viernes, 26 de mayo de 2023

La DICTADURA PERFECTA (película sobre política y medios informativos)

INTRODUCCIÓN

Hace unos días, por casualidad y vencido por el aburrimiento, vi una película que me gustó bastante; una película mejicana titulada "¡Que viva México!

Así, como el que no quiere la cosa, descubrí al director de cine Luis Estrada y a los geniales actores Damián Alcáraz, Alfonso Herrera y  Joaquín Cosío.

"Que viva México! es una buena película, quizá excesivamente larga, pero entretenida y desternillante en no pocos momentos. La fotografía es preciosista y los paisajes y la ambientación están muy cuidados.

Motivado ante semejante hallazgo, me dispuse a ver más películas de Luis Estrada y descubrí un puñado de joyas cinematográficas de gran valor: "El Infierno", "La ley de Herodes" y "La dictadura perfecta".

En la película "El Infierno" brilla singularmente el personaje de "Cochiloco", interpretado por Joaquín Cosío. El film cuenta con un brillante guión - una bien hilvanada historia de narcos- y, de nuevo, una genial fotografía y escenas de acción muy logradas. Película muy recomendable.

"La ley de Herodes" cuenta la historia de un político de segunda división que es enviado por el partido a ejercer como alcalde en un pequeño pueblecito perdido en la nada. La película retrata muy bien la mutación del inocente e inexperto politico, al principio ingenuo y honrado, hasta convertirse en un despiadado mafioso corrupto. Esta genialidad no tiene desperdicio.

Pero, parafraseando al ya desaparecido y célebre Paco Umbral, en esta entrada he venido a hablar de "La dictadura perfecta".


LA DICTADURA PERFECTA

¡Peliculón! 

La historia que cuenta "La dictadura perfecta" es la crónica cruda, desagarradora y desesperanzadora, de la realidad mejicana; la realidad de una nación sometida al poder de narcos, políticos corruptos y medios de comunicación vendidos al mejor postor.

Pero "La dictadura perfecta" (2014), y esto es lo que me resultó más doloroso al descubrir esta joya cinematográfica, también retrata fielmente la realidad de la política española.

El golpe-moción de Pedro Sánchez en 2018 supuso la culminación de un asalto al poder, en complicidad con el golpismo catalán, que traspasó todas las líneas rojas habidas y por haber. España, desde aquel momento, ha estado sometida a una sutil dictadura mucho más perfecta que la que retrata la película mejicana.

La desgarradora cinta de Luis Estrada describe cómo, en perfecta comunión, la política y los medios de comunicación se ponen de acuerdo para hacer pasar por "verdad" burdas mentiras que, en principio, ni el más tonto podría creerse.

Sin embargo, como se verá a lo largo de la película, y merced a las artimañas de una poderosa cadena de televisión, la realidad no sólo se tergiversará, sino que se reinventará y construirá al servicio de los intereses del poder político de turno. 

Hay una significativa escena en la que un taimado periodista, maestro en la manipulación de la realidad, le señala a un político que uno de sus casos de corrupción se está convirtiendo en trending topic en las RRSS. Y el político, sin inmutarse pero muy cabreado, le responde:

"Yo me paso los trending topic por los cojones. Los pendejos de mis electores sólo ven la televisión".

Y he ahí una cruda verdad que conoce muy bien el sanchismo: lo importante no es tanto controlar las RRSS, que también, como RTVE.

El sanchismo ha entendido perfectamente cómo funciona el cinismo posmoderno, pero, sobre todo, ha entendido que lo tiene que hacer, para implantar la dictadura perfecta, es dominar y controlar los medios de comunicación.

Esto también lo sabía muy bien Podemos, que no tardó en pedir la Secretaría del Estado de Telecomunicaciones como pago a su alianza con el PSOE. Pero Sánchez fue más listo y sólo permitió que Pablo Iglesias tuviera acceso a las comisiones internas del CNI. Total, a Sánchez le importaba y le sigue importando una higa la seguridad nacional, como ha demostrado con sus recientes genuflexiones y claudicaciones ante Marruecos,

Sánchez prefirió que Podemos tuviese acceso a importantes cuestiones (y secretos) de Estado antes que cederle el control de los medios informativos. Una decisión muy significativa que nos da la medida de lo que el sanchismo considera verdaderamente importante: controlar y dominar la opinión pública.


LA DICTADURA SANCHISTA

Nada más consumar el golpe-moción, Pedro Sánchez se dedicó a depurar mandos del ejército y las Fuerzas de Seguridad y, acto seguido, colocó a dedo a Rosa María Mateo en el cargo de directora de RTVE (Radio Televisión Española).

Se suponía que Rosa María Mateo sólo debería ocupar el cargo durante unos meses, pero acabó estando tres años manipulando la televisión pública de todos los españoles, para mayor gloria de Sánchez y su gobierno de mediocres inmorales.

Desde que Sánchez llegó al poder ya no hizo falta seguir disimulando. Ya antes, el tándem formado por Zapatero y Gabilondo, dejó al desnudo la cruda verdad que revelaba que los medios de comunicación de España estaban al servicio del pérfido PSOE.

Zapatero, ante un micro abierto, le reconocía a Gabilondo (periodista) que había que seguir tensionando a la ciudadanía desde los medios de información, porque eso les beneficiaba.

EL PSOE podía lograr, a través del control de los medios de información (RTVE y prensa escrita) que se magnificara el robo de unas cremas faciales (caso Cifuentes), pero, al tiempo, sabía cómo ocultar sus propias verdades incómodas (caso Delcy, EREs andaluces...).

De hecho, el dominio y control de los medios de comunicación le permitió al PSOE sobredimensionar las corruptelas del PP (algunas ridículas, como las de Camps o Rita Barberá) y tapar, al tiempo, sus múltiples y más graves trapos sucios, y los de sus aliados (ya nadie habla del caso Pujol).

La verdad no desvelada no es verdad; y lo que no se visibiliza nunca puede llegar a ser verdad. Así de simple y efectivo, porque, como bien señala la cinta mejicana, la mayoría de los pinches electores continúa fiándose de lo que se diga en la televisión.

Pero, como ya he señalado, mi intención es demostrar que la actual dictadura implantada por Sánchez es mucho más perfecta que la que retrata Luis Estrada en su película, que es una dictadura cimentada en la alianza entre políticos y periodistas.

La dictadura de Sánchez es mucho más perfecta, porque no sólo controla RTVE, sino también la generalidad de la prensa escrita y las RRSS. Y lo más importante, el sanchismo tiene comprado a todo el cine español.

De hecho, la dictadura sanchista es tan perfecta que, a día de hoy, resultaría imposible filmar una película tan valiente y honesta como la de Luis Estrada.

Y es este hecho, la imposibilidad de filmar una película como "La dictadura perfecta", el que, precisamente, demuestra que la dictadura sanchista es mucho más perfecta que la mejicana. 

CONCLUSIÓN

En España no existe el cine disidente, porque ya hace muchos años que el cine español se vendió a los dictados de la "verdad progre".

Durante años, el cine español se ha dedicado a hacer películas adoctrinadoras y sectarias sobre la Guerra Civil, cuando no mediocres películas palomiteras, ahora también con obligados contenidos LGTBI y woke.

Hacer en España una película crítica y valiente, como la mejicana "La dictadura perfecta", sería imposible, porque en España sí estamos viviendo una auténtica dictadura perfecta; tan perfecta que ni siquiera a través del cine se cuestiona la "verdad progre"; tan perfecta que los adversarios políticos son agredidos sin que los medios de información se hagan eco de dichas agresiones; tan perfecta que nadie ha impedido los recientes fraudes electorales, a través del voto por correo, cuando todo el mundo sabía de las intenciones de Sánchez al tomar al asalto el control  de numerosos organismos estatales (Correos, Indra, CIS...).

La dictadura perfecta es aquella en la que se está preparando un pucherazo electoral, a la vista de todos, pero nadie hace nada por evitarlo. Tal es la impotencia y sometimiento de la ciudadanía española.




domingo, 21 de mayo de 2023

SUPREMACISMO SOCIALDEMÓCRATA (crítica a Gustavo Bueno)

RAZÓN SUPREMACISTA vs RAZÓN DEMOCRÁTICA (crítica a Gustavo Bueno)

INTRODUCCIÓN

El Antiguo Régimen fue un sistema socio-político injusto que aceptaba las desigualdades sociales (sociedad estamental) y concentraba todos los poderes en las figuras de un monarca absolutista y la Iglesia. Fue un sistema fundamentado en una razón supremacista legitimada y justificada por designio divino.

Gustavo Bueno, en su libro “El mito de la izquierda”, consideró que fue en el año 1789, con el derrocamiento del Antiguo Régimen (a partir de ahora AR), cuando apareció la nación política y con ésta aparecieron las “izquierdas”, seis generaciones de izquierdas que se definirían a lo largo de la historia por su oposición al AR.

Pero me gustaría señalar, aunque resulte una obviedad, que estas primeras izquierdas, que defendieron la igualdad a través de la razón ilustrada, fueron izquierdas liberales que, no lo olvidemos, lograron la igualdad jurídica entre ciudadanos a través de leyes que emanaban de Estados democráticos y de Derecho.

TERMINOLOGÍA CONCEPTUAL en “El mito de la izquierda” de Gustavo Bueno.

Gustavo Bueno, en su libro “El mito de la izquierda”,  distinguió 6 generaciones de izquierdas definidas:

1ª -Izquierda jacobina: republicana y nacional.
2ª- Izquierda liberal: nacional pero no necesariamente republicana.
3ª- Anarquismo: surgió en la I Internacional y fue contrario al Estado-Nación (prescindirá del Estado operativo). Sus parámetros no fueron reales sino idealistas, pero su proyecto libertario y universal realizó una reconstrucción de la historia a través de una racionalidad holizada (concepto clave, como veremos más adelante, para considerarlo dentro del grupo de las “izquierdas definidas”).
4ª- Socialdemocracia: aparecerá en la II Internacional y recuperará el proyecto del Estado nacional.
5ª- Comunismo: emergió en la III Internacional  y apostó por una “patria socialista” internacional con aspiración de universalidad.
6ª -Maoísmo: se dio en China y fue, de hecho, un particularismo comunista.

NACIMIENTO DE LA IZQUIERDA

Gustavo Bueno consideró que la izquierda nació espacial e ideológicamente con la culminación de la Revolución Francesa (1789); una revolución que posibilitó, a su vez, el nacimiento de la nación política. La izquierda lo es, precisamente, porque durante las asambleas revolucionarias defendían los postulados igualitarios (contrarios al Antiguo Régimen) y se sentaban (ubicación espacial) a la izquierda de la cámara.
La derecha, por tanto, también quedó definida espacial e ideológicamente, como contraria a aceptar la nueva realidad que representaba la nueva nación política constituida por ciudadanos libres e iguales.

Las dos ideas fundamentales que defenderán las izquierdas, desde entonces, serán la igualdad y razón: la búsqueda del igualitarismo (igualdad entre ciudadanos) a través del uso de una racionalidad holizadora (transformadora).

IGUALITARISMO: no debe entenderse como búsqueda de un “igualitarismo utópico”, sino como búsqueda de igualdad jurídica (primeras izquierdas) e igualdad social (izquierdas posteriores).

RACIONALIDAD HOLIZADORA: consistirá en categorizar la historia (racionalizarla) a través de la lógica para explicar las transformaciones sociales como la que tuvo lugar, por ejemplo, durante la Revolución francesa, cuando el AR devino nación política compuesta por individuos iguales entre sí (ciudadanos).

* Matiz importante: según Gustavo Bueno la razón de la izquierda debe definirse siempre desde la razón científica, evitando así “esencialismos” metafísicos.

NACIÓN POLÍTICA

La nación política, como ya se ha dicho, surgió de un Estado pre-existente; surgió del Estado del Antiguo Régimen, en el 1789 y como consecuencia de la transformación del AR en un Estado-Nación. La nación política no se definirá desde la biología (dónde se nace) ni desde la etnia (raza) ni desde rasgos históricos-culturales, pues es una república laica de ciudadanos. Así pues, el primer parámetro o idea funcional de la izquierda, su primer valor, será ser una izquierda política, nacional y republicana. Más tarde, a través de un proceso de racionalidad holizadora, las primeras izquierdas se cuestionarán la idea de Estado y elaborarán proyectos sin Estado (anarquismo) o el proyecto de un Estado inter-nacional (marxismo). De hecho, el socialismo es anterior al marxismo, pero será la ideología marxista la que dará forma a un socialismo-estatal.

TESIS que defenderé:

“Sin liberalismo sólo hay diferentes formas de supremacismos ideológicos”

Desde el momento en que desaparece el AR y se acepta la igualdad jurídica entre ciudadanos, desaparece, de facto, el supremacismo inherente a la monarquía absolutista, es decir, desaparece la creencia, sustentada por el sistema político-social del AR, de que la desigualdad entre los hombres provenía del designio divino. La derrota de este primer “supremacismo” supuso el triunfo de la razón.

Sin embargo, como hoy sabemos, el concepto ideológico que es la Razón Ilustrada también puede mutar en razón instrumental (ver Adorno y Horkheimer), es decir, puede erigirse en verdad incuestionable y absoluta orientada a servir los fines últimos de una determinada ideología; dicha razón instrumental, aunque disfrazada de demócrata y/o científica, también podría devenir supremacista y acabar imponiendo políticas totalitarias.

La crisis (me niego a utilizar el término "pandemia") que generó el Covid19 reveló una gran verdad: las supuestas democracias occidentales, apelando a una razón científica, articularon una serie de políticas totalitarias, cuyo claro objetivo fue conseguir el control y dominio de la población.

En definitiva, lo que hizo la razón instrumental occidental fue pervertir y/o prostituir, como se prefiera, a la razón científica, manipulando y falseando los postulados de la metodología de la ciencia.

Según la tesis que defenderé, será supremacista cualquier ideología o acción política que, a pesar de defender una sociedad de ciudadanos iguales a través de una racionalidad holizadora, se erigiese, para ello, en única y verdadera conciencia, es decir, mutara en supremacismo ideológico análogo al del AR.

Así pues, yo no clasificaría las ideologías surgidas tras el AR como “izquierdas definidas” o “izquierdas indefinidas”. No lo haría en base al posicionamiento espacial que ocuparon los revolucionarios y defensores del AR durante la Revolución Francesa. Dicha clasificación, por más que pretenda definir conceptoses una cuestión ontológica que, como reconoce el propio Bueno, no ayuda en el momento actual a identificar de forma clara quiénes son los verdaderos enemigos de la libertad. Así, los fascistas siempre seguirán siendo “los otros”, porque siempre habrá una izquierda más a la izquierda que su predecesora.

PROPUESTA DE CLASIFICACIÓN

Yo propondría corregir la clasificación taxonómica de Gustavo Bueno de esta manera, respetando el orden cronológico, pero sin referirme en absoluto al concepto “izquierda”, diferenciando, así, a los sistemas e ideologías sustentados en razones supremacistas de aquellos otros constituidos por razones democráticas.

La clasificación sería la siguiente:

1- Supremacismo absolutista del AR
2- Liberalismo
3- Anarquismo
4- Socialdemocracia
5- Supremacismo marxista, del cual surgirán tres  ideologías que, a su vez, compartirán semejanzas y diferencias:
                     -Supremacismo comunista
                     -Supremacismo fascista
                     -Supremacismo nacionalsocialista
.

Obsérvese que solo el liberalismo, el anarquismo y la socialdemocracia, además de otras formas híbridas como el socioliberalismo, no atentan contra las libertades de los ciudadanos en aras de perseguir utópicos fines últimos.

El supremacismo del Antiguo Régimen, por ser el único que emanó directamente de la Gracia Divina (Dios), no necesitó justificarse a sí mismo. Sin embargo, los demás supremacismos, todos surgidos a partir de la conciencia marxista, no tuvieron más remedio que justificar sus prepotentes y señoriales conciencias a través de la razón
No importará, en mi opinión,  y al contrario de lo que pensara Gustavo Bueno, que dichas razones tuviesen pretensiones “científicas” (marxismo) o se fundamentaran en la tradición y la cultura (fascismo y nacionalsocialismo). En todos los casos la razón fue pervertida o instrumentalizada para lograr determinados fines; en todos los casos, por tanto, dichas conciencia pecaron de supremacismo al negar al resto de conciencias, es decir, al negar las libertades individuales, pues todas ellas comparten dos fundamentales puntos en común: son antiliberales y antidemocráticas.

CONCLUSIÓN

La historia, el devenir histórico, no concluyó con la caída de la URSS. Pareciera que, tras la caída del régimen soviético, ya no pudieran surgir en Occidente nuevas razones supremacistas.

Y, sin embargo, la crisis del Covid19, primero, y más recientemente la guerra ruso-ucraniana, nos ha mostrado el rostro más totalitario de las democracias deliberativas; democracias de los buenos y justos, no lo olvidemos, que confinaron inconstitucionalmente a sus ciudadanos, les coaccionaron y enmerdaron (como reconoció Macron) y les obligaron a llevar mascarillas en espacios abiertos y desérticos, campos y playas.
Hoy, las democracias deliberativas empobrecen a sus ciudadanos; destruyen, consciente e intencionadamente, a las clases medias y legislan contra la propiedad privada. No dudan, estas democracias, en institucionalizar leyes sectarias y partidistas, como la Ley de memoria histórica y la Ley de Violencia de género, en una España que, de facto, está sufriendo las consecuencias de una razón supremacista que alcanzó el poder a través de un golpe-moción bien orquestado.

¿Y qué decir de Europa?

Baste ver a Europa rendida a los intereses de los EEUU, rindiéndole pleitesía al títere Zelensky, para comprobar cómo los nuevos pastores del ser se sirven de una guerra para acabar de destruir los últimos cimientos de una Europa próspera y libre; una Europa que pretenden convertir en Eurabia.
Vemos, de nuevo, una razón supremacista pervirtiendo determinados postulados científicos, referentes a la ecología y climatología global, para imponer políticas totalitarias y cercenadoras de derechos y libertades.
El supremacismo marxista de antaño, fundamentado a través de un supuesto materialismo científico, ha mutado en un supremacismo socialdemócrata que no duda, de nuevo, en vestirse con ropajes científicos, para, así, legitimar sus políticas totalitarias.

La ciencia de hoy, por decirlo clara y crudamente, se ha convertido en la puta de los nuevos supremacismos teleológicos (agenda 2030) e ideológicos (LGTBI, ecologistas, animalistas...). 
La justificación científica lo mismo ha servido para un roto que para un descosido; tanto para cercenar derechos y libertades en nombre de la ecologia (cambio climático) como para imponer medidas  totalitarias durante la crisis sanitaria del Covid19.
Pero si la ciencia no se doblega a los dictados de las ideologías queer, entonces, tanto peor para la ciencia. Porque a la ciencia, como a la prostituta, se la utiliza (instrumentaliza) cuando conviene, pero, cuando está de más, es negada y despreciada.

domingo, 14 de mayo de 2023

COMISARIOS POLÍTICOS Y MENTES ABIERTAS

INTRODUCCIÓN

Últimamente he estado viendo películas bélicas no estadounidenses, sobre todo películas alemanas, rusas y chinas.

El cine alemán sobre la II GM, por ejemplo, nos ha regalado cuatro magníficas joyas:

- Die Brücke (El puente, 1954)

- Stalingrado (1993)

- El hundimiento (2004)

- Sin novedad en el frente (2022)

Los alemanes son, en mi opinión, los europeos que han hecho hasta la fecha el mejor cine bélico sobre la IIGM. 

Sin embargo, en la presente reflexión voy a comentar dos películas bélicas producidas en el este de Europa (Estonia y Rusia), pues ambas, y de forma muy explícita, se atreven a explicarnos la "intrahistoria", que diría Unamuno, que formó parte del pasado común de los países que estuvieron integrados en la ya extinta URSS.


COMISARIOS POLÍTICOS

No recuerdo que en ninguna película bélica sobre la IIGM, que fuese anterir a 1990, se introdujera en las tramas argumentativas la figura del comisario político soviético.

Pero, como decía, he descubierto dos películas europeas donde, además de inteligentes guiones, espléndidas escenas de acción y acertados vestuarios y ambientaciones, se reflexiona sobre la importancia de la figura de los comisarios políticos, personajes claves para entender realmente cómo Stalin pudo vencer al más organizado y superior ejército alemán e imponer un régimen tiránico, basado en el miedo, en todo el territorio soviético.

"1944" : este es el título de la película bélica producida en Estonia en 2015, una fecha relativamente reciente.

La película nos cuenta la intrahistoria, tan olvidada por el cine estadounidense, de Estonia; un país que quedó dividido al estallar la IIGM y cuya población fue reclutada tanto por la Alemania nazi como por el ejército soviético.

Las motivaciones para alistarse en uno u otro bando fueron muy dispares entre los jóvenes estonios. Muchos jóvenes se alistaron en el ejército alemán tras comprobar cómo la URSS, una vez controlado y dominado el territorio, expropiaba las tierras de los pequeños campesinos y enviaban a Siberia a quienes se oponían. Por supuesto, tambien había muchos jóvenes estonios que se alistaban para combatir al "fascismo".

En una brillante escena de la película se produce un significativo diálogo, cargado de connotaciones político-ideológicas, entre dos jóvenes.

El joven idealista le decía a su compañero que la lucha, en realidad, era contra el "fascismo": 

- No podemos luchar junto a los fascistas,  proclamaba seguro de su verdad.

- Pero tú siempre serás un "burgués" para los soviéticos, le contestaba el otro. Recuerda que parte de tu familia está en Siberia y la otra vive atemorizada y vigilada por los comisarios políticos.

Esta escena refleja perfectamente cómo un irresponsable idealista, ebrio de sueños poéticos, puede llegar a ser un perfecto tonto útil obcecado en tirar piedras contra su propio tejado; contra su propia familia y contra sí mismo. Un joven, hijo de una familia campesina con tierras, que se dejaba arrastrar por el relato ideológico de los resentidos, hasta el punto de luchar no sólo contra sus propios intereses, sino contra su propia razón de ser.

Pero no todos los jóvenes se alistaban voluntariamente, sino que muchos eran obligados a alistarse en uno u otro ejército, dependiendo de qué bando dominase el territorio ocupado.

Uno de estos jovénes alistados forzosamente será elegido por un comisario político para que ejerza de chivato entre sus compañeros y delate a los desafectos con el regimen soviético. Lo primero que le preguntará al joven será por su afiliación al partido, pareciéndole muy bien para sus objetivos que el joven no estuviese afiliado, pues ello podría despertar recelos entre sus compañeros. A continuación, instará al joven para ejerza de testigo contra su capitán, acusado en un tribunal militar por haber cometido el delito de negarse a ejecutar a unos compatriotas estonios durante una refriega.

La crítica contra la figura de este comisario político es brutal, describiendo acertadamente la manera de manipular, coaccionar y ejercer su poder tiránico, no sólo contra los disidentes, sino contra los oficiales que no mostrasen demasiadas afinidades con "el partido".

"La gran ofensiva: 1942": una valiente e inteligente producción rusa de 2019, donde es más que evidente que los rusos intentan entonar un tímido mea culpa por su pasado soviético, pero sin zaherir demasiado (todavía quedan muchos nostálgicos comunistas) y permitiendo que los dos "malos" de la película, un comisario político y un subteniente de contraespionaje, acaben redimiéndose de sus pecados.

El comisario político asignado a un pelotón de soldados no sólo será el encargado de "motivar" a la tropa, sino que deberá vigilar el "pensamiento" de sus camaradas, evitando el derrotismo y las declaraciones contra el régimen soviético. 

La película comienza, prácticamente, con una ofensiva contra unas trincheras alemanas, con el comisario empujando a los "rezagados" a la primera línea de fuego, exponiendo su propia vida, todo hay que decirlo, sin un atisbo de cobardía. Ahí se destaca también la acción heróica de un soldado veterano, risueño y buen camarada, que permite tomar las trincheras enemigas.

A lo largo de la película, el comisario vigilará e interrogara, de forma más o menos velada, al capitán de la compañía, ingeniero en su anterior vida civil, y al "filósofo", un soldado que trabajaba como panadero antes de la guerra.

Como también sucediera en la película de Estonia, "1944", el comisario comenzará preguntándole al capitán por su afiliación al partido:

- No, no estoy afiliado, contesta el capitán. No es obligatorio estar afiliado, ¿verdad?

- No, no es obligatorio, le confirma el comisario político.

Pero, a partir de ese momento, el comisario pondrá al capitán en su "lista negra" junto al filósofo, al que descubrió soltándoles a sus compañeros una disertación patriótica "prorusa", que no prosoviética.

El "filósofo" les había confesado imprudentemente a sus compañeros que él fue profesor de  filosofía en la universidad antes de la revolución bolchevique, pero tras el triunfo del comunismo tuvo que dejar el cargo y trabajar como panadero. No da más explicaciones sobre el porqué de ese "cambio" en su vida laboral, pero a continuación se desinhibe catárticamente y "baja la guardia", reconociéndose como un nacionalista ruso:

- Rusia perdurará, pero no así la URSS. Cuando la URSS ya haya desaparecido, Rusia seguirá siendo una nación grande y fuerte.

Más tarde, con la película ya bastante avanzada, llegará un subteniente de contraespionaje cruzando las líneas enemigas. Entonces se producirá una situación surrealista, casi caricaturesca, cuando un avión alemán lanza unos panfletos de propaganda sobre las trincheras. 

Los soldados rusos ni se inmutarán ante la lluvia de propaganda enemiga, pero el comisario político y el subteniente de contraespionaje se pondrán literalmente histéricos, amenazando a todos los soldados con un consejo de guerra si leían los panfletos.

El comisario, nervioso y desesperado, se hace con una pequeña carretilla y, junto a unos soldados, se pone a recoger frenéticamente todos los panfletos de las trincheras.

Los soldados se quedan atónitos y no dan crédito ante tanto despropósito. La actitud en exceso exagerada del comisario político les asombra y lleva a un soldado a exclamar:

- Resulta increíble comprobar la poca confianza que tienen en nosotros.

Efectivamente, ni el comisario político ni el subteniente de contraespionaje, que veía traidores y espías por todas partes, confiaban en la lealtad de los soldados. Y por ello no dudan en registrarlos a todos para asegurarse de que ninguno de ellos había guardado panfletos.

Pero hete aquí que descubren que el risueño soldado veterano, el valiente cuya acción heróica permitió tomar las trincheas alemanas, había guardado unos panfletos para utilizarlos como papel para liar tabaco.

De nada le servirán al soldado sus excusas ni la defensa encendida de su capitán, pues el comisario y el subteniente decidirán llevarle a un consejo de guerra por su inocente y pueril acción.

No sigo para evitar spoilear a quien esté interesado en ver la película.


MENTES ABIERTAS

A veces, para matar el tiempo, veo series que no me entusiasman demasiado, pero que al no exigir demasiada atención para seguir sus simplones argumentos, me permiten quedarme dormido en el sofá sin temor a perderme nada importante (la edad no perdona).

Una de estas series es Star Trek: Enterprise, entretenida pero en exceso insulsa y predecible.

Pero, como ya he dicho en alguna ocasión, incluso entre las ficciones cinematográficas más mediocres pueden encontrarse preciosas perlas de tanto en tanto.

La perla que encontré el otro día, viendo Star Trek, fue un breve diálogo, insuficientemente desarrollado, entre el capitán Archer y su segunda al mando, la vulcaniana T´Pol.

El capitán debía decidir si confiar en una nueva civilización que habían descubierto en los confines de la galaxia:

- Yo soy de mente abierta - reconocía el capitán-  y creo que debemos darle una oportunidad a esta nueva cultura.

- En ocasiones, tener la mente abierta - le contestaba la racional y lógica vulcaniana- se confunde con creer en las verdades que queremos creer.

Y ya está, allí se acabó tan jugoso diálogo, sin que ninguno de los dos personajes profundizara en el hondo significado que encerraba la frase de la teniente T´Pol: 

Tener la mente abierta, en ocasiones, se confunde con creer en aquello que queremos creer.

No sé si los guionistas fueron conscientes de la genial pincelada filosófica, incluso ontológica, que, como el que no quiere la cosa, colaron a través de un breve diálogo aparentemente intranscendente.

Sólo dos frases bastaron para que la racional y lógica T´Pol dejara al desnudo las flaquezas del pensamiento idealista del capitán Archer, ese "Pensamiento Alicia", terriblemente posmoderno, contra el que nos alertara Gustavo Bueno.

Efectivamente, muchos de nuestros intelectuales, que se dicen progresistas, gustan de autoproclamarse individuos tolerantes y de mentes abiertas, pero sus mentes, en realidad, no están abiertas a la Verdad, sino a sus verdades; a aquellas verdades, en su parecer buenas y justas, en las que ellos desean creer.

El pensamiento racional y lógico de T´Pol, que bien pudiera haberlo expresado el propio Gustavo Bueno, alertaba al capitán Archer de su proceder inconsciente e irresponsable, dispuesto a arriesgarse guiado por sus deseos, y no por la realidad y los hechos objetivos.

Y la realidad, los hechos objetivos y la lógica, demandaban prudencia ante una situación desconocida. Pero, claro, el futuro siempre es un gran desconocido y quien no arriesga no gana. ¿Acaso no arriesgaron los conquistadores españoles cuando se lanzaron a la aventura de descubrir las Américas?

Las series de la ficción, por supuesto, siempre deben apostar a favor del idealista que se obliga  a creer en los mundos de Yupi. No puede ser de otra manera, porque hay que mantener vivas la intriga y la aventura, el misterio que nos insta a descubrir lo desconocido. Si la teniente T´Pol se obligara, en cada capítulo de la serie, a seguir su racional lógica vulcaniana, no habría ficción que desarrollar.

Así debe ser en la ficción, ya sea cinematográfica o novelada, pero ¿también debería ser así en la realidad del mundo en el que ex-sistimos? 

¿Tienen derecho nuestros políticos de mente abierta, como el capitán Archer, a poner en riesgo nuestras vidas y el porvenir de las futuras generaciones, en aras de consumar sus diferentes ensoñaciones ecológicas, animalistas, de género... porque ellos creen en "verdades" en las que quieren creer?


COMISARIOS POLÍTICOS DE MENTES ABIERTAS (conclusión)

Y así ha sido, viendo películas bélicas y una serie mediocrilla como Star Trek, como mi mente febril, no se si abierta o cerrada, ha establecido o descubierto, como se prefiera, la estrecha relación que existe entre nuestros actuales comisarios políticos y el hecho de que todos ellos, como el capitán Archer, se jacten de ser individuos de mentes abiertas.

Ahora en Europa, y como en tiempos de la extinta URSS, estamos siendo vigilados y coaccionados por comisarios políticos al servicio de la nueva agenda 2030, una suerte de nuevo internacionalismo, ahora globalista, que no duda en someternos a los dictados de sus políticas inconscientes e irresponsables.

Los nuevos comisarios políticos, títeres en realidad de poderes mucho más siniestros que amenazan las soberanías nacionales, son Von Der Leyen, Sánchez, Macron y Trudeau, pero también lo son Feijoó y hasta el último mono que luce en la solapa de su chaqueta la chapita multicolor con el logo de la pérfida Agenda 2030.

Desde luego, los nuevos comisarios políticos son más refinados, más taimados y astutos que aquellos individuos chuscos y dogmáticos que, en tiempos pretéritos, estaban al servicio del partido comunista de la URSS. Nuestros políticos actuales, todos ellos de mentes abiertas,  han aprendido a disfrazarse con los ropajes de los buenos y talanteros demócratas para, así, engañar a unas masas adormeciadas y aborregadas. Porque sí, porque la Verdad, los hechos nudos, tercos y obstinados, ya no importan, sino que sólo importan las verdades globalistas en las que ellos creen y en las que pretenden hacernos creer.

A los díscolos disidentes ya no se los llevan a Siberia, sino que los enmerdan y putean, como hicieron Macron y Trudeau a todos los ciudadanos que se negaron a recibir una inoculación experimental. Ya no les obligan a afiliarse al partido único, porque todos los ciudadanos europeos, sin ser conscientes de ello, están ya, de facto, afiliados al único partido globalista que está imponiendo en toda Europa, a través de políticas de miedo, presión y coacción, su siniestra hoja de ruta: seremos felices sin tener nada.

¿Tan difícil es poder ver lo que está sucediendo delante de nuestras narices?


martes, 11 de abril de 2023

LA CONTRADICCIÓN KANTIANA (España y VOX))


INTRODUCCIÓN

La irrupción de VOX en la escena política española ha sido “escandalosa”, pero no tanto por “inesperada” como por “epatante”. 

A VOX ya se le esperaba desde hacía mucho tiempo, es más, casi se podría decir que todos los necios de las izquierdas más retrógradas se conjuraron para que un partido como VOX tomara forma y legitimara a través de la razón (la diosa Razón) la necesidad de su ser-ahí, en la maltrecha, vilipendiada y mancillada nación española.

Para mí, pero, lo “escandaloso” de VOX no radica en el hecho de que su aparición, como sostienen las almas más cándidas del ingenuo humanismo, suponga una resurrección de los fantasmas del fascismo. Falso, VOX es un partido demócrata y liberal-conservador. 

Lo escandaloso de VOX, en mi opinión, viene dado por su capacidad para atemorizar a tirios y troyanos; a constitucionalistas y golpistas, a “buenos y justos” socialdemócratas y a provincianos tontilocos, a izquierdas liberales acomplejadas (PP y C´s) y a equidistantes de toda la vida.

Entender a VOX, su razón de ser (justificación y legitimidad) requerirá contestar dos preguntas claves:

1) PRIMERA PREGUNTA:

¿Qué ha sucedido para que aparezca en la escena política española un partido como VOX? 

En realidad, sería mejor reformular la pregunta de esta manera: ¿qué NO ha sucedido en España para que haya tenido que aparecer un partido como VOX?

La respuesta es sencilla: NO ha sucedido nada que frenara el apetito insaciable de los particularismos de cualquier pelaje. NO se ha defendido de forma eficaz y operativa nuestro Estado de Derecho durante décadas. Se vienen permitiendo, desde la Transición, sucesivas vulneraciones de la legalidad institucional (violaciones de la Constitución) en aras de “contentar a los eternos descontentos” (¡Ay, Julián Marías, si alguien te hubiese prestado algo de atención!). 

Los sucesivos gobiernos de España NO han cumplido con el deber y la obligación (imperativo constitucional) de salvaguardar la unidad e integridad territorial de la nación española. Como consecuencia de esto, los gobiernos del PSOE y PP, junto a los provincianismos más desvertebradores, NO han evitado que fuesen pisoteados los derechos y libertades de cientos de miles de españoles, asediados y acorralados en zonas rebeldes (principalmente en Vascongadas y en la región catalana).

Esta primera pregunta era fácil de responder y hasta el Tato, que no pasa por ser muy listo, sabía la respuesta. Pero vayamos ahora a la segunda cuestión, que tiene más enjundia y requiere de un poquito más de materia gris y de cortesía filosófica (claridad, en román paladino), para poder ser contestada comme il faut:

2) SEGUNDA PREGUNTA

¿Y por qué? ¿Por qué no se ha hecho NADA para evitar todo el ultraje y las vulneraciones a la legalidad que se han venido materializando en España hasta culminar con el golpe procesista catalán?

No se ha hecho nada porque el Estado español es un Estado fallido que no ha sido lo suficientemente fuerte, operativamente hablando, para defender la unidad e integridad de la nación española.

El Estado español, sobre todo a partir de la Transición, siempre ha sido un Estado cobarde y acomplejado, muy diferente, por ejemplo, del Estado francés.

Uno de los principales partidos españoles, el PSOE. cree legítimas las reivindicaciones de las naciones fragmentarias, y este partido, desde el federalismo que defendía Azaña hasta el socialcomunismo de Pedro Sánchez, siempre ha visto (craso error) a España como una nación de naciones. Así, a partir de esta visión federalista, al PSOE nunca le ha pre-ocupado ceder soberanía nacional a los regionalismos con ínfulas de nación. Y, claro, el PP también entró en este perverso juego de ganar votos a través de cesiones a los particularismos desvertebradores, dinamitando de esta manera la fortaleza y operatividad del Estado y despojándole de su razón de ser unificadora e integradora.

FRANCIA COMO SOLUCIÓN

Mucho se ha escrito, también en este blog, sobre la proclama orteguiana España es el problema y Europa es la solución. Sin embargo, en cuanto a cómo articular un Estado eutáxico, operativo y fuerte, creo que Francia es el referente que deberíamos tomar para intentar articular un Estado nacional.

El Estado francés fue el primer Estado europeo constituido por ciudadanos libres e iguales que asumió, además, ser constitutivamente nacional, es decir, comprendió que para defender los derechos y libertades del conjunto de sus ciudadanos también debía preservar su unidad e integridad territorial (la patria del pueblo soberano).

El Estado francés, desde su constitución, defendió la indivisibilidad de su territorio y, por tanto, no permitió que futuros colectivos desvertebradores pudieran atentar contra la integridad de la nación. De esta manera, Francia, hasta nuestros días, ha controlado uno de los problemas más graves que aquejan a España actualmente: las acciones secesionistas de las naciones fragmentarias.

Pero el Estado francés, nacional y republicano, también supuso, por primera vez en la historia, la ruptura con los valores morales que emanaban directamente de Dios. La república francesa de ciudadanos libres, decidió prescindir de Dios para poder constituirse como tal, y por ello debió afrontar un grave dilema: 

¿Fue legítimo romper con la legalidad institucionalmente establecida (Antiguo Régimen)  a través de un golpe revolucionario?

DIOS Y KANT

El mismísimo Kant defendió dos posturas totalmente antagónicas, en dos de sus obras más célebres, a la hora de proporcionarnos argumentos para contestar  esta cuestión.

En su obra “Metafísica de las costumbres” Kant escribió:

Los ciudadanos no tienen derecho a rebelarse contra el Estado, pues supondría la destrucción de su constitución legal (cap 6: 318-323). ¿No era "legal" el Estado constituido en el Antiguo Régimen?

Sin embargo, en su “Crítica de la razón práctica” Kant aseveró:

Hay que obedecer a Dios más que a los hombres” (fundamento de su imperativo categórico). Un individuo está obligado a negarse a cumplir órdenes, incluso a costa de su propia vida, cuando dichas órdenes vulneren el imperativo categórico moral. 

De esta manera, Kant legitimó la desobediencia civil. Es más, llegó a manifestar con entusiasmo que la Revolución francesa fue el hecho de su tiempo.

He ahí la contradicción que subyacía en el pensamiento kantiano; razonamientos que defendían al Estado ante cualquier acto de rebeldía y, al tiempo, argumentos que justificaban acciones de desobediencia civil

Pero más grave que esta contradicción, en mi parecer, es la trampa dialéctica que nos tiende Kant a colación de Dios:

Si Kant alabó y justificó la revolución francesa, que vulneró la legalidad establecida anteriormente y prescindió del mandato moral de Dios, ¿cómo pudo, al tiempo, fundamentar su imperativo categórico reconociendo la existencia a priori de Dios, en realidad reconociendo tres ideas puras a priori: Yo trascendente (alma), mundo y Dios?

No olvidemos que Kant dejó escrito:

La inmortalidad del alma nos garantiza un progreso infinito hacia la virtud. Y por eso, si es necesario, la voluntad libre del sujeto tiene que preferir morir antes que cumplir órdenes que atenten contra el imperativo categórico universal.

¿Pero cómo podemos convencer a la generalidad de la humanidad, después de que la posmodernidad proclamara la muerte de Dios, que debe sacrificarse voluntariamente? 

Si no hay Dios tampoco hay inmortalidad del alma que nos garantice una felicidad virtuosa tras la muerte. Sólo nos queda el mundo.

SÓLO NOS QUEDA EL MUNDO

Cuando los hombres de la modernidad entendieron que Dios ya no justificaba ni legitimaba nada, se aferraron a Kant, pero cuando los cínicos ilustrados se dieron cuentan de que Kant, al cabo, también era un esencialista y un redomado metafísico, se vieron obligados a justificar (legitimar) sus acciones rebeldes, no a través de Dios ni de imperativos categóricos esencialistas, sino a través de la hipóstasis o sustanciación de otra nueva idea etérea: la justicia social.

Así, Marx construyó todo su materialismo dialéctico e histórico a través de la nueva diosa, también metafísica, llamada justicia social. De nuevo, un humanismo, ahora marxista, inculcó en los hombres una idea que les obligaba, como otrora Dios, al cumplimiento de un nuevo imperativo de deber (moral al cabo) que legitimaba la desobediencia civil y la revolución, siempre, por supuesto, que éstas tuvieran como loable fin último alcanzar la justicia social.

CONCLUSIÓN

Si VOX está entre nosotros es, básicamente, y pecando de exceso de reduccionismo, porque nuestros kantianos y posmarxistas siguen empeñados en legitimar acciones subversivas y desobediencias civiles que siguen creyendo necesarias para alcanzar justos fines.

El problema de partidos como el PSOE (y en menor medida también del PP) es que, a pesar de ser constitucionalistas, creen legítimas (justas) las reivindicaciones nacionalistas de las naciones fragmentarias. De nuevo la contradicción kantiana: ¿hay que defender y hacer cumplir la Constitución o es lícito vulnerarla (o burlarla) en aras de satisfacer las reivindicaciones de los particularismos desvertebradores?

Desde el momento en que uno o varios partidos "constitucionalistas" legitiman las reivindicaciones de los nacionalismos provincianos, no tienen más remedio que prostituir al Estado y la nación para permitir y/o consentir diferentes grados de desobediencia civil. Esto es lo que viene sucediendo en España desde hace décadas.

El problema, pero, es que se comienza legitimando desobediencias civiles “pacíficas”; después se condesciende con leves vulneraciones de la legalidad (retirada de banderas y simbología española en Cataluña), luego se mira de perfil cuando son cercenados los derechos y libertades de ciudadanos catalanes (imposición de la ley de inmersión lingüística). Y, finalmente, perplejos, los ciudadanos de toda España son testigos de un golpe de Estado en Cataluña.

Y ante el golpe de Estado, anunciado y consumado, los principales partidos (PP y PSOE) han preferido “edulcorar” la realidad y minimizar la gravedad del mismo, disfrazándose con ropajes kantianos para decirnos que el problema es político, no judicial. Lo que traducido al román paladino viene a decir: entendemos la desobediencia y la rebelión de las naciones fragmentarias porque sus reivindicaciones son justas y legítimas. Tan justas las consideran que Feijoó, que pasa por ser un político que defiende la unidad nacional (¡juás!), ha desterrado la lengua española de Galicia para imponer institucionalmente la regionalista lengua gallega. 

No, España no es Francia. Pero es que, además, el Estado español ni está ni se le espera en una gran parte del territorio nacional. Y por eso muchos españoles han entendido que, ante el desolador panorama político-social en España, ya sólo les queda VOX.




domingo, 26 de marzo de 2023

ORTEGA FRENTE A GUSTAVO BUENO

INTRODUCCIÓN

Los discípulos de Gustavo Bueno no pierden ocasión en descalificar a Ortega y Gasset, sobre todo debido al sueño del filósofo madrileño de poder articular un Estado supranacional europeo; un sueño o posibilidad real histórica que el propio Ortega confesó anhelar en su "Rebelión de las masas" (prólogo para franceses de 1937).

La principal crítica del MF (materialismo filosófico) al pensamiento de Ortega parte de considerar (craso error) que Ortega era un "idealista" y, por tanto, éste también se servía de una filosofía idealista (fantasiosa) para intentar "salvar a España" a través de Europa; a través de un Estado supranacional europeo. 

Desde luego, es bien cierto que el propio Ortega escribió en el citado Prólogo para franceses de 1937, de su "Rebelion de las masas": 

" La figura de ese Estado supranacional será, claro está, muy distinta de las usadas...".

¿Pero cómo imaginó Ortega que sería la figura de su hipotético Estado supranacional europeo?  Pues, como intentaré demostrar a continuación, no lo imaginó desde una perspectiva idealista, sino desde la articulación de un Estado supranacional raciovitalista y operativo, en absoluto habermasiano,

De hecho, el propio Ortega, como si intuyera que décadas más tarde Gustavo Bueno le tildaría de idealista, dejó escrito en su "Rebelión de las masas":

"No es, pues, debilidad ante las solicitaciones de la fantasía ni propensión a un "idealismo" que detesto, y contra el cual he combatido toda mi vida, lo que me lleva a pensar así. Ha sido el realismo histórico el que me ha hecho ver que la unidad de Europa no es un "ideal", sino un hecho".

EUROPA COMO HECHO, NO COMO IDEAL

Fijémonos cómo el propio Ortega dejó bien claro que él no era un idealista (enfatizo en negrita), porque no consideraba que la unidad de Europa fuese un ideal, sino un hecho consumado a través de lo que Ortega denominó realismo histórico.

Es cierto que Ortega apeló a la defensa de un proyecto civilizador supranacional, ¿pero ese proyecto civilizador suyo cómo habría de ser? ¿Debería ser un proyecto plurinacional, al modo de un Estado confederal que preservara las diferentes soberanías nacionales integrantes? ¿O, por el contrario, debería constituirse como una proyecto federal, al modo de la socialdemocracia habermasiana, arrebatándole a los países miembros sus respectivas soberanías nacionales?

El problema de Ortega es que no argumenta cómo podría llegar a articularse ese Estado supranacional europeo que, según él, debería ser, al tiempo, unificador pero también plurinacional.

Ortega se limita a decir al respecto:

"Esta idea acrobática (articular un proyecto supranacional unificador y plurinacional) , chocaría con los hombres de cabezas toscas".

En esta sustancialización del "europeísmo", entendido como alianza entre iguales, que no deja de ser una idea hipostasiada en la conciencia, podría radicar el carácter idealista, acrobático, humanista y soñador, de la propuesta orteguiana. Aunque, según Ortega, su propuesta era complicada (acrobática), pero no imposible.

La idea supranacional de Ortega, en su parecer, no sería un imposible ideal, sino que sería un proyecto difícil de llevarse a la praxis por culpa de los hombres de cabezas toscas.

¿Quiénes eran estos hombres de cabezas toscas a los que se refiere Ortega?

El propio Ortega responde: 

Son cabezas pesadas nacidas para existir bajo las perpetuas tiranías de Oriente.

Y a continuación nos describe cómo son estas cabezas pesadas, que se dejan seducir por las promesas de las tiranía de Oriente (léase comunistas):

Este hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado y, por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas internacionales... tiene sólo apetitos, cree que tiene sólo derechos y no cree que tiene obligaciones; es el hombre sin la nobleza que obliga. 

No creo, después de leer esta definición de hombre-masa (hombre de cabeza tosca o pesada vaciado de su propia historia) que Ortega hiciera suyo, hoy, el ideario globalista de la Europa habermasiana; un proyecto supranacional que, precisamente, arrebata a las naciones que lo integran su soberanía nacional y su pasado para, así, ensayar un nuevo internacionalismo muy inspirado en las marxistas tiranías de Oriente, pero edulcorado bajo la apariencia de una socialdemocracia talantera.

NACIÓN PARTICULARISTA VS NACIÓN FRAGMENTARIA

Creo que la mayoría de los discípulos de G. Bueno, salvo Manuel F. Lorenzo, no han leído a Ortega con suficiente atención expectante; no han sabido ver las evidentes coincidencias entre determinados postulados del MF y la filosofía raciovitalista, que no idealista, de Ortega y Gasset.

Explica Manuel F. Lorenzo en su libro "Nacionalismo contra globalización" (2021):

Ortega ha sido el chivo expiatorio de los actuales anti-europeístas (entre ellos los seguidores de G. Bueno) que nos recuerdan la famosa frase del filósofo madrileño "España es el problema, y Europa la solución". Pero la Europa actual es una oligarquía de políticos, banqueros y medios de comunicación, caracterizada por la mediocridad de un europeísmo utópico que sueña con ceder soberanía, no importa cuánta, a una Europa Federal. Ortega nunca defendió tal cosa, pues en su concepción de unidad europea se suponía una fuerte política nacionalizadora en España (contra los particularismos periféricos) y no una mera cesión supranacional de competencias estatales. Ortega tenía otra filosofía muy diferente del papanatismo europeísta hoy dominante... y se atrevió a proponer una nueva filosofia llamada raciovitalismo.

A Ortega, sin embargo, se le ha criticado tanto o más que a Julían Marías, su discípulo, por definir la nación española como un sugestivo proyecto de vida en común articulado en la unidad desde la pluralidad. También Julián Marías nos dejó una definición poco afortunada: España es una nación de naciones; una definición que se han apropiado las izquierdas federalistas y que Gustavo Bueno, por cierto, trituró de forma impecable.

Sin embargo, el propio G. Bueno definió la nación española como una nación envolvente; es decir, como una nación que "envolvió" (leáse en términos piagetianos de asimilar y acomodar) a otras nacionalidades, dando lugar a la unidad de un superior conjunto plural.

La nación histórica española (constituida a lo largo de la historia) fue envolviendo y/o integrando en un proyecto común más amplio y unitario al resto de pueblos (naciones) de su entorno.

La idea común que subyace en las definiciones, tanto de Ortega como de Marías o G. Bueno, insiste en un mismo hecho: España se hizo nación a través de un principio de incorporación o constitución de unidades sociales superiores (Julián Marías).

Insisto: tanto el raciovitalismo orteguiano (realismo histórico) como el MF coinciden al reconocer que España se fue haciendo a través de hechos, a partir de un devenir histórico que Julián Marías llamó trayectorias históricas reales.

Hay, pues, una clara coincidencia entre el raciovitalismo y el MF al entender cómo se forjó la nación histórica española, como un proyecto integrador y continuista, y ello al margen de que cada propuesta filosófica se valga de diferentes terminologías conceptuales para expresar la misma verdad.

Estas diferencias conceptuales podemos observarlas en el modo en que cada filósofo denominó a los particularismos regionalistas. Ortega utilizó el término nacionalismo periférico y Gustavo Bueno el de nacionalismo radical, pero, en ambos casos, esos modos de ser eran particularismos degenerados en tanto que secesionistas:

"En efecto, nuetra crítica al nacionalismo radical...deriva de su consideración de concepto particular degenerado ("España frente a Europa" de G. Bueno).

Así pues, tanto la filosofía raciovitalista de Ortega como el MF de G. Bueno trituraron el idealismo secesionista, aunque hay que reconocer que G. Bueno fundamentó su crítica mucho mejor que el filósofo madrileño.

Los objetivos últimos de la nación particularista (Ortega) y los de la nación fragmentaria (G. Bueno) eran los mismos: romper la unidad e integridad de la nación española.

Pero Ortega y Bueno no coincidieron tan sólo al explicar cómo se fue haciendo España, integrando o envolviendo a otras realidades nacionales posibles,  sino que los dos filósofos entendieron que la forma política del imperio era la mejor posible para civilizar y preservar la razón de ser de Occidente,

IMPERIO GENERADOR  (EUROPA CONFEDERAL VS EUROPA FEDERAL)

Insisto: no basta con decir, como dicen los discípulos de Gustavo Bueno, que Ortega era idealista en tanto que europeísta. No basta.

Para empezar habría que diferenciar entre el europeísmo de Ortega (de carácter confederal) del europeísmo federal de la socialdemocracia habermasiana (ver Manuel F. Lorenzo). Pero, sobre todo, deberíamos diferenciar entre los pretéritos fines que inspiraron la articulación de la supranación europea orteguiana de los fines que actualmente persigue la supranacion europea habermasiana.

Demos, por tanto, unas pequeñas pinceladas para explicar las diferencias entre un proyecto político de unidad confederada y otro articulado desde una unidad federal.

Una supranación europea confederada (como la pensó Ortega) sería una unidad integradora de pluralidades nacionales, donde cada nación preservaría su propia soberanía nacional participando, al tiempo, en la política de un superior proyecto común europeo. Una supranación europea federal, sin embargo, articularía un fuerte poder central que anularía o  limitaría la soberanía nacional de los diferentes países integrantes.

La supranación europea de hoy, socialdemócrata en esencia, posee un marcado carácter federal, es decir, pretende anular la soberanía nacional de las diferentes naciones que la integran. Desde Bruselas se decide el destino de las diferentes naciones. Y aquellas naciones europeas que se muestran díscolas disidentes, defensoras de sus respectivas razones de ser nacionales, son coaccionadas, amezadas y castigadas (sancionadas económicamente).

No, la Europa que anheló Ortega no era la Europa habermasiana, idealista y socialdemócrata, que hoy padecemos. La Europa orteguiana era más aristoi e imperialista, no solo por salvaguardar las diferentes soberanías nacionales, sino porque sus fines comunes, como bien he subrayado anteriormente, eran muy diferentes a los de la actual supranación europea.

Escribió Ortega:

La probabilidad de un Estado Europeo se impone necesariamente. La ocasión que lleve súbitamente al proceso puede ser cualquiera: por ejemplo, la coleta de un chino que asome por los Urales o bien una sacudida del gran magma islámico.

Dos fines, los mismos que el imperio generador de Gustavo Bueno, perseguía la supranación orteguiana: generar un proceso civilizador occidental y salvaguardar al mismo de amenazas externas, las islámicas y la del gigante chino que ya comenzaba a "despertar".

La Europa habermasiana, por el contrario, facilita la disolución de la razón de ser occidental, no solo dejándola indefensa ante amenazas externas (Islam), sino dinamitando, desde dentro, las diferentes soberanías nacionales que son, al cabo, las últimas depositarias de tradicionales valores trascendentales y la última defensa frente a lo que Ortega llamó pseudomorales eslavas (comunismo).

Mi tesis es la siguiente: la idea de imperio generador de Gustavo Bueno coincide con la idea orteguiana de una Europa supranacional confederal. Podríamos decir, grosso modo, que ambos filósofos creían en la articulación de lo que podríamos llamar un imperio confederado; es decir, una gran supranación (imperio europeo) operativa y generadora de principios civilizadores (no depredadores) que, al tiempo, salvaguardara su propia razón de ser.

He aquí las dos características principales que comparten el imperio generador de Bueno y la supranación confederal de Ortega.

1) Generar y difundir la moral de una civilizadora razón superior (Occidental).

2) Garantizar la supervivencia del imperio generador defendiéndolo de las amenazas de otras morales. 

No cabe duda de que tanto el raciovitalismo orteguiano como el MF se refieren a proyectos muy parecidos, llámense supranacionales o imperiales, pero, en ambos casos, proyectos que se constituyen desde una unidad superior envolviendo a otras pluralidades (regionales y/o nacionales); proyectos que tienen como fin desarrollar un proceso civilizador que ha de ser defendido.

La principal diferencia entre las propuestas "imperialistas" de Ortega y Bueno no está, por tanto, en los mismos fines que ambas comparten, sino en el quién, quién debería liderar ese proyecto civilizador occidental salvaguardándolo de enemisgos internos y externos (comunistas e islamistas).

Ortega, como sabemos, creyó que dicho líder (salvador de Occidente) debería ser una supranación europea, pero en absoluto una supranación habermasiana (léase socialdemócrata), sino un proyecto unitario de carácter confederal o "imperialista", como se prefiera. Sin embargo, G. Bueno desconfiaba de Europa, porque la Europa actual, sumida en la decadencia y la falta de convicción moral, no solo ataca a las diferentes soberanías nacionales, sino que es incapaz de articular eficaces políticas operativas para preservar su propia razón de ser. De hecho, la propuesta de G. Bueno es más osada que la orteguiana: debería ser España la que liderara un nuevo proyecto civilizador (hispanoaméricano), asiéndose a los restos del naufragio de lo que fue el imperio generador español. 

España, hoy como ayer, siempre frente a Europa.



miércoles, 15 de marzo de 2023

LA PERSONALIDAD Y LOS DIFERENTES MODOS DE SER

INTRODUCCIÓN

Desde la filosofía, pero también desde la sociología, la antropología, la biología y, sobre todo, desde la psicología, diferentes ramas del saber se han formulado la siguiente pregunta:

¿Somos quienes estamos predestinados a ser, ya sea por designio divino o imperativo biogenético, o somos lo que la sociedad, nuestro medio y circunstancias, nos instan a ser  a través de condicionamientos y moldeamientos psicosociales y culturales?

La humanidad lleva tiempo intentando dar respuesta a esta crucial cuestión, pero no sólo por un desinteresado amor al saber, sino porque, históricamente, han sido numerosas las religiones e ideologías que han fundamentado sus cosmovisones (interpretaciones sobre el mundo y el ser humano) a partir de un determinado prototipo o modo de ser hombre, es decir, a través de lo que Heidegger llamó un Dasein histórico.

SIN ALMA SOMOS GANADO HUMANO

Cuando Nietzsche proclamó solemnemente su célebre "Dios ha muerto", no estaba tanto anunciando la muerte de un ente supremo celestial, que también, como la negación de que cualquier esencialismo y/o idea suprasensible (Dios, alma, espíritu...) pudieran ser elementos constitutivos del modo de ser humano.

Así pues, el comienzo de la modernidad arrancó con la desocultación de una terrible verdad:

Las distintas personalidades de los seres humanos, los diferentes modos de ser en y con-el mundo, no estaban predeterminadas por designios divinos, sino por factores biogenéticos y/o socioculturales.

Este nuevo modo posmoderno de considerar al ser humano como una copia (herencia genética) de sus progenitores o como el resultado de un moldeamiento sociocultural, tiene sus referentes más lejanos en la "Política" de Platón, donde el filósofo griego ya pensó que para articular su república ideal sería necesario, primero, criar y domesticar un determinado tipo de ganado humano.

El filósofo Peter Sloterdijk ha utilizado, no sin cierta intencionalidad maliciosa, el concepto de ganado humano (ver "Normas para el parque humano") para referirse a los individuos que, a lo largo de la historia, fueron moldeados en las granjas-escuelas a través de antropotécnicas humanistas, es decir, a través de herramientas civilizadoras y uniformadoras.

La intención de Platón, como la de cualquier humanismo desde los tiempos de la antigua Roma, fue la de crear hombres comprometidos con la polis; individuos cuyas personalidades individuales quedaran diluidas en un gran YO o conciencia colectiva. Se trataba, ayer como hoy, de crear una masa uniforme fácil de pastorear (leáse manipular y adoctrinar).

LA CONCIENCIA COLECTIVA

El marxismo fue la ideología del SXX que con mayor celo dogmático ensayó la creación de un nuevo modo de ser hombre: el modo de ser proletario, un modo de ser y estar en el mundo que le exigía al buen ciudadano sacrificar su personalidad individual poniéndola al servicio de una gran personalidad o conciencia colectiva.

La respuesta al supremacismo marxista, conciencia prepotente que negaba al resto de conciencias, llegó en la forma del nacionalsocialismo, el cual postularía un nuevo modo de ser humano: el modo de ser ario.

La conciencia marxista consideró que el modo de ser hombre (el nuevo hombre proletario) podía moldearse y crearse a través de pedagogía social institucionalizada por el Estado.  De hecho, fue en la ya extinta URSS donde se desarrolló la reflexología rusa, una predecesora de la psicología conductista que consideraba que el modo de ser de cada individuo (su personalidad) se originaba a partir de procesos neurológicos y bioquímicos entre el sujeto y su medio circundante. La conducta, sostenían, no dependía tanto de factores internos del individuo (cognitivos y emocionales) como del intercambio entre estímulos y respuestas. La conducta humana, por tanto, era susceptible de poder ser condicionada o moldeada; susceptible, en definitiva, de poder ser manipulada y adoctrinada para dar forma a concretos modos de ser hombre.

El nacionalsocialismo, por su parte, y siguiendo también la vía cientifista de la URSS, postuló la herencia biogenética (la raza) como el componente esencial a apartir del cual se originaría el conjunto de rasgos de personalidad que definirían, a su vez, el modo de ser del individuo. En este caso, un modo de ser ario.

Obsérvese que ambos supremacismos, marxista y nacionalsocialista, perseguían la consecución de utópicas sociedades futuras; sociedades que, por fuer, para alcanzar sus metas ideológicas debían estar habitadas por un concreto modo de ser hombre (proletario o ario). Ambas ideologías dogmáticas, por tanto,  negaron y combatieron al resto de conciencias, principalmente a las de corte liberal y anarquista.

Estas conciencia colectivas, endiosadas, determinaron qué rasgos de personalidad, por tanto, debía compartir el conjunto de la ciudadanía. A los ciudadanos, en definitiva, se les exigía que diluyeran su yo individual en un yo colectivo. Ni el marxismo ni el nacionalsocialismo podían tolerar la disidencia ideológica y por ello la combatieron sin piedad, bien a través de gulags (URSS) o campos de exterminio (Alemania). Ser tildado de burgués en la URSS de Stalin podía ser tan terrible como ser etiquetado judío en la Alemania del III Reich.

No hubo diferencias significativas entre las diferentes antropotécnicas o herramientas de cría y domesticación que emplearon la conciencia marxista y la nacionalsocialista, salvo la "oportunidad" (entrecomillado malicioso) que ofrecía el marxismo a los disidentes para poder ser reeducados por el Estado. Los judíos ni siquiera tuvieron esa "oportunidad" redentora, porque la herencia biogenética no era susceptible de poder modificarse como, en teoría, sí podía ser modificada la conducta. 

Tras la II Guerra Mundial, y tras desenmascararse el carácter totalitario del taimado marxismo, que supo disfrazar mucho mejor que el nacionalsocialismo su prepotencia señorial, las sociedades occidentales ensayaron nuevos modos de ser hombre creando una suerte de híbrido ideológico, liberalsocialista o socialdemócrata, cuyo objetivo último era evitar el retorno a la provincia heideggeriana. De dar forma a este nuevo modo de ser se encargarían los filósofos de la Escuela de Frankfurt, destacándose Habermas como el padre de una nueva conciencia europeísta articulada a través de democracias deliberativas.

NUEVOS MODOS DE SER

Las actuales sociedades occidentales viven en un aparente clima de libertad. Los ciudadanos, en su mayoría, se sienten libres y creen que la humanidad, por fin, se libró de la presencia de conciencias totalitarias que les dictaban qué pensar y cómo obrar.

Sin embargo, los ciudadanos europeos de hoy, y como no podría ser de otra manera, también son el producto de unas prácticas más refinadas para criar y domesticar ganado humano.

Las granjas-escuelas se han convertido en la herrramienta antropotécnica por excelencia para crear un nuevo modo de ser europeo, aunque quizás sería más lógico hablar de un modo de ser occidental.

La nueva conciencia europea u occidental ha limado el celo dogmático de marxistas y nacionalsocialistas. Ya no extermina a las conciencias disidentes, como hacían los nazis, ni las recluye en campos de reeducación como los comunistas. La conciencia actual no necesita "reeducar" a los ciudadanos, porque el sistema educativo ya los moldea, desde muy pequeñitos, para que el día de mañana sean obedientes y sumisos.

Frente al modo de ser proletario y el modo de ser ario, ha surgido una nueva conciencia o modo de ser occidental que, como sus predecesoras, también persigue un utópico fin último teleológico: una sociedad futura donde los ciudadanos no tendrán nada pero serán felices (eslogan mesiánico de la agenda 2030).

Las nuevas técnicas antropotécnicas, más refinadas y perversas, están logrando convencer a muchos ciudadanos de que no existe el sexo binario, es decir, nos dicen que podemos, con tan solo desearlo, ser "algo más que hombres o mujeres". No sólo podemos sentir que somos un género neutro (ni hombre ni mujer) sino que nuestro género puede fluir, permitiendo que podamos sentirnos, indistintamente y según el día (permítaseme la broma), ora hombre ora mujer. Toda una locura colectiva.

¿Pero acaso no fueron también locuras colectivas los modos de ser comunista y nacionalsocialista?

Ahora, los actuales pastores del ser intentan normativizar un nuevo modo de ser persone, permitiendo la libre autodeterminación identitaria de los individuos. Para ello, de nuevo, hay que moldear conciencias desde las escuelas y desde los órganos del poder. Hay que institucionalizar las nuevas verdades reveladas por las ideologías LGTBI y queer. Y, de nuevo, hay que estigmatizar y perseguir a los disidentes.

Decía que las nuevas herramientas antropotécnicas de hoy son más refinadas que las utilizadas por el marxismo y el nacionalssocialismo, A los disidentes ya no se les recluyen en gulags ni en campos de exterminio, simplemente se les "enmerda", como reconoció el presidente Macron, hasta hacerles la vida imposible,

Sí, recordemos (no está de más hacerlo) que los nuevos pastores del ser decidieron, no ha mucho, que había que putear a quienes se negaran a inocularse una sustancia experimental que políticos y mercenarios de la salud (OMS y farmacéuticas) dieron en llamar "vacuna". También son puteados los intelectuales, sobre todo profesores, que se niegan a aceptar las nuevas verdades de las ideologías de género. 

El actual poshumanismo no ha abandonado los tintes totalitarios de sus predecesores. No ha podido abandonarlos porque, en el fondo, todo proceso civilizador, de cría y domesticación del ganado humano, exige el cumplimiento estricto de unas normas y reglas destinadas a institucionalizar un concreto modo de ser hombre. Y ahora no toca ser hombre o mujer, sino persone, y ¡ay de aquellos que se opongan a estos nuevos modos de ser!


jueves, 4 de agosto de 2022

LA EUROPA HEGELIANA

POLÍTICA DE ILUSIÓN DE ALTERNATIVAS (sin salvación)

INTRODUCCIÓN

Los seguidores de Antonio Trevijano, incansables, insisten en repetirnos que vivimos bajo un régimen partitocrático, es decir, bajo el paraguas de una falsa democracia. Y tienen razón.

El sistema de partidos en España tiene como fin último mantener vivo un espejismo; una falsa ilusión de alternativas que le hace creer a la ciudadanía que es libre para elegir entre diferentes opciones políticas (derechas vs izquierdas) cuando, en realidad, el sistema de partidos no permite una auténtica democracia participativa, sino que actúa como un sistema oligárquico.

ILUSIÓN DE ALTERNATIVAS EN EUROPA

Sí, los "trevijaners" (calificativo cariñoso) tienen razón, pero la gravedad de su verdad no afecta sólo a España, sino a toda Europa. No hay escapatoria ni salvación.

Decía Zizek, en "Menos que nada", que en Europa ya no existía la política dualista de idealistas vs materialistas, sino dos políticas ideológicas materialistas: 

El materialismo democrático (habermasiano) vs el materialismo dialéctico (heredero de Marx).

Lo mismo sucede en España, donde tanto PSOE como PP se encuadran dentro del marco teórico del materialismo democrático (socialdemócrata) vs el materialismo dialéctico de Podemos y otros grupúsculos nostálgicos del marxismo. Ya no hay derechas ni izquierdas.

De hecho, Zizek señala que en la Europa de hoy impera el materialismo democrático, de la misma manera, añado yo, que en España lo hace la socialdemocracia del "PPSOE"; un materialismo o biomaterialismo que sólo reconoce cuerpos y lenguaje (Badiou) y que impone sus leyes a través del consenso de la "democracia deliberativa".

Pero, como bien señaló Badiou, estas democracias deliberativas (no olvidemos que habermasianas) no dudan, consenso mediante, en IMPONER "su verdad": 

"No debe haber democracia para los enemigos de la democracia". 

Por sentencias como ésta, Gustavo Bueno acusó a estas democracias deliberativas de pecar de lo que él llamó "fundamentalismo democrático". Por sentencias como ésta, totalitarios como Macron estuvieron dispuestos a imponer sus verdades a través del miedo y la coacción, enmerdando a los últimos disidentes.

También Sloterdijk, tras su desencuentro con Habermas, que le llamó "joven fascista ", se refirió en su día a la paradoja que subyacía en la dialéctica habermasiana, que se jactaba de fundamentarse en el diálogo y el intercambio comunicativo, pero que no dudaba en deslegitimar los argumentos contrarios tildándolos de "antidemocráticos o fascistas". Puro supremacismo o fundamentalismo que se amparaba en la verdad de un nuevo dios: el consenso.

Estamos viendo cómo, en aras de este endiosado consenso, la Europa habermasiana nos está imponiendo un nuevo proyecto globalista hegeliano (la agenda 2030), que, en palabras de Sloterdijk (ver "Sin salvación) se podría considerar como un nuevo proceso civilizador para acoger nuevas manifestaciones de lo absoluto.

CONCLUSIÓN

No hay escapatoria, ni en España ni en Europa. 

Durante las últimas décadas se han ido tejiendo, delante de nuestras narices, falsas ilusiones de libertad que nos han convertido en animales de lujo (Sloterdijk); ilusiones que nos han convertido en animales de granja, sí, pero  también en ganado exquisito y refinado. Queremos estar siempre bien cebados y  siempre pedimos más seguridad, más protección, más certidumbre, más Estado en definitiva.

No sé si en el  2030 seremos más felices, pero, desde luego, no tendremos NADA, ni bienes materiales ni la libertad para decidir si queremos vacunarnos, poner la temperatura por debajo de 27 grados, comer carne o llevar corbata.

Nos va a quedar un mundo muy "bonito y feliz".

sábado, 23 de abril de 2022

EL FEMIMARXISMO QUE NO CESA

INTRODUCCIÓN

No hace mucho, en otra de mis reflexiones, critiqué duramente la ideología supremacista del actual femimarxismo que, imparable, está enraizando en la sociedad española a través de la legitimidad que le otorga el poder institucional.

Sí, en España ya tenemos un Ministerio de Igualdad que, en realidad, no es otra cosa que un ministerio al servicio de la causa femimarxista; un ministerio pagado por todos los españoles para atentar contra los derechos y libertades de los hombres españoles. Así están las cosas.

EL ODIO PERMITIDO

Después de implantar una ley inconstitucional, como la ley de Violencia de Género, el femimarxismo no puede por menos que regocijarse ante semejante logro: haber convertido a todos los varones, de hecho y con la ley en la mano, en culpables tan sólo por haber nacido hombres. 

Después de semejante atropello a la ley y la justicia, legitimando el odio y el desprecio al varón (siempre violador y maltratador), no ha resultado difícil que las dogmáticas femimarxistas se estén despachando a gusto mostrando al desnudo sus más execrables y despreciables miserias morales. Y con total impunidad.

Ya comenté el caso de la profesora de instituto que explicó a toda su clase, segura de su "verdad", que los niños varones deberían ser castrados al nacer. Pero lo más grave, en mi opinión, es que este odio visceral y patológico está normalizándose, mostrándose públicamente como algo natural que ya no causa revuelo ni indignación.

Por ejemplo, el otro día, en First Dates (programa de TV), una joven lesbiana de 18 años, después de manifestar entre risas que el sexo masculino le daba asco, añadió que los hombres deberían ser exterminados, un poquito al menos, añadió intentando quitarle hierro al asunto.

Y el asunto, el grave asunto, era que aquella aprendiz del dogmático femimarxismo podía darse el lujo de mostrar todo su odio y desprecio al varón como algo natural, incluso "chistoso", sin que nadie se rasgara las vestiduras por ello.

¿Qué hubiese sucedido si un chaval, un hombre cualquiera, hubiese dicho públicamente que las mujeres deberían ser exterminadas, un poquito? 

POCA BROMA

A estas "locas del coño", como las define mi madre, hay que tomárselas muy en serio. Poca broma con lo que está sucediendo.

Al principio, todo el mundo se descojonaba del lenguaje inclusivo y hacía mofa de estas locas y sus "todos, todas y todes". Ahora son legión.

No ha mucho, otra de estas locas, emulando a Bruno Bettelheim, nos explicaba que el cuento de la Sirenita legitimaba la mutilación genital femenina, y que Caperucita, en realidad, había sido violada.

Casi al mismo tiempo, otra de estas iluminadas proclamaba que el pene masculino era un arma para someter a la mujer. Y suma y sigue...

La sociedad, tal parece que anestesiada, no le presta la suficiente atención a estas "locas del coño". Craso error.

Bruno Bettelheim  fue un psicoanalista, es decir, un hermeneuta que se hizo famoso por deconstruir los cuentos infantiles según los postulados del psicoanálisis. Ahora, una tal Sandra Sabatés hace lo propio, pero deconstruyendo los cuentos infantiles a partir de la hermenéutica victimista y resentida de la ideología femimarxista. 

Hay que tomarse muy en serio esta nueva ideología femimarxista, conciencia supremacistaal cabo, que pretende interpretar la realidad según los postulados, argumentos y fundamentos, de su "verdad sentida".

La gente siempre olvida a Hegel y olvida cómo funciona la dinámica de la conciencia. Pero Marx supo ver la verdad que se escondía en Hegel: cómo el pre-ser (que solo es un modo de ser en la conciencia) puede devenir un modo de ser en el ex-sistere, en el mundo exterior, con tan sólo obligarnos a transformar operativamente la sociedad según los sueños del poeta de turno.

Y si Marx supo comprender a Hegel, no cabe duda de que el femimarxismo, que no feminazismo, ha hecho suya la dialéctica marxista, sustituyendo la lucha de clases por una nueva dialéctica de lucha de sexos.

Y esta nueva dialéctica de sexos es mucho más peligrosa que la de clases, porque no solo enfrenta a la mujer contra el hombre, sino que rompe el núcleo familiar enfrentando a la hija contra el padre y a la hermana contra el hermano. Y este sueño esquizofrénico del actual femimarxismo ya está transformando las sociedades occidentales.

Atención, porque ya está sucediendo, niñas que crecen temiendo al varón; que están aprendiendo a despreciarlo y a odiarlo; niñas que se autodefinen como lesbianas porque los hombres les repugnan; niñas que recelan y sospechan de las muestras de afecto de sus propios padres, porque estos, en tanto que hombres, son susceptibles de ser unos peligrosos pervertidos.

Está sucediendo. Y nadie hace nada.





jueves, 3 de marzo de 2022

EL DESPRECIO AL VARÓN (hombre, al cabo)

INTRODUCCIÓN

Unamuno elaboró en su novela "La tía Tula" el perfil psicológico de lo que, actualmente, podríamos considerar una femimarxista radical: una mujer que soñaba con ser madre sin catar varón; una mujer arisca que despreciaba al sexo masculino. Tula solía acabar su interacción con cualquier hombre, incluso con el párroco de su pueblo, con un despectivo "hombre, al cabo", dando a entender que ningún varón, por virtuoso y religioso que fuera, estaba libre del pecado de "ser  hombre", de pensar y actuar como un hombre.

He ahí el grave pecado que no perdona el femimarxismo; la existencia del hombre. Hemos visto como algunas fieles creyentes han llevado su fe demasiado lejos, como la profesora de un instituto que declaró en su clase, ante el estupor de sus alumnos, que los niños varones deberían ser castrados al nacer. Sí, en ocasiones, su sucio y dogmático subconsciente se desnuda catárticamente, liberándose de los mecanismos represivos que intentaban esconder sus más oscuros deseos.

Pero el femimarxismo, con el tiempo, también está aprendiendo a "refinarse", es decir, está aprendiendo a reprimir y ocultar sus más inconfesables sueños supremacistas. Las locas feministas de hoy, que por algo son también marxistas, que no nazis, han aprendido que para "crear conciencia de género", que no de clase, primero tienen que dominar y controlar toda la superestructura: sistema educativo, medios de información e instituciones culturales. En ello están.

Ya tenemos una inútil ministra de Igualdad en España; tenemos chiringuitos femimarxistas repartidos por todo el territorio nacional; tenemos asesoras de género en nuestras escuelas y, peor aún, en nuestro castrado ejército. Cada vez son más los "aliades", hombres sumisos y claudicantes, que se declaran feministas (jajaja...). Pero todavía quedan hombres, los últimos hombres libres, que se resisten a sucumbir a los castradores cantos sirénidos que, hábilmente, estas locas disfrazan con melodías de bellos igualitarismos. 

La IGUALDAD entre hombres y mujeres ya existe de facto, y así se reconoce en nuestra Constitución, pero hay que seguir insistiendo en que la mujer de hoy continúa estando oprimida y es víctima del varón, siempre agresivo y violador, siempre "hombre al cabo".

HETERO O GAY, HOMBRES AL CABO

Las femimarxistas atacaron, primero, a la presa más desprotegida: el varón "provinciano", que era un objetivo fácil en tanto que hombre primitivo, instintivo y de "cagada fácil"; el bocas que todavía se enorgullecía de ser el típico macho español depositario de los valores de sus abuelos. A estos se los comieron con patatas.

Después fueron a por los varones "civilizados", los ilustrados con pasado marxista. No les resultó difícil reclutar "aliades" entre estos hombres, tibios y mansos, que podían ser tanto heteros como homosexuales.

Pero pincharon en hueso al intentar rendir a los últimos hombres de carne y hueso que seguían estando orgullosos de su hombría, independientemente de su orientación sexual.

Obsérvese que entre los últimos hombres de carne y hueso también he incluido a los homosexuales. ¿Por qué? Porque de la misma manera que hay heterosexuales aliades y afeminados, también hay homosexuales ebrios de testosterona que se sienten hombres, con dos cojones y con todas las de la ley.

Por eso, el femimarxismo, que de tonto no tiene un pelo, no tolera al homosexual testosterónico y prefiere a la loca fashion con pluma, de la misma manera que prefiere al heterosexual afeminado y sumiso. El hombre, sea cual sea su orientación sexual, debe ser sometido a los dictados del supremacismo femimarxista, es decir, debe ser "aliade" (siervo) de la hembra empoderada. ¿Cómo lograrlo? Pues a través de la ficción, el cine y la televisión.

QUÍTATE QUE ME PONGO YO

Como ya expliqué en otra de mis reflexiones, la conciencia supremacista, y el femimarxismo lo es, no busca la verdadera igualdad entre conciencias, sino el dominio y control del Ser, el mundo y la realidad.

Para ello, la "conciencia de género femenino" debe calar en todas y cada una de las conciencias individuales. Y para llegar a cada conciencia individual, y a la realidad misma, nada mejor que hacerlo a través de las posibilidades que ofrece la ficción: las series de televisión.

Podría enumerar un sinfín de series donde, como diría Nietzsche, se están transmutando los valores de la tradicional conciencia heteropatriarcal para readaptarlos y reinterpretarlos según los dictados de la nueva conciencia femimarxista.

Pongamos algunos ejemplos:

"The Witcher" (el brujo), "Valhalla", "1883" y "Merlí".

En todas estas series, y en casi la generalidad de las series actuales, las protagonistas son mujeres. Pero estas protagonistas, como también expliqué en otra reflexión, no desempeñan roles "tradicionales femeninos", sino que le han arrebato al varón la testosterona, hacen suyos los valores tradicionales masculinos, tales como la fuerza, el honor, la valentía, el sacrificio, la heroicidad...

El femimarxismo ha entendido que "el pensamiento sensible", a través del cual se legitimó el feminismo primigenio "no vende", y que para empoderarse tiene que actuar y pensar como un hombre, aunque sea en un cuerpo de mujer. No se trata de empoderar valores femeninos, sino de arrebatarle al varón su esencia, espíritu o testosterona, como se prefiera, y cambiar al amo de la granja (bien visto, Orwell).

En The Witcher, como en la más reciente "La rueda del tiempo", los actores varones quedan relegados a la labor de guardianes protectores; son la guardia pretoriana que debe proteger a las mujeres protagonistas empoderadas que son, realmente, las que tienen el poder, mágico y supranatural, para cambiar el mundo.

"Valhalla", precuela de la exitosa "Vikingos", es otro claro ejemplo de la transmutación de valores a la que me refiero. Ahora la protagonista es Freija, una guerrera empoderada que folla con quien quiere y cuando quiere; es una rubia buenorra de 1,85 de estatura que sobrepasa en altura a muchos de sus compañeros varones. ¿Casualidad? 

Pero en esta serie aún han ido más lejos y han matado dos pájaros de un tiro, colándonos, además, a una condesa vikinga y negra. ¡Será por transmutación de valores y realidades históricas!

Con "1883" también le tocó al western ser presa de la conciencia femimarxista. La protagonista, de nuevo es una empoderada buenorra, rubia de 1´75, que lo mismo se folla a un ingenuo vaquero que a un aguerrido indio de las praderas. Para más inri, la protagonista es la narradora que en cada capítulo nos regala una pildorita de pensamiento intimista y ñoño-sentimental, al que añade algunas reflexiones existencialistas sobre la vida y la muerte. Este prototipo de mujer empoderada lo tiene todo: buenorra, folladora, guerrera y además filósofa. ¡Toma del frasco, Carrasco!

Por último quiero referirme a "Merlí", donde el protagonista ya no será el rebelde y díscolo profesor de filosofía de un instituto, sino la rebelde y díscola profesora de filosofía de una universidad.