jueves, 31 de marzo de 2016

"Caminos de bosque" de Heidegger (parte III)

Introducción.

En este capítulo-ensayo Heidegger reflexiona sobre la "Fenomenología del espíritu" de Hegel.

Capítulo 3: "El concepto de experiencia en Hegel"

Para comprender lo que Hegel quiere decir con "Fenomenología del espíritu", habrá que entender, primero, tres conceptos: conciencia, movimiento dialéctico de la conciencia y experiencia.

Conciencia: es el sujeto (ego cogito) o razón consciente que tiene certeza de ser-en-sí mismo. La conciencia, además de su propia certeza (como sujeto), busca también la certeza sobre el conocimiento del ente (objeto). Pero la conciencia, al no tener acceso directo a la esencia del objeto, sino a una imagen del mismo, crea figuras de la conciencia. Dicha figura, creada en ella y para ella, es figura del espíritu, es decir, es la manifestación del Ser en la conciencia.
Así, pues, la conciencia tiene dos carácteres:

- Como conciencia óntica: que representa una imagen del objeto (ente) en sí misma.

- Como conciencia pre-ontólogica: que busca, al tiempo, la relación de lo ente (objeto representado) con su esencia (ser-en sí mismo).


El movimiento dialéctico de la conciencia.

Es la lucha entre la conciencia óntica (que representa al objeto) y la conciencia pre-ontológica (que busca reunir al objeto en relación con su esencia) que tiene lugar simultáneamente en el sujeto. De dicha lucha surgirá un nuevo objeto que será la experiencia, es decir, el Ser meditado.


La experiencia: es el Ser meditado, el verdadero objeto de la conciencia; lo que está presente y manifiesto y surge de la lucha dialéctica entre la conciencia óntica y la conciencia pre-óntica.

Conclusión:

Podríamos resumir, brevemente, que la conciencia del sujeto, que es en-sí misma (esencia de sí misma), al no poder acceder directamente al objeto, lo representa (construye una imagen del mismo). Dicha representación será, por tanto, una figura del objeto en la conciencia. Y el objeto, en tanto que representado y meditado en la conciencia, se manifestará en la misma como Ser, como un modo de ser real. Por lo tanto, el rasgo fundamental de la conciencia será ser ya "algo" que al mismo tiempo "no es".
¿Por qué dicha imagen que se manifiesta en la conciencia ya es un modo de Ser? Pues porque en tanto que experiencia meditada dicha imagen también es vivenciada.
El místico, por ejemplo, experimenta una vivencia espiritual, pero dicha vivencia, en tanto que imagen en su conciencia, no puede comunicarla a través del lenguaje tradicional. Lo mismo le sucede al poeta, cuando al vivenciar y experimentar lo absoluto o la esencia del Ser, solo puede comunicarlo a través del arte.


La paradoja del escepticismo.
 
Heidegger, a partir de la reflexión sobre la "Fenomelogía del espíritu", señala una paradoja que se da en la conciencia y que consistente en un inevitable retorno a la preocupación por el Ser. Y ello por más que la misma conciencia (científica y racionalmente) se obligue a limitar el conocimiento del objeto y rechace la vía metafísica como camino para acceder al ser-en-sí del ente (lo absoluto).
 
¿Cómo tiene lugar lo que podríamos denominar (la terminología es mía) paradoja del escepticismo?
 
La conciencia del sujeto, endiosada y soberbia, solo reconoce la certeza de su ser-en-sí misma: "ella se piensa a sí misma y piensa al ente (objeto), ergo existe" (ego cogito de Descartes). Pero, además, la conciencia (la razón) quiere saber y conocer la esencia (ser-en-sí) del objeto; quiere tener la certeza de poder ir más allá del ente físico para desocultar la esencia del mismo. Sin embargo, la razón (Kant) le muestra sus límites y dictamina que a través de la metafísica (ir más allá de lo físico) no es posible conocer lo absoluto.
La conciencia, entonces, se torna escéptica, es decir, ya no cree posible dar respuestas a las grandes preguntas sobre el Ser, sobre la vida y la muerte, ni, en definitiva, sobre la vida.
Pero el Ser es terco y obstinado, reclama y pide a gritos desesperanzados su desocultación en el claro, porque la esencia del Ser es en el Dasein. Y el Dasein, pastor del Ser en tanto el Ser es en él, no puede evitar la necesidad de seguir haciéndose las grandes preguntas; no puede evitar seguir buscando el sentido y la razón de Ser de su existencia.
Y esto es el fenómeno del espíritu: la necesidad del Dasein por hallar la esencia o absoluto del Ser.
 
El Dasein histórico escéptico,  en la medida que se convence a sí mismo de que no es posible acceder a lo absoluto, rechaza la vía metafísica para poder hallarlo, pero no puede evitar, sin embargo, seguir buscando lo absoluto a través de nuevas vías y caminos.
De esta manera, la conciencia escéptica acabará, paradójicamente, creando y construyendo nuevas conciencias, a través del dogma de la opinión, que se convertirán en nuevas verdades absolutas.
 
Heidegger no lo dice claramente en ningún párrafo, y se cuida mucho de que su analítica existencial sea lo más aséptica y objetiva posible, pero resulta inevitable, para el sagaz observador, no  darse cuenta de qué nos está señalando:
 
"El Dasein histórico necesita creer, sí o sí, y si deja de creer en los caminos tradicionales para acceder a lo absoluto, creará nuevos caminos que, a su vez, pretenderán alcanzar nuevos absolutos".
 
Ya dijo el brillante pensador alemán que el comunismo era, en esencia, una suerte de religión. Yo aún digo más: el comunismo fue una reinterpretación de la metafísica tradicional que, arteramente, realizó una transvaloración de la suprasensibilidad judeocristiana para construir su propia vía, supuestamente materialista, que le permitiera alcanzar una nueva verdad absoluta: el utópico socialismo.
La paradoja del escepticismo nos enseña que nunca nadie es escéptico del todo; nos demuestra, de hecho, que detrás de todo gran escéptico acaba apareciendo un celoso dogmático dispuesto a construir su verdad absoluta.
 

 

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