jueves, 27 de mayo de 2021
DE COJONES Y CHUMINOS (reflexión seria aunque no lo parezca)
sábado, 1 de mayo de 2021
PSICOSOFÍA (nueva propuesta analítica)
jueves, 29 de abril de 2021
HABERMAS, CONSTITUCIONALISTAS (y la espiritualidad marxista)
INTRODUCCIÓN
Gustavo Bueno decía que no había que entender el
concepto de “espíritu” como el análogo al pneuma de la filosofía griega
(concepto mitológico) sino como un subproducto dialéctico en relación a la
materia.
La idea de espíritu en filosofía se desarrolló a
partir de la escolástica, considerando la existencia de un acto puro o ser
inmaterial, análogo al primer motor inmóvil de Aristóteles, que, siendo causa
de sí mismo (no creado por nada ni por nadie) era origen y creador del universo
material.
La filosofía escolástica identificó este primer
espíritu (motor inmóvil aristotélico) con la idea de Dios (ser inmaterial).
Desde entonces, la filosofía occidental ha identificado todo lo referente a lo
espiritual con esencialismos e ideas y/o
mundos suprasensibles (alienos al mundo material).
Así, cuando el marxismo se reivindicó materialista cometió el error, o la trampa (como yo sostengo), de negar la sustancia
espiritual en aras de mejor reivindicar un materialismo puro. Negó, en
definitiva, el carácter metafísico de su pseudofilosofía, como la definió acertadamente
Bertrand Russell.
LA
METAFÍSICA MARXISTA
Llevo mucho tiempo insistiendo en señalar que el
marxismo también es un esencialismo; intentando demostrar, a partir de un primer
pre-sentimiento intuitivo que siempre me ha acompañado, que toda
religión y/o filosofía o ideología están impregnados de inevitable metafísica.
Finalmente, al acceder a la obra de Gustavo Bueno,
encontré la que considero la mejor argumentación que fundamenta y explica la
presencia de la idea de espíritu, entendiéndola como un subproducto que
surge, inevitablemente, a partir del proceso dialéctico material.
EL
ESPÍRITU VIVENCIADO
Lo que viene a sostener Gustavo Bueno, salvando las
diferencias con el existencialismo sartriano, es que el espíritu no es una
esencia a priori, sino que, en tanto que subproducto surgido de las relaciones dialécticas
materiales (transformaciones operativas y manipulativas) de los seres humanos,
aparecerá, dentro de la materia ontológica general, como un género de
materialidad M2 (ensoñaciones y sentimientos vivenciados). Las ideas, por
tanto, tienen la cualidad de vivenciarse en la conciencia individual, antes incluso
de llegar a ser; es decir, antes de consumarse como verdad o realidad en el ex-sistere,
en el mundo.
Así, si un cristiano vivencia la idea de Dios como un modo
de ser real, manifiesto y actualizado en su conciencia, un marxista, de manera
parecida, vivencia y hace suya (presente en su conciencia) las ideas hipostasiadas
(abstractas y virtuales) de justicia social o sociedad ideal.
Vivenciar virtualmente una idea, sentirla, en
definitiva, significará hacerla nuestra; significará apoderarnos del espíritu,
razón de ser y/o esencia de la misma, para consumarla operativamente en el
mundo real.
Tradicionalmente hemos relacionado la espiritualidad con lo religioso y lo místico, negándonos a aceptar el carácter espiritual de
determinadas ideologías. Resulta paradójico porque, precisamente, ideología es un concepto que etimológicamente significa conjunto de ideas (creencias y
valores) que decidimos hacer nuestros, preservándolos y defendiéndolos. Y estas
ideas son siempre virtuales, es decir, son sentimientos que vivenciamos en
nuestras conciencias como modos de ser reales.
IMPLICACIONES
POLÍTICAS
A menudo leo, sorprendido, a gente anónima, pero
también a sesudos intelectuales, preguntarse cómo es posible que nuestras
izquierdas (las que padecemos en España) sean tan dogmáticas y sectarias.
Y, paradójicamente, nuestros pensadores de cabecera, leídos
marxistas que conforman nuestras izquierdas ilustradas, siempre ven la paja en
el ojo ajeno; es decir, siempre ven esencialismos”peligrosos en aquellas
ideologías que se fundamentan a partir de entidades nacionales. Y claro, esta
visión borrosa, hemipléjica y sesgada, les insta a combatirlas como las cochambres
políticas, morales e intelectuales que consideran que son. ¡Joío Arcadi
Espada!
Otro tanto sucede con lo que consideran malas
izquierdas; esas izquierdas extravagantes y divagantes que G. Bueno
considerara indefinidas, y que el capo de los constitucionalistas habermasianos
(Félix Ovejero) ha dado en llamar reaccionarias. Nuestros constitucionalistas
también combaten a estas izquierdas que se han dejado seducir por las
ensoñaciones (espirituales) de los nacionalismos periféricos, pero lo hacen con
la boca chica, porque, al cabo, estas izquierdas son sus díscolas hermanas
ideológicas. Al final, como dejó bien claro Mikel Arteta, siempre será mil
veces preferible el comunismo divagante y extravagante de Podemos que el liberal-conservadurismo
de VOX. Cuestión de afectos tempranos o, si se prefiere, de modos de sentir y
vivenciar nuestra propia espiritualidad (ideología).
A menudo solemos decir que las izquierdas, en general,
se han arrogado una superioridad moral que les permiten legitimar cualquier
acto criminal o vulneración de la legalidad, por miserable que estos sean.
Hemos visto en Cataluña cómo Podemos (mil veces preferible a VOX) apoyaba el
golpe de Estado del secesionismo. Hemos visto a Pedro Sánchez blanquear, e
incluso cantar las excelencias, de Bildu, partido filoterrorista. Pero no pasa
nada, todo se acepta, se justifica o se soporta como un mal menor, porque peor sería que gobernara la malosa derechona. ¡Por favor!
Pero lo más frustrante de todo ha sido comprobar cómo nuestras izquierdas
ilustradas, a pesar de sus tan cacareados centrismos equidistantes, al final
siempre acaban tirando pal monte, como las cabritillas marxistas que son. Al
final siempre acaban magnificando y sobredimensionando mucho más las reacciones legítimas de VOX (el cartel de los menas angelitos) en un sempiterno intento,
inmoral y descarado, por igualar a los agresores (quienes matan a españoles por
llevar tirantes con la bandera de España) con quienes defienden sus derechos y
libertades; comparando a quienes apedrean al adversario con quienes, orgullosos,
se fuman un puro mientras la chusma roja le increpa. ¡Habrase visto tanta
chulería facha! ¡Eso sí que no!
Y esto es, realmente, lo que no soportan los discípulos de
Habermas: el orgullo de quienes se sienten españoles, porque, como decía Arteta
en su defensa del patriotismo constitucional, hay que ser españoles pero sin
mostrar orgullo por ello. Claro que sí, guapis, porque la única estética, moral
al cabo, buena y justa es la de los cínicos habermasianos; la moral de esos centristas que creen haberse despojado de cualquier atisbo de esencialismo espiritual y
que, sin embargo, son más creyentes que el nacionalista más acérrimo.
CONCLUSIÓN
La paradoja que subyace en nuestras izquierdas ilustradas, siempre prestas a combatir los dogmatismos de “los hunos y los hotros” es que, como bien señalaran Adorno y Horkheimer, ellas mismas han mutado en una Razón Ilustrada supremacista, intransigente y celosa de su verdad, que lo mismo penaliza a Polonia por defender su nación y su catolicismo, que no duda en mentir para cosificar y/o deslegitimar a la conciencia contraria (VOX).
Y
cuando la realidad no tiene su correspondencia aristotélica con las proposiciones falaces y prejuiciosas que enarbolan,
porque no se ha demostrado que VOX sea un partido de “ultraderecha”, entonces se convierten en sofistas. Entonces, cuando
la terca realidad no se compadece de sus sospechas y prejuicios, no dudan en
instrumentalizar la realidad fáctica, a la que tanto les gusta referirse,
utilizando el pensamiento sensible y la hermenéutica psicoestética para interpretar palabras y hechos (de nuevo el cartel de VOX) según los dictados de
su ideología. Tradúzcase: según las creencias espirituales de su ideología
religiosa que les permite creerse, por ejemplo, que la patria es el lugar donde se está a
gusto (puro sentimentalismo), y no la tierra de nuestros padres y el lugar
donde se nace (materialismo realista).
viernes, 16 de abril de 2021
¿POETAS EN LA POLIS? (la traición de María Zambrano)
INTRODUCCIÓN
Platón no quería poetas en la polis; consideraba que
los poetas eran el paradigma de la sofística, los paladines del argumento
sentimental que se dejaban engañar por las falsas apariencias del mundo sensible.
Sin embargo, paradójicamente, Platón fue el mayor poeta de la antigüedad. Y fue
también el más peligroso de todos ellos.
El peligro del poeta no radica en la necesidad de
positivar la muerte para dotar de sentido (esencia) su existencia (todos lo
hacemos a través de diferentes vías racionales). El poeta deviene peligroso
cuando, celoso de su “verdad creada” (poiesis), se siente legitimado para
imponerla al resto de los mortales. Cuando el poeta crea o descubre una idea,
un sueño o una “verdad sentida y/o vivenciada” tiene dos opciones: recogerse en
sí mismo, convirtiéndose en eremita, o tornarse profeta para “difundir su
palabra” (léase Verdad).
A continuación expondré una tesis que sostiene que la “poesía
profética o mesiánica”, por fuer, siempre es susceptible de mutar en una verdad
supremacista y dogmática. Demostraré que, de la misma manera que Platón tuvo
que huir de Siracusa, debido al fracaso de su política idealista, también el
socialismo español debe abandonar el gobierno de la nación por el bien de todos
los españoles.
¿TÚ TAMBIÉN, ZAMBRANO?
Ya lo he explicado en varias de mis reflexiones: antes
de que la ideología marxista calara hondo en un campo abonado por el
catolicismo, donde se movía cómodamente la intelligentsia española, solo el
liberalismo oponía resistencia a los últimos coletazos de un Antiguo Régimen
que se obstinaba en morir matando.
La Escuela de Madrid, con Ortega y Gasset al frente de
un proyecto político español, liberal y raciovital, no pudo sobrevivir a la
irrupción de las diferentes “mareas rojas” (anarquistas, comunistas y
socialistas) que con un discurso “pseudoreligioso” (calco del humanismo
católico) sedujo por igual tanto a las masas más ignorantes como a insignes
individuos ilustrados.
María Zambrano, discípula de Ortega, fue de las
primeras en pasarse a la poesía socialista; una poesía embriagadoramente
seductora. No pudo ser de otra manera. Dentro de la Escuela de Madrid había
tomado fuerza la tesis de Xavier Zubiri en torno a la “inteligencia sentiente”;
una teoría sobre el conocimiento que reconocía el concurso de los “sentimientos
y las emociones” durante el proceso de aprehensión de la realidad.
Pero María Zambrano fue, sobre todo, una ferviente
admiradora de Miguel de Unamuno, al que consideraba más poeta que filósofo.
Como ya señalé en una de mis reflexiones titulada “Unamuno y la posmodernidad”,
Unamuno fue, quizás, el primer filósofo de altura que abrazó el pensamiento
posmoderno; el primero en sostener que ese modo de ser (virtual) que se
actualiza y manifiesta en la conciencia ya es, de facto, real. Así, Unamuno
señaló, acertadamente en mi opinión, que el personaje de ficción Alonso Quijano
(Don Quijote) se nos antoja más real, y actual, que el propio autor de carne y
hueso que fue Miguel de Cervantes.
EL SOCIALISMO POÉTICO
El paso de María Zambrano al “socialismo español”,
haciendo suyos los postulados de la posmodernidad, supuso el primer signo de
decadencia de la intelligentsia nacional. Otros muchos intelectuales y poetas
(Antonio Machado) la seguirían por su errado camino.
Pero María Zambrano era “hija de su tiempo”; y el
dolor de la época que le tocó vivir instaba a abrazar poesías de promesas y
esperanzas. Había que ser poeta, sí o sí. Sin embargo, como bien señaló José
Antonio (y yo suscribo), bien estaba ser poeta y gustar de “una España alegre y
faldicorta”, pero siempre “anteponiendo la poesía que prometía a la que
destruía”. Y Zambrano, como muchos intelectuales ebrios de “ingenuo humanismo”,
no vieron, o no quisieron ver, la ESENCIA DESTRUCTIVA inherente al socialismo
español. Zambrano creyó, como muchos ilusos, que el socialismo español era “poesía
prometedora” de vida y futuro.
Muchos intelectuales españoles tardaron en descubrir
el verdadero rostro del socialismo español: el carácter pusilánime de Azaña
que, impotente, reconoció, en los graves momentos previos a la Guerra Civil,
estar “superado por las circunstancias”. Azaña reconocería más tarde, en sus “Memorias”,
muchos de los errores que cometió al permitir la bolchevización de la II
República. Pero así son nuestros “buenos y justos” socialistas (ahora también
ciudadanos), siempre cayéndose de la burra a toro pasado, cuando el mal ya se
ha consumado.
Ni Zambrano ni muchos socialistas entendieron
realmente quién fue Largo Caballero, que por algo era conocido como “el Lenin
español”; no entendieron que el marxismo era, en esencia, una moral de
resentidos; una pseudomoral eslava, como la definió Ortega, o una “pseudofilosofía,
en el parecer de Bertrand Russell; era una poesía que, en realidad, no buscaba
la “justicia social”, sino imponer su dogmática Verdad, si fuese preciso por
vías antidemocráticas (Largo Caballero).
POÉTICA SOCIALISTA POSMODERNA
El libro “Pensamiento y poesía”, escrito por María
Zambrano, se me antoja el precursor de lo que con el tiempo devendría “el
pensamiento Alicia”, tan criticado por Gustavo Bueno. En ese libro, Zambrano
intentó aunar razón y poesía a través de vínculos divinos, que no necesariamente
religiosos. También Zubiri se había referido con anterioridad a la “religación”
(suerte de comunión mística) que se daba inevitablemente entre el ser humano
(animal de realidades) y su entorno, naturaleza o mundo. De hecho, Zambrano ya
señaló que dicho vínculo espiritual o divino no tenía por qué darse a través de
una vía necesariamente religiosa, sino que también podría llevarse a cabo a
través de la religación entre el ser humano, el arte y la cultura. Y en esas
estamos.
Actualmente, no cabe duda de que el socialismo
español, ebrio de pensamiento posmoderno, ha hecho suyas todas las vías de
religación que proponen las poesías poshumanistas más peregrinas y dogmáticas:
animalismo, femimarxismo, ideología LGTBI, cultura de la cancelación (woke), lenguaje
inclusivo…
La “política poética” lo impregna todo; cualquier acto
deleznable o contrario a la integridad de la nación, y enemigo de los derechos
y libertades de muchos españoles, puede legitimarse en aras de esas políticas
idealistas y ficticias, divagantes y extravagantes, que G. Bueno consideró propias de unas “izquierdas indefinidas”.
Todos los medios de información y las plataformas de
ocio y entretenimiento (Netflix, HBO…) se han entregado a la verdad poética de
la posmodernidad. Y el enemigo siempre es el mismo: un Occidente
heteropatriarcal, blanco y cristiano.
CONCLUSIÓN
Volvamos a Platón. Ya señalé que resultó paradójico
que, precisamente, el primer filósofo idealista de Occidente criticara a los
poetas. Pero si analizamos un poco el asunto, considerando todas las lecciones
con las que la historia nos ha obsequiado, podemos concluir que lo que verdaderamente
disgustaba a Platón no era la poesía en sí misma, sino la poesía de “los otros”.
Platón no toleraba la poesía disidente, no aceptaba otra “verdad” que no fuera
la suya propia. Los intelectuales mínimamente ilustrados no olvidan que Platón
debió marcharse de Siracusa tras fracasar en el intento de implantar una
política reflejo de su utópica república. Sin embargo, la generalidad de
nuestros pensadores actuales desconoce, como desconocía yo mismo hasta no hace
mucho, que algunos años después de que Platón abandonara Siracusa, una “horda
de sus discípulos” acudió a la ciudad con la intención de dar un golpe de
Estado. Creo recordar que incluso llegaron a matar al gobernante de Siracusa.
Los discípulos de Platón, formados en la Academia,
decidieron implantar la verdad del maestro por las bravas. ¿No os recuerda el
proceder de los discípulos de Platón al de otros discípulos que, ayer igual que
hoy, insisten en IMPLANTAR sus poéticas verdades?
Muchos ya habréis recordado la revolución rusa, e
incluso la revolución bolchevique que intentó ensayarse en España durante la II
República. Los discípulos de Marx, como los de Platón, tienen muy claro qué poesía
no les gusta; saben muy bien qué poesía hay que silenciar y erradicar.
Tenemos que ser conscientes de una REALIDAD: los
discípulos y seguidores de la poesía socialista están llevando a cabo,
actualmente, un golpe permanente desde el seno del gobierno y las instituciones
del Estado. No querer verlo es de necios, y negarlo de cobardes.
lunes, 8 de marzo de 2021
SERIE DE TV YELLOWSTONE (Leyendas de pasión)
INTRODUCCIÓN
La serie "Yellowstone", considerada por la crítica como una exitosa ficción cinematográfica con formato de "neo-western", está batiendo todos los récords de audiencia en España. No me extraña.
Después de ver la primera temporada de esta magnífica serie, he entendido por qué los EEUU, a pesar del contubernio globalista orquestado para expulsar a Trump de la presidencia, sigue siendo una nación orgullosa y fuerte. No pude evitar ver en esta serie la justa y necesaria antítesis a la mayoría de las producciones posmodernas con las que Netflix, y cada vez más HBO, pretenden adoctrinar a los telespectadores imponiendo las nuevas posverdades de las pseudorreligiones de moda (LGTBI, femimarxismo, veganismo, animalismo...). Yellowstone vuelve a apostar por la reivindicación de los valores tradicionales que hicieron grandes a los EEUU: Dios, familia, libertad individual y propiedad privada.
DAME UN WINCHESTER Y DIME TONTO
Puede apreciarse la clara defensa de los valores tradicionales de la "América profunda" a lo largo de todos los capítulos de la serie, pero, para ilustrar esta evidencia, he escogido dos escenas que llevan implícitas dos agudas críticas contra los "progres" de turno, que también haylos en EEUU, como acaba de demostrar la reciente victoria de Biden.
La primera escena se sucede cuando un grupo de turistas japoneses se adentra en una de las propiedades de Dutton (Kevin Costner) para fotografiar a un oso salvaje que está a solo unos metros de ellos. En esas, aparece Dutton, Winchester en mano, y les conmina a alejarse del peligroso animal. Como los turistas se niegan a irse, Dutton les explica que deben marcharse porque están en una propiedad privada que, les siguió informando, se extendía más allá de hasta donde alcanzaba la vista. Entonces, uno de los turistas le comenta a Dutton que un territorio tan grande debería "compartirse". Y Dutton, después de pegar algunos tiros al aire con su Winchester, le recrimina enfadado:
"Esto es EEUU, y la propiedad privada no se comparte". ¡Glorioso!
La segunda escena también tiene como "artista invitado" al oso salvaje y a una pareja de turistas japoneses que se alejó del grupo. Los dos turistas, intentando huir del oso, cayeron y quedaron suspendidos en un acantilado. El vaquero Rip, que por allí pasaba, acudió al grito de socorro de la pareja en apuros y, justo cuando estaba intentando rescatarlos con una cuerda, apareció el oso a pocos metros de él. Rip mató al oso con un disparo certero de su Winchester, pero los dos jóvenes turistas cayeron al vacío y murieron.
El caso, y ahí llega la "divertida" y valiente crítica que se permite la serie , es que cuando llega la policía no deja de interrogar a Rip sobre cómo y en qué circunstancias mató al oso, si fue en legítima defensa o se trataba del acto premeditado de un cazador furtivo. Rip, sorprendido por el exhaustivo interrogatorio sobre la muerte del oso, le recuerda al agente de la ley que había dos personas muertas en el fondo del acantilado. Y el policía le responde:
"Nadie se va acordar de esos dos turistas muertos, pero mañana mismo habrá 10.000 veganos pidiendo explicaciones al Congreso sobre la muerte del oso".
En serio, ¿cómo no querer a esta serie? Todo un soplo de aire fresco y esperanzador para todos los "fachas" del mundo mundial que estamos hartos del sentimentalismo posmoderno, de sus mentiras y de su cinismo sectario.
RETORNO A LOS CLÁSICOS
Yellowstone es un neo-western a través del cual se "critica sutilmente" a la América actual y al ñoño-sentimentalismo progre, pero, además, es una serie que recupera lo mejor del western clásico; rescata y reivindica los valores tradicionales de antaño y vuelve a plantear, de manera vital y realista, los sempiternos problemas que surgen entre el hombre y su relación con la Naturaleza, y, sobre todo, los conflictos entre hombres, entre diferentes "clases de personas"..
En cuanto comencé a ver Yellowstone me pareció estar frente a una nueva versión de la ya clásica "Leyendas de pasión", pero también he ido descubriendo conexiones con otros westerns, como "Horizontes de grandeza" y "Río Rojo", donde se plantean las relaciones siempre difíciles entre los patriarcas de turno y sus "hijos adoptivos". En este sentido, el vaquero Rip, acogido por Dutton cuando éste era un niño, es el análogo de Matt (Montgomery Clift) en "Río Rojo" y es una copia casi exacta de Steve (Charlton Heston) en "Horizontes de grandeza". Estos "hijos adoptivos", rescatados de la pobreza o de graves circunstancias adversas, se convierten en valientes hombres duros al llegar a la edad adulta, y siempre desempeñan el papel de leales y obedientes "personas de confianza"; suelen simbolizar, en definitiva, al "hijo ideal" que el patriarca hubiese deseado que naciera de su propia simiente y fuese "sangre de su sangre".
En otra gran película con "aires de western", "Con él llegó el escándalo", George Peppard volvió a desempeñar el rol de "hijo adoptivo" (aunque en realidad era el hijo bastardo no reconocido del patriarca Robert Mitchum). Una vez más, el "hijo adoptivo" no solo se mostraba independiente, fuerte y leal, sino que tenía como misión encomendada, además de cuidar del rancho y/o propiedades del "padre" , educar, proteger y guiar a los "hijos naturales" de éste.
Los hijos adoptivos deben cuidar de los "hijos naturales", que siempre son débiles, en exceso mansos y "civilizados", como sucedía en "Horizontes de grandeza", donde un timorato Gregory Peck se convertía en el refinado "hijo adoptivo" de "El Mayor" al prometerse con su hija. También sucedía en "Con él llegó el escándalo", donde George Hamilton, el "hijo natural" de Mitchum, debía aprender a hacerse un hombre con la ayuda de su "hermano adoptado". Y vuelve a suceder en "Yellowstone" donde vemos cómo Rip, el vaquero de confianza adoptado por Dutton cuando era un niño, deberá apoyar y enseñar al hijo natural (Kayce) a ser un buen capataz.
"Yellowstone" también vuelve a insistir en la importancia de la tierra (tema clave en el western clásico); tierra entendida como patria (la tierra de los padres), el lugar donde nacen y mueren las sucesivas generaciones que lo habitan, lo trabajan y lo protegen. Así, ya en el primer capítulo, Dutton enterrará a su primogénito en sus tierras, donde también yacía su difunta esposa. Todo pertenece a la tierra y se queda en la tierra. Y, como en todos los westerns clásicos, la familia permanece siempre unida, incluso tras la muerte, a través de la religación entre espíritu (fe en Dios) y materia (tierra). Esta religiosidad material, que impregna y dota de alma al western clásico, también está muy presente en Yellowstone.
Será la tierra, precisamente, la que generará un grave conflicto de intereses entre Dutton y quienes pretenderán arrebatársela para anexionarla a una reserva india o para construir una gran zona de ocio. Este conflicto dará lugar a un interesante diálogo, entre Dutton y un magnate de los negocios, sobre el "derecho" a la tierra. El hombre de negocios le dirá al ranchero Dutton que todos tenían "derecho" a estar allí. Pero Dutton le replicará que no, que nadie tenía ningún "derecho", sino que el derecho se tenía que ganar.
Un diálogo parecido sobre el "derecho a la tierra" tenía lugar en "Río Rojo", cuando Ducson (curiosamente nombre muy parecido a Dutton) decidía imponer la ley del más fuerte (él) para apropiarse de unas grandes extensiones de territorios que pertenecían a México y anteriormente habían pertenecido al reino de las Españas.
EL western clásico entiende que la tierra, junto a la familia, es el bien más preciado que tiene un hombre. Y por eso, un hombre que se precie de serlo debe estar siempre dispuesto a luchar para defender la patria (la tierra de los padres). Esta idea central, la tierra como capa basal necesaria para desarrollar un proyecto vital y familiar es la que subyace también en la magnífica "Leyendas de pasión".
LEYENDAS DE PASIÓN
A pesar de todas las conexiones de Yellowstone con el western clásico, no he podido evitar ver, como ya he señalado en el propio título de esta reflexión, las grandes semejanzas de esta serie con la magnífica película "Leyendas de pasión".
Se repite en "Yellowstone" la misma idea nuclear presente en todas las tramas que se suceden en "Leyendas de pasión": la tierra y la familia ante todo y "contra todos". Volveré más tarde a esta idea central presente en ambas ficciones cinematográficas.
A continuación, pero, señalaré las coincidencias, más que evidentes, que podemos observar entre las dos familias rancheras.
Los hijos
El patriarca de "Leyendas de pasión" (genial Anthony Hopkins) es padre de tres chicos varones, igual que Dutton (Costner). Pero es que, además, cada uno de los hijos varones de Hopkins se corresponde, sin duda, con un mismo perfil psicológico que también presentan los hijos de Dutton.
En ambas tramas, uno de los hijos muere al poco de ser presentado a los telespectadores, porque de lo que se trata, desde un principio, es de eliminar la figura equidistante (sin chicha ni limoná) para dejar el protagonismo a las dos personalidades antagónicas: el rebelde (bárbaro) vs el obediente (civilizado); dos modos de ser o conciencias antagónicas que deberán tomar partido en la lucha constante por defender la tierra y ganarse el afecto y la confianza del padre.
El mayor protagonismo recae, en ambas producciones, en los "hijos rebeldes": Tristan (Brad Pitt) en "Leyendas de pasión" y Kayce (Luke Grimes) en "Yellowstone". Los parecidos entre ambos personajes no son solo evidentes en el plano psicológico (rebeldes, independientes y obstinados), sino también en el estético (imagen descuidada y cabello largo). Y, además, y por si fuera poco, los parecidos también se dan en el plano sentimental, pues ambos se casan con indias y tienen hijos mestizos.
Después, en un segundo plano, están los hijos civilizados, Aidan Quin en "Leyendas de pasión" y Wes Bentley en "Yellowston", ambos dedicados a la política; ambos refinados y cultos, los dos interesados más en sus carreras personales que en la defensa de la familia y la tierra.
La única diferencia entre "Leyendas de pasión" y "Yellowstone", en cuanto a hijos se refiere, la aporta la presencia femenina de la hija de Dutton (maravillosa "Kelly Reilly), que será un "híbrido" entre sus dos hermanos; una hermosa mujer, culta y experta en leyes (como Bentley), pero al tiempo salvaje y atormentada (como Grimes). Sin embargo, también podría considerarse que Julia Ormond hace las veces de hija adoptiva en "Leyendas de pasión", con lo cual la correspondencia entre los personajes de una y otra ficción seria total.
Las hijas
Las protagonistas femeninas, Susannah (Ormond) y Beth (Reilly), muestran, sin embargo, perfiles psicológicos muy diferentes, aunque ambas comparten los rasgos propios de una personalidad desajustada que les generará sufrimiento y las abocará al suicidio.
Susannah, de hecho, acabó suicidándose en "Leyendas de pasión", mientras que Beth opta por la vía lenta de la autodestrucción personal, dándose a la bebida y mostrándose orgullosamente promiscua. Ambas mujeres son "hijas de su tiempo", por lo que Susannah, al vivir en una sociedad excesivamente victoriana y poco "feminista", solo pudo languidecer y deprimirse hasta decidir acabar con su vida. Beth, sin embargo, es una mujer hija de las actuales sociedades posmodernas; una mujer fuerte que ha comprendido que "empoderarse" consiste en poder llegar a casa "sola y borracha", como de hecho sucede, en no pocas ocasiones, a lo largo de la serie. Pero la aparente fortaleza de Beth, como suele ocurrir en todos los individuos que buscan liberarse a través de los excesos del sexo y el alcohol, esconde en realidad un ego frágil y atormentado por el pasado; esconde a una mujer insegura de sí misma y que necesita autoafirmarse constantemente, ya sea a través del éxito profesional o "follándose" a quien ella desee. Beth fantasea con el suicidio, llegando en algún capítulo a "encañonarse" con una pistola, dispuesta a acabar con su vida. Pero en realidad son solo "llamadas de auxilio" que pretenden, sobre todo, recuperar el respeto y el afecto paterno. Beth, como ella misma reconoce, lo hace todo por su padre, y le importa una higa el rancho y las tierras. Como ella misma le confesará a su hermano, el día en que su padre muriera ella vendería su parte tranquilamente.
Ambas mujeres, además, no pueden evitar sentirse atraídas por los hombres más rebeldes y malotes, fuertes y duros. Susannah se enamoró perdidamente de Tristan, mientras que Beth, aunque oculta sus sentimientos, se siente profundamente atraída por Rip, el rudo vaquero que su padre adoptó cuando apenas era un crío. El incesto entre hermanos se evita, así, en ambas series, a través de las figuras de los "hijos adoptivos", Susannah en el caso de "Leyendas de pasión" y Rip en "Yellowstone".
LA TIERRA COMO CONFLICTO
Volviendo al tema central de la tierra, tanto en la serie de tv "Yellowstone" como en "Leyendas de pasión" la defensa de la tierra generará graves problemas, no solo frente a terceros que pretenderán hacerla suya, sino entre los miembros de la propia familia. Los miembros de la familia que no lo den todo por la tierra, o que antepongan sus intereses particulares a los del interés familiar común, serán tildados de traidores. Así sucedía en "Leyendas de pasión" y sucede en Yellowstone, donde sus respectivos patriarcas deberán vérselas con hijos que, en vez de darlo todo por la familia, decidirán dedicarse a ellos mismos (a la política).
Resulta harto curioso cómo el western, en general, desprecia la "actividad política", asociándola siempre a individuos débiles y/o idealistas, cuando no corruptos. La película "El hombre que mató a Liberty Valance" (John Ford) nos muestra, en este sentido, a un timorato e idealista leguleyo (estudiante de leyes) que, con el tiempo, devendrá un importante senador de los EEUU. A lo largo de toda la película el leguleyo James Stewart será humillado por sus enemigos (Lee Marvin), pero también será ridiculizado constantemente por el hombre fuerte y rudo apegado a la tierra (John Wayne).
También fue humillado y ridiculizado el "estirado" Gregory Peck , en su rol de elegante gentleman, en "Horizontes de grandeza; y no solo por su "enemigo natural", el vaquero rudo y fuerte (Charlton Heston), sino por su propia prometida, que le echará en cara su poca hombría, llegando a considerarle un cobarde.
No, en el buen western no se perdona la debilidad, no se admiten "idealismos sentimentales"; no se toleran a los miembros de la familia que deciden "no mancharse las manos" para dedicarse a las leyes y/o la política. En "Leyendas de pasión", el hijo que optó por dedicarse a la política (Aidan Quin) solo fue perdonado por el inflexible patriarca (Hopkins) cuando decidió coger el winchester, como Dios manda, para participar activamente en la defensa de la tierra y la familia. De manera parecida, en Yellowstone, Jamie, el hijo de Dutton con aspiraciones políticas, será estigmatizado y rechazado por traidor (por haber ido contra los intereses familiares por despecho); pero, sobre todo, será castigado y duramente humillado por su hermana Beth, la cual no solo se burlará de su falta de hombría y su manifiesta cobardía, sino que incluso llegará a agredirle verbal y físicamente. Para redimirse, Jamie será expulsado del hogar familiar (paraíso) y deberá comenzar a ganarse el pan con el sudor de su frente, trabajando en el rancho como un peón más, viviendo en el barracón junto a los demás vaqueros.
La tierra precisa de hombres rudos y fuertes, noble y leales, trabajadores y sacrificados; la tierra es en sí misma y constitutivamente "facha" (conservadora y tradicional), pues no puede permitirse ninguna debilidad. El western sabe esta cruda verdad y no titubea a la hora de mostrárnosla. En Yellowstone, por ejemplo, incluso la exuberante Beth (Kelly Reilly) es "más hombre", fuerte y ruda, que muchos hombres; bebe como un cosaco, folla como una meretriz sin complejos y pega ostias como panes.
Beth es una "igual entre iguales", una mujer inteligente y empoderada que no necesita ejercer de vulgar femimarxista para defender sus derechos. Beth es una mujer de la tierra y de los "suyos", de su familia y para su familia.
martes, 2 de marzo de 2021
LA REALIDAD DE LO VIRTUAL (también "duele")
INTRODUCCIÓN
Una de las cosas que más estoy disfrutando leyendo “Menos que nada” de Zizek es que, a través de su frikismo cinéfilo, me estoy descubriendo a mí mismo; estoy recordando películas que creía olvidadas, y me veo suscribiendo y “haciendo mías” (con matices y objeciones, por supuesto) multitud de creativas y originales reflexiones y observaciones estético-ideológicas.
Viendo el documental “La guía perversa de la ideología” de Zizek recordé una película cutre de serie B que, sin embargo, me gustó mucho en su día. Se trataba de un film de culto de John Carpenter titulado “Están vivos”. Es cierto que Zizek, como no podría ser de otra manera, hace una interpretación anticapitalista de esta película. Pero, como reconoce el propio Zizek en “Menos que nada”, a Heidegger también se le puede interpretar desde la izquierda. Y si es lícito interpretar a Heidegger desde la izquierda, también se puede interpretar a Marx desde la derecha, o “volver a Marx del revés”, como hizo Gustavo Bueno para triturar al marxismo.
Lo que quiero decir, con tanta sinsorgada, es que el problema de la “vida inauténtica” se puede abordar tanto desde el concepto marxista de alienación como desde el concepto heideggeriano del “Das-man”. Diferentes perspectivas ideológicas para afrontar el problema del Ser, pero, sobre todo, para abordar un tema relevante para Zizek: “La realidad de lo virtual”.
LA REALIDAD DE LO VIRTUAL
La cuestión del Ser, hoy más que nunca, debe abordarse considerando las posibilidades de diferentes “modos de ser” que pueden manifestarse y actualizarse en la conciencia humana, sin que por ello, necesariamente, dichos “modos de ser” existan constitutivamente como ser-ahí en el ex-sistere (mundo).
Entender este galimatías es tan sencillo como comprender que todos sabemos qué es y cómo es un unicornio, pero los unicornios “no existen”. Este modo de ser virtual del unicornio, le convierte, de hecho, en una “ficción real” susceptible de ser operativa; un concepto o idea que, además de poder ser pensado o vivenciado en la conciencia, puede llegar a ser una verdad (pre-verdad) con capacidad de influir y/o transformar lo que existe fuera de la conciencia: el mundo y las sociedades humanas.
Bien, pues esta capacidad que tiene lo “virtual”, para poder ser operativo sin existir, es lo que le permite al ser humano descubrir un amplio abanico de posibilidades para interpretar su mundo, su realidad y todos los acontecimientos que en ella se suceden a través de lo que los griegos llamaron poiesis (creación artística). Y el cine es un medio perfecto para crear, mejor sería decir “re-crear”, convirtiendo lo que todavía no-es (pre-ser) en ser.
LOS TESTIGOS (película de 2003)
Y ahora sí, después de una larga introducción y una explicación, espero que clara, sobre lo que es “la realidad de lo virtual" estoy en condiciones, creo, de entender por qué me niego a ver determinadas películas o series de TV.
En no pocas ocasiones, no me place ver determinadas series de TV, que, por otro lado, resultan ser muy populares y comentadas en las RRSS (ej. "Chernobil", "Patria"...), lo cual me insta a preguntarme sobre el “porqué” del rechazo tan claro y rotundo a estas series.
Pues bien, la respuesta, que ya intuía, me la ha proporcionado Zizek, a través de una genial interpretación de la película “The gathering” (2003), que, si no recuerdo mal, en España se tradujo como “Los testigos”. Curiosamente, y como me sucediera con “Están vivos”, he vuelto a rememorar esta película que me gustó mucho en su día, pero ya tenía olvidada.
El argumento de “Los testigos” es muy interesante; nos relata la existencia de un pequeño pueblo donde todos sus habitantes (atención spoiler!) parecen ser inmortales. Un investigador descubre que todos los rostros de los habitantes de ese pueblo aparecen en grabados, cuadros y documentos históricos a lo largo de diferentes épocas. ¿Pero por qué? ¿Qué explica la realidad de ese pueblo de “inmortales”?
La explicación se hallará en un texto de Aristóbulo (obispo del S I dc):
Vinieron del este y del oeste, de la ciudad y la llanura. No en sagrada reverencia por nuestro Señor; sino en lujuria.
El texto hacía referencia a todos los “testigos” que acudieron, desde diferentes lugares, para ver a Jesucristo agonizar en la cruz; pero no por reverencia o amor hacia él, sino por lujuria, es decir, por el morbo enfermizo de ser testigos de su sufrimiento y dolor; para presenciar un acto cruel y horrible.
CONCLUSIÓN
En mi opinión, en todos los telespectadores que gustan de series como "Chernobil" o "Patria" (sobre el terrorismo de ETA), o que se deleitan con películas tan duras como "La naranja mecánica" o "Johnny cogió su fusil", subyace una insana curiosidad parecida a la de los "testigos" que acudieron a la crucifixión de Cristo. A través de la ficción y/o recreación de una realidad harto cruel y terrible, el telespectador participa y gusta de esa lujuria a la que se refiriera Aristóbulo. El sujeto, en su rol de "testigo", se obliga a ver películas como "Saw" instado por la curiosa morbosidad de comprobar cuánto horror, del de verdad, es capaz de transmitirle y hacerle sentir "una realidad virtual".
Ser “testigos” de crueldades pretéritas (crímenes, guerras, genocidios...) o de horribles hechos (violaciones, mutilaciones...) a través de la ficción, vivenciándolos y actualizándolos en nuestras conciencias, nos libera de nuestras penas presentes. Pero también hay individuos que se relamen y disfrutan de escenas de ficción repletas de casquería, vísceras y sangre; escenas donde "otros" seres humanos son cosificado y despojados de cualquier vestigio de dignidad. Estos son los individuos que, en el parecer de Aristóbulo, acuden en lujuria para recrearse en el dolor ajeno.
Todos necesitamos vivenciar o experimentar sentimientos y emociones a través de ficciones virtuales. ¿Pero por qué vivenciar experiencias dolorosas a través de la ficción?
Personalmente, no veo cine “gore” o imitaciones de “snuff movies”; por las mismas razones que no he visto la saga de películas “Saw” o no he vuelto a ver determinadas películas enfermizas, patológicas o terriblemente dolorosas (“La matanza de Texas”, “La naranja mecánica”, “Johnny cogió su fusil”…).
No entiendo, por lo tanto, a los que acuden en lujuria para “vivenciar” experiencias tan dolorosa. ¿Para qué? La vida ya es suficientemente dura y cruel. Eso sí, que conste que me parece perfecto que cada cual pueda elegir cómo y con qué intensidad quiere sufrir a través de realidades virtuales... siempre que estas sean ficticias y no afecten a las libertades y derechos de terceros.