jueves, 27 de mayo de 2021

DE COJONES Y CHUMINOS (reflexión seria aunque no lo parezca)


INTRODUCCIÓN

Esta reflexión es una continuación más jocoso-transgresora (también pedagógica) de "Los nuevos dioses". Ver aquí: El sepulcro de Don Quijote: LOS NUEVOS DIOSES (los filósofos de la sospecha) (sanchopancesco.blogspot.com)
Desde que los pensadores de la sospecha: Nietzsche, Marx y Freud dejaran abierta la puerta de la duda, respecto a lo que es real, no han parado de proliferar “posmodernos” dispuestos a hacernos creer que la realidad es lo que dictaminan sus cojones, y no los hechos, nudos y testarudos, que se dan ante sus ojos. Así, la realidad y la verdad han quedado “desdibujadas”, cuando no descaradamente negadas, por nuevos valores morales transmutados, deconstruidos e interpretados hermenéutica y psicoanalíticamente.
Este nuevo “modo de ser”, en-y-con la sospecha, ha degenerado en un círculo vicioso de “interpretación y reinterpretación ad nauseam” que cuestiona la facticidad que se da en la realidad y, por tanto, también los hechos que en ella se consuman.
Las conciencias nacidas en la época de las “posverdades” han aprendido, desde la cuna, que la verdad ya no emerge de la realidad, sino de sus santos cojones, aunque las femimarxistas, como no podía ser de otra manera, insisten en que la verdad surge en realidad, desnuda y empoderada, del chumino.
MENTES POSMODERNAS
En verdad, las conciencias individuales de hoy no son más esquizofrénicas que las de hace unas décadas, pero han padecido, desde la cuna, una sistemática y constante preparación (manipulación y adoctrinamiento) para endiosarse y poder alcanzar una meta suprema: el empoderamiento del yo (atención a este concepto).
El yo empoderado es una suerte de nuevo dios, tan seguro de su verdad que no duda, ni por un instante, en dictaminar él mismo qué es realidad o ficción, verdad o mentira, bueno o malo…
Así son “las mentes posmodernas”, conciencias que se disfrazan de “almas bellas” o de “equidistancia buenrollera” que, en realidad, son diosecillas empequeñecidas que viven, también, en diminutas moradas de verdades hechas a la medida de sus sentimientos y emociones; de sus deseos en definitiva.
La labor de un perseguidor de "roedoreh", ahora reconvertido en guardián de la realidad material, consistirá en descubrir a estos replicantes (falsos hombres de carne y hueso) que se obstinan en negar la verdad, aquella que se desoculta en la realidad abierta, para, así, imponer la verdad surgida de sus cojones y chuminos.
DIME QUÉ VES
A un hermeneuta solo se le puede desenmascarar con más hermenéutica. De nada servirá mostrarle la realidad a través de la razón, es decir, a través de razonamientos argumentados y fundamentados. El “alma bella” y el “equidistonto”, entrenados en la sospecha, no atenderán a razones, sino a los deseos de sus santos cojones… o chuminos.
La evaluación consistirá en mostrarles una serie de imágenes que harán las veces de tests proyectivos (tipo Rorschach).
Primera imagen: la bandera de España.
Una persona sana, sin prejuicios ni resentimientos ideológicos, verá una tela con forma rectangular, con dos franjas rojas y una gualda, y en el centro el escudo constitucional.
Pues hete aquí que el equidistonto, autohipnosis consciente mediante, verá en su mente, en vez del escudo constitucional, una orgullosa águila de San Juan. La realidad no será lo que vea el sujeto en el ex-sistere (mundo exterior), sino el “modo de ser” que se manifieste y actualice como presencia real en su conciencia. Y él, nuestro equidistonto, no sólo verá un águila de san Juan donde no la hay, sino que, además, deseará fervientemente que la bandera rojigualda que ve sea una tricolor republicana.
Esta disonancia cognitiva (ya dediqué una reflexión a este tema) o incongruencia entre lo que realmente es el objeto y lo que el individuo desea que sea, provocará en el pequeño diosecillo una tremenda frustración.
¿Cómo superará la frustración este yo empoderado y contrariado?
MECANISMOS DE AUTOENGAÑOS
Lo que hará el “equidistonto”, contrariado y frustrado, será racionalizar sus deseos (vía psicológica) y construir argumentos falaces (vía filosófica o sofista) por tal de negar la razón de ser de la actual bandera española.
Racionalización psicológica: El sujeto equidistonto se autoconvencerá de que las banderas, en tanto que meros símbolos, no tienen, en realidad, ninguna importancia trascendental. Proclamará, cual cínico mentiroso, que las banderas no significan nada para él; a él, pequeño diosecillo, no le representa ninguna bandera, ni ninguna bandera le pone la carne de gallina ni le pone de pie (letra del grupo Barricada). Pero ¡oh, sorpresa!, a estos mismos equidistontos se les ve el cínico plumero cuando, traicionados por sus verdaderos sentimientos, rinden honores a una ikurriña.
Argumentación falaz: la mayoría de los equidistontos (falsos equidistantes) tiran de argumentos sofistas, siendo el más recurrente de ellos la analogía falaz, consistente en establecer una igualación entre dos realidades muy diferentes. Cuando un equidistonto, por ejemplo, os diga que la bandera española tiene la misma importancia, simbólica e institucional, que una ikurriña o una estelada, deberéis echar mano a vuestra browning dialéctica. Están igualando torticeramente el símbolo de una nación auténtica, con trayectoria histórica real, con los trapos de regiones que aspiran a ser naciones, pero no lo son ni nunca lo fueron.
CONCLUSIÓN
El caso de la bandera es perfectamente extrapolable a VOX o al propio concepto de España. El yo empoderado del equidistonto se negará a ver en VOX lo que realmente es: un partido democrático y constitucionalista, porque él “sospecha”, en su mente resentida y frustrada, que es fascista. Así, no dudará en establecer otra analogía falaz, igualando a un partido “limpio” como VOX con un partido lleno de “suciedad moral” (nido de violentos y asesinos, torturadores y secuestradores) como Bildu. Dirán, como tantos pseudointelectuales en España, que ambos partidos son igual de “malos” e indeseables.
Durante décadas, a partir de la Transición para ser más exactos, también España ha sido negada como nación real, y todo porque un puñado de tontilocos, con la ayuda de los equidistontos del PSC (caso de Cataluña), se han obcecado en negar la realidad de los hechos, con tal de, así, imponer sus deseos y hacer reales sus naciones ficticias a través de políticas de facto, que están dispuestas, incluso, a vulnerar la legalidad. ¡Por sus cojones!

sábado, 1 de mayo de 2021

PSICOSOFÍA (nueva propuesta analítica)


INTRODUCCIÓN
No nos engañemos, cuando una parte importante de la ciudadanía de nuestro país desprecia o infravalora el hecho serio de ser español, o ningunea la importancia de sus símbolos patrios (pongamos por caso la bandera), resulta evidente que en dicha actitud subyace un desapego afectivo; un distanciamiento (falta de identificación) entre el Yo (biogenético) del ciudadano y su mundo circundante (lugar de nacimiento en este caso).
El origen de la desafección de muchos españoles hacia su nación habría de buscarse, sin duda, en la clase de persona que es cada individuo; es decir, en la biogenética de su Yo. Ni la historia común ni las circunstancias particulares de cada sujeto explicarían, por sí solas, la génesis de sentimientos y emociones a favor o en contra de determinados apegos ; ni explicarían tampoco la adhesión a determinadas ideas y/o creencias. Existen factores biogenéticos a priori (psicológicos y biológicos) que, al modo de los conceptos puros kantianos (espacio y tiempo) son necesarios para hacer posible el conocimiento y la generación de emociones y sentimientos.
Por supuesto, las circunstancias históricas y personales (familiares y sociales) también moldearán las preferencias y gustos estéticos, a la postre también ético-morales. Pero, insisto, el carácter (perfil psicológico) del individuo tendrá un peso más que relevante a la hora de desarrollar "apegos afectivos".
DIALÉCTICA DEL YO
En unas circunstancias ambientales asépticas, donde la superestructura (cultura, medios de información y educación) no estuviese bajo el dominio y control de una determinada ideología, cada individuo, impelido por su Yo (creencias, sentimientos y motivaciones), optaría libremente por "hacer suyo" aquel credo religioso y/o político que fuese más afín a su particular modo de ser.
Pero nuestro Yo, libertad en acción en términos fichteanos, no es un "absoluto", sino un absoluto-relativo en constante pugna dialéctica entre el sujeto y el objeto; entre nuestro Yo y sus circunstancias, entre Dasein y mundo; entre ser-en-sí y ser-ahí en/con "lo otro". Nuestro Yo está en eterno conflicto consigo mismo y con "lo otro" (objetos en el mundo) y, por tanto, es también una Idea en constante construcción. De hecho, el Yo es un constructo inexistente, una idea hipostasiada carente de materialidad corpórea, pero que supone en sí mismo un modo de materialidad (M3 en la ontología General de Gustavo Bueno) necesaria para poder operar en y con el mundo.
El psicoanálisis consideró una dialéctica del Yo cuyo funcionamiento, en mi opinión, es análogo a la dinámica de la conciencia o fenomenología del espíritu hegeliano.
LAS DOS ESPAÑAS (y los dos Machado)
En los albores de la Guerra Civil española comenzó a recrudecerse la dialéctica entre dos conciencias antagónicas (burguesa y proletaria). Pero entonces, y a pesar de lo explicado por Marx en "El manifiesto comunista", la superestructura burguesa-capitalista no disponía de la fuerza adoctrinadora y manipuladora que hoy, por ejemplo, ostenta el populismo socialcomunista; es decir, sí existía una verdad institucionalizada al servicio de los intereses de una clase social: la conciencia burguesa. Pero dicha conciencia se preservaba más a través de la coacción operativa del Estado que por la existencia de una conciencia espiritual colectiva. No existía una "conciencia de clase burguesa", porque no existía una superestructura adoctrinadora de masas orientada a crear entre la ciudadanía una conciencia de clase burguesa.
Dicha superestructura burguesa daba por hecho que su verdad no podía cuestionarse, hasta que, por supuesto, apareció el marxismo postulando la supremacía de una nueva conciencia proletaria que reivindica su derecho a ser; su derecho a consumarse operativamente como nueva posibilidad del Ser. De manera parecida, nadie se cuestionaba el hecho de ser hombre o mujer hasta que apareció la conciencia de la ideología LGTBI; y ningún hombre se cuestionaba si era realmente un machista violador al servicio del heteropatriarcado hasta que el femimarxismo construyó "su verdad" de odio y resentimiento para, así, cosificar y culpar al varón de las injusticias existenciales (por cierto, ¿qué es justo o injusto?).
La ciudadanía española de entonces, en su mayoría analfabeta y, por tanto, ajena a los efectos adoctrinadores de escuelas y medios de comunicación (revistas y diarios de la época), carecía de "conciencia de clase", no era de derechas ni de izquierdas. Fue, por tanto, la élite ilustrada del momento, formada y con acceso a medios de información, la que se posicionó a favor o en contra de una u otra conciencia; a favor de una u otra España (la nacional vs la roja); y lo hizo en función de la idiosincrasia de su particular Yo, sus sentimientos, voliciones y motivaciones, jamás convencida por las bondades de los argumentos y fundamentos de las diferentes ideologías en lid (subrayo enfáticamente esta observación que se me antoja gran verdad).
Sería interesante realizar el perfil psicológico de las élites intelectuales de aquel difícil período histórico; comprobar hasta qué punto no solo las graves circunstancias del momento determinaron sus posturas ideológicas, sino también sus respectivas biogenéticas o, en palabras de Ortega (que también fueron las de Fichte), hasta qué punto tomaron partido en función de la clase de personas que fueron.
Baste tan solo, a modo de rápida ilustración, echar un vistazo a lo sucedido en el seno de la propia Escuela de Madrid. Muchos discípulos de Ortega y Gasset, liberal y republicano, devinieron socialistas, como María Zambrano. Otros, como García Valdecasas, que fundaría el Frente Español (donde también militó Zambrano antes de ser seducida por el socialismo), devendrían falangistas; caso también de Laín Entralgo.
Las circunstancias históricas fueron las mismas para todos ellos, cierto. Y todos ellos, discípulos de Ortega, fueron en su mayoría republicanos (caso también de Valdecasas) y/o liberales antes de devenir socialistas o falangistas. Entonces, ¿qué determinó que la herencia liberal-conservadora y republicana de la Escuela de Madrid se diluyera en la nada?
Pues la causa fue la irrupción de una nueva conciencia dispuesta a presentar batalla en el claro del bosque; una conciencia proletaria que reivindicaba su derecho a ser despreciando y cosificando, con soberbia prepotencia, al resto de conciencias; conciencias que no solo eran burguesas y/o liberales, sino también anarquistas. Solo UNA podía ser la conciencia verdadera. Había surgido un nuevo supremacismo totalitario, disfrazado de teoría de la liberación, que se arrogaba estar destinado a emancipar a los oprimidos; había nacido un nuevo credo religioso.
Pero lo sucedido en la Escuela de Madrid, la escisión del liberalismo republicano en nuevas formas ideológicas (socialismo y falangismo), también aconteció incluso en el seno de las propias familias; individuos que convivían en común , con valores también comunes, y con unos mismos lazos afectivos, tuvieron que optar por una de las nuevas conciencias.
Una de esas familias fue la familia Machado.
Los hermanos Antonio y Manuel Machado se me antojan la metáfora perfecta de las dos Españas que se enfrentaron en nuestra fratricida Guerra Civil. Antonio Machado dio en llamar "las dos Españas" a los dos bandos, republicanos y nacionales, que defendían diferentes ideas y, por tanto, también hicieron suyas diferentes verdades.
Una lectura precipitada, errónea en mi parecer, señalaría la génesis del conflicto en las diferencias circunstanciales entre clases sociales (teoría marxista) y, por tanto, también en los condicionantes históricos. Pero lo sucedido en la Escuela de Madrid, así como en otros círculos de intelectuales y en las propias familias, demuestra que, al final, cada Yo individual, instado por su particular modo de ser; modo de pensar y de sentir, eligió en función de la clase de persona que era.
Antonio y Manuel eran hermanos que no solo compartían una misma herencia genética, sino también unas mismas circunstancias socio-económicas (familiares) e históricas. Los dos eran hijos de los mismos padres y de un mismo tiempo, pero ellos optaron por ser fieles a verdades distintas, a diferentes posibilidades del Ser que se abrían en la realidad.
¿Por qué?
Porque los hermanos Machado, como la generalidad de los españoles de su generación, se vieron obligados a elegir entre dos opciones ideológicas, antagónicas y aparentemente irreconciliables entre sí; ideologías que se fundamentaban, respectivamente, en dos sustantivaciones o ideas hipostasiadas: la idea de nación vs la idea de internacionalismo. En este sentido, tanto el nacionalismo como el internacionalismo marxista podrían (deberían) considerarse ideologías idealistas.
Sin embargo, un análisis más minucioso, racional y realista, permitirá descubrir importantes diferencias entre ambos "idealismos", sobre todo a partir del raciovitalismo orteguiano y el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno.
EL NACIONALISMO, entendido como el apego a la nación (lugar donde se nace); y comprendido también como religación a la patria (tierra de los padres) se fundamenta a partir de la pertenencia, dominio y control de la capa basal que es la tierra, el espacio-materia que ocupa un individuo desde que sus padres lo traen al mundo. Esta es una fundamentación vital y materialista, perfectamente compatible con la propuesta raciovitalista de Ortega y Gasset. También el MF (materialismo filosófico) de Gustavo Bueno fundamenta la realidad material y corpórea de la nación, como la tierra o sustancia (capa basal) a partir de la cual se construye y articula una sociedad.
EL INTERNACIONALISMO MARXISTA, paradójicamente argumentado a partir de los materialismos histórico y dialéctico, se sustenta, sin embargo, a partir de una fundamentación idealista (esencialista), pues proclama como fin último de la historia del ser humano la desaparición de las naciones (aspiración a un ideal). El marxismo postulará que el análisis científico de la historia demuestra la existencia de una clase proletaria; una clase oprimida, en todo el mundo, que carece de patria y solo podrá emanciparse o liberarse haciendo suya una conciencia internacionalista o de pertenencia al conjunto de la humanidad (una teleología muy parecida a la propuesta católica).
Nacionalismo y socialismo, o patria y justicia social si se prefiere, son Ideas sustantivadas; son abstracciones virtuales (modos de ser en las conciencias) que permiten operar con y en el ex-sistere, para permitir el control y el dominio de la naturaleza, del mundo en definitiva.
Se trata, siempre, de una dialéctica de control y dominio, y no tanto de una dialéctica entre clases sociales, como reconoció el propio Jürgen Habermas. Y de la clase de persona que seamos, como bien supo ver Ortega, y no dependiendo de la clase social a la que pertenezcamos, dependerá que dos hermanos, con una misma genética y criados en un mismo contexto histórico, y en el mismo ambiente familiar, decidan hacer suyas una u otra ideología (léase Verdad).
PERFILES PSICOLÓGICOS
No disponemos de los perfiles psicológicos de los hermanos Machado, pero me atrevería a pronosticar, conociendo sus apegos ideológicos, qué rasgos de carácter configurarían, probablemente, sus respectivas maneras de ser.
Una primera clasificación nos la facilitaría la dialéctica dualista existente entre optimistas antropológicos, más dados a ensoñaciones idealistas, y los pesimistas antropológicos, más apegados a la realidad de la tierra.
Si partimos de la máxima de Fichte (que yo considero cierta y difícil de rebatir): "De la clase de persona que seamos dependerá la filosofía que escojamos", podremos pronosticar, como decía, que el hermano más realista, conservador y responsable con la salvaguarda de su legado histórico-cultural fue Manuel, que se adhirió al bando nacional. Antonio Machado, más soñador e idealista, buscaría en el internacionalismo marxista una religación con el Absoluto (sentido histórico) para, así, hallar el Santo Grial de la justicia social.
También podríamos afinar mucho más si supiéramos de la presencia de determinados rasgos de personalidad que permitieran diferenciar los perfiles de los hermanos Machado, pero no es el caso.
Dos formas de ser, dos maneras de pensar y de actuar; dos opciones vitales en principio legítimas, ni buenas ni malas, pues cada una de ellas está justificada racionalmente, argumentada y fundamentada. Estos dos modos de ser, como otros modos de ser, tales como el anarquista o el liberal, son inevitablemente morales, pues no hay razonamiento humano que no implique, al tiempo, una elección ético-moral que nos obliga a preguntarnos "cómo actuar".
LA NEGACIÓN DEL APEGO A LA TIERRA (desterrar las banderas y las naciones)
La pregunta que quedó planteada en el punto anterior fue : ¿Cómo actuar? ¿Cómo debemos conducirnos con el prójimo?
No vamos ahora a retrotraernos a la moralidad judeocristiana ni a la ética kantiana, pues nos bastará con reconocer que la nación política nació en Francia, junto a la república de ciudadanos libres (1789). República (gobierno de ciudadanos) y nación (tierra de los ciudadanos) tuvieron un origen político común en Occidente; un origen que podría remontarse a la aparición de las polis griegas, donde surgió la democracia, y que culminó con la revolución francesa. Según las tesis de Gustavo Bueno, con la Revolución Francesa aparecieron las primeras izquierdas definidas, la jacobina (republicana y nacionalista) y la liberal (nacionalista aunque no necesariamente republicana).
A partir de entonces, las sociedades occidentales entendieron que no cabía otra manera de actuar con el prójimo que respetando sus derechos y libertades y, por tanto, articulando la nación política en torno a un Estado democrático.
Muchas cosas sucedieron tras la revolución francesa, sobre todo reacciones del Antiguo Regimen absolutista que, en toda Europa, se negaba a desaparecer. Se tuvieron que librar, por tanto, muchas guerras, todas ellas abanderadas por liberales apegados a sus respectivas naciones, hasta que el marxismo tomó el relevo por considerar ¿necesario? sustituir nacionalismo por internacionalismo.
El marxismo se introdujo en la sempiterna lucha entre absolutistas y liberales, arremetiendo, al tiempo, contra ambos, es decir, proclamando la justicia social sobre el subyugador regimen absolutista, pero también negando el apego a la tierra, a la patria, a aquellos liberales republicanos que también eran nacionalistas. El conflicto entre conciencias estaba servido.
El marxismo, con exceso de celo prepotente y señorial, negó y condenó los vínculos sentimentales que unían a los ciudadanos a su lugar de nacimiento (nación), obligándoles, leninismo operativo mediante, a que abrazaran la nueva fe internacionalista. La esquizofrenia marxista fue, entonces, rápidamente respondida por nuevos movimientos políticos reaccionarios que se negaron a abandonar su tradicional modo de ser democrático liberal, republicano y nacional. Dichos movimientos, por pura reacción defensiva ante las hostilidades del comunismo impositor, mutaron en nacionalismos supremacistas (fascismo y nacionalsocialismo).
La dialéctica en el claro quedó, así, definida por el enfrentamiento entre dos supremacismos; el comunista y el nacionalista.
¿QUÉ SIGNIFICA, HOY, SER "´NACIONALISTA"?
Significa, sobre todo, ser reaccionario ante las amenazas externas que hacen peligrar la integridad de la nación. Ante las amenazas de una Izquierda reaccionaria subversiva (socialcomunista), que ha vulnerado la legalidad institucional y ha traspasado UNILATERALMENTE peligrosas líneas rojas, solo cabe articular y dar forma a una fuerza antagónica, también reaccionaria, desde la Derecha (liberal-conservadora).
No cabe ninguna otra respuesta posible para poder equilibrar las fuerzas políticas en la balanza del "juego democrático", ya que solo desde un equilibrio de fuerzas se podrían "consensuar" acciones políticas (constitucionales) para hacer frente a las antivitales e idealistas propuestas marxista-leninistas, actualmente disfrazadas bajo los ropajes de populismos socialcomunistas.
Por tanto, la actitud irresponsable de nuestras Izquierdas Ilustradas, despreciando y deslegitimando a una de las fuerzas en lid (la liberal-conservadora), solo pone de manifiesto sus sesgos ideológicos o preferencias estéticas, a la postre ético-morales, a costa, precisamente, de traicionar los principios de la "democracia deliberativa" que tanto dicen defender; a costa de abandonar conscientemente, y cinismo mediante, las argumentaciones racionalmente fundamentadas.
La irrupción de VOX en la política española ha sido de extrema necesidad para garantizar un óptimo "equilibrio ecológico"; es decir, para evitar que, ante la ausencia de un número suficiente de depredadores, las RATAS se multipliquen sin freno y lleven a la nación a la ruina total y definitiva.
A la nación no se le puede pedir (memos aún exigir) que, voluntariamente, acepte su aitoinmolación vital, que claudique ante la vida y permita, cobarde y resignada, que otra forma de vida, otro modo de ser o verdad, ocupe su lugar. Al contrario, la nación debe ser protegida, porque la conciencia espiritual inherente a la entidad nacional solo puede pervivir en tanto un amplio Yo colectivo la hace suya y, por tanto, está dispuesto a defenderla y preservarla de sus enemigos.
De hecho, no existe la ideología nacionalista, como tampoco existe la "ideología masculina", pues pertenecer a una nación, como nacer hombre o mujer, es una verdad dada a priori en la que el individuo no puede elegir entre ser o no ser; ser o no ser español, ser o no ser hombre.
La idea de nación, como toda idea, es una hipóstasis o sustantivación de un concepto etéreo. Por tanto, "el ser de una nación" es una abstracción o modo de ser "virtual" que se manifiesta y actualiza como modo de ser real en la conciencia (habrá nación si el ente colectivo cree en la nación). Pero no bastará la manifestación (creencia) de dicho modo de ser real en una única conciencia individual para que ésta alcance el rango de Verdad. La idea de nación (y de pertenencia a la misma) solo puede pervivir temporal o históricamente a través de una conciencia colectiva que la haga suya y, por tanto, la institucionalice como Verdad (Dios o Ser) que deba preservarse a través de una Constitución nacional.

CONCLUSIÓN
Así pues, la lucha que actualmente se está librando en el claro del bosque (Lichtung heideggeriano) tiene como contendientes enfrentados a dos ideologías supuestamente materialistas (socialdemocracia habermasiana vs liberalismo nacionalista), que, en el fondo, y aunque lo nieguen ambas, se fundamentan en creencias espirituales (esencialistas), pues ambas pretenden imponer sus respectivas conciencias o acepciones en torno al "sentido del Ser": cómo ser humanos o, dicho con mayor crudeza, cómo se ha de civilizar (criar y domesticar) al ganado humano. En definitiva, ambas conciencias pretenden decirnos qué valores ético-morales serán buenos y cuáles serán malos.
El idealismo habermasiano (esencialista al cabo) fue magistralmente desenmascarado por Gustavo Bueno, pero, no nos engañemos, porque, por más que el padre del MF pretendiera superar la metafísica inherente a la razón de ser (sentido) de las entidades nacionales, éstas también están inevitablemente impregnadas de espiritualidad (sentido y/o razón de ser) y necesitan, como los dioses, fieles creyentes que la defiendan de enemigos externos.
La batalla cultural no es entre un materialismo (socialdemocracia habermasiana) vs un esencialismo (nacionalismo liberal-conservador) sino entre dos esencialismos, el primero taimadamente oculto y enmascarado (marxismo) y el segundo orgullosamente desnudo (liberal-conservador).

jueves, 29 de abril de 2021

HABERMAS, CONSTITUCIONALISTAS (y la espiritualidad marxista)

INTRODUCCIÓN

Gustavo Bueno decía que no había que entender el concepto de “espíritu” como el análogo al pneuma de la filosofía griega (concepto mitológico) sino como un subproducto dialéctico en relación a la materia.

La idea de espíritu en filosofía se desarrolló a partir de la escolástica, considerando la existencia de un acto puro o ser inmaterial, análogo al primer motor inmóvil de Aristóteles, que, siendo causa de sí mismo (no creado por nada ni por nadie) era origen y creador del universo material.

La filosofía escolástica identificó este primer espíritu (motor inmóvil aristotélico) con la idea de Dios (ser inmaterial). Desde entonces, la filosofía occidental ha identificado todo lo referente a lo espiritual con esencialismos e ideas y/o mundos suprasensibles (alienos al mundo material).

Así, cuando el marxismo se reivindicó materialista cometió el error, o la trampa (como yo sostengo), de negar la sustancia espiritual en aras de mejor reivindicar un materialismo puro. Negó, en definitiva, el carácter metafísico de su pseudofilosofía, como la definió acertadamente Bertrand Russell.

LA METAFÍSICA MARXISTA

Llevo mucho tiempo insistiendo en señalar que el marxismo también es un esencialismo; intentando demostrar, a partir de un primer pre-sentimiento intuitivo que siempre me ha acompañado, que toda religión y/o filosofía o ideología están impregnados de inevitable metafísica.

Finalmente, al acceder a la obra de Gustavo Bueno, encontré la que considero la mejor argumentación que fundamenta y explica la presencia de la idea de espíritu, entendiéndola como un subproducto que surge, inevitablemente, a partir del proceso dialéctico material.

EL ESPÍRITU VIVENCIADO

Lo que viene a sostener Gustavo Bueno, salvando las diferencias con el existencialismo sartriano, es que el espíritu no es una esencia a priori, sino que, en tanto que subproducto surgido de las relaciones dialécticas materiales (transformaciones operativas y manipulativas) de los seres humanos, aparecerá, dentro de la materia ontológica general, como un género de materialidad M2 (ensoñaciones y sentimientos vivenciados). Las ideas, por tanto, tienen la cualidad de vivenciarse en la conciencia individual, antes incluso de llegar a ser; es decir, antes de consumarse como verdad o realidad en el ex-sistere, en el mundo.

Así, si un cristiano vivencia la idea de Dios como un modo de ser real, manifiesto y actualizado en su conciencia, un marxista, de manera parecida, vivencia y hace suya (presente en su conciencia) las ideas hipostasiadas (abstractas y virtuales) de justicia social o sociedad ideal.

Vivenciar virtualmente una idea, sentirla, en definitiva, significará hacerla nuestra; significará apoderarnos del espíritu, razón de ser y/o esencia de la misma, para consumarla operativamente en el mundo real.

Tradicionalmente hemos relacionado la espiritualidad con lo religioso y lo místico, negándonos a aceptar el carácter espiritual de determinadas ideologías. Resulta paradójico porque, precisamente, ideología es un concepto que etimológicamente significa conjunto de ideas (creencias y valores) que decidimos hacer nuestros, preservándolos y defendiéndolos. Y estas ideas son siempre virtuales, es decir, son sentimientos que vivenciamos en nuestras conciencias como modos de ser reales.

IMPLICACIONES POLÍTICAS

A menudo leo, sorprendido, a gente anónima, pero también a sesudos intelectuales, preguntarse cómo es posible que nuestras izquierdas (las que padecemos en España) sean tan dogmáticas y sectarias.

Y, paradójicamente, nuestros pensadores de cabecera, leídos marxistas que conforman nuestras izquierdas ilustradas, siempre ven la paja en el ojo ajeno; es decir, siempre ven esencialismos”peligrosos en aquellas ideologías que se fundamentan a partir de entidades nacionales. Y claro, esta visión borrosa, hemipléjica y sesgada, les insta a combatirlas como las cochambres políticas, morales e intelectuales que consideran que son. ¡Joío Arcadi Espada!

Otro tanto sucede con lo que consideran malas izquierdas; esas izquierdas extravagantes y divagantes que G. Bueno considerara indefinidas, y que el capo de los constitucionalistas habermasianos (Félix Ovejero) ha dado en llamar reaccionarias. Nuestros constitucionalistas también combaten a estas izquierdas que se han dejado seducir por las ensoñaciones (espirituales) de los nacionalismos periféricos, pero lo hacen con la boca chica, porque, al cabo, estas izquierdas son sus díscolas hermanas ideológicas. Al final, como dejó bien claro Mikel Arteta, siempre será mil veces preferible el comunismo divagante y extravagante de Podemos que el liberal-conservadurismo de VOX. Cuestión de afectos tempranos o, si se prefiere, de modos de sentir y vivenciar nuestra propia espiritualidad (ideología).

A menudo solemos decir que las izquierdas, en general, se han arrogado una superioridad moral que les permiten legitimar cualquier acto criminal o vulneración de la legalidad, por miserable que estos sean. Hemos visto en Cataluña cómo Podemos (mil veces preferible a VOX) apoyaba el golpe de Estado del secesionismo. Hemos visto a Pedro Sánchez blanquear, e incluso cantar las excelencias, de Bildu, partido filoterrorista. Pero no pasa nada, todo se acepta, se justifica o se soporta como un mal menor, porque peor sería que gobernara la malosa derechona. ¡Por favor!

Pero lo más frustrante de todo ha sido comprobar cómo nuestras izquierdas ilustradas, a pesar de sus tan cacareados centrismos equidistantes, al final siempre acaban tirando pal monte, como las cabritillas marxistas que son. Al final siempre acaban magnificando y sobredimensionando mucho más las reacciones legítimas de VOX (el cartel de los menas angelitos) en un sempiterno intento, inmoral y descarado, por igualar a los agresores (quienes matan a españoles por llevar tirantes con la bandera de España) con quienes defienden sus derechos y libertades; comparando a quienes apedrean al adversario con quienes, orgullosos, se fuman un puro mientras la chusma roja le increpa. ¡Habrase visto tanta chulería facha! ¡Eso sí que no!

Y esto es, realmente, lo que no soportan los discípulos de Habermas: el orgullo de quienes se sienten españoles, porque, como decía Arteta en su defensa del patriotismo constitucional, hay que ser españoles pero sin mostrar orgullo por ello. Claro que sí, guapis, porque la única estética, moral al cabo, buena y justa es la de los cínicos habermasianos; la moral de esos centristas que creen haberse despojado de cualquier atisbo de esencialismo espiritual y que, sin embargo, son más creyentes que el nacionalista más acérrimo.

CONCLUSIÓN

La paradoja que subyace en nuestras izquierdas ilustradas, siempre prestas a combatir los dogmatismos de “los hunos y los hotros” es que, como bien señalaran Adorno y Horkheimer, ellas mismas han mutado en una Razón Ilustrada supremacista, intransigente y celosa de su verdad, que lo mismo penaliza a Polonia por defender su nación y su catolicismo, que no duda en mentir para cosificar y/o deslegitimar a la conciencia contraria (VOX). 

Y cuando la realidad no tiene su correspondencia aristotélica con las proposiciones falaces y prejuiciosas que enarbolan, porque no se ha demostrado que VOX sea un partido de “ultraderecha”, entonces se convierten en sofistas. Entonces, cuando la terca realidad no se compadece de sus sospechas y prejuicios, no dudan en instrumentalizar la realidad fáctica, a la que tanto les gusta referirse, utilizando el pensamiento sensible y la hermenéutica psicoestética para interpretar palabras y hechos (de nuevo el cartel de VOX) según los dictados de su ideología. Tradúzcase: según las creencias espirituales de su ideología religiosa que les permite creerse, por ejemplo, que la patria es el lugar donde se está a gusto (puro sentimentalismo), y no la tierra de nuestros padres y el lugar donde se nace (materialismo realista).

viernes, 16 de abril de 2021

¿POETAS EN LA POLIS? (la traición de María Zambrano)

 INTRODUCCIÓN

Platón no quería poetas en la polis; consideraba que los poetas eran el paradigma de la sofística, los paladines del argumento sentimental que se dejaban engañar por las falsas apariencias del mundo sensible. Sin embargo, paradójicamente, Platón fue el mayor poeta de la antigüedad. Y fue también el más peligroso de todos ellos.

El peligro del poeta no radica en la necesidad de positivar la muerte para dotar de sentido (esencia) su existencia (todos lo hacemos a través de diferentes vías racionales). El poeta deviene peligroso cuando, celoso de su “verdad creada” (poiesis), se siente legitimado para imponerla al resto de los mortales. Cuando el poeta crea o descubre una idea, un sueño o una “verdad sentida y/o vivenciada” tiene dos opciones: recogerse en sí mismo, convirtiéndose en eremita, o tornarse profeta para “difundir su palabra” (léase Verdad).

A continuación expondré una tesis que sostiene que la “poesía profética o mesiánica”, por fuer, siempre es susceptible de mutar en una verdad supremacista y dogmática. Demostraré que, de la misma manera que Platón tuvo que huir de Siracusa, debido al fracaso de su política idealista, también el socialismo español debe abandonar el gobierno de la nación por el bien de todos los españoles.

¿TÚ TAMBIÉN, ZAMBRANO?

Ya lo he explicado en varias de mis reflexiones: antes de que la ideología marxista calara hondo en un campo abonado por el catolicismo, donde se movía cómodamente la intelligentsia española, solo el liberalismo oponía resistencia a los últimos coletazos de un Antiguo Régimen que se obstinaba en morir matando.

La Escuela de Madrid, con Ortega y Gasset al frente de un proyecto político español, liberal y raciovital, no pudo sobrevivir a la irrupción de las diferentes “mareas rojas” (anarquistas, comunistas y socialistas) que con un discurso “pseudoreligioso” (calco del humanismo católico) sedujo por igual tanto a las masas más ignorantes como a insignes individuos ilustrados.

María Zambrano, discípula de Ortega, fue de las primeras en pasarse a la poesía socialista; una poesía embriagadoramente seductora. No pudo ser de otra manera. Dentro de la Escuela de Madrid había tomado fuerza la tesis de Xavier Zubiri en torno a la “inteligencia sentiente”; una teoría sobre el conocimiento que reconocía el concurso de los “sentimientos y las emociones” durante el proceso de aprehensión de la realidad.

Pero María Zambrano fue, sobre todo, una ferviente admiradora de Miguel de Unamuno, al que consideraba más poeta que filósofo. Como ya señalé en una de mis reflexiones titulada “Unamuno y la posmodernidad”, Unamuno fue, quizás, el primer filósofo de altura que abrazó el pensamiento posmoderno; el primero en sostener que ese modo de ser (virtual) que se actualiza y manifiesta en la conciencia ya es, de facto, real. Así, Unamuno señaló, acertadamente en mi opinión, que el personaje de ficción Alonso Quijano (Don Quijote) se nos antoja más real, y actual, que el propio autor de carne y hueso que fue Miguel de Cervantes.

EL SOCIALISMO POÉTICO

El paso de María Zambrano al “socialismo español”, haciendo suyos los postulados de la posmodernidad, supuso el primer signo de decadencia de la intelligentsia nacional. Otros muchos intelectuales y poetas (Antonio Machado) la seguirían por su errado camino.

Pero María Zambrano era “hija de su tiempo”; y el dolor de la época que le tocó vivir instaba a abrazar poesías de promesas y esperanzas. Había que ser poeta, sí o sí. Sin embargo, como bien señaló José Antonio (y yo suscribo), bien estaba ser poeta y gustar de “una España alegre y faldicorta”, pero siempre “anteponiendo la poesía que prometía a la que destruía”. Y Zambrano, como muchos intelectuales ebrios de “ingenuo humanismo”, no vieron, o no quisieron ver, la ESENCIA DESTRUCTIVA inherente al socialismo español. Zambrano creyó, como muchos ilusos, que el socialismo español era “poesía prometedora” de vida y futuro.

Muchos intelectuales españoles tardaron en descubrir el verdadero rostro del socialismo español: el carácter pusilánime de Azaña que, impotente, reconoció, en los graves momentos previos a la Guerra Civil, estar “superado por las circunstancias”. Azaña reconocería más tarde, en sus “Memorias”, muchos de los errores que cometió al permitir la bolchevización de la II República. Pero así son nuestros “buenos y justos” socialistas (ahora también ciudadanos), siempre cayéndose de la burra a toro pasado, cuando el mal ya se ha consumado.

Ni Zambrano ni muchos socialistas entendieron realmente quién fue Largo Caballero, que por algo era conocido como “el Lenin español”; no entendieron que el marxismo era, en esencia, una moral de resentidos; una pseudomoral eslava, como la definió Ortega, o una “pseudofilosofía, en el parecer de Bertrand Russell; era una poesía que, en realidad, no buscaba la “justicia social”, sino imponer su dogmática Verdad, si fuese preciso por vías antidemocráticas (Largo Caballero).

POÉTICA SOCIALISTA POSMODERNA

El libro “Pensamiento y poesía”, escrito por María Zambrano, se me antoja el precursor de lo que con el tiempo devendría “el pensamiento Alicia”, tan criticado por Gustavo Bueno. En ese libro, Zambrano intentó aunar razón y poesía a través de vínculos divinos, que no necesariamente religiosos. También Zubiri se había referido con anterioridad a la “religación” (suerte de comunión mística) que se daba inevitablemente entre el ser humano (animal de realidades) y su entorno, naturaleza o mundo. De hecho, Zambrano ya señaló que dicho vínculo espiritual o divino no tenía por qué darse a través de una vía necesariamente religiosa, sino que también podría llevarse a cabo a través de la religación entre el ser humano, el arte y la cultura. Y en esas estamos.

Actualmente, no cabe duda de que el socialismo español, ebrio de pensamiento posmoderno, ha hecho suyas todas las vías de religación que proponen las poesías poshumanistas más peregrinas y dogmáticas: animalismo, femimarxismo, ideología LGTBI, cultura de la cancelación (woke), lenguaje inclusivo…

La “política poética” lo impregna todo; cualquier acto deleznable o contrario a la integridad de la nación, y enemigo de los derechos y libertades de muchos españoles, puede legitimarse en aras de esas políticas idealistas y ficticias, divagantes y extravagantes, que G. Bueno consideró propias de unas “izquierdas indefinidas”.

Todos los medios de información y las plataformas de ocio y entretenimiento (Netflix, HBO…) se han entregado a la verdad poética de la posmodernidad. Y el enemigo siempre es el mismo: un Occidente heteropatriarcal, blanco y cristiano.

CONCLUSIÓN

Volvamos a Platón. Ya señalé que resultó paradójico que, precisamente, el primer filósofo idealista de Occidente criticara a los poetas. Pero si analizamos un poco el asunto, considerando todas las lecciones con las que la historia nos ha obsequiado, podemos concluir que lo que verdaderamente disgustaba a Platón no era la poesía en sí misma, sino la poesía de “los otros”. Platón no toleraba la poesía disidente, no aceptaba otra “verdad” que no fuera la suya propia. Los intelectuales mínimamente ilustrados no olvidan que Platón debió marcharse de Siracusa tras fracasar en el intento de implantar una política reflejo de su utópica república. Sin embargo, la generalidad de nuestros pensadores actuales desconoce, como desconocía yo mismo hasta no hace mucho, que algunos años después de que Platón abandonara Siracusa, una “horda de sus discípulos” acudió a la ciudad con la intención de dar un golpe de Estado. Creo recordar que incluso llegaron a matar al gobernante de Siracusa.

Los discípulos de Platón, formados en la Academia, decidieron implantar la verdad del maestro por las bravas. ¿No os recuerda el proceder de los discípulos de Platón al de otros discípulos que, ayer igual que hoy, insisten en IMPLANTAR sus poéticas verdades?

Muchos ya habréis recordado la revolución rusa, e incluso la revolución bolchevique que intentó ensayarse en España durante la II República. Los discípulos de Marx, como los de Platón, tienen muy claro qué poesía no les gusta; saben muy bien qué poesía hay que silenciar y erradicar.

Tenemos que ser conscientes de una REALIDAD: los discípulos y seguidores de la poesía socialista están llevando a cabo, actualmente, un golpe permanente desde el seno del gobierno y las instituciones del Estado. No querer verlo es de necios, y negarlo de cobardes.

 

lunes, 8 de marzo de 2021

SERIE DE TV YELLOWSTONE (Leyendas de pasión)

INTRODUCCIÓN

La serie "Yellowstone", considerada por la crítica como una exitosa ficción cinematográfica con formato de "neo-western", está batiendo todos los récords de audiencia en España. No me extraña.

Después de ver la primera temporada de esta magnífica serie, he entendido por qué los EEUU, a pesar del contubernio globalista orquestado para expulsar a Trump de la presidencia, sigue siendo una nación orgullosa y fuerte. No pude evitar ver en esta serie la justa y necesaria antítesis a la mayoría de las producciones posmodernas con las que Netflix, y cada vez más HBO, pretenden adoctrinar a los telespectadores imponiendo las nuevas posverdades de las pseudorreligiones de moda (LGTBI, femimarxismo, veganismo, animalismo...). Yellowstone vuelve a apostar por la reivindicación de los valores tradicionales que hicieron grandes a los EEUU: Dios, familia, libertad individual y propiedad privada.

DAME UN WINCHESTER Y DIME TONTO

Puede apreciarse la clara defensa de los valores tradicionales de la "América profunda" a lo largo de todos los capítulos de la serie, pero, para ilustrar esta evidencia, he escogido dos escenas que llevan implícitas dos agudas críticas contra los "progres" de turno, que también haylos en EEUU, como acaba de demostrar la reciente victoria de Biden.

La primera escena se sucede cuando un grupo de turistas japoneses se adentra en una de las propiedades de Dutton (Kevin Costner) para fotografiar a un oso salvaje que está a solo unos metros de ellos. En esas, aparece Dutton, Winchester en mano, y les conmina a alejarse del peligroso animal. Como los turistas se niegan a irse, Dutton les explica que deben marcharse porque están en una propiedad privada que, les siguió informando, se extendía más allá de hasta donde alcanzaba la vista. Entonces, uno de los turistas le comenta a Dutton que un territorio tan grande debería "compartirse". Y Dutton, después de pegar algunos tiros al aire con su Winchester, le recrimina enfadado:

"Esto es EEUU, y la propiedad privada no se comparte". ¡Glorioso!

La segunda escena también tiene como "artista invitado" al oso salvaje y a una pareja de turistas japoneses que se alejó del grupo. Los dos turistas, intentando huir del oso, cayeron y quedaron suspendidos en un acantilado. El vaquero Rip, que por allí pasaba, acudió al grito de socorro de la pareja en apuros y, justo cuando estaba intentando rescatarlos con una cuerda, apareció el oso a pocos metros de él. Rip mató al oso con un disparo certero de su Winchester, pero los dos jóvenes turistas cayeron al vacío y murieron.

El caso, y ahí llega la "divertida" y valiente crítica que se permite la serie , es que cuando llega la policía no deja de interrogar a Rip sobre cómo y en qué circunstancias mató al oso, si fue en legítima defensa o se trataba del acto premeditado de un cazador furtivo. Rip, sorprendido por el exhaustivo  interrogatorio sobre la muerte del oso, le recuerda al agente de la ley que había dos personas muertas en el fondo del acantilado. Y el policía le responde:

"Nadie se va acordar de esos dos turistas muertos, pero mañana mismo habrá 10.000 veganos pidiendo explicaciones al Congreso sobre la muerte del oso". 

En serio, ¿cómo no querer a esta serie? Todo un soplo de aire fresco y esperanzador para todos los "fachas" del mundo mundial que estamos hartos del sentimentalismo posmoderno, de sus mentiras y de su cinismo sectario.

RETORNO A LOS CLÁSICOS

Yellowstone es un neo-western a través del cual se "critica sutilmente" a la América actual y al ñoño-sentimentalismo progre, pero, además, es una serie que recupera lo mejor del western clásico; rescata y reivindica los valores tradicionales de antaño y vuelve a plantear, de manera vital y realista, los sempiternos problemas que surgen entre el hombre y su relación con la Naturaleza, y, sobre todo, los conflictos entre hombres, entre diferentes "clases de personas"..

En cuanto comencé a ver Yellowstone me pareció estar frente a una nueva versión de la ya clásica "Leyendas de pasión", pero también he ido descubriendo conexiones con otros westerns, como "Horizontes de grandeza" y "Río Rojo", donde se plantean las relaciones siempre difíciles entre los patriarcas de turno y sus "hijos adoptivos". En este sentido, el vaquero Rip, acogido por Dutton cuando éste era un niño, es el análogo de Matt (Montgomery Clift) en "Río Rojo" y es una copia casi exacta de Steve (Charlton Heston) en "Horizontes de grandeza". Estos "hijos adoptivos", rescatados de la pobreza o de graves circunstancias adversas, se convierten en valientes hombres duros al llegar a la edad adulta, y siempre desempeñan el papel de leales y obedientes "personas de confianza"; suelen simbolizar, en definitiva, al "hijo ideal" que el patriarca hubiese deseado que naciera de su propia simiente y fuese "sangre de su sangre".

En otra gran película con "aires de western", "Con él llegó el escándalo", George Peppard volvió a desempeñar el rol de "hijo adoptivo" (aunque en realidad era el hijo bastardo no reconocido del patriarca Robert Mitchum). Una vez más, el "hijo adoptivo" no solo se mostraba independiente, fuerte y leal, sino que tenía como misión encomendada, además de cuidar del rancho y/o propiedades del "padre" , educar, proteger y guiar a los "hijos naturales" de éste. 

Los hijos adoptivos deben cuidar de los "hijos naturales", que siempre son débiles, en exceso mansos y "civilizados", como sucedía en "Horizontes de grandeza", donde un timorato Gregory Peck se convertía en el refinado "hijo adoptivo" de "El Mayor" al prometerse con su hija. También sucedía en "Con él llegó el escándalo", donde George Hamilton, el "hijo natural" de Mitchum, debía aprender a hacerse un hombre con la ayuda de su "hermano adoptado". Y vuelve a suceder en "Yellowstone" donde vemos cómo Rip, el vaquero de confianza adoptado por Dutton cuando era un niño, deberá apoyar y enseñar al hijo natural (Kayce) a ser un buen capataz.

"Yellowstone" también vuelve a insistir en la importancia de la tierra (tema clave en el western clásico); tierra entendida como patria (la tierra de los padres), el lugar donde nacen y mueren las sucesivas generaciones que lo habitan, lo trabajan y lo protegen. Así, ya en el primer capítulo, Dutton enterrará a su primogénito en sus tierras, donde también yacía su difunta esposa. Todo pertenece a la tierra y se queda en la tierra. Y, como en todos los westerns clásicos, la familia permanece siempre unida, incluso tras la muerte, a través de la religación entre espíritu (fe en Dios) y materia (tierra). Esta religiosidad material, que impregna y dota de alma al western clásico, también está muy presente en Yellowstone.

Será la tierra, precisamente, la que generará un grave conflicto de intereses entre Dutton y quienes pretenderán arrebatársela para anexionarla a una reserva india o para construir una gran zona de ocio. Este conflicto dará lugar a un interesante diálogo, entre Dutton y un magnate de los negocios, sobre el "derecho" a la tierra. El hombre de negocios le dirá al ranchero Dutton que todos tenían "derecho" a estar allí. Pero Dutton le replicará que no, que nadie tenía ningún "derecho", sino que el derecho se tenía que ganar.

Un diálogo parecido sobre el "derecho a la tierra" tenía lugar en "Río Rojo", cuando Ducson (curiosamente nombre muy parecido a Dutton) decidía imponer la ley del más fuerte (él) para apropiarse de unas grandes extensiones de territorios que pertenecían a México y anteriormente habían pertenecido al reino de las Españas.

EL western clásico entiende que la tierra, junto a la familia, es el bien más preciado que tiene un hombre. Y por eso, un hombre que se precie de serlo debe estar siempre dispuesto a luchar para defender la patria (la tierra de los padres). Esta idea central, la tierra como capa basal necesaria para desarrollar un proyecto vital y familiar es la que subyace también en la magnífica "Leyendas de pasión".

LEYENDAS DE PASIÓN

A pesar de todas las conexiones de Yellowstone con el western clásico, no he podido evitar ver, como ya he señalado en el propio título de esta reflexión, las grandes semejanzas de esta serie con la magnífica película "Leyendas de pasión".

Se repite en "Yellowstone" la misma idea nuclear presente en todas las tramas que se suceden en "Leyendas de pasión": la tierra y la familia ante todo y "contra todos". Volveré más tarde a esta idea central presente en ambas ficciones cinematográficas. 

A continuación, pero, señalaré las coincidencias, más que evidentes, que podemos observar entre las dos familias rancheras.

Los hijos

El patriarca de "Leyendas de pasión" (genial Anthony Hopkins) es padre de tres chicos varones, igual que Dutton (Costner). Pero es que, además, cada uno de los hijos varones de Hopkins se corresponde, sin duda, con un mismo perfil psicológico que también presentan los hijos de Dutton. 

En ambas tramas, uno de los hijos muere al poco de ser presentado a los telespectadores, porque de lo que se trata, desde un principio, es de eliminar la figura equidistante (sin chicha ni limoná)  para dejar el protagonismo a las dos personalidades antagónicas: el rebelde (bárbaro) vs el obediente (civilizado); dos modos de ser o conciencias antagónicas que deberán tomar partido en la lucha constante por defender la tierra y ganarse el afecto y la confianza del padre.

El mayor protagonismo recae, en ambas producciones, en los "hijos rebeldes": Tristan (Brad Pitt) en "Leyendas de pasión" y Kayce (Luke Grimes) en "Yellowstone". Los parecidos entre ambos personajes no son solo evidentes en el plano psicológico (rebeldes, independientes y obstinados), sino también en el estético (imagen descuidada y cabello largo). Y, además, y por si fuera poco, los parecidos también se dan en el plano sentimental, pues ambos se casan con indias y tienen hijos mestizos.

Después, en un segundo plano, están los hijos civilizados, Aidan Quin en "Leyendas de pasión" y Wes Bentley en "Yellowston", ambos dedicados a la política; ambos refinados y cultos, los dos interesados más en sus carreras personales que en la defensa de la familia y la tierra.

La única diferencia entre "Leyendas de pasión" y "Yellowstone", en cuanto a hijos se refiere, la aporta la presencia femenina de la hija de Dutton (maravillosa "Kelly Reilly), que será un "híbrido" entre sus dos hermanos; una hermosa mujer, culta y experta en leyes (como Bentley), pero al tiempo salvaje y atormentada (como Grimes). Sin embargo, también podría considerarse que Julia Ormond hace las veces de hija adoptiva en "Leyendas de pasión", con lo cual la correspondencia entre los personajes de una y otra ficción seria total.

Las hijas

Las protagonistas femeninas, Susannah (Ormond) y Beth (Reilly), muestran, sin embargo, perfiles psicológicos muy diferentes, aunque ambas comparten los rasgos propios de una personalidad desajustada que les generará sufrimiento y las abocará al suicidio. 

Susannah, de hecho, acabó suicidándose en "Leyendas de pasión", mientras que Beth opta por la vía lenta de la autodestrucción personal, dándose a la bebida y mostrándose orgullosamente promiscua. Ambas mujeres son "hijas de su tiempo", por lo que Susannah, al vivir en una sociedad excesivamente victoriana y poco "feminista", solo pudo languidecer y deprimirse hasta decidir acabar con su vida. Beth, sin embargo, es una mujer hija de las actuales sociedades posmodernas; una mujer fuerte que ha comprendido que "empoderarse" consiste en poder llegar a casa "sola y borracha", como de hecho sucede, en no pocas ocasiones, a lo largo de la serie. Pero la aparente fortaleza de Beth, como suele ocurrir en todos los individuos que buscan liberarse a través de los excesos del sexo y el alcohol, esconde en realidad un ego frágil y atormentado por el pasado; esconde a una mujer insegura de sí misma y que necesita autoafirmarse constantemente, ya sea a través del éxito profesional o "follándose" a quien ella desee. Beth fantasea con el suicidio, llegando en algún capítulo a "encañonarse" con una pistola, dispuesta a acabar con su vida. Pero en realidad son solo "llamadas de auxilio" que pretenden, sobre todo, recuperar el respeto y el afecto paterno. Beth, como ella misma reconoce, lo hace todo por su padre, y le importa una higa el rancho y las tierras. Como ella misma le confesará a su hermano, el día en que su padre muriera ella vendería su parte tranquilamente.

Ambas mujeres, además, no pueden evitar sentirse atraídas por los hombres más rebeldes y malotes, fuertes y duros. Susannah se enamoró perdidamente de Tristan, mientras que Beth, aunque oculta sus sentimientos, se siente profundamente atraída por Rip, el rudo vaquero que su padre adoptó cuando apenas era un crío. El incesto entre hermanos se evita, así, en ambas series, a través de las figuras de los "hijos adoptivos", Susannah en el caso de "Leyendas de pasión" y Rip en "Yellowstone".

LA TIERRA COMO CONFLICTO

Volviendo al tema central de la tierra, tanto en la serie de tv "Yellowstone" como en "Leyendas de pasión" la defensa de la tierra generará graves problemas, no solo frente a terceros que pretenderán hacerla suya, sino entre los miembros de la propia familia. Los miembros de la familia que no lo den todo por la tierra, o que antepongan sus intereses particulares a los del interés familiar común, serán tildados de traidores. Así sucedía en "Leyendas de pasión" y sucede en Yellowstone, donde sus respectivos patriarcas deberán vérselas con hijos que, en vez de darlo todo por la familia, decidirán dedicarse a ellos mismos (a la política).

Resulta harto curioso cómo el western, en general, desprecia la "actividad política", asociándola siempre a individuos débiles y/o idealistas, cuando no corruptos. La película "El hombre que mató a Liberty Valance" (John Ford) nos muestra, en este sentido, a un timorato e idealista leguleyo (estudiante de leyes) que, con el tiempo, devendrá un importante senador de los EEUU. A lo largo de toda la película el leguleyo James Stewart será humillado por sus enemigos (Lee Marvin), pero también será ridiculizado constantemente por el hombre fuerte y rudo apegado a la tierra (John Wayne).

También fue humillado y ridiculizado el "estirado" Gregory Peck , en su  rol de elegante gentleman, en "Horizontes de grandeza; y no solo por su "enemigo natural", el vaquero rudo y fuerte (Charlton Heston), sino por su propia prometida, que le echará en cara su poca hombría, llegando a considerarle un cobarde.

No, en el buen western no se perdona la debilidad, no se admiten "idealismos sentimentales"; no se toleran a los miembros de la familia que deciden "no mancharse las manos" para dedicarse a las leyes y/o la política. En "Leyendas de pasión", el hijo que optó por dedicarse a la política (Aidan Quin) solo fue perdonado por el inflexible patriarca (Hopkins) cuando decidió coger el winchester, como Dios manda, para participar activamente en la defensa de la tierra y la familia. De manera parecida, en Yellowstone, Jamie, el hijo de Dutton con aspiraciones políticas, será estigmatizado y rechazado por traidor (por haber ido contra los intereses familiares por despecho); pero, sobre todo, será castigado y duramente humillado por su hermana Beth, la cual no solo se burlará de su falta de hombría y su manifiesta cobardía, sino que incluso llegará a agredirle verbal y físicamente. Para redimirse, Jamie será expulsado del hogar familiar (paraíso) y deberá comenzar a ganarse el pan con el sudor de su frente, trabajando en el rancho como un peón más, viviendo en el barracón junto a los demás vaqueros.

La tierra precisa de hombres rudos y fuertes, noble y leales, trabajadores y sacrificados; la tierra es en sí misma y constitutivamente "facha" (conservadora y tradicional), pues no puede permitirse ninguna debilidad. El western sabe esta cruda verdad y no titubea a la hora de mostrárnosla. En Yellowstone, por ejemplo, incluso la exuberante Beth (Kelly Reilly) es "más hombre", fuerte y ruda, que muchos hombres; bebe como un cosaco, folla como una meretriz sin complejos y pega ostias como panes.

Beth es una "igual entre iguales", una mujer inteligente y empoderada que no necesita ejercer de vulgar femimarxista para defender sus derechos. Beth es una mujer de la tierra y de los "suyos", de su familia y para su familia.


martes, 2 de marzo de 2021

LA REALIDAD DE LO VIRTUAL (también "duele")

INTRODUCCIÓN

Una de las cosas que más estoy disfrutando leyendo “Menos que nada” de Zizek es que, a través de su frikismo cinéfilo, me estoy descubriendo a mí mismo; estoy recordando películas que creía olvidadas, y me veo suscribiendo y “haciendo mías” (con matices y objeciones, por supuesto)  multitud de creativas y originales reflexiones y observaciones estético-ideológicas.

Viendo el documental “La guía perversa de la ideología” de Zizek recordé una película cutre de serie B que, sin embargo, me gustó mucho en su día. Se trataba de un film de culto de John Carpenter titulado “Están vivos”. Es cierto que Zizek, como no podría ser de otra manera, hace una interpretación anticapitalista de esta película. Pero, como reconoce el propio Zizek en “Menos que nada”, a Heidegger también se le puede interpretar desde la izquierda. Y si es lícito interpretar a Heidegger desde la izquierda, también se puede interpretar a Marx desde la derecha, o “volver a Marx del revés”, como hizo Gustavo Bueno para triturar al marxismo.

Lo que quiero decir, con tanta sinsorgada, es que el problema de la “vida inauténtica” se puede abordar tanto desde el concepto marxista de alienación como desde el concepto heideggeriano del “Das-man”. Diferentes perspectivas ideológicas para afrontar el problema del Ser, pero, sobre todo, para abordar un tema relevante para Zizek: “La realidad de lo virtual”.

LA REALIDAD DE LO VIRTUAL

La cuestión del Ser, hoy más que nunca, debe abordarse considerando las posibilidades de diferentes “modos de ser” que pueden manifestarse y actualizarse en la conciencia humana, sin que por ello, necesariamente, dichos “modos de ser” existan constitutivamente como ser-ahí en el ex-sistere (mundo).

Entender este galimatías es tan sencillo como comprender que todos sabemos qué es y cómo es un unicornio, pero los unicornios “no existen”. Este modo de ser virtual del unicornio, le convierte, de hecho, en una “ficción real” susceptible de ser operativa; un concepto o idea que, además de poder ser pensado o vivenciado en la conciencia, puede llegar a ser una verdad (pre-verdad) con capacidad de influir y/o transformar lo que existe fuera de la conciencia: el mundo y las sociedades humanas.

Bien, pues esta capacidad que tiene lo “virtual”, para poder ser operativo sin existir, es lo que le permite al ser humano descubrir un amplio abanico de posibilidades para interpretar su mundo, su realidad y todos los acontecimientos que en ella se suceden a través de lo que los griegos llamaron poiesis (creación artística). Y el cine es un medio perfecto para crear, mejor sería decir “re-crear”, convirtiendo lo que todavía no-es (pre-ser) en ser.

LOS TESTIGOS (película de 2003)

Y ahora sí, después de una larga introducción y una explicación, espero que clara, sobre lo que es “la realidad de lo virtual" estoy en condiciones, creo, de entender por qué me niego a ver determinadas películas o series de TV.

En no pocas ocasiones, no me place ver determinadas series de TV, que, por otro lado, resultan ser muy populares y comentadas en las RRSS (ej. "Chernobil", "Patria"...), lo  cual me insta a preguntarme sobre el “porqué” del rechazo tan claro y rotundo a estas series.

Pues bien, la respuesta, que ya intuía, me la ha proporcionado Zizek, a través de una genial interpretación de la película “The gathering” (2003), que, si no recuerdo mal, en España se tradujo como “Los testigos”. Curiosamente, y como me sucediera con “Están vivos”, he vuelto a rememorar esta película que me gustó mucho en su día, pero ya tenía olvidada.

El argumento de “Los testigos” es muy interesante; nos relata la existencia de un pequeño pueblo donde todos sus habitantes (atención spoiler!) parecen ser inmortales. Un investigador descubre que todos los rostros de los habitantes de ese pueblo aparecen en grabados, cuadros y documentos históricos a lo largo de diferentes épocas. ¿Pero por qué? ¿Qué explica la realidad de ese pueblo de “inmortales”? 

La explicación se hallará en un texto de Aristóbulo (obispo del S I dc):

Vinieron del este y del oeste, de la ciudad y la llanura. No en sagrada reverencia por nuestro Señor; sino en lujuria.

El texto hacía referencia a todos los “testigos” que acudieron, desde diferentes lugares, para ver a Jesucristo agonizar en la cruz; pero no por reverencia o amor hacia él, sino por lujuria, es decir, por el morbo enfermizo de ser testigos de su sufrimiento y dolor; para presenciar un acto cruel y horrible.

CONCLUSIÓN

En mi opinión, en todos los telespectadores que gustan de series como "Chernobil" o "Patria" (sobre el terrorismo de ETA), o que se deleitan con películas tan duras como "La naranja mecánica" o "Johnny cogió su fusil", subyace una insana curiosidad parecida a la de los "testigos" que acudieron a la crucifixión de Cristo. A través de la ficción y/o recreación de una realidad harto cruel y terrible, el telespectador participa y gusta de esa lujuria a la que se refiriera Aristóbulo. El sujeto, en su rol de "testigo", se obliga a ver películas como "Saw" instado por la curiosa morbosidad de comprobar cuánto horror, del de verdad, es capaz de transmitirle y hacerle sentir "una realidad virtual". 

Ser “testigos” de crueldades pretéritas (crímenes, guerras, genocidios...) o de horribles hechos (violaciones, mutilaciones...) a través de la ficción, vivenciándolos y actualizándolos en nuestras conciencias, nos libera de nuestras penas presentes. Pero también hay individuos que se relamen y disfrutan de escenas de ficción repletas de casquería, vísceras y sangre; escenas donde "otros" seres humanos son cosificado y despojados de cualquier vestigio de dignidad. Estos son los individuos que, en el parecer de Aristóbulo, acuden en lujuria para recrearse en el dolor ajeno.

Todos necesitamos vivenciar o experimentar sentimientos y emociones a través de ficciones virtuales. ¿Pero por qué vivenciar experiencias dolorosas a través de la ficción?

Personalmente, no veo cine “gore” o imitaciones de “snuff movies”; por las mismas razones que no he visto la saga de películas “Saw” o no he vuelto a ver determinadas películas enfermizas, patológicas o terriblemente dolorosas (“La matanza de Texas”, “La naranja mecánica”, “Johnny cogió su fusil”…).

No entiendo, por lo tanto, a los que acuden en lujuria para “vivenciar” experiencias tan dolorosa. ¿Para qué? La vida ya es suficientemente dura y cruel. Eso sí, que conste que me parece perfecto que cada cual pueda elegir cómo y con qué intensidad quiere sufrir a través de realidades virtuales... siempre que estas sean ficticias y no afecten a las libertades y derechos de terceros.