jueves, 4 de agosto de 2022

LA EUROPA HEGELIANA

POLÍTICA DE ILUSIÓN DE ALTERNATIVAS (sin salvación)

INTRODUCCIÓN

Los seguidores de Antonio Trevijano, incansables, insisten en repetirnos que vivimos bajo un régimen partitocrático, es decir, bajo el paraguas de una falsa democracia. Y tienen razón.

El sistema de partidos en España tiene como fin último mantener vivo un espejismo; una falsa ilusión de alternativas que le hace creer a la ciudadanía que es libre para elegir entre diferentes opciones políticas (derechas vs izquierdas) cuando, en realidad, el sistema de partidos no permite una auténtica democracia participativa, sino que actúa como un sistema oligárquico.

ILUSIÓN DE ALTERNATIVAS EN EUROPA

Sí, los "trevijaners" (calificativo cariñoso) tienen razón, pero la gravedad de su verdad no afecta sólo a España, sino a toda Europa. No hay escapatoria ni salvación.

Decía Zizek, en "Menos que nada", que en Europa ya no existía la política dualista de idealistas vs materialistas, sino dos políticas ideológicas materialistas: 

El materialismo democrático (habermasiano) vs el materialismo dialéctico (heredero de Marx).

Lo mismo sucede en España, donde tanto PSOE como PP se encuadran dentro del marco teórico del materialismo democrático (socialdemócrata) vs el materialismo dialéctico de Podemos y otros grupúsculos nostálgicos del marxismo. Ya no hay derechas ni izquierdas.

De hecho, Zizek señala que en la Europa de hoy impera el materialismo democrático, de la misma manera, añado yo, que en España lo hace la socialdemocracia del "PPSOE"; un materialismo o biomaterialismo que sólo reconoce cuerpos y lenguaje (Badiou) y que impone sus leyes a través del consenso de la "democracia deliberativa".

Pero, como bien señaló Badiou, estas democracias deliberativas (no olvidemos que habermasianas) no dudan, consenso mediante, en IMPONER "su verdad": 

"No debe haber democracia para los enemigos de la democracia". 

Por sentencias como ésta, Gustavo Bueno acusó a estas democracias deliberativas de pecar de lo que él llamó "fundamentalismo democrático". Por sentencias como ésta, totalitarios como Macron estuvieron dispuestos a imponer sus verdades a través del miedo y la coacción, enmerdando a los últimos disidentes.

También Sloterdijk, tras su desencuentro con Habermas, que le llamó "joven fascista ", se refirió en su día a la paradoja que subyacía en la dialéctica habermasiana, que se jactaba de fundamentarse en el diálogo y el intercambio comunicativo, pero que no dudaba en deslegitimar los argumentos contrarios tildándolos de "antidemocráticos o fascistas". Puro supremacismo o fundamentalismo que se amparaba en la verdad de un nuevo dios: el consenso.

Estamos viendo cómo, en aras de este endiosado consenso, la Europa habermasiana nos está imponiendo un nuevo proyecto globalista hegeliano (la agenda 2030), que, en palabras de Sloterdijk (ver "Sin salvación) se podría considerar como un nuevo proceso civilizador para acoger nuevas manifestaciones de lo absoluto.

CONCLUSIÓN

No hay escapatoria, ni en España ni en Europa. 

Durante las últimas décadas se han ido tejiendo, delante de nuestras narices, falsas ilusiones de libertad que nos han convertido en animales de lujo (Sloterdijk); ilusiones que nos han convertido en animales de granja, sí, pero  también en ganado exquisito y refinado. Queremos estar siempre bien cebados y  siempre pedimos más seguridad, más protección, más certidumbre, más Estado en definitiva.

No sé si en el  2030 seremos más felices, pero, desde luego, no tendremos NADA, ni bienes materiales ni la libertad para decidir si queremos vacunarnos, poner la temperatura por debajo de 27 grados, comer carne o llevar corbata.

Nos va a quedar un mundo muy "bonito y feliz".

sábado, 23 de abril de 2022

EL FEMIMARXISMO QUE NO CESA

INTRODUCCIÓN

No hace mucho, en otra de mis reflexiones, critiqué duramente la ideología supremacista del actual femimarxismo que, imparable, está enraizando en la sociedad española a través de la legitimidad que le otorga el poder institucional.

Sí, en España ya tenemos un Ministerio de Igualdad que, en realidad, no es otra cosa que un ministerio al servicio de la causa femimarxista; un ministerio pagado por todos los españoles para atentar contra los derechos y libertades de los hombres españoles. Así están las cosas.

EL ODIO PERMITIDO

Después de implantar una ley inconstitucional, como la ley de Violencia de Género, el femimarxismo no puede por menos que regocijarse ante semejante logro: haber convertido a todos los varones, de hecho y con la ley en la mano, en culpables tan sólo por haber nacido hombres. 

Después de semejante atropello a la ley y la justicia, legitimando el odio y el desprecio al varón (siempre violador y maltratador), no ha resultado difícil que las dogmáticas femimarxistas se estén despachando a gusto mostrando al desnudo sus más execrables y despreciables miserias morales. Y con total impunidad.

Ya comenté el caso de la profesora de instituto que explicó a toda su clase, segura de su "verdad", que los niños varones deberían ser castrados al nacer. Pero lo más grave, en mi opinión, es que este odio visceral y patológico está normalizándose, mostrándose públicamente como algo natural que ya no causa revuelo ni indignación.

Por ejemplo, el otro día, en First Dates (programa de TV), una joven lesbiana de 18 años, después de manifestar entre risas que el sexo masculino le daba asco, añadió que los hombres deberían ser exterminados, un poquito al menos, añadió intentando quitarle hierro al asunto.

Y el asunto, el grave asunto, era que aquella aprendiz del dogmático femimarxismo podía darse el lujo de mostrar todo su odio y desprecio al varón como algo natural, incluso "chistoso", sin que nadie se rasgara las vestiduras por ello.

¿Qué hubiese sucedido si un chaval, un hombre cualquiera, hubiese dicho públicamente que las mujeres deberían ser exterminadas, un poquito? 

POCA BROMA

A estas "locas del coño", como las define mi madre, hay que tomárselas muy en serio. Poca broma con lo que está sucediendo.

Al principio, todo el mundo se descojonaba del lenguaje inclusivo y hacía mofa de estas locas y sus "todos, todas y todes". Ahora son legión.

No ha mucho, otra de estas locas, emulando a Bruno Bettelheim, nos explicaba que el cuento de la Sirenita legitimaba la mutilación genital femenina, y que Caperucita, en realidad, había sido violada.

Casi al mismo tiempo, otra de estas iluminadas proclamaba que el pene masculino era un arma para someter a la mujer. Y suma y sigue...

La sociedad, tal parece que anestesiada, no le presta la suficiente atención a estas "locas del coño". Craso error.

Bruno Bettelheim  fue un psicoanalista, es decir, un hermeneuta que se hizo famoso por deconstruir los cuentos infantiles según los postulados del psicoanálisis. Ahora, una tal Sandra Sabatés hace lo propio, pero deconstruyendo los cuentos infantiles a partir de la hermenéutica victimista y resentida de la ideología femimarxista. 

Hay que tomarse muy en serio esta nueva ideología femimarxista, conciencia supremacistaal cabo, que pretende interpretar la realidad según los postulados, argumentos y fundamentos, de su "verdad sentida".

La gente siempre olvida a Hegel y olvida cómo funciona la dinámica de la conciencia. Pero Marx supo ver la verdad que se escondía en Hegel: cómo el pre-ser (que solo es un modo de ser en la conciencia) puede devenir un modo de ser en el ex-sistere, en el mundo exterior, con tan sólo obligarnos a transformar operativamente la sociedad según los sueños del poeta de turno.

Y si Marx supo comprender a Hegel, no cabe duda de que el femimarxismo, que no feminazismo, ha hecho suya la dialéctica marxista, sustituyendo la lucha de clases por una nueva dialéctica de lucha de sexos.

Y esta nueva dialéctica de sexos es mucho más peligrosa que la de clases, porque no solo enfrenta a la mujer contra el hombre, sino que rompe el núcleo familiar enfrentando a la hija contra el padre y a la hermana contra el hermano. Y este sueño esquizofrénico del actual femimarxismo ya está transformando las sociedades occidentales.

Atención, porque ya está sucediendo, niñas que crecen temiendo al varón; que están aprendiendo a despreciarlo y a odiarlo; niñas que se autodefinen como lesbianas porque los hombres les repugnan; niñas que recelan y sospechan de las muestras de afecto de sus propios padres, porque estos, en tanto que hombres, son susceptibles de ser unos peligrosos pervertidos.

Está sucediendo. Y nadie hace nada.





jueves, 3 de marzo de 2022

EL DESPRECIO AL VARÓN (hombre, al cabo)

INTRODUCCIÓN

Unamuno elaboró en su novela "La tía Tula" el perfil psicológico de lo que, actualmente, podríamos considerar una femimarxista radical: una mujer que soñaba con ser madre sin catar varón; una mujer arisca que despreciaba al sexo masculino. Tula solía acabar su interacción con cualquier hombre, incluso con el párroco de su pueblo, con un despectivo "hombre, al cabo", dando a entender que ningún varón, por virtuoso y religioso que fuera, estaba libre del pecado de "ser  hombre", de pensar y actuar como un hombre.

He ahí el grave pecado que no perdona el femimarxismo; la existencia del hombre. Hemos visto como algunas fieles creyentes han llevado su fe demasiado lejos, como la profesora de un instituto que declaró en su clase, ante el estupor de sus alumnos, que los niños varones deberían ser castrados al nacer. Sí, en ocasiones, su sucio y dogmático subconsciente se desnuda catárticamente, liberándose de los mecanismos represivos que intentaban esconder sus más oscuros deseos.

Pero el femimarxismo, con el tiempo, también está aprendiendo a "refinarse", es decir, está aprendiendo a reprimir y ocultar sus más inconfesables sueños supremacistas. Las locas feministas de hoy, que por algo son también marxistas, que no nazis, han aprendido que para "crear conciencia de género", que no de clase, primero tienen que dominar y controlar toda la superestructura: sistema educativo, medios de información e instituciones culturales. En ello están.

Ya tenemos una inútil ministra de Igualdad en España; tenemos chiringuitos femimarxistas repartidos por todo el territorio nacional; tenemos asesoras de género en nuestras escuelas y, peor aún, en nuestro castrado ejército. Cada vez son más los "aliades", hombres sumisos y claudicantes, que se declaran feministas (jajaja...). Pero todavía quedan hombres, los últimos hombres libres, que se resisten a sucumbir a los castradores cantos sirénidos que, hábilmente, estas locas disfrazan con melodías de bellos igualitarismos. 

La IGUALDAD entre hombres y mujeres ya existe de facto, y así se reconoce en nuestra Constitución, pero hay que seguir insistiendo en que la mujer de hoy continúa estando oprimida y es víctima del varón, siempre agresivo y violador, siempre "hombre al cabo".

HETERO O GAY, HOMBRES AL CABO

Las femimarxistas atacaron, primero, a la presa más desprotegida: el varón "provinciano", que era un objetivo fácil en tanto que hombre primitivo, instintivo y de "cagada fácil"; el bocas que todavía se enorgullecía de ser el típico macho español depositario de los valores de sus abuelos. A estos se los comieron con patatas.

Después fueron a por los varones "civilizados", los ilustrados con pasado marxista. No les resultó difícil reclutar "aliades" entre estos hombres, tibios y mansos, que podían ser tanto heteros como homosexuales.

Pero pincharon en hueso al intentar rendir a los últimos hombres de carne y hueso que seguían estando orgullosos de su hombría, independientemente de su orientación sexual.

Obsérvese que entre los últimos hombres de carne y hueso también he incluido a los homosexuales. ¿Por qué? Porque de la misma manera que hay heterosexuales aliades y afeminados, también hay homosexuales ebrios de testosterona que se sienten hombres, con dos cojones y con todas las de la ley.

Por eso, el femimarxismo, que de tonto no tiene un pelo, no tolera al homosexual testosterónico y prefiere a la loca fashion con pluma, de la misma manera que prefiere al heterosexual afeminado y sumiso. El hombre, sea cual sea su orientación sexual, debe ser sometido a los dictados del supremacismo femimarxista, es decir, debe ser "aliade" (siervo) de la hembra empoderada. ¿Cómo lograrlo? Pues a través de la ficción, el cine y la televisión.

QUÍTATE QUE ME PONGO YO

Como ya expliqué en otra de mis reflexiones, la conciencia supremacista, y el femimarxismo lo es, no busca la verdadera igualdad entre conciencias, sino el dominio y control del Ser, el mundo y la realidad.

Para ello, la "conciencia de género femenino" debe calar en todas y cada una de las conciencias individuales. Y para llegar a cada conciencia individual, y a la realidad misma, nada mejor que hacerlo a través de las posibilidades que ofrece la ficción: las series de televisión.

Podría enumerar un sinfín de series donde, como diría Nietzsche, se están transmutando los valores de la tradicional conciencia heteropatriarcal para readaptarlos y reinterpretarlos según los dictados de la nueva conciencia femimarxista.

Pongamos algunos ejemplos:

"The Witcher" (el brujo), "Valhalla", "1883" y "Merlí".

En todas estas series, y en casi la generalidad de las series actuales, las protagonistas son mujeres. Pero estas protagonistas, como también expliqué en otra reflexión, no desempeñan roles "tradicionales femeninos", sino que le han arrebato al varón la testosterona, hacen suyos los valores tradicionales masculinos, tales como la fuerza, el honor, la valentía, el sacrificio, la heroicidad...

El femimarxismo ha entendido que "el pensamiento sensible", a través del cual se legitimó el feminismo primigenio "no vende", y que para empoderarse tiene que actuar y pensar como un hombre, aunque sea en un cuerpo de mujer. No se trata de empoderar valores femeninos, sino de arrebatarle al varón su esencia, espíritu o testosterona, como se prefiera, y cambiar al amo de la granja (bien visto, Orwell).

En The Witcher, como en la más reciente "La rueda del tiempo", los actores varones quedan relegados a la labor de guardianes protectores; son la guardia pretoriana que debe proteger a las mujeres protagonistas empoderadas que son, realmente, las que tienen el poder, mágico y supranatural, para cambiar el mundo.

"Valhalla", precuela de la exitosa "Vikingos", es otro claro ejemplo de la transmutación de valores a la que me refiero. Ahora la protagonista es Freija, una guerrera empoderada que folla con quien quiere y cuando quiere; es una rubia buenorra de 1,85 de estatura que sobrepasa en altura a muchos de sus compañeros varones. ¿Casualidad? 

Pero en esta serie aún han ido más lejos y han matado dos pájaros de un tiro, colándonos, además, a una condesa vikinga y negra. ¡Será por transmutación de valores y realidades históricas!

Con "1883" también le tocó al western ser presa de la conciencia femimarxista. La protagonista, de nuevo es una empoderada buenorra, rubia de 1´75, que lo mismo se folla a un ingenuo vaquero que a un aguerrido indio de las praderas. Para más inri, la protagonista es la narradora que en cada capítulo nos regala una pildorita de pensamiento intimista y ñoño-sentimental, al que añade algunas reflexiones existencialistas sobre la vida y la muerte. Este prototipo de mujer empoderada lo tiene todo: buenorra, folladora, guerrera y además filósofa. ¡Toma del frasco, Carrasco!

Por último quiero referirme a "Merlí", donde el protagonista ya no será el rebelde y díscolo profesor de filosofía de un instituto, sino la rebelde y díscola profesora de filosofía de una universidad.






sábado, 26 de febrero de 2022

Eurabia y el olvido del Ser

INTRODUCCIÓN

A colación de la invasión de Ucrania, Occidente se está volviendo a retratar... una vez más. Y ya no sé cuántas veces van.

Un importante general de la OTAN, cuyo nombre ahora no recuerdo, reconoció estupefacto, ante los medios de comunicación, que no comprendía cómo había podido llegarse a la situación actual. También en España, hace unos años, nuestros políticos se quedaron sorprendidos, y muy contrariados, cuando se produjo el golpe de Estado en Cataluña. 

Sin embargo, el golpe en Cataluña se produjo y, aunque muchos lo nieguen, el golpe sigue permanentemente activo y continúa vulnerando la legalidad constitucional, en un constante e incansable pulso contra un estado español que, de facto, ni está ni se le espera en Cataluña.  

La Europa habermasiana, de manera  parecida, también anda como pollo sin cabeza sin saber cómo enfrentar la superioridad militar y vital de Rusia. Sí, superioridad vital, que acaso sea tanto o más importante que la fuerza militar y tecnológica. Sin convicciones profundas (nacionales y espirituales), de nada le servirá a la Eurabia globalista endeudarse y empobrecer a sus ciudadanos en una guerra perdida de antemano.

Pero, tranquilos, que Borrell ya dijo que la Europa posmoderna, cuna del femimarxismo, ideologías LGTBIQ,  animalistas y otros muchos "istas", golpearía a Rusia donde más le dolería, con duras sanciones económicas y vetándola en Eurovisión y en eventos deportivos.

Rusia, por supuesto, está más fuerte que nunca, mientras que Europa agoniza inmersa en imparables crisis económicas (inflación y endeudamiento) y conflictos sociales producidos por una inmigración islámica descontrolada y generadora de inseguridad y delincuencia.

Estos son hechos reales, nudos, tercos y testarudos, que solo los cínicos corruptos como Von der Brujen, Borrell y el payaso Zelenski se niegan a reconocer.

Mientras Gran Bretaña se manifiesta masivamente contra la islamización de su nación y Europa ya se ha convertido, de facto, en Eurabia, los cínicos globalistas de Bruselas siguen intentando hacernos creer que nuestro mayor problema es Rusia.

Lo sucedido en España durante los últimos años, y lo que está sucediendo en Ucrania, esa aparente incapacidad para comprender la realidad, tiene una explicación muy sencilla: Occidente, Europa entera y España, se olvidaron del Ser, lo cual es tan grave como olvidarse de la realidad fáctica material y de "carne y hueso".

Y dicho olvido imperdonable (enfatizo) no ha sido inconsciente ni fruto del error, como a los "ingenuos humanistas" les gustaría hacernos creer, pues estos habermasianos ilustrados, "licenciaos", que diría José Mota, tienen de "ingenuos" lo que mis cojones de bolchevique: nada.

LA FILOSOFÍA ESPAÑOLA OLVIDADA

No voy a volver a referirme a las advertencias de Spengler ni de Heidegger, tampoco a las más recientes alertas de la valiente Oriana Fallaci, profetizando la realidad de una futura Eurabia. Estaba claro, por mucho que Fukuyama cacareara sus "predictivas ensoñaciones" sobre el final de la historia, que el mundo se dirigía, imparable, hacia un inevitable "choque de civilizaciones" (bien visto, Huntington).

Este choque de civilizaciones, o entre CONCIENCIAS en el claro del bosque, como yo prefiero llamarlo, también supo verlo mi admirado Peter Sloterdijk en su magnífica "Crítica de la razón cínica". Y con claridad meridiana lo vio Gustavo Bueno.

Todo el que quiso VER, ya sabía que nuestro decadente Occidente llevaba décadas (desde el final de la II GM) caminando sobre la cuerda floja. Lo de Ucrania en Europa y lo de Cataluña y el socialcomunismo en España eran crónicas de muertes anunciadas. Sí, todos sabíamos que el futuro pintaba negro, pero resultaba más cómodo vivir en los mundos de Yupi.

Ante la ceguera voluntaria de muchos, quiero reivindicar a tres filósofos españoles que fueron especialmente "visionarios" sobre el tema que nos ocupa; pensadores que, de diferentes maneras, nos señalaron qué hacer para preservar la razón de ser española, al cabo también occidental: 

ORTEGA Y GASSET: insistió en la necesidad de tener altura de miras y de pensar en grande. Nos enseñó que el drama de vivir era un constante quehacer que nos exigía elaborar proyectos vitales, colectivos y personales, eligiendo siempre entre diferentes alternativas o posibilidades de ser. Nos señaló la importancia de la "pre-ocupación", es decir, de la exigencia vital de ocuparnos con antelación de posibles problemas y conflictos futuros.

Si algo caracteriza a nuestras izquierdas es, precisamente, su modo de ser aristofóbico, profundamente antiorteguiano. Porque nuestras izquierdas nunca han tenido alturas de miras, sino, al contrario, siempre han alimentado los particularismos desvertebradores; siempre han negado la razón de ser de España y han rehuido del imperativo vital de preocuparse por el hecho serio de ser español. Nuestras izquierdas, siempre se han mostrado permisivas, cuando no cómplices, con todas las ideologías beligerantes contra España y lo español.

JULIÁN MARÍAS: nos enseñó la diferencia entre España, una nación con trayectoria histórica real, y Cataluña, una región que pudo tener una trayectoria histórica posible como nación, pero que nunca llegó a serlo. Por eso nos alertó del grave error que suponía "contentar a los eternos descontentos"; a aquellos que defendían naciones ficticias que nunca llegaron a ser, pero que, a través de las cesiones de competencias del estado (educación, sanidad, policía...) aumentaban progresivamente la posibilidad de ser de sus ficciones delirantes. 

GUSTAVO BUENO: tenía muy claro que solo la fuerza podía enfrentar a otra fuerza antagónica. Y sabía que si no nos asíamos a los restos del naufragio, ya fuere de nuestra nación española o de la civilización occidental, otra nación o civilización ocuparían sus respectivos lugares. Y así está sucediendo en España, donde Cataluña ya es independiente de facto. Y está ocurriendo en Europa, donde Rusia, ante la ausencia de una fuerza equivalente a la suya, está dispuesta a poner en jaque a la decadente civilización occidental.

Ni España ni Europa consideraron las advertencias de Spengler, Heidegger y otros muchos pensadores. Pero, peor aún, en España se silenciaron a nuestros filósofos más insignes, tildándolos de fachas y relegándolos al olvido y censurándolos en los libros de texto de los niños españoles. ¿Por qué? Pues porque los filósofos que he citado, considerados "fachas malosos", eran y siguen siendo contrarias al modo de ser idealista de las izquierdas marxistas, ahora habermasianas, que llevan décadas conduciendo a Europa hacia la autoinmolación de su histórica razón de ser.

El Ser siempre es "posibilidad", como explicó Ortega siguiendo a Heidegger; posibilidad de ser en la realidad abierta (Zubiri) que se consuma a través de trayectorias históricas reales (Julián Marías). Solo los necios creen que todo lo que ya "es" seguirá "siendo", con tan solo desearlo y esperando, desde los más bellos sentimientos de sus también bellas almas, que los conflictos, la sempiterna lucha dialéctica entre conciencias, se resuelvan con "abrazos y sonrisas", de buen rollo.

Pero la terca y dura realidad no entiende de "buenos rollos", ni de mundos de Yupi ni de inconscientes e imposibles "Alianzas entre civilizaciones". La realidad sólo entiende de fuerzas y voluntades; entiende que el Ser, para poder seguir siendo, debe tener voluntad y fuerza para luchar, para perdurar en el tiempo (ser es perdurar). Pero hay que saber muy bien quién es el verdadero enemigo contra el que hay que luchar, que no es Rusia, sino lo que Oriana Fallaci denominó izquierdas antioccidentales.

Bien dijo Gustavo Bueno que una Constitución (ley de leyes), sin una fuerza operativa que la defendiera, era tan sólo "papel mojado". Y eso es también la Europa habermasiana: "papel mojado" con el que Putin, para sonrojo de femimarxistas y de aliades castrados, juega a su antojo y se limpia su orgulloso culo.

Putin y Rusia sí han sabido leer los susurros del ser en el claro del bosque. Ellos saben que la política debe ser realista y materialista, sin permitirse la inconsciencia de soñar con imposibles idealismos.

CONCLUSIÓN

La Europa habermasiana no quiere creer que Europa ya es Eurabia; sigue creyendo que vencerá a la malvada Rusia. Eso, al menos, le hacen creer cínicamente a sus ciudadanos. Ciudadanos a los que están empobreciendo y crujiendo a impuestos (para pagar la guerra ruso-ucrania) mientras sus barrios se llenan de delincuencia (robos, agresiones sexuales y violaciones...).

Cuando la realidad nos golpea con toda su dureza en los cojones no es porque no hayamos podido "comprender" como llegó a ser posible tan duro golpe, sino porque no quisimos ver ni comprender que tal golpe era una posibilidad más en la realidad abierta.





martes, 4 de enero de 2022

ISABEL (serie de TVE)

 

INTRODUCCIÓN

He acabado de ver, hace muy poco, la serie “Isabel”; una serie histórica centrada en la figura de la reina Isabel la católica. Huelga explicar por qué, hasta ahora, había evitado su visionado en esta España nuestra, donde la ideología “progre” todo lo infecta, manipula y tergiversa.

Sin embargo, y hasta donde llegan mis conocimientos, la serie es muy fiel a la verdad sobre cómo se sucedieron los hechos históricos, aunque se permita bastantes “licencias” a la hora de interpretar el perfil psicológico de los personajes: algo, por otro lado, inevitable, ya que tan solo podemos aproximarnos al carácter de los mismos a través de descripciones sitas en textos de la época. En líneas generales, pero, los protagonistas que participaron en la gran gesta de dar forma a la nación española, y al primer estado de la Edad Moderna en Europa, son creíbles y, sobre todo, tienen “alma”. Más tarde insistiré sobre esta importante cuestión.

LOS PERFILES PSICOLÓGICOS

Como ya he señalado, los perfiles psicológicos de los principales protagonistas están muy bien desarrollados y matizados, sobre todo los rasgos más sobresalientes y característicos de los mismos. Así, la reina Isabel se nos muestra tal y como la mayoría de los escritos de la época la describieron: mujer de gran fe, idealista, obstinada y con una gran fuerza de voluntad. Fernando el católico, el rey soldado, aparece como un monarca más pragmático que idealista; un gran estratega a pesar de su carácter enérgico e impulsivo.

Sabido es que, efectivamente, la reina Isabel hizo prevalecer sobre Aragón las leyes de Castilla, las cuales legitimaban su derecho y el de sus hijas para poder ser reinas y poder decidir si sus esposos serían sus iguales o meros consortes. También defendió en todo momento la autonomía de los órganos de gobierno castellanos. Pero lo mismo hizo Aragón conservando y defendiendo la legitimidad de sus propios consejos de autogobierno. Hasta aquí todo correcto y fiel a la verdad histórica, de no ser porque los guionistas, cómo no, decidieron colar, disimuladamente, varios anacronismos históricos: discursos “proto-feministas” de la reina Isabel apelando a la igualdad entre hombres y mujeres, no solo en asuntos políticos, sino también en lo concerniente a las relaciones amoroso-sentimentales entre hombre y mujer.

Esta licencia anacrónica, por parte de los guionistas de la serie, resultaría anecdótica, e incluso simpática, si no fuera porque, como ya he dicho, en España no hay titiritero progre que no dé “puntá sin hilo”.

Seguramente, y es opinión personal, la reina Isabel defendió con vehemencia sus derechos de sucesión, a pesar de ser mujer, no porque fuese una “feminista adelantada a su tiempo”, sino porque así se lo permitían las leyes de Castilla y se lo exigía su carácter recto y disciplinado de devota católica.

Otras licencias, sin sesgos ideológicos, pero igualmente anacrónicas y difícilmente creíbles en la época que nos ocupa, serían las que se observan cuando tienen lugar grandes pasiones y amores desenfrenados entre infantes, príncipes y princesas, cuyos matrimonios son concertados por sus padres, y, sin embargo, sienten un flechazo y un recíproco “amor a primera vista” en cuanto ven por primera vez a sus desconocidas parejas. Todo muy propio del romanticismo característico de las “novelas de caballerías”, como hábilmente indican los guionistas, por boca de los protagonistas de la serie, para justificar, así, tanta dicha y ventura. Con esta inteligente “licencia”, los guionistas aportan a la serie el componente sensual que, sin duda, la enriquece y la hace más atractiva a un público más amplio y menos interesado en la veracidad de los hechos históricos que, insisto, se narran no solo de forma amena y comprensiva, sino también muy pedagógica.

MORAL Y ÉTICA

Insisto en señalar que los perfiles de los protagonistas, a pesar de algunas licencias ya mencionadas, no solo son creíbles, sino que también resultan muy humanos; todos ellos se nos muestran como hombres y mujeres de carne y hueso, con sus bondades, pero también con sus defectos y debilidades. La serie no peca de maniqueísmo descarado, sobre todo cuando le hubiese resultado harto fácil caricaturizar a figuras históricas como Torquemada o el cardenal Cisneros, blancos predilectos de quienes dan crédito a la leyenda negra sobre España y se muestran orgullosamente anticlericales.

Que el clero de la época era corrupto no es ningún secreto. Pero, además de la corrupción de los monjes en sus monasterios, o del propio Papa en Roma, la serie describe perfectamente el carácter cínico de sus más importantes protagonistas, no solo de reyes y validos, sino también de religiosos, como el astuto obispo Carrillo o el fiel cardenal Mendoza. No todo era blanco o negro. A lo largo de la serie, las sucesivas tramas y circunstancias históricas exigirán a sus protagonistas debatirse entre interesantes y difíciles conflictos ético-morales; se les exigirá elegir entre servir a los intereses colectivos del reino o a sus éticas personales.

A lo largo de toda la serie se entabla una lucha en las conciencias de los personajes más importantes: reyes, príncipes, nobles y alto clero. Todos ellos, en algún u otro momento, deberán optar por respetar la moral católica imperante en la época, conduciéndose virtuosa y rectamente, o ser fieles a una ética inmoral: realizar elecciones personales, contrarias a sus propios principios morales, pero necesarias para la consecución de loables fines.

Pero la ética inmoral que desempeñarán los protagonistas será, paradójicamente, excesivamente "moral"; es decir, todos los actos, por inmorales que fueren, se justificarán por mor de lograr, como ya señalé, un objetivo moral superior. No será una ética inmoral coherente con el propio sentir del individuo, situada más allá del bien y del mal, sino que será una ética inmoral trágica que provocará graves sentimientos de culpa y remordimientos en quienes la practican. Así se apreciará, por ejemplo, cuando la reina Isabel ordena la expulsión de judíos y moriscos. En todo momento, la reina muestra desagrado y no es partidaria de tal acción, pero las circunstancias del momento, y la todavía frágil unidad religiosa, obligan a la reina a traicionar su "ética personal" en aras de beneficiar y garantizar la consecución de un imperativo moral superior: una España totalmente cristiana y católica.

Analizando más detenidamente esta constante dialéctica de traición del Yo individual, en aras de servir superiores morales colectivas, no pude evitar ver, en la dinámica histórica que protagonizaron los RRCC, el reflejo de las supremacistas teleologías comunistas y nacionalsocialistas. La diferencia, pero, es que los RRCC, en tanto que ebrios de moral católica, vivenciaron trágicamente la toma de decisiones que les resultaron contrarias a sus principios religiosos, pero los dogmáticos comunistas y nazis (en su mayoría al menos) estuvieron orgullosos de obrar a través de una ética inmoral, más allá del bien y del mal, pues sus respectivos Yo fueron totalmente coherentes con los principios que exigían sus morales superiores.

Quizás hoy no seríamos lo que hoy somos sin el celo dogmático moral que otrora mostraron los RRCC. ¿Qué hubiese sucedido si la reina Isabel, por ejemplo, se hubiese obligado a practicar una "ética moral" coherente con sus principios católicos? Sin la toma de Granada, primero, la posterior expulsión de infieles, y sin la incesante lucha contra el turco, que amenazaba con invadir Europa, quizás actualmente ya estaríamos rezando hacia la Meca y nuestras mujeres taparían sus rostros con velos opresores.

En este sentido, la actual moral occidental, ebria de ingenuo humanismo habermasiano, se ha empeñado en tirar por la borda todo nuestro legado histórico, cultural y religioso. No solo se admite la entrada irregular e ilegal (subrayo) de infieles, sino que se alienta la llegada de los mismos. Las naciones de Occidente están siendo dominadas y controladas por un transnacionalismo globalista, con aspiraciones supranacionales, que está abandonando a los ciudadanos europeos a su suerte.

ESTADO OPERATIVO (perspectiva desde el Materialismo filosófico)

Resulta harto evidente que la nación española se articuló a partir de la creación del primer Estado europeo, operativo y fuerte, de la Edad Moderna. Los RRCC no solo consiguieron la unidad territorial y religiosa de la península, sino que limitaron, bajo un Estado autoritario, el poder de la nobleza, siempre ombliguista y particularista.

De hecho, podríamos considerar, incluso, que las acciones de los RRCC constituyeron en sí mismas, la existencia de una proto-izquierda definida, muy adelantada a su época y a la aparición de las primeras izquierdas definidas, jacobinas y liberales, que, tras el triunfo de la Revolución Francesa en 1789, proclamaron la república nacional entre ciudadanos iguales.

Por supuesto, en la España de los RRCC todavía no podía hablarse de "democracia" ni de "igualdad" tal y como la entendemos actualmente en términos político-jurídicos. Sin embargo, las acciones de los RRCC, declarando "súbditos e iguales" a todos los pueblos del reino de las Españas, peninsulares y allende los mares (pueblos indígenas incluidos), constituyeron un primer ordenamiento jurídico que se adelantó a la abolición de la esclavitud algunos siglos antes de que esta tuviera lugar.

Por otra parte, el Estado autoritario de los RRCC se ocupó de la defensa de la nación; a la preservación de la unidad territorial por encima de los particularismos y fueros de la nobleza. Y también articuló la organización de instituciones administrativas orientadas, precisamente, a la salvaguarda del propio Estado, garantizado el carácter operativo del mismo a través de la fuerza coactiva y la legislación de leyes comunes para TODOS los súbditos.

CONCLUSIÓN

La serie Isabel, en mi opinión, muestra suficiente rigor histórico, aunque aderezado con inevitables dosis de ficción que hacen más atractiva la historia de los RRCC, que es también la historia de nuestra España. Pero, a pesar de las necesarias "licencias artísticas", la serie plasma magistralmente las políticas operativas llevadas a cabo por Isabel y Fernando, además de dejar constancia de la importancia de los ejércitos y la tecnología militar para dar forma, poco a poco, a una nación envolvente (Gustavo Bueno) que habría de devenir imperio generador.



viernes, 29 de octubre de 2021

LA VERDAD SENTIDA vs LA VERDAD CIENTÍFICA (serie de TV "Sex education")

INTRODUCCIÓN

Hay que ver las series de Netflix. Sí, hay que verlas, aunque muchos "espíritus libres" se nieguen a rebajarse a ver series que consideran manipuladoras y adoctrinadoras. Por supuesto, las series de Netflix, bajo la falsa apariencia de la cotidianidad, están pensadas para ser digeridas fácilmente por espectadores jóvenes y adolescentes. Pero no nos dejemos engañar por las falsas apariencias, porque detrás del pueril conflicto entre una pareja de jóvenes enamorados o de una familia disfuncional se esconde una verdad velada; una verdad que todavía es pre-sentida; una pre-verdad que todavía es idea, pero que, a través de la ficción cinematográfica, aspira a ser.

INSTITUCIONALIZAR LA IDEA

Decía Heidegger, en "Ser y tiempo", que la cotidianidad del ser había provocado, paradójicamente, que nos olvidáramos de él; que olvidásemos la cuestión o pregunta por el ser.

Efectivamente, relacionamos el ser (lo que es) con todo lo que nos rodea. El ser se nos presenta de forma familiar y habitual. Vivimos con y en-el ser de las cosas, del mundo y de nosotros mismos (nuestro ser) desde un ámbito de cotidianidad que nos sumerge en la rutina de lo que siempre es. Estamos inmersos en una vida rutinaria que nos insta a ser y a hacer aquello que de nosotros se espera; una rutina cotidiana implantada, no por una ley o letra escrita, sino a través de los usos, costumbres y tradiciones que condicionan nuestras acciones, creencias y sentimientos.

Pero Heidegger también nos enseñó que era posible "desvelar la verdad", por mucho que ésta se ocultara tras el velo de lo cotidiano. Para ello, decía el genio alemán, debemos permanecer atentos y expectantes ante la realidad abierta, ante el mundo que se nos presenta en su "modo de ser aparente". Solo tenemos que escuchar atentamente los susurros del ser, que no gustan de gritar sino de manifestarse misteriosa y enigmáticamente. Los susurros del ser, o de la realidad abierta, nos descubrirán las ideas que se nos ofrecerán como nuevas posibilidades de ser.

Una vez que la idea queda desnuda y se desoculta ante nuestra conciencia, que es donde se manifiesta y actualiza como pre-ser o modo de ser virtual, solo tendremos que operar en la realidad para conseguir que lo que deseamos (la idea) pueda llegar a ser. Dicho en términos marxistas-leninistas: deberemos operar en la realidad material para que la teoría (la idea) se consuma en la praxis convirtiéndose en hecho, realidad o verdad.

Pero hay ideas que no pueden materializarse fácticamente, por ser conceptos puramente metafísicos, conceptos inexistentes y contrarios a todas las leyes de la naturaleza. Pongamos, por ejemplo, la idea de la identidad de género no binaria (queer).

La idea desvelada por el movimiento queer postula que, además de los dos sexos biológicos, masculino y femenino, existe una nueva posibilidad o modo de ser sexual no binario que no sería masculino ni femenino. Sería "otre cose" (permítaseme el chiste fácil).

Como decía, esta idea, nuevo modo de ser o verdad, no puede consumarse como realidad, ya que no existe el sexo no binario; es decir, no existe el sexo que no esté biológicamente definido como masculino o femenino, si exceptuamos algunos casos de hermafroditismo.

Al movimiento queer, por tanto, solo le queda una opción: institucionalizar su idea a través de políticas operativas.

Pero para poder institucionalizar una idea imposible de poder consumarse fácticamente en el ex-sistere (en el mundo) hay que negar la verdad heredada por el logos, pero ya no solo la verdad heredada por un logos tradicional (la verdad burguesa que rechazaba el marxismo, o la verdad heteropatriarcal que rechaza el feminismo), sino que hay que negar, también, la verdad científica y biológica para, así, imponer una nueva verdad: la verdad sentida.

La verdad sentida, pero, solo puede reconocerse colectivamente como verdad, si, primero, se institucionaliza a través del conjunto de todas las superestructuras del estado: medios de información, sistema educativo y asociaciones y organismos culturales.  

Resulta curioso, al respecto, que la aparición de plataformas de ocio audiovisual, como Netflix, se hayan convertido en poco tiempo en una magnífica herramienta (antropotécnica, que diría Sloterdijk) para "criar y domesticar" al ganado humano cebándolo con nuevas verdades (pienso adoctrinador). No cabe duda de que las plataformas de ocio audiovisual se han mostrado como eficaces herramientas para institucionalizar nuevas verdades y/o posibilidades del ser.

Netflix, pero también HBO y Amazon Prime, junto con la ayuda inestimable de las RRSS (Facebook, Youtube...) se han convertido en medios imprescindibles para construir un nuevo poshumanismo. Pero ¿un nuevo poshumanismo por qué y para qué? Esta es la pregunta del millón que no toca ahora responder, pero que, sin duda, forma parte de la guerra cultural que está llevando a cabo la agenda globalizadora que pretende acabar con el humanismo tradicional formado por el "círculo de alfabetizados" (ver Sloterdijk en "Normas para el parque humano").

El nuevo poshumanismo ya no estará formado por un "circulo de alfabetizados" regidos por la razón ilustrada y sus principios lógicos y científicos, sino por un círculo de sentimentalizados que empoderarán sus conciencias sentientes hasta endiosarlas y convertirlas en nuevos supremacismos dogmáticos. 

Veamos, a través de la serie "Sex Educatiom" de Netflix, cómo la nueva conciencia queer, recorre los tres estadios antes mencionados: 

1) Desocultación de la idea.

2) Institucionalización de la idea.

3) Supremacismo dogmático de la idea.


SEX EDUCATION (serie de Netflix)

Soy consciente de que muchos espectadores de "Sex Education", y de otras series de Netflix, se fijan, tan solo, en esa realidad cotidiana que envuelve sus tramas aparentemente insulsas y pueriles. La mayoría de nosotros, después de ver unos cuantos minutos de esta serie, podríamos estar tentados de clasificarla como un producto más para "teenagers"; la típica serie juvenil que ahonda en los típicos problemas y conflictos de los adolescentes; una serie sobre los primeros amores y primeras experiencias sexuales de desorientados jovenzuelos. Además, la serie, en tanto que inmersa en la cotidianidad, también muestra las difíciles relaciones de los jóvenes con sus familias y el mundo circundante que les rodea (instituto, profesores, amigos...).

Pero, como señalé en la introducción de esta reflexión, si nos obligamos a ver la serie con heideggeriana atención expectante, no nos será difícil desocultar la verdad que, sutilmente en la primera temporada, pero con prepotente descaro en las últimas, se disfraza de cotidianidad para, así, colarse en las mentes más alcornoqueñas, todavía inmaduras de nuestros jóvenes, haciéndoles creer que un nuevo poshumanismo sentimental, emocional y empático, puede y debe sustituir al tradicional humanismo racional y científico.

Curiosamente, el modo en que se presentan y desarrollan las tres temporadas de "Sex education" me ha recordado a la manera en que opera la dinámica de la conciencia, ya descrita por Hegel. Primero, la conciencia experimenta una idea, como modo de ser real que todavía no es en el ex-sistere. Después, dicha idea o pre-ser, presente y manifiesto en la conciencia individual, se difunde a través de la palabra para que, a su vez, pueda ser experimentado por una conciencia colectiva más amplia. Cuando la idea logra el reconocimiento colectivo se institucionaliza como verdad y, con el tiempo, muta inevitablemente en verdad siupremacista y dogmática.

PRIMERA TEMPORADA (desocultación de la idea)

La primera temporada de "Sex education" resulta una propuesta inteligente, creativa y original, ya que plantea los habituales conflictos de los adolescentes a través de interesantes tramas argumentativas que muestran de forma atractiva y entretenida las relaciones de los jóvenes protagonistas en-y-con los otros (amigos, familiares, profesores...). Además, a lo largo de los diferentes capítulos, se suceden interesantes aportaciones pedagógicas, en torno al mundo de la sexualidad, que enriquecen el contenido de la serie y favorecen el debate y la crítica reflexiva.

Pero, a pesar de un buen planteamiento narrativo y de unos personajes que resultan notablemente creíbles, la serie no puede evitar caer en un facilón maniqueísmo de buenos vs malos.

Los malos, en esta primera temporada, y como no podría ser de otra manera, son todos hombres. La conciencia enemiga es la conciencia heteropatriarcal, contraria a la feminista; una conciencia masculina que se muestra rígida e intolerante, es decir, que aparece como la mala o falsa conciencia que no se muestra abierta y empática para aceptar la diversidad de conciencias. Y, creedme, la serie presenta un amplio abanico de posibilidades de ser o diversidad de conciencias, dentro de lo que ya se conoce como ideología LGTBI.

Sin embargo, esta primera temporada todavía resulta simpática, porque se limita a desvelar sutilmente, y poco a poco, las nuevas verdades sentidas, sin forzarnos a "digerir" de golpe y sin anestesia algunas propuestas que, desde luego a mí, me parecieron ebrias de un gran frikismo bizarro. Los guionistas, seguramente, consideraron que no había que mostrar todas las cartas en la primera temporada y se limitaron a seducir a los espectadores a través del humor, mostrándonos historias interesantes, pero sin rehuir de su razón de ser: reivindicar la aceptación de la diversidad de conciencias (ideologías LGTBI).

SEGUNDA TEMPORADA (institucionalización de la idea)

Los guionistas, sin duda crecidos por el éxito de la primera temporada, comienzan a "desvelar" su verdad. En esta segunda temporada sucederán dos hechos que considero claves y harto significativos para comenzar a intuir las intenciones (prepotentes) que quedarán al desnudo, definitivamente, en la tercera temporada. 

Como decía, en esta segunda temporada se producirán dos hechos, en realidad dos conversiones, que resultarán fundamentales para entender cómo propone la nueva conciencia LGTBI afrontar y solucionar determinados conflictos y problemas que se dan en los adolescentes.

Las conversiones las realizarán dos jóvenes heterosexuales, un chico y una chica, que, tras fracasar respectivamente en sus relaciones con los demás y consigo mismos (típicos problemas de identidad de los adolescentes), encontrarán la solución a sus problemas aceptando una nueva orientación homosexual.

Atención, no estamos hablando de dos personajes que, en principio, estuvieran reprimiendo o "no aceptando" su orientación homosexual, sino de dos chicos que, tras fracasar en sus primeras experiencias amorosas, decidirán probar nuevas alternativas. De hecho, además de estos dos conversos, la serie cuenta con un protagonista homosexual que sí acepta su orientación sexual, pero muestra todavía una lucha interna por "salir del armario" y visibilizar su homosexualidad.

Lo que quiero decir es que sí, la serie nos presenta al típico chico homosexual, que intuye o sabe que lo es, pero no se atreve a visibilizar su verdad, pero, además, "Sex education" se atreve a ir mucho más lejos, llegando a proponer (tal parece) la aceptación de la homosexualidad como remedio o cura a diferentes problemas y/o conflictos identitarios. Veamos los dos casos o conversiones que aparecen en la serie:

El chico agresivo: el maniqueísmo de la serie nos presenta al típico machote heteropatriarcal, el deportista agresivo y violento, carente de empatía, que acosa a los demás, pero, sobre todo, a su compañero homosexual. Tras reconocer su homosexualidad, que permanecía latente y reprimida inconscientemente, el "machote malote" dejará de ser agresivo y se tornará más amable y logrará un mayor autocontrol de sus emociones. ¿En serio? ¿La homosexualidad como terapia?

La chica friki con vaginismo: este personaje es muy polémico y controvertido y se nos presenta como una friki muy creativa pero con dificultades para establecer relaciones sociales con los demás. Podría tratarse, perfectamente, de un caso de asperger; alguien que no tolera el contacto personal y que desarrolla vaginismo (dolor ante la penetración). La chica es una ferviente creyente de los mundos alienígenas y, de hecho, va a clase disfrazada como uno de los personajes de su bizarras creaciones literarias, ficciones con un alto contenido erótico-sexual que muchos profesores y alumnos consideran pornográficas y desagradables. Después de no lograr mantener relaciones sexuales con algunos chicos (debido a su vaginismo) se reconocerá lesbiana, solucionando así sus problemas, no solo al evitar el dolor por la penetración, sino también logrando mayor estabilidad emocional y desprendiéndose de inseguridades personales.

En esta segunda temporada, la nueva verdad (conciencia LGTBI) comenzará no solo a institucionalizarse y a reconocerse como abanico de nuevas alternativas o modos de ser, sino que se postulará como solución a determinados problemas psicológicos y/o emocionales. Muy sospechoso cuanto menos.

TERCERA TEMPORADA (supremacismo dogmático)

La tercera temporada de "Sex education" se despachará con una revolución, por parte del alumnado, para derrocar a la opresora y tradicionalista dirección del centro. 

El triunfo del alumnado, sobre la opresora dirección del centro, constituirá, de hecho, el triunfo de la dictadura, no proletaria sino queer; significará el triunfo de la verdad sentida de los rebeldes que impondrán su neolingua (todos, todas y todes) y sus gustos psicoestéticos. Pero también significará el triunfo de las almas bellas "diferentes" (léase frikis), que podrán dar rienda suelta a su fantasiosa imaginación sin rendir cuentas con la realidad.

La serie, consciente del trato maniqueo que dispensó a los roles masculinos en temporadas anteriores, decidirá astutamente que, en la tercera temporada, la dirección del centro recaiga en una mujer, pero en una mujer que ha hecho suyos los valores del heteropatriarcado tradicional: responsabilidad, trabajo, superación, sacrificio, competitidad...

La nueva directora, aunque mujer, carecerá de la empatía necesaria para tolerar la diversidad de conciencias que impera en el instituto, y se convertirá en la nueva malvada, de pensamiento rígido e inflexible, de la tercera temporada.

Hasta aquí mis "apuntes" sobre la serie "Sex education", aunque, sin duda, a esta serie, fiel reflejo del nuevo poshumanismo que postula la verdad sentida, podrían dedicársele otros muchos análisis socio-políticos, psicológicos e incluso filosóficos.





lunes, 9 de agosto de 2021

METAFÍSICA MARXISTA (el negro de VOX)

INTRODUCCIÓN

Karl Popper sostuvo que tanto el psicoanálisis como el marxismo, ambas teorías no falsables (no refutables), quedaban fuera del ámbito científico.
De esta manera, la teoría marxista, en el parecer de Popper, debería considerarse otra suerte de metafísica. Ortega y Gasset ya señaló que el marxismo era una "pseudomoral" y Bertrand Russell lo tildó de pseudofilosofía. Más recientemente, Gustavo Bueno le dio la vuelta del revés a Marx y dejó al descubierto todo su esencialismo metafísico.
¿Y AHORA QUÉ?
Los criterios de demarcación de Popper, para determinar qué cabe considerarse o no "ciencia", resultan incontestables a día de hoy. Podría concluirse que el SXX aprendió, definitivamente, que el estatus de ciencia no podía otorgársele al marxismo, teoría que no permitía ser falsada (refutada) porque ésta siempre rebatía las críticas contrarias con argumentos ad hoc.
Y, sin embargo, el marxismo, en tanto que religión, o metafísica si se prefiere, sigue muy vivo, mimetizado o "metamorfoseado", que diría López Laso, en otros nuevos "modos de ser" también internacionalistas, ahora llamados posnacionales y transnacionales (Habermas).
Pero, sobre todo, la esencia del marxismo, y su afán por reivindicar una única conciencia verdadera, puede apreciarse en las pretensiones, dogmáticas e impositoras, del actual globalismo multicultural; podemos detectarlo en el diseño de una gran agenda futura para el conjunto de la humanidad; un proyecto que bien podría considerarse un novedoso "poshumanismo" que se vale de nuevas técnicas antropotécnicas (Sloterdijk) para criar y domesticar al ganado humano.
LA PARADOJA HABERMASIANA
Viendo cómo, efectivamente, los actuales pastores del ser, ahora globalistas, han decidido implantar "su verdad" o conciencia auténtica a través de una masiva vacunación (terapia génica), resulta paradójico que Jürgen Habermas tildara de "joven fascista" a Peter Sloterdijk, por atreverse éste, precisamente, a señalar la posibilidad de que un nuevo poshumanismo (ver "Reglas para el parque humano") se valiera de innovadoras técnicas eugenésicas para "pastorear" al ganado humano y evitar la superpoblación del planeta.
Habermas reaccionó airado ante las especulaciones filosóficas de Sloterdijk, carentes de afán apologista, que revelaban la existencia de nuevas posibilidades de "pastoreo".
Quizá lo que le molestó a Habermas fue que Sloterdijk se acercara demasiado a la verdad; le molestó que alguien dijera en "voz alta" lo que la intelligentsia globalista lleva ya tiempo susurrando y cuchicheando a puerta cerrada: es necesario un nuevo orden mundial (reseteo de la vida tal y como la conocemos) y es necesario reducir el número de habitantes del planeta Tierra.
Pero no hay buen "pastor del ser" que no tenga una buena jauría de perros rabiosos prestos a silenciar a los últimos espíritus libres; no hay gurú espiritual que se precie que no tenga una numerosa legión de fieles dispuestos a corromper y pervertir la verdad.
El nuevo internacionalismo global (marxismo mimetizado) ha aprendido que para imponer su verdad debe combatir a la gran conciencia contraria (capitalista, tradicional y heteropatriarcal) a través de la acción erosiva (guerrillera) de multitud de pequeñas conciencias endiosadas que, como perros furiosos, ladran y muerden a todo aquel que ose alejarse del rebaño.
Estos perros y mamporreros varios (sobre todo periodistas del régimen, femimarxistas, podemitas y otras hierbas parecidas) aceptan, e incluso consideran legítimo, que una mujer sea agredida, si es de VOX. Se regocijan cuando un político como Ignacio Garriga es insultado y menospreciado, porque, aunque negro, cometió el pecado de pertenecer a VOX. Ponen el grito en el cielo si un hombre mata a una mujer, pero callan cuales putillas cada vez que una madre mata a su hijo.
Estos perros rabiosos señalan y boicotean a un rockero como Sherpa por defender el hecho serio de ser español; por decir algo tan de sentido común como que una nación debe preservar y defender sus fronteras de invasiones (como, por cierto, se recoge en nuestra Constitución).
Estos esbirros del nuevo orden mundial, que bloquean al disidente en las RRSS a las primeras de cambio o amenazan con "reventar" la cara" de su interlocutor (por "facha", faltaría más), son los dignos herederos del marxismo cultural; son los hijos de Adorno y de los ofendiditos de la Escuela de Frankfurt; son los que ladran reivindicando la supremacía moral de un pensamiento sensible, emocional y sentimental, a través del cual instrumentalizan y rentabilizan el victimismo, bien magnificándolo o, las más de las veces, inventándoselo.
Inventar victimismos, recuperar y actualizar agravios pasados, mentir y difamar, perseguir y boicotear al disidente, hasta que, incluso, Ignacio Garriga, al que llaman despectivamente "el negro de VOX" nuestras sectarias izquierdas, parezca más totalitario que el papito Stalin, por el mero hecho de militar en VOX, un partido demócrata y más constitucionalista que muchos constitucionalistas, que, por cierto, callan y miran para otro lado cada vez que socialcomunistas, tontilocos y hasta el último lerdo del pueblo, vulneran la legalidad institucional.

El nuevo "neomarxismo" campa por sus fueros, sin que nadie lo frene, por una España arruinada económica y moralmente. Y en Europa, los buenos y justos están acorralando, coaccionando y presionando a países como Polonia y Hungría para que abracen la fe verdadera de una ingeniería social que ha diseñado una agenda globalizadora a imagen y semejanza de sus sueños teleológicos (léase metafísicos).

martes, 8 de junio de 2021

UN MUNDO FELIZ (serie de tv “Brave New World”)


INTRODUCCIÓN

La serie de TV “Brave new world” está basada en la novela distópica “Un Mundo feliz” (1930) de Aldous Huxley. Pero la nueva versión de la obra de Huxley no es una fiel adaptación de la misma, sino una “interpretación” que no solo desarrolla algunas de las ideas sitas en “Un mundo feliz”, sino que abre nuevas posibilidades hermenéuticas para “imaginar” los orígenes de dicho mundo “feliz” y el porqué de su autodestrucción.

A continuación intentaré analizar y comentar, desde diferentes perspectivas psicológicas y ontológico-existenciales, las posibilidades especulativas que se abren a la realidad abierta, a través de la ficción, en la serie “Brave new world”. Pero primero será obligado exponer un breve resumen de la obra original de Aldous Huxley.

“UN MUNDO FELIZ” (resumen del libro)

La sociedad perfecta y feliz que muestra la obra de Huxley fue creada por Henry Ford, el cual articuló un sistema social a partir de la manipulación y control de una serie de herramientas antropotécnicas:

1)    Tecnología biogenética capaz de manipular las características de un embrión humano para decidir sus cualidades físicas e intelectuales.

2)    Condicionamiento a través de hipnopedia: aprendizaje a través del sueño durante la niñez.

3)    Administración de soma: drogas para erradicar la ansiedad y la angustia existencial de los ciudadanos.

4)    Libertad y permisividad sexual, para proporcionar goce a los ciudadanos y evitar, así, “actitudes y ritos” sociales no deseados, tales como la monogamia, la familia, el solipsismo y la acción creativa (arte, literatura, religión, amor…).

El uso de la ingeniería genética y el condicionamiento (hipnopedia o pedagogía a través del sueño) permitirá crear diferentes estamentos sociales (clases de personas) que garantizarán una división del trabajo exenta de luchas de clases.

Todos los ciudadanos serán felices en sus puestos de trabajo y aceptarán de buen grado las responsabilidades que les sean asignadas, acordes a su estatus jerárquico (establecido a través del alfabeto griego). Los ciudadanos Alfa, dotados de gran inteligencia y belleza física, ocuparán los puestos de dirección; los Beta, también muy agraciados físicamente pero con un cociente de inteligencia algo menor que los Alfa, serán más “neumáticos” (atractivos para los placeres sexuales) y ocuparán puestos técnicos también importantes. Los Delta, Gamma y Epsilon (últimos en el escalafón jerárquico) irán desempeñando los trabajos más manuales y con menos responsabilidad.

Los tres protagonistas principales de “Un mundo feliz” son:

Bertrand Marx, un Alfa de gran inteligencia, pero que muestra problemas de adaptación, posiblemente debido a un “fallo” durante el proceso embrionario que ocasionó que fuese más pequeño que la media de los Alfa. No se siente aceptado por las mujeres ni respetado en su cargo.

Lenina Crowe es la beta por excelencia, “neumática” (escultural, bella y especialmente dotada para practicar sexo), preocupada tan solo de satisfacerse a sí misma y a los Alfa, pero con más limitaciones intelectuales que Bernard.

Por último, está John, el salvaje, que fue concebido sexualmente por Bertrand Marx y su acompañante durante una visita a la reserva de los salvajes (territorio fuera del mundo distópico). La madre de John, al perderse en la reserva, no pudo regresar con Bertrand al mundo feliz y por ello debió vivir y criar a John en la tierra de los salvajes, donde le enseñó a su hijo a leer, sobre todo las obras completas de Shakespeare.

El conflicto surgirá cuando John arribe a la perfecta sociedad feliz, acompañando a Bertrand y Lenina, y enfrente sus valores, sus miedos, angustias y culpas, a las despreocupaciones de los satisfechos ciudadanos, produciendo, así, un grave choque cultural y entre conciencias.

Tras el conflicto cultural, también entre conciencias, que surgirá entre los principales protagonistas, Bertrand Marx acabará en el exilio por ser incapaz de adaptarse a la sociedad perfecta, en parte debido a las influencias de John, el cual se retirará a una zona solitaria y aislada para no relacionarse con los demás. Sin embargo, John, y a pesar de su retiro, acabará suicidándose.

Lenina, por su parte, se enamorará de John, pero no será correspondida por el mismo. Esto le generará nuevos sentimientos y emociones desconocidos para ella, pues jamás había tenido dificultades para mantener relaciones sexuales con cualquier hombre, aunque ya tuviera problemas en el pasado por mostrar tendencias monogámicas (relaciones sexuales con un mismo hombre durante un largo período de tiempo).

BRAVE NEW WORLD (la serie de tv)

Como ya anuncié en la introducción, la serie muestra algunas diferencias respecto a la obra original de Huxley, pero, en mi opinión, estas diferencias enriquecen la serie, pues ofrecen al espectador atento un amplio abanico de nuevas posibilidades interpretativas.

La serie de TV, hija de nuestra época, introducirá tecnologías actuales en el mundo feliz, tales como las Redes Sociales, que permitirán el contacto directo y permanente de los ciudadanos con una Inteligencia Artificial (Indra); una IA que no solo controlará y vigilará las vidas de los individuos cual si de un Gran Hermano se tratara, sino que, además, facilitará que cualquier ciudadano pueda seguir la vida cotidiana (Dasman y alienación) de los demás.

En la obra de Huxley se nos dice que la revolución fordiana (Henry Ford) fue la que permitió el desarrollo de una tecnología embrionaria para crear ciudadanos perfectos en una sociedad perfecta. Pero en la serie de TV (atención, spoiler) se nos revela una nueva verdad sobre el origen de cómo y por qué se fundó Nuevo Londres (el mundo feliz):

Tras el derrumbe de la civilización humana y un final apocalíptico, 10 científicos brillantes crean una Inteligencia Artificial llamada Indra, que les mantendrá a ellos con vida, en estado de “hibernación” y creará toda una obra de ingeniería social y arquitectónica (cual Matrix) para construir un mundo perfecto habitado por ciudadanos perfectos. Así, Indra (la IA) será en realidad una conciencia creadora (suerte de dios omnipotente y omnipresente) que dirigirá la sociedad feliz a través de las RRSS.

Mientras se desarrolla el proyecto de ingeniería social de estos 10 científicos, el resto de seres humanos, que sobrevivieron a la catástrofe apocalíptica, vivirá en condiciones de extrema pobreza en las tierras salvajes, en sociedades ancladas en el pasado y reconvertidas en una suerte de gran parque temático (que recuerda a la serie West World) donde sus habitantes (trabajadores) se dedicarán a representar, a través de actuaciones psicodramáticas y performances, cómo era la vida antes de la caída de la civilización.

Una diferencia importante entre la novela de Huxley y la serie de TV será, por tanto, el contexto donde se desarrolla la vida de los salvajes. En la obra de Huxley, las tierras salvajes eran reservas de indígenas donde todavía vivían humanos de una forma primitiva, celebrando ritos mágico-religiosos y ceremonias tradicionales (como el matrimonio), mientras que en la serie de TV las tierras salvajes aparecerán como barriadas obreras de los años 70-80. La civilización superviviente al apocalipsis (tierras salvajes) malvive en unas pésimas condiciones que, inevitablemente, nos recuerdan a la vida de los proletarios, víctimas del deshumanizado capitalismo, durante los primeros años de la revolución industrial.

La madre de John, en la obra original, enseñó a su hijo a leer a través de las obras de Shakespeare, mientras que en la serie de TV, la madre aparece como una mujer deprimida y dada a la bebida. Esta diferencia se me antoja importante, ya que el John de Huxley aparece como un “individuo ilustrado” inmerso en un contexto sociocultural adverso; un sujeto angustiado que vive en una sociedad donde sus cualidades intelectuales no son valoradas, provocándole sentimientos de “inadaptación y desarraigo”. Sin embargo, el John de la serie de TV aparecerá como un obrero alienado de los años 80s, un individuo mediocre, sin éxito en el amor, que vive con su madre borracha, angustiado en la rutina de su cotidianidad y que busca refugio en la música para evadirse de la realidad.

Otra diferencia importante entre la novela de Huxley y la serie de TV concierne al desenlace final. La obra original permite la perdurabilidad de la sociedad feliz, aunque sus principales protagonistas acaban fuera de la misma, Bertrand exiliado y John muerto tras suicidarse.

Sin embargo, la serie de TV opta por la autodestrucción (desde dentro del sistema a través de la IA, Heidegger humanismo anida el germen autodestrucción ) del mundo feliz, pero salvando a todos los protagonistas. Indra, tras sucesivas simulaciones de posibilidades algorítmicas, llega a la conclusión de que la única manera de erradicar por completo la infelicidad de los seres humanos es eliminándolos, y por ello decide reiniciarse (hacer tabla rasa) y comenzar una nueva simulación de otro mundo feliz, tras permitir la destrucción del primigenio.

PSICOLOGÍA DE LOS PERSONAJES

La serie de TV, como la novela original de Huxley, nos muestra a un Bertrand Marx sutilmente inadaptado, alguien que, a pesar de no encajar perfectamente en la sociedad perfecta, tiene la suficiente capacidad y autocontrol para simular y aparentar fingida felicidad. El personaje de la novela, sin embargo, evolucionará (tras su encuentro con John) hacia una actitud más radical, y una reivindicación de su Yo más libre y personal, que acabará costándole el exilio. Sin embargo, el Bertrand de la serie de TV, más pragmático, evolucionará hacia un cinismo existencial que le permitirá no solo evitar el exilio o el recondicionamiento (castigos para los inadaptados), sino que le facilitará erigirse en el nuevo líder de un nuevo Mundo feliz tras la caída y autodestrucción del mundo creado por Indra.

El personaje de John "el salvaje" es, en mi opinión, el más adulterado en la nueva adaptación televisiva de la obra de Huxley.

El John original, el del libro, es un individuo inmerso en el "sentimiento trágico de vivir"; una persona que ha leído y ha podido acceder al círculo de los alfabetizados gracias a su madre, que provenía de la feliz sociedad fordiana. La cultura adquirida a través de los libros convierten a John en un individuo de "conciencia alienada", un hombre de carne y hueso consciente de estar "fuera de lugar".  Y tal es su angustia existencial que, finalmente, acaba suicidándose.

Sin embargo, el John de la nueva versión televisiva es lo que podríamos denominar un "tipo vulgar"; un mindundis enamorado de una tía buenorra que se ríe de él; es un pringado que hace un trabajo de pringados y se siente fracasado. Este John ya no es un ilustrado alfabetizado, sino un alma sensible enamorado de la música que, en otro tiempo, escuchaba la gente antes de que la sociedad colapsara.

A través del "nuevo John", los guionistas de la serie han sabido ver, perfectamente, el signo de los nuevos tiempos. Si el John de Huxley era un individuo leído y racional, este John será hijo de la posmodernidad: un ignorante sentimental que se refugiará en la estética de la música para huir de su realidad cotidiana. El John posmoderno también es un individuo alienado, pero, además, se mostrará como un mediocre que reprime su frustración interior. Finalmente, la frustración acumulada acabará generando fuertes sentimientos de resentimiento hacia todos y contra todos. Su estancia en el mundo feliz, lejos de provocar un "recogimiento interior", como sucede en la obra original de Huxley, generará una creciente indocilidad rebelde  que acabará contagiando a los proletas (epsilones) del mundo feliz, los cuales, inspirados por su nuevo "líder" acabarán llevando a cabo una sangrienta revolución.

ANÁLISIS ONTOLÓGICO

La aporía (callejón sin salida) o paradoja que subyace en "Brave new world" es la misma que en su día señalara Heidegger: ¿cómo puede salvarse de sí misma la humanidad si en el propio seno de su endiosado humanismo anida el germen de su autodestrucción?

Heidegger concluyó que "solo un dios podría salvarnos". Y en la serie de TV será Indra, la IA, el análogo a un dios creador, omnisciente y omnipresente, quien se arrogará la potestad de decidir cómo y cuándo salvar, o no, a la utópica sociedad feliz.

Podríamos concluir que el John de Huxley presenta un perfil elaborado a partir de postulados existencialistas: un individuo que sufre y se recoge en sí mismo, mientras que el perfil del John televisivo se ajusta más a una interpretación marxista de la realidad: un individuo que sufre y decide rebelarse y transformar un entorno que considera injusto.

Huxley optó por la vía existencialista, pues su "salvaje" era profundamente heideggeriano, mientras que la serie de TV nos presenta a un salvaje proletario. Así, mientras el salvaje heideggeriano se recogía en sí mismo, huyendo de la sociedad feliz y viviendo como un eremita, el salvaje marxista, orgulloso y prepotente, propiciará la rebelión de los "epsilones" (clase obrera en el mundo feliz). 

El salvaje heideggeriano acabará suicidándose, mientras que el marxista acabará, ni más ni menos, que destruyendo a toda la sociedad "feliz". Al final, ninguna vía, ni la del recogimiento interior ni la revolucionaria, permitirá la salvación del individuo. Quizás por ello, Indra (a la postre un dios) decidirá salvar a la humanidad, pero después de permitir, primero, que la ya existente fuese destruida por la revolución epsilón. 

Vuelve a repetirse, de esta manera, el mito del diluvio universal: destruir para salvar, eliminar para volver a crear. La misma tesis marxista que hizo suyo el mito cristiano del "castigo divino" como modo de operar en la realidad: eliminar lo viejo (injusto) para construir una nueva sociedad, un "nuevo mundo" más justo y feliz.

Resulta inevitable no ver una "sutil crítica" al marxismo revolucionario; a la vía que opta por las acciones directas y que, a la postre, más que "salvar" y transformar una sociedad, acaba destruyendo a aquellos que desea emancipar y/o liberar.

UN MUNDO POSMODERNO (música vs literatura)

La nueva serie "Brave New World" realiza un cambio, respecto a la obra original de Huxley, que considero muy significativo: la apuesta por un nuevo poshumanismo, emocional y sentimental, frente al humanismo tradicional de Huxley.

El "salvaje" de Huxley pertenecía al "círculo de los alfabetizados", sabía leer, mientras que el "salvaje" de la serie de TV es un apasionado de la música. Pero no de cualquier música, sino de la música de "Lou Reed". La canción "A perfect day" se repite de forma constante a lo largo de la serie, como si fuese la biblia de un ferviente creyente, o de manera parecida a como el salvaje ilustrado de Huxley recurría a Shakespeare.

El nuevo humanismo ya no es racional (alfabetizado) sino emocionalmente irracional. La música y los sentimientos se erigen como una suerte de "guías espirituales" que acompañan a John en su melancólica y depresiva existencia, permitiéndole rehuir de la cotidianidad de su vida mediocre.




jueves, 27 de mayo de 2021

DE COJONES Y CHUMINOS (reflexión seria aunque no lo parezca)


INTRODUCCIÓN

Esta reflexión es una continuación más jocoso-transgresora (también pedagógica) de "Los nuevos dioses". Ver aquí: El sepulcro de Don Quijote: LOS NUEVOS DIOSES (los filósofos de la sospecha) (sanchopancesco.blogspot.com)
Desde que los pensadores de la sospecha: Nietzsche, Marx y Freud dejaran abierta la puerta de la duda, respecto a lo que es real, no han parado de proliferar “posmodernos” dispuestos a hacernos creer que la realidad es lo que dictaminan sus cojones, y no los hechos, nudos y testarudos, que se dan ante sus ojos. Así, la realidad y la verdad han quedado “desdibujadas”, cuando no descaradamente negadas, por nuevos valores morales transmutados, deconstruidos e interpretados hermenéutica y psicoanalíticamente.
Este nuevo “modo de ser”, en-y-con la sospecha, ha degenerado en un círculo vicioso de “interpretación y reinterpretación ad nauseam” que cuestiona la facticidad que se da en la realidad y, por tanto, también los hechos que en ella se consuman.
Las conciencias nacidas en la época de las “posverdades” han aprendido, desde la cuna, que la verdad ya no emerge de la realidad, sino de sus santos cojones, aunque las femimarxistas, como no podía ser de otra manera, insisten en que la verdad surge en realidad, desnuda y empoderada, del chumino.
MENTES POSMODERNAS
En verdad, las conciencias individuales de hoy no son más esquizofrénicas que las de hace unas décadas, pero han padecido, desde la cuna, una sistemática y constante preparación (manipulación y adoctrinamiento) para endiosarse y poder alcanzar una meta suprema: el empoderamiento del yo (atención a este concepto).
El yo empoderado es una suerte de nuevo dios, tan seguro de su verdad que no duda, ni por un instante, en dictaminar él mismo qué es realidad o ficción, verdad o mentira, bueno o malo…
Así son “las mentes posmodernas”, conciencias que se disfrazan de “almas bellas” o de “equidistancia buenrollera” que, en realidad, son diosecillas empequeñecidas que viven, también, en diminutas moradas de verdades hechas a la medida de sus sentimientos y emociones; de sus deseos en definitiva.
La labor de un perseguidor de "roedoreh", ahora reconvertido en guardián de la realidad material, consistirá en descubrir a estos replicantes (falsos hombres de carne y hueso) que se obstinan en negar la verdad, aquella que se desoculta en la realidad abierta, para, así, imponer la verdad surgida de sus cojones y chuminos.
DIME QUÉ VES
A un hermeneuta solo se le puede desenmascarar con más hermenéutica. De nada servirá mostrarle la realidad a través de la razón, es decir, a través de razonamientos argumentados y fundamentados. El “alma bella” y el “equidistonto”, entrenados en la sospecha, no atenderán a razones, sino a los deseos de sus santos cojones… o chuminos.
La evaluación consistirá en mostrarles una serie de imágenes que harán las veces de tests proyectivos (tipo Rorschach).
Primera imagen: la bandera de España.
Una persona sana, sin prejuicios ni resentimientos ideológicos, verá una tela con forma rectangular, con dos franjas rojas y una gualda, y en el centro el escudo constitucional.
Pues hete aquí que el equidistonto, autohipnosis consciente mediante, verá en su mente, en vez del escudo constitucional, una orgullosa águila de San Juan. La realidad no será lo que vea el sujeto en el ex-sistere (mundo exterior), sino el “modo de ser” que se manifieste y actualice como presencia real en su conciencia. Y él, nuestro equidistonto, no sólo verá un águila de san Juan donde no la hay, sino que, además, deseará fervientemente que la bandera rojigualda que ve sea una tricolor republicana.
Esta disonancia cognitiva (ya dediqué una reflexión a este tema) o incongruencia entre lo que realmente es el objeto y lo que el individuo desea que sea, provocará en el pequeño diosecillo una tremenda frustración.
¿Cómo superará la frustración este yo empoderado y contrariado?
MECANISMOS DE AUTOENGAÑOS
Lo que hará el “equidistonto”, contrariado y frustrado, será racionalizar sus deseos (vía psicológica) y construir argumentos falaces (vía filosófica o sofista) por tal de negar la razón de ser de la actual bandera española.
Racionalización psicológica: El sujeto equidistonto se autoconvencerá de que las banderas, en tanto que meros símbolos, no tienen, en realidad, ninguna importancia trascendental. Proclamará, cual cínico mentiroso, que las banderas no significan nada para él; a él, pequeño diosecillo, no le representa ninguna bandera, ni ninguna bandera le pone la carne de gallina ni le pone de pie (letra del grupo Barricada). Pero ¡oh, sorpresa!, a estos mismos equidistontos se les ve el cínico plumero cuando, traicionados por sus verdaderos sentimientos, rinden honores a una ikurriña.
Argumentación falaz: la mayoría de los equidistontos (falsos equidistantes) tiran de argumentos sofistas, siendo el más recurrente de ellos la analogía falaz, consistente en establecer una igualación entre dos realidades muy diferentes. Cuando un equidistonto, por ejemplo, os diga que la bandera española tiene la misma importancia, simbólica e institucional, que una ikurriña o una estelada, deberéis echar mano a vuestra browning dialéctica. Están igualando torticeramente el símbolo de una nación auténtica, con trayectoria histórica real, con los trapos de regiones que aspiran a ser naciones, pero no lo son ni nunca lo fueron.
CONCLUSIÓN
El caso de la bandera es perfectamente extrapolable a VOX o al propio concepto de España. El yo empoderado del equidistonto se negará a ver en VOX lo que realmente es: un partido democrático y constitucionalista, porque él “sospecha”, en su mente resentida y frustrada, que es fascista. Así, no dudará en establecer otra analogía falaz, igualando a un partido “limpio” como VOX con un partido lleno de “suciedad moral” (nido de violentos y asesinos, torturadores y secuestradores) como Bildu. Dirán, como tantos pseudointelectuales en España, que ambos partidos son igual de “malos” e indeseables.
Durante décadas, a partir de la Transición para ser más exactos, también España ha sido negada como nación real, y todo porque un puñado de tontilocos, con la ayuda de los equidistontos del PSC (caso de Cataluña), se han obcecado en negar la realidad de los hechos, con tal de, así, imponer sus deseos y hacer reales sus naciones ficticias a través de políticas de facto, que están dispuestas, incluso, a vulnerar la legalidad. ¡Por sus cojones!