INTRODUCCIÓN
Últimamente he estado viendo películas bélicas no estadounidenses, sobre todo películas alemanas, rusas y chinas.
El cine alemán sobre la II GM, por ejemplo, nos ha regalado cuatro magníficas joyas:
- Die Brücke (El puente, 1954)
- Stalingrado (1993)
- El hundimiento (2004)
- Sin novedad en el frente (2022)
Los alemanes son, en mi opinión, los europeos que han hecho hasta la fecha el mejor cine bélico sobre la IIGM.
Sin embargo, en la presente reflexión voy a comentar dos películas bélicas producidas en el este de Europa (Estonia y Rusia), pues ambas, y de forma muy explícita, se atreven a explicarnos la "intrahistoria", que diría Unamuno, que formó parte del pasado común de los países que estuvieron integrados en la ya extinta URSS.
COMISARIOS POLÍTICOS
No recuerdo que en ninguna película bélica sobre la IIGM, que fuese anterir a 1990, se introdujera en las tramas argumentativas la figura del comisario político soviético.
Pero, como decía, he descubierto dos películas europeas donde, además de inteligentes guiones, espléndidas escenas de acción y acertados vestuarios y ambientaciones, se reflexiona sobre la importancia de la figura de los comisarios políticos, personajes claves para entender realmente cómo Stalin pudo vencer al más organizado y superior ejército alemán e imponer un régimen tiránico, basado en el miedo, en todo el territorio soviético.
"1944" : este es el título de la película bélica producida en Estonia en 2015, una fecha relativamente reciente.
La película nos cuenta la intrahistoria, tan olvidada por el cine estadounidense, de Estonia; un país que quedó dividido al estallar la IIGM y cuya población fue reclutada tanto por la Alemania nazi como por el ejército soviético.
Las motivaciones para alistarse en uno u otro bando fueron muy dispares entre los jóvenes estonios. Muchos jóvenes se alistaron en el ejército alemán tras comprobar cómo la URSS, una vez controlado y dominado el territorio, expropiaba las tierras de los pequeños campesinos y enviaban a Siberia a quienes se oponían. Por supuesto, tambien había muchos jóvenes estonios que se alistaban para combatir al "fascismo".
En una brillante escena de la película se produce un significativo diálogo, cargado de connotaciones político-ideológicas, entre dos jóvenes.
El joven idealista le decía a su compañero que la lucha, en realidad, era contra el "fascismo":
- No podemos luchar junto a los fascistas, proclamaba seguro de su verdad.
- Pero tú siempre serás un "burgués" para los soviéticos, le contestaba el otro. Recuerda que parte de tu familia está en Siberia y la otra vive atemorizada y vigilada por los comisarios políticos.
Esta escena refleja perfectamente cómo un irresponsable idealista, ebrio de sueños poéticos, puede llegar a ser un perfecto tonto útil obcecado en tirar piedras contra su propio tejado; contra su propia familia y contra sí mismo. Un joven, hijo de una familia campesina con tierras, que se dejaba arrastrar por el relato ideológico de los resentidos, hasta el punto de luchar no sólo contra sus propios intereses, sino contra su propia razón de ser.
Pero no todos los jóvenes se alistaban voluntariamente, sino que muchos eran obligados a alistarse en uno u otro ejército, dependiendo de qué bando dominase el territorio ocupado.
Uno de estos jovénes alistados forzosamente será elegido por un comisario político para que ejerza de chivato entre sus compañeros y delate a los desafectos con el regimen soviético. Lo primero que le preguntará al joven será por su afiliación al partido, pareciéndole muy bien para sus objetivos que el joven no estuviese afiliado, pues ello podría despertar recelos entre sus compañeros. A continuación, instará al joven para ejerza de testigo contra su capitán, acusado en un tribunal militar por haber cometido el delito de negarse a ejecutar a unos compatriotas estonios durante una refriega.
La crítica contra la figura de este comisario político es brutal, describiendo acertadamente la manera de manipular, coaccionar y ejercer su poder tiránico, no sólo contra los disidentes, sino contra los oficiales que no mostrasen demasiadas afinidades con "el partido".
"La gran ofensiva: 1942": una valiente e inteligente producción rusa de 2019, donde es más que evidente que los rusos intentan entonar un tímido mea culpa por su pasado soviético, pero sin zaherir demasiado (todavía quedan muchos nostálgicos comunistas) y permitiendo que los dos "malos" de la película, un comisario político y un subteniente de contraespionaje, acaben redimiéndose de sus pecados.
El comisario político asignado a un pelotón de soldados no sólo será el encargado de "motivar" a la tropa, sino que deberá vigilar el "pensamiento" de sus camaradas, evitando el derrotismo y las declaraciones contra el régimen soviético.
La película comienza, prácticamente, con una ofensiva contra unas trincheras alemanas, con el comisario empujando a los "rezagados" a la primera línea de fuego, exponiendo su propia vida, todo hay que decirlo, sin un atisbo de cobardía. Ahí se destaca también la acción heróica de un soldado veterano, risueño y buen camarada, que permite tomar las trincheras enemigas.
A lo largo de la película, el comisario vigilará e interrogara, de forma más o menos velada, al capitán de la compañía, ingeniero en su anterior vida civil, y al "filósofo", un soldado que trabajaba como panadero antes de la guerra.
Como también sucediera en la película de Estonia, "1944", el comisario comenzará preguntándole al capitán por su afiliación al partido:
- No, no estoy afiliado, contesta el capitán. No es obligatorio estar afiliado, ¿verdad?
- No, no es obligatorio, le confirma el comisario político.
Pero, a partir de ese momento, el comisario pondrá al capitán en su "lista negra" junto al filósofo, al que descubrió soltándoles a sus compañeros una disertación patriótica "prorusa", que no prosoviética.
El "filósofo" les había confesado imprudentemente a sus compañeros que él fue profesor de filosofía en la universidad antes de la revolución bolchevique, pero tras el triunfo del comunismo tuvo que dejar el cargo y trabajar como panadero. No da más explicaciones sobre el porqué de ese "cambio" en su vida laboral, pero a continuación se desinhibe catárticamente y "baja la guardia", reconociéndose como un nacionalista ruso:
- Rusia perdurará, pero no así la URSS. Cuando la URSS ya haya desaparecido, Rusia seguirá siendo una nación grande y fuerte.
Más tarde, con la película ya bastante avanzada, llegará un subteniente de contraespionaje cruzando las líneas enemigas. Entonces se producirá una situación surrealista, casi caricaturesca, cuando un avión alemán lanza unos panfletos de propaganda sobre las trincheras.
Los soldados rusos ni se inmutarán ante la lluvia de propaganda enemiga, pero el comisario político y el subteniente de contraespionaje se pondrán literalmente histéricos, amenazando a todos los soldados con un consejo de guerra si leían los panfletos.
El comisario, nervioso y desesperado, se hace con una pequeña carretilla y, junto a unos soldados, se pone a recoger frenéticamente todos los panfletos de las trincheras.
Los soldados se quedan atónitos y no dan crédito ante tanto despropósito. La actitud en exceso exagerada del comisario político les asombra y lleva a un soldado a exclamar:
- Resulta increíble comprobar la poca confianza que tienen en nosotros.
Efectivamente, ni el comisario político ni el subteniente de contraespionaje, que veía traidores y espías por todas partes, confiaban en la lealtad de los soldados. Y por ello no dudan en registrarlos a todos para asegurarse de que ninguno de ellos había guardado panfletos.
Pero hete aquí que descubren que el risueño soldado veterano, el valiente cuya acción heróica permitió tomar las trincheas alemanas, había guardado unos panfletos para utilizarlos como papel para liar tabaco.
De nada le servirán al soldado sus excusas ni la defensa encendida de su capitán, pues el comisario y el subteniente decidirán llevarle a un consejo de guerra por su inocente y pueril acción.
No sigo para evitar spoilear a quien esté interesado en ver la película.
MENTES ABIERTAS
A veces, para matar el tiempo, veo series que no me entusiasman demasiado, pero que al no exigir demasiada atención para seguir sus simplones argumentos, me permiten quedarme dormido en el sofá sin temor a perderme nada importante (la edad no perdona).
Una de estas series es Star Trek: Enterprise, entretenida pero en exceso insulsa y predecible.
Pero, como ya he dicho en alguna ocasión, incluso entre las ficciones cinematográficas más mediocres pueden encontrarse preciosas perlas de tanto en tanto.
La perla que encontré el otro día, viendo Star Trek, fue un breve diálogo, insuficientemente desarrollado, entre el capitán Archer y su segunda al mando, la vulcaniana T´Pol.
El capitán debía decidir si confiar en una nueva civilización que habían descubierto en los confines de la galaxia:
- Yo soy de mente abierta - reconocía el capitán- y creo que debemos darle una oportunidad a esta nueva cultura.
- En ocasiones, tener la mente abierta - le contestaba la racional y lógica vulcaniana- se confunde con creer en las verdades que queremos creer.
Y ya está, allí se acabó tan jugoso diálogo, sin que ninguno de los dos personajes profundizara en el hondo significado que encerraba la frase de la teniente T´Pol:
Tener la mente abierta, en ocasiones, se confunde con creer en aquello que queremos creer.
No sé si los guionistas fueron conscientes de la genial pincelada filosófica, incluso ontológica, que, como el que no quiere la cosa, colaron a través de un breve diálogo aparentemente intranscendente.
Sólo dos frases bastaron para que la racional y lógica T´Pol dejara al desnudo las flaquezas del pensamiento idealista del capitán Archer, ese "Pensamiento Alicia", terriblemente posmoderno, contra el que nos alertara Gustavo Bueno.
Efectivamente, muchos de nuestros intelectuales, que se dicen progresistas, gustan de autoproclamarse individuos tolerantes y de mentes abiertas, pero sus mentes, en realidad, no están abiertas a la Verdad, sino a sus verdades; a aquellas verdades, en su parecer buenas y justas, en las que ellos desean creer.
El pensamiento racional y lógico de T´Pol, que bien pudiera haberlo expresado el propio Gustavo Bueno, alertaba al capitán Archer de su proceder inconsciente e irresponsable, dispuesto a arriesgarse guiado por sus deseos, y no por la realidad y los hechos objetivos.
Y la realidad, los hechos objetivos y la lógica, demandaban prudencia ante una situación desconocida. Pero, claro, el futuro siempre es un gran desconocido y quien no arriesga no gana. ¿Acaso no arriesgaron los conquistadores españoles cuando se lanzaron a la aventura de descubrir las Américas?
Las series de la ficción, por supuesto, siempre deben apostar a favor del idealista que se obliga a creer en los mundos de Yupi. No puede ser de otra manera, porque hay que mantener vivas la intriga y la aventura, el misterio que nos insta a descubrir lo desconocido. Si la teniente T´Pol se obligara, en cada capítulo de la serie, a seguir su racional lógica vulcaniana, no habría ficción que desarrollar.
Así debe ser en la ficción, ya sea cinematográfica o novelada, pero ¿también debería ser así en la realidad del mundo en el que ex-sistimos?
¿Tienen derecho nuestros políticos de mente abierta, como el capitán Archer, a poner en riesgo nuestras vidas y el porvenir de las futuras generaciones, en aras de consumar sus diferentes ensoñaciones ecológicas, animalistas, de género... porque ellos creen en "verdades" en las que quieren creer?
COMISARIOS POLÍTICOS DE MENTES ABIERTAS (conclusión)
Y así ha sido, viendo películas bélicas y una serie mediocrilla como Star Trek, como mi mente febril, no se si abierta o cerrada, ha establecido o descubierto, como se prefiera, la estrecha relación que existe entre nuestros actuales comisarios políticos y el hecho de que todos ellos, como el capitán Archer, se jacten de ser individuos de mentes abiertas.
Ahora en Europa, y como en tiempos de la extinta URSS, estamos siendo vigilados y coaccionados por comisarios políticos al servicio de la nueva agenda 2030, una suerte de nuevo internacionalismo, ahora globalista, que no duda en someternos a los dictados de sus políticas inconscientes e irresponsables.
Los nuevos comisarios políticos, títeres en realidad de poderes mucho más siniestros que amenazan las soberanías nacionales, son Von Der Leyen, Sánchez, Macron y Trudeau, pero también lo son Feijoó y hasta el último mono que luce en la solapa de su chaqueta la chapita multicolor con el logo de la pérfida Agenda 2030.
Desde luego, los nuevos comisarios políticos son más refinados, más taimados y astutos que aquellos individuos chuscos y dogmáticos que, en tiempos pretéritos, estaban al servicio del partido comunista de la URSS. Nuestros políticos actuales, todos ellos de mentes abiertas, han aprendido a disfrazarse con los ropajes de los buenos y talanteros demócratas para, así, engañar a unas masas adormeciadas y aborregadas. Porque sí, porque la Verdad, los hechos nudos, tercos y obstinados, ya no importan, sino que sólo importan las verdades globalistas en las que ellos creen y en las que pretenden hacernos creer.
A los díscolos disidentes ya no se los llevan a Siberia, sino que los enmerdan y putean, como hicieron Macron y Trudeau a todos los ciudadanos que se negaron a recibir una inoculación experimental. Ya no les obligan a afiliarse al partido único, porque todos los ciudadanos europeos, sin ser conscientes de ello, están ya, de facto, afiliados al único partido globalista que está imponiendo en toda Europa, a través de políticas de miedo, presión y coacción, su siniestra hoja de ruta: seremos felices sin tener nada.
¿Tan difícil es poder ver lo que está sucediendo delante de nuestras narices?