martes, 23 de febrero de 2021

MARXISMO Y HUMANISMO (no hay razón sin moral)

 

INTRODUCCIÓN

El amigo José (comentarista habitual) me recomendó hace unos días leer en “elliberal.com” un artículo de Pedro Insua que, en forma de “carta abierta”, iba dirigido a Antonio Escohotado.

El autor de “Los enemigos del comercio” había sostenido en el programa “La tuerka”, de Pablo Iglesias, que comunismo y nazismo eran iguales; dos supremacismos totalitarios y dogmáticos; dos ideologías genocidas que habían causado mucho daño al conjunto de la humanidad.

Pedro Insua rebatió a Escohotado y argumentó que la diferencia entre comunismo y nazismo era “abismal” (cita literal) porque el primero tenía/tiene una aspiración universalista y el segundo es particularista.

A partir de dicho argumento universalista, fundamentado a través de una lógica racional, como sostenía Insua, quedaba demostrada la superioridad racional (moral) del comunismo.

Según Insua, el comunismo, desde postulados antropológicos, castigaba al disidente que se negaba a aceptar la oportunidad de convertirse a la conciencia verdadera (conciencia de clase). El nazismo, sin embargo, al fundamentarse en postulados de raza, no daba tal oportunidad al individuo, sino que éste debía ser eliminado, sí o sí.

Dicho en román paladino: el comunismo daba la oportunidad a los disidentes de abrazar la fe verdadera (ser evangelizados), mientras que el nazismo negaba cualquier oportunidad de salvación a sus enemigos “no arios”.

FÉLIX OVEJERO VS PEDRO INSUA

También en su día, F. Ovejero defendió la superioridad ético-moral del comunismo frente al nazismo, argumentando que en el primero subyacía una “intencionalidad a priori” buena y justa (lograr una sociedad feliz para TODOS), mientras que la intencionalidad a priori del nazismo ya legitimaba, de entrada, la eliminación de “otras razas” y, por tanto, excluía de su “mundo feliz” a importantes grupos humanos.

Tanto Insua como Ovejero legitiman la superioridad moral del comunismo vs el nazismo, no a partir de las consecuencias de sus acciones (crímenes genocidas), sino a partir de sus intenciones; intenciones justificadas desde una racionalidad universalista, en el caso de Insua, y desde una ética apriorística humanista en el caso de Ovejero.

Los dos filósofos españoles, de maneras parecidas, legitiman la superioridad moral del comunismo (marxismo operativo), entendiéndolo como un humanismo universalista. ¿Pero por qué creen estos dos pensadores que “el marxismo es un humanismo”? ¿Y por qué ha de ser este “humanismo marxista” mejor que otros?

¿QUÉ SIGNICA SER “HUMANISTA”?

Resumiéndolo brevemente, podríamos decir  que el individuo humano es aquel hombre de carne y hueso que transciende su ex-sistencia (ser-ahí en el mundo) dotándose de es-sencia (sentido y razón de ser). El hombre humanista, en definitiva, se hace a sí mismo a través del libre albedrío para poder llegar a ser algo más que nada.

Según Heidegger, el primer humanismo que apareció en la historia fue el de Roma; “los romanitas se convirtieron en humanitas” (“Cartas sobre el humanismo” de Heidegger) cuando, a través del proceso de “romanización”, ensayaron la implantación de un primer universalismo en el conjunto de la humanidad o mundo conocido hasta entonces.

Lo que diferencia al homo humanus del homo barbarus es su alejamiento de la naturaleza (barbarie) obligándose a autocontrolar y regular sus instintos más primitivos. El humanista, por fuer, se obliga a ser civilizado. Pero Adorno y Horkheimer, en mi opinión, afinaron más al señalar que, en realidad, el humanitas no puede “alejarse” del estado natural, sino que, inmerso en el mismo, no tiene más remedio que dominarlo y controlarlo, es decir, se ve obligado a imponer una determinada cosmovisión (interpretación del mundo, de los hombres y de la historia) para garantizar una convivencia civilizada. Así, el humanitas, intentando rehuir de la barbarie, no puede evitar, a su vez, legitimar el uso de la fuerza para imponer su verdad. Pero esta fuerza no deberá ser la fuerza irracional del bárbaro, sino una fuerza racional sujeta a derecho (leyes de los humanistas). ¿Pero qué es racional o irracional? ¿Acaso no coinciden ambos conceptos, respectivamente, con los de moral e inmoral?

Ya he señalado que la implantación de una cosmovisión que permita criar y domesticar (civilizar) al ganado humano (Peter Sloterdijk) siempre obliga a establecer unas reglas para el parque humano; unas normas (leyes) que permitan la convivencia entre conciencias dispares (conciencias individuales). Y dichas reglas y normas solo podrán articularse a través de la política, es decir, a través de Estados operativos y/o imperios generadores (G. Bueno). Pero, de nuevo, debemos preguntarnos: ¿de dónde surgen esas normas y reglas que han de civilizar al conjunto de la humanidad? Pues surgen de una Razón, siempre inevitablemente moral, que necesita justificar razonadamente las acciones políticas que articulan la convivencia en un grupo social humano. 

EL ORIGEN DE LA MORAL

Decía Xavier Zubiri: El ser humano es constitutivamente moral en tanto que inteligente (léase racional).

Si yo mato a alguien debo justificar, siempre, por qué he decidido matarlo, porque siempre existe una razón (justificación confesable o inconfesable) para ejecutar cualquiera de nuestros actos. Y el asesinato es un acto (una acción humana) como otro cualquiera. De hecho, ser inteligente no significa ser el más bueno, moralmente hablando, sino tener la capacidad de saber elegir la mejor opción de entre las múltiples posibilidades que nos ofrece la realidad.

A quien yo mate, desde luego, no le importará mi porqué; no le interesará la justificación moral que me permitió, cual Raskólnikov, quitarle la vida. Eso, en todo caso, le importará al conjunto de la sociedad, a las normas y reglas (leyes) que el humanismo de turno haya establecido para legitimar unos crímenes y penalizar otros. La novela “Crimen y castigo” nos demuestra que cualquier crimen puede llegar a justificarse moralmente, si, primero, nos obligamos a racionalizarlo.

Por tanto, podríamos concluir que tanto los crímenes de Stalin como los de Hitler fueron morales, porque todos ellos tuvieron una razón de ser; una justificación racional que respondía al porqué y para qué de sus respectivas cosmovisiones o interpretaciones del Ser.

Si aceptamos que TODOS los crímenes son inevitablemente morales, desde el que comete un psicópata hasta el que se comete en nombre de una religión y/o ideología, entonces estamos obligados a demostrar por qué unos crímenes son buenos y otros malos; por qué unos son “mejores” (más aceptables moralmente) y otros más execrables. Esto es lo que intentaron demostrar, sin éxito en mi opinión, Insua y F. Ovejero.

Pero lo que hicieron Pedro Insua y Félix Ovejero fue comparar moralmente dos humanismos (sí, sí, dos humanismos o modos de interpretar el mundo); compararon al nazismo y el comunismo no en base al resultado final de sus acciones: la muerte de inocentes, sino a partir de apriorismos racionales (morales) que ellos consideraban más buenos y justos.

Pero si a mí me quita alguien la vida, no me importará que haya sido un psicópata por mor de satisfacer sus instintos más primarios (incivilizados) o un terrorista que decidió “civilizadamente” que mi muerte era necesaria para la consecución de su buena y justa causa ideológica. De la misma manera, tanto me daría que me hubiese matado un nazi por el color de mi piel o un comunista por negarme a abrazar su credo religioso.

Insua me rebatiría, probablemente, argumentando que, al menos, el comunista me hubiese dado la oportunidad de renegar de mi herejía burguesa y liberal-conservadora; es decir, y traduciendo el cinismo de Insua: el comunista me hubiese despojado de mi libertad, mis derechos, mi orgullo y mi dignidad a cambio de mi vida. ¡Menudo trato ventajoso! Pero es que, además, el comunismo no siempre proporcionaba a sus víctimas esta ventajosa oportunidad. Podríamos preguntarles a los miles de oficiales polacos que fueron ajusticiados (asesinados) en Katyn si los comunistas les ofrecieron esa oportunidad de redención; o podríamos preguntárselo a los mártires de Paracuellos del Jarama, a los millones de víctimas del holodomor en Ucrania, a las víctimas de Mao o de los jemeres rojos…

Así son nuestras Izquierdas Ilustradas, son legión, y su discurso filomarxista se propaga desde todos y cada uno de los medios de comunicación españoles.

 

martes, 26 de enero de 2021

PSICOLOGÍA DE LAS IZQUIERDAS ILUSTRADAS (parte II)

INTRODUCCIÓN

En la primera parte, dedicada a elaborar un perfil psicológico de nuestras izquierdas ilustradas (españolas), expuse argumentos que demostraban que tanto en la ideología nacionalista como en la ideología internacionalista (ahora reconvertida en posnacionalismo y transnacionalismo habermasiano) subyacían esencialismos, ideas hipostasiadas que proporcionaban sentidos trascendentales y teleológicos a sus respectivas filosofías políticas. De hecho, ya señalé que toda filosofía política es inevitablemente moral, es decir, se fundamenta en justificaciones o razones ideológicas (ideas) que trascienden la mera realidad.

¿Por qué, entonces, diferentes clases de personas optan por hacer suyas diferentes ideologías o filosofías políticas?

Ya dijo Fichte (idealista alemán) que no escogíamos una determinada filosofía en función de sus demostradas bondades, validez universal, sino dependiendo de la clase de persona que fuésemos. Vino a decirnos, en definitiva, que a cada perfil psicológico le era propio un gusto estético y una afinidad moral que se correspondían con unas concretas filosofías y cosmovisiones ideológicas (interpretaciones del mundo y la vida).

Así que, siguiendo a Fichte y a riesgo de pecar de psicologismo (hermenéutica posmoderna), me atreveré a elaborar un perfil de nuestra izquierda ilustrada considerando los rasgos psicológicos y los modos de ser, en el mundo y con "lo otro", que la caracterizan.

PSICOLOGÍA DE NUESTRA IZQUIERDA ILUSTRADA

Me atrevería  a aseverar, en base a mi experiencia personal y diversas lecturas sobre el tema, que el rasgo esencial y más sobresaliente que subyace en nuestras izquierdas es su marcado carácter marxista (como diría García Domínguez, son mayoritariamente "leídos marxistas"). 

Los más refinados marxistas de otrora han evolucionado, pero, hacia un filomarxismo habermasiano o patriotismo constitucional que antepone la relevancia de la entidad política vs la entidad nacional. Consideran nuestras izquierdas ilustradas (habermasianas) que establecer unas reglas del juego consensuadas, a través de una democracia deliberativa, comunicativa y dialogante, debería ser suficiente para articular estados constitucionalistas que garanticen los derechos y libertades de todos los ciudadanos. Según ellos, poner el énfasis en esencialismos nacionalistas solo conduciría a repetir errores históricos y facilitar el retorno de la provincia heideggeriana. Tal sería, resumidamente, la tesis que defienden las izquierdas que se dicen constitucionalistas (PSOE, PP y C´s): considerar al nacionalismo como una conciencia potencialmente supremacista. De ahí que filósofos habermasianos, como Mikel Arteta, consideren que no es necesario mostrar "orgullo nacional" para defender un patriotismo político (constitucional). Por eso, otros brillantes filósofos españoles, como Fernando Savater o Félix Ovejero, desprecian, se la sopla o se la suda (palabras suyas), la nación española. Algunos, como Ovejero, incluso han escrito libros para diferenciar a las buenas izquierdas (ilustradas y constitucionalistas) de las malas (populistas y reaccionarias). Pero lo que subyace en el interior de todos ellos, por ilustrados, buenos y justos que se pretendan, es el temor, todavía muy presente en sus conciencias, de que vuelva la barbarie o "retorne la provincia heideggeriana" (que VOX simboliza o representa, según Arcadi Espada). Así, dicho temor  impele a nuestros ilustrados (Mikel Arteta de nuevo) a preferir lo que consideran un "mal menor": "el retorno de la urbe comunista" de la mano de Podemos. Siguen creyendo, en el fondo de sus conciencias marxistas, que siempre será preferible la barbarie comunista (internacionalista) a la barbarie nacionalista. Como se puede apreciar, una clara cuestión de preferencias estético-morales o, como dijera Fichte, identificación del Yo (psicología) con una determinada filosofía y/o ideología.

¿Cómo es, entonces, el Yo (perfil psicológico) de quienes exhiben este doble rasero moral o muestran mayor permisividad y tolerancia hacia el supremacismo comunista?

Han sido muchos los pensadores, desde Kierkegaard hasta Nietzsche, pasando por Fernández de la Mora y Peter Sloterdijk, que han señalado dos rasgos psicológicos inherentes a las ideologías de izquierdas: el resentimiento y la envidia. Pero no deseo ahora añadir nada sobre el resentimiento nietzscheano, que según el filósofo alemán generaba la moral de los débiles (léase desposeídos) vs la moral de los más fuertes. Tampoco me referiré a la envidia que, en el parecer de Kierkegaard, subyace en el ateo que no acepta su presencia en Dios; es decir, que no acepta su presencia en algo más superior y elevado que él. Sin duda, se podrían extraer interesantes reflexiones sobre las evidentes relaciones entre el resentimiento y la envidia y el hecho de ser de izquierdas. Baste, tan solo, señalar cómo el comunismo de Podemos se encarga de arremeter, día tras día, contra empresarios de éxito como Amancio Ortega; cómo los podemitas, en su día y demagogia mediante, se reivindicaron como trabajadores "descamisados" que vivían, orgullosamente además, en humildes barrios obreros. 

Sí me gustaría señalar la importante relación entre el hecho de ser de izquierdas y la idea de "envidia igualitaria", desarrollada por  Fernández de la Mora; una forma particular de envidia que el filósofo español postuló como el motor que ha movido históricamente, desde tiempos de la Grecia Clásica, a los individuos más mediocres, por lo general también resentidos,  a desterrar y despreciar lo más elevado, mejor y excelente. Ortega y Gasset, en esta misma línea, llamó "aristofobia" a esta insana necesidad de arremeter contra lo  mejor y más excelente. Y mucho escribió, también, sobre el individuo ejemplar y el hombre-masa, dado a hacer suya lo que Ortega denominó "pseudomoral eslava " (marxismo).

Me interesa, dejando de lado lo que sin duda son dos rasgos inherentes del individuo de izquierdas, el resentimiento y la envidia, centrarme en el rasgo que considero más relevante y que mejor define el "modo de ser" de la Izquierda Ilustrada: el desprecio.

Decía Sloterdijk en su "Crítica de la razón cínica" que el marxismo había sido la conciencia que con mayor prepotencia había cosificado y despreciado al resto de conciencias. De hecho, a los comunistas los definió como "los buenos criminales"; individuos capaces de legitimar los mayores crímenes y barbaridades en aras de conseguir loables fines últimos. Sin duda, como diría Zizek, los comunistas son fervientes ateos religiosos entregados celosamente a los dogmas de su fe.

Sin embargo, a pesar de las bien argumentadas y fundamentadas explicaciones de Sloterdijk sobre la prepotencia marxista y la criminalidad comunista, y a pesar de las confesiones, sin duda esclarecedoras e impagables, del comunista Slavoj Zizek, demostrando la presencia de esencialismo metafísico (religiosidad atea) subyacente en la ideología comunista, a pesar de todo ello, digo, nuestras Izquierdas Ilustradas siguen prefiriendo mil veces el comunismo de Podemos antes que a los liberal-conservadores de VOX. ¿Por qué? ¿Por qué desprecian tanto a VOX?

De entre todos nuestros "rojos ilustrados" (vamos a pagar al desprecio con desprecio) quizás haya sido Arcadi Espada, como ya señalé en la primera parte de "Perfil psicológico de las Izquierdas Ilustradas", el que con mayor prepotencia refinada, muy civilizada, eso sí, haya despreciado a la conciencia antagónica que representa VOX. Arcadi Espada, no solo alertó sobre el "retorno de la barbarie" que suponía la aparición de VOX en el claro del bosque de la política española, sino que despreció a la nueva formación política y, por ende, a millones de españoles, calificando al nuevo partido de cochambre intelectual, política y moral (cita literal).

No recuerdo a ningún político ni intelectual de peso, análogo a la importancia mediática que pueda tener Arcadi Espada, que se haya referido a Podemos, por ejemplo, con un desprecio tan evidente y desmesurado. Pero sí han sido muchos los pensadores de nuestras Izquierdas Ilustradas que no han disimulado su desprecio, irracional y, por qué no decirlo, endiosado, hacia VOX. A todos les ha bastado con sospechar o intuir que VOX era potencialmente un peligro para la democracia para juzgarlo y sentenciarlo al ostracismo mediático.

CONCLUSIÓN

Si el marxismo fue la conciencia que con mayor prepotencia despreció al resto de conciencias, como cree Sloterdijk y también creo yo (véanse los argumentos que lo prueban en "Crítica de la razón cínica"), no cabe duda de que nuestra Izquierda Ilustrada, ebria de dicho desprecio prepotente, es digna heredera del marxismo al que, sin duda, todavía se siente vinculada afectivamente, debido a los pretéritos apegos tempranos con el mismo.

Así, podríamos concluir, que la envidia y el resentimiento serían los rasgos psicológicos más presentes en la generalidad de las izquierdas proletarias, sobre todo entre el lumpenproletariado, carente de conciencia de clase, que ignora qué significa ser marxista, pero no duda en arremeter contra cualquiera que se le antoje mejor que él o que haya tenido más suerte en la vida que él.

Pero el desprecio prepotente, en mi opinión, sería el rasgo psicológico que mejor definiría a nuestra Izquierda Ilustrada. Una izquierda que tiene esa soberbia endiosada que le permite arrogarse estar en posesión de la Verdad o, en su defecto, que les permite creer que están situados en la mejor de las opciones políticas posibles: el patriotismo constitucional.

Como señaló Sloterdijk, retomando a Nietzsche, "todo el que desprecia a quien desprecia se convierte, inevitablemente, en despreciador". Así, de manera parecida, nuestra Izquierda Ilustrada se siente legitimada para despreciar a VOX, por considerarlo un partido peligroso (racista, xenófobo, homófobo y machista) que desprecia a los inmigrantes, a los homosexuales y a las mujeres (cuando en realidad VOX tan solo pide regular la inmigración ilegal y pide combatir ideológicamente a los nuevos dogmatismos femimarxistas y a las impositoras ideologías LGTBI). No importa que VOX no se haya pronunciado ni proclamado "extrema derecha"; ni importa que los hechos desmientan a sus detractores y despreciadores. A los despreciadores de nuestras Izquierdas Ilustradas les basta con sospechar e intuir que VOX es un despreciador, de la misma manera que a las Izquierdas reaccionarias (por utilziar la terminología de Ovejero) les bastó siempre con considerar fachas a los paniaguados socialdemócratas del PP y C´s.

Para legitimar el desprecio hacia un despreciador, primero hay que cosificar y convertir a la conciencia antagónica (VOX) en despreciadora, aunque no lo sea. Bastará, tan solo, con sospechar que pueda ser una conciencia despreciadora en "potencia". Y en esto, amigos míos, en pervertir la verdad y la realidad, el marxismo en general, y nuestras izquierdas en particular, son maestros aventajados.

lunes, 25 de enero de 2021

Perfil psicológico de la Izquierda Ilustrada (española)

INTRODUCCIÓN

Hace un año aproximadamente escribí una pequeña reflexión a colación de un artículo de Arcadi Espada, sin duda un digno representante de nuestras izquierdas ilustradas. El artículo, titulado "Oyen voces", pretendía deslegitimar, como suelen hacer nuestros "leídos marxistas", al partido político VOX.

Decía lo siguiente:

“Más me preocupa que algún rudo columnista -se hace el rudo, pero en el fondo es fino y delicado como un haiku- empiece a oír voces. ¡Aunque no dejaría de ser lógico!”

A través de este breve párrafo, Arcadi exponía una doble preocupación: por un lado, temía que algún periodista "rudo", que no civilizado y progresista (comme il faut) pudiera comenzar a oír voces, es decir, empezara a dedicar su tiempo a reflexionar y analizar los argumentos de VOX. Pero, al tiempo, con cinismo refinado, Arcadi calificaba dichos argumentos (argumentos de VOX) de irracionales y esencialistas susurros del Ser.

Me hizo gracia este hábil juego de palabras de Arcadi, igualando el hecho de prestarle atención a VOX (oírle) con la vana actitud de oír a los locos; a los individuos que oyen voces (léase argumentos metafísicos y/ o esencialistas).

Todos asociamos el hecho de oír voces inexistentes a signos de alarma psicológica, síntomas propios de locos o iluminados endiosados. Arcadi Espada, de esta sutil manera, volvía a vociferar (él sí a través de las voces de los buenos y justos) la alerta antifascista del comunista Pablo Iglesias. Desde luego, nadie puede negarle a Arcadi Espada la exquisita retórica de la que hacen gala los "leídos marxistas" de estética habermasiana, siempre tan aparentemente refinados, dialogantes, talanteros... Siempre tan educados (civilizados) cuando de insultar y menospreciar a las conciencias enemigas se trata

¿Pero nuestra Izquierda Ilustrada es en verdad tan ingenuamente humanista (dialogante y tolerante) como pretende aparentar a través del disfraz de la democracia deliberativa?

DE VOCES E INGENUIDADES HUMANISTAS

Desde que Kant, a través de su obra "Crítica de la Razón Pura", expusiera la imposibilidad de demostrar la existencia de conceptos metafísicos, como Dios y alma, los sabios y filósofos parecieron ponerse de acuerdo para estigmatizar y rechazar cualquier tipo de conocimiento o experiencia manifiesta en la conciencia que pecara de irracionalidad, es decir, decidieron olvidarse (véase Heidegger y el olvido del Ser) de todo aquello que no pudiera ser argumentado y fundamentado a través de lo que ellos consideraban "racional".

Kierkegaard, en su "Tratado  sobre la desesperación" (cap. II, "la desesperación es pecado") dejó escrito lo siguiente: 

"El diálogo entre el Aislado (individuo en el que Dios no está presente) y Dios no entrará nunca en el cerebro de los filósofos; ellos no hacen más que universalizar imaginariamente los individuos en la especie" (humana).

Efectivamente, al filósofo no le estaba permitido, hasta la llegada de la posmodernidad, pecar de psicologismo; no le estaba permitido enfrentarse a las verdades sentidas y vivenciadas que algunos individuos experimentaban en sus subjetivas conciencias. Solo podía ser Verdad aquel conocimiento con rango de universalidad, que fuese válido y aplicable a todo el conjunto de los seres humanos.

Pero Kierkegaard, muy presente en la obra magna de Miguel de Unamuno, "Del sentimiento trágico de la vida", sí considero que la desesperación era/es constitutiva de todos los seres humanos; es decir, era un universal. Nuestro Miguel de Unamuno, descalificado por muchos de nuestros contemporáneos por mostrarse en exceso irracional, también creyó que "el sentimiento trágico de la vida", provocado por la sed de inmortalidad de los seres humanos, era un universal. Incluso Ortega se refirió al "drama de vivir", a esa angustia existencial, presente en la generalidad de los seres humanos y surgida del enfrentamiento entre nuestro Yo con las circunstancias del medio (mundo).

Creo que se podría reconocer como verdad universal el hecho de que nuestro Yo individual siempre está en relación con el mundo, en y con "lo otro", en una constante lucha dialéctica por alcanzar una síntesis redentora que le libere del sufrimiento existencial. En mi opinión, dará igual cómo llamemos a dicha "angustia" provocada por el mero hecho de ex-sistir, de ser arrojados desnudos a la realidad y estar sometidos a las contingencias de las circunstancias. 

Marx, el poeta (profeta) de la liberación, que anunció la emancipación de todos los seres humanos, también acuñó el concepto de alienación para explicar este sufrimiento inherente y constitutivo de todos los seres humano; un sufrimiento derivado, según él, de la lucha entre clases y la vida inauténtica que llevaban los individuos proletarios. Heidegger, mucho más universalista que Marx, pues no consideró diferencias entre clases sociales, se refirió al Dasman, a la vida vegetativa, sin sentido, que se sustentaba en una rutinaria cotidianidad que enmascaraba el sufrimiento existencial.

La mayoría de los filósofos, por racionalistas que se hayan pretendido, han ejercido, realmente, como poetas. Y sobre los poetas, también escribió Kierkegaard:

"Los confines de la dialéctica de la desesperación serían la poesía con orientación religiosa; el pecado de soñar en vez de ser, adoptar una relación estética de imaginación con el bien y la verdad, en vez de establecer una relación real".

¿Y qué es nuestra Izquierda Ilustrada sino un grupo de poetas ebrios de "sus verdades"; borrachos de bellos ideales, sueños y ensoñaciones, que se apartan de Dios y de las religiones tradicionales para crear sus propios dogmas de fe (pseudoreligiones, como bien señaló Heidegger)?

Decía Kierkegaard que el poeta no podía, instado por la razón, aceptar su presencia en Dios, por lo cual se dedicaba a soñar a Dios (hacer poesía). Dios es demasiado elevado y no puede entrar en la cabeza del poeta, razón por la cual Dios es ignorado y convertido en nada.

Kierkegaard hiló muy fino, pues el poeta (léase ilustrado de izquierdas) se obliga, paradójicamente, a ser racional cuando, en realidad, es un místico irracional; un ferviente espiritualista o un ateo religioso, como bien explica Slavoj Zizek en su reveladora obra "Menos que nada".

Hay que decirles, alto y claro, a Arcadi Espada y nuestras Izquierdas Ilustradas que ellos, los idealistas habermasianos en definitiva, son también creyentes y poetas irracionales que todavía, por supuesto, y bajo sus disfraces de ingenuos humanistas, neokantianos y filomarxistas, sueñan con futuros internacionalismos o fines últimos teleológicos, pero a través de nuevos modos de ser posnacionales y transnacionales. 

No, nuestra Izquierda Ilustrada no es "ingenua", sabe muy bien qué quiere y está dispuesta a todo por tal de conseguirlo, desde aceptar como "mal menor" a Podemos (rancio y peligroso comunismo) hasta cosificar a las conciencias contrarias (a VOX y sus votantes). Todo vale, desde el más refinado sofisma hasta la mentira más descarada, o aliarse con golpistas rebeldes  y terroristas con tal de combatir a esencialismos antagónicos. 

TODA FILOSOFÍA POLÍTICA ES INEVITABLEMENTE METAFÍSICA

Lo que no puede permitir nuestra Izquierda Ilustrada es que un partido como VOX, un partido con fuertes convicciones, pueda ocupar su lugar en el claro del bosque para entablar la batalla ideológica que, durante tantos años, han evitado las falsas derechas españolas (los socialdemócratas del PP y C´s). 

Cuidado, nos advierten, los de antes eran "fachas", pero estos de VOX, además, están muy locos; creen en la realidad material de la nación española y defienden la  unidad indivisible de la misma. ¡Por favor!

Pero los simpatizantes de VOX, de serlo, no serían los únicos locos. En las últimas décadas, se han reconocido dos nuevos tipos de inteligencia que se han postulado como posibilidades de ser en algunas clases de personas: la inteligencia existencial (Howard Gardner) y la inteligencia espiritual; entendida como inteligencia capaz de vivenciar como reales determinados “modos de ser” que se actualizan y manifiestan virtualmente en la conciencia (Brian Draper). Ambas formas de inteligencia comparten dos rasgos fundamentales: una pre-ocupación (ocuparse con antelación) por la propia conciencia individual en relación con el todo (cosmos, mundo o vida), y también comparten el hecho de darse en individuos singulares con altas capacidades, a menudo tildados de locos.

Nuestro genial pensador Xavier Zubiri, como en tantas otras cuestiones, se adelantó a estos estudiosos de la “inteligencia humana”. A la pre-ocupación (ocuparse con antelación) que muestran los individuos respecto al Todo la llamó preocupación teologal, y a la comunión entre individuo y mundo/vida la denominó religación. A través de dicha religación, decía nuestro brillante filósofo, el ser humano se instaba a dotarse de sentido (esencia) valiéndose para ello de diferentes vías (lógico-científicas, religiosas, místicas, filosóficas y artísticas) para, así, poder hallar “su” verdad. Todas estas vías, pero, serían RACIONALES (enfatizo), pues todas son producto de la Razón humana. No importará, por tanto, cómo lleguemos a hallar un sentido, ya sea a través de vías de revelación (religión), de desocultación (metafísica) o construcciones consensuadas (democracia deliberativa habermasiana).

Todos necesitamos dar sentido a nuestras vidas. Y toda política, por tanto, en tanto que promesa de futuro y esperanza, es esencialista o moral, aunque dicho componente metafísico se muestre orgullosamente desnudo (VOX) o se enmascare bajo los disfraces de las democracias deliberativas (socialdemocracia).

El mismo Arcadi Espada, fijémonos, señala en el párrafo que he extraído de su artículo, que oír voces no dejaría de ser lógico, entiéndase: no dejaría de ser otra posibilidad más hallada por la razón humana. Pero Arcadi, sibilino y astuto cual Ulises, aprovecha el juego de palabras VOX= VOZ para matar dos pájaros de un tiro: para deslegitimar a la nueva formación política de VOX, calificándola de cochambre intelectual, política y moral (cito literalmente) y, al tiempo, para señalar que lo inherente a todo nacionalismo es oír voces, es decir, escuchar los susurros ontológicos del ser a través de esencialismos suprasensibles y metafísicos.

CONCLUSIÓN

Arcadi, por tanto, reta a los esencialistas (nacionalistas españoles) a que le demuestren qué es el ser de España; es más, les reta a que demuestren la existencia de dicha “razón de ser”, la realidad de su ser-ahí en el mundo. Y juega con ventaja, desde luego, porque desde que Mario Bunge deslegitimara toda la metafísica de Heidegger, a través del ad hominem de la locura, los nuevos Ulises (Arcadi es uno de ellos, y aventajado) han sabido disfrazarse de cuerdos para convencer (seducir) a la ciudadanía para que ésta taponara sus oídos con cera ante determinados cánticos esencialistas.

¡No, grita nuestro Ulises constitucionalista, la ciudadanía cuerda, inteligente y moralmente “buena y justa”, no debe escuchar los peligrosos cantos de las sirenas! (léase las proclamas de VOX). No deben oír esas voces, porque los cánticos seductores de VOX llevan a la cochambre intelectual y moral. Algún día, supongo, nuestras Izquierdas Ilustradas explicarán en base a qué argumentos, que no sean los propios del marxismo supremacista, consideran cochambre intelectual y moral aseverar la realidad material de la nación y defender la unidad territorial y política de la patria.

En cierto sentido, Arcadi, como la generalidad de la socialdemocracia europea, desea que la ciudadanía solo oiga unas determinadas voces; las voces de quienes, como Lenin, creían y siguen creyendo ciegamente en un “devenir concreto”; en un esencialismo concreto (heredero del marxismo). Nos quieren obligar a aceptar con resignación un “designio histórico”, que no teológico, aunque dicho designio (creencia en un final o síntesis última) no deje de ser otra suerte de esencialismo, pero, claro, un esencialismo disfrazado de racionalidad democrática, por tanto, más “justo”.

Pero Arcadi sí escucha todas las voces. Él, como el cínico Ulises, se ata al mástil de la embarcación que es España (y que también podría ser Europa) dejando sus oídos libres, mientras el resto de la ciudadanía, con los oídos taponados con cera, permanece sorda a determinadas verdades incómodas. De hecho, para ensordecer y cegar a la ciudadanía, las buenas izquierdas ya llevan décadas encargándose de dominar y controlar toda la superestructura social: educación, medios de comunicación y asociaciones e instituciones culturales. ¡Y a pesar de ello, más de tres millones de españoles votaron a VOX en las últimas elecciones!

Los cínicos que oyen todas las voces, como Arcadi y nuestras Izquierdas Ilustradas, no quieren que lleguen a demasiados oídos algunas verdades, tales como la urgente necesidad de regular los flujos migratorios, desenmascarar la inconstitucionalidad (contraria a Derecho) que se esconde tras la LVG (ley de Violencia de Género que presupone culpables, a priori, a todos los hombres por el hecho de ser hombres). No desean que demasiados oídos oigan la verdad que muestra el sectarismo revanchista de la ley de memoria histórica; no desean que se cuestione “la razón de ser de las autonomías”. Porque, claro, la razón de ser de España es “discutible y cuestionable”, como la propia nación española, pero la razón de ser de las taifas autonómicas, que tan vehementemente defienden los “ontológicos particularistas”, es palabra de Dios. La realidad de las autonomías no es cuestionable, como otras tantas realidades y/o ensoñaciones (ideología LGTBI, ideología femimarxista, naciones vasca y catalana…). No son cuestionables porque así lo han decidido, consenso mediante, nuestros racionalistas cuerdos.

Pendiente la continuación en una parte II.

domingo, 22 de noviembre de 2020

UNAMUNO, UN ADELANTADO "POSMODERNO"


INTRODUCCIÓN

El innegable éxito de la filosofía posmoderna, heredera de la hermenéutica y el deconstruccionismo, ha provocado una reacción contra sus postulados estético-interpretativos; una reacción, a menudo airada, que vuelve a reivindicar la filosofía más realista y materialista.

¿Pero realmente es posible una filosofía materialista que prescinda totalmente de lo que los griegos denominaron pneuma, esa suerte de espíritu mítico, soplo divino, Ser, Uno o “gran Otro”?

Gustavo Bueno, a través de su propuesta de MF (materialismo filosófico) intentó superar, incluso, la metafísica inherente al propio Diamat (materialismo dialéctico), al darse cuenta de que el marxismo no era científico ni, por supuesto, podía fundamentarse en un monismo imposible. Según Bueno, la esencia del materialismo es el pluralismo. Por eso, a partir de una Materia Ontológica General, que podría considerarse la análoga a una realidad primera o Realidad-fundamento (Xavier Zubiri), Gustavo Bueno formuló su tesis sobre los tres géneros de la materia: M1, M2, M3. 

De esta manera, G.Bueno daba cuenta de los fenómenos psíquicos (¿espirituales?) que constituían M2, que interpretaban y operaban con los entes corpóreos (M1) y con la materia inteligible (matemáticas y leyes físicas) que conformaban el género M3.

Sin embargo, como ya se ha señalado, esta propuesta de Materia Ontológica General no evitaba la necesidad de incorporar el género M2: los fenómenos psíquicos (sentimientos y emociones) que interpretan y dan sentido al resto de géneros de materia, pues, en el parecer de Bueno, el espíritu no es más que un subproducto dialéctico en relación a la materia (cita textual).

Lo que consiguió Gustavo Bueno, en mi opinión, fue triturar a Hegel a través de la puesta del revés de Marx; es decir, G. Bueno aceptó la intervención de un componente psíquico, como subproducto dialéctico, que interpretaba la realidad material (M1), pero negando que dicho “componente psíquico” pudiera entenderse como un motor espiritual (Hegel) que actuara como un sujeto activo en el devenir de la historia. También Marx fue triturado, pues si no existía un motor espiritual, que permitiera avanzar hacia el fin último de la historia, tampoco existía un “motor de lucha de clases”, al cabo, otra idea hipostasiada que se aceptaba como un modo de ser real que no era sino una idea virtual o un modo de pre-ser vivenciado en la conciencia.

VIRTUALIDAD y PRE-SER VIVENCIADO

Ni siquiera Gustavo Bueno pudo prescindir del género M2, al cabo el núcleo fuerte de la filosofía posmoderna: los procesos psíquicos que interpretan y dan sentido a la realidad que nos envuelve.

A efectos prácticos, pienso, no importa tanto que G. Bueno triturara el supuesto cientifismo marxista, demostrando que, al cabo, el Diamat contenía metafísica y era una suerte de teología secularizada (cita textual); algo parecido a lo que ya señalara Ortega y Gasset, cuando se refirió al marxismo como una forma de pseudomoral eslava; o cuando Bertrand Russell, uno de los críticos más firmes contra el marxismo, lo consideró como una suerte de pseudofilosofía. Por supuesto, fue Heidegger quien vio con claridad meridiana que el marxismo era una pseudoreligión

Todos estos filósofos ya “intuyeron” la verdad que Gustavo Bueno desveló a través de su triturador MF: el marxismo no dejaba de ser un idealismo ebrio de metafísica, que se arrogaba, como la  prepotencia esquizofrénica que era (Sloterdijk), ser el portador de la única conciencia “buena y justa”.

Pero decía que, a efectos prácticos, no importa la trituración de Gustavo Bueno, pues siempre quedarán posmodernos (como veremos a continuación) y Armesillas (nostálgicos comunistas) que continuarán la obra de la pseudoreligión marxista, prepotencia ideal-comunista al cabo.

¿Pero qué implica que el marxismo se refiera a sí mismo como la única conciencia verdadera?

Implica proclamar una verdad endiosada que parte, inevitablemente, de una idea virtual vivenciada en la conciencia”. Pero la verdad marxista no es una verdad que tenga una correspondencia entre proposiciones y hechos, al modo aristotélico, sino que es una "verdad" o pre-verdad que ansía y aspira a llegar a ser; es una verdad virtual que desea consumarse en la realidad material a través de la praxis operativa.

LA FILOSOFÍA POSMODERNA

Fue la Escuela de Frankfurt la que descubrió estas “debilidades del marxismo”, entendiéndolo como forma de “verdad virtual prepotente”. Y los filósofos alemanes, otrora marxistas, con Adorno y Horkheimer a la cabeza, iniciaron una reinterpretación de los postulados del marxismo por tal de limar su celo dogmático y rescatar, al tiempo, sus supuestas bondades.

¿Qué había de bueno en el marxismo? Según los filósofos de la Escuela de Frankfurt, del marxismo había que rescatar su ideal emancipatorio, su lucha para liberar a los oprimidos. Pero los oprimidos ya no eran, tan solo, quienes pertenecían a la clase del proletariado, sino que oprimido podía ser todo aquel que tuviese conciencia (vivencia subjetiva) de ser víctima; incluso quienes tuviesen conciencia de pertenecer a colectivos agraviados históricamente debían ser reconocidos como víctimas. Se imponía, así, el pensamiento sensible que legitimaba las reivindicaciones feministas, pero, ojo, también las reivindicaciones emancipatorias de colectivos homosexuales o colectivos etno-nacionales (particularismos tontilocos).

La posmodernidad repartió, tan alegre como inconscientemente, carnés de víctima. Y con el transcurrir del tiempo, estas víctimas, de nuevo endiosadas en sus verdades dolorosamente sentidas, y como antes hiciera el marxismo, volvieron a mutar en conciencias dogmáticas y prepotentes. El primer feminismo liberal mutó en femimarxismo, que no feminazismo, pues, como acabo de demostrar en esta exposición, el feminismo radical bebe del ideal emancipatorio marxista. De manera parecida, los primeros movimientos emancipatorios de colectivos homosexuales, claramente liberales, devinieron con el tiempo una pseudoreligión denominada ideología LGTBI.

Y en medio de toda esta vorágine irracional y psicoestética, empeñada en reivindicar sentimentalismos a través de victimismos instrumentalizados, aparecerá Habermas, disfrazado con los ropajes del ilustrado de izquierdas, racional y sensato. 

Pero Gustavo Bueno, como no podía ser de otra manera, también trituró al hijo aventajado de la Escuela de Frankfurt, considerándolo el creador de "El mito del ideal del diálogo” (cita textual). Gustavo Bueno desenmascaró al diálogo habermasiano como la necesaria herramienta a través de la cual las democracias deliberativas dan forma a una nueva verdad, no metafísica, sino consensuada con la participación de todos (¿de todos, realmente?); una verdad creada en los laboratorios de la política, por supuesto diseñada por las elites globalistas; la reedición, con otras vestimentas, del antiguo ideal internacionalista marxista, ahora reinterpretado como teleológicos supranacionalismos y transnacionalismos. Diálogo, consenso, democracia deliberativa, ética en el discurso… ideales imposibles, metafísica y nuevos mitos al cabo.

¿QUÉ QUEDA DESPUÉS DEL MITO SINO NUEVAS FICCIONES MÍTICAS?

Triturados los mitos del marxismo, y por ende los de sus hijos posmodernos; y triturado el idealismo habermasiano, ¿qué nos queda para dar sentido a nuestras existencias?

Me atrevería a decir, siguiendo a Unamuno, que si el mito no existiera habría que inventarlo, de la misma manera que el genial vasco (español por los cuatro costados) proclamó que “si no existiera Dios, tendríamos que inventarlo”. En esta frase, tan unamuniana, se resume perfectamente la verdad posmoderna. Y es que Unamuno entendió, mucho antes que los sesudos alemanes de la Escuela de Frankfurt y sus hijos posmodernos (Foucault, Derrida, Deleuze…), que no importaba tanto tener certeza de una verdad como obligarnos a creer en dicha verdad. Unamuno lo llamó, intuitivamente, autoengaño existencial. Pero Peter Sloterdijk, hilando más fino, lo ha denominado autohipnosis consciente; un ejercicio voluntario de la conciencia para obligarnos a creer en lo que la razón no nos permite creer.

La ficción, la pre-verdad o el pre-ser virtual que se manifiesta y actualiza en la conciencia, cobra vida propia en la nivola "Niebla", donde el personaje de Augusto Pérez llegó a mostrarse a través de un modo de ser tan real que, incluso, se permitió dialogar de a tú a tú con "su dios": el propio Unamuno que escribía la vida, historia o relato, del atormentado Pérez. La meta-ontología que desarrolla la obra unamuniana es sublime. 

La poiesis (acción creativa) que lleva a cabo Unamuno, ya no consistirá, como en la Grecia clásica, en crear dioses y mitos, sino en "imaginar" al sujeto como un dios capaz de crear al Dios que, a su vez, le creará a él mismo.

En "Niebla", Unamuno entendió perfectamente que la existencia no tenía sentido sin un relato que llenara con historias, mitos y ficciones, el terrible vacío inherente a la misma. ¿Y qué mejor ficción que la de un dios que sueña o imagina a su Dios?

Obligándose a llegar hasta los propios límites de la ficción, Unamuno llegó a escribir que el personaje ficticio de Alonso Quijano se le antojaba más real, más de carne y hueso, que el propio Miguel de Cervantes. ¿Por qué no? ¿No fue, en definitiva, Alonso Quijano, en su modo de ser universal "El Quijote", quien realmente dio sentido y significado a la existencia de un pobre mortal llamado Miguel de Cervantes?

Y es que Unamuno, antes de que Derrida se sacara de la manga el invento del deconstruccionismo, ya se atrevió a deconstruir, magistralmente añado, la obra magna de la literatura española: "El Quijote".

 "Vidas de Don Quijote y Sancho" no solo es una confesión agustina donde Unamuno se psicoanaliza introspectivamente, desnudando su ser más íntimo a todos sus lectores. Es mucho más. Unamuno, erigido en "dios" o creador todopoderoso, llegará a proclamar que él había entendido y desvelado la esencia que subyacía en "El Quijote" mucho mejor que el propio Miguel de Cervantes. He ahí un endiosamiento creador que solo sería superado, años más tarde, por los filósofos posmodernos.

La obra "Vidas de Don Quijote y Sancho" deconstruye la obra original de Cervantes reinterpretándola y, hasta cierto punto, incluso reescribiéndola, y con no pocas dosis de análisis psicológico y social. Así, Unamuno no solo llegó a la posmodernidad antes que los filósofos posmodernos, sino que se adelantó al trabajo de la Escuela de Frankfurt, valiéndose, a través de su particular modo de crear ficciones, de análisis psicológicos y sociales para, a través de esas vías, poder llegar a descubrir el alma (esencia espiritual) de los personajes cervantinos.

CONCLUSIÓN

En definitiva, la acción operativa en política, muy bien entendida por Unamuno, pero también por Gustavo Bueno, debe consistir en triturar los mitos de los “otros” y, al tiempo, resucitar y legitimar nuestros propios mitos nacionales. No importa que dicha legitimación moral y vital se realice a través de vías intuitivo-irracionales (Unamuno) o a través de una racionalidad bien argumentada y fundamentada (Gustavo Bueno).

Si todo mito es inevitablemente relato, como sostienen los posmodernos, y es una necesidad constitutiva del ser humano dotar de sentidos y significados (relatos) su existencia, no nos queda más remedio que “mitificar” y crear relatos, pero relatos y narraciones hechos a “imagen y semejanza” de los hombres de carne y hueso que somos.

Parafraseando a Gustavo Bueno: “el relato que no impongamos nosotros lo impondrá la conciencia contraria y antagónica a la nuestra”. Así ha sucedido siempre a lo largo de la historia. Las civilizaciones y naciones que desaparecieron a lo largo del tiempo, lo hicieron porque, primero, perdieron su fuerza vital y espiritual (pneuma); perdieron la fe en sus respectivas razones de ser; dejaron de creer en “sus verdades” y acabaron autoinmolándose.

No sé a vosotros, pero a mí no me vale el relato marxista, ni los relatos LGTBI, LBM o femimarxistas; tampoco me vale el tramposo relato del idealismo habermasiano, que lo mismo “prefiere a Podemos mil veces antes que a VOX” que proclama que “España se la suda”.

Como dijo un gran español, gran admirador de Unamuno: “Hay que anteponer la poesía que promete (nuestro relato nacional) a la poesía que destruye (relatos internacionalistas y globalistas).

lunes, 9 de noviembre de 2020

SERIE DE TV YEARS AND YEARS (los peligros de la posmodernidad))

INTRODUCCIÓN

Las series actuales, sobre todo las de Netflix y HBO, son ricas en contenidos "posmodernos"; todas ellas están impregnadas de esas moralinas, tan de moda, que se arrogan juzgar y decidir quiénes son los nuevos herejes que deben arder en las hogueras de los movimientos femimarxistas, woke, LGTBI, LBM, animalistas y eco-veganos. Hay hogueras disponibles en todos los colores y para todos los gustos.

Se me dirá que siempre ha sido así a lo largo de la historia; que la ficción cinematográfica siempre ha pecado, desde sus comienzos, de sesgos ideológicos y de tendenciosos maniqueísmos. Seguramente, pero nunca con el descaro y la soberbia que muestran las prepotentes ideologías surgidas a la sombra de la posmodernidad.

LA CONCIENCIA FRACTURADA

Me gusta escuchar a mi hija, y con atención expectante, cuando me recomienda las últimas series televisivas del momento. Gracias a ella he descubierto series buenorras como "Sex education", "Descubriendo a Alaska", "Dark" o "Euphoria". Pero no doy abasto para ponerme al día con tantas recomendaciones.

Todas estas series, y es a lo que iba, están impregnadas de inevitable ideología LGTBI, pero, además, inciden en un tema crucial que caracteriza al pensamiento posmoderno: mostrar una fractura espacio-temporal de la conciencia a través de la ficción.

Estas series logran, a través de diferentes recursos, hacer pasar por ""real" lo que no es sino mero pre-ser o modo de ser imaginado en la conciencia. De hecho, todas las obras de ficción descubren y plantean sugerentes posibilidades de ser que podrían llegar a darse en la "realidad abierta". 

Pero las series de TV actuales van más allá de la mera intención de mostrar posibilidades del ser; en la mayoría de ellas subyace una clara INTENCIONALIDAD de "crear conciencia", es decir, de implantar nuevas verdades que son, primero, vivencias o experiencias de determinados colectivos sociales.

En "Euphoria" la conciencia se fractura espacio-temporalmente a través de las drogas, también muy presentes en otras series. Y dicha conciencia fracturada casi siempre es feminista (las protagonistas son chicas). Y esta "buena conciencia" también es transgresora, activa sexualmente y consumidora de sustancias alucinógenas.

Ya no podríamos imaginar ninguna serie posmoderna sin el habitual recurso del "flash back"; una manera de romper la espacio-temporalidad del relato ficticio que nos permite convertirnos en una suerte de dios omnipresente para, así, poder seguir y entender mejor los actos de los personajes. He ahí una de las premisas del psicoanálisis: poder llegar al autoconocimiento personal a través del análisis del pasado.

En "Dark", por ejemplo, se juega con la fractura espacio-temporal a través de los viajes en el tiempo; otro recurso muy manido y recurrente en las series de TV de hoy. ¿Cuántas series han utilizado de alguna u otra manera los viajes en el tiempo para crear realidades en la ficción? ¿Y qué me decís de las series distópicas, que están a la orden del día, y que "imaginan" cómo sería hoy el mundo si el devenir de la historia hubiese sido distinto?

CONCLUSIÓN

Las series posmodernas han entendido que el presente no es nada, y que todo puede reducirse a pasado y futuro. Los personajes en la ficción que seguimos en las series de tv actuales son una síntesis de lo que fueron, pero, sobre todo, de lo que "podrían llegar a ser". De este modo, y a través de la ficción,  la posibilidad de llegar a ser se consuma en nuestras mentes, manifestándose y actualizándose en nuestras conciencias como un modo de ser que, de facto, ya es. 

Y aquí quería llegar:

Resulta evidente que en la serie "Years and years" también se juega con el recurso de la fractura espacio-temporal, pero, en mi opinión, se hace de forma peligrosa e inmoral.

Bien está que una serie de ficción nos permita imaginar cómo sería el mundo si el eje germano-japonés hubiese ganado la II Guerra Mundial. Pero, cuidado, porque en "Years and years" se va mucho más lejos, porque su ficción no se retrotrae a personajes y hechos del pasado, sino a circunstancias muy actuales.

"Years and years" plantea la posibilidad, ni más ni menos, de que Donald Trump acabe lanzando una bomba atómica sobre China. Se toma partido, descaradamente, contra la realidad y la verdad del presente (Trump, precisamente, no ha participado en nuevas guerras). Y esta tramposa ficción se utiliza instrumentalmente para crear en las conciencias de los espectadores una POSVERDAD (en realidad pre-verdad) que, en las mentes más simples, se vivenciará como "verdad de facto".

En serio, he alucinado al comprobar a qué grado de manipulación y adoctrinamiento social están llegando las actuales series posmodernas de TV.

ESPAÑA COMUNISTA (reflexión escrita en 2014)

INTRODUCCIÓN


José, un comentarista de este humilde blog, me decía que, hasta hace poco, se negaba o no quería creer en mis pesimistas análisis de la realidad.
He descubierto está reflexión, escrita en 2014, donde ya se podía prever, perfectamente, todo lo que estaba por llegar y que, desgraciadamente, ya estamos padeciendo.

Desde hace ya algunos años vengo sosteniendo, en diferentes foros y a través de debates dialécticos, que España es esencialmente comunista, es decir, que su idiosincrasia, forma de ser y de pensar, ha estado desde siempre orientada a la consecución de utópicos supremacismos.

Habrá quien erróneamente me rebata, argumentando que la esencia más española, a lo largo de la historia, ha sido el catolicismo. Sin embargo, lejos de rebatirme, me estará dando la razón.

Y es que, sin la presencia a lo largo de los siglos de un carpetovetónico catolicismo, que impregnó de utópico supremacismo la conciencia colectiva de las masas, jamás hubiese sido posible en España la deconstrucción o reinterpretación del mismo en forma de doctrina comunista.

El catolicismo, de hecho, lejos de impedir la proliferación del comunismo se convirtió en su necesario caldo de cultivo. Tan solo bastó, para ello, que alguien se diera cuenta de que allí donde el supremacismo religioso hablaba de creyentes desposeídos era necesario, adaptándose a nuevos contextos históricos, referirse a creyentes proletarios.
Fue el ingenioso Marx quien supo ver que las masas necesitaban creer en un fin último utópico; y frente al engaño del supremacismo religioso (alcanzar la felicidad en la otra vida) supo articular un nuevo engaño, o nueva conciencia, que prometería la felicidad en un idealista Estado socialista.

No volveré a insistir en los más que evidentes paralelismos entre cristianismo y marxismo, pero sí señalaré que aquellas sociedades, que históricamente sí supieron desprenderse del supremacismo católico, evolucionaron hacia ideologías liberales más respetuosas con las libertades individuales.

Podríamos concluir, por tanto, que si el protestantismo, sobre todo el anglosajón, propició y favoreció un pensamiento más liberal, el catolicismo fue el padre religioso de un hijo comunista y ateo. Sí, es cierto que padre e hijo creen en diferentes aspiraciones supremacistas pero, al cabo, los dos son fervientes creyentes y persiguen parecidos fines últimos en forma de utópicos mundos felices (paraíso y socialismo utópico). "De tal palo tal astilla".

Si profundizamos al respecto, resulta fácil comprobar que, tanto el catolicismo como el comunismo hacen mayor hincapié en la necesidad de trabajar comunitariamente, mientras que protestantismo y liberalismo enfatizan más en las bondades del esfuerzo y el sacrificio individual.
La creación de una sociedad comunista conllevará, por tanto, a una serie de indeseables consecuencias:

CONSECUENCIAS

Destierro del esfuerzo: la primera consecuencia, inevitable, en una sociedad que se conduzca y apueste por el trabajo comunitario en detrimento del trabajo más individual, es que se creará una sociedad igualitaria que no distinguirá entre los mejores y los peores; no diferenciará a los más esforzados de los más perezosos. Si todos deben aportar, teóricamente, una misma cantidad de fuerza de trabajo a cambio de una igual o parecida retribución... ¿Para qué destacar o sobresalir? ¿Para qué un esfuerzo superior al de otro igual si, al cabo, ambos obtendrán los mismos beneficios?

Destierro del mérito y la excelencia: despreciado el esfuerzo como fuente generadora, no solo de trabajo, sino también de progreso y de riqueza, se formará una sociedad mediocre que no sentirá aspiración ninguna por mejorarse a sí misma; que evitará cualquier sacrificio necesario para aspirar a la excelencia. El vacío dejado por la ausencia de una ciudadanía responsable, defensora de sus derechos pero también cumplidora con sus obligaciones a través del trabajo esforzado, será ocupado por unas masas eternamente descontentas e insatisfechas, que buscarán la felicidad a través del mínimo esfuerzo y reclamarán que sea el Estado quien garantice su bienestar.

Pobreza generalizada: cualquier sociedad que destruye a sus propias élites intelectuales, desterrando el mérito y la excelencia de sus aulas, es una sociedad condenada a la autoinmolación vital. Sin la creación aristocrática (de los  mejores) ninguna sociedad puede progresar ni evolucionar, sino que permanecerá anclada en un triste y sempiterno presente de miseria. La pobreza acabará instalándose en todas las capas sociales de la población y los mejores, de haberlos, se verán obligados a emigrar a sociedades que sí sepan valorar sus conocimientos y, sobre todo, que reconozcan su esfuerzo personal.

Estado omnipotente: una vez empobrecida la sociedad, hasta el punto de que se muestre incapaz de crear riqueza, porque no existen las suficientes iniciativas privadas generadoras de la misma, el Estado no tendrá más remedio que asumir el rol de empresario para dinamizar la actividad económica y garantizar la supervivencia de la población.  Pero dichas acciones dinamizadoras, en tanto que alejadas de las leyes del mercado libre, serán inútiles e improductivas, es decir, no generarán riqueza , pues se llevarán a cabo sobredimensionando el peso de las administraciones públicas. Se crearán ingentes cantidades de funcionarios, que desempeñarán labores innecesarias, las cuales, sin embargo, justificaran la creación de puestos de trabajo. Trabajo, repito, que no solo no generará riqueza, sino que estará destinado a expoliar fiscalmente al resto de la ciudadanía. La clase funcionarial se convertirá, así, en nueva clase privilegiada.

Inevitable dictadura o despotismo político: cuando la población, ya empobrecida, comprenda que no tiene ningún futuro en la feliz sociedad comunitaria que se le prometió, se rebelará o buscará la manera de emigrar a sociedades más maduras y garantes de las libertades individuales. Pero para entonces, cualquier intento de revolución o de disidencia política, así como cualquier intento de huida, será duramente reprimido por un régimen totalitario provisto de un poderoso ejército leal, pero también consentido por un numeroso cuerpo de funcionarios, sumisos y serviles, que no pondrán en peligro sus privilegios y prebendas por tal de defender las libertades del resto de la población.


ANÁLISIS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA

No hace falta ser demasiado sagaz para comprobar cómo, todas y cada una de las anteriores consecuencias, derivadas de las políticas propias de Estados comunistas, se han dado en España. Tan solo faltan por desarrollarse los dos últimos estadios, que ya llegarán.

Pero ¿Cómo ha sido posible que en una sociedad calificada como liberal o neoliberal (sobre todo por la opinión pública) se hayan dado los tres primeros estadios que caracterizan a todo sistema comunista?

La respuesta es clara: porque España nunca ha sido liberal. De hecho, el liberalismo nunca ha sido una alternativa política real en España.

La socialdemocracia ensayada en España, durante lo que dio en llamarse la Transición, nunca hizo suyos los valores propios del liberalismo, ya que el diseño de dicha falsa socialdemocracia se realizó con el consenso de las anteriores fuerzas del régimen franquista (Falangismo e Iglesia Católica) y las emergentes fuerzas políticas de la oposición (socialismo y comunismo). España se conjuró, desde la derecha y la izquierda, para seguir manteniendo "vivas" las cadenas represoras de la auténtica libertad, que no es libertad económica (como sostiene el marxismo) sino libertad vital.

Vemos, por tanto, que España fue víctima de la tormenta perfecta: la confabulación de los diferentes supremacismos, religiosos y políticos, que durante siglos habían desterrado las ideas liberales de la vida de los españoles.

Así, no debe resultar extraño que, todavía hoy, pocos españoles puedan explicar qué entienden por liberalismo, menos aún que comprendan los principios básicos del liberalismo filosófico.
Resulta realmente increíble la frivolidad con la que la generalidad de las gentes de España no dudan en culpar al liberalismo de todos sus males.
¿Acaso nuestras aulas y nuestros sistemas pedagógicos están orientados al mérito y la excelencia?
¿Se valora en España el esfuerzo y el sacrificio personal?
¿Acaso no deben emigrar nuestros mejores cerebros de un país incapaz de apostar y promocionar la excelencia?
Y, sin embargo, como en los mejores regímenes comunistas, España es uno de los países europeos con mayor número de administraciones fiscalizadoras (centrales, autonómicas y locales) y es uno de los países con mayor cantidad de funcionarios y políticos. ¿Es esto propio de un sistema "liberal"?

¿De verdad que nadie puede ver que España es, en su misma esencia, claramente comunista?
El tradicional grito de guerra en España, tanto desde las derechas como desde las izquierdas, siempre ha sido: ¡más Estado!

Ahora tan solo hace falta que la esencia comunista, desde tiempo inmemorial inherente a la razón de ser española se nos abra y se desoculte  en el claro de las urnas, para legitimarse y materializarse por la vía "democrática", ya que, en su día, no pudo hacerlo a través de inconscientes y peregrinas revoluciones frentepopulistas.
Y por fin, en nuestras graves circunstancias presentes,  aparecerá una nueva oportunidad histórica (favorecida por el dolor de una cruenta crisis)  para que la esencia del comunismo, que siempre ha estado entre nos, latente y al acecho, esperando el momento de "asaltar los cielos", vuelva a reivindicar con orgullo prepotente su razón de ser.
 
Una vez más, el insoportable dolor de una época, y el descontento generalizado (frustración, resentimiento y ansias revanchistas) de las masas, es aprovechado por los defensores de imposibles sistemas utópico-esquizofrénicos.
Ahora solo falta, en definitiva, que alguien (¿Podemos, quizás?) se encargue de desarrollar los dos últimos estadios (Estado omnipotente y dictadura) que caracterizan a toda buena sociedad comunista que se precie de serlo.
 

lunes, 2 de noviembre de 2020

"MENOS QUE NADA" de ZIZEK (primeros apuntes)


INTRODUCCIÓN

El libro “Menos que nada” pretende abogar por una nueva revolución o proyecto emancipatorio radical fundamentado en argumentos lacaniano-maoístas; una nueva manera, en verdad original, de releer y reactualizar a Hegel, para volver a legitimar las transformaciones sociales que son tan del gusto de los marxistas y comunistas de siempre.

El prólogo de "Menos que nada" (2012) se deshace en halagos ante la aparición (nueva posibilidad del ser) de un nuevo partido revolucionario en España: Podemos.

Según Zizek, Podemos está con Hegel. Y para demostrarlo, Zizek reinterpretará a Hegel con la ayuda de Badiou y Lacan, constatando que el nuevo partido político español (Podemos) es digno heredero del filósofo alemán.

Zizek definirá a Podemos como "una posibilidad real de emancipación radical contra la permisividad liberal" (cita textual).

En dicha cita, llama poderosamente la atención la crítica directa al liberalismo que impera en Occidente; un “liberalismo permisivo”, en el parecer de Zizek, que no pone límites a las tropelías del neocapitalismo globalizador.

La crítica al “liberalismo permisivo”, apunta Zizek, también es posible (y válida) partiendo de una interpretación político-filosófica desde la izquierda heideggeriana. Por supuesto, añado yo, porque la verdad de Heidegger es también la verdad de nuestro Gustavo Bueno: “La verdad que no imponga una civilización será impuesta por su antagónica” (parafraseo). Esto lo entendió perfectamente Podemos desde que proclamó su verdad desnuda: su férreo propósito de asaltar los cielos (léase el poder).

Hoy, año 2020, Podemos ya forma parte del gobierno de España. Por primera vez en nuestra joven democracia, surgida tras la caída del régimen franquista, el comunismo ha alcanzado el poder y, como en 1936, ha articulado un nuevo Frente Popular, amalgama de partidos socialcomunistas (Podemos, PSOE), golpistas (ERC y JxC) y filoterroristas (Bildu). La historia se repite.

Alcanzar el cielo, lo divino y Absoluto, ha sido siempre el objetivo de toda ideología teleológica hegeliana. Y por eso Zizek se permite obsequiarnos con esta perla:

Un materialista puede decir que, aunque sabe que no hay dios, la idea de Dios sin embargo le mueve.

Así, partiendo del famoso "algo es más que nada" de Heidegger, y reinterpretándolo, Zizek lo convierte en "menos que nada" porque, en su parecer, la realidad debe ser suplementada por la ficción, es decir, por un relato o narración que pueda esconder el vacío de la misma.

Zizek, como buen comunista, no aceptará la reacción espiritualista de recogimiento interior frente al vacío: budismo y el último Heidegger, y apostará por la acción externa a través del materialismo dialéctico, científico e histórico, de Badiou, para, así, llenar el vacío de la existencia de contenido, sentido y significado. Pero, además, aportará toda una fundamentación pretrascendental, característica de la subjetividad moderna que, según Zizek, ya se hallaba en el “Parménides” de Platón. El contenido transcendental que aporta la subjetividad moderna para rellenar los vacíos existenciales, es lo que hoy conocemos como posverdad (pre-ser virtual), que tiene su origen en el marxismo cultural de la posmodernidad; el marxismo enmendado y reinterpretado, crítica teórica mediante, que surgió del hermanamiento entre marxismo y psicoanálisis en la Escuela de Frankfurt.

A través del materialismo democrático de Badiou, y con la ayuda de Lacan (psicoanálisis), Zizek nos explicará cómo ganar "espacios de emancipación" (cómo controlar y dominar la superestructura) para facilitar nuevas revueltas.

Zizek hará suya la figura del ángel asexuado, figura lacaniano-maoísta, que esbozaron Lardreau y Jambet, para convertirla en agente de una emancipación radical.

Pero si Lardreau y Jambet se rindieron, tras comprobar cómo su propuesta mutó en la violencia destructiva de los Jemeres Rojos, Zizek rechazará la claudicación y permanecerá fiel (como él mismo asegura) a la empresa originaría de Badiou: articular espacios para un proyecto emancipatorio radical.

Zizek se referirá a los "caminos excéntricos" de Hördelin como vías para asaltar los cielos, enlazando de esta manera con la hermenéutica heideggeriana.

EL MONJE CON PARAGUAS (sobre Mao)

Zizek recoge en "Menos es nada" la autodefinión que de sí mismo realizó Mao Zedong: "Un monje con paraguas". 

 Zizek, tirando de psicoanálisis lacaniano, interpreta tan "pintoresca" definición como el reconocimiento de una necesidad espiritual, por parte de Mao, de aspirar a una comunión con un Uno o absoluto histórico, pero sustrayéndose de cualquier referente supracelestial. Así, el paraguas actuaría como una barrera metafórica que separaría al monje de lo celestial, permitiéndole a Mao seguir aferrado a la realidad material y terrenal.

Me resultó curiosa y acertada esta interpretación que, en el fondo, coincide con una de las autodefiniciones más célebres de Gustavo Bueno, cuando aseguraba que él era ateo y católico. No hace mucho, también le he leído al ínclito Santiago Armesilla (comunista) proclamar que él es ateo (no cree en supremos entes celestiales) pero también es católico, porque reconoce su legado histórico-cultural, inevitablemente impregnado de la influencia del catolicismo español.

Incluso Gustavo Bueno, marxista, entendió que la historia de verdad, la de los hechos consumados, le había dado la espalda al comunismo. Pero ahí siguen Armesilla, las huestes de Podemos y Zizek obstinándose en seguir siendo "monjes con paraguas", soñadores revolucionarios empeñados en asaltar los cielos, aunque para ello deban cerrar o romper los paraguas.

En mi opinión, los comunistas, como el tramposo Mao, son en realidad prepotentes supremacistas, ergo inevitablemente también son esencialistas y supracelestiales. Sus paraguas, supuestas barreras que les preservan dentro de los límites de la realidad material, son tan solo artificios para enmascarar sus siniestras intenciones: sustituir al Dios cristiano por su dios marxista. 

MATERIALISMO DEMOCRÁTICO VS MATEARIALISMO DIALÉCTICO

Nos dice Zizek, siguiendo a Badiou, que la lucha entre conciencias, hoy, no es entre idealismo y materialismo. Lo que está en juego en la actual dialéctica entre contrarios es determinar el modelo político-filosófico que regirá el destino de Occidente: materialismo democrático vs materialismo dialéctico.

En la política europea ya solo queda el materialismo, pues el idealismo ha sido desplazado de la pugna entre conciencias. Y esto es verdad, pero solo a medias. Y una verdad a medias no deja de ser una mentira. Si nos fijamos bien, con esta afirmación de Badiou, que Zizek suscribe (todo es materialismo), se le está enmendando la plana a la tesis principal de Gustavo Bueno en "España frente a Europa", según la cual la Europa habermasiana es profundamente "idealista".

Sin embargo, Zizek y Badiou sostienen que la política europea actual se desarrolla a través de un antagonismo entre "materialismo democrático" vs "materialismo dialéctico".

En qué quedamos: ¿La política europea es idealista (G.Bueno) o materialista (Badiou y Zizek)?

Pues, en mi opinión, la política europea adopta las formas de un materialismo democrático (habermasiano), pero en su fondo subyace una teleología idealista que aspira a consumar un fin último supranacional y transnacional. Es cierto que los postulados político-filosóficos de la "democracia deliberativa" de Habermas se fundamentan a través de un materialismo fáctico modulado por la acción comunicativa que busca consensos y acuerdos comunes. Pero no es menos cierto, como señalaba Gustavo Bueno, que el fin último de la Europa habermasiana es "esencialista" o idealista, como se prefiera, pues lo que se pretende es superar (anular) la razón de ser de la "nación tradicional" para sustituirla por un proyecto globalista o "internacionalista" (marxista, al cabo), que Habermas rebautizó como supranacional y que debería consumarse, a lo largo del tiempo, como proyecto transnacional.

Pero no perdamos de vista al "otro materialismo", al que Zizek hace referencia y hace "suyo": el materialismo dialéctico. Resulta muy pedagógica y esclarecedora la "interpretación" que de la dialéctica tradicional hace Zizek sirviéndose del psicoanálisis lacaniano. Antes de llegar a Hegel, autor clave en la defensa de su tesis para crear espacios de emancipación radical, Zizek se retrotrae hasta Platón, origen de la dialéctica, para reinterpretar (deconstruir) los conceptos platónicos hasta adaptarlos a sus "revolucionarios intereses" comunistas.

Resumiéndolo mucho, se podría decir que Zizek "despoja" de idealismo o carácter suprasensible a la teoría dualista de Platón, afirmando que lo suprasensible (mundo de las Ideas) era en realidad un "modo de pre-ser" (imaginado) del verdadero ser aparente y material. De esta manera adapta el dualismo platónico a los dictados de la dinámica de la conciencia hegeliana, donde se consuma la síntesis entre pre-ser y ser. A nadie puede escapársele que lo que pretende Zizek es legitimar el materialismo dialéctico-teleológico marxista, pero despojándolo de "idealismo" o esencialismo suprasensible. Pretende hacernos creer que la teleología hegeliana (idealista), como antes la platónica, era en realidad materialista, porque se sustentaba y partía desde y a través de la propia realidad material. Algo muy parecido a lo que defendía también Gustavo Bueno y, por cierto, también Xavier Zubiri, cuando aseguraban, respectivamente, que todo surge de una primera Materia Ontológica General (Bueno) o de una Realidad-fundamento (Zubiri).

Zizek, por tanto, viene a coincidir con un esencialismo místico-heideggeriano, y no tanto con el existencialismo ateo-Sartriano. La esencia (ese pre-ser que ya es en-sí-mismo un modo de ser real en la conciencia), no precede a la existencia, como postuló Platón y más tarde el judeocristianismo, ni tampoco es un constructo (construcción) que se "elabora" después de una apriorística existencia (Sartre).

¿En qué coincide, entonces, Zizek con Heidegger?

Ambos aceptan que la esencia (sentido y significado) ya está presente en el mismo ser, y que de lo que se trata es de "desvelar" o descubrir ese pre-ser que subyace en el ente real a través de la imaginación (dirá Zizek) o mediante la poesía (Hördelin) y la reflexión expectante (Heidegger). En ambos casos, pero, se legitimará un sentido, es decir, se podrá justificar una razón de ser a partir de las "bondades" que se le atribuyan a la esencia, por supuesto, hermenéutica interpretativa mediante.

CONCLUSIÓN

La conclusión a la que llegará todo aquel que no porte anteojeras ideológicas, es que, a través del materialismo dialéctico, lo mismo se podrá llegar a legitimar un fin último comunista que un fin último nacionalsocialista. Heidegger ya dejó constancia de esta observación, pero no tan explícitamente, en "Caminos de bosque". Pero también el materialismo democrático habermasiano, por mucho que se fundamente en las bondades apriorística atribuidas a la democracia deliberativa y el consenso, legitima un europeísmo transnacional, al cabo también un soñado o imaginado fin último teleológico.

Desde el materialismo filosófico de Gustavo Bueno podríamos preguntarnos:

¿Y si todo hijo de vecino, comunista, otrora nacionalsocialista y ahora habermasiano, se arroga estar en posesión de su verdad teleológica, qué nos impide a los españoles volver a soñar con ideas eternas (Zizek) o aspirar a desvelarlas en el claro del bosque (Heidegger)?

¿Qué nos impide volver a reivindicar la legitimidad histórico-cultural de la razón de ser española? Pues, por lo visto, nos lo impiden TODOS, desde Zizek hasta Habermas, a través de sus diferentes materialismos democráticos y dialécticos. Los unos porque apuestan, como nuestras izquierdas ilustradas, por una teleología posmarxista, rebautizada como europeísmo transnacional, y los otros, porque apuestan, como Podemos, por el resurgir de un nuevo neocomunismo bolivariano.

Tal y como refleja el propio parlamento español, plagado de habermasianos (PSOE, PP y C´S) y de socialcomunistas (PSOE sanchista y Podemos) TODOS están contra la idea de España; todos atentan contra la razón de ser española, todos atentan contra nuestro legado histórico-cultural y religioso, y todos están contra nuestra universal lengua común.