lunes, 9 de agosto de 2021

METAFÍSICA MARXISTA (el negro de VOX)

INTRODUCCIÓN

Karl Popper sostuvo que tanto el psicoanálisis como el marxismo, ambas teorías no falsables (no refutables), quedaban fuera del ámbito científico.
De esta manera, la teoría marxista, en el parecer de Popper, debería considerarse otra suerte de metafísica. Ortega y Gasset ya señaló que el marxismo era una "pseudomoral" y Bertrand Russell lo tildó de pseudofilosofía. Más recientemente, Gustavo Bueno le dio la vuelta del revés a Marx y dejó al descubierto todo su esencialismo metafísico.
¿Y AHORA QUÉ?
Los criterios de demarcación de Popper, para determinar qué cabe considerarse o no "ciencia", resultan incontestables a día de hoy. Podría concluirse que el SXX aprendió, definitivamente, que el estatus de ciencia no podía otorgársele al marxismo, teoría que no permitía ser falsada (refutada) porque ésta siempre rebatía las críticas contrarias con argumentos ad hoc.
Y, sin embargo, el marxismo, en tanto que religión, o metafísica si se prefiere, sigue muy vivo, mimetizado o "metamorfoseado", que diría López Laso, en otros nuevos "modos de ser" también internacionalistas, ahora llamados posnacionales y transnacionales (Habermas).
Pero, sobre todo, la esencia del marxismo, y su afán por reivindicar una única conciencia verdadera, puede apreciarse en las pretensiones, dogmáticas e impositoras, del actual globalismo multicultural; podemos detectarlo en el diseño de una gran agenda futura para el conjunto de la humanidad; un proyecto que bien podría considerarse un novedoso "poshumanismo" que se vale de nuevas técnicas antropotécnicas (Sloterdijk) para criar y domesticar al ganado humano.
LA PARADOJA HABERMASIANA
Viendo cómo, efectivamente, los actuales pastores del ser, ahora globalistas, han decidido implantar "su verdad" o conciencia auténtica a través de una masiva vacunación (terapia génica), resulta paradójico que Jürgen Habermas tildara de "joven fascista" a Peter Sloterdijk, por atreverse éste, precisamente, a señalar la posibilidad de que un nuevo poshumanismo (ver "Reglas para el parque humano") se valiera de innovadoras técnicas eugenésicas para "pastorear" al ganado humano y evitar la superpoblación del planeta.
Habermas reaccionó airado ante las especulaciones filosóficas de Sloterdijk, carentes de afán apologista, que revelaban la existencia de nuevas posibilidades de "pastoreo".
Quizá lo que le molestó a Habermas fue que Sloterdijk se acercara demasiado a la verdad; le molestó que alguien dijera en "voz alta" lo que la intelligentsia globalista lleva ya tiempo susurrando y cuchicheando a puerta cerrada: es necesario un nuevo orden mundial (reseteo de la vida tal y como la conocemos) y es necesario reducir el número de habitantes del planeta Tierra.
Pero no hay buen "pastor del ser" que no tenga una buena jauría de perros rabiosos prestos a silenciar a los últimos espíritus libres; no hay gurú espiritual que se precie que no tenga una numerosa legión de fieles dispuestos a corromper y pervertir la verdad.
El nuevo internacionalismo global (marxismo mimetizado) ha aprendido que para imponer su verdad debe combatir a la gran conciencia contraria (capitalista, tradicional y heteropatriarcal) a través de la acción erosiva (guerrillera) de multitud de pequeñas conciencias endiosadas que, como perros furiosos, ladran y muerden a todo aquel que ose alejarse del rebaño.
Estos perros y mamporreros varios (sobre todo periodistas del régimen, femimarxistas, podemitas y otras hierbas parecidas) aceptan, e incluso consideran legítimo, que una mujer sea agredida, si es de VOX. Se regocijan cuando un político como Ignacio Garriga es insultado y menospreciado, porque, aunque negro, cometió el pecado de pertenecer a VOX. Ponen el grito en el cielo si un hombre mata a una mujer, pero callan cuales putillas cada vez que una madre mata a su hijo.
Estos perros rabiosos señalan y boicotean a un rockero como Sherpa por defender el hecho serio de ser español; por decir algo tan de sentido común como que una nación debe preservar y defender sus fronteras de invasiones (como, por cierto, se recoge en nuestra Constitución).
Estos esbirros del nuevo orden mundial, que bloquean al disidente en las RRSS a las primeras de cambio o amenazan con "reventar" la cara" de su interlocutor (por "facha", faltaría más), son los dignos herederos del marxismo cultural; son los hijos de Adorno y de los ofendiditos de la Escuela de Frankfurt; son los que ladran reivindicando la supremacía moral de un pensamiento sensible, emocional y sentimental, a través del cual instrumentalizan y rentabilizan el victimismo, bien magnificándolo o, las más de las veces, inventándoselo.
Inventar victimismos, recuperar y actualizar agravios pasados, mentir y difamar, perseguir y boicotear al disidente, hasta que, incluso, Ignacio Garriga, al que llaman despectivamente "el negro de VOX" nuestras sectarias izquierdas, parezca más totalitario que el papito Stalin, por el mero hecho de militar en VOX, un partido demócrata y más constitucionalista que muchos constitucionalistas, que, por cierto, callan y miran para otro lado cada vez que socialcomunistas, tontilocos y hasta el último lerdo del pueblo, vulneran la legalidad institucional.

El nuevo "neomarxismo" campa por sus fueros, sin que nadie lo frene, por una España arruinada económica y moralmente. Y en Europa, los buenos y justos están acorralando, coaccionando y presionando a países como Polonia y Hungría para que abracen la fe verdadera de una ingeniería social que ha diseñado una agenda globalizadora a imagen y semejanza de sus sueños teleológicos (léase metafísicos).

martes, 8 de junio de 2021

UN MUNDO FELIZ (serie de tv “Brave New World”)


INTRODUCCIÓN

La serie de TV “Brave new world” está basada en la novela distópica “Un Mundo feliz” (1930) de Aldous Huxley. Pero la nueva versión de la obra de Huxley no es una fiel adaptación de la misma, sino una “interpretación” que no solo desarrolla algunas de las ideas sitas en “Un mundo feliz”, sino que abre nuevas posibilidades hermenéuticas para “imaginar” los orígenes de dicho mundo “feliz” y el porqué de su autodestrucción.

A continuación intentaré analizar y comentar, desde diferentes perspectivas psicológicas y ontológico-existenciales, las posibilidades especulativas que se abren a la realidad abierta, a través de la ficción, en la serie “Brave new world”. Pero primero será obligado exponer un breve resumen de la obra original de Aldous Huxley.

“UN MUNDO FELIZ” (resumen del libro)

La sociedad perfecta y feliz que muestra la obra de Huxley fue creada por Henry Ford, el cual articuló un sistema social a partir de la manipulación y control de una serie de herramientas antropotécnicas:

1)    Tecnología biogenética capaz de manipular las características de un embrión humano para decidir sus cualidades físicas e intelectuales.

2)    Condicionamiento a través de hipnopedia: aprendizaje a través del sueño durante la niñez.

3)    Administración de soma: drogas para erradicar la ansiedad y la angustia existencial de los ciudadanos.

4)    Libertad y permisividad sexual, para proporcionar goce a los ciudadanos y evitar, así, “actitudes y ritos” sociales no deseados, tales como la monogamia, la familia, el solipsismo y la acción creativa (arte, literatura, religión, amor…).

El uso de la ingeniería genética y el condicionamiento (hipnopedia o pedagogía a través del sueño) permitirá crear diferentes estamentos sociales (clases de personas) que garantizarán una división del trabajo exenta de luchas de clases.

Todos los ciudadanos serán felices en sus puestos de trabajo y aceptarán de buen grado las responsabilidades que les sean asignadas, acordes a su estatus jerárquico (establecido a través del alfabeto griego). Los ciudadanos Alfa, dotados de gran inteligencia y belleza física, ocuparán los puestos de dirección; los Beta, también muy agraciados físicamente pero con un cociente de inteligencia algo menor que los Alfa, serán más “neumáticos” (atractivos para los placeres sexuales) y ocuparán puestos técnicos también importantes. Los Delta, Gamma y Epsilon (últimos en el escalafón jerárquico) irán desempeñando los trabajos más manuales y con menos responsabilidad.

Los tres protagonistas principales de “Un mundo feliz” son:

Bertrand Marx, un Alfa de gran inteligencia, pero que muestra problemas de adaptación, posiblemente debido a un “fallo” durante el proceso embrionario que ocasionó que fuese más pequeño que la media de los Alfa. No se siente aceptado por las mujeres ni respetado en su cargo.

Lenina Crowe es la beta por excelencia, “neumática” (escultural, bella y especialmente dotada para practicar sexo), preocupada tan solo de satisfacerse a sí misma y a los Alfa, pero con más limitaciones intelectuales que Bernard.

Por último, está John, el salvaje, que fue concebido sexualmente por Bertrand Marx y su acompañante durante una visita a la reserva de los salvajes (territorio fuera del mundo distópico). La madre de John, al perderse en la reserva, no pudo regresar con Bertrand al mundo feliz y por ello debió vivir y criar a John en la tierra de los salvajes, donde le enseñó a su hijo a leer, sobre todo las obras completas de Shakespeare.

El conflicto surgirá cuando John arribe a la perfecta sociedad feliz, acompañando a Bertrand y Lenina, y enfrente sus valores, sus miedos, angustias y culpas, a las despreocupaciones de los satisfechos ciudadanos, produciendo, así, un grave choque cultural y entre conciencias.

Tras el conflicto cultural, también entre conciencias, que surgirá entre los principales protagonistas, Bertrand Marx acabará en el exilio por ser incapaz de adaptarse a la sociedad perfecta, en parte debido a las influencias de John, el cual se retirará a una zona solitaria y aislada para no relacionarse con los demás. Sin embargo, John, y a pesar de su retiro, acabará suicidándose.

Lenina, por su parte, se enamorará de John, pero no será correspondida por el mismo. Esto le generará nuevos sentimientos y emociones desconocidos para ella, pues jamás había tenido dificultades para mantener relaciones sexuales con cualquier hombre, aunque ya tuviera problemas en el pasado por mostrar tendencias monogámicas (relaciones sexuales con un mismo hombre durante un largo período de tiempo).

BRAVE NEW WORLD (la serie de tv)

Como ya anuncié en la introducción, la serie muestra algunas diferencias respecto a la obra original de Huxley, pero, en mi opinión, estas diferencias enriquecen la serie, pues ofrecen al espectador atento un amplio abanico de nuevas posibilidades interpretativas.

La serie de TV, hija de nuestra época, introducirá tecnologías actuales en el mundo feliz, tales como las Redes Sociales, que permitirán el contacto directo y permanente de los ciudadanos con una Inteligencia Artificial (Indra); una IA que no solo controlará y vigilará las vidas de los individuos cual si de un Gran Hermano se tratara, sino que, además, facilitará que cualquier ciudadano pueda seguir la vida cotidiana (Dasman y alienación) de los demás.

En la obra de Huxley se nos dice que la revolución fordiana (Henry Ford) fue la que permitió el desarrollo de una tecnología embrionaria para crear ciudadanos perfectos en una sociedad perfecta. Pero en la serie de TV (atención, spoiler) se nos revela una nueva verdad sobre el origen de cómo y por qué se fundó Nuevo Londres (el mundo feliz):

Tras el derrumbe de la civilización humana y un final apocalíptico, 10 científicos brillantes crean una Inteligencia Artificial llamada Indra, que les mantendrá a ellos con vida, en estado de “hibernación” y creará toda una obra de ingeniería social y arquitectónica (cual Matrix) para construir un mundo perfecto habitado por ciudadanos perfectos. Así, Indra (la IA) será en realidad una conciencia creadora (suerte de dios omnipotente y omnipresente) que dirigirá la sociedad feliz a través de las RRSS.

Mientras se desarrolla el proyecto de ingeniería social de estos 10 científicos, el resto de seres humanos, que sobrevivieron a la catástrofe apocalíptica, vivirá en condiciones de extrema pobreza en las tierras salvajes, en sociedades ancladas en el pasado y reconvertidas en una suerte de gran parque temático (que recuerda a la serie West World) donde sus habitantes (trabajadores) se dedicarán a representar, a través de actuaciones psicodramáticas y performances, cómo era la vida antes de la caída de la civilización.

Una diferencia importante entre la novela de Huxley y la serie de TV será, por tanto, el contexto donde se desarrolla la vida de los salvajes. En la obra de Huxley, las tierras salvajes eran reservas de indígenas donde todavía vivían humanos de una forma primitiva, celebrando ritos mágico-religiosos y ceremonias tradicionales (como el matrimonio), mientras que en la serie de TV las tierras salvajes aparecerán como barriadas obreras de los años 70-80. La civilización superviviente al apocalipsis (tierras salvajes) malvive en unas pésimas condiciones que, inevitablemente, nos recuerdan a la vida de los proletarios, víctimas del deshumanizado capitalismo, durante los primeros años de la revolución industrial.

La madre de John, en la obra original, enseñó a su hijo a leer a través de las obras de Shakespeare, mientras que en la serie de TV, la madre aparece como una mujer deprimida y dada a la bebida. Esta diferencia se me antoja importante, ya que el John de Huxley aparece como un “individuo ilustrado” inmerso en un contexto sociocultural adverso; un sujeto angustiado que vive en una sociedad donde sus cualidades intelectuales no son valoradas, provocándole sentimientos de “inadaptación y desarraigo”. Sin embargo, el John de la serie de TV aparecerá como un obrero alienado de los años 80s, un individuo mediocre, sin éxito en el amor, que vive con su madre borracha, angustiado en la rutina de su cotidianidad y que busca refugio en la música para evadirse de la realidad.

Otra diferencia importante entre la novela de Huxley y la serie de TV concierne al desenlace final. La obra original permite la perdurabilidad de la sociedad feliz, aunque sus principales protagonistas acaban fuera de la misma, Bertrand exiliado y John muerto tras suicidarse.

Sin embargo, la serie de TV opta por la autodestrucción (desde dentro del sistema a través de la IA, Heidegger humanismo anida el germen autodestrucción ) del mundo feliz, pero salvando a todos los protagonistas. Indra, tras sucesivas simulaciones de posibilidades algorítmicas, llega a la conclusión de que la única manera de erradicar por completo la infelicidad de los seres humanos es eliminándolos, y por ello decide reiniciarse (hacer tabla rasa) y comenzar una nueva simulación de otro mundo feliz, tras permitir la destrucción del primigenio.

PSICOLOGÍA DE LOS PERSONAJES

La serie de TV, como la novela original de Huxley, nos muestra a un Bertrand Marx sutilmente inadaptado, alguien que, a pesar de no encajar perfectamente en la sociedad perfecta, tiene la suficiente capacidad y autocontrol para simular y aparentar fingida felicidad. El personaje de la novela, sin embargo, evolucionará (tras su encuentro con John) hacia una actitud más radical, y una reivindicación de su Yo más libre y personal, que acabará costándole el exilio. Sin embargo, el Bertrand de la serie de TV, más pragmático, evolucionará hacia un cinismo existencial que le permitirá no solo evitar el exilio o el recondicionamiento (castigos para los inadaptados), sino que le facilitará erigirse en el nuevo líder de un nuevo Mundo feliz tras la caída y autodestrucción del mundo creado por Indra.

El personaje de John "el salvaje" es, en mi opinión, el más adulterado en la nueva adaptación televisiva de la obra de Huxley.

El John original, el del libro, es un individuo inmerso en el "sentimiento trágico de vivir"; una persona que ha leído y ha podido acceder al círculo de los alfabetizados gracias a su madre, que provenía de la feliz sociedad fordiana. La cultura adquirida a través de los libros convierten a John en un individuo de "conciencia alienada", un hombre de carne y hueso consciente de estar "fuera de lugar".  Y tal es su angustia existencial que, finalmente, acaba suicidándose.

Sin embargo, el John de la nueva versión televisiva es lo que podríamos denominar un "tipo vulgar"; un mindundis enamorado de una tía buenorra que se ríe de él; es un pringado que hace un trabajo de pringados y se siente fracasado. Este John ya no es un ilustrado alfabetizado, sino un alma sensible enamorado de la música que, en otro tiempo, escuchaba la gente antes de que la sociedad colapsara.

A través del "nuevo John", los guionistas de la serie han sabido ver, perfectamente, el signo de los nuevos tiempos. Si el John de Huxley era un individuo leído y racional, este John será hijo de la posmodernidad: un ignorante sentimental que se refugiará en la estética de la música para huir de su realidad cotidiana. El John posmoderno también es un individuo alienado, pero, además, se mostrará como un mediocre que reprime su frustración interior. Finalmente, la frustración acumulada acabará generando fuertes sentimientos de resentimiento hacia todos y contra todos. Su estancia en el mundo feliz, lejos de provocar un "recogimiento interior", como sucede en la obra original de Huxley, generará una creciente indocilidad rebelde  que acabará contagiando a los proletas (epsilones) del mundo feliz, los cuales, inspirados por su nuevo "líder" acabarán llevando a cabo una sangrienta revolución.

ANÁLISIS ONTOLÓGICO

La aporía (callejón sin salida) o paradoja que subyace en "Brave new world" es la misma que en su día señalara Heidegger: ¿cómo puede salvarse de sí misma la humanidad si en el propio seno de su endiosado humanismo anida el germen de su autodestrucción?

Heidegger concluyó que "solo un dios podría salvarnos". Y en la serie de TV será Indra, la IA, el análogo a un dios creador, omnisciente y omnipresente, quien se arrogará la potestad de decidir cómo y cuándo salvar, o no, a la utópica sociedad feliz.

Podríamos concluir que el John de Huxley presenta un perfil elaborado a partir de postulados existencialistas: un individuo que sufre y se recoge en sí mismo, mientras que el perfil del John televisivo se ajusta más a una interpretación marxista de la realidad: un individuo que sufre y decide rebelarse y transformar un entorno que considera injusto.

Huxley optó por la vía existencialista, pues su "salvaje" era profundamente heideggeriano, mientras que la serie de TV nos presenta a un salvaje proletario. Así, mientras el salvaje heideggeriano se recogía en sí mismo, huyendo de la sociedad feliz y viviendo como un eremita, el salvaje marxista, orgulloso y prepotente, propiciará la rebelión de los "epsilones" (clase obrera en el mundo feliz). 

El salvaje heideggeriano acabará suicidándose, mientras que el marxista acabará, ni más ni menos, que destruyendo a toda la sociedad "feliz". Al final, ninguna vía, ni la del recogimiento interior ni la revolucionaria, permitirá la salvación del individuo. Quizás por ello, Indra (a la postre un dios) decidirá salvar a la humanidad, pero después de permitir, primero, que la ya existente fuese destruida por la revolución epsilón. 

Vuelve a repetirse, de esta manera, el mito del diluvio universal: destruir para salvar, eliminar para volver a crear. La misma tesis marxista que hizo suyo el mito cristiano del "castigo divino" como modo de operar en la realidad: eliminar lo viejo (injusto) para construir una nueva sociedad, un "nuevo mundo" más justo y feliz.

Resulta inevitable no ver una "sutil crítica" al marxismo revolucionario; a la vía que opta por las acciones directas y que, a la postre, más que "salvar" y transformar una sociedad, acaba destruyendo a aquellos que desea emancipar y/o liberar.

UN MUNDO POSMODERNO (música vs literatura)

La nueva serie "Brave New World" realiza un cambio, respecto a la obra original de Huxley, que considero muy significativo: la apuesta por un nuevo poshumanismo, emocional y sentimental, frente al humanismo tradicional de Huxley.

El "salvaje" de Huxley pertenecía al "círculo de los alfabetizados", sabía leer, mientras que el "salvaje" de la serie de TV es un apasionado de la música. Pero no de cualquier música, sino de la música de "Lou Reed". La canción "A perfect day" se repite de forma constante a lo largo de la serie, como si fuese la biblia de un ferviente creyente, o de manera parecida a como el salvaje ilustrado de Huxley recurría a Shakespeare.

El nuevo humanismo ya no es racional (alfabetizado) sino emocionalmente irracional. La música y los sentimientos se erigen como una suerte de "guías espirituales" que acompañan a John en su melancólica y depresiva existencia, permitiéndole rehuir de la cotidianidad de su vida mediocre.




jueves, 27 de mayo de 2021

DE COJONES Y CHUMINOS (reflexión seria aunque no lo parezca)


INTRODUCCIÓN

Esta reflexión es una continuación más jocoso-transgresora (también pedagógica) de "Los nuevos dioses". Ver aquí: El sepulcro de Don Quijote: LOS NUEVOS DIOSES (los filósofos de la sospecha) (sanchopancesco.blogspot.com)
Desde que los pensadores de la sospecha: Nietzsche, Marx y Freud dejaran abierta la puerta de la duda, respecto a lo que es real, no han parado de proliferar “posmodernos” dispuestos a hacernos creer que la realidad es lo que dictaminan sus cojones, y no los hechos, nudos y testarudos, que se dan ante sus ojos. Así, la realidad y la verdad han quedado “desdibujadas”, cuando no descaradamente negadas, por nuevos valores morales transmutados, deconstruidos e interpretados hermenéutica y psicoanalíticamente.
Este nuevo “modo de ser”, en-y-con la sospecha, ha degenerado en un círculo vicioso de “interpretación y reinterpretación ad nauseam” que cuestiona la facticidad que se da en la realidad y, por tanto, también los hechos que en ella se consuman.
Las conciencias nacidas en la época de las “posverdades” han aprendido, desde la cuna, que la verdad ya no emerge de la realidad, sino de sus santos cojones, aunque las femimarxistas, como no podía ser de otra manera, insisten en que la verdad surge en realidad, desnuda y empoderada, del chumino.
MENTES POSMODERNAS
En verdad, las conciencias individuales de hoy no son más esquizofrénicas que las de hace unas décadas, pero han padecido, desde la cuna, una sistemática y constante preparación (manipulación y adoctrinamiento) para endiosarse y poder alcanzar una meta suprema: el empoderamiento del yo (atención a este concepto).
El yo empoderado es una suerte de nuevo dios, tan seguro de su verdad que no duda, ni por un instante, en dictaminar él mismo qué es realidad o ficción, verdad o mentira, bueno o malo…
Así son “las mentes posmodernas”, conciencias que se disfrazan de “almas bellas” o de “equidistancia buenrollera” que, en realidad, son diosecillas empequeñecidas que viven, también, en diminutas moradas de verdades hechas a la medida de sus sentimientos y emociones; de sus deseos en definitiva.
La labor de un perseguidor de "roedoreh", ahora reconvertido en guardián de la realidad material, consistirá en descubrir a estos replicantes (falsos hombres de carne y hueso) que se obstinan en negar la verdad, aquella que se desoculta en la realidad abierta, para, así, imponer la verdad surgida de sus cojones y chuminos.
DIME QUÉ VES
A un hermeneuta solo se le puede desenmascarar con más hermenéutica. De nada servirá mostrarle la realidad a través de la razón, es decir, a través de razonamientos argumentados y fundamentados. El “alma bella” y el “equidistonto”, entrenados en la sospecha, no atenderán a razones, sino a los deseos de sus santos cojones… o chuminos.
La evaluación consistirá en mostrarles una serie de imágenes que harán las veces de tests proyectivos (tipo Rorschach).
Primera imagen: la bandera de España.
Una persona sana, sin prejuicios ni resentimientos ideológicos, verá una tela con forma rectangular, con dos franjas rojas y una gualda, y en el centro el escudo constitucional.
Pues hete aquí que el equidistonto, autohipnosis consciente mediante, verá en su mente, en vez del escudo constitucional, una orgullosa águila de San Juan. La realidad no será lo que vea el sujeto en el ex-sistere (mundo exterior), sino el “modo de ser” que se manifieste y actualice como presencia real en su conciencia. Y él, nuestro equidistonto, no sólo verá un águila de san Juan donde no la hay, sino que, además, deseará fervientemente que la bandera rojigualda que ve sea una tricolor republicana.
Esta disonancia cognitiva (ya dediqué una reflexión a este tema) o incongruencia entre lo que realmente es el objeto y lo que el individuo desea que sea, provocará en el pequeño diosecillo una tremenda frustración.
¿Cómo superará la frustración este yo empoderado y contrariado?
MECANISMOS DE AUTOENGAÑOS
Lo que hará el “equidistonto”, contrariado y frustrado, será racionalizar sus deseos (vía psicológica) y construir argumentos falaces (vía filosófica o sofista) por tal de negar la razón de ser de la actual bandera española.
Racionalización psicológica: El sujeto equidistonto se autoconvencerá de que las banderas, en tanto que meros símbolos, no tienen, en realidad, ninguna importancia trascendental. Proclamará, cual cínico mentiroso, que las banderas no significan nada para él; a él, pequeño diosecillo, no le representa ninguna bandera, ni ninguna bandera le pone la carne de gallina ni le pone de pie (letra del grupo Barricada). Pero ¡oh, sorpresa!, a estos mismos equidistontos se les ve el cínico plumero cuando, traicionados por sus verdaderos sentimientos, rinden honores a una ikurriña.
Argumentación falaz: la mayoría de los equidistontos (falsos equidistantes) tiran de argumentos sofistas, siendo el más recurrente de ellos la analogía falaz, consistente en establecer una igualación entre dos realidades muy diferentes. Cuando un equidistonto, por ejemplo, os diga que la bandera española tiene la misma importancia, simbólica e institucional, que una ikurriña o una estelada, deberéis echar mano a vuestra browning dialéctica. Están igualando torticeramente el símbolo de una nación auténtica, con trayectoria histórica real, con los trapos de regiones que aspiran a ser naciones, pero no lo son ni nunca lo fueron.
CONCLUSIÓN
El caso de la bandera es perfectamente extrapolable a VOX o al propio concepto de España. El yo empoderado del equidistonto se negará a ver en VOX lo que realmente es: un partido democrático y constitucionalista, porque él “sospecha”, en su mente resentida y frustrada, que es fascista. Así, no dudará en establecer otra analogía falaz, igualando a un partido “limpio” como VOX con un partido lleno de “suciedad moral” (nido de violentos y asesinos, torturadores y secuestradores) como Bildu. Dirán, como tantos pseudointelectuales en España, que ambos partidos son igual de “malos” e indeseables.
Durante décadas, a partir de la Transición para ser más exactos, también España ha sido negada como nación real, y todo porque un puñado de tontilocos, con la ayuda de los equidistontos del PSC (caso de Cataluña), se han obcecado en negar la realidad de los hechos, con tal de, así, imponer sus deseos y hacer reales sus naciones ficticias a través de políticas de facto, que están dispuestas, incluso, a vulnerar la legalidad. ¡Por sus cojones!

sábado, 1 de mayo de 2021

PSICOSOFÍA (nueva propuesta analítica)


INTRODUCCIÓN
No nos engañemos, cuando una parte importante de la ciudadanía de nuestro país desprecia o infravalora el hecho serio de ser español, o ningunea la importancia de sus símbolos patrios (pongamos por caso la bandera), resulta evidente que en dicha actitud subyace un desapego afectivo; un distanciamiento (falta de identificación) entre el Yo (biogenético) del ciudadano y su mundo circundante (lugar de nacimiento en este caso).
El origen de la desafección de muchos españoles hacia su nación habría de buscarse, sin duda, en la clase de persona que es cada individuo; es decir, en la biogenética de su Yo. Ni la historia común ni las circunstancias particulares de cada sujeto explicarían, por sí solas, la génesis de sentimientos y emociones a favor o en contra de determinados apegos ; ni explicarían tampoco la adhesión a determinadas ideas y/o creencias. Existen factores biogenéticos a priori (psicológicos y biológicos) que, al modo de los conceptos puros kantianos (espacio y tiempo) son necesarios para hacer posible el conocimiento y la generación de emociones y sentimientos.
Por supuesto, las circunstancias históricas y personales (familiares y sociales) también moldearán las preferencias y gustos estéticos, a la postre también ético-morales. Pero, insisto, el carácter (perfil psicológico) del individuo tendrá un peso más que relevante a la hora de desarrollar "apegos afectivos".
DIALÉCTICA DEL YO
En unas circunstancias ambientales asépticas, donde la superestructura (cultura, medios de información y educación) no estuviese bajo el dominio y control de una determinada ideología, cada individuo, impelido por su Yo (creencias, sentimientos y motivaciones), optaría libremente por "hacer suyo" aquel credo religioso y/o político que fuese más afín a su particular modo de ser.
Pero nuestro Yo, libertad en acción en términos fichteanos, no es un "absoluto", sino un absoluto-relativo en constante pugna dialéctica entre el sujeto y el objeto; entre nuestro Yo y sus circunstancias, entre Dasein y mundo; entre ser-en-sí y ser-ahí en/con "lo otro". Nuestro Yo está en eterno conflicto consigo mismo y con "lo otro" (objetos en el mundo) y, por tanto, es también una Idea en constante construcción. De hecho, el Yo es un constructo inexistente, una idea hipostasiada carente de materialidad corpórea, pero que supone en sí mismo un modo de materialidad (M3 en la ontología General de Gustavo Bueno) necesaria para poder operar en y con el mundo.
El psicoanálisis consideró una dialéctica del Yo cuyo funcionamiento, en mi opinión, es análogo a la dinámica de la conciencia o fenomenología del espíritu hegeliano.
LAS DOS ESPAÑAS (y los dos Machado)
En los albores de la Guerra Civil española comenzó a recrudecerse la dialéctica entre dos conciencias antagónicas (burguesa y proletaria). Pero entonces, y a pesar de lo explicado por Marx en "El manifiesto comunista", la superestructura burguesa-capitalista no disponía de la fuerza adoctrinadora y manipuladora que hoy, por ejemplo, ostenta el populismo socialcomunista; es decir, sí existía una verdad institucionalizada al servicio de los intereses de una clase social: la conciencia burguesa. Pero dicha conciencia se preservaba más a través de la coacción operativa del Estado que por la existencia de una conciencia espiritual colectiva. No existía una "conciencia de clase burguesa", porque no existía una superestructura adoctrinadora de masas orientada a crear entre la ciudadanía una conciencia de clase burguesa.
Dicha superestructura burguesa daba por hecho que su verdad no podía cuestionarse, hasta que, por supuesto, apareció el marxismo postulando la supremacía de una nueva conciencia proletaria que reivindica su derecho a ser; su derecho a consumarse operativamente como nueva posibilidad del Ser. De manera parecida, nadie se cuestionaba el hecho de ser hombre o mujer hasta que apareció la conciencia de la ideología LGTBI; y ningún hombre se cuestionaba si era realmente un machista violador al servicio del heteropatriarcado hasta que el femimarxismo construyó "su verdad" de odio y resentimiento para, así, cosificar y culpar al varón de las injusticias existenciales (por cierto, ¿qué es justo o injusto?).
La ciudadanía española de entonces, en su mayoría analfabeta y, por tanto, ajena a los efectos adoctrinadores de escuelas y medios de comunicación (revistas y diarios de la época), carecía de "conciencia de clase", no era de derechas ni de izquierdas. Fue, por tanto, la élite ilustrada del momento, formada y con acceso a medios de información, la que se posicionó a favor o en contra de una u otra conciencia; a favor de una u otra España (la nacional vs la roja); y lo hizo en función de la idiosincrasia de su particular Yo, sus sentimientos, voliciones y motivaciones, jamás convencida por las bondades de los argumentos y fundamentos de las diferentes ideologías en lid (subrayo enfáticamente esta observación que se me antoja gran verdad).
Sería interesante realizar el perfil psicológico de las élites intelectuales de aquel difícil período histórico; comprobar hasta qué punto no solo las graves circunstancias del momento determinaron sus posturas ideológicas, sino también sus respectivas biogenéticas o, en palabras de Ortega (que también fueron las de Fichte), hasta qué punto tomaron partido en función de la clase de personas que fueron.
Baste tan solo, a modo de rápida ilustración, echar un vistazo a lo sucedido en el seno de la propia Escuela de Madrid. Muchos discípulos de Ortega y Gasset, liberal y republicano, devinieron socialistas, como María Zambrano. Otros, como García Valdecasas, que fundaría el Frente Español (donde también militó Zambrano antes de ser seducida por el socialismo), devendrían falangistas; caso también de Laín Entralgo.
Las circunstancias históricas fueron las mismas para todos ellos, cierto. Y todos ellos, discípulos de Ortega, fueron en su mayoría republicanos (caso también de Valdecasas) y/o liberales antes de devenir socialistas o falangistas. Entonces, ¿qué determinó que la herencia liberal-conservadora y republicana de la Escuela de Madrid se diluyera en la nada?
Pues la causa fue la irrupción de una nueva conciencia dispuesta a presentar batalla en el claro del bosque; una conciencia proletaria que reivindicaba su derecho a ser despreciando y cosificando, con soberbia prepotencia, al resto de conciencias; conciencias que no solo eran burguesas y/o liberales, sino también anarquistas. Solo UNA podía ser la conciencia verdadera. Había surgido un nuevo supremacismo totalitario, disfrazado de teoría de la liberación, que se arrogaba estar destinado a emancipar a los oprimidos; había nacido un nuevo credo religioso.
Pero lo sucedido en la Escuela de Madrid, la escisión del liberalismo republicano en nuevas formas ideológicas (socialismo y falangismo), también aconteció incluso en el seno de las propias familias; individuos que convivían en común , con valores también comunes, y con unos mismos lazos afectivos, tuvieron que optar por una de las nuevas conciencias.
Una de esas familias fue la familia Machado.
Los hermanos Antonio y Manuel Machado se me antojan la metáfora perfecta de las dos Españas que se enfrentaron en nuestra fratricida Guerra Civil. Antonio Machado dio en llamar "las dos Españas" a los dos bandos, republicanos y nacionales, que defendían diferentes ideas y, por tanto, también hicieron suyas diferentes verdades.
Una lectura precipitada, errónea en mi parecer, señalaría la génesis del conflicto en las diferencias circunstanciales entre clases sociales (teoría marxista) y, por tanto, también en los condicionantes históricos. Pero lo sucedido en la Escuela de Madrid, así como en otros círculos de intelectuales y en las propias familias, demuestra que, al final, cada Yo individual, instado por su particular modo de ser; modo de pensar y de sentir, eligió en función de la clase de persona que era.
Antonio y Manuel eran hermanos que no solo compartían una misma herencia genética, sino también unas mismas circunstancias socio-económicas (familiares) e históricas. Los dos eran hijos de los mismos padres y de un mismo tiempo, pero ellos optaron por ser fieles a verdades distintas, a diferentes posibilidades del Ser que se abrían en la realidad.
¿Por qué?
Porque los hermanos Machado, como la generalidad de los españoles de su generación, se vieron obligados a elegir entre dos opciones ideológicas, antagónicas y aparentemente irreconciliables entre sí; ideologías que se fundamentaban, respectivamente, en dos sustantivaciones o ideas hipostasiadas: la idea de nación vs la idea de internacionalismo. En este sentido, tanto el nacionalismo como el internacionalismo marxista podrían (deberían) considerarse ideologías idealistas.
Sin embargo, un análisis más minucioso, racional y realista, permitirá descubrir importantes diferencias entre ambos "idealismos", sobre todo a partir del raciovitalismo orteguiano y el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno.
EL NACIONALISMO, entendido como el apego a la nación (lugar donde se nace); y comprendido también como religación a la patria (tierra de los padres) se fundamenta a partir de la pertenencia, dominio y control de la capa basal que es la tierra, el espacio-materia que ocupa un individuo desde que sus padres lo traen al mundo. Esta es una fundamentación vital y materialista, perfectamente compatible con la propuesta raciovitalista de Ortega y Gasset. También el MF (materialismo filosófico) de Gustavo Bueno fundamenta la realidad material y corpórea de la nación, como la tierra o sustancia (capa basal) a partir de la cual se construye y articula una sociedad.
EL INTERNACIONALISMO MARXISTA, paradójicamente argumentado a partir de los materialismos histórico y dialéctico, se sustenta, sin embargo, a partir de una fundamentación idealista (esencialista), pues proclama como fin último de la historia del ser humano la desaparición de las naciones (aspiración a un ideal). El marxismo postulará que el análisis científico de la historia demuestra la existencia de una clase proletaria; una clase oprimida, en todo el mundo, que carece de patria y solo podrá emanciparse o liberarse haciendo suya una conciencia internacionalista o de pertenencia al conjunto de la humanidad (una teleología muy parecida a la propuesta católica).
Nacionalismo y socialismo, o patria y justicia social si se prefiere, son Ideas sustantivadas; son abstracciones virtuales (modos de ser en las conciencias) que permiten operar con y en el ex-sistere, para permitir el control y el dominio de la naturaleza, del mundo en definitiva.
Se trata, siempre, de una dialéctica de control y dominio, y no tanto de una dialéctica entre clases sociales, como reconoció el propio Jürgen Habermas. Y de la clase de persona que seamos, como bien supo ver Ortega, y no dependiendo de la clase social a la que pertenezcamos, dependerá que dos hermanos, con una misma genética y criados en un mismo contexto histórico, y en el mismo ambiente familiar, decidan hacer suyas una u otra ideología (léase Verdad).
PERFILES PSICOLÓGICOS
No disponemos de los perfiles psicológicos de los hermanos Machado, pero me atrevería a pronosticar, conociendo sus apegos ideológicos, qué rasgos de carácter configurarían, probablemente, sus respectivas maneras de ser.
Una primera clasificación nos la facilitaría la dialéctica dualista existente entre optimistas antropológicos, más dados a ensoñaciones idealistas, y los pesimistas antropológicos, más apegados a la realidad de la tierra.
Si partimos de la máxima de Fichte (que yo considero cierta y difícil de rebatir): "De la clase de persona que seamos dependerá la filosofía que escojamos", podremos pronosticar, como decía, que el hermano más realista, conservador y responsable con la salvaguarda de su legado histórico-cultural fue Manuel, que se adhirió al bando nacional. Antonio Machado, más soñador e idealista, buscaría en el internacionalismo marxista una religación con el Absoluto (sentido histórico) para, así, hallar el Santo Grial de la justicia social.
También podríamos afinar mucho más si supiéramos de la presencia de determinados rasgos de personalidad que permitieran diferenciar los perfiles de los hermanos Machado, pero no es el caso.
Dos formas de ser, dos maneras de pensar y de actuar; dos opciones vitales en principio legítimas, ni buenas ni malas, pues cada una de ellas está justificada racionalmente, argumentada y fundamentada. Estos dos modos de ser, como otros modos de ser, tales como el anarquista o el liberal, son inevitablemente morales, pues no hay razonamiento humano que no implique, al tiempo, una elección ético-moral que nos obliga a preguntarnos "cómo actuar".
LA NEGACIÓN DEL APEGO A LA TIERRA (desterrar las banderas y las naciones)
La pregunta que quedó planteada en el punto anterior fue : ¿Cómo actuar? ¿Cómo debemos conducirnos con el prójimo?
No vamos ahora a retrotraernos a la moralidad judeocristiana ni a la ética kantiana, pues nos bastará con reconocer que la nación política nació en Francia, junto a la república de ciudadanos libres (1789). República (gobierno de ciudadanos) y nación (tierra de los ciudadanos) tuvieron un origen político común en Occidente; un origen que podría remontarse a la aparición de las polis griegas, donde surgió la democracia, y que culminó con la revolución francesa. Según las tesis de Gustavo Bueno, con la Revolución Francesa aparecieron las primeras izquierdas definidas, la jacobina (republicana y nacionalista) y la liberal (nacionalista aunque no necesariamente republicana).
A partir de entonces, las sociedades occidentales entendieron que no cabía otra manera de actuar con el prójimo que respetando sus derechos y libertades y, por tanto, articulando la nación política en torno a un Estado democrático.
Muchas cosas sucedieron tras la revolución francesa, sobre todo reacciones del Antiguo Regimen absolutista que, en toda Europa, se negaba a desaparecer. Se tuvieron que librar, por tanto, muchas guerras, todas ellas abanderadas por liberales apegados a sus respectivas naciones, hasta que el marxismo tomó el relevo por considerar ¿necesario? sustituir nacionalismo por internacionalismo.
El marxismo se introdujo en la sempiterna lucha entre absolutistas y liberales, arremetiendo, al tiempo, contra ambos, es decir, proclamando la justicia social sobre el subyugador regimen absolutista, pero también negando el apego a la tierra, a la patria, a aquellos liberales republicanos que también eran nacionalistas. El conflicto entre conciencias estaba servido.
El marxismo, con exceso de celo prepotente y señorial, negó y condenó los vínculos sentimentales que unían a los ciudadanos a su lugar de nacimiento (nación), obligándoles, leninismo operativo mediante, a que abrazaran la nueva fe internacionalista. La esquizofrenia marxista fue, entonces, rápidamente respondida por nuevos movimientos políticos reaccionarios que se negaron a abandonar su tradicional modo de ser democrático liberal, republicano y nacional. Dichos movimientos, por pura reacción defensiva ante las hostilidades del comunismo impositor, mutaron en nacionalismos supremacistas (fascismo y nacionalsocialismo).
La dialéctica en el claro quedó, así, definida por el enfrentamiento entre dos supremacismos; el comunista y el nacionalista.
¿QUÉ SIGNIFICA, HOY, SER "´NACIONALISTA"?
Significa, sobre todo, ser reaccionario ante las amenazas externas que hacen peligrar la integridad de la nación. Ante las amenazas de una Izquierda reaccionaria subversiva (socialcomunista), que ha vulnerado la legalidad institucional y ha traspasado UNILATERALMENTE peligrosas líneas rojas, solo cabe articular y dar forma a una fuerza antagónica, también reaccionaria, desde la Derecha (liberal-conservadora).
No cabe ninguna otra respuesta posible para poder equilibrar las fuerzas políticas en la balanza del "juego democrático", ya que solo desde un equilibrio de fuerzas se podrían "consensuar" acciones políticas (constitucionales) para hacer frente a las antivitales e idealistas propuestas marxista-leninistas, actualmente disfrazadas bajo los ropajes de populismos socialcomunistas.
Por tanto, la actitud irresponsable de nuestras Izquierdas Ilustradas, despreciando y deslegitimando a una de las fuerzas en lid (la liberal-conservadora), solo pone de manifiesto sus sesgos ideológicos o preferencias estéticas, a la postre ético-morales, a costa, precisamente, de traicionar los principios de la "democracia deliberativa" que tanto dicen defender; a costa de abandonar conscientemente, y cinismo mediante, las argumentaciones racionalmente fundamentadas.
La irrupción de VOX en la política española ha sido de extrema necesidad para garantizar un óptimo "equilibrio ecológico"; es decir, para evitar que, ante la ausencia de un número suficiente de depredadores, las RATAS se multipliquen sin freno y lleven a la nación a la ruina total y definitiva.
A la nación no se le puede pedir (memos aún exigir) que, voluntariamente, acepte su aitoinmolación vital, que claudique ante la vida y permita, cobarde y resignada, que otra forma de vida, otro modo de ser o verdad, ocupe su lugar. Al contrario, la nación debe ser protegida, porque la conciencia espiritual inherente a la entidad nacional solo puede pervivir en tanto un amplio Yo colectivo la hace suya y, por tanto, está dispuesto a defenderla y preservarla de sus enemigos.
De hecho, no existe la ideología nacionalista, como tampoco existe la "ideología masculina", pues pertenecer a una nación, como nacer hombre o mujer, es una verdad dada a priori en la que el individuo no puede elegir entre ser o no ser; ser o no ser español, ser o no ser hombre.
La idea de nación, como toda idea, es una hipóstasis o sustantivación de un concepto etéreo. Por tanto, "el ser de una nación" es una abstracción o modo de ser "virtual" que se manifiesta y actualiza como modo de ser real en la conciencia (habrá nación si el ente colectivo cree en la nación). Pero no bastará la manifestación (creencia) de dicho modo de ser real en una única conciencia individual para que ésta alcance el rango de Verdad. La idea de nación (y de pertenencia a la misma) solo puede pervivir temporal o históricamente a través de una conciencia colectiva que la haga suya y, por tanto, la institucionalice como Verdad (Dios o Ser) que deba preservarse a través de una Constitución nacional.

CONCLUSIÓN
Así pues, la lucha que actualmente se está librando en el claro del bosque (Lichtung heideggeriano) tiene como contendientes enfrentados a dos ideologías supuestamente materialistas (socialdemocracia habermasiana vs liberalismo nacionalista), que, en el fondo, y aunque lo nieguen ambas, se fundamentan en creencias espirituales (esencialistas), pues ambas pretenden imponer sus respectivas conciencias o acepciones en torno al "sentido del Ser": cómo ser humanos o, dicho con mayor crudeza, cómo se ha de civilizar (criar y domesticar) al ganado humano. En definitiva, ambas conciencias pretenden decirnos qué valores ético-morales serán buenos y cuáles serán malos.
El idealismo habermasiano (esencialista al cabo) fue magistralmente desenmascarado por Gustavo Bueno, pero, no nos engañemos, porque, por más que el padre del MF pretendiera superar la metafísica inherente a la razón de ser (sentido) de las entidades nacionales, éstas también están inevitablemente impregnadas de espiritualidad (sentido y/o razón de ser) y necesitan, como los dioses, fieles creyentes que la defiendan de enemigos externos.
La batalla cultural no es entre un materialismo (socialdemocracia habermasiana) vs un esencialismo (nacionalismo liberal-conservador) sino entre dos esencialismos, el primero taimadamente oculto y enmascarado (marxismo) y el segundo orgullosamente desnudo (liberal-conservador).

jueves, 29 de abril de 2021

HABERMAS, CONSTITUCIONALISTAS (y la espiritualidad marxista)

INTRODUCCIÓN

Gustavo Bueno decía que no había que entender el concepto de “espíritu” como el análogo al pneuma de la filosofía griega (concepto mitológico) sino como un subproducto dialéctico en relación a la materia.

La idea de espíritu en filosofía se desarrolló a partir de la escolástica, considerando la existencia de un acto puro o ser inmaterial, análogo al primer motor inmóvil de Aristóteles, que, siendo causa de sí mismo (no creado por nada ni por nadie) era origen y creador del universo material.

La filosofía escolástica identificó este primer espíritu (motor inmóvil aristotélico) con la idea de Dios (ser inmaterial). Desde entonces, la filosofía occidental ha identificado todo lo referente a lo espiritual con esencialismos e ideas y/o mundos suprasensibles (alienos al mundo material).

Así, cuando el marxismo se reivindicó materialista cometió el error, o la trampa (como yo sostengo), de negar la sustancia espiritual en aras de mejor reivindicar un materialismo puro. Negó, en definitiva, el carácter metafísico de su pseudofilosofía, como la definió acertadamente Bertrand Russell.

LA METAFÍSICA MARXISTA

Llevo mucho tiempo insistiendo en señalar que el marxismo también es un esencialismo; intentando demostrar, a partir de un primer pre-sentimiento intuitivo que siempre me ha acompañado, que toda religión y/o filosofía o ideología están impregnados de inevitable metafísica.

Finalmente, al acceder a la obra de Gustavo Bueno, encontré la que considero la mejor argumentación que fundamenta y explica la presencia de la idea de espíritu, entendiéndola como un subproducto que surge, inevitablemente, a partir del proceso dialéctico material.

EL ESPÍRITU VIVENCIADO

Lo que viene a sostener Gustavo Bueno, salvando las diferencias con el existencialismo sartriano, es que el espíritu no es una esencia a priori, sino que, en tanto que subproducto surgido de las relaciones dialécticas materiales (transformaciones operativas y manipulativas) de los seres humanos, aparecerá, dentro de la materia ontológica general, como un género de materialidad M2 (ensoñaciones y sentimientos vivenciados). Las ideas, por tanto, tienen la cualidad de vivenciarse en la conciencia individual, antes incluso de llegar a ser; es decir, antes de consumarse como verdad o realidad en el ex-sistere, en el mundo.

Así, si un cristiano vivencia la idea de Dios como un modo de ser real, manifiesto y actualizado en su conciencia, un marxista, de manera parecida, vivencia y hace suya (presente en su conciencia) las ideas hipostasiadas (abstractas y virtuales) de justicia social o sociedad ideal.

Vivenciar virtualmente una idea, sentirla, en definitiva, significará hacerla nuestra; significará apoderarnos del espíritu, razón de ser y/o esencia de la misma, para consumarla operativamente en el mundo real.

Tradicionalmente hemos relacionado la espiritualidad con lo religioso y lo místico, negándonos a aceptar el carácter espiritual de determinadas ideologías. Resulta paradójico porque, precisamente, ideología es un concepto que etimológicamente significa conjunto de ideas (creencias y valores) que decidimos hacer nuestros, preservándolos y defendiéndolos. Y estas ideas son siempre virtuales, es decir, son sentimientos que vivenciamos en nuestras conciencias como modos de ser reales.

IMPLICACIONES POLÍTICAS

A menudo leo, sorprendido, a gente anónima, pero también a sesudos intelectuales, preguntarse cómo es posible que nuestras izquierdas (las que padecemos en España) sean tan dogmáticas y sectarias.

Y, paradójicamente, nuestros pensadores de cabecera, leídos marxistas que conforman nuestras izquierdas ilustradas, siempre ven la paja en el ojo ajeno; es decir, siempre ven esencialismos”peligrosos en aquellas ideologías que se fundamentan a partir de entidades nacionales. Y claro, esta visión borrosa, hemipléjica y sesgada, les insta a combatirlas como las cochambres políticas, morales e intelectuales que consideran que son. ¡Joío Arcadi Espada!

Otro tanto sucede con lo que consideran malas izquierdas; esas izquierdas extravagantes y divagantes que G. Bueno considerara indefinidas, y que el capo de los constitucionalistas habermasianos (Félix Ovejero) ha dado en llamar reaccionarias. Nuestros constitucionalistas también combaten a estas izquierdas que se han dejado seducir por las ensoñaciones (espirituales) de los nacionalismos periféricos, pero lo hacen con la boca chica, porque, al cabo, estas izquierdas son sus díscolas hermanas ideológicas. Al final, como dejó bien claro Mikel Arteta, siempre será mil veces preferible el comunismo divagante y extravagante de Podemos que el liberal-conservadurismo de VOX. Cuestión de afectos tempranos o, si se prefiere, de modos de sentir y vivenciar nuestra propia espiritualidad (ideología).

A menudo solemos decir que las izquierdas, en general, se han arrogado una superioridad moral que les permiten legitimar cualquier acto criminal o vulneración de la legalidad, por miserable que estos sean. Hemos visto en Cataluña cómo Podemos (mil veces preferible a VOX) apoyaba el golpe de Estado del secesionismo. Hemos visto a Pedro Sánchez blanquear, e incluso cantar las excelencias, de Bildu, partido filoterrorista. Pero no pasa nada, todo se acepta, se justifica o se soporta como un mal menor, porque peor sería que gobernara la malosa derechona. ¡Por favor!

Pero lo más frustrante de todo ha sido comprobar cómo nuestras izquierdas ilustradas, a pesar de sus tan cacareados centrismos equidistantes, al final siempre acaban tirando pal monte, como las cabritillas marxistas que son. Al final siempre acaban magnificando y sobredimensionando mucho más las reacciones legítimas de VOX (el cartel de los menas angelitos) en un sempiterno intento, inmoral y descarado, por igualar a los agresores (quienes matan a españoles por llevar tirantes con la bandera de España) con quienes defienden sus derechos y libertades; comparando a quienes apedrean al adversario con quienes, orgullosos, se fuman un puro mientras la chusma roja le increpa. ¡Habrase visto tanta chulería facha! ¡Eso sí que no!

Y esto es, realmente, lo que no soportan los discípulos de Habermas: el orgullo de quienes se sienten españoles, porque, como decía Arteta en su defensa del patriotismo constitucional, hay que ser españoles pero sin mostrar orgullo por ello. Claro que sí, guapis, porque la única estética, moral al cabo, buena y justa es la de los cínicos habermasianos; la moral de esos centristas que creen haberse despojado de cualquier atisbo de esencialismo espiritual y que, sin embargo, son más creyentes que el nacionalista más acérrimo.

CONCLUSIÓN

La paradoja que subyace en nuestras izquierdas ilustradas, siempre prestas a combatir los dogmatismos de “los hunos y los hotros” es que, como bien señalaran Adorno y Horkheimer, ellas mismas han mutado en una Razón Ilustrada supremacista, intransigente y celosa de su verdad, que lo mismo penaliza a Polonia por defender su nación y su catolicismo, que no duda en mentir para cosificar y/o deslegitimar a la conciencia contraria (VOX). 

Y cuando la realidad no tiene su correspondencia aristotélica con las proposiciones falaces y prejuiciosas que enarbolan, porque no se ha demostrado que VOX sea un partido de “ultraderecha”, entonces se convierten en sofistas. Entonces, cuando la terca realidad no se compadece de sus sospechas y prejuicios, no dudan en instrumentalizar la realidad fáctica, a la que tanto les gusta referirse, utilizando el pensamiento sensible y la hermenéutica psicoestética para interpretar palabras y hechos (de nuevo el cartel de VOX) según los dictados de su ideología. Tradúzcase: según las creencias espirituales de su ideología religiosa que les permite creerse, por ejemplo, que la patria es el lugar donde se está a gusto (puro sentimentalismo), y no la tierra de nuestros padres y el lugar donde se nace (materialismo realista).