinámica de la conciencia o fenomenología del espíritu hegeliano.
LAS DOS ESPAÑAS (y los dos Machado)
En los albores de la Guerra Civil española comenzó a recrudecerse la dialéctica entre dos conciencias antagónicas (burguesa y proletaria). Pero entonces, y a pesar de lo explicado por Marx en "El manifiesto comunista", la superestructura burguesa-capitalista no disponía de la fuerza adoctrinadora y manipuladora que hoy, por ejemplo, ostenta el populismo socialcomunista; es decir, sí existía una verdad institucionalizada al servicio de los intereses de una clase social: la conciencia burguesa. Pero dicha conciencia se preservaba más a través de la coacción operativa del Estado que por la existencia de una conciencia espiritual colectiva. No existía una "conciencia de clase burguesa", porque no existía una superestructura adoctrinadora de masas orientada a crear entre la ciudadanía una conciencia de clase burguesa.
Dicha superestructura burguesa daba por hecho que su verdad no podía cuestionarse, hasta que, por supuesto, apareció el marxismo postulando la supremacía de una nueva conciencia proletaria que reivindica su derecho a ser; su derecho a consumarse operativamente como nueva posibilidad del Ser. De manera parecida, nadie se cuestionaba el hecho de ser hombre o mujer hasta que apareció la conciencia de la ideología LGTBI; y ningún hombre se cuestionaba si era realmente un machista violador al servicio del heteropatriarcado hasta que el femimarxismo construyó "su verdad" de odio y resentimiento para, así, cosificar y culpar al varón de las injusticias existenciales (por cierto, ¿qué es justo o injusto?).
La ciudadanía española de entonces, en su mayoría analfabeta y, por tanto, ajena a los efectos adoctrinadores de escuelas y medios de comunicación (revistas y diarios de la época), carecía de "conciencia de clase", no era de derechas ni de izquierdas. Fue, por tanto, la élite ilustrada del momento, formada y con acceso a medios de información, la que se posicionó a favor o en contra de una u otra conciencia; a favor de una u otra España (la nacional vs la roja); y lo hizo en función de la idiosincrasia de su particular Yo, sus sentimientos, voliciones y motivaciones, jamás convencida por las bondades de los argumentos y fundamentos de las diferentes ideologías en lid (subrayo enfáticamente esta observación que se me antoja gran verdad).
Sería interesante realizar el perfil psicológico de las élites intelectuales de aquel difícil período histórico; comprobar hasta qué punto no solo las graves circunstancias del momento determinaron sus posturas ideológicas, sino también sus respectivas biogenéticas o, en palabras de Ortega (que también fueron las de Fichte), hasta qué punto tomaron partido en función de la clase de personas que fueron.
Baste tan solo, a modo de rápida ilustración, echar un vistazo a lo sucedido en el seno de la propia Escuela de Madrid. Muchos discípulos de Ortega y Gasset, liberal y republicano, devinieron socialistas, como María Zambrano. Otros, como García Valdecasas, que fundaría el Frente Español (donde también militó Zambrano antes de ser seducida por el socialismo), devendrían falangistas; caso también de Laín Entralgo.
Las circunstancias históricas fueron las mismas para todos ellos, cierto. Y todos ellos, discípulos de Ortega, fueron en su mayoría republicanos (caso también de Valdecasas) y/o liberales antes de devenir socialistas o falangistas. Entonces, ¿qué determinó que la herencia liberal-conservadora y republicana de la Escuela de Madrid se diluyera en la nada?
Pues la causa fue la irrupción de una nueva conciencia dispuesta a presentar batalla en el claro del bosque; una conciencia proletaria que reivindicaba su derecho a ser despreciando y cosificando, con soberbia prepotencia, al resto de conciencias; conciencias que no solo eran burguesas y/o liberales, sino también anarquistas. Solo UNA podía ser la conciencia verdadera. Había surgido un nuevo supremacismo totalitario, disfrazado de teoría de la liberación, que se arrogaba estar destinado a emancipar a los oprimidos; había nacido un nuevo credo religioso.
Pero lo sucedido en la Escuela de Madrid, la escisión del liberalismo republicano en nuevas formas ideológicas (socialismo y falangismo), también aconteció incluso en el seno de las propias familias; individuos que convivían en común , con valores también comunes, y con unos mismos lazos afectivos, tuvieron que optar por una de las nuevas conciencias.
Una de esas familias fue la familia Machado.
Los hermanos Antonio y Manuel Machado se me antojan la metáfora perfecta de las dos Españas que se enfrentaron en nuestra fratricida Guerra Civil. Antonio Machado dio en llamar "las dos Españas" a los dos bandos, republicanos y nacionales, que defendían diferentes ideas y, por tanto, también hicieron suyas diferentes verdades.
Una lectura precipitada, errónea en mi parecer, señalaría la génesis del conflicto en las diferencias circunstanciales entre clases sociales (teoría marxista) y, por tanto, también en los condicionantes históricos. Pero lo sucedido en la Escuela de Madrid, así como en otros círculos de intelectuales y en las propias familias, demuestra que, al final, cada Yo individual, instado por su particular modo de ser; modo de pensar y de sentir, eligió en función de la clase de persona que era.
Antonio y Manuel eran hermanos que no solo compartían una misma herencia genética, sino también unas mismas circunstancias socio-económicas (familiares) e históricas. Los dos eran hijos de los mismos padres y de un mismo tiempo, pero ellos optaron por ser fieles a verdades distintas, a diferentes posibilidades del Ser que se abrían en la realidad.
¿Por qué?
Porque los hermanos Machado, como la generalidad de los españoles de su generación, se vieron obligados a elegir entre dos opciones ideológicas, antagónicas y aparentemente irreconciliables entre sí; ideologías que se fundamentaban, respectivamente, en dos sustantivaciones o ideas hipostasiadas: la idea de nación vs la idea de internacionalismo. En este sentido, tanto el nacionalismo como el internacionalismo marxista podrían (deberían) considerarse ideologías idealistas.
Sin embargo, un análisis más minucioso, racional y realista, permitirá descubrir importantes diferencias entre ambos "idealismos", sobre todo a partir del raciovitalismo orteguiano y el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno.
EL NACIONALISMO, entendido como el apego a la nación (lugar donde se nace); y comprendido también como religación a la patria (tierra de los padres) se fundamenta a partir de la pertenencia, dominio y control de la capa basal que es la tierra, el espacio-materia que ocupa un individuo desde que sus padres lo traen al mundo. Esta es una fundamentación vital y materialista, perfectamente compatible con la propuesta raciovitalista de Ortega y Gasset. También el MF (materialismo filosófico) de Gustavo Bueno fundamenta la realidad material y corpórea de la nación, como la tierra o sustancia (capa basal) a partir de la cual se construye y articula una sociedad.
EL INTERNACIONALISMO MARXISTA, paradójicamente argumentado a partir de los materialismos histórico y dialéctico, se sustenta, sin embargo, a partir de una fundamentación idealista (esencialista), pues proclama como fin último de la historia del ser humano la desaparición de las naciones (aspiración a un ideal). El marxismo postulará que el análisis científico de la historia demuestra la existencia de una clase proletaria; una clase oprimida, en todo el mundo, que carece de patria y solo podrá emanciparse o liberarse haciendo suya una conciencia internacionalista o de pertenencia al conjunto de la humanidad (una teleología muy parecida a la propuesta católica).
Nacionalismo y socialismo, o patria y justicia social si se prefiere, son Ideas sustantivadas; son abstracciones virtuales (modos de ser en las conciencias) que permiten operar con y en el ex-sistere, para permitir el control y el dominio de la naturaleza, del mundo en definitiva.
Se trata, siempre, de una dialéctica de control y dominio, y no tanto de una dialéctica entre clases sociales, como reconoció el propio Jürgen Habermas. Y de la clase de persona que seamos, como bien supo ver Ortega, y no dependiendo de la clase social a la que pertenezcamos, dependerá que dos hermanos, con una misma genética y criados en un mismo contexto histórico, y en el mismo ambiente familiar, decidan hacer suyas una u otra ideología (léase Verdad).
PERFILES PSICOLÓGICOS
No disponemos de los perfiles psicológicos de los hermanos Machado, pero me atrevería a pronosticar, conociendo sus apegos ideológicos, qué rasgos de carácter configurarían, probablemente, sus respectivas maneras de ser.
Una primera clasificación nos la facilitaría la dialéctica dualista existente entre optimistas antropológicos, más dados a ensoñaciones idealistas, y los pesimistas antropológicos, más apegados a la realidad de la tierra.
Si partimos de la máxima de Fichte (que yo considero cierta y difícil de rebatir): "De la clase de persona que seamos dependerá la filosofía que escojamos", podremos pronosticar, como decía, que el hermano más realista, conservador y responsable con la salvaguarda de su legado histórico-cultural fue Manuel, que se adhirió al bando nacional. Antonio Machado, más soñador e idealista, buscaría en el internacionalismo marxista una religación con el Absoluto (sentido histórico) para, así, hallar el Santo Grial de la justicia social.
También podríamos afinar mucho más si supiéramos de la presencia de determinados rasgos de personalidad que permitieran diferenciar los perfiles de los hermanos Machado, pero no es el caso.
Dos formas de ser, dos maneras de pensar y de actuar; dos opciones vitales en principio legítimas, ni buenas ni malas, pues cada una de ellas está justificada racionalmente, argumentada y fundamentada. Estos dos modos de ser, como otros modos de ser, tales como el anarquista o el liberal, son inevitablemente morales, pues no hay razonamiento humano que no implique, al tiempo, una elección ético-moral que nos obliga a preguntarnos "cómo actuar".
LA NEGACIÓN DEL APEGO A LA TIERRA (desterrar las banderas y las naciones)
La pregunta que quedó planteada en el punto anterior fue : ¿Cómo actuar? ¿Cómo debemos conducirnos con el prójimo?
No vamos ahora a retrotraernos a la moralidad judeocristiana ni a la ética kantiana, pues nos bastará con reconocer que la nación política nació en Francia, junto a la república de ciudadanos libres (1789). República (gobierno de ciudadanos) y nación (tierra de los ciudadanos) tuvieron un origen político común en Occidente; un origen que podría remontarse a la aparición de las polis griegas, donde surgió la democracia, y que culminó con la revolución francesa. Según las tesis de Gustavo Bueno, con la Revolución Francesa aparecieron las primeras izquierdas definidas, la jacobina (republicana y nacionalista) y la liberal (nacionalista aunque no necesariamente republicana).
A partir de entonces, las sociedades occidentales entendieron que no cabía otra manera de actuar con el prójimo que respetando sus derechos y libertades y, por tanto, articulando la nación política en torno a un Estado democrático.
Muchas cosas sucedieron tras la revolución francesa, sobre todo reacciones del Antiguo Regimen absolutista que, en toda Europa, se negaba a desaparecer. Se tuvieron que librar, por tanto, muchas guerras, todas ellas abanderadas por liberales apegados a sus respectivas naciones, hasta que el marxismo tomó el relevo por considerar ¿necesario? sustituir nacionalismo por internacionalismo.
El marxismo se introdujo en la sempiterna lucha entre absolutistas y liberales, arremetiendo, al tiempo, contra ambos, es decir, proclamando la justicia social sobre el subyugador regimen absolutista, pero también negando el apego a la tierra, a la patria, a aquellos liberales republicanos que también eran nacionalistas. El conflicto entre conciencias estaba servido.
El marxismo, con exceso de celo prepotente y señorial, negó y condenó los vínculos sentimentales que unían a los ciudadanos a su lugar de nacimiento (nación), obligándoles, leninismo operativo mediante, a que abrazaran la nueva fe internacionalista. La esquizofrenia marxista fue, entonces, rápidamente respondida por nuevos movimientos políticos reaccionarios que se negaron a abandonar su tradicional modo de ser democrático liberal, republicano y nacional. Dichos movimientos, por pura reacción defensiva ante las hostilidades del comunismo impositor, mutaron en nacionalismos supremacistas (fascismo y nacionalsocialismo).
La dialéctica en el claro quedó, así, definida por el enfrentamiento entre dos supremacismos; el comunista y el nacionalista.
¿QUÉ SIGNIFICA, HOY, SER "´NACIONALISTA"?
Significa, sobre todo, ser reaccionario ante las amenazas externas que hacen peligrar la integridad de la nación. Ante las amenazas de una Izquierda reaccionaria subversiva (socialcomunista), que ha vulnerado la legalidad institucional y ha traspasado UNILATERALMENTE peligrosas líneas rojas, solo cabe articular y dar forma a una fuerza antagónica, también reaccionaria, desde la Derecha (liberal-conservadora).
No cabe ninguna otra respuesta posible para poder equilibrar las fuerzas políticas en la balanza del "juego democrático", ya que solo desde un equilibrio de fuerzas se podrían "consensuar" acciones políticas (constitucionales) para hacer frente a las antivitales e idealistas propuestas marxista-leninistas, actualmente disfrazadas bajo los ropajes de populismos socialcomunistas.
Por tanto, la actitud irresponsable de nuestras Izquierdas Ilustradas, despreciando y deslegitimando a una de las fuerzas en lid (la liberal-conservadora), solo pone de manifiesto sus sesgos ideológicos o preferencias estéticas, a la postre ético-morales, a costa, precisamente, de traicionar los principios de la "democracia deliberativa" que tanto dicen defender; a costa de abandonar conscientemente, y cinismo mediante, las argumentaciones racionalmente fundamentadas.
La irrupción de VOX en la política española ha sido de extrema necesidad para garantizar un óptimo "equilibrio ecológico"; es decir, para evitar que, ante la ausencia de un número suficiente de depredadores, las RATAS se multipliquen sin freno y lleven a la nación a la ruina total y definitiva.
A la nación no se le puede pedir (memos aún exigir) que, voluntariamente, acepte su aitoinmolación vital, que claudique ante la vida y permita, cobarde y resignada, que otra forma de vida, otro modo de ser o verdad, ocupe su lugar. Al contrario, la nación debe ser protegida, porque la conciencia espiritual inherente a la entidad nacional solo puede pervivir en tanto un amplio Yo colectivo la hace suya y, por tanto, está dispuesto a defenderla y preservarla de sus enemigos.
De hecho, no existe la ideología nacionalista, como tampoco existe la "ideología masculina", pues pertenecer a una nación, como nacer hombre o mujer, es una verdad dada a priori en la que el individuo no puede elegir entre ser o no ser; ser o no ser español, ser o no ser hombre.
La idea de nación, como toda idea, es una hipóstasis o sustantivación de un concepto etéreo. Por tanto, "el ser de una nación" es una abstracción o modo de ser "virtual" que se manifiesta y actualiza como modo de ser real en la conciencia (habrá nación si el ente colectivo cree en la nación). Pero no bastará la manifestación (creencia) de dicho modo de ser real en una única conciencia individual para que ésta alcance el rango de Verdad. La idea de nación (y de pertenencia a la misma) solo puede pervivir temporal o históricamente a través de una conciencia colectiva que la haga suya y, por tanto, la institucionalice como Verdad (Dios o Ser) que deba preservarse a través de una Constitución nacional.

CONCLUSIÓN
Así pues, la lucha que actualmente se está librando en el claro del bosque (Lichtung heideggeriano) tiene como contendientes enfrentados a dos ideologías supuestamente materialistas (socialdemocracia habermasiana vs liberalismo nacionalista), que, en el fondo, y aunque lo nieguen ambas, se fundamentan en creencias espirituales (esencialistas), pues ambas pretenden imponer sus respectivas conciencias o acepciones en torno al "sentido del Ser": cómo ser humanos o, dicho con mayor crudeza, cómo se ha de civilizar (criar y domesticar) al ganado humano. En definitiva, ambas conciencias pretenden decirnos qué valores ético-morales serán buenos y cuáles serán malos.
El idealismo habermasiano (esencialista al cabo) fue magistralmente desenmascarado por Gustavo Bueno, pero, no nos engañemos, porque, por más que el padre del MF pretendiera superar la metafísica inherente a la razón de ser (sentido) de las entidades nacionales, éstas también están inevitablemente impregnadas de espiritualidad (sentido y/o razón de ser) y necesitan, como los dioses, fieles creyentes que la defiendan de enemigos externos.
La batalla cultural no es entre un materialismo (socialdemocracia habermasiana) vs un esencialismo (nacionalismo liberal-conservador) sino entre dos esencialismos, el primero taimadamente oculto y enmascarado (marxismo) y el segundo orgullosamente desnudo (liberal-conservador).

domingo, 10 de mayo de 2020

¡JOÍOS NIÑOS! vs IDEOLOGÍA LGTBI

INTRODUCCIÓN

Hace ya unos meses, aprovechando un día que se adivinaba soleado, salí a hacer una de mis largas caminatas "heideggerianas"; largos paseos que lo mismo me sirven para rebajar triglicéridos, colesteroles y barriga, que me permiten reflexionar sobre la frustrante realidad y el hecho trágico que supone el drama de vivir.

CAMINOS DE BOSQUE

Como decía, en uno de mis habituales paseos montañeses, recorriendo caminos rodeados de pinos, coincidí con un hombre bastante más joven que yo. Caminaba el sujeto, feliz, flanqueado por dos pequeños: un niño de unos 4 o 5 años y una pequeña de poco más de tres. A medida que me acercaba a ellos se me esbozaba una tímida sonrisa. ¡Qué recuerdos! El niño, to chulo, hacía sonar un silbato mientras la pequeña, alegre y jocosa, canturreaba letras ininteligibles.

Al llegar a la misma altura que ellos, el niño me miró fijamente y me obsequió con un sonoro y retador toque de silbato, como queriéndome decir "¡y tú qué miras!". La niña, por el contrario, me saludó con una bella sonrisa y me dijo "hola". ¡Hola!, le respondí agradecido. ¡Buenas!, añadió el padre orgulloso de su prole. Y tras devolverle el saludo proseguí mi camino, sin poder evitar recordarme a mí mismo paseando con mis pequeños hace ya algunos años.

El último paseo con el pequeño, antes de que fuese secuestrado y apartado de mí por las perversas tecnologías, fue hace más de tres años (él tendría unos 10 años). Recuerdo que la última vez que logré sacarle de casa, para que paseáramos juntos, tuve que sobornarle ofreciéndole 5 euros. Ahora ya no se mueve del sofá, o de la cama, ni por 10 euros. Prefiere pasarse las horas frente a la Play, el ordenador o el móvil. Sí, mi hijo es un otaku.

¡Cómo han cambiado los tiempos! Los mejores recuerdos que tengo con mi padre se retrotraen a aquellos sábados y domingos, o días de vacaciones, en que nos llevaba a mis hermanos y a mí a recorrer montañas, senderos o cualquier lugar apartado de la civilización. Mi padre fue un provinciano amante de la naturaleza que tuvo la desgracia de tener que vivir y morir en la urbanita Barcelona (¿cuántas veces exclamaría que él no se moriría en Cataluña?).

A cada paso que daba, el estrecho sendero por el que transitaba parecía empeñarse en despertar mi memoria. ¡Cómo echaba de menos a mis pequeñucos! Ya no volvería a pasear más con ellos. Han crecido y sus gustos e intereses están muy alejados de los míos. A ninguno de mis hijos les gusta la naturaleza.
Ya solo me queda la esperanza de llegar a ser abuelo. Me gustaría volver a recorrer bosques y senderos junto a unos nietos a los que poder explicarles cuentos y chistes, cosas sobre la naturaleza, curiosidades y tonterías, como hice yo con mis hijos y como hizo mi padre con los suyos.

NUEVAS IDEOLOGÍAS

Al llegar a casa pillé a mi hija por banda y, como el que no quiere la cosa, tras iniciar una conversación saqué a colación, distraidamente, el tema de los hijos:

- Oye, ya sabes que si alguna vez cometes un "desliz" y te quedas embarazada no debes preocuparte, la mamá y yo criamos a tu bebé.

- ¡Otra vez, viejo! ¡Qué pesado! Ya te he dicho mil veces que no pienso tener hijos. No pienso quedarme 9 meses con un niño dentro de mí y luego tener que sufrir los dolores del parto.

- ¿Por qué no te quedas preñado tú?, setenció furiosa.

- ¡Ya lo está!, apostilló el pequeño, siempre al acecho, señalando mi "generosa" barriga.

Y así, eludiendo el tema de los nietos, mis dos vástagos comenzaron a descojonarse, lo cual facilitó que mi hija se relajara y me "regalase" una lección gratuita de ideología LGTBI.
Mi joven empoderada (joío palabro) me largó un rollo patatero sobre las diferencias entre sexo y género. Me ilustró apasionadamente, explicándome que, en realidad, muchos "trans" estaban confundidos porque no diferenciaban correctamente entre lo que era sentir su propio cuerpo a nivel biológico (sexual) y a nivel cultural (género). Llegó a su propia conclusión (que no recuerdo) y, a continuación, pillándome en braguillas, me soltó:

- ¿Tú qué crees, viejo?

Yo le solté una sarta de sinsorgadas (en realidad no he reflexionado suficientemente sobre el tema en cuestión). Y mi hija, frunciendo ligeramente el ceño, seguramente advirtiendo que yo no tenía ni pajolera idea, se volvió a su habitación despidiéndose con un condescendiente vale.

Me preocupé, porque antes pensaba que mi hija no quería tener hijos por cabezonería propia de adolescentes, pero, tras comprobar que su decisión estaba tan bien meditada y fundamentada, sentí pánico: ¿me negaría mi hija la Gracia y la dicha de ser abuelo?

Caí en la cuenta, entonces, de que los tiempos, las costumbres, valores y creencias, estaban cambiando demasiado rápido; tan rápido que la vida, lo que para mí significaba el hecho de estar vivo y religado a la naturaleza, se estaba olvidando y, peor aún, se estaba despreciando sin ningún disimulo. Otras nuevas conciencias (ideologías) se están mostrando ahora desnudas en el claro del bosque. Nuevas "verdades" seducen a nuestros hijos y nos los arrebatan; nuevos modos de ser que nos niegan la esperanza en un futuro mejor; un futuro con hijos y con nietos.

¡Joíos niños! Recordé la expresión que repetía machaconamente un amigo de mi padre (tuvo 6 churumbeles). Cada vez que alguno de sus hijos se la liaba parda, se quejaba soltando su "¡joíos niños!", pero siempre con la boca chica, porque aquel buen hombre sabía, a pesar de todo, que sus hijos eran lo más valioso que tenía.
Los hijos, por mucho que nos toquen los huevecillos (como yo suelo decir), son lo más valioso de nuestras vidas... al menos de momento y hasta que una ideología supremacista  dicte lo contrario.

miércoles, 11 de marzo de 2020

COSIFICACIÓN DE LA MASCULINIDAD (series de tv)

INTRODUCCIÓN

No ha trascendido en los medios de comunicación, como era de esperar, las acciones humillantes de una monitora a un grupo de niños a los que obligó a simular una felación. Las denigrantes simulaciones formaban parte de un taller sobre VioGen (violencia de género) que se llevó a cabo en un colegio. La “España viva” (VOX) se ha lanzado rauda a condenar estos hechos, como ya hiciera en su día al denunciar las proclamas de una profesora de instituto que en sus clases abogó por castrar a todos los niños varones. Bromas, las justas.
Pero yo no me detendré en reflexionar sobre “los modos” (miserables y revanchistas) en que la verdad femimarxista comienza a operar en la realidad; no me interesará remarcar e insistir en el odio enfermizo que subyace en esta nueva ideología. No perderé el tiempo en señalar lo que resulta “evidente” para cualquiera que quiera ver y, por supuesto, no lleve anteojeras ideológicas: el femimarxismo es un nuevo supremacismo (¡y de género, menudo invento!).

Sí expondré, muy brevemente, cómo se está difundiendo este nuevo supremacismo a través de las series de TV, sobre todo en las destinadas a un público más juvenil.
DE JODIE FOSTER A BARBIJOPUTA

Cada vez resulta más evidente, porque cada vez es menor el disimulo en ocultarlo, que con NETFLIX llegó el escándalo; es decir, con la plataforma de pago NETFLIX llegó la ideología LGTBI a nuestros hogares. Fue Jodie Foster (lesbiana) la primera que nos regaló una serie sobre el empoderamiento de unas mujeres que vestían de color naranja: “Orange is the new black” (el naranja es el nuevo negro). La serie resulta un magnífico escaparate a través del cual se visibilizan diferentes modos de vivir y experienciar la sexualidad, pero, ¡ojo!, también el género. Las protagonistas, de hecho, son todas reclusas en un centro penitenciario femenino, por lo cual resulta obvio que todas ellas sean mujeres, aunque también hay una actriz transgénero (Laverne Cox). Nada que objetar. Sin embargo, el papel reservado a los actores masculinos en esta serie no deja a estos en muy buen lugar: todos son unos calzonazos (individuos débiles). Todos, desde el alcaide, pasando por el orientador de la prisión y hasta llegar al guardia buenazo que perdió una pierna en la guerra, ejercen de bufones de la corte. Solo un personaje masculino se desmarcará de este grupo de peleles sin carácter, y será, ¡cómo no!, el prototipo de machista repelente que acabará violando a una reclusa.
No hay término medio para el femimarxismo: el hombre es un ser débil y manipulable o es un malvado violador.
En mi opinión, esta será una de las primeras series de Netflix donde se reivindicará más descaradamente la ideología LGTBI humillando y denigrando, al tiempo, al sexo masculino. Después, como mostraré, llegarán muchas más producciones que irán en la misma línea de “lucha ideológica reivindicativa”.

Mientras Netflix comenzaba a dedicarse a humillar y cosificar al sexo masculino a través de series de TV, Barbijoputa y otras activistas del femimarxismo seguían el mismo camino a través de Internet y las RRSS.
En serio, no se puede ser más hijaputa que Barbijaputa. Y esto lo sabe la propia Barbijoputa y todas las feministas radicales que tienen a orgullo autodenominarse “zorras y putas”. También se autodenominan “feminazis”. Pero yo no caigo en la trampa dialéctica urdida por el feminismo supremacista, y las llamo por lo que realmente son: femimarxistas.
HEREDERAS DE JODIE FOSTER (Sex education y Euphoria)

La serie “Orange is the new black” abrió el camino a otras muchas producciones posteriores que no dudarían en dar un paso más hacia la estigmatización y ridiculización, primero, del sexo masculino, para, finalmente, acabar humillándolo y cosificándolo. Veamos este imparable proceso de cosificación del modo de ser masculino a través de tres series: "Orange is the new black", "Sex education" y "Euphoria".
1º) FASE DE RIDICULIZACIÓN

La serie de “Orange is the new black” todavía no llegó a desnudar de forma prepotente la esencia supremacista característica de la actual ideología femimarxista. Se limitó a mostrarnos dos prototipos masculinos: el pelele y el machista violador. No había término medio; pero era precisamente, a través de esa falsa ilusión de alternativas (el hombre es tonto o violador), donde mejor se reflejaba el carácter femimarxista que subyacía en toda la serie.
El alcaide era un pobre hombre que sería mangoneado sexualmente por su rival femenina, que acabaría arrebatándole la dirección del centro penitenciario y, de paso, el poder: un claro ejemplo de cómo se empodera la mujer a través de la “manipulación sexual”, sirviéndose de la debilidad de los hombres.
El orientador, a su vez, contraería matrimonio con una bella rusa que pasaría olímpicamente de él, pero que se sirvió del matrimonio con el pobre infeliz para obtener la ciudadanía estadounidense.
Pero más patético resultaría, sin embargo, el guardia minusválido, que aceptó casarse (finalmente no lo haría) con la reclusa jamona que fue violada por su malvado compañero machista. En fin…
2º) FASE de HUMILLACIÓN y COSIFICACIÓN

Tras el éxito de “Orange is the new black” proliferaron las series con contenido ideológico LGTBI. Me sería imposible, ahora mismo, citar alguna donde todos los personajes, como tiempo ha, fuesen heterosexuales.

Las nuevas series dan un paso más hacia la estigmatización del sexo masculino, y pasarán de la primera fase de humillación a una fase de cosificación de los hombres.
Como sucede con todos los supremacismos, al principio la ideología LGTBI solo “enseñó la patita”. Así, a nadie le pareció mal que en las series de tv se comenzara a visibilizar (bonito palabro) la realidad de la homosexualidad. Nada que objetar. ¿Pero qué fue pasando a continuación?
Con el tiempo, se hizo habitual que todas las series contaran con algún personaje homosexual entre el reparto, al principio entre los actores secundarios, pero muy pronto también se incorporaron a los roles protagonistas. Después le siguieron protagonistas bisexuales, transgéneros, poliamorosos y “queer”. De todos los colores y para todos los gustos. De nuevo nada que objetar, pues siempre suelo decir que “las posibilidades del ser en la realidad abierta son infinitas”.

El feminismo igualitario, en mi opinión, acepta la pluralidad de los diferentes modos de ser, por supuesto desde postulados liberales, pero el actual femimarxismo ha mutado en una nueva propuesta ideológica supremacista y fundamentalista.
Esta supremacista mutación del nuevo feminismo radical puede apreciarse en las últimas series de éxito destinadas al público más juvenil y adolescente; un dogmático femimarxismo obcecado en estigmatizar y negar la posibilidad de ser de un modo de ser masculino tradicional.
En las nuevas series puede percibirse (no hay que ser demasiado sagaz) un claro rechazo hacia el hombre heterosexual. Por tanto, también se niega la razón de ser de un feminismo heterosexual y verdaderamente igualitario.
Estas nuevas series no reflejan una verdadera “igualdad” entre hombres y mujeres, sino la imposición de un “nuevo credo”, harto reduccionista y maniqueo, que representa a la figura masculina siempre negativamente.

El refranero español nos dice que cuando el río suena, agua lleva. En términos heideggerianos podríamos expresarlo por algo así como “cuando el ser susurra, verdad lleva”.
No me cansaré de repetirlo: debemos escuchar los susurros del ser con suma atención expectante; tenemos que prestar atención a las conversaciones en bares y tabernas, en las plazas y mercados de nuestros pueblos. La verdad ya no está en los libros de sesudos intelectuales, porque hace tiempo que la verdad se despojó de los ropajes de la razón y decidió mostrarse desnuda, según los gustos sentimentales y estéticos de cada conciencia. Es lo que hay, señores.

Pues bien, las series de TV constituyen en sí mismas una perfecta realidad abierta donde escuchar los susurros del ser: son claros en el bosque en los que la verdad se muestra desnuda sin ningún pudor.
¿Y qué verdades nos susurra el ser a través de las actuales series de TV?

SEX EDUCATION Y EUPHORIA (o de cómo cosificar al varón)

Me ha llamado poderosamente la atención los paralelismos existentes entre los protagonistas de las series "Sex education" (Netflix) y "Euphoria" (HBO).
Ambas series, efectivamente, nos muestran un nuevo mundo profundamente enemigo del tradicional heteropatriarcado.
Las protagonistas indiscutibles de las dos series son chicas que comparten unos rasgos comunes: son inteligentes, rebeldes y autoconflictivas  y, por supuesto, feministas. De hecho, a lo largo de diferentes capítulos, las chicas no solo se reivindican orgullosas feministas, sino que leen "literatura feminista" y no pierden ocasión de adoctrinar a sus compañeros sobre la nueva verdad feminista. El descaro ideológico ya es total e indisimulado.

Los chicos protagonistas de estas series se dividen en dos grupos claramente diferenciados: los "aliades" de las chicas feministas, también inteligentes y sensibles, y los malotes machistas, que en ambas series son brutos jugadores de fútbol americano.

Las series juveniles tradicionales también presentaban al varón como a un bruto insensible, casi siempre deportista, ligón y desconsiderado hacia el sexo femenino. Pero estas nuevas series feministas sustituirán la figura del tradicional chico desconsiderado, que lo era debido a la ignorancia y a los efectos incontrolados de la testosterona, por un nuevo perfil de chico más agresivo y moralmente reprobable. La serie "Por trece razones" será, en mi opinión, la primera ficción juvenil importante que mostrará un nuevo perfil de chico que será recurrente a partir de entonces: el varón violador.

Tanto en "Sex education" como en "Euphoria", los chicos que otrora era tan solo los "tontos jugadores de fútbol" ahora se convertirán, además, en agresivos maltratadores e, incluso, violadores. Es lo que hay. Pero estas dos series, además, darán una vuelta más a la tuerca ideológica y de forma nada sutil, sino con total desvergüenza, apuntarán el camino que deberán seguir las nuevas generaciones de jóvenes para solucionar esta falsa dialéctica entre sexos creada por el femimarxismo; las chicas, dolidas y desengañadas de los varones maltratadores, deberán "liberarse" a través de las relaciones lésbicas. Así sucede en las dos series que estoy comentando.

¿Y qué hacer con esos malvados chicos maltratadores y machistas?

Ellos deberán "descubrir" y aceptar la homosexualidad latente que subyace en la raíz de todas sus conductas agresivas. Por increíble que parezca, tanto en "Sex education" como en "Euphoria", los chicos malos son jugadores de fútbol, machos alfas agresivos y dominantes, que, ¡oh, sorpresa!, deberán enfrentarse a sus reprimidos deseos homosexuales. Mientras que el personaje de "Sex education" saldrá del armario y luchará también para "liberarse", como las buenas chicas lésbico- feministas, el personaje de "Euphoria" se obcecará en seguir autoengañándose por tal de mantener impoluta su imagen de macho íntegro. Así tenía que ser, pues mientras que el machista de "Sex education" tenía la posibilidad de redimirse, pues en realidad era un "alma atormentada" que sufría, su alter-ego en "Euphoria" se nos mostraba (intencionadamente) como un cínico psicópata "sin salvación".

CONCLUSIÓN

La nueva ideología femimarxista no solo está ridiculizando, humillando y cosificando el hecho de ser hombre, sino que está dando un paso más allá y está proponiendo, como radical solución, que este se "feminice" (castración identitaria) o que se "homosexualice" por tal de no ser un peligro potencial para las indefensas féminas. No hay término medio, pues la supremacista conciencia femimarxista no reconoce la posibilidad de ser de una conciencia masculina que sea una "igual" de la conciencia femenina.
El femimarxismo no quiere reconocer la existencia de una conciencia masculina que no sea, por fuer, violenta y peligrosa para las mujeres.