INTRODUCCIÓN
Me estoy leyendo "Ateísmo cristiano" de Zizek (2024) y he alucinado al comprobar los paralelismos evidentes que presenta con mi peregrina tesis del "cristianismo hegeliano", desarrollada en este mismo blog en julio de 2023.
Si bien es cierto que la nueva tesis de Zizek, pasando del "ateísmo religioso" a un ateísmo más específicamente cristiano, ya estaba más o menos implícita, pero sin desarrollarse profundamente, en "Menos que nada" (también comentada en este blog), me ha maravillado comprobar cómo, a través de vías diferentes, llegué a esbozar una tesis muy parecida a la de Zizek, por supuesto con argumentos mucho más intuitivos y peor fundamentados que los del brillante filósofo esloveno.
HEGEL COMO NEXO COMÚN
Resulta evidente que yo elaboré mi tesis a partir de la lectura de "Menos que nada", apoyándome indudablemente también en Hegel, pero valiéndome de postulados del Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno, y prescindiendo completamente de Lacan, clave en las tesis de Slavoj Zizek.
LACAN
Hablemos primero muy resumidamente de Lacan, del que no comparto en absoluto su "galimatías" dialéctico para distinguir tres conceptos claves: el Uno, el Gran Otro y el no-Uno.
El Uno, según Lacan, sería la marca singular que se repite en un sujeto; un rasgo o significante del individuo que no constituiría un rasgo de personalidad.
Lacan, al considerar que el Yo es una unidad imaginaria (no real), que construye el individuo sobre sí mismo, para definirse y/o identificarse, recurre al Uno para identificar una singularidad del sujeto que se repite pero no constituye su Yo real.
El Gran Otro estaría constituido por el lenguaje simbólico; sería la condición simbólica de posibilidad que permite crear relatos, significados y cosmovisiones.
El no-Uno sería la imposibilidad de que exista una unidad completa o fundamento absoluto.
MI INTERPRETACIÓN
Al no existir un Yo real, sino imaginario, tampoco puede haber una definición de unidad identitaria del individuo, sólo rasgos y marcas singulares que se repiten.
El Gran Otro sería un campo de posibilidad o realidad posibilitante, constituido por el lenguaje simbólico, normas y valores, que permitirá a individuos y colectivos humanos crear relatos y cosmovisiones.
En mi opinión, el Gran Otro lacaniano sería el análogo a la realidad abierta de Zubiri, en cuanto ambos son condiciones posibilitantes previas al sujeto; sólo que Zubiri habla de apertura a la realidad, mientras Lacan habla de apertura al orden simbólico del sentido.
Lacan, a través de su idea del no-Uno niega la posibilidad de un fundamento último absoluto. Por eso el no-Uno es imposibilidad más que negación.
Para entender mejor a Lacan creo necesario introducir la idea del Gran Uno (no desarrollada por Lacan) y, así , poder comprender más fácilmente qué es el no-Uno.
Si consideramos la posibilidad de ser de un Gran Uno o fundamento último absoluto, como hace Zubiri al considerar la posibilidad de la existencia de Dios, se entiende mejor qué es el no-Uno.
Lacan, desde su ateísmo, ni siquiera considera la posibilidad de un fundamento absoluto (llamémosle Dios). Zubiri tampoco afirma la existencia de Dios, pero sí considera la posibilidad de que Dios pueda existir. La diferencia entre ambos es que Lacan, ateo dogmático, parte de una petición de principio: Dios no existe, mientras que Zubiri sí contempla la posibilidad de que pudiera existir, pero sin llegar a afirmar dogmáticamente su existencia.
SLAVOJ ZIZEK
Igual que Lacan, el filósofo esloveno también es ateo y no cree en la posibilidad de un Gran Uno, Dios o fundamento último absoluto. Por tanto, Zizek tampoco cree en la idea de Espíritu absoluto de Hegel.
Sin embargo, en "Ateísmo cristiano", Zizek desarrolla un magnífico malabarismo dialéctico y filosófico para "salvar la muerte" de Dios y su posicionamiento puramente ateo, a partir de las ideas de "Espíritu" de Hegel y del Gran Otro de Lacan.
Zizek, como Gustavo Bueno, a quien comentaré más adelante, llegó a la conclusión de que era necesario fundamentar la verdad del relato que se pretendiese universal para construir cosmovisiones civilizatorias y para dotar de sentido las vidas de individuos y colectivos humanos.
¿Pero cómo fundamentar y legitimar la universalidad de un relato sin considerar, a priori, la posibilidad de un Dios o fundamento último absoluto?
EL ESPÍRITU SANTO
La tesis que defiende Zizek en su "Ateísmo cristiano" es muy sugerente y, en mi opinión, está muy bien fundamentada, ya que su comprensión ayuda a explicar la perdurabilidad histórica de una ideología como el comunismo, un banco de odio plagado de "buenos criminales" (ver Sloterdijk) que, a pesar de sus crímenes contra la humanidad, consigue mantener viva la fe de millones de fieles adeptos, entre ellos el propio Zizek.
Nos dice Zizek, resumidamente, que la muerte de Jesucristo en la cruz supuso, en realidad, la muerte de Dios. No fue el hijo de Dios quien murió en la cruz, sino el propio Dios hecho carne.
En la cruz, por tanto, murió el ente supremo, pero en su lugar quedó el Espíritu Santo, es decir, quedó el vínculo simbólico (espiritual) entre Dios y la comunidad cristiana.
Y, en el parecer de Zizek, es ese vínculo simbólico, espiritual y religioso, el que sigue manteniendo viva la universalidad del mensaje cristiano, es decir, es la comunidad de creyentes la que sigue manteniendo viva la fe y la esperanza en un futuro donde la emancipación de todos los seres humanos sea una realidad. Un sueño y un deseo cristianos que, en el parecer de Zizek, son los mismo que los del comunismo.
Así pues, es la comunidad de creyentes, a través de su fe, ceremonias y actos litúrgicos, la que garantiza la perdurabilidad de la idea o misión de universalidad del cristianismo. Y también el comunismo, de manera parecida, logra mantener vivo su ideario universalista y emancipador a través de sus propios rituales litúrgicos: manifestaciones, homenajes reivindicativos, performances psicopolíticas, entramados y asociaciones culturales...
Cada asociación cultural de izquierdas funciona como una Iglesia cristiana que reune a sus fieles para adoctrinarlos y mantener viva la fe. Cada manifestación y/o reivindicación pública de la izquierda es un ritual litúrgico para mantener en estrecha comunión a sus creyentes y fortalecer los vínculos espirituales (léase ideológicos) entre ellos.
Véanse, como ejemplos, las liturgias socialistas de "El día de la Rosa" y la comunista de "El día del trabajador ".
LA COMUNIDAD vs EL PADRE (DIOS)
El Padre (Dios) no importa, porque murió en la cruz, precisamente, para permitir que los seres humanos fuesen realmente libres (sin dioses, reyes ni tribunos) a través de los vínculos espirituales y simbólicos del Espíritu Santo, que sería el análogo del Gran Otro lacaniano.
Zizek sostiene desde su ateísmo, siguiendo a Lacan, que no hay Dios o Gran Uno absoluto que pudiera ser fundamento último del mundo y la realidad, sino un Gran Otro, espacio simbólico o comunidad espiritual, vinculado universalmente a la humanidad.
Este espacio simbólico y/o espiritual sería una posibilidad de apertura que permitiría a la humanidad consumar el ideal universal y emancipador del comunismo, que, según Zizek, es muy parecido, si no el mismo, que el del cristianismo.
Esta tesis de Zizek permite comprender muy bien, por ejemplo, una frase que solía repetir mi abuelo (socialista) para definir su posicionamiento político:
"Yo no soy de Dios, sino de Jesucristo".
Mi abuelo no creía en Dios, pero sí en Jesucristo, porque el Mesías representaba la lucha de la clase obrera, de los parias y desposeídos, mientras que Dios era el jerarca, el cacique en el imaginario de mi abuelo, que exigía sumisión y obediencia.
ATEÍSMO CRISTIANO, ATEÍSMO RELIGIOSO Y ATEÍSMO CATÓLICO
El propio Zizek reconoce que la tesis de "ateísmo cristiano" es mucho más potente que la de ateísmo meramente religioso, porque si bien es cierto que ya señaló en "Menos que nada" que el comunismo se fundamentaba en una suerte de vínculo espiritual entre una comunidad de creyentes y una ideología que se pretendía universal y emancipadora, el calificativo de "cristiano " no sólo refuerza el carácter espiritual (religioso) de su ateísmo, sino que también fundamenta su universalidad a través de Dios, más concretamente a partir de la muerte de Dios.
Zizek se nos muestra, así, mucho más pragmático y menos "escrupuloso" que Engels, que decidió rebautizar su primigenio "Catecismo comunista" como "Manifiesto comunista" para, precisamente, evitar las connotaciones religiosas de la palabra "catecismo'.
Zizek, al contrario que Engels, no sólo reivindica el carácter religioso del comunismo, sino que, además, lo fundamenta a través del potente relato cristiano: una estructura dialéctica que permite la transformación social y la emancipación del ser humano.
Gracias al sacrificio voluntario del propio Dios, del mismísimo Padre que se autoinmola en un generoso acto de amor, los hombres pueden ser libres y dueños de sus destinos.
La superioridad dialéctica (también espiritual) de la tesis de Zizek es mucho más potente que la de Gustavo Bueno, ya que se fundamenta en una comunidad de verdaderos creyentes, mientras que Bueno fundamenta su propuesta atea y católica en una objetividad histórica que no precisa creyentes, sino sujetos racionales.
Gustavo Bueno sostiene que el catolicismo es una realidad objetiva que, al contener elementos racionales históricos universales y toda la herencia y tradición cultural europea, constituye el fundamento de la civilización occidental.
La validez del relato católico de Gustavo Bueno no se justifica, por tanto, en las creencias subjetivas de una comunidad, como el de Zizek, sino por estar inserto en un proceso dialéctico material (conflictos y relaciones sociales de poder) que operan históricamente en la realidad objetiva.
CONCLUSIÓN
La mayor potencia y superioriad del relato "ateo cristiano" de Zizek se debe, principalmente, a su carácter irracional o místico-espiritual, que convierte a su comunidad de creyentes en fervientes seguidores y defensores de la fe comunista.
Para el verdadero creyente no importa el dato, la realidad histórica objetiva de Gustavo Bueno, sino el relato que fundamenta su modo de ser "bueno y justo".
Tanto peor para la realidad si esta no se ajusta al relato, porque al contrario de lo que pensaba Gustavo Bueno y siguen pensando muchos liberales despistados (racionales), el dato no mata al relato. De hecho, los "buenos criminales", como define Sloterdijk a los comunistas, se sienten legitimados para vulnerar la legalidad y cometer los actos más atroces porque ellos son, realmente, los elegidos por Dios.
Los comunistas serían los auténticos creyentes que entendieron que la muerte de Dios no sumía a los seres humanos en un nihilismo desesperanzador, sino que, al contrario, les permitía ser realmente libres y dueños de sus destinos, pero, eso sí, vinculados a una comunidad o razón de ser superior a ellos mismos; una comunidad espiritual (Espíritu Santo) heredada de un Dios generoso que, en sublime acto de amor, se sacrificó y murió por todos ellos.
¿Qué dato objetivo racional, científico o histórico, podría ya no sólo matar, sino dañar mínimamente a un relato tan poderoso y sugestivo?