domingo, 14 de mayo de 2023

COMISARIOS POLÍTICOS Y MENTES ABIERTAS

INTRODUCCIÓN

Últimamente he estado viendo películas bélicas no estadounidenses, sobre todo películas alemanas, rusas y chinas.

El cine alemán sobre la II GM, por ejemplo, nos ha regalado cuatro magníficas joyas:

- Die Brücke (El puente, 1954)

- Stalingrado (1993)

- El hundimiento (2004)

- Sin novedad en el frente (2022)

Los alemanes son, en mi opinión, los europeos que han hecho hasta la fecha el mejor cine bélico sobre la IIGM. 

Sin embargo, en la presente reflexión voy a comentar dos películas bélicas producidas en el este de Europa (Estonia y Rusia), pues ambas, y de forma muy explícita, se atreven a explicarnos la "intrahistoria", que diría Unamuno, que formó parte del pasado común de los países que estuvieron integrados en la ya extinta URSS.


COMISARIOS POLÍTICOS

No recuerdo que en ninguna película bélica sobre la IIGM, que fuese anterir a 1990, se introdujera en las tramas argumentativas la figura del comisario político soviético.

Pero, como decía, he descubierto dos películas europeas donde, además de inteligentes guiones, espléndidas escenas de acción y acertados vestuarios y ambientaciones, se reflexiona sobre la importancia de la figura de los comisarios políticos, personajes claves para entender realmente cómo Stalin pudo vencer al más organizado y superior ejército alemán e imponer un régimen tiránico, basado en el miedo, en todo el territorio soviético.

"1944" : este es el título de la película bélica producida en Estonia en 2015, una fecha relativamente reciente.

La película nos cuenta la intrahistoria, tan olvidada por el cine estadounidense, de Estonia; un país que quedó dividido al estallar la IIGM y cuya población fue reclutada tanto por la Alemania nazi como por el ejército soviético.

Las motivaciones para alistarse en uno u otro bando fueron muy dispares entre los jóvenes estonios. Muchos jóvenes se alistaron en el ejército alemán tras comprobar cómo la URSS, una vez controlado y dominado el territorio, expropiaba las tierras de los pequeños campesinos y enviaban a Siberia a quienes se oponían. Por supuesto, tambien había muchos jóvenes estonios que se alistaban para combatir al "fascismo".

En una brillante escena de la película se produce un significativo diálogo, cargado de connotaciones político-ideológicas, entre dos jóvenes.

El joven idealista le decía a su compañero que la lucha, en realidad, era contra el "fascismo": 

- No podemos luchar junto a los fascistas,  proclamaba seguro de su verdad.

- Pero tú siempre serás un "burgués" para los soviéticos, le contestaba el otro. Recuerda que parte de tu familia está en Siberia y la otra vive atemorizada y vigilada por los comisarios políticos.

Esta escena refleja perfectamente cómo un irresponsable idealista, ebrio de sueños poéticos, puede llegar a ser un perfecto tonto útil obcecado en tirar piedras contra su propio tejado; contra su propia familia y contra sí mismo. Un joven, hijo de una familia campesina con tierras, que se dejaba arrastrar por el relato ideológico de los resentidos, hasta el punto de luchar no sólo contra sus propios intereses, sino contra su propia razón de ser.

Pero no todos los jóvenes se alistaban voluntariamente, sino que muchos eran obligados a alistarse en uno u otro ejército, dependiendo de qué bando dominase el territorio ocupado.

Uno de estos jovénes alistados forzosamente será elegido por un comisario político para que ejerza de chivato entre sus compañeros y delate a los desafectos con el regimen soviético. Lo primero que le preguntará al joven será por su afiliación al partido, pareciéndole muy bien para sus objetivos que el joven no estuviese afiliado, pues ello podría despertar recelos entre sus compañeros. A continuación, instará al joven para ejerza de testigo contra su capitán, acusado en un tribunal militar por haber cometido el delito de negarse a ejecutar a unos compatriotas estonios durante una refriega.

La crítica contra la figura de este comisario político es brutal, describiendo acertadamente la manera de manipular, coaccionar y ejercer su poder tiránico, no sólo contra los disidentes, sino contra los oficiales que no mostrasen demasiadas afinidades con "el partido".

"La gran ofensiva: 1942": una valiente e inteligente producción rusa de 2019, donde es más que evidente que los rusos intentan entonar un tímido mea culpa por su pasado soviético, pero sin zaherir demasiado (todavía quedan muchos nostálgicos comunistas) y permitiendo que los dos "malos" de la película, un comisario político y un subteniente de contraespionaje, acaben redimiéndose de sus pecados.

El comisario político asignado a un pelotón de soldados no sólo será el encargado de "motivar" a la tropa, sino que deberá vigilar el "pensamiento" de sus camaradas, evitando el derrotismo y las declaraciones contra el régimen soviético. 

La película comienza, prácticamente, con una ofensiva contra unas trincheras alemanas, con el comisario empujando a los "rezagados" a la primera línea de fuego, exponiendo su propia vida, todo hay que decirlo, sin un atisbo de cobardía. Ahí se destaca también la acción heróica de un soldado veterano, risueño y buen camarada, que permite tomar las trincheras enemigas.

A lo largo de la película, el comisario vigilará e interrogara, de forma más o menos velada, al capitán de la compañía, ingeniero en su anterior vida civil, y al "filósofo", un soldado que trabajaba como panadero antes de la guerra.

Como también sucediera en la película de Estonia, "1944", el comisario comenzará preguntándole al capitán por su afiliación al partido:

- No, no estoy afiliado, contesta el capitán. No es obligatorio estar afiliado, ¿verdad?

- No, no es obligatorio, le confirma el comisario político.

Pero, a partir de ese momento, el comisario pondrá al capitán en su "lista negra" junto al filósofo, al que descubrió soltándoles a sus compañeros una disertación patriótica "prorusa", que no prosoviética.

El "filósofo" les había confesado imprudentemente a sus compañeros que él fue profesor de  filosofía en la universidad antes de la revolución bolchevique, pero tras el triunfo del comunismo tuvo que dejar el cargo y trabajar como panadero. No da más explicaciones sobre el porqué de ese "cambio" en su vida laboral, pero a continuación se desinhibe catárticamente y "baja la guardia", reconociéndose como un nacionalista ruso:

- Rusia perdurará, pero no así la URSS. Cuando la URSS ya haya desaparecido, Rusia seguirá siendo una nación grande y fuerte.

Más tarde, con la película ya bastante avanzada, llegará un subteniente de contraespionaje cruzando las líneas enemigas. Entonces se producirá una situación surrealista, casi caricaturesca, cuando un avión alemán lanza unos panfletos de propaganda sobre las trincheras. 

Los soldados rusos ni se inmutarán ante la lluvia de propaganda enemiga, pero el comisario político y el subteniente de contraespionaje se pondrán literalmente histéricos, amenazando a todos los soldados con un consejo de guerra si leían los panfletos.

El comisario, nervioso y desesperado, se hace con una pequeña carretilla y, junto a unos soldados, se pone a recoger frenéticamente todos los panfletos de las trincheras.

Los soldados se quedan atónitos y no dan crédito ante tanto despropósito. La actitud en exceso exagerada del comisario político les asombra y lleva a un soldado a exclamar:

- Resulta increíble comprobar la poca confianza que tienen en nosotros.

Efectivamente, ni el comisario político ni el subteniente de contraespionaje, que veía traidores y espías por todas partes, confiaban en la lealtad de los soldados. Y por ello no dudan en registrarlos a todos para asegurarse de que ninguno de ellos había guardado panfletos.

Pero hete aquí que descubren que el risueño soldado veterano, el valiente cuya acción heróica permitió tomar las trincheas alemanas, había guardado unos panfletos para utilizarlos como papel para liar tabaco.

De nada le servirán al soldado sus excusas ni la defensa encendida de su capitán, pues el comisario y el subteniente decidirán llevarle a un consejo de guerra por su inocente y pueril acción.

No sigo para evitar spoilear a quien esté interesado en ver la película.


MENTES ABIERTAS

A veces, para matar el tiempo, veo series que no me entusiasman demasiado, pero que al no exigir demasiada atención para seguir sus simplones argumentos, me permiten quedarme dormido en el sofá sin temor a perderme nada importante (la edad no perdona).

Una de estas series es Star Trek: Enterprise, entretenida pero en exceso insulsa y predecible.

Pero, como ya he dicho en alguna ocasión, incluso entre las ficciones cinematográficas más mediocres pueden encontrarse preciosas perlas de tanto en tanto.

La perla que encontré el otro día, viendo Star Trek, fue un breve diálogo, insuficientemente desarrollado, entre el capitán Archer y su segunda al mando, la vulcaniana T´Pol.

El capitán debía decidir si confiar en una nueva civilización que habían descubierto en los confines de la galaxia:

- Yo soy de mente abierta - reconocía el capitán-  y creo que debemos darle una oportunidad a esta nueva cultura.

- En ocasiones, tener la mente abierta - le contestaba la racional y lógica vulcaniana- se confunde con creer en las verdades que queremos creer.

Y ya está, allí se acabó tan jugoso diálogo, sin que ninguno de los dos personajes profundizara en el hondo significado que encerraba la frase de la teniente T´Pol: 

Tener la mente abierta, en ocasiones, se confunde con creer en aquello que queremos creer.

No sé si los guionistas fueron conscientes de la genial pincelada filosófica, incluso ontológica, que, como el que no quiere la cosa, colaron a través de un breve diálogo aparentemente intranscendente.

Sólo dos frases bastaron para que la racional y lógica T´Pol dejara al desnudo las flaquezas del pensamiento idealista del capitán Archer, ese "Pensamiento Alicia", terriblemente posmoderno, contra el que nos alertara Gustavo Bueno.

Efectivamente, muchos de nuestros intelectuales, que se dicen progresistas, gustan de autoproclamarse individuos tolerantes y de mentes abiertas, pero sus mentes, en realidad, no están abiertas a la Verdad, sino a sus verdades; a aquellas verdades, en su parecer buenas y justas, en las que ellos desean creer.

El pensamiento racional y lógico de T´Pol, que bien pudiera haberlo expresado el propio Gustavo Bueno, alertaba al capitán Archer de su proceder inconsciente e irresponsable, dispuesto a arriesgarse guiado por sus deseos, y no por la realidad y los hechos objetivos.

Y la realidad, los hechos objetivos y la lógica, demandaban prudencia ante una situación desconocida. Pero, claro, el futuro siempre es un gran desconocido y quien no arriesga no gana. ¿Acaso no arriesgaron los conquistadores españoles cuando se lanzaron a la aventura de descubrir las Américas?

Las series de la ficción, por supuesto, siempre deben apostar a favor del idealista que se obliga  a creer en los mundos de Yupi. No puede ser de otra manera, porque hay que mantener vivas la intriga y la aventura, el misterio que nos insta a descubrir lo desconocido. Si la teniente T´Pol se obligara, en cada capítulo de la serie, a seguir su racional lógica vulcaniana, no habría ficción que desarrollar.

Así debe ser en la ficción, ya sea cinematográfica o novelada, pero ¿también debería ser así en la realidad del mundo en el que ex-sistimos? 

¿Tienen derecho nuestros políticos de mente abierta, como el capitán Archer, a poner en riesgo nuestras vidas y el porvenir de las futuras generaciones, en aras de consumar sus diferentes ensoñaciones ecológicas, animalistas, de género... porque ellos creen en "verdades" en las que quieren creer?


COMISARIOS POLÍTICOS DE MENTES ABIERTAS (conclusión)

Y así ha sido, viendo películas bélicas y una serie mediocrilla como Star Trek, como mi mente febril, no se si abierta o cerrada, ha establecido o descubierto, como se prefiera, la estrecha relación que existe entre nuestros actuales comisarios políticos y el hecho de que todos ellos, como el capitán Archer, se jacten de ser individuos de mentes abiertas.

Ahora en Europa, y como en tiempos de la extinta URSS, estamos siendo vigilados y coaccionados por comisarios políticos al servicio de la nueva agenda 2030, una suerte de nuevo internacionalismo, ahora globalista, que no duda en someternos a los dictados de sus políticas inconscientes e irresponsables.

Los nuevos comisarios políticos, títeres en realidad de poderes mucho más siniestros que amenazan las soberanías nacionales, son Von Der Leyen, Sánchez, Macron y Trudeau, pero también lo son Feijoó y hasta el último mono que luce en la solapa de su chaqueta la chapita multicolor con el logo de la pérfida Agenda 2030.

Desde luego, los nuevos comisarios políticos son más refinados, más taimados y astutos que aquellos individuos chuscos y dogmáticos que, en tiempos pretéritos, estaban al servicio del partido comunista de la URSS. Nuestros políticos actuales, todos ellos de mentes abiertas,  han aprendido a disfrazarse con los ropajes de los buenos y talanteros demócratas para, así, engañar a unas masas adormeciadas y aborregadas. Porque sí, porque la Verdad, los hechos nudos, tercos y obstinados, ya no importan, sino que sólo importan las verdades globalistas en las que ellos creen y en las que pretenden hacernos creer.

A los díscolos disidentes ya no se los llevan a Siberia, sino que los enmerdan y putean, como hicieron Macron y Trudeau a todos los ciudadanos que se negaron a recibir una inoculación experimental. Ya no les obligan a afiliarse al partido único, porque todos los ciudadanos europeos, sin ser conscientes de ello, están ya, de facto, afiliados al único partido globalista que está imponiendo en toda Europa, a través de políticas de miedo, presión y coacción, su siniestra hoja de ruta: seremos felices sin tener nada.

¿Tan difícil es poder ver lo que está sucediendo delante de nuestras narices?


martes, 11 de abril de 2023

LA CONTRADICCIÓN KANTIANA (España y VOX))


INTRODUCCIÓN

La irrupción de VOX en la escena política española ha sido “escandalosa”, pero no tanto por “inesperada” como por “epatante”. 

A VOX ya se le esperaba desde hacía mucho tiempo, es más, casi se podría decir que todos los necios de las izquierdas más retrógradas se conjuraron para que un partido como VOX tomara forma y legitimara a través de la razón (la diosa Razón) la necesidad de su ser-ahí, en la maltrecha, vilipendiada y mancillada nación española.

Para mí, pero, lo “escandaloso” de VOX no radica en el hecho de que su aparición, como sostienen las almas más cándidas del ingenuo humanismo, suponga una resurrección de los fantasmas del fascismo. Falso, VOX es un partido demócrata y liberal-conservador. 

Lo escandaloso de VOX, en mi opinión, viene dado por su capacidad para atemorizar a tirios y troyanos; a constitucionalistas y golpistas, a “buenos y justos” socialdemócratas y a provincianos tontilocos, a izquierdas liberales acomplejadas (PP y C´s) y a equidistantes de toda la vida.

Entender a VOX, su razón de ser (justificación y legitimidad) requerirá contestar dos preguntas claves:

1) PRIMERA PREGUNTA:

¿Qué ha sucedido para que aparezca en la escena política española un partido como VOX? 

En realidad, sería mejor reformular la pregunta de esta manera: ¿qué NO ha sucedido en España para que haya tenido que aparecer un partido como VOX?

La respuesta es sencilla: NO ha sucedido nada que frenara el apetito insaciable de los particularismos de cualquier pelaje. NO se ha defendido de forma eficaz y operativa nuestro Estado de Derecho durante décadas. Se vienen permitiendo, desde la Transición, sucesivas vulneraciones de la legalidad institucional (violaciones de la Constitución) en aras de “contentar a los eternos descontentos” (¡Ay, Julián Marías, si alguien te hubiese prestado algo de atención!). 

Los sucesivos gobiernos de España NO han cumplido con el deber y la obligación (imperativo constitucional) de salvaguardar la unidad e integridad territorial de la nación española. Como consecuencia de esto, los gobiernos del PSOE y PP, junto a los provincianismos más desvertebradores, NO han evitado que fuesen pisoteados los derechos y libertades de cientos de miles de españoles, asediados y acorralados en zonas rebeldes (principalmente en Vascongadas y en la región catalana).

Esta primera pregunta era fácil de responder y hasta el Tato, que no pasa por ser muy listo, sabía la respuesta. Pero vayamos ahora a la segunda cuestión, que tiene más enjundia y requiere de un poquito más de materia gris y de cortesía filosófica (claridad, en román paladino), para poder ser contestada comme il faut:

2) SEGUNDA PREGUNTA

¿Y por qué? ¿Por qué no se ha hecho NADA para evitar todo el ultraje y las vulneraciones a la legalidad que se han venido materializando en España hasta culminar con el golpe procesista catalán?

No se ha hecho nada porque el Estado español es un Estado fallido que no ha sido lo suficientemente fuerte, operativamente hablando, para defender la unidad e integridad de la nación española.

El Estado español, sobre todo a partir de la Transición, siempre ha sido un Estado cobarde y acomplejado, muy diferente, por ejemplo, del Estado francés.

Uno de los principales partidos españoles, el PSOE. cree legítimas las reivindicaciones de las naciones fragmentarias, y este partido, desde el federalismo que defendía Azaña hasta el socialcomunismo de Pedro Sánchez, siempre ha visto (craso error) a España como una nación de naciones. Así, a partir de esta visión federalista, al PSOE nunca le ha pre-ocupado ceder soberanía nacional a los regionalismos con ínfulas de nación. Y, claro, el PP también entró en este perverso juego de ganar votos a través de cesiones a los particularismos desvertebradores, dinamitando de esta manera la fortaleza y operatividad del Estado y despojándole de su razón de ser unificadora e integradora.

FRANCIA COMO SOLUCIÓN

Mucho se ha escrito, también en este blog, sobre la proclama orteguiana España es el problema y Europa es la solución. Sin embargo, en cuanto a cómo articular un Estado eutáxico, operativo y fuerte, creo que Francia es el referente que deberíamos tomar para intentar articular un Estado nacional.

El Estado francés fue el primer Estado europeo constituido por ciudadanos libres e iguales que asumió, además, ser constitutivamente nacional, es decir, comprendió que para defender los derechos y libertades del conjunto de sus ciudadanos también debía preservar su unidad e integridad territorial (la patria del pueblo soberano).

El Estado francés, desde su constitución, defendió la indivisibilidad de su territorio y, por tanto, no permitió que futuros colectivos desvertebradores pudieran atentar contra la integridad de la nación. De esta manera, Francia, hasta nuestros días, ha controlado uno de los problemas más graves que aquejan a España actualmente: las acciones secesionistas de las naciones fragmentarias.

Pero el Estado francés, nacional y republicano, también supuso, por primera vez en la historia, la ruptura con los valores morales que emanaban directamente de Dios. La república francesa de ciudadanos libres, decidió prescindir de Dios para poder constituirse como tal, y por ello debió afrontar un grave dilema: 

¿Fue legítimo romper con la legalidad institucionalmente establecida (Antiguo Régimen)  a través de un golpe revolucionario?

DIOS Y KANT

El mismísimo Kant defendió dos posturas totalmente antagónicas, en dos de sus obras más célebres, a la hora de proporcionarnos argumentos para contestar  esta cuestión.

En su obra “Metafísica de las costumbres” Kant escribió:

Los ciudadanos no tienen derecho a rebelarse contra el Estado, pues supondría la destrucción de su constitución legal (cap 6: 318-323). ¿No era "legal" el Estado constituido en el Antiguo Régimen?

Sin embargo, en su “Crítica de la razón práctica” Kant aseveró:

Hay que obedecer a Dios más que a los hombres” (fundamento de su imperativo categórico). Un individuo está obligado a negarse a cumplir órdenes, incluso a costa de su propia vida, cuando dichas órdenes vulneren el imperativo categórico moral. 

De esta manera, Kant legitimó la desobediencia civil. Es más, llegó a manifestar con entusiasmo que la Revolución francesa fue el hecho de su tiempo.

He ahí la contradicción que subyacía en el pensamiento kantiano; razonamientos que defendían al Estado ante cualquier acto de rebeldía y, al tiempo, argumentos que justificaban acciones de desobediencia civil

Pero más grave que esta contradicción, en mi parecer, es la trampa dialéctica que nos tiende Kant a colación de Dios:

Si Kant alabó y justificó la revolución francesa, que vulneró la legalidad establecida anteriormente y prescindió del mandato moral de Dios, ¿cómo pudo, al tiempo, fundamentar su imperativo categórico reconociendo la existencia a priori de Dios, en realidad reconociendo tres ideas puras a priori: Yo trascendente (alma), mundo y Dios?

No olvidemos que Kant dejó escrito:

La inmortalidad del alma nos garantiza un progreso infinito hacia la virtud. Y por eso, si es necesario, la voluntad libre del sujeto tiene que preferir morir antes que cumplir órdenes que atenten contra el imperativo categórico universal.

¿Pero cómo podemos convencer a la generalidad de la humanidad, después de que la posmodernidad proclamara la muerte de Dios, que debe sacrificarse voluntariamente? 

Si no hay Dios tampoco hay inmortalidad del alma que nos garantice una felicidad virtuosa tras la muerte. Sólo nos queda el mundo.

SÓLO NOS QUEDA EL MUNDO

Cuando los hombres de la modernidad entendieron que Dios ya no justificaba ni legitimaba nada, se aferraron a Kant, pero cuando los cínicos ilustrados se dieron cuentan de que Kant, al cabo, también era un esencialista y un redomado metafísico, se vieron obligados a justificar (legitimar) sus acciones rebeldes, no a través de Dios ni de imperativos categóricos esencialistas, sino a través de la hipóstasis o sustanciación de otra nueva idea etérea: la justicia social.

Así, Marx construyó todo su materialismo dialéctico e histórico a través de la nueva diosa, también metafísica, llamada justicia social. De nuevo, un humanismo, ahora marxista, inculcó en los hombres una idea que les obligaba, como otrora Dios, al cumplimiento de un nuevo imperativo de deber (moral al cabo) que legitimaba la desobediencia civil y la revolución, siempre, por supuesto, que éstas tuvieran como loable fin último alcanzar la justicia social.

CONCLUSIÓN

Si VOX está entre nosotros es, básicamente, y pecando de exceso de reduccionismo, porque nuestros kantianos y posmarxistas siguen empeñados en legitimar acciones subversivas y desobediencias civiles que siguen creyendo necesarias para alcanzar justos fines.

El problema de partidos como el PSOE (y en menor medida también del PP) es que, a pesar de ser constitucionalistas, creen legítimas (justas) las reivindicaciones nacionalistas de las naciones fragmentarias. De nuevo la contradicción kantiana: ¿hay que defender y hacer cumplir la Constitución o es lícito vulnerarla (o burlarla) en aras de satisfacer las reivindicaciones de los particularismos desvertebradores?

Desde el momento en que uno o varios partidos "constitucionalistas" legitiman las reivindicaciones de los nacionalismos provincianos, no tienen más remedio que prostituir al Estado y la nación para permitir y/o consentir diferentes grados de desobediencia civil. Esto es lo que viene sucediendo en España desde hace décadas.

El problema, pero, es que se comienza legitimando desobediencias civiles “pacíficas”; después se condesciende con leves vulneraciones de la legalidad (retirada de banderas y simbología española en Cataluña), luego se mira de perfil cuando son cercenados los derechos y libertades de ciudadanos catalanes (imposición de la ley de inmersión lingüística). Y, finalmente, perplejos, los ciudadanos de toda España son testigos de un golpe de Estado en Cataluña.

Y ante el golpe de Estado, anunciado y consumado, los principales partidos (PP y PSOE) han preferido “edulcorar” la realidad y minimizar la gravedad del mismo, disfrazándose con ropajes kantianos para decirnos que el problema es político, no judicial. Lo que traducido al román paladino viene a decir: entendemos la desobediencia y la rebelión de las naciones fragmentarias porque sus reivindicaciones son justas y legítimas. Tan justas las consideran que Feijoó, que pasa por ser un político que defiende la unidad nacional (¡juás!), ha desterrado la lengua española de Galicia para imponer institucionalmente la regionalista lengua gallega. 

No, España no es Francia. Pero es que, además, el Estado español ni está ni se le espera en una gran parte del territorio nacional. Y por eso muchos españoles han entendido que, ante el desolador panorama político-social en España, ya sólo les queda VOX.




domingo, 26 de marzo de 2023

ORTEGA FRENTE A GUSTAVO BUENO

INTRODUCCIÓN

Los discípulos de Gustavo Bueno no pierden ocasión en descalificar a Ortega y Gasset, sobre todo debido al sueño del filósofo madrileño de poder articular un Estado supranacional europeo; un sueño o posibilidad real histórica que el propio Ortega confesó anhelar en su "Rebelión de las masas" (prólogo para franceses de 1937).

La principal crítica del MF (materialismo filosófico) al pensamiento de Ortega parte de considerar (craso error) que Ortega era un "idealista" y, por tanto, éste también se servía de una filosofía idealista (fantasiosa) para intentar "salvar a España" a través de Europa; a través de un Estado supranacional europeo. 

Desde luego, es bien cierto que el propio Ortega escribió en el citado Prólogo para franceses de 1937, de su "Rebelion de las masas": 

" La figura de ese Estado supranacional será, claro está, muy distinta de las usadas...".

¿Pero cómo imaginó Ortega que sería la figura de su hipotético Estado supranacional europeo?  Pues, como intentaré demostrar a continuación, no lo imaginó desde una perspectiva idealista, sino desde la articulación de un Estado supranacional raciovitalista y operativo, en absoluto habermasiano,

De hecho, el propio Ortega, como si intuyera que décadas más tarde Gustavo Bueno le tildaría de idealista, dejó escrito en su "Rebelión de las masas":

"No es, pues, debilidad ante las solicitaciones de la fantasía ni propensión a un "idealismo" que detesto, y contra el cual he combatido toda mi vida, lo que me lleva a pensar así. Ha sido el realismo histórico el que me ha hecho ver que la unidad de Europa no es un "ideal", sino un hecho".

EUROPA COMO HECHO, NO COMO IDEAL

Fijémonos cómo el propio Ortega dejó bien claro que él no era un idealista (enfatizo en negrita), porque no consideraba que la unidad de Europa fuese un ideal, sino un hecho consumado a través de lo que Ortega denominó realismo histórico.

Es cierto que Ortega apeló a la defensa de un proyecto civilizador supranacional, ¿pero ese proyecto civilizador suyo cómo habría de ser? ¿Debería ser un proyecto plurinacional, al modo de un Estado confederal que preservara las diferentes soberanías nacionales integrantes? ¿O, por el contrario, debería constituirse como una proyecto federal, al modo de la socialdemocracia habermasiana, arrebatándole a los países miembros sus respectivas soberanías nacionales?

El problema de Ortega es que no argumenta cómo podría llegar a articularse ese Estado supranacional europeo que, según él, debería ser, al tiempo, unificador pero también plurinacional.

Ortega se limita a decir al respecto:

"Esta idea acrobática (articular un proyecto supranacional unificador y plurinacional) , chocaría con los hombres de cabezas toscas".

En esta sustancialización del "europeísmo", entendido como alianza entre iguales, que no deja de ser una idea hipostasiada en la conciencia, podría radicar el carácter idealista, acrobático, humanista y soñador, de la propuesta orteguiana. Aunque, según Ortega, su propuesta era complicada (acrobática), pero no imposible.

La idea supranacional de Ortega, en su parecer, no sería un imposible ideal, sino que sería un proyecto difícil de llevarse a la praxis por culpa de los hombres de cabezas toscas.

¿Quiénes eran estos hombres de cabezas toscas a los que se refiere Ortega?

El propio Ortega responde: 

Son cabezas pesadas nacidas para existir bajo las perpetuas tiranías de Oriente.

Y a continuación nos describe cómo son estas cabezas pesadas, que se dejan seducir por las promesas de las tiranía de Oriente (léase comunistas):

Este hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado y, por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas internacionales... tiene sólo apetitos, cree que tiene sólo derechos y no cree que tiene obligaciones; es el hombre sin la nobleza que obliga. 

No creo, después de leer esta definición de hombre-masa (hombre de cabeza tosca o pesada vaciado de su propia historia) que Ortega hiciera suyo, hoy, el ideario globalista de la Europa habermasiana; un proyecto supranacional que, precisamente, arrebata a las naciones que lo integran su soberanía nacional y su pasado para, así, ensayar un nuevo internacionalismo muy inspirado en las marxistas tiranías de Oriente, pero edulcorado bajo la apariencia de una socialdemocracia talantera.

NACIÓN PARTICULARISTA VS NACIÓN FRAGMENTARIA

Creo que la mayoría de los discípulos de G. Bueno, salvo Manuel F. Lorenzo, no han leído a Ortega con suficiente atención expectante; no han sabido ver las evidentes coincidencias entre determinados postulados del MF y la filosofía raciovitalista, que no idealista, de Ortega y Gasset.

Explica Manuel F. Lorenzo en su libro "Nacionalismo contra globalización" (2021):

Ortega ha sido el chivo expiatorio de los actuales anti-europeístas (entre ellos los seguidores de G. Bueno) que nos recuerdan la famosa frase del filósofo madrileño "España es el problema, y Europa la solución". Pero la Europa actual es una oligarquía de políticos, banqueros y medios de comunicación, caracterizada por la mediocridad de un europeísmo utópico que sueña con ceder soberanía, no importa cuánta, a una Europa Federal. Ortega nunca defendió tal cosa, pues en su concepción de unidad europea se suponía una fuerte política nacionalizadora en España (contra los particularismos periféricos) y no una mera cesión supranacional de competencias estatales. Ortega tenía otra filosofía muy diferente del papanatismo europeísta hoy dominante... y se atrevió a proponer una nueva filosofia llamada raciovitalismo.

A Ortega, sin embargo, se le ha criticado tanto o más que a Julían Marías, su discípulo, por definir la nación española como un sugestivo proyecto de vida en común articulado en la unidad desde la pluralidad. También Julián Marías nos dejó una definición poco afortunada: España es una nación de naciones; una definición que se han apropiado las izquierdas federalistas y que Gustavo Bueno, por cierto, trituró de forma impecable.

Sin embargo, el propio G. Bueno definió la nación española como una nación envolvente; es decir, como una nación que "envolvió" (leáse en términos piagetianos de asimilar y acomodar) a otras nacionalidades, dando lugar a la unidad de un superior conjunto plural.

La nación histórica española (constituida a lo largo de la historia) fue envolviendo y/o integrando en un proyecto común más amplio y unitario al resto de pueblos (naciones) de su entorno.

La idea común que subyace en las definiciones, tanto de Ortega como de Marías o G. Bueno, insiste en un mismo hecho: España se hizo nación a través de un principio de incorporación o constitución de unidades sociales superiores (Julián Marías).

Insisto: tanto el raciovitalismo orteguiano (realismo histórico) como el MF coinciden al reconocer que España se fue haciendo a través de hechos, a partir de un devenir histórico que Julián Marías llamó trayectorias históricas reales.

Hay, pues, una clara coincidencia entre el raciovitalismo y el MF al entender cómo se forjó la nación histórica española, como un proyecto integrador y continuista, y ello al margen de que cada propuesta filosófica se valga de diferentes terminologías conceptuales para expresar la misma verdad.

Estas diferencias conceptuales podemos observarlas en el modo en que cada filósofo denominó a los particularismos regionalistas. Ortega utilizó el término nacionalismo periférico y Gustavo Bueno el de nacionalismo radical, pero, en ambos casos, esos modos de ser eran particularismos degenerados en tanto que secesionistas:

"En efecto, nuetra crítica al nacionalismo radical...deriva de su consideración de concepto particular degenerado ("España frente a Europa" de G. Bueno).

Así pues, tanto la filosofía raciovitalista de Ortega como el MF de G. Bueno trituraron el idealismo secesionista, aunque hay que reconocer que G. Bueno fundamentó su crítica mucho mejor que el filósofo madrileño.

Los objetivos últimos de la nación particularista (Ortega) y los de la nación fragmentaria (G. Bueno) eran los mismos: romper la unidad e integridad de la nación española.

Pero Ortega y Bueno no coincidieron tan sólo al explicar cómo se fue haciendo España, integrando o envolviendo a otras realidades nacionales posibles,  sino que los dos filósofos entendieron que la forma política del imperio era la mejor posible para civilizar y preservar la razón de ser de Occidente,

IMPERIO GENERADOR  (EUROPA CONFEDERAL VS EUROPA FEDERAL)

Insisto: no basta con decir, como dicen los discípulos de Gustavo Bueno, que Ortega era idealista en tanto que europeísta. No basta.

Para empezar habría que diferenciar entre el europeísmo de Ortega (de carácter confederal) del europeísmo federal de la socialdemocracia habermasiana (ver Manuel F. Lorenzo). Pero, sobre todo, deberíamos diferenciar entre los pretéritos fines que inspiraron la articulación de la supranación europea orteguiana de los fines que actualmente persigue la supranacion europea habermasiana.

Demos, por tanto, unas pequeñas pinceladas para explicar las diferencias entre un proyecto político de unidad confederada y otro articulado desde una unidad federal.

Una supranación europea confederada (como la pensó Ortega) sería una unidad integradora de pluralidades nacionales, donde cada nación preservaría su propia soberanía nacional participando, al tiempo, en la política de un superior proyecto común europeo. Una supranación europea federal, sin embargo, articularía un fuerte poder central que anularía o  limitaría la soberanía nacional de los diferentes países integrantes.

La supranación europea de hoy, socialdemócrata en esencia, posee un marcado carácter federal, es decir, pretende anular la soberanía nacional de las diferentes naciones que la integran. Desde Bruselas se decide el destino de las diferentes naciones. Y aquellas naciones europeas que se muestran díscolas disidentes, defensoras de sus respectivas razones de ser nacionales, son coaccionadas, amezadas y castigadas (sancionadas económicamente).

No, la Europa que anheló Ortega no era la Europa habermasiana, idealista y socialdemócrata, que hoy padecemos. La Europa orteguiana era más aristoi e imperialista, no solo por salvaguardar las diferentes soberanías nacionales, sino porque sus fines comunes, como bien he subrayado anteriormente, eran muy diferentes a los de la actual supranación europea.

Escribió Ortega:

La probabilidad de un Estado Europeo se impone necesariamente. La ocasión que lleve súbitamente al proceso puede ser cualquiera: por ejemplo, la coleta de un chino que asome por los Urales o bien una sacudida del gran magma islámico.

Dos fines, los mismos que el imperio generador de Gustavo Bueno, perseguía la supranación orteguiana: generar un proceso civilizador occidental y salvaguardar al mismo de amenazas externas, las islámicas y la del gigante chino que ya comenzaba a "despertar".

La Europa habermasiana, por el contrario, facilita la disolución de la razón de ser occidental, no solo dejándola indefensa ante amenazas externas (Islam), sino dinamitando, desde dentro, las diferentes soberanías nacionales que son, al cabo, las últimas depositarias de tradicionales valores trascendentales y la última defensa frente a lo que Ortega llamó pseudomorales eslavas (comunismo).

Mi tesis es la siguiente: la idea de imperio generador de Gustavo Bueno coincide con la idea orteguiana de una Europa supranacional confederal. Podríamos decir, grosso modo, que ambos filósofos creían en la articulación de lo que podríamos llamar un imperio confederado; es decir, una gran supranación (imperio europeo) operativa y generadora de principios civilizadores (no depredadores) que, al tiempo, salvaguardara su propia razón de ser.

He aquí las dos características principales que comparten el imperio generador de Bueno y la supranación confederal de Ortega.

1) Generar y difundir la moral de una civilizadora razón superior (Occidental).

2) Garantizar la supervivencia del imperio generador defendiéndolo de las amenazas de otras morales. 

No cabe duda de que tanto el raciovitalismo orteguiano como el MF se refieren a proyectos muy parecidos, llámense supranacionales o imperiales, pero, en ambos casos, proyectos que se constituyen desde una unidad superior envolviendo a otras pluralidades (regionales y/o nacionales); proyectos que tienen como fin desarrollar un proceso civilizador que ha de ser defendido.

La principal diferencia entre las propuestas "imperialistas" de Ortega y Bueno no está, por tanto, en los mismos fines que ambas comparten, sino en el quién, quién debería liderar ese proyecto civilizador occidental salvaguardándolo de enemisgos internos y externos (comunistas e islamistas).

Ortega, como sabemos, creyó que dicho líder (salvador de Occidente) debería ser una supranación europea, pero en absoluto una supranación habermasiana (léase socialdemócrata), sino un proyecto unitario de carácter confederal o "imperialista", como se prefiera. Sin embargo, G. Bueno desconfiaba de Europa, porque la Europa actual, sumida en la decadencia y la falta de convicción moral, no solo ataca a las diferentes soberanías nacionales, sino que es incapaz de articular eficaces políticas operativas para preservar su propia razón de ser. De hecho, la propuesta de G. Bueno es más osada que la orteguiana: debería ser España la que liderara un nuevo proyecto civilizador (hispanoaméricano), asiéndose a los restos del naufragio de lo que fue el imperio generador español. 

España, hoy como ayer, siempre frente a Europa.



miércoles, 15 de marzo de 2023

LA PERSONALIDAD Y LOS DIFERENTES MODOS DE SER

INTRODUCCIÓN

Desde la filosofía, pero también desde la sociología, la antropología, la biología y, sobre todo, desde la psicología, diferentes ramas del saber se han formulado la siguiente pregunta:

¿Somos quienes estamos predestinados a ser, ya sea por designio divino o imperativo biogenético, o somos lo que la sociedad, nuestro medio y circunstancias, nos instan a ser  a través de condicionamientos y moldeamientos psicosociales y culturales?

La humanidad lleva tiempo intentando dar respuesta a esta crucial cuestión, pero no sólo por un desinteresado amor al saber, sino porque, históricamente, han sido numerosas las religiones e ideologías que han fundamentado sus cosmovisones (interpretaciones sobre el mundo y el ser humano) a partir de un determinado prototipo o modo de ser hombre, es decir, a través de lo que Heidegger llamó un Dasein histórico.

SIN ALMA SOMOS GANADO HUMANO

Cuando Nietzsche proclamó solemnemente su célebre "Dios ha muerto", no estaba tanto anunciando la muerte de un ente supremo celestial, que también, como la negación de que cualquier esencialismo y/o idea suprasensible (Dios, alma, espíritu...) pudieran ser elementos constitutivos del modo de ser humano.

Así pues, el comienzo de la modernidad arrancó con la desocultación de una terrible verdad:

Las distintas personalidades de los seres humanos, los diferentes modos de ser en y con-el mundo, no estaban predeterminadas por designios divinos, sino por factores biogenéticos y/o socioculturales.

Este nuevo modo posmoderno de considerar al ser humano como una copia (herencia genética) de sus progenitores o como el resultado de un moldeamiento sociocultural, tiene sus referentes más lejanos en la "Política" de Platón, donde el filósofo griego ya pensó que para articular su república ideal sería necesario, primero, criar y domesticar un determinado tipo de ganado humano.

El filósofo Peter Sloterdijk ha utilizado, no sin cierta intencionalidad maliciosa, el concepto de ganado humano (ver "Normas para el parque humano") para referirse a los individuos que, a lo largo de la historia, fueron moldeados en las granjas-escuelas a través de antropotécnicas humanistas, es decir, a través de herramientas civilizadoras y uniformadoras.

La intención de Platón, como la de cualquier humanismo desde los tiempos de la antigua Roma, fue la de crear hombres comprometidos con la polis; individuos cuyas personalidades individuales quedaran diluidas en un gran YO o conciencia colectiva. Se trataba, ayer como hoy, de crear una masa uniforme fácil de pastorear (leáse manipular y adoctrinar).

LA CONCIENCIA COLECTIVA

El marxismo fue la ideología del SXX que con mayor celo dogmático ensayó la creación de un nuevo modo de ser hombre: el modo de ser proletario, un modo de ser y estar en el mundo que le exigía al buen ciudadano sacrificar su personalidad individual poniéndola al servicio de una gran personalidad o conciencia colectiva.

La respuesta al supremacismo marxista, conciencia prepotente que negaba al resto de conciencias, llegó en la forma del nacionalsocialismo, el cual postularía un nuevo modo de ser humano: el modo de ser ario.

La conciencia marxista consideró que el modo de ser hombre (el nuevo hombre proletario) podía moldearse y crearse a través de pedagogía social institucionalizada por el Estado.  De hecho, fue en la ya extinta URSS donde se desarrolló la reflexología rusa, una predecesora de la psicología conductista que consideraba que el modo de ser de cada individuo (su personalidad) se originaba a partir de procesos neurológicos y bioquímicos entre el sujeto y su medio circundante. La conducta, sostenían, no dependía tanto de factores internos del individuo (cognitivos y emocionales) como del intercambio entre estímulos y respuestas. La conducta humana, por tanto, era susceptible de poder ser condicionada o moldeada; susceptible, en definitiva, de poder ser manipulada y adoctrinada para dar forma a concretos modos de ser hombre.

El nacionalsocialismo, por su parte, y siguiendo también la vía cientifista de la URSS, postuló la herencia biogenética (la raza) como el componente esencial a apartir del cual se originaría el conjunto de rasgos de personalidad que definirían, a su vez, el modo de ser del individuo. En este caso, un modo de ser ario.

Obsérvese que ambos supremacismos, marxista y nacionalsocialista, perseguían la consecución de utópicas sociedades futuras; sociedades que, por fuer, para alcanzar sus metas ideológicas debían estar habitadas por un concreto modo de ser hombre (proletario o ario). Ambas ideologías dogmáticas, por tanto,  negaron y combatieron al resto de conciencias, principalmente a las de corte liberal y anarquista.

Estas conciencia colectivas, endiosadas, determinaron qué rasgos de personalidad, por tanto, debía compartir el conjunto de la ciudadanía. A los ciudadanos, en definitiva, se les exigía que diluyeran su yo individual en un yo colectivo. Ni el marxismo ni el nacionalsocialismo podían tolerar la disidencia ideológica y por ello la combatieron sin piedad, bien a través de gulags (URSS) o campos de exterminio (Alemania). Ser tildado de burgués en la URSS de Stalin podía ser tan terrible como ser etiquetado judío en la Alemania del III Reich.

No hubo diferencias significativas entre las diferentes antropotécnicas o herramientas de cría y domesticación que emplearon la conciencia marxista y la nacionalsocialista, salvo la "oportunidad" (entrecomillado malicioso) que ofrecía el marxismo a los disidentes para poder ser reeducados por el Estado. Los judíos ni siquiera tuvieron esa "oportunidad" redentora, porque la herencia biogenética no era susceptible de poder modificarse como, en teoría, sí podía ser modificada la conducta. 

Tras la II Guerra Mundial, y tras desenmascararse el carácter totalitario del taimado marxismo, que supo disfrazar mucho mejor que el nacionalsocialismo su prepotencia señorial, las sociedades occidentales ensayaron nuevos modos de ser hombre creando una suerte de híbrido ideológico, liberalsocialista o socialdemócrata, cuyo objetivo último era evitar el retorno a la provincia heideggeriana. De dar forma a este nuevo modo de ser se encargarían los filósofos de la Escuela de Frankfurt, destacándose Habermas como el padre de una nueva conciencia europeísta articulada a través de democracias deliberativas.

NUEVOS MODOS DE SER

Las actuales sociedades occidentales viven en un aparente clima de libertad. Los ciudadanos, en su mayoría, se sienten libres y creen que la humanidad, por fin, se libró de la presencia de conciencias totalitarias que les dictaban qué pensar y cómo obrar.

Sin embargo, los ciudadanos europeos de hoy, y como no podría ser de otra manera, también son el producto de unas prácticas más refinadas para criar y domesticar ganado humano.

Las granjas-escuelas se han convertido en la herrramienta antropotécnica por excelencia para crear un nuevo modo de ser europeo, aunque quizás sería más lógico hablar de un modo de ser occidental.

La nueva conciencia europea u occidental ha limado el celo dogmático de marxistas y nacionalsocialistas. Ya no extermina a las conciencias disidentes, como hacían los nazis, ni las recluye en campos de reeducación como los comunistas. La conciencia actual no necesita "reeducar" a los ciudadanos, porque el sistema educativo ya los moldea, desde muy pequeñitos, para que el día de mañana sean obedientes y sumisos.

Frente al modo de ser proletario y el modo de ser ario, ha surgido una nueva conciencia o modo de ser occidental que, como sus predecesoras, también persigue un utópico fin último teleológico: una sociedad futura donde los ciudadanos no tendrán nada pero serán felices (eslogan mesiánico de la agenda 2030).

Las nuevas técnicas antropotécnicas, más refinadas y perversas, están logrando convencer a muchos ciudadanos de que no existe el sexo binario, es decir, nos dicen que podemos, con tan solo desearlo, ser "algo más que hombres o mujeres". No sólo podemos sentir que somos un género neutro (ni hombre ni mujer) sino que nuestro género puede fluir, permitiendo que podamos sentirnos, indistintamente y según el día (permítaseme la broma), ora hombre ora mujer. Toda una locura colectiva.

¿Pero acaso no fueron también locuras colectivas los modos de ser comunista y nacionalsocialista?

Ahora, los actuales pastores del ser intentan normativizar un nuevo modo de ser persone, permitiendo la libre autodeterminación identitaria de los individuos. Para ello, de nuevo, hay que moldear conciencias desde las escuelas y desde los órganos del poder. Hay que institucionalizar las nuevas verdades reveladas por las ideologías LGTBI y queer. Y, de nuevo, hay que estigmatizar y perseguir a los disidentes.

Decía que las nuevas herramientas antropotécnicas de hoy son más refinadas que las utilizadas por el marxismo y el nacionalssocialismo, A los disidentes ya no se les recluyen en gulags ni en campos de exterminio, simplemente se les "enmerda", como reconoció el presidente Macron, hasta hacerles la vida imposible,

Sí, recordemos (no está de más hacerlo) que los nuevos pastores del ser decidieron, no ha mucho, que había que putear a quienes se negaran a inocularse una sustancia experimental que políticos y mercenarios de la salud (OMS y farmacéuticas) dieron en llamar "vacuna". También son puteados los intelectuales, sobre todo profesores, que se niegan a aceptar las nuevas verdades de las ideologías de género. 

El actual poshumanismo no ha abandonado los tintes totalitarios de sus predecesores. No ha podido abandonarlos porque, en el fondo, todo proceso civilizador, de cría y domesticación del ganado humano, exige el cumplimiento estricto de unas normas y reglas destinadas a institucionalizar un concreto modo de ser hombre. Y ahora no toca ser hombre o mujer, sino persone, y ¡ay de aquellos que se opongan a estos nuevos modos de ser!


jueves, 4 de agosto de 2022

LA EUROPA HEGELIANA

POLÍTICA DE ILUSIÓN DE ALTERNATIVAS (sin salvación)

INTRODUCCIÓN

Los seguidores de Antonio Trevijano, incansables, insisten en repetirnos que vivimos bajo un régimen partitocrático, es decir, bajo el paraguas de una falsa democracia. Y tienen razón.

El sistema de partidos en España tiene como fin último mantener vivo un espejismo; una falsa ilusión de alternativas que le hace creer a la ciudadanía que es libre para elegir entre diferentes opciones políticas (derechas vs izquierdas) cuando, en realidad, el sistema de partidos no permite una auténtica democracia participativa, sino que actúa como un sistema oligárquico.

ILUSIÓN DE ALTERNATIVAS EN EUROPA

Sí, los "trevijaners" (calificativo cariñoso) tienen razón, pero la gravedad de su verdad no afecta sólo a España, sino a toda Europa. No hay escapatoria ni salvación.

Decía Zizek, en "Menos que nada", que en Europa ya no existía la política dualista de idealistas vs materialistas, sino dos políticas ideológicas materialistas: 

El materialismo democrático (habermasiano) vs el materialismo dialéctico (heredero de Marx).

Lo mismo sucede en España, donde tanto PSOE como PP se encuadran dentro del marco teórico del materialismo democrático (socialdemócrata) vs el materialismo dialéctico de Podemos y otros grupúsculos nostálgicos del marxismo. Ya no hay derechas ni izquierdas.

De hecho, Zizek señala que en la Europa de hoy impera el materialismo democrático, de la misma manera, añado yo, que en España lo hace la socialdemocracia del "PPSOE"; un materialismo o biomaterialismo que sólo reconoce cuerpos y lenguaje (Badiou) y que impone sus leyes a través del consenso de la "democracia deliberativa".

Pero, como bien señaló Badiou, estas democracias deliberativas (no olvidemos que habermasianas) no dudan, consenso mediante, en IMPONER "su verdad": 

"No debe haber democracia para los enemigos de la democracia". 

Por sentencias como ésta, Gustavo Bueno acusó a estas democracias deliberativas de pecar de lo que él llamó "fundamentalismo democrático". Por sentencias como ésta, totalitarios como Macron estuvieron dispuestos a imponer sus verdades a través del miedo y la coacción, enmerdando a los últimos disidentes.

También Sloterdijk, tras su desencuentro con Habermas, que le llamó "joven fascista ", se refirió en su día a la paradoja que subyacía en la dialéctica habermasiana, que se jactaba de fundamentarse en el diálogo y el intercambio comunicativo, pero que no dudaba en deslegitimar los argumentos contrarios tildándolos de "antidemocráticos o fascistas". Puro supremacismo o fundamentalismo que se amparaba en la verdad de un nuevo dios: el consenso.

Estamos viendo cómo, en aras de este endiosado consenso, la Europa habermasiana nos está imponiendo un nuevo proyecto globalista hegeliano (la agenda 2030), que, en palabras de Sloterdijk (ver "Sin salvación) se podría considerar como un nuevo proceso civilizador para acoger nuevas manifestaciones de lo absoluto.

CONCLUSIÓN

No hay escapatoria, ni en España ni en Europa. 

Durante las últimas décadas se han ido tejiendo, delante de nuestras narices, falsas ilusiones de libertad que nos han convertido en animales de lujo (Sloterdijk); ilusiones que nos han convertido en animales de granja, sí, pero  también en ganado exquisito y refinado. Queremos estar siempre bien cebados y  siempre pedimos más seguridad, más protección, más certidumbre, más Estado en definitiva.

No sé si en el  2030 seremos más felices, pero, desde luego, no tendremos NADA, ni bienes materiales ni la libertad para decidir si queremos vacunarnos, poner la temperatura por debajo de 27 grados, comer carne o llevar corbata.

Nos va a quedar un mundo muy "bonito y feliz".

sábado, 23 de abril de 2022

EL FEMIMARXISMO QUE NO CESA

INTRODUCCIÓN

No hace mucho, en otra de mis reflexiones, critiqué duramente la ideología supremacista del actual femimarxismo que, imparable, está enraizando en la sociedad española a través de la legitimidad que le otorga el poder institucional.

Sí, en España ya tenemos un Ministerio de Igualdad que, en realidad, no es otra cosa que un ministerio al servicio de la causa femimarxista; un ministerio pagado por todos los españoles para atentar contra los derechos y libertades de los hombres españoles. Así están las cosas.

EL ODIO PERMITIDO

Después de implantar una ley inconstitucional, como la ley de Violencia de Género, el femimarxismo no puede por menos que regocijarse ante semejante logro: haber convertido a todos los varones, de hecho y con la ley en la mano, en culpables tan sólo por haber nacido hombres. 

Después de semejante atropello a la ley y la justicia, legitimando el odio y el desprecio al varón (siempre violador y maltratador), no ha resultado difícil que las dogmáticas femimarxistas se estén despachando a gusto mostrando al desnudo sus más execrables y despreciables miserias morales. Y con total impunidad.

Ya comenté el caso de la profesora de instituto que explicó a toda su clase, segura de su "verdad", que los niños varones deberían ser castrados al nacer. Pero lo más grave, en mi opinión, es que este odio visceral y patológico está normalizándose, mostrándose públicamente como algo natural que ya no causa revuelo ni indignación.

Por ejemplo, el otro día, en First Dates (programa de TV), una joven lesbiana de 18 años, después de manifestar entre risas que el sexo masculino le daba asco, añadió que los hombres deberían ser exterminados, un poquito al menos, añadió intentando quitarle hierro al asunto.

Y el asunto, el grave asunto, era que aquella aprendiz del dogmático femimarxismo podía darse el lujo de mostrar todo su odio y desprecio al varón como algo natural, incluso "chistoso", sin que nadie se rasgara las vestiduras por ello.

¿Qué hubiese sucedido si un chaval, un hombre cualquiera, hubiese dicho públicamente que las mujeres deberían ser exterminadas, un poquito? 

POCA BROMA

A estas "locas del coño", como las define mi madre, hay que tomárselas muy en serio. Poca broma con lo que está sucediendo.

Al principio, todo el mundo se descojonaba del lenguaje inclusivo y hacía mofa de estas locas y sus "todos, todas y todes". Ahora son legión.

No ha mucho, otra de estas locas, emulando a Bruno Bettelheim, nos explicaba que el cuento de la Sirenita legitimaba la mutilación genital femenina, y que Caperucita, en realidad, había sido violada.

Casi al mismo tiempo, otra de estas iluminadas proclamaba que el pene masculino era un arma para someter a la mujer. Y suma y sigue...

La sociedad, tal parece que anestesiada, no le presta la suficiente atención a estas "locas del coño". Craso error.

Bruno Bettelheim  fue un psicoanalista, es decir, un hermeneuta que se hizo famoso por deconstruir los cuentos infantiles según los postulados del psicoanálisis. Ahora, una tal Sandra Sabatés hace lo propio, pero deconstruyendo los cuentos infantiles a partir de la hermenéutica victimista y resentida de la ideología femimarxista. 

Hay que tomarse muy en serio esta nueva ideología femimarxista, conciencia supremacistaal cabo, que pretende interpretar la realidad según los postulados, argumentos y fundamentos, de su "verdad sentida".

La gente siempre olvida a Hegel y olvida cómo funciona la dinámica de la conciencia. Pero Marx supo ver la verdad que se escondía en Hegel: cómo el pre-ser (que solo es un modo de ser en la conciencia) puede devenir un modo de ser en el ex-sistere, en el mundo exterior, con tan sólo obligarnos a transformar operativamente la sociedad según los sueños del poeta de turno.

Y si Marx supo comprender a Hegel, no cabe duda de que el femimarxismo, que no feminazismo, ha hecho suya la dialéctica marxista, sustituyendo la lucha de clases por una nueva dialéctica de lucha de sexos.

Y esta nueva dialéctica de sexos es mucho más peligrosa que la de clases, porque no solo enfrenta a la mujer contra el hombre, sino que rompe el núcleo familiar enfrentando a la hija contra el padre y a la hermana contra el hermano. Y este sueño esquizofrénico del actual femimarxismo ya está transformando las sociedades occidentales.

Atención, porque ya está sucediendo, niñas que crecen temiendo al varón; que están aprendiendo a despreciarlo y a odiarlo; niñas que se autodefinen como lesbianas porque los hombres les repugnan; niñas que recelan y sospechan de las muestras de afecto de sus propios padres, porque estos, en tanto que hombres, son susceptibles de ser unos peligrosos pervertidos.

Está sucediendo. Y nadie hace nada.





jueves, 3 de marzo de 2022

EL DESPRECIO AL VARÓN (hombre, al cabo)

INTRODUCCIÓN

Unamuno elaboró en su novela "La tía Tula" el perfil psicológico de lo que, actualmente, podríamos considerar una femimarxista radical: una mujer que soñaba con ser madre sin catar varón; una mujer arisca que despreciaba al sexo masculino. Tula solía acabar su interacción con cualquier hombre, incluso con el párroco de su pueblo, con un despectivo "hombre, al cabo", dando a entender que ningún varón, por virtuoso y religioso que fuera, estaba libre del pecado de "ser  hombre", de pensar y actuar como un hombre.

He ahí el grave pecado que no perdona el femimarxismo; la existencia del hombre. Hemos visto como algunas fieles creyentes han llevado su fe demasiado lejos, como la profesora de un instituto que declaró en su clase, ante el estupor de sus alumnos, que los niños varones deberían ser castrados al nacer. Sí, en ocasiones, su sucio y dogmático subconsciente se desnuda catárticamente, liberándose de los mecanismos represivos que intentaban esconder sus más oscuros deseos.

Pero el femimarxismo, con el tiempo, también está aprendiendo a "refinarse", es decir, está aprendiendo a reprimir y ocultar sus más inconfesables sueños supremacistas. Las locas feministas de hoy, que por algo son también marxistas, que no nazis, han aprendido que para "crear conciencia de género", que no de clase, primero tienen que dominar y controlar toda la superestructura: sistema educativo, medios de información e instituciones culturales. En ello están.

Ya tenemos una inútil ministra de Igualdad en España; tenemos chiringuitos femimarxistas repartidos por todo el territorio nacional; tenemos asesoras de género en nuestras escuelas y, peor aún, en nuestro castrado ejército. Cada vez son más los "aliades", hombres sumisos y claudicantes, que se declaran feministas (jajaja...). Pero todavía quedan hombres, los últimos hombres libres, que se resisten a sucumbir a los castradores cantos sirénidos que, hábilmente, estas locas disfrazan con melodías de bellos igualitarismos. 

La IGUALDAD entre hombres y mujeres ya existe de facto, y así se reconoce en nuestra Constitución, pero hay que seguir insistiendo en que la mujer de hoy continúa estando oprimida y es víctima del varón, siempre agresivo y violador, siempre "hombre al cabo".

HETERO O GAY, HOMBRES AL CABO

Las femimarxistas atacaron, primero, a la presa más desprotegida: el varón "provinciano", que era un objetivo fácil en tanto que hombre primitivo, instintivo y de "cagada fácil"; el bocas que todavía se enorgullecía de ser el típico macho español depositario de los valores de sus abuelos. A estos se los comieron con patatas.

Después fueron a por los varones "civilizados", los ilustrados con pasado marxista. No les resultó difícil reclutar "aliades" entre estos hombres, tibios y mansos, que podían ser tanto heteros como homosexuales.

Pero pincharon en hueso al intentar rendir a los últimos hombres de carne y hueso que seguían estando orgullosos de su hombría, independientemente de su orientación sexual.

Obsérvese que entre los últimos hombres de carne y hueso también he incluido a los homosexuales. ¿Por qué? Porque de la misma manera que hay heterosexuales aliades y afeminados, también hay homosexuales ebrios de testosterona que se sienten hombres, con dos cojones y con todas las de la ley.

Por eso, el femimarxismo, que de tonto no tiene un pelo, no tolera al homosexual testosterónico y prefiere a la loca fashion con pluma, de la misma manera que prefiere al heterosexual afeminado y sumiso. El hombre, sea cual sea su orientación sexual, debe ser sometido a los dictados del supremacismo femimarxista, es decir, debe ser "aliade" (siervo) de la hembra empoderada. ¿Cómo lograrlo? Pues a través de la ficción, el cine y la televisión.

QUÍTATE QUE ME PONGO YO

Como ya expliqué en otra de mis reflexiones, la conciencia supremacista, y el femimarxismo lo es, no busca la verdadera igualdad entre conciencias, sino el dominio y control del Ser, el mundo y la realidad.

Para ello, la "conciencia de género femenino" debe calar en todas y cada una de las conciencias individuales. Y para llegar a cada conciencia individual, y a la realidad misma, nada mejor que hacerlo a través de las posibilidades que ofrece la ficción: las series de televisión.

Podría enumerar un sinfín de series donde, como diría Nietzsche, se están transmutando los valores de la tradicional conciencia heteropatriarcal para readaptarlos y reinterpretarlos según los dictados de la nueva conciencia femimarxista.

Pongamos algunos ejemplos:

"The Witcher" (el brujo), "Valhalla", "1883" y "Merlí".

En todas estas series, y en casi la generalidad de las series actuales, las protagonistas son mujeres. Pero estas protagonistas, como también expliqué en otra reflexión, no desempeñan roles "tradicionales femeninos", sino que le han arrebato al varón la testosterona, hacen suyos los valores tradicionales masculinos, tales como la fuerza, el honor, la valentía, el sacrificio, la heroicidad...

El femimarxismo ha entendido que "el pensamiento sensible", a través del cual se legitimó el feminismo primigenio "no vende", y que para empoderarse tiene que actuar y pensar como un hombre, aunque sea en un cuerpo de mujer. No se trata de empoderar valores femeninos, sino de arrebatarle al varón su esencia, espíritu o testosterona, como se prefiera, y cambiar al amo de la granja (bien visto, Orwell).

En The Witcher, como en la más reciente "La rueda del tiempo", los actores varones quedan relegados a la labor de guardianes protectores; son la guardia pretoriana que debe proteger a las mujeres protagonistas empoderadas que son, realmente, las que tienen el poder, mágico y supranatural, para cambiar el mundo.

"Valhalla", precuela de la exitosa "Vikingos", es otro claro ejemplo de la transmutación de valores a la que me refiero. Ahora la protagonista es Freija, una guerrera empoderada que folla con quien quiere y cuando quiere; es una rubia buenorra de 1,85 de estatura que sobrepasa en altura a muchos de sus compañeros varones. ¿Casualidad? 

Pero en esta serie aún han ido más lejos y han matado dos pájaros de un tiro, colándonos, además, a una condesa vikinga y negra. ¡Será por transmutación de valores y realidades históricas!

Con "1883" también le tocó al western ser presa de la conciencia femimarxista. La protagonista, de nuevo es una empoderada buenorra, rubia de 1´75, que lo mismo se folla a un ingenuo vaquero que a un aguerrido indio de las praderas. Para más inri, la protagonista es la narradora que en cada capítulo nos regala una pildorita de pensamiento intimista y ñoño-sentimental, al que añade algunas reflexiones existencialistas sobre la vida y la muerte. Este prototipo de mujer empoderada lo tiene todo: buenorra, folladora, guerrera y además filósofa. ¡Toma del frasco, Carrasco!

Por último quiero referirme a "Merlí", donde el protagonista ya no será el rebelde y díscolo profesor de filosofía de un instituto, sino la rebelde y díscola profesora de filosofía de una universidad.






sábado, 26 de febrero de 2022

Eurabia y el olvido del Ser

INTRODUCCIÓN

A colación de la invasión de Ucrania, Occidente se está volviendo a retratar... una vez más. Y ya no sé cuántas veces van.

Un importante general de la OTAN, cuyo nombre ahora no recuerdo, reconoció estupefacto, ante los medios de comunicación, que no comprendía cómo había podido llegarse a la situación actual. También en España, hace unos años, nuestros políticos se quedaron sorprendidos, y muy contrariados, cuando se produjo el golpe de Estado en Cataluña. 

Sin embargo, el golpe en Cataluña se produjo y, aunque muchos lo nieguen, el golpe sigue permanentemente activo y continúa vulnerando la legalidad constitucional, en un constante e incansable pulso contra un estado español que, de facto, ni está ni se le espera en Cataluña.  

La Europa habermasiana, de manera  parecida, también anda como pollo sin cabeza sin saber cómo enfrentar la superioridad militar y vital de Rusia. Sí, superioridad vital, que acaso sea tanto o más importante que la fuerza militar y tecnológica. Sin convicciones profundas (nacionales y espirituales), de nada le servirá a la Eurabia globalista endeudarse y empobrecer a sus ciudadanos en una guerra perdida de antemano.

Pero, tranquilos, que Borrell ya dijo que la Europa posmoderna, cuna del femimarxismo, ideologías LGTBIQ,  animalistas y otros muchos "istas", golpearía a Rusia donde más le dolería, con duras sanciones económicas y vetándola en Eurovisión y en eventos deportivos.

Rusia, por supuesto, está más fuerte que nunca, mientras que Europa agoniza inmersa en imparables crisis económicas (inflación y endeudamiento) y conflictos sociales producidos por una inmigración islámica descontrolada y generadora de inseguridad y delincuencia.

Estos son hechos reales, nudos, tercos y testarudos, que solo los cínicos corruptos como Von der Brujen, Borrell y el payaso Zelenski se niegan a reconocer.

Mientras Gran Bretaña se manifiesta masivamente contra la islamización de su nación y Europa ya se ha convertido, de facto, en Eurabia, los cínicos globalistas de Bruselas siguen intentando hacernos creer que nuestro mayor problema es Rusia.

Lo sucedido en España durante los últimos años, y lo que está sucediendo en Ucrania, esa aparente incapacidad para comprender la realidad, tiene una explicación muy sencilla: Occidente, Europa entera y España, se olvidaron del Ser, lo cual es tan grave como olvidarse de la realidad fáctica material y de "carne y hueso".

Y dicho olvido imperdonable (enfatizo) no ha sido inconsciente ni fruto del error, como a los "ingenuos humanistas" les gustaría hacernos creer, pues estos habermasianos ilustrados, "licenciaos", que diría José Mota, tienen de "ingenuos" lo que mis cojones de bolchevique: nada.

LA FILOSOFÍA ESPAÑOLA OLVIDADA

No voy a volver a referirme a las advertencias de Spengler ni de Heidegger, tampoco a las más recientes alertas de la valiente Oriana Fallaci, profetizando la realidad de una futura Eurabia. Estaba claro, por mucho que Fukuyama cacareara sus "predictivas ensoñaciones" sobre el final de la historia, que el mundo se dirigía, imparable, hacia un inevitable "choque de civilizaciones" (bien visto, Huntington).

Este choque de civilizaciones, o entre CONCIENCIAS en el claro del bosque, como yo prefiero llamarlo, también supo verlo mi admirado Peter Sloterdijk en su magnífica "Crítica de la razón cínica". Y con claridad meridiana lo vio Gustavo Bueno.

Todo el que quiso VER, ya sabía que nuestro decadente Occidente llevaba décadas (desde el final de la II GM) caminando sobre la cuerda floja. Lo de Ucrania en Europa y lo de Cataluña y el socialcomunismo en España eran crónicas de muertes anunciadas. Sí, todos sabíamos que el futuro pintaba negro, pero resultaba más cómodo vivir en los mundos de Yupi.

Ante la ceguera voluntaria de muchos, quiero reivindicar a tres filósofos españoles que fueron especialmente "visionarios" sobre el tema que nos ocupa; pensadores que, de diferentes maneras, nos señalaron qué hacer para preservar la razón de ser española, al cabo también occidental: 

ORTEGA Y GASSET: insistió en la necesidad de tener altura de miras y de pensar en grande. Nos enseñó que el drama de vivir era un constante quehacer que nos exigía elaborar proyectos vitales, colectivos y personales, eligiendo siempre entre diferentes alternativas o posibilidades de ser. Nos señaló la importancia de la "pre-ocupación", es decir, de la exigencia vital de ocuparnos con antelación de posibles problemas y conflictos futuros.

Si algo caracteriza a nuestras izquierdas es, precisamente, su modo de ser aristofóbico, profundamente antiorteguiano. Porque nuestras izquierdas nunca han tenido alturas de miras, sino, al contrario, siempre han alimentado los particularismos desvertebradores; siempre han negado la razón de ser de España y han rehuido del imperativo vital de preocuparse por el hecho serio de ser español. Nuestras izquierdas, siempre se han mostrado permisivas, cuando no cómplices, con todas las ideologías beligerantes contra España y lo español.

JULIÁN MARÍAS: nos enseñó la diferencia entre España, una nación con trayectoria histórica real, y Cataluña, una región que pudo tener una trayectoria histórica posible como nación, pero que nunca llegó a serlo. Por eso nos alertó del grave error que suponía "contentar a los eternos descontentos"; a aquellos que defendían naciones ficticias que nunca llegaron a ser, pero que, a través de las cesiones de competencias del estado (educación, sanidad, policía...) aumentaban progresivamente la posibilidad de ser de sus ficciones delirantes. 

GUSTAVO BUENO: tenía muy claro que solo la fuerza podía enfrentar a otra fuerza antagónica. Y sabía que si no nos asíamos a los restos del naufragio, ya fuere de nuestra nación española o de la civilización occidental, otra nación o civilización ocuparían sus respectivos lugares. Y así está sucediendo en España, donde Cataluña ya es independiente de facto. Y está ocurriendo en Europa, donde Rusia, ante la ausencia de una fuerza equivalente a la suya, está dispuesta a poner en jaque a la decadente civilización occidental.

Ni España ni Europa consideraron las advertencias de Spengler, Heidegger y otros muchos pensadores. Pero, peor aún, en España se silenciaron a nuestros filósofos más insignes, tildándolos de fachas y relegándolos al olvido y censurándolos en los libros de texto de los niños españoles. ¿Por qué? Pues porque los filósofos que he citado, considerados "fachas malosos", eran y siguen siendo contrarias al modo de ser idealista de las izquierdas marxistas, ahora habermasianas, que llevan décadas conduciendo a Europa hacia la autoinmolación de su histórica razón de ser.

El Ser siempre es "posibilidad", como explicó Ortega siguiendo a Heidegger; posibilidad de ser en la realidad abierta (Zubiri) que se consuma a través de trayectorias históricas reales (Julián Marías). Solo los necios creen que todo lo que ya "es" seguirá "siendo", con tan solo desearlo y esperando, desde los más bellos sentimientos de sus también bellas almas, que los conflictos, la sempiterna lucha dialéctica entre conciencias, se resuelvan con "abrazos y sonrisas", de buen rollo.

Pero la terca y dura realidad no entiende de "buenos rollos", ni de mundos de Yupi ni de inconscientes e imposibles "Alianzas entre civilizaciones". La realidad sólo entiende de fuerzas y voluntades; entiende que el Ser, para poder seguir siendo, debe tener voluntad y fuerza para luchar, para perdurar en el tiempo (ser es perdurar). Pero hay que saber muy bien quién es el verdadero enemigo contra el que hay que luchar, que no es Rusia, sino lo que Oriana Fallaci denominó izquierdas antioccidentales.

Bien dijo Gustavo Bueno que una Constitución (ley de leyes), sin una fuerza operativa que la defendiera, era tan sólo "papel mojado". Y eso es también la Europa habermasiana: "papel mojado" con el que Putin, para sonrojo de femimarxistas y de aliades castrados, juega a su antojo y se limpia su orgulloso culo.

Putin y Rusia sí han sabido leer los susurros del ser en el claro del bosque. Ellos saben que la política debe ser realista y materialista, sin permitirse la inconsciencia de soñar con imposibles idealismos.

CONCLUSIÓN

La Europa habermasiana no quiere creer que Europa ya es Eurabia; sigue creyendo que vencerá a la malvada Rusia. Eso, al menos, le hacen creer cínicamente a sus ciudadanos. Ciudadanos a los que están empobreciendo y crujiendo a impuestos (para pagar la guerra ruso-ucrania) mientras sus barrios se llenan de delincuencia (robos, agresiones sexuales y violaciones...).

Cuando la realidad nos golpea con toda su dureza en los cojones no es porque no hayamos podido "comprender" como llegó a ser posible tan duro golpe, sino porque no quisimos ver ni comprender que tal golpe era una posibilidad más en la realidad abierta.





martes, 4 de enero de 2022

ISABEL (serie de TVE)

 

INTRODUCCIÓN

He acabado de ver, hace muy poco, la serie “Isabel”; una serie histórica centrada en la figura de la reina Isabel la católica. Huelga explicar por qué, hasta ahora, había evitado su visionado en esta España nuestra, donde la ideología “progre” todo lo infecta, manipula y tergiversa.

Sin embargo, y hasta donde llegan mis conocimientos, la serie es muy fiel a la verdad sobre cómo se sucedieron los hechos históricos, aunque se permita bastantes “licencias” a la hora de interpretar el perfil psicológico de los personajes: algo, por otro lado, inevitable, ya que tan solo podemos aproximarnos al carácter de los mismos a través de descripciones sitas en textos de la época. En líneas generales, pero, los protagonistas que participaron en la gran gesta de dar forma a la nación española, y al primer estado de la Edad Moderna en Europa, son creíbles y, sobre todo, tienen “alma”. Más tarde insistiré sobre esta importante cuestión.

LOS PERFILES PSICOLÓGICOS

Como ya he señalado, los perfiles psicológicos de los principales protagonistas están muy bien desarrollados y matizados, sobre todo los rasgos más sobresalientes y característicos de los mismos. Así, la reina Isabel se nos muestra tal y como la mayoría de los escritos de la época la describieron: mujer de gran fe, idealista, obstinada y con una gran fuerza de voluntad. Fernando el católico, el rey soldado, aparece como un monarca más pragmático que idealista; un gran estratega a pesar de su carácter enérgico e impulsivo.

Sabido es que, efectivamente, la reina Isabel hizo prevalecer sobre Aragón las leyes de Castilla, las cuales legitimaban su derecho y el de sus hijas para poder ser reinas y poder decidir si sus esposos serían sus iguales o meros consortes. También defendió en todo momento la autonomía de los órganos de gobierno castellanos. Pero lo mismo hizo Aragón conservando y defendiendo la legitimidad de sus propios consejos de autogobierno. Hasta aquí todo correcto y fiel a la verdad histórica, de no ser porque los guionistas, cómo no, decidieron colar, disimuladamente, varios anacronismos históricos: discursos “proto-feministas” de la reina Isabel apelando a la igualdad entre hombres y mujeres, no solo en asuntos políticos, sino también en lo concerniente a las relaciones amoroso-sentimentales entre hombre y mujer.

Esta licencia anacrónica, por parte de los guionistas de la serie, resultaría anecdótica, e incluso simpática, si no fuera porque, como ya he dicho, en España no hay titiritero progre que no dé “puntá sin hilo”.

Seguramente, y es opinión personal, la reina Isabel defendió con vehemencia sus derechos de sucesión, a pesar de ser mujer, no porque fuese una “feminista adelantada a su tiempo”, sino porque así se lo permitían las leyes de Castilla y se lo exigía su carácter recto y disciplinado de devota católica.

Otras licencias, sin sesgos ideológicos, pero igualmente anacrónicas y difícilmente creíbles en la época que nos ocupa, serían las que se observan cuando tienen lugar grandes pasiones y amores desenfrenados entre infantes, príncipes y princesas, cuyos matrimonios son concertados por sus padres, y, sin embargo, sienten un flechazo y un recíproco “amor a primera vista” en cuanto ven por primera vez a sus desconocidas parejas. Todo muy propio del romanticismo característico de las “novelas de caballerías”, como hábilmente indican los guionistas, por boca de los protagonistas de la serie, para justificar, así, tanta dicha y ventura. Con esta inteligente “licencia”, los guionistas aportan a la serie el componente sensual que, sin duda, la enriquece y la hace más atractiva a un público más amplio y menos interesado en la veracidad de los hechos históricos que, insisto, se narran no solo de forma amena y comprensiva, sino también muy pedagógica.

MORAL Y ÉTICA

Insisto en señalar que los perfiles de los protagonistas, a pesar de algunas licencias ya mencionadas, no solo son creíbles, sino que también resultan muy humanos; todos ellos se nos muestran como hombres y mujeres de carne y hueso, con sus bondades, pero también con sus defectos y debilidades. La serie no peca de maniqueísmo descarado, sobre todo cuando le hubiese resultado harto fácil caricaturizar a figuras históricas como Torquemada o el cardenal Cisneros, blancos predilectos de quienes dan crédito a la leyenda negra sobre España y se muestran orgullosamente anticlericales.

Que el clero de la época era corrupto no es ningún secreto. Pero, además de la corrupción de los monjes en sus monasterios, o del propio Papa en Roma, la serie describe perfectamente el carácter cínico de sus más importantes protagonistas, no solo de reyes y validos, sino también de religiosos, como el astuto obispo Carrillo o el fiel cardenal Mendoza. No todo era blanco o negro. A lo largo de la serie, las sucesivas tramas y circunstancias históricas exigirán a sus protagonistas debatirse entre interesantes y difíciles conflictos ético-morales; se les exigirá elegir entre servir a los intereses colectivos del reino o a sus éticas personales.

A lo largo de toda la serie se entabla una lucha en las conciencias de los personajes más importantes: reyes, príncipes, nobles y alto clero. Todos ellos, en algún u otro momento, deberán optar por respetar la moral católica imperante en la época, conduciéndose virtuosa y rectamente, o ser fieles a una ética inmoral: realizar elecciones personales, contrarias a sus propios principios morales, pero necesarias para la consecución de loables fines.

Pero la ética inmoral que desempeñarán los protagonistas será, paradójicamente, excesivamente "moral"; es decir, todos los actos, por inmorales que fueren, se justificarán por mor de lograr, como ya señalé, un objetivo moral superior. No será una ética inmoral coherente con el propio sentir del individuo, situada más allá del bien y del mal, sino que será una ética inmoral trágica que provocará graves sentimientos de culpa y remordimientos en quienes la practican. Así se apreciará, por ejemplo, cuando la reina Isabel ordena la expulsión de judíos y moriscos. En todo momento, la reina muestra desagrado y no es partidaria de tal acción, pero las circunstancias del momento, y la todavía frágil unidad religiosa, obligan a la reina a traicionar su "ética personal" en aras de beneficiar y garantizar la consecución de un imperativo moral superior: una España totalmente cristiana y católica.

Analizando más detenidamente esta constante dialéctica de traición del Yo individual, en aras de servir superiores morales colectivas, no pude evitar ver, en la dinámica histórica que protagonizaron los RRCC, el reflejo de las supremacistas teleologías comunistas y nacionalsocialistas. La diferencia, pero, es que los RRCC, en tanto que ebrios de moral católica, vivenciaron trágicamente la toma de decisiones que les resultaron contrarias a sus principios religiosos, pero los dogmáticos comunistas y nazis (en su mayoría al menos) estuvieron orgullosos de obrar a través de una ética inmoral, más allá del bien y del mal, pues sus respectivos Yo fueron totalmente coherentes con los principios que exigían sus morales superiores.

Quizás hoy no seríamos lo que hoy somos sin el celo dogmático moral que otrora mostraron los RRCC. ¿Qué hubiese sucedido si la reina Isabel, por ejemplo, se hubiese obligado a practicar una "ética moral" coherente con sus principios católicos? Sin la toma de Granada, primero, la posterior expulsión de infieles, y sin la incesante lucha contra el turco, que amenazaba con invadir Europa, quizás actualmente ya estaríamos rezando hacia la Meca y nuestras mujeres taparían sus rostros con velos opresores.

En este sentido, la actual moral occidental, ebria de ingenuo humanismo habermasiano, se ha empeñado en tirar por la borda todo nuestro legado histórico, cultural y religioso. No solo se admite la entrada irregular e ilegal (subrayo) de infieles, sino que se alienta la llegada de los mismos. Las naciones de Occidente están siendo dominadas y controladas por un transnacionalismo globalista, con aspiraciones supranacionales, que está abandonando a los ciudadanos europeos a su suerte.

ESTADO OPERATIVO (perspectiva desde el Materialismo filosófico)

Resulta harto evidente que la nación española se articuló a partir de la creación del primer Estado europeo, operativo y fuerte, de la Edad Moderna. Los RRCC no solo consiguieron la unidad territorial y religiosa de la península, sino que limitaron, bajo un Estado autoritario, el poder de la nobleza, siempre ombliguista y particularista.

De hecho, podríamos considerar, incluso, que las acciones de los RRCC constituyeron en sí mismas, la existencia de una proto-izquierda definida, muy adelantada a su época y a la aparición de las primeras izquierdas definidas, jacobinas y liberales, que, tras el triunfo de la Revolución Francesa en 1789, proclamaron la república nacional entre ciudadanos iguales.

Por supuesto, en la España de los RRCC todavía no podía hablarse de "democracia" ni de "igualdad" tal y como la entendemos actualmente en términos político-jurídicos. Sin embargo, las acciones de los RRCC, declarando "súbditos e iguales" a todos los pueblos del reino de las Españas, peninsulares y allende los mares (pueblos indígenas incluidos), constituyeron un primer ordenamiento jurídico que se adelantó a la abolición de la esclavitud algunos siglos antes de que esta tuviera lugar.

Por otra parte, el Estado autoritario de los RRCC se ocupó de la defensa de la nación; a la preservación de la unidad territorial por encima de los particularismos y fueros de la nobleza. Y también articuló la organización de instituciones administrativas orientadas, precisamente, a la salvaguarda del propio Estado, garantizado el carácter operativo del mismo a través de la fuerza coactiva y la legislación de leyes comunes para TODOS los súbditos.

CONCLUSIÓN

La serie Isabel, en mi opinión, muestra suficiente rigor histórico, aunque aderezado con inevitables dosis de ficción que hacen más atractiva la historia de los RRCC, que es también la historia de nuestra España. Pero, a pesar de las necesarias "licencias artísticas", la serie plasma magistralmente las políticas operativas llevadas a cabo por Isabel y Fernando, además de dejar constancia de la importancia de los ejércitos y la tecnología militar para dar forma, poco a poco, a una nación envolvente (Gustavo Bueno) que habría de devenir imperio generador.